20 de marzo de 2019

CÓRDOBA - DIFUSIÓN.

Las Abuelas y los 30.400 desaparecidos 
Semana de la Memoria 
Por Sofía Jalil
En el inicio fue una voz. Una mujer se dio cuenta que no estaba sola y encontró a una segunda, una compañera. Estas dos comenzaron a buscar y encontraron a una tercera que le pasaba lo mismo, que no sabía dónde estaban, ni a dónde acudir, y que también, su hija estaba embarazada al momento de desaparecer.
Así llegó la cuarta, la quinta, la sexta. Las voces se juntaron, las Abuelas comenzaron a agruparse en un clima de represión extrema.
“¡Déjenlas a esas lloronas viejas locas! Ya se van a cansar”, recuerda Estela de Carlotto sobre la respuesta que recibieron en sus primeras movilizaciones alrededor de la Plaza de Mayo, en 1977.
Además de caminar la plaza todos los jueves e identificarse con pañuelos blancos, hubo otro aspecto que las unió: eran todas mujeres.
Siguiendo el relato de Carlotto en la entrevista “Una abuela que no se rinde” (1999), en las primeras rondas había “hombres, mujeres, jóvenes, un poco de todo”. 
“Muchos hombres se resintieron en su salud y se murieron. La mayoría de las abuelas son viudas...y para los militares el hombre era más peligroso”, recuerda la actual presidenta de Abuelas que, además, explica esta particularidad a través de su propia historia. Ella era jubilada y si bien su marido le brindó su apoyo, contención y paciencia, él tenía que seguir trabajando. Fue ella quien salió a buscar a su hija secuestrada, desaparecida y embarazada.
“Hay otra cuestión que es la visceral: la de mujer, la de madre, que nos impide dejar de hacer todo lo que tenemos que hacer para seguir buscando”, destaca la abuela de 88 años que se reencontró con su nieto en 2014, tras 35 años de búsqueda.
“El amor construye, el odio no, aún a riesgo de parecer tontas o débiles”, finaliza la Abuela en la mencionada entrevista.
El camino
En un contexto de represión clandestina, apropiación de bebés, secuestros y asesinatos de personas por parte del Estado argentino, surgió una nueva forma de movilización que nada tenía que ver con las tradiciones obreras del país.
Las y los familiares comenzaron a tomar las calles a través de movilizaciones pacíficas bajo la común percepción de que la Justicia no estaba en condiciones de esclarecer ningún crimen o acontecimiento que se le presente.
La sola presencia de las Madres y Abuelas en la Plaza de Mayo llamó la atención de la prensa extranjera durante el Mundial del 78.
Las cámaras del mundo las enfocaron y ellas no titubearon en preguntar a viva voz “DÓNDE ESTÁN”, poniendo en jaque el clima de supuesta paz que anunciaba el autodenominado Proceso de Reorganización Nacional.
En particular, Abuelas fue reconocida en todo el mundo a través de premios, como el Félix Houphouët-Boigny de Unesco en 2011. También fueron nominadas cinco veces para el Premio Nobel de la Paz, entre 2008 y 2012.
El impacto de su resistencia también llegó a la genética. En la década del 80, trabajaron con un grupo de científicos estadounidenses para restituir la identidad de los hijos de desaparecidos, nacidos en cautiverios y apropiados ilegalmente mediante análisis de sangre.
El problema ante la ausencia de padres -las y los desaparecidos- para la determinación de parentesco, fue resuelto a través del “índice de abuelidad” que garantiza un 99,99 por ciento de eficacia a través del análisis de sangre de otros familiares.
La Justicia argentina utilizó esta prueba por primera vez en 1984 –en la primavera de la democracia- cuando una niña que había sido secuestrada junto a sus padres recuperó su identidad.
Las y los 30.400
Actualmente, gracias al trabajo de Abuelas, 128 nietas y nietos pudieron recuperar sus identidades que habían sido borradas. Muchos tomaron la posta, y nutren con sus experiencias, formaciones y perspectivas el reclamo colectivo por la Memoria, Verdad y Justicia.
Tal es el caso de Eugenio Talbot Wright, integrante de H.I.J.O.S. Córdoba, quien desanda la construcción de ese “enemigo interno” que el terrorismo de Estado se empeñó en caracterizar vía medios oficiales y colaboracionistas.
“El opositor político era el militante, el obrero, el estudiante, el sindicalista, el gay, la lesbiana, la persona trans, el trans, las trevestis, ellos y ellas era los opositores políticos a ese régimen”, dijo al respecto a HOY DÍA CÓRDOBA.
Desde las disidencias hay un reclamo puntual en la construcción de la Memoria: “La cifra 30.400 nace cuando el colectivo LGTBQ empieza a reclamar que dentro de la construcción de la Memoria estaban ausentes aquellas personas que habían sido asesinadas, privadas de su libertad, torturadas y desaparecidas por ser gays, lesbianas o travestis”.
Al respecto, Talbot insistió en que no se deben separar las cifras “30.000 por un lado y 400 por el otro”.
“Tenemos que darnos cuenta que todos los que de alguna manera ponían en tensión estaban subvirtiendo lo que era el concepto de ciudadano con valores occidentales, cristianos, que pretendía enarbolar la dictadura”, agregó.
“Hoy tenemos que unificar dentro de estos 30.000 desaparecidos y desaparecidas donde están las y los estudiantes, sindicalistas y obreros, aquellos que pertenecieron a la comunidad LGTBQ”.
Para el integrante de H.I.J.O.S. Córdoba, la cifra 30.400 tiene un significado político: “Hoy hablaría de 30.000 compañeros que fueron opositores al régimen por su militancia, por su identidad de género y por su sexualidad. Todos ellos fueron aquellos que, de alguna manera, subvertían el orden que querían establecer el régimen totalitario”.
20 Marzo 2019
Fuente:HoyDiaCdba.

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