21/04/2020
I. La izquierda es sectaria y violenta; la derecha es moderada y razonable. Tal mentira repetida miles, o millones, de veces con persistencia goebbeliana se ha convertido en verdad para muchas personas. Los medios de comunicación más poderosos han sido los principales vehículos para imponerla aunque la realidad los desmienta cada día, cada año, cada década. Para las mentes colonizadas por la propaganda de nada sirven ejemplos tan cercanos como Videla, Pinochet, Stroessner, Nixon, Kissinger, Reagan o Bush por nombrar solo los más conocidos entre los responsables de multiplicar muertos en la región y el mundo.
Desde 1983 los argentinos dejamos atrás las dictaduras cívico-militares y logramos en estos 37 años algo que parecía imposible en el siglo pasado: la estabilización del sistema del voto popular para elegir gobiernos sin la espada de Damocles del golpe de Estado que los interrumpa por voluntad de un grupo de generales y grandes empresarios preocupados «por el avance del comunismo», los primeros, y por «la pérdida de la tasa de ganancia», los segundos. En Argentina no se conoce un solo golpe de Estado de izquierda, pero esta realidad no conmueve a los ideólogos que divulgan la mentira mencionada al comienzo de estas líneas.
Desde 1983 los argentinos dejamos atrás las dictaduras cívico-militares y logramos en estos 37 años algo que parecía imposible en el siglo pasado: la estabilización del sistema del voto popular para elegir gobiernos sin la espada de Damocles del golpe de Estado que los interrumpa por voluntad de un grupo de generales y grandes empresarios preocupados «por el avance del comunismo», los primeros, y por «la pérdida de la tasa de ganancia», los segundos. En Argentina no se conoce un solo golpe de Estado de izquierda, pero esta realidad no conmueve a los ideólogos que divulgan la mentira mencionada al comienzo de estas líneas.
II. Pero no hace falta la brutalidad explícita de una dictadura para advertir las diferencias entre las fuerzas progresistas y las conservadoras. En estas casi cuatro décadas de democracia liberal, bajo el sistema capitalista, tenemos a mano una vara muy útil para medir como lo es la aplicación del «monopolio del uso de la fuerza» estatal. A grandes rasgos, y salvando diferencias, bien podría decirse que el alfonsinismo y el kirchnerismo mostraron caracteres comunes que los diferenciaron de los otros dos períodos: el menemodelarruísmo y el macrismo en referencia a un punto sustancial: la actuación de los gobiernos frente a la protesta social. Las cuotas de violencia estatal empleados por unos y otros fueron muy diferentes y habla de sus posicionamientos ante las demandas de los sectores más vulnerables que no tienen otra forma de manifestar sus reivindicaciones que la ocupación de la vía pública. (De la Rúa se fue dejando decenas de muertos en las calles, y Macri reivindicó la «doctrina Chocobar» y la represión violenta de las manifestaciones populares).
III. En estos días de pandemia de coronavirus estamos presenciando otro tipo de violencia. En este caso no proviene de la esfera del Estado sino de los grandes medios y es protagonizada por reconocidas figuras del mundo televisivo. La cuarentena social y sus efectos en la economía, el proyecto de impuesto a las grandes fortunas personales y la negociación de la deuda con los bonistas son tres temas centrales en la arena política que han despertado enardecidas intervenciones en la mayoría de los canales de TV. Periodistas y economistas compiten por el campeonato de la incontinencia verbal y se dejan arrastrar hacia la mentira, la amenaza, la descalificación y los pronósticos apocalípticos. Se trata de personajes que, invariablemente, defienden los intereses del poder económico local y extranjero. Años atrás no dudaron en ponerse del lado de los «fondos buitre» atacando al entonces gobierno de Cristina Kirchner. Hoy repiten, calcado, ese libreto y vociferan amenazas contra el actual gobierno nacional y la sociedad toda. Son verdaderos abogados defensores de las elites y trabajan en equipo para arrodillar al gobierno y a la sociedad ante el poder de los más ricos de adentro y de afuera. El costo social de sus propuestas está a tono con el desprecio por la vida que manifiestan y ahí, precisamente, está la carga de violencia más fuerte de sus discursos: todo debe subordinarse a los poderosos intereses de los dueños de las mayores fortunas, hasta la vida.
Una vez más la derecha muestra con desparpajo que, a la hora de hablar de violencia, no hay quien le haga sombra.
Una vez más la derecha muestra con desparpajo que, a la hora de hablar de violencia, no hay quien le haga sombra.
Fuente:LaArena
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