María Barjacoba declaró en la causa Feced 3
Torturada para que hable mamá
La hija de Analía Murguiondo y Daniel Barjacoba, víctimas de la masacre de Los Surgentes, fue secuestrada siendo una beba.
Por Sonia Tessa
María (centro) junto a familiares de otras víctimas.
Imagen: Andres Macera
Imagen: Andres Macera
María Barjacoba tenía un año y nueve meses cuando secuestraron a sus padres, Daniel y Analía Murguiondo. Primero, la patota la dejó con un cartel que decía "Cuidado, bebé en el baño". Luego volvieron a buscarla. Le aplicaron picana eléctrica. Estuvo un mes y medio desaparecida. Sus padres estuvieron cautivos unos días en el centro clandestino de detención Servicio de Informaciones y fueron asesinados en la masacre de Los Surgentes, el 17 de octubre de 1976. "Siempre pienso cómo habrá sido el momento en que los trasladaron a todos y a mí me dejaron ahí", dijo el miércoles pasado frente al Tribunal Oral Federal presidido por Lilia Carnero, en su primera declaración ante la justicia, en el marco de la causa Feced 3. María tiene 44 años, vive en Mar del Plata. El jueves volvió a primera hora y se fue derecho al barrio Los Martillos, donde trabaja, y donde militaba su mamá. Apuesta a la vida, a "poder seguir haciendo lo que me gusta, a seguir eligiendo laburar donde laburaba mi vieja, seguir yendo al barrio", le dijo a Rosario/12 el viernes.
María dio testimonio en el marco de la audiencia por la masacre en la que también fueron asesinados María Cristina Márquez (en ese momento embarazada, y compañera de Barjacoba), Cristina Costanzo, Sergio Jalil, Eduardo Laus y José Oyarzábal. También declararon Marcelo Márquez, Francisco Oyarzábal y Marcelo Jalil, hermanos de tres de las víctimas. Es la primera vez que se tratan los siete crímenes en conjunto. "Los Surgentes es una muestra clara de la ferocidad del estado terrorista", dijo la abogada Gabriela Durruty, que representa a la querella junto a Julia Giordano, y añadió: "Esperamos las ejemplares condenas que merecen los genocidas".
"Toda mi familia y yo fuimos víctimas de la dictadura", comenzó María, quien contó que su abuelo "enloqueció y se suicidó" por lo ocurrido con Analía. "Primero se la llevan a mi mamá y me dejan con una vecina, y después me vuelven a buscar porque mi mamá era resistente a la tortura, para torturarme a mí para que ella hablara. Me picanearon. Mi abuela Nelly Corbin, empezó a buscar", relató. Era la mamá de su papá y participó en Madres de Plaza de Mayo.
El secuestro de Analía "fue el 14 de octubre. A mi papá lo habían secuestrado antes, el 2 de octubre con su compañera, que estaba embarazada. En el SI nos encontramos todos. Por lo que pude reconstruir, el 17 de octubre se los llevaron. Mi mamá estaba muy lastimada en sus genitales. No sé donde estuve yo el mes y medio que estuve desaparecida", dijo durante una audiencia en la que testigo y público lloraron.
La familia pudo recuperar a María tras una intensa búsqueda. "En un lugar en el centro había varios niños, y le muestran. Yo voy corriendo y lo agarro de la pierna a mi abuelo", relató. A ella la criaron sus abuelos maternos "con silencio, miedo". "Durante mucho tiempo no me quisieron decir la verdad de lo que había pasado", afirmó. El compañero de Analía al momento de su desaparición era Rubén Gianola. "Finalmente nos encontramos muchos años después", contó.
En su declaración del miércoles, María no pudo evitar el llanto. "Por suerte pude hablar y decir un montón de cosas que quería decir, aunque por ahí estuviese angustiada", rememoró el viernes. "Ya tengo 44 años, tengo que estar hablando de lo que me pasó cuando tenía 1 año y 9 meses y que las personas condenadas lo fueron muchísimo tiempo después, no es que siento un alivio, simplemente siento que tenía que hacerlo", dijo.
En el final de su declaración en el marco del proceso contra 13 policías de la patota de Feced por los crímenes de lesa humanidad cometidos contra 200 víctimas, María leyó la carta que les escribió a sus padres cuando su hija Juana Luna era una bebé. "Al separarnos, no solo nos negaron la posibilidad de crecer juntos, sino que también reprimieron en mí ese sentimiento constante de amor incondicional que se da entre los padres, las madres, y los hijos. En cambio me quedó una mezcla de amor, dolor, culpa y soledad, mucha angustia y un trabajo terrible para encontrar mi identidad. Pero el tiempo no hace al olvido. Y hoy me encuentro aquí escribiendo esta carta, contándoles que Juani tiene un año y nueve meses, casi la misma edad que tenía yo cuando nos secuestraron a los tres. Que ella es un solcito que me acompaña, que cuando la miro puedo ver adentro de ella, y estoy segura de que ella ve adentro mío. Que el día que ella nació se abrió una puerta y reencontré todo ese amor que estuvo esperando resurgir durante 30 años", leyó ante el Tribunal que debe impartir justicia, con los genocidas escuchando desde sus lugares de detención.
Fuente:Rosario12

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