24 de diciembre de 2018

OPINIóN.

Rapsodia en cuatro movimientos / “Una ola reaccionaria recorre el mundo…” 
Por Marcelo Langieri, Resumen Latinoamericano, Grandes Alamedas, 23 de diciembre de 2018.-
“No reír, no llorar, comprender”.
Baruch Spinoza
La rapsodia es un estilo de origen musical que reúne diversos motivos; se puede definir como una unidad formada por fragmentos de distintas obras. Es decir,   en este caso, tomar pedazos de la realidad y comentarlos con la intención de discutir sobre distintos aspectos de la misma.
No se trata de hacer un análisis de coyuntura clásico sino de realizar observaciones sobre distintos temas en un escenario social y político de gran fragmentación donde cada pedazo forma parte de un gran rompecabezas.
Recoger pedazos, trabajar sobre ellos, construir el sentido de los mismos, todo en el marco del proceso de descomposición y decadencia que atraviesa nuestro país y la región.
La rapsodia es también un recurso para juntar pedazos de una realidad fragmentada donde brilla un estado de anomia. Anomia entendida no como la mera desobediencia a las normas sino, en un sentido más productivo para comprender las cuestiones de la realidad actual, como la ley del más fuerte, de  aquél que mediante el uso de todos los dispositivos de dominación ejerce y tutela un orden de opresores y oprimidos.
Primer movimiento: El fascismo tropical
A propósito del ascenso político y posterior victoria de Jair Bolsonaro en Brasil el fantasma del fascismo recorre en América Latina.  Si bien no es el propósito de estas líneas analizar el fenómeno del fascismo en general y de los particulares aspectos racistas, discriminatorios, macartistas, homofóbicos, etc. que conlleva el caso Bolsonaro, tratar de entender porque un candidato con un explícito programa neoliberal y discriminatorio fue legitimado por el apoyo popular en las urnas es una tarea necesaria. A diferencia de otros candidatos en la región, Macri por ejemplo, Bolsonaro anunció un programa de derecha explícito quebrando la máxima menemista que expresaba que no había que decir lo que se iba a hacer para ganar las elecciones. Máxima que han aplicado a diestra y siniestra distintos gobernantes.
Parafraseando a Mario Vargas Llosa en “Conversaciones en la Catedral” nos preguntamos en qué momento se jodió Brasil. Qué pasó con la experiencia del  PT, qué responsabilidad le cabe en la derrota y cuáles fueron sus respuestas frente a sucesos tan importantes y significativos como la detención de Lula, que lo dejó sin candidato de cara al proceso electoral que se avecinaba. La ofensiva contra el PT, que incluyó la destitución de Dilma, encontró al PT a la defensiva adoptando medidas económicas que se suponía no formaban parte ni de sus herramientas políticas ni de su arsenal ideológico.
El fenómeno brasileño no puede ser comprendido por fuera del contexto internacional que atraviesa a distintos países, sin distinguir su grado de desarrollo. Más que una singularidad el caso brasilero también puede observase como parte de una tendencia existente a nivel mundial.
La respuesta frente a la situación de crisis del capitalismo, luego de la caída del muro, fue la emergencia de movimientos reformistas a nivel mundial que propusieron políticas de sostén y ampliación de los derechos sociales pero sin afectar la ganancia de las empresas. Esta tarea resultó imposible y determinó los límites políticos y económicos de esas experiencias, con los correspondientes costos sociales, de manera especial en los países dependientes.
Los gobiernos socialdemócratas en Europa y sus paresprogresistas de América Latina encuadran perfectamente en esta lógica. Surge así la pregunta ¿es posible comprender la derrota electoral del PT y el desgaste o derrota de las experiencias progresistas en la región sin contemplar las limitaciones de estas experiencias para dar respuesta a las necesidades existentes?
Dicho de otro modo  ¿es posible explicar las victorias derechistas sin contemplar las limitaciones de las experiencias progresistas y la consiguiente desilusión de las masas populares con ellas? Sin embargo, respetando las particularidades nacionales, no es posible afirmar que estemos frente a un proceso irreversible, por lo menos no en lo político. Los costos sociales  descarnados de los programas de ajuste, que son el alma de los gobiernos derechistas, producen reacciones y la búsqueda de alternativas. En consecuencia hay elementos objetivos para pensar que el ciclo derechista en Argentina puede ser más breve que el precedente. Brevedad que no anula la costosa herencia proyectada y el grave deterioro de las condiciones sociales existentes. Además de los  condicionantes estructurales, como la deuda externa, que afectarán seriamente el futuro político y social.
Este cuadro de situación relativiza la probabilidad del efecto Bolsonaro en nuestro país. Efecto que es producto de la crisis del progresismo sumado al desgaste de las fuerzas del establishment en Brasil, fuerzas que formaban parte del propio gobierno del PT, que se vieron envueltas en un gran escándalo de corrupción y que dejaron de ser una alternativa. La ausencia de una alternativa política junto a la crisis económica, política, social y judicial dio lugar a un discurso salvacionista de corte reaccionario y conservador que reivindicó banderas represivas en una sociedad saturada por la violencia social y por el deterioro económico, social y político.
Este cuadro de situación es diferente a nivel local. El macrismo sigue siendo la expresión de las clases dominantes locales y además tiene la reputación internacional de ser el mejor alumno en la tarea de cuidar el patio trasero de los EEUU y los valores occidentales que enarbola el capitalismo. A diferencia de Brasil, los militares aquí gozan de un gran desprestigio a causa de su participación en la violación de los derechos humanos. Por otro lado y como producto de la crisis económica el discurso y la acción del gobierno se ha volcado a la bolsonarización de la política de seguridad usando el aparato represivo con la intensidad e inescrupulosidad que las circunstancias ameriten, como ha quedado demostrado palmariamente en la implantación de la doctrina “Chocobar” o con el “estado de sitio democrático” implantado durante el G20.
Segundo movimiento: El palacio y la calle
A propósito del resultado de las elecciones presidenciales en Brasil se ha fortalecido en las fuerzas políticas populares de nuestro país un discurso que coloca como causa principal del triunfo de Bolsonaro a factores externos a la construcción políticas realizada en Brasil, para subrayar la necesidad de unir a la oposición. Esta interpretación, muy brevemente formulada en los párrafos anteriores, propone  premisas interesantes para el debate.
La primera cuestión a discutir es acerca de la unidad, y sobre el tipo de unidad que se persigue. Entonces, si se refiere a la unidad en la lucha contra el gobierno de Macri, esa unidad no solo es deseable sino también posible. De hecho, más allá de las divisiones existentes hay una unidad en la acción que reúne al movimiento popular en torno a reivindicaciones comunes. La pluralidad aquí aparece como una virtud. Y se expresa a través de un rico proceso que va sumando paulatinamente a distintos actores. Tal es así que los sectores más remisos y burocratizados de la dirigencia de la CGT, a pesar de su posicionamiento condescendiente y cómplice con las políticas del gobierno, se han visto obligados a realizar acciones de protesta que se suman a la lucha impulsada por los sectores más combativos del movimiento obrero.  Estos sectores combativos se expresan en los sindicatos más activos, en las comisiones internas, en las CTA. A ellos se suma el activismo de izquierda y de los movimientos sociales que son los actores más dinámicos en la protesta callejera.
Resulta ser en la calle, en la protesta contra las políticas del gobierno donde  se producen las principales instancias de unidad y lucha. Es una unidad primaria, que no ha dado un salto cualitativo en lo político, y que está atravesada por una tendencia a la fragmentación. Sin embargo la recurrencia y masividad de las movilizaciones de distinto tipo ratificaron la capacidad de convocatoria del campo popular para cuestionar las políticas de ajuste del gobierno. Aunque, es necesario reconocer, la capacidad de convocatoria demostrada, que suma a miles y miles de manifestantes, no encuentra una dirección unificada del movimiento popular. Y ello se debe en buena medida a la imposibilidad de sintetizar políticamente las energías expresadas en la protesta.  Las masivas movilizaciones del movimiento de mujeres, por ejemplo, no tuvieron un correlato de participación en las movilizaciones del movimiento obrero, en las marchas en defensa de la educación pública o en las de los movimientos sociales.
Es necesario señalar que el proceso de fragmentación no es reciente y que tiene expresiones reconocibles en las experiencias políticas de las últimas décadas.
El desarrollo a ultranza de las políticas de ajuste, la vulneración de derechos y un marcado tono sectorial pro clases acomodadas en las políticas del gobierno despejaron las fantasías existentes sobre el carácter de la alianza Cambiemos. Así quedó al desnudo el carácter antipopular de un gobierno que está en un creciente proceso de desprestigio social. Desprestigio que no necesariamente se traduce en una pérdida de adhesión política equiparable a su desempeño, especialmente por la ausencia de una alternativa política clara.  Lo sostiene también la legitimidad de origen, el haber sido elegido por el voto popular, aunque ésta legitimidad esté perforada por los desaciertos, la insensibilidad social, la política de mano dura que se impulsa y la subordinación frente a los poderes internacionales. Esta situación ha colocado al gobierno como el enemigo común del movimiento popular y del campo nacional. Ello con muchos matices e intensidades, claro está, tanto por derecha como por izquierda. Y esta es una de las razones que explican que la diversidad existente sea también fragmentación.
Estamos frente a una dinámica tradicional: el ajuste, la marginación, las persecuciones, etc. generan procesos de agrupamiento en respuesta a esas políticas. Es decir que se configura un enemigo común que referencia las luchas y resulta útil para la unidad en la acción. Pero esto no resuelve las contradicciones existentes al interior de lo que se podría agrupar como oposición teniendo en cuenta los intereses sociales en juego y la vigencia del electoralismo y el parlamentarismo como parte constitutiva de la democracia realmente existente que habita las filas de la oposición.
Si la oposición al gobierno constituye uno de los ejes que dividen las aguas en la realidad nacional, el plan de ajuste pergeñado por el Fondo Monetario Internacional es el otro. Más allá de la intensidad y profundidad de las distintas posiciones existentes, resulta evidente que se ha instalado como posible un grado de articulación en torno a la oposición al gobierno.
Cómo se traduce la energía y la acumulación política generada en estos procesos de relativa unidad en la acción es harina de otro costal. La acumulación partidaria forma parte del abecé de la acción política, pero la realización de esta cuestión puede contribuir a fortalecer o debilitar al campo popular según como se formule.
Sin embargo, la presencia del FMI y sus planes de ajuste presentan condicionalidades que el gobierno que surja de las elecciones de 2019 recibirá como herencia.
En términos electorales no existe aún una propuesta que garantice la victoria popular en las próximas elecciones. En razón de ello proponer la adhesión en términos de amigo/enemigo a la caudalosa primera minoría existente, como uno de los ejes de agrupamiento del campo popular, corre el riesgo de desplazar el eje aglutinador de las mayorías, que es la oposición al gobierno y al plan de ajuste del FMI. Significa también construir enemigos en aquellos que integran objetivamente el campo de lucha y no coinciden con el kirchnerismo, que es la primera minoría intensa pero insuficiente, para vencer en las próximas elecciones. Distinto será el caso cuando embarcados en la contienda electoral aparezcan las opciones concretas y en una hipotética segunda vuelta no se elija sino que se enfrente el dilema de optar entre frenar al macrismo o empoderar una alternativa que demostró limitaciones para llevar adelante un programa que resuelva los problemas de desarrollo y distribución justa de la riqueza.
Mas allá del devenir de los acontecimientos, que no están escritos, no hay forma de ocultar que el liberalismo conservador ha vuelto a fracasar como programa de refundación de la Nación y que queda en el campo popular el grave desafío de construir una nueva política al servicio del pueblo capaz de llevar adelante las mejores banderas de nuestra historia.
Tercer movimiento: Derecha e Izquierda
A propósito de la discusión instalada sobre la vigencia de categorías como derecha e izquierda para explicar la realidad puede resultar de interés repasar algunos conceptos. En primer término que las categorías Izquierda y derecha están mutuamente relacionadas, existe una porque existe la otra. Y que si bien tienen un origen topográfico, por la ubicación de los delegados en la Asamblea Nacional durante la Revolución Francesa, estas categorías se extendieron a gran parte de los sistemas políticos de occidente.
Existe una tendencia en el pensamiento de izquierda que entiende que el marxismo no es una “bandera política universal” sino una teoría revolucionaria que sirve como instrumento de análisis y comprensión de la realidad histórica concreta. Es importante distinguir entre una conceptualización ideológica y las identidades desde las que se construye una organización política.
Los conceptos derecha e izquierda son de claro cuño eurocéntrico, cuestión que ha generado grandes dificultades para comprender la centralidad de la cuestión nacional como contradicción fundamental en los procesos de transformación social y política en países dependientes. El desconocimiento de esta cuestión llevó no pocas veces al desconocimiento de procesos que no solo generaron experiencias de gobierno, luchas heroicas y de gran trascendencia en la cultura política de izquierda sino también aportes teórico-prácticos como la teoría de la dependencia y la teología de la liberación, entre otros.
La cuestión nacional ha dado lugar al surgimiento de una izquierda nacional identificada con el ideario socialista entendiendo a la lucha de clases como una forma particular que adopta la lucha entre opresores y oprimidos. Lucha que puede reconocer a otros actores postergados y oprimidos su contribución original en la construcción de una sociedad igualitaria.
Amplios sectores enrolados en la tradición popular revolucionaria han señalado claramente que la contradicción principal en un país dependiente no es entre Izquierda y Derecha al estilo clásico y que se mezclan las dimensiones nacionales y sociales en los procesos de lucha.
Esto no significa que no existan la izquierda y la derecha sino que son categorías que no funcionan como divisoria de aguas necesariamente. La izquierda ha aportado valores universales tales como la igualdad, la libertad y la fraternidad que han enriquecido a la humanidad más allá de las experiencias realizadas, como el llamado socialismo real, que no pocas veces pisotearon dichos valores.
En el marco de las luchas por la independencia y por la ampliación de derechos han surgido reivindicaciones como el anticolonialismo, el antiimperialismo, la lucha contra el racismo, contra el patriarcado, por el reconocimiento de los derechos de los pueblos originarios, entre otras, que son luchas que abrevan en los mismos valores humanos que inspiran las banderas de igualdad, libertad y fraternidad.
Estos conceptos tienen un carácter equívoco dado que, por ejemplo, existen liberales de izquierda, con posturas progresistas en materia de derechos humanos o de libertades civiles, pero que son defensores del sistema capitalista. Y sectores de derecha en lo político que defienden y se identifican con procesos de transformación social que llevan adelante conquistas sociales y especialmente las reivindicaciones de carácter nacional.
La izquierda como identidad política  ha chocado en la argentina contemporánea con la existencia de movimientos políticos de masas que aglutinaron las energías populares. Movimientos a través de los cuales se generaron vanguardias que comprendieron el sentido de aquellos fenómenos que expresaban los niveles de conciencia real alcanzado en su proceso histórico. La convivencia y tensión entre los sectores de izquierda y derecha al interior de estos movimientos fue un factor de limitación y expresión del grado de resolución de las banderas históricas del movimiento popular y de sus intereses de clase en cada momento concreto.
Tradicionalmente lo moderno se ha identificado con la izquierda y lo tradicional con la derecha. Ello en el marco de una derecha conservadora y clerical, caracterización caricaturesca de la actual derecha que aunque conserva su avidez e insensibilidad social intacta, se ha secularizado y actualizado en sus costumbres. Vivimos así también un proceso donde la izquierda parlamentaria liberaliza sus posiciones disolviendo con frecuencia la frontera con la derecha.
Dentro de la cultura europea el marxismo ha sido considerado una de las expresiones de la modernidad. Inclusive el socialismo real fue moderno cuando impulsó el industrialismo y predicó la democracia social.
Si bien izquierda y derecha como categorías identitarias no son los ejes que ordenan las estrategias políticas, de manera especial en las luchas electorales, que son dominantes en el presente, donde la ausencia de mayorías genuinas genera mecanismos de agrupamiento táctico para afrontar las segundas vueltas. A pesar de estos mecanismo de auxilio de una democracia impotente para resolver los problemas básicos de la sociedad aún perduran valores superiores que la izquierda reclama como propios.
La recuperación del sentido de las palabras forma parte de la lucha por la imposición de sentidos de cosas.
Cuarto movimiento: los pañuelos verdes
Buenos Aires y las distintas ciudades del país se vistieron de verde a lo largo de varios meses en el cenit de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal Seguro y Gratuito que se impulsa desde hace largo tiempo. Así se sucedieron las movilizaciones multitudinarias que hacían que el movimiento de mujeres fortaleciera su protagonismo. No era un rayo en un cielo sereno, era un movimiento en ebullición que había conocido jornadas extraordinarias como la de “Ni una menos”. La lucha estaba en todos lados, en el parlamento, en los medios de comunicación y fundamentalmente en la calle. Miles y miles de pibas y de no tan pibas irrumpieron en las calles una y otra vez produciendo un movimiento de una extraordinaria intensidad y magnitud.
Tal como expresan sus participantes “la campaña surge  a partir de los Encuentros Nacionales de Mujeres y la firme convicción de un grupo de feministas de demandar la despenalización y legalización del aborto. Ese objetivo marcó el norte y sobre ello se desplegaron acciones y estrategias durante más de 13 años. El pañuelo verde, emblema de la lucha, acompañó desde sus inicios. La Campaña nace federal, plural, diversa e incluyente y se da una forma de funcionamiento que se caracteriza por su horizontalidad.”
El resultado final fue desfavorable. La cámara de senadores votó en contra de la ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo. Pero el movimiento dejó en claro que la derrota parlamentaria no supone bajar banderas. Así, desde el movimiento señalan que la victoria consistió en sacar el aborto del “closet”  al poner la demanda en el conjunto de la sociedad, en el crecimiento exponencial de los feminismos y la construcción de una agenda política.
Miles de pibas incorporaron el pañuelo verde en sus mochilas, en sus muñecas o sus cuellos. La campaña por el aborto libre y gratuito era en la mayoría de los casos un rito de iniciación política por la ampliación de derechos. Significaba un descubrimiento, una experiencia colectiva, plural, diversa, extraordinaria. Es, por encima de todo la lucha por un derecho que se hizo carne en una generación que despertó temprano y que no merece tener una doble derrota. Defender el derecho de las mujeres a decidir sobre su cuerpo, sostener esa reivindicación, es un compromiso que el movimiento de mujeres ha manifestado continuar para que no suceda que, como dice Freud, se comienza cediendo en las palabras y se termina cediendo en las cosas.
Bonus Track: Seguridad y Derechos Humanos
Después del “estado de sitio democrático” instalado en la ciudad de Buenos Aires a propósito de la realización del G20 y especialmente a propósito de la marcha de protesta organizada por distintas organizaciones políticas y sociales, el gobierno nacional a través del Ministerio de Seguridad de la Nación se despachó con una resolución que desregula el protocolo de actuación de las fuerzas de seguridad con una reglamentación que viola los derechos humanos y estimula la mano dura y el gatillo fácil. Es de señalar que una resolución ministerial no tiene capacidad para modificar el Código Penal y mucho menos las leyes que regulan la seguridad interior, tratados internacionales y la propia Constitución Nacional que establece un código ético para el accionar de las fuerzas policiales; código que se viola flagrantemente en esta resolución. Además, la Constitución otorga supremacía federal a los Pactos, Tratados y Convenciones internacionales de derechos humanos de los cuales Argentina es signataria.
En el presente contexto, de grave crisis social y en plena marcha de un plan de ajuste impiadoso, la doctrina de la mano dura y gatillo fácil no es ajena a las necesidades de control social y disciplinamiento de la protesta. Cuando amplios sectores de la sociedad sufren crudamente las consecuencias del ajuste la instalación de la “seguridad” como tema central de la agenda política es una maniobra que responde más a la falta de respuestas a las necesidades populares que al problema real de la seguridad si ésta fuera entendida en todas sus dimensiones. El objetivo verdadero del gobierno es criminalizar la pobreza mediante un discurso demagógico, electoralista y punitivista. La ola reaccionaria que recorre el mundo también baña las playas argentinas.
Envío:RL

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