15 de diciembre de 2019

MENDOZA: El secuestro y desaparición de los militantes Sara Palacio y Marcelo Verd a 48 años, a juicio.

El secuestro y desaparición de los militantes Sara Palacio y Marcelo Verd a 48 años, a juicio 
Por Lucho Soria 
Publicado el Dic 14, 2019
El juicio que se realiza en Mendoza es un ejemplo de la definición de esta agencia y para quienes las heridas del pasado se cierran con más juicios. La memoria es rebeldía contra el olvido y la impunidad. A instancia del fiscal federal Dante Vega entre las víctimas del Terrorismo de Estado el secuestro y  desaparición de los militantes Sara Palacio y Marcelo Verd, secuestrados en 1971, en la dictadura de Lanusse, se juzga en el noveno juicio en Mendoza.
En una jornada histórica, comenzaron los testimonios en el noveno juicio de Mendoza. Luego de leer las declaraciones indagatorias de los últimos imputados, declaró Mariana Verd (foto) por primera vez en un juicio oral y público. La médica pediatra habló del secuestro de su padre y su madre en 1971, los recuerdos de la infancia y la reconstrucción que logró hacer del emblemático caso considerado por la fiscalía la antesala de la escalada criminal posterior al golpe de 1976. La próxima audiencia será el 20 de diciembre a las 9:30.  La crónica corresponde a juiciosmendoza9.wordpress.com  y una aclaración es una síntesis de la misma.
“Quien deja huellas no desaparece”
Mariana Verd es hija de Sara Palacio y Marcelo Verd. Declaró extensamente, por primera vez en un juicio, sobre el secuestro y la desaparición del matrimonio, cuando ella tenía siete años. A pedido de la fiscalía, comenzó relatando retazos de su vida familiar.
Sara y Marcelo se conocieron en Córdoba, en su época de estudiantes: ella era de Mendoza y él de San Juan. Se recibieron de obstetra y de odontólogo, respectivamente, y se casaron en San Juan en 1961, pero vivieron en Córdoba -donde nació Mariana- y luego en Tucumán -donde nació su hermana Patricia-. También refirió que viajaron a Francia y Praga y, finalmente, a Cuba, de donde conserva recuerdos más nítidos. Hacia 1968 regresaron a la Argentina y se instalaron en La Plata. Poco después, en 1970, se trasladaron a la provincia de San Juan. Allí vivía la familia Verd: Aburnio Verd y Ana Luis Castro, padre y madre de Marcelo, su hermana María Eugenia y su hermano Gaspar. Del domicilio de calle Arenales, en presencia de sus dos hijas, fueron secuestrados él y su esposa, el 2 de julio de 1971.
“Tengo bastante frescos muchos recuerdos, por suerte”, dijo Mariana. Lo demás lo fue armando con los años como un rompecabezas. Marcelo y Sara habían militado en el Ejército Revolucionario del Pueblo (posiblemente Ejército Guerrillero del Pueblo) y luego en las Fuerzas Armadas Peronistas (FAR). Al momento de las desapariciones, la familia tenía una vida “común” y “feliz”. Las niñas iban a la escuela, Marcelo trabajaba en un consultorio en Jáchal. Su mamá no estaba ejerciendo cuando se la llevaron. Tenían muchas amistades, hacían asados y guitarreadas en la casa. Entre los más cercanos, señaló al “Chango” Touris -se exilió por la persecución, hoy fallecido- y a su esposa, Remira Ojeda -que continúa viviendo en España-. Fue él, que había egresado de la primera camada del Liceo Militar, quien reconoció a Bulacio como uno de los secuestradores a partir de la descripción de Mariana.
Los secuestros
La noche previa al 2 de julio de 1971, la familia había recibido la visita de algunas amistades. Al día siguiente, por la mañana, Mariana y Patricia se preparaban para ir a la escuela cuando golpearon la puerta, que se abrió abruptamente pese a la traba: hoy reflexiona que deben haberla pateado. Las tres mujeres fueron encerradas en el baño, bajo vigilancia. Desde allí se veía el living. Mariana logró distinguir a más de siete personas con pelo corto, sobretodo oscuro y armas, que dieron vuelta macetas, abrieron almohadones y vaciaron alcancías. Aunque tenía solo siete años, entendió que no eran amigos. Recuerda que notó el miedo en su madre y los llantos de su hermana. Así transcurrió más de una hora, luego de la cual las condujeron a la calle. Afuera pudo ver a su padre, parado frente a un auto blanco grande, mientras uno de los intrusos pisaba la chaqueta de trabajo. Luego, entre dos, lo hicieron subir. Nunca más lo vieron.
Las niñas pasaron la noche ahí. Al día siguiente, Silvia y Joaquín Palacio, hermana y hermano de su mamá -a quienes no conocían-, las buscaron para llevarlas a Mendoza en un taxi. En otro auto, según supo, iba también el “Chango” Touris. A sus familiares les sorprendió que no los hubieran parado por controles en todo el trayecto entre Mendoza y San Juan. Al llegar, se quedaron en la casa de su tía Raquel. María Angélica, la cuarta hermana de Sara, vivía al lado. Su abuela materna había fallecido. Recordó que durante una semana, un hombre vestido de azul durmió en el sillón del living “para cuidarlas”. Después supo que era policía.
La búsqueda
Sus tías maternas se entrevistaron con el teniente coronel Bulacio en la calle Emilio Civit (sede del Destacamento de Inteligencia 144 del Ejército). María Angélica presentó habeas corpus en Mendoza, San Juan y Buenos Aires. Su abuelo paterno había mandado telegramas a Lanusse, con respuestas negativas. Cuando llegó un rumor de que estaban en Chile, fueron hacia aquel país y enviaron una carta al presidente Allende. Su tía recurrió a la Organización de Estados Americanos. “Se movieron mucho”, sostuvo.
También declararon “infinidad de veces”. Recuerda que ella, todavía pequeña, fue citada para un reconocimiento fotográfico en alguna dependencia judicial, posiblemente en Mendoza. Allí le mostraron un álbum con muchas fotos y reconoció a dos, uno de ellos iba en el auto donde las subieron. Además, por su descripción, su familia supo que la persona que daba las órdenes era Bulacio: “el resto se movía de un lado para el otro”.
La reconstrucción
Después de estos episodios, Mariana tuvo problemas para dormir, para entrar al baño, para subir a un auto: “tenía miedo de morirme”. Y sostuvo, conmovida: “hasta que pasara esto del 2 de julio, vivía feliz”. Su familia no hablaba de lo sucedido porque no sabía qué había pasado: “pero yo tenía esa sensación de muerte”. Oían que Sara y Marcelo estaban de viaje, estudiando en el exterior, y recibían cartas y regalos a nombre de la pareja. Recién a los 12 años, cuando reconoció la letra de su tía en uno de los mensajes, supo la verdad. Desde entonces, pudo dormir con normalidad. Si bien aseguró que entiende por qué lo hicieron, hoy, como pediatra, le aconseja a las familias que nunca le mientan a los niños y las niñas.
Hasta 1995, cuando surge la agrupación H.I.J.O.S, tuvo una “negación terrible”. Con los años, empezó a indagar, a leer, a escuchar a las y los amigos y compañeros de Sara y Marcelo. Hace 20 años, por 1999, se animó a regresar a la casa de la calle Arenales con su hermana, su hija y el padre de su hija. El dueño se sorprendió cuando le dijo el nombre: sabían que allí había vivido la familia Verd-Palacio. Mariana la encontró más pequeña que en su recuerdo, pero la reconoció. En el patio, como sostén de una enorme enredadera, vio la reja que su papá había armado como respaldar de la cama. Tras el allanamiento, desaparecieron los muebles, la hamaca tejida por Marcelo: “no solo se los llevaron a ellos”, agregó. Vecinos y vecinas de enfrente habían presenciado el procedimiento. Recordaban el movimiento de autos. Lamentó no haber hecho más preguntas, estaba impactada.
Mariana concluyó su testimonio con una reflexión. Relató que hace unos años visitó el Parque de la Memoria con su hija y que, a pesar de lo traumático de no tener los cuerpos, “ver en piedra tallado el nombre de ellos me hizo pensar que podían estar allí (…) era algo bueno que se reconociera que en realidad existieron”. “Quien deja huellas no desaparece”, decía un cartel, “y eso es lo que me queda a mí: no están desaparecidos”.
www.anred.org/2019/12/13/el-secuestro-y-desaparicion-de-los-militantes-sara-palacio-y-marcelo-verd-a-48-anos-a-juicio/
Fuente:KaosenlaRed

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