Por Lucas Rubinich, Resumen Latinoamericano /Grandes Alamedas / 29 mayo 2020
foto: comandante de Montoneros, Mario Eduardo Firmenich
“en lo local, con tal de que las cosas vayan un poquito mejor, algún milímetro (quizá sea la política del terror esa) yo estoy más que conforme.”, Tomás Abraham, (en Marin, 1987)
I
I
Argentina es un caso muy particular en relación a los procesamientos culturales de las oleadas de cambio revolucionario que se produjeron en distintos lugares del planeta, pero que adquirieron una fuerza considerable en distintos países de América latina durante la larga década del sesenta. En lo que hace al cono sur en todos los casos estas experiencias, que habían llegado al grado más alto de cuestionamiento del orden que es alzarse en armas contra él, habían sido derrotadas militarmente por los ejércitos nacionales, en ocasiones colaborando entre ellos orgánicamente, y siempre con distintos niveles de acompañamiento de EEUU. La diferencia es que los gobiernos dictatoriales de Uruguay, Chile y Brasil, siguieron contando en algunos casos con alto grado de aceptación en relación a lo actuado durante la que llamaron guerra contra la insurgencia, y en todos los casos sin fuertes cuestionamientos morales y políticos que hayan habilitado acciones jurídicas contra esa actuación. Las formas de esa guerra, desarrolladas por el ejército francés en la guerra de Argelia, y promovidas y enseñadas por la escuela militar imperial en la que se formaban oficiales latinoamericanos, eran relativamente nuevas e incluían definiciones de enemigo que decididamente no se agotaban en el combatiente armado. Hoy son conocidas públicamente, y se sabe entonces que incluían la existencia de campos de concentración clandestinos, el secuestro ilegal, la tortura, y diversas formas de humillación de los revolucionarios civiles capturados y su familia, sumado a la forma brutal de abolición del pasado suplantando la identidad de sus niños nacidos en cautiverio. En el caso argentino, quizás por el desprestigio de las FFAA armadas en circunstancias de la derrota en la guerra de Malvinas, pero sobre todo por la lucha persistente e inclaudicable de las madres de Plaza de Mayo, que se constituyeron en referencia mundial de resistencia ejemplar ante la barbarie, se construyó un sentimiento colectivo que rechazó contundentemente esa barbarie, y habilitó el juicio a las juntas militares que condujeron la que llamaron guerra contrainsurgente.
Las democracias aquietadas en sus cuestionamientos al orden estructural nacían de las derrotas de las oleadas revolucionarias y del terror que infundieron los procedimientos que le dieron el triunfo a los sectores económicamente dominantes y a sus fuerzas armadas. La especificidad argentina es que, debido a esa ejemplar lucha contra la barbarie, los sectores dominantes, deben desprenderse de las fuerzas armadas que defendieron y consolidaron sus posiciones, y entregarlas a ese juicio que será simbólicamente relevante, y entonces política y culturalmente relevante. Y es fundamentalmente por eso que en ese contexto se producirá una lucha cultural de gran significación. La democracia habilitando aquietada-sin capacidad de cuestionamiento de los pilares estructurales de un orden que seguiría siendo opresivo-, las libertades individuales. Estas libertades deseadas y festejadas colectivamente- y en ella las luchas por los derechos humanos-, debían encontrar límites que impidieran el resurgimiento de cuestionamientos a esos pilares estructurales. Y allí entonces, producto mismo de la derrota, la necesidad implícita, intuida por distintos sectores del mundo político cultural y económico, de demonizar a los revolucionarios vencidos. Porque no hay verdadero triunfo sin la derrota moral del enemigo. La nueva democracia aquietada frente a la posibilidad de cuestionar en términos estructurales el orden que seguiría produciendo desigualdades, debía, para continuar su desempeño con una libertad civil disfrutada y añorada , evitar que esas libertades habilitaran nuevamente el cuestionamiento denso del orden que habían reivindicado los revolucionarios derrotados. Para ello se hacía imprescindible intentar una operación simbólica de igualación entre los revolucionarios y las fuerzas armadas que, entre tanto, condenadas en juicio oral y público, reforzaban un sentimiento societal de rechazo a lo actuado por ellas.
La operación de igualación entonces, no se trataba de una tarea simple en términos políticos ya que por más crueles que para un sentido común conformado en una sociedad de amplios momentos de paz, fueran las acciones de las organizaciones revolucionarias, eran las que se derivaban de la confrontación de una fuerza insurreccional contra los mundos del poder, y no era extraño que produjese afinidades electivas con el sentimiento igualitario argentino. Por el contrario, lo que se mostraba en los juicios, para ese sentido común de una sociedad con un proceso de casi cien años de integración como la argentina, podía, sin esfuerzo, ser asociado a la barbarie. Por ello, aunque no se tratase de una reflexión consciente y discutida como resultado de algún tipo de plan, la sensación de franjas significativas del campo académico y cultural, del mundo sindical, de la mayoría de los dirigentes de los grandes partidos que pasarían a ocupar un rol protagónico, de distintos referentes del mundo empresarial nacionales e internacionales con actividad en el país, y también de distintos sectores y agencias del gobierno norteamericano, era que sería bueno encontrar las formas para evitar la reivindicación no fetichizada de la efervescencia de la larga década del sesenta en tanto cuestionadora del orden. Alguien cercano a los servicios de inteligencia y que circulaba por los pasillos de la embajada norteamericana, quiso tranquilizar a una mesa de empresarios afirmando que paradójicamente la mostración justiciera del horror bastaba para inhibir nuevas rebeldías, y cuentan que alguno de ellos imbuido de la nueva fe democrática se molestó, acaso por la vulgaridad que implicaba la crudeza de esos dichos en ese contexto en que precisamente el horror de los campos hecho público estremecía a amplios sectores de la sociedad, también ahora a ellos, que habían apoyado y promovido los procedimientos necesarios sin ensuciarse las manos.
De todos modos, más que de las voluntades individuales sin empatía con las mayorías sociales, las respuestas surgen de los climas colectivos produciendo visiones “espontáneas”. Y por distintos motivos, sectores relevantes de las elites culturales y académicas, principalmente aquellos que habían simpatizado con las rebeliones que no ocurrían en el propio territorio y cuando esta cobró fuerza en él se distanciaron, cumplieron un papel relevante en la construcción de la nueva esperanza de la democracia aquietada. Y de allí surgió el producto simbólico que condensaría los elementos de construcción del verdadero enemigo demoníaco. Se trataba de-valga la paradoja- una cultura casi esencial, que aglutinaba los distintos males que portarían en su cultura todos los movimientos insurreccionales bajo la forma del culto de la violencia, sacralización de la muerte. El instrumento, un libro que más allá de las intenciones y voluntad del autor, con el correr de los años y el aquietamiento de las pasiones generadas por dolores y miedos, quizás, como sentenciaba un viejo sociólogo, pueda ser calificado como un libro infame, se convertiría en el recurso más eficiente que, entrelazado con el relato hecho público de los horrores de los campos de concentración clandestinos, generaría un poderoso sentido común que fijaría límites a los cuestionamientos del orden y que se constituiría en un verdadero pilar de la democracia aquietada.
La operación simbólica es, en fin, un verdadero exorcismo invertido en el que a través de la destreza y el conocimiento de la cultura del demonio-angel caído, de quien lo realiza, no se erradica sino que se crea una verdadera fuerza maligna superior que, en la perspectiva del exorcista y el colectivo potencial a quien ofrece su ritual, tendrá el papel benévolo de convertirse en imprescindible para conjurar sentimientos heréticos y así trazar claramente las líneas, los límites del orden renacido que no deben violarse
II
Como dice un escritor argentino famoso, no se falta a la verdad cuando se dice que se ha leído un libro clásico para una sociedad, aunque se lo desconozca, porque este ha producido murmullos, sentencias, anécdotas que esa sociedad actualiza cotidianamente. Porque, en fin, forma parte de su cultura. Los mismo se podría decir, si se acota a un tiempo y a un espacio social determinado, de un libro como “Montoneros la soberbia armada”, de Pablo Giussani (Giusanni, 1987), que es precisamente el objeto cultural que expresa el ritual del exorcismo invertido. Y no precisamente porque se trate de un clásico, sino porque se convirtió en un poderoso productor de sentidos comunes que se asentaron en amplios sectores de las clases medias relativamente cultas de la sociedad argentina, y que fueron reavivados por difusores de distinta condición que en algunos casos se devinieron en epígonos con distintas credenciales culturales: desde un par de agentes prestigiados del mundo cultural y académico, hasta algún viejo pensador que atormentado por la tragedia y por su posible lugar de mínimo constructor en ella se reencontró con una renacida tradición humanista, hasta el periodista oportunista que por reflejos educados en un sensacionalismo políticamente correcto fue a buscar el gérmen del demonio en el fusilamiento por parte de sus compañeros de un guerrillero del Ejército Guerrillero del pueblo promovido por Ernesto Guevara en el monte salteño en 1963.
El núcleo de este sentido común posee una gran fuerza descalificatoria. Porque en realidad la clásica crítica de cuestionamiento de los medios que se utilizan para alcanzar fines benévolos, deja a los protagonistas en la posibilidad de ser jóvenes confundidos por el fluir de un momento pasional, en el lugar de bien intencionados equivocados. En el papel de aquellos que compelidos por lograr un bien se arrebatan y toman caminos erróneos para llegar a él. En ese caso, la posibilidad de resarcirlos está a mano porque la abundante experiencia histórica permite mostrar caminos por lo menos similares que cuentan con alto grado de legitimación. En los mismos años en que se comenzaba a leer el libro de Giusanni, la universidad de Buenos Aires creaba una instancia por la que debían atravesar los estudiantes de todas las carreras de grado llamada Ciclo básico común, y se convertiría, por el espacio en sí, pero además por las expectativas que generaba la reabierta universidad democrática, en punto privilegiado de difusión de visiones del mundo. Allí miles de estudiantes de una universidad masiva, se enfrentaban a una formación que confluiría en lo específico de su carrera, pero también a lo que se podría llamar formación ciudadana. Entonces los estudiantes podían encontrarse con la cátedra de Problemas filosóficos, a cargo del profesor Tomas Abraham que con gran popularidad entre los estudiantes expresaba el espíritu de los tiempos. Un espíritu libertario que levantaba como ícono la figura de Michel Foucault, que celebraba la libertad del individuo contra las instituciones sociales que lo sojuzgaban ( y allí el Estado, los sindicatos, los partidos, la familia, y quizás también los sistemas educativos y de salud) expandiendo sensibilidades que veían a las formas arcaicas de las izquierdas como elementos que conducían irremediablemente a la tentación totalitaria. También ese mismo ámbito habilitaba, remitiendo a hechos no contemporáneos, la legitimación de viejas formas de luchas insurreccionales. La cátedra Estado y sociedad, a cargo del sociólogo Torcuato Di Tella, portador de una identidad política moderada, había adoptado una forma en la que se analizaban hechos y personajes de las luchas por la emancipación en América latina. La experiencia educativa de Simón Bolivar de la mano de su maestro Simón Rodriguez que lo convertiría en un revolucionario, convivía con la lucha doblemente emancipatoria de Toussaint-Louverture en Haití. Algunas de las herramientas centrales para acercarse a esos hechos podían ser las miradas dependentistas y anticoloniales como la del gran sociólogo peruano Anibal Quijano, contemporáneo a Di Tella. En este contexto y con estas lecturas, no resulta irreal imaginar que los estudiantes que se apropiaban vitalmente de esas herramientas y de la propuesta pedagógica del profesor Di Tella- y quizás el mismo profesor Di Tella- pudiesen relacionarlas con las experiencias insurreccionales de los años sesenta setenta, y aun mirarlas con alguna simpatía, si el cuestionamiento a ellas estuviese sostenido en la discusión medios fines, y la crítica dirigida a la equivocación de los medios. Probablemente y sensibilizados por las acciones y consecuencias de la guerra contrainseurgente, distintas franjas de la población podrían esbozar también algo parecido a esas simpatías, o al menos desplegar sentimientos de comprensión de sus acciones.
Por supuesto, una crítica de esas características, por más descalificadora que fuera en términos políticos, no habilitaba la demonización. Y por ello quizás creaba condiciones, obviamente no ya para reeditar esas acciones insurreccionales, pero si para actualizar con alguna legitimidad cultural miradas herederas de esas experiencias cuestionadoras de las formas estructurales de organización del sistema económico y del mundo social. No se trataba entonces de entablar un debate por más agresivo que este fuere, con los equivocados, lo que implicaba subirlos al estrado. La tarea debía consistir en aniquilarlos simbólicamente. La crítica, así planteadas las cosas, debía ser radical, decididamente destructiva.
Giusanni lo hace bien explícito cuando menciona el recuerdo de una conversación con Ernesto Sábato, “quién formuló a propósito del comportamiento montonero un juicio de rechazo planteado precisamente en términos de aversión a la idea de que el fin pudiera justificar los medios.” (Giusanni, 1987)” Le dije”, escibirá Giusanni, “que, a mi parecer, este juicio no se adecuaba a la naturaleza de la cosa juzgada, ya que en el caso de los montoneros estábamos en presencia de algo mucho más terrible: una conducta en la que el medio justifica el fin.” (Giusanni, 1987). Lo ejemplifica sosteniendo que “si se les dijese ( a los montoneros) que hay una vía pacífica posible al socialismo, el efecto de la demostración “ no habría sido el de alejarlos de la violencia, sino el de desprestigiar ante ellos al socialismo” y rematará: “ La conducta montonera, en este sentido, no se define por la elección de un medio “ malo” para alcanzar un fin “bueno”, sino por la idolatría del medio elegido” . En una sociedad hipersensibilizada por publicitación de la violencia desatada por los encargados de llevar adelante la guerra contrainsurgente que se llamó terrorismo de estado, y que precisa de recursos para enfrentarse a la mostración del horror, se le ofrece algo que parece tener un estatus superior a un grupo de profesionales de las armas descontrolados como las fuerzas armadas, que son la expresión de la violencia legítima del estado y que cumplida su función de restauración del orden y condenados los que cometieron actos condenables, sigue con su función de armas de la república. No hay esencialidades aquí. Hay momentos de salida del cauce y entonces hechos y sujetos condenables. El demonio construido, en cambio, parece ser una expresión pura de la violencia irracional. Se trata de idolatradores de la violencia que en cualquiera de sus acciones políticas tienen un camino marcado: todos terminan en la Camboya de Pol Pot. Y, por supuesto, que en términos de decoración del discurso, las citas más recurrentes y, desde ya el mismo título, refieren a una organización ligada al movimiento peronista porque logra más efecto en aquellos que el autor presupone como lectores más fácilmente conmovibles: distintas franjas del mundo cultural y académico- aunque no solamente ellos-, que solo esperan que se presente algún mínimo indicador que les permita confirmar la asociación peronismo facismo. Hay que reconocer, no obstante, que, sin tanta pompa ornamental, esta atribución por parte de Giusanni, se extiende a todos los movimientos guerrilleros desde Cuba en adelante.
El demonio superior terminará portando, al fin, una identidad facista casi esencial que será descrita por una cita de autoridad. La cita corresponde a un artículo de Umberto Eco en el diario La repubblica en 1981: “Hablo aquí de la muerte como un valor que se afirma por sí mismo….Me refiero a la muerte sentida como “urgente”, como fuente de júbilo, verdad, justicia, purificación, orgullo, sea la causa a otros, sea la causada a uno mismo”.[1] (Giusanni, 1987)
Lo relevante es que para explicar este facismo primitivo, claramente en la arbitrariedad de Giusanni, aunque se recurra a la historia, se trata centralmente del uso de nociones que parecen remitir a propensiones, a tendencias de una naturaleza humana. Variables, en fin, de tipo psicológico-emocional, que, de algún modo, parecerían explicar lo que son hechos sociales. Para decirlo con Durkheim, hay en estos acercamientos el riesgo de confundir la causa con el efecto, en el hecho de no tratar a esas tendencias como naturaleza cultivada, como producto de la vida social. Por supuesto que no es difícil refutar estas afirmaciones. Se podría explicar el suicido que la sociología de Durkheim llama altruista en como parte de situaciones de confrontación en que el individuo queda subsumido en el grupo por lealtades socialmente construidas, y , sin lugar a dudas, se podría ejemplificar mencionando grupos consolidados de las ideologías más opuestas y de religiones más diferentes; por supuesto que es posible atender analíticamente diversas formas de actos llamados heroicos como producto de situaciones de lo que Durkheim llama efervescencia social. El ser humano que las experimenta, dirá Durkheim, “ tiene la impresión de que está dominado por fuerzas que no reconoce como suyas, que lo conducen, de las cuales no es dueño, y todo el medio en el que está unido le parece surcado por fuerzas del mismo género. Se siente como transportado a un mundo diferente de aquel en que transcurre su existencia privada. Allí la vida no solamente es intensa; es cualitativamente diferente. Arrastrado por la colectividad, el individuo se desinteresa de sí mismo, se olvida, se consagra enteramente a los fines comunes. El polo de su conducta cambia de lugar y sale fuera de él. Al mismo tiempo, las fuerzas que así se provocan, precisamente porque son téoricas, no se dejan fácilmente canalizar, acompasar, ajustar a fines estrechamente determinados; experimentan la necesidad de expandirse por el hecho de expandirse, por juego, sin objeto, aquí en forma de violencias estúpidamente destructoras, allí, de locuras heroicas. Es ésta una actividad de lujo, en un sentido, porque es una actividad muy rica. Por todas esas razones, se opone a la vida que llevamos cotidianamente, como lo superior se opone a lo inferior, y lo ideal a la realidad.” (Durkheim, 2000) Esto ocurre en distintos momentos históricos, en distintas sociedades humanas, y en un mismo tiempo corto se puede corroborar su condición de producto social, porque “ la ilusión nunca es durable porque esta misma exaltación no puede durar: es demasiado agotadora. Una vez pasado el momento crítico, la trama social se relaja, el intercambio intelectual y sentimental disminuye, los individuos retornan a su nivel ordinario. Entonces, todo lo que se ha dicho, hecho, pensado y sentido durante el período de tormenta fecunda no sobrevive ya sino en forma de recuerdo, de recuerdo prestigioso, sin duda, lo mismo que la realidad que evoca, pero con la cual ha dejado de confundirse.” (Durkheim, 2000). Claro, sobrevive como recuerdo prestigioso si como resultado de esa efervescencia revolucionaria hay un movimiento exitoso que prestigia lo actuado. Si ese movimiento emerge de la efervescencia derrotado, aquellos recuerdos podrán conformar una genealogía alternativa, o ser meramente indicadores de un mundo estigmatizado. Pero lo que interesa es que las situaciones de intensidad que esencializa acciones nombradas como culto a la muerte, son resultado de esa efervescencia, que se presenta en distintas sociedaders en diferentes momentos históricos con identidades culturales y políticas bien distintas, y no componentes casi escenciales de una cultura que se pretende utilizar como variable explicativa.
Por supuesto que es posible ver este relato de Giusanni no como los intentos siempre parciales de decir algo sobre algo, sino como un producto implicado decididamente por las razones que fueren, en una lucha cultural que intenta y logra desequilibrar produciendo sentidos comunes fuertes, la versión más ingenua de lo que se conoció como la teoría de los dos demonios Construye un demonio superior, poseedor de características casi esenciales, que necesita para su sobrevivencia de la persistencia de la violencia. Y así, como figura amenazadora, se convierte en el garante cultural de la democracia aquietada.
III
En junio de 1986 un grupo de estudios y debate coordinado Tomás Abraham[2], invito a Juan Carlos Marín[3], sociólogo, protagonista en su juventud de los movimientos que resultaron en la fundación de la moderna carrera de sociología de la UBA en 1957, y figura relevante en el campo cultural de la conformación de lo que se llamó nueva izquierda en los sesenta, a un debate sobre la forma en que este incorporaba a Foucault, debatiendo sobre su trabajo “Los hechos armados un ejercicio posible”(Marín,2007). Se trató de una ocasión singular, porque implicaba intentar un debate teórico- en este caso favorecido por una apropiación seguramente diferente de la obra compleja de un mismo autor- entre intelectuales que expresaban dos miradas opuestas sobre la manera de mirar el mundo social. Una que en esos años retrocedía hasta la marginalización, pero que había sido predominante (admitiendo que se expresaba a través de distintas formas) en el bullente campo de las ciencias sociales de América latina de la larga década del sesenta, ligada a las transformaciones de las izquierdas, y con empatías con los movimientos insurreccionales. La otra, una perspectiva que desde la enseñanza de la filosofía era una expresión de un clima predominante en el campo cultural de la apertura democrática, marcado por un espíritu libertario cuestionador de las categorías que remitían a grandes cuestiones estructurales, que desechaban la noción de lucha de clases, y veían además a las formas organizativas que se habían dado las izquierdas para diseñar sus caminos hacia el cambio, como instituciones opresivas. El encuentro era singular entonces, porque no era fácil el diálogo entre estas miradas que en el marco de los sentimientos circulantes productos de una situación posterior a un conflicto violento, hacía que sus grandes diferencias teóricas se expresaran en distancias todavía más grandes en el sentido político cultural. La complejidad de la obra de Foucault, en distintos sentidos habilitaba la reunión
No obstante, el encuentro no podía no ser tenso, y de distintos modos, problemático. Porque en verdad, más allá de la voluntad de los protagonistas, y sin que esto suponga una relación literal, la posición de Marín en el debate, para los habituales concurrentes a los encuentros promovidos por Tomás Abraham, resultaba casi la personificación del mismísimo demonio superior diseñado por Giusanni. Efectivamente la de Marín era la manifestación cruda, sin ambigüedades de lo que ese mundo cultural alternativo, identificaba- con los reduccionismos de las miradas culturales que disfrutan de su triunfo- como visiones setentistas. Ese reduccionismo refería en verdad, a una heterogénea y compleja cantidad de producciones de los años sesenta y primeros setenta, cuyas herramientas teóricas en términos generales coincidían en otorgarle un lugar protagónico a la noción de conflicto social ligada a categorías estructurales que intentaban enmarcar en una lucha de clases, y que veían a sus objetos de conocimiento como claramente implicados en esa lucha. La noción de amigo-enemigo estaba implícita en la preocupación por diagnosticar situaciones que contribuyeran a beneficiar a uno de los bandos en lucha, entendido esto en términos estructurales. Y la posibilidad del recurso del pueblo en armas como momento posible y decisivo en esa lucha, acompañaba, sino explícitamente, el espíritu vitalizador de esos trabajos.
En el trabajo de Marín para que no quedasen dudas, la noción de amigo-enemigo aparece explícitamente como parte del análisis en el que se da cuenta de una situación que caracteriza como guerra civil, ya en los años previos al golpe de estado de 1976. (“ Guerra como expresión que asume la búsqueda de una situación límite: la destrucción de una fuerza social… La guerra es la forma que toma, mediante sus enfrentamientos, la realización del poder de las clases” ) Y confronta con las visiones que cuestionan la utilización del concepto. “El enemigo”, dirá Marín, “ intenta sacramentalizar el acto y para ello propone la inversión más grotesca de los personajes. La ‘vida’ está representada por lo que monopolizan los instrumentos de aniquilamiento: las fuerzas armadas; la ‘muerte’ por los hambreados de vida: los desposeídos. La ‘violencia’, ‘los hechos armados’ encuentran en su personificación y en sus territorios un sentido que quiebra el fetichismo de una presentación demoníaca” (Marín,2007).
El anfitrión, sin lugar a dudas compartía con sus estudiantes y discípulos los sentimientos anti izquierdistas, que la cultura de época incluía en el clima más abarcativo de sensibilidades antiautoritarias, y que el libro de Giusanni había acotado a la realidad argentina reforzándolo con una simplificación productiva. El Foucault de Abraham, o por lo menos el que sostenía su sensibilidad cultural, era el que abandonaba el concepto de clase y emprendía una lucha contra las formas de normalización de las conductas y contra las identidades impuestas, así como también contra el marxismo cada vez más incompatible con ese espíritu libertario cuestionador de las grandes estructuras institucionales y los grandes relatos. Se trataba del Foucault con el que simpatizaba el filósofo español Fernando Savater, quien era un crítico demonizador, al estilo Giusanni, de la organización guerrillera vasca ETA, a la que nombraba con contundencia como organización terrorista, y que era un convidado habitual a las masivas clases magistrales de Tomás Abraham.
No obstante, en el marco de estas diferencias que eran teóricas, pero, más abarcativamente, culturales, se realiza el encuentro, quizás porque en el marco de lo políticamente correcto se estaba haciendo lo que hay que hacer en un seminario de estas características: estaba el texto de Marín como recurso de esa discusión, y fundamentalmente, el debate debería apuntar a indagar en “los usos de Foucault”. Pero en esta realización, en verdad, intervinieron dos hechos significativos que, aunque parezcan detalles, son indicadores de la convulsionada historia y de los cambios más contemporáneos a la época, del campo cultural. Dicen algo de la circulación de sensibilidades en un contexto en que el demonio, por más cercano a los ambientes culturales, actúa quizás con más fuerza. En principio Abraham no tenía pasado político, y aun contando con 40 años en el momento, era-por decirlo exageradamente- un joven que nacía con el nuevo clima cultural. Y por eso quizás podía atenuar sus pasiones agresivas frente al demonio cercano, a diferencia de aquellos que reprocesaban su implicación anterior por diversos motivos, todos ellos ligados a una situación de derrotados.
Por otro lado, quien acompañó y probablemente gestionó el encuentro, era un discípulo de Marín, Roberto Jacoby, sociólogo y artista. Jacoby había escrito durante la dictadura un trabajo que analizaba la acumulación de conocimiento sobre la experiencia revolucionaria en el período que va de la comuna de París a la revolución rusa, y que llevaba por título “El asalto al cielo”. Por lo tanto, era conformado por, y conformador de, la cultura demonizada; pero además, era un protagonista central de la nueva movida cultural de la que seguramente participaban los estudiantes jóvenes de Abraham. Jacoby era el letrista del grupo Virus, que con su sonido new wawe y su escenografía extraña al mundo del rock aparecía como una vanguardia en la nueva movida cultural, y desplegaba elementos en gérmen para las futuras luchas por la diversidad sexual. Jacoby se integraba activamente a ese clima, pero con elementos que recuperaba de su maestro. Su preocupación apuntaba a que luego del desastre había que imaginar distintos medios que permitieran reforzar el lazo social fragmentado por la dictadura, y lo hacía a través de lo que llamó la estrategia de la alegría. Probablemente este encuentro era también un intento por tejer redes entre los distintos micromundos de la cultura.
El encuentro comenzó con la presentación de Abraham que dijo algo acerca de cómo produjo el libro Marín en México, y aclaró que, con poco tiempo, estuvo tratando de leer y que no hubo tiempo para repartir el libro entre quienes iban a asistir, pero que algo había leído, y que tenía algunas preguntas para hacerle. Aclaró, antes de darle la palabra, que Marín había estado trabajando en los últimos años con el tema del poder y los cuerpos de un modo que ellos no lo habían hecho, o por lo menos lo habían hecho de un modo diferente.
La exposición de Marín fue la clara y argumentada exposición de un profesor y polemista experimentado. Con un lenguaje clásico y austero, advirtió sobre su adscripción a la tradición marxista de la que obtenía los recursos fundamentales para construir sus objetos analíticos. Luego hizo una presentación de los elementos de Foucault que incorporaba, y explicó porque podían ser compatibles con su perspectiva marxista. Se interrogó retóricamente sobre cuáles habían sido sus temas de investigación en los últimos veinte años, y afirmó que se ocupaban “fundamentalmente las formas que asumen las luchas sociales y políticas” se trata de trabajos que “refieren a lo que en la convencionalidad de nuestro cuerpo teórico llamaríamos la forma en que se expresa, se ejecuta, la lucha de clases” (Marín, 1987 ). Hubo preguntas luego de la exposición que fue breve, y seguramente se vivía un clima de incomodidad, no porque la exposición no fuese sólida, ya que el invitado argumentó con solvencia explicando porque se valía de los recursos teóricos de los que se valía, y tampoco porque para ese conjunto de universitarios y seguramente buenos lectores, resultase difícil de entender. No obstante, una de las intervenciones de lo que era ese público acotado, sostuvo que no entendía nada, y que nadie entendía. Que había gente bostezando, y una más larga descalificación. Alguien con voluntad mediadora dijo que probablemente se debía a que en la cátedra de Tomás no manejaban los códigos de Marín. El indignado asintió, pidió disculpas y continuaron.
En un momento de sus respuestas, Marín abandonó por unos instante su lenguaje profesoral, y al referirse a las consecuencias del disciplinamiento producido por la matanza y el terror afirmó que ”cualquiera que analice cuál ha sido la reestructuración del ámbito de lo académico en la Argentina, habrá notado que el gran procesamiento ya fue hecho. ¿Por qué ya fue hecho? Bueno, porque la casi
totalidad del ámbito académico universitario comió la mierda necesaria. ¿Y cuál era la mierda que había que comer? Compartir el espacio con aquellos que habían incidido directamente y habían participado y
colaborado directamente en el procesamiento del período de la dictadura.” (Marin, 1987).
totalidad del ámbito académico universitario comió la mierda necesaria. ¿Y cuál era la mierda que había que comer? Compartir el espacio con aquellos que habían incidido directamente y habían participado y
colaborado directamente en el procesamiento del período de la dictadura.” (Marin, 1987).
El título de un libro en el que Marín reprodujo este debate refiere a una de sus respuestas a otra de las intervenciones de uno de los que pasaba del nivel de la molestia a la indignación. La argumentación que sostenía la pregunta se basaba en afirmar que el proletariado argentino había conseguido sus logros no precisamente gracias a un marxismo militante Y culminaba preguntando: “¿Usted no cree- y lo digo con todo respeto- que los marxistas también han comido mierda?”. Marín se levantó de su silla y mirando fijamente a quien había formulado la pregunta dijo:” Perdón,¿ Ud, se refiere a mi?”, a lo que el interpelado contestó: “No, no, en general”. Y allí Marín, confirmando los sentimientos demonizadores de sus escuchas le dijo:” Porque si se refería a mí le parto una silla en la cabeza.” (Marín, 1987). Y luego elaboró con tranquilidad una respuesta.
En verdad no se trataba de códigos diferentes que impidieran una comprensión, lo que sí había era una hipersensibilidad negativa, ya no frente a conceptos, sino a palabras, que seguramente, más que al desacuerdo con una tradición teórica, remitían a elementos del horror condensado, no ya en el demonio estatal, sino en el más cercano, el que había surgido de un mundo relativamente familiar, y por ello se mostraba más efectivo. Se trata de aquel que el ensayo de Giusanni había ofertado como elemento reparador a la democracia aquietada. Revolución, lucha de clases, amigo-enemigo, guerra de aniquilamiento, habían impedido, seguramente la lectura del texto, y sin lugar a dudas, la escucha de los argumentos sólidos que Marín había desarrollado en su exposición. No había posibilidad de responder racionalmente a los argumentos desplegados de manera racional, y no se debía a la ausencia de capitales educativos y culturales amplios de cada uno de los participantes de esa reunión. Los obstáculos eran culturales en el sentido profundo, límites que la moral emanada de la derrota indicaba como imprescindibles para la no vuelta al horror, o bien, para no vivir el horror que la sociedad narraba de distintas maneras en este período. Quizás basten para sostener lo anterior una de las intervenciones finales del anfitrión. Culto, hombre de mundo, poseedor de una gran biblioteca, y profesor carismático con alta habilidad oratoria, intervino algo desconcertado y quizás con una molestia que su buena educación no le permitía habilitar en toda su dimensión. Sostuvo de manera algo confusa, lo siguiente: “Hay algunas cosas de Marx que sí, otras cosas que no. Lenin no, no me sirve, no me sirve en este país hoy, porque me parece que forma parte de un discurso (para llamarlo de algún modo también), que reintroduce el terror, que creo es uno de los principales enemigos. Por supuesto que el terror no viene solo, no es una abstracción fantasmal, el terror es provocado por alguien. Pero no sé si por un campo, por un bando y no ha sido sus efectos claros que no ha sido la obra ni de uno, ni de dos, ni de un bando, ni de un bando en particular.” ( Abraham, en Marín, 1987). Y más adelante: “Lo que no me sirve quizá para pensar y para reflexionar es seguir dividiendo místicamente los problemas en campos enemigos, irreconciliables burguesía–proletariado, proletariado–burguesía, en un modelo bélico (que usa Foucault a su modo también), pero un modelo bélico que me parece apocalíptico. Yo creo que de todas maneras es apocalíptico.” ( Abraham, en Marín, 1987)
IV
El demonio construido eficientemente en el ensayo de Giusanni, produjo, por supuesto, rechazos. Pero indudablemente también, más que lo que podrían llamarse adhesiones, generó sentimientos inhibidores que se manifestaban de manera pre reflexiva frente a indicadores que como algunas de las palabras de la exposición de Marín eran la expresión de un mundo sobre el que se prefiere no hablar. Es posible incluso hacer reivindicaciones fetichistas de algunas experiencias culturales, por ejemplo de las artes visuales, del teatro, del cine, de la literatura y de la teología, asociándola a la palabra radicalización y a los años sesenta, porque efectivamente supusieron rupturas significativas con las convencionalidades existentes, pero se lo hace desligándolas de la carnalidad social que les infundió la extraordinaria vitalidad que tuvieron. Del mismo modo ocurre con la figura de guerrilleros artistas o escritores, muertos en combate o desaparecidos, que serán recuperados, sobre todo, en tanto puedan ser pensados como víctimas indirectas de sus propios grupos. Y allí opera como demonio fuerte, no la brutal guerra de aniquilación llevada adelante por el estado, sino el demonio cercano, el que pudo dibujar con efectividad de creativo publicitario el libro de Giusanni. Esas experiencias y esos artistas fueron rebeldes radicales porque participaban de verdaderos procesos sociales, en los que distintos movimientos cuestionaban el entero orden de la sociedad, y la hacían de la forma más clara, que era alzándose en armas contra ese orden.
Los órdenes injustos que afectan al conjunto de la especie humana en tanto tal, persisten. Y las diversas experiencias que se propusieron superarlos, y entonces combatirlos, están allí, en la historia. Pero las tradiciones rebeldes no se recuperan verdaderamente, como se suele hacer en el marco del predominio de estos sentimientos inhibitorios, produciendo fetiches fragmentados. Porque así, claro, no se posibilita hacer lo que efectivamente hay que hacer con las tradiciones, que es evaluarlas, criticarlas, resignificarlas; es decir, reinventarlas.
Bibliografía
Eco,Umberto, 1981: ¿Ma perche questa voglia di morte?, La Repúbblica, 14 feb. 1981
Durkheim, Emile, 2000: Juicios de valor y juicios de realidad en Sociología y filosofía, Miño y Dávila, Madrid
Giusanni, Pablo, 1987: Montoneros, la soberbia armada, Sudamericana Planeta 7 edición
Marín, Juan Carlos, 1987: La silla en la cabeza.Michel Foucault en una polémioca acerca del poder y el saber, Editorial Nueva América, Buenos Aires.
Marín, Juan Carlos, 2007: Los hechos armados, Argentina 1973-1976. La acumulación primitiva del genocidio, La Rosa blindada/PICASO, Buenos Aires.
Zamora, Daniel y Behrent, Michael,2017 Foucault y el neoliberalismo, Amorrortu eeitores, Buenos Aires
[1] Eco persistirá en estas definiciones y en 1995 le dará forma en una conferencia pronunciada en la Universidad Columbia, en abril de 1995, en una celebración de la liberación de Europa. Es interesante la voluntad de Eco para otorgarl, aunque ambigua, una identidad romántica asociada a lo trágico al facismo italiano. Y más alla de que eso aspectos estén sin lugar a dudas presentes, por lo menos en su retórica, no parecen empáticos con muchos comportamientos concretos del facismo cotidiano tendientes al arreglo, a la negociación informal, y, por supuesto, claramente contrastantes con las historias de oficiales y soldados desertando del frente africano y eventualmente siendo capturados por sus aliados alemanes que los obligaban a volver al frente.
[2] Tomás Abraham vivió a partir de 1966 y hasta 1972 en Francia y también se graduó allí ( una maestría de filosofía y otra de sociología), se convirtió, a partir de la apertura democrática, en una figura relevante en tanto difusor privilegiado de nuevas perspectivas filosóficas, fundamentalmente la de Foucault.
[3] Juan Carlos Marín había sido discípulo y militante juvenil de los mismos espacios que en esos momentos identificaba políticamente al historiador José Luis Romero, cercano a Rolando García, formador de generaciones de estudiantes de sociología. Creador junto a otras referencias de la sociología argentina como Miguel Murmis, de un centro de investigación claramente identificado con las tradiciones marxistas y las nuevos recursos que proporcionaba la sociología (CICSO). Marín fue consultado y dialogó con distintos grupos de izquierda que se radicalizaban, fundamentalmente en Chile donde vivió durante la presidencia de Allende, pero también con los de Argentina y otros lugares de América latina. Su estancia en Chile culminaría con su detención en el estadio nacional en momentos del golpe conducido por Pinochet. Profesor de la Carrera de Sociología Un hombre con la cultura amplia de aquellos formados en los años cincuenta y primeros sesenta, atento a los aggiornamentos y el mismo un innovador teórico en sus investigaciones incorporando a Foucault y a Piagget, pero firmemente identificado con las tradiciones marxistas y simpatizante de las experiencias insurreccionales.
Comunicado de Montoneros de Mendoza a 50 años del Aramburazo
Resumen Latinoamericano, 29 mayo 2020
A CINCUENTA AÑOS DE LA EJECUCIÓN DEL GENERAL PEDRO EUGENIO ARAMBURU Y DEL NACIMIENTO DE LA ORGANIZACIÓN MONTONEROS
Decía Sarmiento : “ los indios son Incapaces de progreso, su exterminio es providencial y útil, sublime y grande. Se los debe exterminar sin ni siquiera perdonar al pequeño, que tiene ya el odio instintivo al hombre civilizado” añadiendo su conocida frase: “los gauchos cuya sangre únicamente sirve para abonar la tierra……”. Fue el autor de la obra troncal “Civilización y Barbarie”, sobre cuyos preceptos ideológicos se construyó la historia oficial que perdura hasta la fecha y en la que muchos se han sentido representados. Son los que en la actualidad pregonan el rechazo a lo que denominan “la grieta” (para revertir su propia historia), en un hábil artilugio cultural que pretende responsabilizar al pueblo y a los trabajadores por una desunión que, gobernabilidad mediante, necesitan ahora superar para bien de sus intereses.
Fue – junto con Mitre y Roca – uno de los prohombres del poder que escribieron la Argentina para su beneficio y el de las oligarquías de la Pampa Húmeda haciendo su justicia ejemplificadora con el genocidio a los pueblos originarios. Los que también y en nombre de la institucionalidad patriótica se encargaron de perseguir y eliminar a los cuadros representativos del ser popular, dejando tras de sí un claro mensaje orientado a mostrar “quién es el que manda”. La larga lista de ejecuciones que nunca termina incluyó al gobernador federal Manuel Dorrego – fusilado en un corral de vacas – o al gobernador montonero Facundo Quiroga, ejecutado en Barranca Yaco y a tantos otros, referentes históricos de un solo lado, nuestro lado. Ellos fueron los “prohombres civilizadores” que pasaron a la historia eliminando sin tapujos a quienes cuestionaron sus intereses, como hicieran con el símbolo más cabal de la otra Argentina que siempre es posible: el Comandante montonero General Ángel Vicente Peñaloza, perseguido por orden de Sarmiento hasta que, rendido e inerme, fuera asesinado de un lanzazo por el jefe de la partida – Pablo Irrazábal – ordenando luego a sus subordinados que lo siguieran apuñalando y lo decapitaran para exhibir su cabeza en lo alto de una pica en la plaza de Olta.
Nuestro lado, la patria montonera y federal que por ese entonces enfrentó a los “civilizadores” oligárquicos, pro-británicos/pro-dependencia, nunca cesó en la lucha. Es el lado al que pertenecemos en la larga trayectoria en la que también hubo que sumar los costos de los fusilamientos “ejemplificadores” del Gral. Aramburu en 1956, del robo y profanación del cadáver de Evita – en el frustrado intento por sacarla del corazón de sus trabajadores – o de los irracionales y brutales bombardeos a la población civil y contra el pueblo, acaecidos en la plaza de Mayo y en los que no tuvieron piedad siquiera para con el transporte colmado de escolares al que hicieran volar, siempre con la misma vocación : el odio oligárquico al pueblo descamisado . Nunca y a pesar de la sangre por ellos derramada dejamos de pertenecer a éste lado que luego fue antiyanqui, en defensa de los diez años de felicidad del pueblo con su proyecto nacional y su grandeza.
Pero la trayectoria no ha variado sus recorridos porque ellos siguen siendo coherentes a la hora de la imposición del castigo sangriento para quien no se somete a sus designios, mientras que por otro lado el pueblo nunca abandonó la voluntad de hacerles frente. Ésta – ha quedado claro – no ha podido extinguirse. Es la voluntad que al cabo de los tiempos “civilizados” de los apropiadores de la riqueza argentina, supo transformarse en el pilar necesario para la toma de conciencia y para la superación cualitativa, no sólo en los planteos de lucha sino también en la defensa del proyecto liberador al que nunca se ha renunciado porque es nuestro legítimo y genuino Norte esperanzador.
En ese camino, un 29 de mayo de 1970, día del Ejército Argentino y primer aniversario del suceso que conmoviera al país – El Cordobazo – fue detenido el General Aramburu para ser sometido al juicio revolucionario que le cupo como principal autor y responsable de la mal llamada “Revolución Libertadora” que el pueblo resignificó como “Revolución Fusiladora”. Él también fue responsable de la “zaga civilizadora” – ahora revanchista – que embistió contra toda expresión de institucionalidad del pueblo y sus trabajadores. Un pueblo que conquistó la anhelada justicia social; que tuvo poder en sus manos y que transformó la felicidad y la calidad de vida en normas y leyes que ellos no pudieron resistir y por lo tanto arrasaron.
La resistencia militante y su crecimiento cualitativo y de conciencia fue la generadora del basamento que, para esa etapa de la trayectoria de lucha, nos legara los cuadros más comprometidos y decididos que supieron arriesgarlo todo frente a la realización de un hecho revolucionario que conmocionó, por su magnitud, al pueblo argentino y al trazado de la historia. La que siempre escribieron los amanuenses de la oligarquía.
Ese 29 de mayo de 1970 – cincuenta años atrás – nacía la Organización Político Militar Montoneros produciendo un quiebre que los poderosos del país nunca se esperaron y que hasta la fecha no aceptan. El día de mayo en que, desde el domicilio del Gral. Aramburu, pleno centro de la Capital Argentina, fuera éste detenido por parte de nuestros compañeros, los jóvenes que materializaron el hecho, para trasladarlo al lugar donde se le expusieron las causas por las que días más tarde fue ajusticiado, expresando las mismas en el comunicado que expresaba :
En el día de la fecha, domingo 31 de mayo de 1970, la conducción de nuestra organización, constituida en Tribunal Revolucionario, luego de interrogar detenidamente a Pedro Eugenio Aramburu, declara:
I- Por cuanto Pedro Eugenio Aramburu se ha reconocido responsable:
1º) De los decretos 10.362 y 10.363 de fecha 9 de junio de 1956 por los que se «legaliza» la matanza de 27 argentinos sin juicio previo ni causa justificada.
2º) Del decreto 10.364 por el que son condenados a muerte 8 militares, por expresa resolución del Poder Ejecutivo Nacional, burlando la autoridad del Consejo da Guerra reunido en Campo de Mayo y presidido por el General Lorio, que había fallado la inocencia de los acusados.
3º) De haber encabezado la represión del movimiento político mayoritario representativo del pueblo argentino, proscribiendo sus organizaciones, interviniendo sus sindicatos encarcelando a sus dirigentes y fomentando la represión en los lugares de trabajo.
4º) De la profanación del lugar donde reposaban los restos de la compañera Evita y la posterior desaparición de los mismos, para quitarle al Pueblo hasta el último resto material de quien fuera su abanderada.
II- Por cuanto el Tribunal lo ha encontrado culpable de los siguientes cargos, que no han sido reconocidos por el acusado:
1º) La pública difamación del nombre de los legítimos dirigentes populares en general y especialmente de nuestro líder Juan Domingo Perón y nuestros compañeros Eva Perón y Juan José Valle.
2º) Haber anulado las legitimas conquistas sociales Instauradas por la Revolución Justicialista.
3º) Haber Iniciado la entrega del patrimonio nacional a los intereses foráneos.
4º) Ser actualmente una carta del régimen que pretende reponerlo en el poder para tratar de burlar una vez más al pueblo con una falsa democracia y legalizar la entrega de nuestra patria.
5º) Haber sido vehículo de la revancha de la oligarquía contra lo que significaba el cambio del orden social hacia un sentido de estricta justicia cristiana.
Así el hecho, y más allá de las teorías conspirativas elucubradas por los propios partidarios de la Revolución Fusiladora, intentando desmistificar la operación que los pondría en derrota y que también les son de utilidad para la eterna condena y persecución del único de los protagonistas que aún vive, el pueblo que no olvida tuvo en Mario Firmenich, Fernando Luis Abal Mendina. Norma Arrostito , Gustavo Ramus, Carlos Capuano Martínez y Emilio Maza, la manifestación reactiva a su largo camino de oprobio , persecución y explotación que todavía hoy – en nuestro lado – es el motivo del esfuerzo y la entrega hacia la Liberación de nuestra Patria sometida.
Como se decía por entonces: nuestra Patria históricamente vapuleada por los intereses del poder ha debido generar – como es natural – su propia resistencia, en lo que concebimos como una guerra civil intermitente que pervive desde nuestros propios orígenes institucionales. Un estado de beligerancia que muchos se han encargado de enmascarar transformándolo en las por ellos denominadas “recurrentes crisis ”, y en el que han sabido elegir al “enemigo público Nº 1”, tal lo que toda fuerza que se hace con el poder necesita para mantener la falaz imagen de “perpetuidad ejemplificadora”, encarnando en el compañero Firmenich al que ellos instalan como “el mal que nunca se debe volver a reeditar” , menos que menos, si cuestiona con dignidad y sustento los intereses de la clase dominante a la que ellos pertenecen.
Dijeron que el hecho fue una operación de inteligencia urdida desde los servicios de Ejército para impedir la probable candidatura a la presidencia de Aramburu. Dicen que desde la ejecución de Aramburu el país se dividió en dos. Actualizaron de manera tendenciosa la disgregación nacional con lo que ellos llamaron “Teoría de los dos demonios” que pretendió convencernos que el sector luchador, combativo y revolucionario debía ser aniquilado por otro demonio necesario, justificando así la última y más cruenta de las dictaduras militares de Videla y el proyecto de Martínez de Hoz.
Lo que nunca dijeron es que Montoneros nació como un proyecto sustentado en la necesidad de continuar la Revolución Inconclusa iniciada un 17 de Octubre de 1945. No dicen nada de la entrega y compromiso de Montoneros por el “Perón Vuelve” y tampoco dicen que la resistencia a la última dictadura implicó el enfrentamiento a la nunca antes vista concentración económica del hasta hoy vigente acrecentamiento de la desigualdad que quedó técnica y culturalmente aceptada como algo natural, así como de las nuevas formas – por entonces nacientes – de la dominación en su nueva fase globalizada : la del neoliberalismo en sus inéditas y amplias facetas como el neoliberalismo ortodoxo y cruel y el neoliberalismo prebendario y oportunista con la cosmética de “capitalismo humanizado”, que deja tras su paso la precarización y expoliación a los trabajadores con sus derechos y conquistas cada vez más conculcados.
Ocultan en definitiva que estamos ante un capitalismo que nunca se rinde frente a un proyecto transformador como el que siempre hemos asumido y que hoy nos pone enfrente de sus expresiones actualizadas como el extractivismo que estamos sufriendo con todas sus implicancias, muchas de ellas generadoras de la emergencia climática. La megaminería es una manifestación del poder del capital que envenena y consume el agua para la supervivencia de la fauna, la flora y la vida humana mientras que los agronegocios siembran de sustancias tóxicas el planeta.
Con todo ello y como lo prueban las disimiles y vastas luchas populares que se libran en la calle, los Montoneros del 29 de mayo de 1970 siguen bregando en la lucha incansable contra el enemigo histórico de la oligarquía neocapitalista por la unidad de todos los trabajadores y el pueblo en un verdadero frente revolucionario, porque seguimos creyendo y afirmando en nuestra vigencia que solo el pueblo salvará al pueblo, con todos los valores que nos nutrieron desde nuestra mística con la que siempre nos animara desde la compañera Evita, con el compromiso y la entrega de los que no están porque cayeron y cuya fuerza nos convoca a mantener en alto – en el hoy y en el mañana – el camino hacia el poder revolucionario basado en nuestras consignas históricas :
PUEBLO U OLIGARQUÍA – IMPERIALISMO O NACIÓN
POR LA PATRIA GRANDE DE NUESTRA LATINOAMÉRICA
Agrupación MONTONEROS – MENDOZA
50 años de un nacimiento: «Nosotrxs lxs Montonerxs»
Resumen Latinoamericano, 29 mayo 2020
(Manifiesto Anónimo)
Los que como buenos peronistas tuvimos disidencias, diferencias, traidores.
Los que con diecinueve años se pegaron un tiro para no entregarse vivos.
Las que se bancaron violaciones, torturas terribles, el desarraigo de sus hijos.
Los que en las citas corrieron y corrieron para llegar al cielo, y la pastilla y los que “aquí no se rinde nadie”. A los que le fraguaron la muerte, le inventaron el mar y el fuego, los secuestraron en tierra, pero no pudieron con sus memorias, con la historia y la sangre.
Plagados de errores, de desaciertos, de decisiones equivocadas.
Pero yendo al frente, pariendo resistencias.
Haciendo posible que después de muchos años, muchos que ni nos conocieron, puedan seguir escribiendo la lucha en murales, volantes, barrios y fábricas, forjando movilizaciones, gritos, calles, organización.
Nosotrxs lxs montonerxs no estamos redactando epitafios, ni testamentos. Sabemos que la lucha de clases y las leyes de la dialéctica existen y no terminan ni en un papel ni en una consigna. Por eso continuamos apretando los dientes en los ojos de esos obreros que, ayer como hoy, se preparan para la huelga.
Andamos estrechando abrazos, ayudando a los que dejan ayudarse, sembrando, apurando vinos, porrones, mates y recuerdos. Repletos de años pero también de sueños. Tratando de transmitir nuestras experiencias y de recuperar los pibes apropiados.
Los que frente a la estrella federal, la tacuara y el fusil nos seguimos emocionando. Y apasionados por Evita, sin retorno.
Cada siete de septiembre nos reencontramos de una manera u otra.
Hasta el fin de los tiempos estaremos haciéndonos autocríticas y discutiendo, pero señalando irreductiblemente a los que no quieren que “esto cambie, definitivamente y para el bien de todos” como dice la canción. Todos, no Ellos.
Un saludo compañeras, compañeros, que es decir: Hasta la Victoria Siempre!
Los que con diecinueve años se pegaron un tiro para no entregarse vivos.
Las que se bancaron violaciones, torturas terribles, el desarraigo de sus hijos.
Los que en las citas corrieron y corrieron para llegar al cielo, y la pastilla y los que “aquí no se rinde nadie”. A los que le fraguaron la muerte, le inventaron el mar y el fuego, los secuestraron en tierra, pero no pudieron con sus memorias, con la historia y la sangre.
Plagados de errores, de desaciertos, de decisiones equivocadas.
Pero yendo al frente, pariendo resistencias.
Haciendo posible que después de muchos años, muchos que ni nos conocieron, puedan seguir escribiendo la lucha en murales, volantes, barrios y fábricas, forjando movilizaciones, gritos, calles, organización.
Nosotrxs lxs montonerxs no estamos redactando epitafios, ni testamentos. Sabemos que la lucha de clases y las leyes de la dialéctica existen y no terminan ni en un papel ni en una consigna. Por eso continuamos apretando los dientes en los ojos de esos obreros que, ayer como hoy, se preparan para la huelga.
Andamos estrechando abrazos, ayudando a los que dejan ayudarse, sembrando, apurando vinos, porrones, mates y recuerdos. Repletos de años pero también de sueños. Tratando de transmitir nuestras experiencias y de recuperar los pibes apropiados.
Los que frente a la estrella federal, la tacuara y el fusil nos seguimos emocionando. Y apasionados por Evita, sin retorno.
Cada siete de septiembre nos reencontramos de una manera u otra.
Hasta el fin de los tiempos estaremos haciéndonos autocríticas y discutiendo, pero señalando irreductiblemente a los que no quieren que “esto cambie, definitivamente y para el bien de todos” como dice la canción. Todos, no Ellos.
Un saludo compañeras, compañeros, que es decir: Hasta la Victoria Siempre!
50 años después, el orgullo de haber sido
Por Carlos Aznárez, Resumen Latinoamericano, 29 mayo 2020
Siempre recuerdo una nota aparecida en un periódico “progresista” de la época, cuando para desmarcarse de los trágicos hechos de la ocupación por parte de un grupo de militantes al Cuartel de La Tablada en enero de 1989, un conocido periodista “de izquierda” titulaba: “Me arrepiento de haber sido” y tras cartón iniciaba una serie de repugnantes acusaciones a los jóvenes y no tan jóvenes que habían sucumbido bajo las balas del ejército y la policía. El tipejo quería que no confundieran su pasado “izquierdista” con esos “delirantes” y no decía una palabra de los genocidas.
En las antípodas de este pensamiento, yo en cambio me enorgullezco de haber abrazado las banderas de peronismo revolucionario y de sumarme a Montoneros, precisamente en este 50 aniversario del Aramburazo, que junto con el Cordobazo son dos fechas insignes en la lucha popular de nuestro pueblo.
Mucho se ha hablado del Aramburazo tratando de contar “otra historia” distinta a la real, pero lo que queda claro es que su ejecución (la del genocida y fusilador Aramburu) fue festejada en todos los barrios peronistas y por todos aquellos que habían sufrido durante años el rigor represivo de la dictadura que el ajusticiado en Timote representaba. Fue un hecho fundacional, inscripto por sorpresa en la agenda de la Resistencia Peronista. Una manera de decir “aquí estamos, no nos han vencido”, ni los asesinados en el bombardeo del 16 de junio del 55 en Plaza de Mayo. ni los fusilamientos de José León Suárez, ni el plan Conintes, ni el 4161. Ni siquiera todos los caídos en la lucha que precedieron a ese 29 de mayo del 70.
En ese marco de una militancia dispuesta a devolver golpe por golpe, cómo no enorgullecerse de haber tenido compañeros y compañeras que estaban dispuestos a darlo todo por los otros, que eran los mejores de una camada de jóvenes que no eludían la formación teórica pero a la vez eran los primeros para instrumentar esas ideas mamadas libro a libro, charla a charla, en una práctica constante. Esos pibes y pibas que por un lado escuchábamos a Moris, a Tanguito o a Sui Generis y Los Jaivas, y entre trabajo y estudio, íbamos a militar donde hiciera falta, alfabetizando o peleando por la falta de agua en las villas miseria (igual que ahora) o dispuestos a sumar esfuerzo y sacrificio para pelear junto a los hacheros del Impenetrable y el Chaco santafecino o los cañeros tucumanos. Pero también todos ellos y ellas, dispuestos a empuñar las armas como las viejas montoneras federales para intentar abrir las puertas emancipatorias que la oligarquía y sus cómplices habían cerrado una y otra vez.
Eran tiempos en que ninguno de nosotros peleaba por cargos o por prebendas, sino por asaltar los cielos con todo, dar vuelta la tortilla definitivamente “para que los pobres coman pan y los ricos mierda mierda”. Ibamos a cada uno de las iniciativas de militancia que nos tocara participar con la alegría de saber que teníamos una razón y una causa que no era inventada sino que correspondía a todo un proceso histórico de construcción revolucionaria. No éramos ni reformistas ni posibilistas, creíamos poco y nada en las elecciones, porque siempre que se quiso votar, nos proscribían. Mucho menos nos convencían con la palabra “democracia” porque al igual que ahora se la usaba para enmascarar gobiernos represivos, autoritarios, alejados de cualquier sensibilidad popular. Reivindicábamos el peronismo porque era la expresión más palpable de haberle dado a los más humildes lo que nadie jamás hubiera imaginado, pero a la vez estábamos dispuestos y dispuestas a dar un salto cualitativo y pensábamos en vivir en una Patria Socialista. Leíamos a Galeano y Benedetti pero más aún los discursos de Evita con los que coincidíamos de la A a la Z. Y su vez admirábamos a Fidel, el Che y la revolución cubana, el Vietnam del Tio Ho o la China de Mao, el gran timonel.
Y en esa andar, por supuesto, ser Montonero era una consecuencia de haber latido poco antes con las enseñanzas de la Resistencia Peronista junto con otros hermanos de lucha, como Cacho El Kadri, Gustavo y Pocho Rearte, o las “tías” que transportaban los caños en la bolsa del mercado, para que los sabotajes a las empresas tuvieran el color de la rebeldía contra el gorilaje. Era a la vez, haber participado en las manifestaciones picantes de cada uno de los 17 de octubre prohibidos, o en pintar en las calles “Perón o Muerte”, que era como decir “vamos con todo por la Revolución”. Ser montonero pasaba también por haber estado en las calles peleando contra la policía montada, arrojando clavos miguelitos en las huelgas, gritando para que aparezca el obrero metalúrgico Felipe Vallese secuestrado por la yuta o repudiar a punta de caños, cuando a Perón lo bajaron del avión en el aeropuerto brasileño de El Galeao. Ni qué decir de los días furiosos del Cordobazo, Sitrac-Sitram o el Rosariazo.
Ser montonero o montonera era también haber militado en el Peronismo de Base y las FAP, reivindicando ayer como hoy, la alternativa independiente de la clase trabajadora y del pueblo peronista, sin burócratas ni traidores, organizándonos desde abajo y combatiendo. O ser testigos y protagonistas de las nuevas rebeliones obreras con la CGT de los Argentinos, o de las experiencias de prensa popular difundiendo o escribiendo en el diario Compañero, en el de la CGTA o en Cristianismo y Revolución, así como después en la Agencia de Noticias Clandestina.
No había tiempo para aburrirse en aquellos años, y así como en cada encuentro o en cada cita nos podíamos jugar la vida si la misma estaba cantada, supimos hacer de la clandestinidad cuando nos tocó sumergirnos en ella, una forma de aguantar con dignidad para eludir la derrota con la que nos amenazaba el enemigo. Así fuimos creciendo, poco a poco, madurando y endureciéndonos con cada caída de un o una compañera, llorando en silencio pero a la vez apretando los puños y prometiéndonos que seguimos y seguiremos.
Hoy, a 50 años de aquel lanzamiento insurrecto, seguimos abrazando las mismas banderas del nacionalismo popular revolucionario, el marxismo y el cristianismo de liberación. Honramos a nuestras y nuestros caídos. Recordamos a Fernando Abal, a Gustavo y Emilio, a Lino, a Carlón, al Sordo, al Cabezón, a Dardo, a Emilio Jauregui, Rodolfo Walsh y Paco Urondo, a Norma Arrostito y a la negra Diana Alak, al Turco Haidar y María Antonia, al negro Eduardo Marín, a Pelusa Carrica y a Irma, a la Pepa y a Patricia, pero también al gordo Cooke, a Alicia Eguren, a Cacho El Kadri, a Gustavo y Pocho Rearte, a Ongaro, a Jorgito Di Pasquale, a Ricardo de Luca y el gordo Garaicochea, a la Tía Tota, a Borro, Framini y Julio Troxler, al Robi y a Benito. A todos los compas del Movimiento Villero Peronista y a los del Frente de Lisiados Peronistas. Con ellos y ellas, hoy como ayer decimos LOMJE, que en lenguaje común es lo que sentimos: Libres o Muertos Jamás Esclavos.

El Aramburazo y la segunda generación de los Montoneros
Por Eduardo «Negro» Soares, Resumen Latinoamericano, 29 mayo 2020
Cuando se produce el secuestro del General Aramburu, muchos transitábamos esa edad en la que se busca todo, en tiempos en que esa búsqueda, a diferencia de hoy, estaba muy relacionada con la política. Empezaban los años 70 y con mis 18 años, comenzaba a estudiar en, la entonces elitista, Facultad de Derecho en Mar del Plata.
Era imposible saber que sería de mi vida, ni la de tantos amigos y compañeros de mi edad con los que transitábamos esos años.
No sabíamos que muy, pero muy pronto, varios seríamos la segunda generación de los encuadrados en Montoneros.
No sabíamos que muy, pero muy pronto, varios seríamos la segunda generación de los encuadrados en Montoneros.
A diferencia de hoy, en esos tiempos, un muchacho de 18 años sabía quiénes eran los fusiladores y asesinos como Rojas y Aramburu.
Paradojas de la vida y del Peronismo que caía cuando nosotros nacíamos, que hacía que los chicos pobres supiéramos más de Historia que los chicos ricos.
Yo nací cuando Evita moría, y –como digo- para los pobres de los barrios nada de la Historia de nuestra niñez nos era ajena, porque la mamábamos de nuestros padres y abuelos, y porque los beneficios del Peronismo, sobre todo en el rubro Educación, habían hecho estragos benéficos en las clases populares, y por tanto la formación y conocimiento de un adolescente que fue a escuelas públicas era sólida y muy completa. Cómo no saber entonces, a mis 18 años, quién era ese General asesino que se llamó Pedro Eugenio Aramburu.
Quizás en mi caso tuvo mucho que ver un padre y una madre que me habían inculcado desde niño el amor por el Pueblo y las causas de los desposeídos, y un abuelo negro africano que me había inculcado el odio a los explotadores. Este último, además, fundador del Sindicato de Petroleros del Estado, anarquista primero, peronista después, y (al igual que mis padres) de esos peronistas que siempre desconfiaron de Perón. Una madre que me enseñó a vivir con dignidad y un padre que, años después, me enseñó a morir con dignidad.
Tampoco sabía de niño y a mis 18 años que, en poco tiempo, yo estaría defendiendo a Perón a capa y espada contra mi Viejo y mi Abuelo que no se cansaban de decirme “¡Perón los va a cagar a Uds!!” mientras yo los tildaba de quebrados. Pero todo eso es otra historia.
Yo nací cuando Evita moría, y –como digo- para los pobres de los barrios nada de la Historia de nuestra niñez nos era ajena, porque la mamábamos de nuestros padres y abuelos, y porque los beneficios del Peronismo, sobre todo en el rubro Educación, habían hecho estragos benéficos en las clases populares, y por tanto la formación y conocimiento de un adolescente que fue a escuelas públicas era sólida y muy completa. Cómo no saber entonces, a mis 18 años, quién era ese General asesino que se llamó Pedro Eugenio Aramburu.
Quizás en mi caso tuvo mucho que ver un padre y una madre que me habían inculcado desde niño el amor por el Pueblo y las causas de los desposeídos, y un abuelo negro africano que me había inculcado el odio a los explotadores. Este último, además, fundador del Sindicato de Petroleros del Estado, anarquista primero, peronista después, y (al igual que mis padres) de esos peronistas que siempre desconfiaron de Perón. Una madre que me enseñó a vivir con dignidad y un padre que, años después, me enseñó a morir con dignidad.
Tampoco sabía de niño y a mis 18 años que, en poco tiempo, yo estaría defendiendo a Perón a capa y espada contra mi Viejo y mi Abuelo que no se cansaban de decirme “¡Perón los va a cagar a Uds!!” mientras yo los tildaba de quebrados. Pero todo eso es otra historia.
Lo concreto que para muchos como yo, el secuestro y la ejecución de Aramburu fue un “antes” y un “después” en nuestras vidas y las marcó para siempre.
Para mayo de 1970 los Montoneros no estaban en Mar del Plata, y yo diría que estaban en pocos lados de la Argentina insurgente de esos años.
Los niños, niñas y adolescentes de esos días veníamos obnubilados de los cambios repentinos que en pocos años se llevaron un siglo de historia.
Todo cambiaba, la música, la tecnología, las luchas continuadas desde el Mayo Francés hasta los Cordobazos y Rosariazos, etc.
Lo que más cambiaba era la política en la Argentina.
Los niños, niñas y adolescentes de esos días veníamos obnubilados de los cambios repentinos que en pocos años se llevaron un siglo de historia.
Todo cambiaba, la música, la tecnología, las luchas continuadas desde el Mayo Francés hasta los Cordobazos y Rosariazos, etc.
Lo que más cambiaba era la política en la Argentina.
Décadas de apatías, de esperanzas de las generaciones anteriores a las nuestras de que “algo” aparecería y permitiría nuevos levantamientos.
Sueños que lavarían los años de frustraciones que consumieron a nuestros padres y abuelos. Por eso esa época apareció como mágicamente, aunque en la realidad, de lo que menos se trataba era de magia.
De modo que apenas se corrió la bola del secuestro del General Aramburu, y cuando se supo de su ajusticiamiento más aún o, cuando salió a la luz el comunicado de los Montoneros haciéndose cargo de la operación, nos tocó a muchos asistir a esa parte de la Historia que es muy difícil de trasmitir y que seguramente se les escapará a los mejores y más objetivos libros de la Historia.
Porque era gente y gente, hombres y mujeres a los que las caras se les trasformaban de alegría.
Sueños que lavarían los años de frustraciones que consumieron a nuestros padres y abuelos. Por eso esa época apareció como mágicamente, aunque en la realidad, de lo que menos se trataba era de magia.
De modo que apenas se corrió la bola del secuestro del General Aramburu, y cuando se supo de su ajusticiamiento más aún o, cuando salió a la luz el comunicado de los Montoneros haciéndose cargo de la operación, nos tocó a muchos asistir a esa parte de la Historia que es muy difícil de trasmitir y que seguramente se les escapará a los mejores y más objetivos libros de la Historia.
Porque era gente y gente, hombres y mujeres a los que las caras se les trasformaban de alegría.
Yo vivía en el Puerto de Mar del Plata y estoy casi seguro de que era de los pocos estudiantes en esos barrios ese año que llegó a la Universidad, sino el único. La Facultad de Derecho de Mar del Plata.
Pude ver las obreras de las fábricas de harina, conserva o filet de pescado, a los rudos obreros de la construcción y del Puerto, a los trabajadores de todas las industrias, pero sobre todo a mi mamá y a mi papá, como diciendo : ¡¡¡ “al fin una!!!”.
No era la estridencia o el bullicio como festejo, porque estábamos en una Dictadura -la iniciada por el General Onganía- y por tanto, nadie salía a la calle a festejar la muerte de un genocida como años después lo hicimos con verdaderos monstruos ejecutados por Montoneros como el comisario Villar o algunos traidores sindicalistas peronistas.
Eran los gestos y las acciones de los pobres, de los villeros, de los laburantes y también de los que resistieron desde 1955 y no querían morirse sin haber visto algo como el Aramburazo.
Eso es lo que valía, lo que se imponía entre nuestra gente: la sonrisa cómplice de una vecina con otra, el abrazo inexplicable en una fábrica de varios laburantes, algún asado con bebidas que no siempre se tomaban. Eran aquellos despojados de todo que durante muchos años descreyeron de los dirigentes políticos (incluyendo los dirigentes de la burocracia política y sindical peronista, e incluyendo –porqué no- al propio Perón-), porque los veían cómplices de las distintas dictaduras o metidos de lleno en el sistema explotador.
Pude ver las obreras de las fábricas de harina, conserva o filet de pescado, a los rudos obreros de la construcción y del Puerto, a los trabajadores de todas las industrias, pero sobre todo a mi mamá y a mi papá, como diciendo : ¡¡¡ “al fin una!!!”.
No era la estridencia o el bullicio como festejo, porque estábamos en una Dictadura -la iniciada por el General Onganía- y por tanto, nadie salía a la calle a festejar la muerte de un genocida como años después lo hicimos con verdaderos monstruos ejecutados por Montoneros como el comisario Villar o algunos traidores sindicalistas peronistas.
Eran los gestos y las acciones de los pobres, de los villeros, de los laburantes y también de los que resistieron desde 1955 y no querían morirse sin haber visto algo como el Aramburazo.
Eso es lo que valía, lo que se imponía entre nuestra gente: la sonrisa cómplice de una vecina con otra, el abrazo inexplicable en una fábrica de varios laburantes, algún asado con bebidas que no siempre se tomaban. Eran aquellos despojados de todo que durante muchos años descreyeron de los dirigentes políticos (incluyendo los dirigentes de la burocracia política y sindical peronista, e incluyendo –porqué no- al propio Perón-), porque los veían cómplices de las distintas dictaduras o metidos de lleno en el sistema explotador.
Lo que yo tampoco sabía es que, junto a los muchachos de barrios pobres, el Aramburazo, como un poco antes el Cordobazo, también fue una inyección de conciencia en la juventud de los sectores más acomodados de mi Ciudad y de toda la Argentina. Aún no lo sabía, pero en pocos meses serían decenas de jóvenes de clases medias y medias altas, con padres muy gorilas y reaccionarios, que venían a poner toda su formación, sus cuerpos muy bien alimentados y lúcidos al servicio del proceso revolucionario que. –ahora sí, con la primer baja importante y poderosa de “ellos”- ya asomaba con contundencia.
Cuando empezábamos a hacer nuestros primeros pasos en la política, mientras jamás habíamos visto a nuestros viejos votar, (o cuando lo hicieron vinieron golpes militares de inmediato), tomamos conocimiento que se trataba de “Vencer o Morir” de “Patria o Muerte”.
Incrédulos y desorientados fuimos tomando conocimiento de las caídas en combate de los montoneros del aramburazo.-
La prensa nos tiró en la cara las muertes del Gordo Maza, de Capuano Martínez, y sobre todo de Abal Medina y Ramus.
Nombres lejanos e inalcanzables para nosotros, eran especies de hombres/dioses que entraban en el paraíso de los revolucionarios.
La Primera Generación de los Montoneros era golpeada duramente, y la Segunda parecía que aún no nacía porque no se la veía.
Ignorábamos que ya había nacido, y que ya caminaba con pasos firmes, ignorábamos que éramos nosotros y nosotras.
Incrédulos y desorientados fuimos tomando conocimiento de las caídas en combate de los montoneros del aramburazo.-
La prensa nos tiró en la cara las muertes del Gordo Maza, de Capuano Martínez, y sobre todo de Abal Medina y Ramus.
Nombres lejanos e inalcanzables para nosotros, eran especies de hombres/dioses que entraban en el paraíso de los revolucionarios.
La Primera Generación de los Montoneros era golpeada duramente, y la Segunda parecía que aún no nacía porque no se la veía.
Ignorábamos que ya había nacido, y que ya caminaba con pasos firmes, ignorábamos que éramos nosotros y nosotras.
Eran años en que se vivía rápido y se moría rápido, y el torrente de sangre joven que buscaba caminos de Liberación era ya imparable.
Antes del Aramburazo, hubo ejemplos que produjeron lo suyo en nuestra conciencia, el más importante era el Che, la revolución cubana que contaba en sus filas con un comandante argentino. Vietnam, Argelia, y otros tantos también ponían luces en ese camino que se ensanchaba.
Pocos años después, cuando Mar del Plata, La Plata, Bahía Blanca y otras ciudades de la gran Regional Sur de los Montoneros habían dado sus mejores hijos e hijas a la causa revolucionaria, y cuando la lucha revolucionaria parecía imparable, siempre el Aramburazo quedó en nuestras memorias y era un canto/grito de batalla de miles de gargantas en los masivos actos o marchas callejeras.
Antes del Aramburazo, hubo ejemplos que produjeron lo suyo en nuestra conciencia, el más importante era el Che, la revolución cubana que contaba en sus filas con un comandante argentino. Vietnam, Argelia, y otros tantos también ponían luces en ese camino que se ensanchaba.
Pocos años después, cuando Mar del Plata, La Plata, Bahía Blanca y otras ciudades de la gran Regional Sur de los Montoneros habían dado sus mejores hijos e hijas a la causa revolucionaria, y cuando la lucha revolucionaria parecía imparable, siempre el Aramburazo quedó en nuestras memorias y era un canto/grito de batalla de miles de gargantas en los masivos actos o marchas callejeras.
“¡duro, duro, duro!!
“¡¡Vivan los montoneros
Que mataron a Aramburu!!!”
“¡¡Vivan los montoneros
Que mataron a Aramburu!!!”
Atrás nuestro, muy cercano, vino otra generación de montoneros y montoneras. No podía ser de otra manera porque el Aramburazo jamás se apagó.
Paradojas de la Historia, la muerte del asesino Aramburu, fusilado por los Montoneros hizo posible lo que el propio Aramburu trató de evitar: que cientos de jóvenes de nuevas generaciones y distintas clases sociales confluyéramos en ser la peor pesadilla de las clases dominantes y de sus camarillas militares.
Con sus actos de represión en vida, y sobre todo con su muerte en manos de los vengadores de los mártires y fusilados Aramburu lo hizo pasible.
No pasó mucho tiempo, hasta que ya muchos de nosotros y nosotras finalmente encontramos después de tanto y tanto buscarlos, a los Montoneros. Nos costó mucho, pero eran años en que la iniciativa y la audacia sobraba, y a ningún joven de los 70 había que instruirlo mucho en temas de largarse a caminar hacia la revolución socialista.
Con sus actos de represión en vida, y sobre todo con su muerte en manos de los vengadores de los mártires y fusilados Aramburu lo hizo pasible.
No pasó mucho tiempo, hasta que ya muchos de nosotros y nosotras finalmente encontramos después de tanto y tanto buscarlos, a los Montoneros. Nos costó mucho, pero eran años en que la iniciativa y la audacia sobraba, y a ningún joven de los 70 había que instruirlo mucho en temas de largarse a caminar hacia la revolución socialista.
Cuando los Montoneros llegaron a Mar del Plata se encontraron con cros y cras con cierto grado de organización, con determinada infraestructura conseguida a riesgo de sangre o libertades y con una furiosa voluntad de continuar el camino de los compañeros fundadores de la Organización.
Siempre recuerdo y menciono las palabras del compañero que llegó a intentar la difícil tarea de encuadrar, disciplinar y direccionar la impetuosidad juvenil de varios de nosotros. Se trataba de un compañero “grande” en edad, que tendría cinco o quizás seis años más que nosotros.
Muchos años después me enteré a través del Pelado Perdía, de quién se trataba, él me contó que cuando ese compañero cayó detenido muy mal herido y fue sometido a horribles torturas jamás cantó la cita que tenía con el comandante Montonero pudiéndolo haber hecho. Era Oscar Degregorio, “el Sordo Sergio”, de él se trataba.
El “Sordo” nos dejó una frase que jamás olvidaré: “a este proyecto se ingresa de por vida”.
Siempre recuerdo y menciono las palabras del compañero que llegó a intentar la difícil tarea de encuadrar, disciplinar y direccionar la impetuosidad juvenil de varios de nosotros. Se trataba de un compañero “grande” en edad, que tendría cinco o quizás seis años más que nosotros.
Muchos años después me enteré a través del Pelado Perdía, de quién se trataba, él me contó que cuando ese compañero cayó detenido muy mal herido y fue sometido a horribles torturas jamás cantó la cita que tenía con el comandante Montonero pudiéndolo haber hecho. Era Oscar Degregorio, “el Sordo Sergio”, de él se trataba.
El “Sordo” nos dejó una frase que jamás olvidaré: “a este proyecto se ingresa de por vida”.
Ninguno de nosotros lo entendimos o lo quisimos entender porque parecía que nos decía que jamás podíamos abandonar a la Organización Montoneros. Pero lo aclaró de inmediato: nos dijo que se refería no a la organización sino al proyecto revolucionario. Que nosotros y nosotras que recién estábamos en proceso de integrarnos debíamos ser conscientes que jamás se debe abandonar la ideología de la revolución.
Y creo que todos los muy jovencitos que estuvimos en esa reunión, lo entendimos, y varios supieron transitar hasta sus caídas y muertes eso que nos inculcó el Sordo. Otros y otros aún lo intentamos.
Y creo que todos los muy jovencitos que estuvimos en esa reunión, lo entendimos, y varios supieron transitar hasta sus caídas y muertes eso que nos inculcó el Sordo. Otros y otros aún lo intentamos.
También el Aramburazo dio cuenta de otra situación: la lucha de clases dentro del Peronismo.
Al igual que el golpe de 1976, los anteriores golpes militares siempre protegieron a los sectores peronistas burócratas, pro capitalistas y pro imperialistas. Y esos sectores debieron ser enfrentados por los revolucionarios también en términos militares porque eran enemigos de clase y responden a los intereses de la dominación. El propio golpe militar de 1966 contó con la presencia y el apoyo de dirigentes sindicales y políticos del Peronismo.
Desde 1955 en adelante y sobre todo a partir del Aramburazo, quedaron en claro dos cosas:
Una, es que el proyecto peronista de la “Comunidad Organizada” no sólo era un proyecto capitalista sino que además era de imposible concreción porque las clases que tienen intereses contrapuestos no se unirán jamás. Así pues, el enfrentamiento político, ideológico y armado dentro del Peronismo entre los revolucionarios y los capitalistas, en su más alta expresión, fue producido por la irrupción de Montoneros. Y eso fue más allá de la voluntad o las expresiones de algunos de sus Conducciones.
La otra, es que Perón venía a encabezar la lucha interna en el Peronismo a favor de los capitalistas, de la derecha y de los pro imperialistas, y esto que hoy es una verdad incontrastable, no nos quedaba claro en tiempos de la ejecución de Aramburu.
Al igual que el golpe de 1976, los anteriores golpes militares siempre protegieron a los sectores peronistas burócratas, pro capitalistas y pro imperialistas. Y esos sectores debieron ser enfrentados por los revolucionarios también en términos militares porque eran enemigos de clase y responden a los intereses de la dominación. El propio golpe militar de 1966 contó con la presencia y el apoyo de dirigentes sindicales y políticos del Peronismo.
Desde 1955 en adelante y sobre todo a partir del Aramburazo, quedaron en claro dos cosas:
Una, es que el proyecto peronista de la “Comunidad Organizada” no sólo era un proyecto capitalista sino que además era de imposible concreción porque las clases que tienen intereses contrapuestos no se unirán jamás. Así pues, el enfrentamiento político, ideológico y armado dentro del Peronismo entre los revolucionarios y los capitalistas, en su más alta expresión, fue producido por la irrupción de Montoneros. Y eso fue más allá de la voluntad o las expresiones de algunos de sus Conducciones.
La otra, es que Perón venía a encabezar la lucha interna en el Peronismo a favor de los capitalistas, de la derecha y de los pro imperialistas, y esto que hoy es una verdad incontrastable, no nos quedaba claro en tiempos de la ejecución de Aramburu.
Lo cierto es que el impulso de la Operación contra Aramburu, junto a las grandes puebladas del año anterior, las gestas de Asia, África y Medio Oriente y sobre todo la revolución cubana y el Che, hizo posible que amplias y poderosas masas de jóvenes, trabajadoras y trabajadores y clases medias confluyéramos en el proyecto revolucionario de Montoneros levantando la “Patria Socialista” como consigna de guerra frente al enemigo de Oligárquico Imperialista -dentro y fuera del Peronismo- y también contra el propio Perón. La lucha revolucionaria y la lucha de clases en el interior del Peronismo estaba para tres o cuatro años posteriores al Aramburazo en su más alto nivel de expresión.
Hoy, cincuenta años después del Aramburazo podemos tener algunas certezas que se consolidan frente a este Gobierno capitalista de Fernández.
En primer lugar el Aramburazo fue el gran acierto de los Montoneros, ni yo que me incorporé con la Segunda Generación de Montoneros, ni nuestros compañeros fundadores jamás podremos criticar ni mucho menos repudiar una legítima acción de resistencia popular contra un fusilador.
Como tampoco repudiariamos las ejecuciones de los anarquistas contra el comisario Ramón Falcón o contra el Coronel Varela asesino de la Patagonia rebelde. Aramburu, como luego el Comisario Villar, o el General Cardozo ambos jefes de la Policía Federal eran hechos que provenían de actos legítimos de resistencia popular. Lo mismo digo respecto de dirigentes sindicales traidores a los intereses de los trabajadores a quienes debían representar.
En segundo lugar, ya no quedan dudas que, tanto los Montoneros como otras organizaciones revolucionarias, fuimos derrotados y por lo tanto hubo que intentar empezar de nuevo una y otra vez y hace cuarenta años que seguimos intentándolo.
En primer lugar el Aramburazo fue el gran acierto de los Montoneros, ni yo que me incorporé con la Segunda Generación de Montoneros, ni nuestros compañeros fundadores jamás podremos criticar ni mucho menos repudiar una legítima acción de resistencia popular contra un fusilador.
Como tampoco repudiariamos las ejecuciones de los anarquistas contra el comisario Ramón Falcón o contra el Coronel Varela asesino de la Patagonia rebelde. Aramburu, como luego el Comisario Villar, o el General Cardozo ambos jefes de la Policía Federal eran hechos que provenían de actos legítimos de resistencia popular. Lo mismo digo respecto de dirigentes sindicales traidores a los intereses de los trabajadores a quienes debían representar.
En segundo lugar, ya no quedan dudas que, tanto los Montoneros como otras organizaciones revolucionarias, fuimos derrotados y por lo tanto hubo que intentar empezar de nuevo una y otra vez y hace cuarenta años que seguimos intentándolo.
La derrota de los Montoneros implicó la del proyecto revolucionario en el Peronismo y por tanto el triunfo en esa lucha de clases interna de los capitalistas e imperialistas, que fueron preservados y protegidos por los militares y por los Norteamericanos para darles la tarea de conducir el peronismo como vehículo de consolidación capitalista. Y esto fue posible desde Menem, pasando por los Kirchner y actualmente con Fernández, más allá de las pequeñas o grandes diferencias en apariencia de cada uno de ellos.
La tercera cuestión, es que el Aramburazo nos muestra con crudeza lo peor de las miserias que devinieron después de la derrota. Las caras de los punteros, dirigentes sindicales vendidos a las Patronales, de organizaciones “sociales” pegadas al clientelismo y al Estado explotador y en especial, todos ellos empeñados en ayudar a la consolidación del capitalismo.
Todo esto se contrasta con aquellos compañeros que secuestraron y ejecutaron a un fusilador entregando todo, sus vidas, sus libertades y el sufrimiento extremo de sus familias.
Todo esto se contrasta con aquellos compañeros que secuestraron y ejecutaron a un fusilador entregando todo, sus vidas, sus libertades y el sufrimiento extremo de sus familias.
Para finalizar, digo que mas allá de que alguna vez quizás tengamos que analizar colectivamente las Causas de la Derrota, las enseñanzas de dignidad, de militancia colectiva, de destierro de conductas liberales e individualistas, de rechazo al consumismo y de anteponer siempre el proyecto colectivo al propio, las aprendí dentro de los Montoneros o dicho de forma más sencilla: no sería quien soy si no hubiera sido por mi militancia montonera.
Y quiero decirles a todos los que lean esto, a aquellos compañeros y compañeras de distintas organizaciones con las que hoy caminamos juntos, a organismos de solidaridad, de género, de DDHH y de colectivos de abogados como los que integro, a mis compañeras y compañeros de Convocatoria SEGUNDA INDEPENDENCIA, a mis ex compañeros montoneros, y a los compañeros sobrevivientes del PRT ERP, FAL y otras organizaciones armadas de los 70 que aún es posible seguir creyendo y ayudar a construir el proyecto revolucionario de una sociedad sin explotadores ni explotados.
El Cordobazo
Por Manuel Justo Gaggero. Resumen Latinoamericano, 29 mayo 2020
A casi 51 años de aquella gesta inolvidable veamos que pasaba en aquellos años y cuáles fueron los motivos de la protesta que conmovió al país y fue la partida de defunción del dictador Juan Carlos Onganía y del régimen castrense.
Por aquellos días de mayo de 1969 se incrementaban las movilizaciones de trabajadores y estudiantes en repudio a la Dictadura Militar; al mismo tiempo crecía la resistencia popular al programa económico diseñado por Adalbert Krieger Vassena. Esa oposición encontraba en nuestra C-G-T. de los Argentinos un polo en el que en la “unidad en la diversidad “ coincidían peronistas, radicales, marxistas, cristianos y socialistas que acordaban con el “Programa del 1° de Mayo” claramente antimonopolista y antiimperialista.
El “General, ya en su laberinto”, muy preocupado por el crecimiento de esta y el prestigio que cobraban sus principales dirigentes – Raymundo Ongaro, Agustín Tosco y Jorge Di Pasquale, entre otros, envió, desde su exilio en Madrid, varios emisarios para restablecer la relación con Augusto Timoteo Vandor y el “sindicalismo de negocios”. Al mismo tiempo sugería que se restableciera la unidad sindical en un mensaje que le enviara al dirigente del gremio telefónico Julio Guillán. Por su parte y ,en esa misma sintonía ,el Frente Estudiantil Nacional –FEN –liderado por Roberto Grabois insistía en la necesidad de “peronizar” a la CG.T.A y alejar de la misma a la izquierda y a dirigentes con gran prestigio popular como eran el “luzfuercista “Agustín Tosco y el ferroviario Antonio Scipione. Este último de filiación radical.-Nosotros ,por el contrario ,desde el Bloque de Agrupaciones Peronistas de Apoyo a la C.G.T de los Argentinos sosteníamos lo que estaba explicitado en el Programa de la Central defendiendo la pluralidad y la unidad necesaria para enfrentar a la Dictadura Cívico ,Militar. Con este escenario llegamos al 29 del mes mencionado. Ese día,como lo señalamos antes, el pueblo de la “Docta”, la ciudad de la Reforma Universitaria de 1918, clavó “una estaca en el corazón del régimen”.
Cabría preguntarse : porque estos acontecimientos ocurrieron en esa ciudad. La respuesta la encontramos en la particular situación que atravesaba la industria automotriz afectada por las políticas económicas del “Onganiato”. La misma surge en el período de sustitución de importaciones que se da durante el gobierno de Arturo Frondizi-1958 -1962 – y tiene que ver con el crecimiento de este sector y, al mismo tiempo, con el comienzo de la destrucción de la red ferroviaria mediante el llamado “Plan Larkin”.-Estas multinacionales –Marterfer, Fiat, Concord, Ika Renault, entre otras, al mismo tiempo que empleaban a miles de trabajadores en sus plantas, determinaron que surgieran empresas autopartistas que les proveían a las mismas y que generaban empleo genuino. La retracción ,producida por el plan económico, determinó que las patronales se negaran a dejar sin efecto las quitas zonales por las cuales los trabajadores cordobeses percibían salarios inferiores a los de sus pares en Buenos Aires.-Al mismo tiempo decidieron suprimir el llamado “sábado inglés” por el que la jornada de trabajo de ese día terminaba a las 13 horas pero se pagaba completa :reconociendo como trabajado el descanso vespertino. A su vez la intervención militar le hizo saber al Sindicato de Luz y Fuerza, que conducía el “Gringo Tosco”, su intención de privatizar la Empresa Provincial de Energía –EPEC.
Por otra parte en la Universidad Nacional concurrían a sus aulas 30 mil jóvenes que tenían una larga tradición combativa ya que la misma había sido el escenario de la Reforma de 1918. Estos se habían enfrentado a la Dictadura desde el comienzo. La represión había asesinado en 1966 al estudiante –obrero Santiago Pampillón.- En este contexto van creciendo las propuestas guevaristas que empiezan a introducir en las discusiones la necesidad de cuestionar realmente el poder mediante organizaciones revolucionarias que confronten con la violencia de las clases dominantes. La experiencia de los “Tupas” en Uruguay, de los movimientos guerrilleros en Brasil y en Centroamérica, la confrontación con los Estados Unidos en Vietnam, Laos y Camboya y la construcción del socialismo en Cuba servían de referencia a los que pensábamos que era posible derrotar a un ejército profesional y comenzar a construir una sociedad más fraterna y humana. Estos fueron los protagonistas de aquella jornada que comenzó en la mañana del 29 con el abandono de los lugares de trabajo por parte de los obreros del cinturón industrial ,a los que se sumaron los trabajadores de la empresa de energía y del Estado. Al mismo tiempo, desde la ciudad universitaria, avanzaban los estudiantes. Nosotros ,desde Paraná, seguíamos los acontecimientos por las informaciones que nos trasmitían los compañeros instalados en la sede de la CGTA que funcionaba en el local de la Federación Grafica Bonaerense. Ongaro había sido detenido el día anterior al llegar a esta ciudad.
La Federación de Obreros y Trabajadores de la Industria Azucarera tucumana dispuso un paro de 24 horas en solidaridad con los trabajadores cordobeses. La represión se desató con toda violencia tratando de evitar la llegada de las columnas al centro de la ciudad. La primera víctima fue Máximo Mena a las 12 y 30. Este crimen desató una reacción violenta de los movilizados que finalmente pusieron en fuga a los represores policiales. La ciudad quedó en manos de los insurreccionados encabezados por sus dirigentes Agustín Tosco, Elpidio Torres, Atilio López, René Salamanca y Gregorio Flores, entre otros. En ese momentos sentíamos que estábamos viviendo el comienzo de un proceso que forzaría a los militares a dejar el gobierno y ,al mismo tiempo que generaría un movimiento revolucionario que por primera vez en este siglo, cuestionaría el poder, en serio, en nuestra Patria. Este era el desafío que teníamos por delante.
*Abogado y periodista.-Ex Director del diario “El Mundo “ y de las revistas “Nuevo Hombre”. y “Diciembre 20”.-.
ACLARACION.-Este relato forma parte de los recuerdos que integran el primer tomo del libro de mi autoría “Un viaje hacia las Utopías Revolucionarias “editado por la Editorial De La Comarca.
Norma Arrostito, la mujer del peronismo revolucionario
Por Leonardo Marcote, Resumen Latinoamericano, 29 mayo 2020
Hacia calorcito en marzo del ‘76 en la localidad de Glew, zona sur del Gran Buenos Aires, y como todas las mañanas Ester Norma Arrostito “La Gaby”, lava meticulosamente su camisa blanca en una palangana. Aunque era la mujer más buscada del país siempre quiso cuidar su aspecto y su vestimenta. Cuentan, sus compañeros y compañeras, que no salía de su casa si la ropa que tenía puesta no estaba bien planchada. La Gaby, así era su nombre de guerra, vivía en la clandestinidad desde el 29 de mayo de 1970, cuando la organización político-militar Montoneros, de la cual ella formaba parte junto a su novio y líder de la organización, Fernando Abal Medina, decidió secuestrar y fusilar al ex presidente de facto general Pedro Eugenio Aramburu. Durante su clandestinidad hasta su secuestro el 2 de diciembre de 1976, Norma se entusiasmó ayudando a sus compañeros en una pequeña huerta que tenían en una de las casas donde pasaba sus días de clandestinidad. La misma mujer que participó del secuestro y fusilamiento del militar que bombardeo la Plaza de Mayo en junio de 55; que fusiló militantes en los basurales de José León Suarez en junio del 56; y que se encargó de secuestrar y hacer desaparecer el cadáver de Eva Perón; amaba la vida simple y disfrutaba de las pequeñas cosas. Era carismática, solidaria, y siempre temió más a su captura que a la muerte. Había decidió no ser madre para dedicarse de lleno a la militancia, a la lucha armada. Su vida sufrió muchos cimbronazos pero uno de los más fuertes se produjo el 7 de septiembre de 1970, cuando en la localidad de William Morris, al oeste del Gran Buenos Aires, mueren su novio y un compañero de la organización, Carlos Ramus, luego de enfrentarse a tiros con la policía. Con Fernando tuvieron una historia de amor breve pero intensa por la vertiginosidad de aquellos años. Juntos estuvieron en la estancia de la localidad de Timote, en la provincia de Buenos Aires, lugar elegido por la organización para el fusilamiento de Aramburu. Fue Fernando quien tomo sobre sí la tarea de ejecutarlo, luego de que el general se sometiera a un “juicio revolucionario”. Para él, el jefe debía asumir siempre la mayor responsabilidad. Luego del fusilamiento Norma estuvo a su lado, acompañándolo en silencio. La noche del 7 de septiembre cuando ella llegó a la cita acordada vio un gran despliegue policial sobre la calle y los cuerpos sin vida de Fernando y de Carlos. Con dolor, bronca, y miedo, disimula las ganas de huir para poder llegar a salvo a la estación. Es difícil imaginar la angustia de esa mujer luego de ver a su compañero muerto. Pero cuentan, los que estuvieron cerca de ella en ese momento, que luego de la muerte de Fernando había manifestado que prefería morir como él, luchando, antes de ser capturada. Era consciente, al igual que sus compañeros, que luego del fusilamiento de Aramburu los militares los perseguirían hasta encontrarlos.
“Gaby es parecido a Gaviota” le dijo una vez la hija de una compañera y a ella le encantó porque ese pájaro representaba la libertad. Norma nació el 17 de enero de 1940 en la Ciudad de Buenos Aires. Perteneció a la generación de chicos y chicas cuya primaria coincidió con la primera presidencia de Perón. Se recibió de maestra pero no llegó a ejercer la profesión. Sus amigas del colegio la recuerdan como una buena amiga, tímida, pero también divertida, le gustaba sentarse en los primeros bancos del aula, lo más cercano a la puerta que daba al patio para poder salir corriendo cuando el timbre del recreo sonaba y llegar primera al kiosco a comprar churros. Tuvo una fugaz participación en la Federación Juvenil Comunista (FJC) donde conoció a Rubén, compañero de la agrupación y con el cual estuvo casada hasta 1967. Ese año rompe con con él y con su breve participación en el PC. Buscaba algo distinto para su vida y, sobre todo, para su militancia. Al poco tiempo viajó a Cuba para recibir instrucción militar, ya estaba de novia con Fernando Abal Medina y cuando volvió de la Habana decidieron irse a vivir juntos. Ella era siete años mayor que él. Tuvo un breve paso por la Acción Revolucionaria Peronista (ARP) y luego por el comando “Juan José valle”. Finalmente junto a Fernando, y un grupo minoritario de militantes, deciden conformar Montoneros.
“La viuda” como la llamaban luego de lo sucedido en William Morris fue la primera jefa de la guerrilla peronista. Norma se sentó en la mesa junto a un grupo de hombres para pensar y diagramar lo que luego sería Montoneros y para planificar las acciones más importantes, entre ellas el secuestro de Aramburu.
El 26 de julio de 1974, hacia menos de un mes de la muerte de Perón, la organización realizó un acto en la provincia de Mendoza y ella, que estaba en la clandestinidad absoluta, sorprende a todos con su aparición pública siendo una de las oradoras principales del acto: “Muerto Perón, acá se acabó la verticalidad. Al movimiento lo pelearemos porque es nuestro y es del pueblo y lucharemos para que los dirigentes sean elegidos por las bases y no digitados (…) Si el gobierno no cambia los términos del pacto social, libera a los presos políticos, termina con la represión y echa a los agentes del imperialismo enquistados, no habrá paz.”
También será figura central en el acto de Montoneros en la cancha de Atlanta. Se creé que esa fue la única aparición en público de la Gaby en Buenos Aires.
Para muchos militantes era el ideal de la mujer “combativa” y “revolucionaria”. Pero ella, quizás por su perfil bajo, no se sentía cómoda con esa visión del “bronce” o de la mujer “inalcanzable”. Y si bien se jugaba la vida a cada instante era la mujer que en los días de absoluta soledad extrañaba a su familia. Antes de ser la mujer más buscada por los militares disfrutaba de los encuentros familiares. Sobre todo con su padre con el cual podía intercambiar ideas políticas, pero también con su madre y su hermana. Fue doloroso y difícil para su familia y para ella también. No era una persona desaprensiva. Era consciente del costo que tenía lo que ella estaba haciendo, pero decidía correr el riesgo.
La mañana del 2 de diciembre de 1976 salió de su casa en el barrio de Barracas donde vivía junto a su nueva pareja, tenía una cita a la cual nunca llego porque fue secuestrada y llevada a la Escuela de Mecánica de la Armada ESMA. Las primeras noticias decían que a Norma la había matado en la localidad de Banfield pero era falso. “Duro golpe a la subversión al caer Norma Arrostito”, título en una de sus notas el diario La Opinión. “Su muerte -decía Clarín- significa un duro golpe a la cúpula del grupo que integraba y un nuevo paso para la erradicación del extremismo en el país, que se va cumpliendo en forma sistemática tras la muerte de Mario Roberto Santucho y de sus principales lugartenientes, que dirigían la restante organización sediciosa”.
Lo cierto es que luego de su captura y desaparición fue llevada a la ESMA donde fue asesinada el 15 de enero de 1978. Tenía 37 años. Para los militares Arrostito era un “trofeo de guerra” y era exhibida con el fin de quebrar emocionalmente a otros militantes. Pero ella lejos de quebrarse les daba aliento a todos y todas y a sus captores les dijo claramente, “Yo no colaboro”.
Uno de los espacios de resistencia es la mente dijo una vez una sobreviviente de un campo de concentración. Es probable que Norma en esos días de cautiverio donde ella más que nadie sabía que su destino seria la muerte. Haya pensado en su familia, en su último amor, en los días de clandestinidad en la zona sur donde se ponía contenta ayudando en la huerta o cuando en la radio pasaban una canción de su cantante favorito, Alfredo Zitarrosa y ella cantaba, “Yo no canto por vos, te canta la zamba y dice al cantar, no te puedo olvidar, no te puedo olvidar”.
A 50 años de Nuestra Historia
Por Fernando Vaca Narvaja y otros firmantes de Causa Nacional
Resumen Latinoamericano, 29 mayo 2020
Hoy 29 de Mayo 2020, se cumplen 50 años de la aparición pública de la Organización político- militar Montoneros, heredera de la Resistencia peronista, integrada por Viejos y Jóvenes militantes del peronismo de diferentes sectores sociales de nuestro País.
Reconocida por el Gral. Juan Domingo Perón como parte de las Formaciones Especiales supo integrar la lucha y organización política, con la resistencia armada a las dos últimas Dictaduras Militares. La de 1966-1973 del Gral. Ongania-Levigton-Lanusse y la de 1976-1983 del Gral.Videla- Viola-Galtieri-Bignone. Ambas Dictaduras criminales solo pudieron sostenerse por seis años y caer derrotadas por la lucha del Pueblo Argentino.
Reconocida por el Gral. Juan Domingo Perón como parte de las Formaciones Especiales supo integrar la lucha y organización política, con la resistencia armada a las dos últimas Dictaduras Militares. La de 1966-1973 del Gral. Ongania-Levigton-Lanusse y la de 1976-1983 del Gral.Videla- Viola-Galtieri-Bignone. Ambas Dictaduras criminales solo pudieron sostenerse por seis años y caer derrotadas por la lucha del Pueblo Argentino.
Se impuso así en nuestro país el NUNCA MÁS , Memoria Verdad y Justicia, no olvidamos ni perdonamos el terrorismo de Estado en la Argentina. Montoneros fue parte importante de la lucha para la recuperación de la Democracia. Junto a muchas de las Organizaciones que aportaron a este objetivo, con los errores y aciertos que toda practica política conlleva.
En Montoneros reconocemos:
1) Retorno del Gral. Perón al país luego de 18 Años de exilio, el 17 de Noviembre de 1972, el Luche y Vuelve reivindicado como el día de la Militancia.
2) La aparición y devolución del Cuerpo profanado y ultrajado de nuestra abandera de los humildes, Eva Perón, desaparecida en 1955 desde el mismo día del Golpe Militar de la Revolución Fusiladora del Gral. Pedro Eugenio Aramburu y el Almirante Isaac Rojas.
2) La aparición y devolución del Cuerpo profanado y ultrajado de nuestra abandera de los humildes, Eva Perón, desaparecida en 1955 desde el mismo día del Golpe Militar de la Revolución Fusiladora del Gral. Pedro Eugenio Aramburu y el Almirante Isaac Rojas.
3) Fue la primera Organización armada latinoamericana en convocar y respaldar una inmediata salida Electoral.
4) Representó masivamente una nueva Generación de Jóvenes argentinos que pusieron freno definitivamente a los Golpes Cívico – Militares de los Grupos Económicos Diversificados de la oligarquía Argentina.
4) Representó masivamente una nueva Generación de Jóvenes argentinos que pusieron freno definitivamente a los Golpes Cívico – Militares de los Grupos Económicos Diversificados de la oligarquía Argentina.
5) Planteó una política de UNIDAD en la acción entre diferentes Organizaciones como fueron Descamisados, las Fuerzas Armadas Revolucionarias, y Montoneros. Despojados de individualismos con gran sentido colectivo, entrega y patriotismo de sus dirigentes.
6) Con el impulso a su concepción teórica de teoría-practica-teoría y el desarrollo de la critica- autocritica en la militancia diaria de la política, marco el principio del compromiso con la Acción Concreta, como el camino para modificar la correlación de fuerzas en el enfrentamiento a las Dictaduras que le toco enfrentar.
6) Con el impulso a su concepción teórica de teoría-practica-teoría y el desarrollo de la critica- autocritica en la militancia diaria de la política, marco el principio del compromiso con la Acción Concreta, como el camino para modificar la correlación de fuerzas en el enfrentamiento a las Dictaduras que le toco enfrentar.
7) Reconoció auto críticamente el error de su participación en el enfrentamiento armado en el movimiento nacional en el periodo (73-75). Publicó su autocritica en el país y a nivel internacional en francés e ingles en su Revista Vencer.
8) Contribuyó junto a otras organizaciones en la formación de numerosos cuadros políticos, que hicieron del pensamiento crítico su practica política diaria. Se formaron numerosos frentes sociales, La JTP, la JP Regionales, la Agrupación Evita de la Mujer, la JUP, la UES, el Movimiento Villero,
8) Contribuyó junto a otras organizaciones en la formación de numerosos cuadros políticos, que hicieron del pensamiento crítico su practica política diaria. Se formaron numerosos frentes sociales, La JTP, la JP Regionales, la Agrupación Evita de la Mujer, la JUP, la UES, el Movimiento Villero,
el Movimiento de Inquilinos, los frentes de Discapacitados, las Ligas Agrarias, agrupaciones en las FFAA, las Juventudes Políticas Argentinas .
9) Desde su origen identificó claramente al enemigo de la Nación y el Pueblo, la elección de su nombre viene de las mismas entrañas de la historia, su identidad política peronista, el nacionalismo popular revolucionario y la propuesta programática expresada en “Las Bases para la Alianza Constituyente de una nueva Argentina” firmada en Enero de 1982 por el Consejo del Peronismo montonero, mantienen vigencia. Señala claramente el carácter emancipador y latinoamericano de su propuesta.
9) Desde su origen identificó claramente al enemigo de la Nación y el Pueblo, la elección de su nombre viene de las mismas entrañas de la historia, su identidad política peronista, el nacionalismo popular revolucionario y la propuesta programática expresada en “Las Bases para la Alianza Constituyente de una nueva Argentina” firmada en Enero de 1982 por el Consejo del Peronismo montonero, mantienen vigencia. Señala claramente el carácter emancipador y latinoamericano de su propuesta.
10) El concepto de diferenciar la naturaleza entre Gobierno y Poder Popular, es un aporte importante, la búsqueda en la construcción política virtuosa de esta relación contradictoria, del armado en espacio y tiempo diferentes a la sola o exclusiva construcción desde el Estado.
11) La Organización, a través del Peronismo Montonero, fue una de las principales impulsoras de la denuncia y condena Internacional del Terrorismo de Estado y el Genocidio al pueblo argentino. Construyó en Costa Rica, con otras organizaciones políticas del continente, una Radio de Onda Corta de alcance internacional, conocida como Radio Noticias del Continente.
11) La Organización, a través del Peronismo Montonero, fue una de las principales impulsoras de la denuncia y condena Internacional del Terrorismo de Estado y el Genocidio al pueblo argentino. Construyó en Costa Rica, con otras organizaciones políticas del continente, una Radio de Onda Corta de alcance internacional, conocida como Radio Noticias del Continente.
12) Participó activa y solidariamente en la segunda revolución continental de América Latina en 1979, colaborando con el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) de Nicaragua que significó el derrocamiento del Dictador Anastasio Somoza.
13) En la lucha mediática con los Multimedios fundó e impulsó dos diarios nacionales, el diario Noticias hasta su prescripción en 1975 y el Diario La Voz en 1983. Además en plena dictadura militar, Rodolfo Walsh creó la Agencia Clandestina de Noticias (ANCLA).
13) En la lucha mediática con los Multimedios fundó e impulsó dos diarios nacionales, el diario Noticias hasta su prescripción en 1975 y el Diario La Voz en 1983. Además en plena dictadura militar, Rodolfo Walsh creó la Agencia Clandestina de Noticias (ANCLA).
14) El Gral. Perón reconoció a la juventud peronista JP, como la cuarta Rama del Movimiento, dada su mayoritaria representatividad.
15) Se comprometió con la causa de Malvinas, la reinvindicación de nuestra Soberanía en las Islas y su rol en el Atlántico Sur. Impulsó la solidaridad Activa de los Pueblos de América Latina, Perú, Cuba Panamá , Mexico y Nicaragua.
15) Se comprometió con la causa de Malvinas, la reinvindicación de nuestra Soberanía en las Islas y su rol en el Atlántico Sur. Impulsó la solidaridad Activa de los Pueblos de América Latina, Perú, Cuba Panamá , Mexico y Nicaragua.
16) La Organización Montoneros fue una de las que aportó la mayor cuota de sacrificio, presos, desaparecidos y compañeros caídos en el enfrentamiento a las Dictaduras que le tocó enfrentar.
17) Muchos son los nombres que acuden a nuestra memoria, Fernando Abal Medina, Gustavo Ramus, Norma Arrostito, Sabino Navarro, Carlos Olmedo, Carlos Caride, Susana Valle, Julio Roque, Susana Lesgard, Raul Yaguer. O nuestros queridos viejos como Oscar Bidegain, Ricardo Obregon Cano, Martínez Baca, Jorge Cepernic, Lily Masaferro, Andres Framini, Rodolfo Puigros, Ines López, Atilio López. Miles y miles de compañeros, en los escasamente nombrados hacemos llegar nuestro respeto y homenaje A TODOS. El compromiso con ese pasado es el desafío de encontrar la UNIDAD necesaria del campo nacional y popular para construir un futuro distinto, con Justicia Social, Independencia Económica, Soberanía Política e Integración Latinoamericana.
17) Muchos son los nombres que acuden a nuestra memoria, Fernando Abal Medina, Gustavo Ramus, Norma Arrostito, Sabino Navarro, Carlos Olmedo, Carlos Caride, Susana Valle, Julio Roque, Susana Lesgard, Raul Yaguer. O nuestros queridos viejos como Oscar Bidegain, Ricardo Obregon Cano, Martínez Baca, Jorge Cepernic, Lily Masaferro, Andres Framini, Rodolfo Puigros, Ines López, Atilio López. Miles y miles de compañeros, en los escasamente nombrados hacemos llegar nuestro respeto y homenaje A TODOS. El compromiso con ese pasado es el desafío de encontrar la UNIDAD necesaria del campo nacional y popular para construir un futuro distinto, con Justicia Social, Independencia Económica, Soberanía Política e Integración Latinoamericana.
LIBERACION O DEPENDENCIA
Fernando Vaca Narvaja, Adolfo Barja, Julio Cesar Urien, Rene Bonora, Rolando Camminos, Celedonio Carrizo, Carmen Salcedo, Armando Chichi Rivero, Carlos, Alberto Mendez, Roberto Britos, Luis Raul Graña, Victoria Lobanow.
Buenos Aires, 29 de Mayo de 2020
Huerque mapu (o el peronismo montonero hecho canción)
Mariano Pacheco, Resumen Latinoamericano, 29 de Mayo de 2020
Capítulo del libro Cabecita negra. Ensayos sobre literatura y peronismo (editorial Punto de encuentro, 2016), donde se aborda la experiencia de la banda que elaboró un disco para contar la historia de la resistencia peronista.
“Una canción puede despertar conciencias y una bala puede apagarlas.”
Andrés Calamaro
Resulta paradójico que el marplatense Juan “Chango” Sosa, quien fuera la punta de lanza del proyecto musical que tomará el nombre de Huerque Mapu (“mensajeros de la tierra”, en lengua mapuche), no haya estado como integrante del grupo ni siquiera en el debut artístico.
Como sea, él –que era amigo de Juan Cedrón desde la infancia, cuando el “Tata” iba a la costa a veranear– fue quien “craneó” con el neuquino Naldo Labrín el armado de una banda. Así fue como el Chango hizo de intermediario para que sus integrantes se pusieran en contacto. Y se subió a los escenarios del “protogrupo”, el 22 de agosto de 1972, dando inicio a una historia que fue narrada en detalle por los jóvenes periodistas Tamara Smerling y Ariel Zak, en el libro que la editorial Planeta publicó en 2014: Un fusil y una canción. La historia secreta de Huerque Mapu, la banda que grabó el disco oficial de Montoneros.
Sin lugar a dudas, la “casona de Mansilla”, situada al 2800 de aquella calle del barrio porteño de Palermo, fue el “cuartel general” donde muchos músicos, pintores, poetas, cineastas, escritores de la época encontraron un lugar, no solo para vivir sino para socializar y proyectar iniciativas de intervención cultural. Allí el Chango le alquiló una pieza a Naldo, y entre mates, charlas y guitarras, surgió esta iniciativa, de la que finalmente el Chango se bajó porque priorizó otros rumbos políticos y laborales (era soldador en los astilleros de Astarsa y militante de izquierda). Eso sí, fue el eje a partir del cual el grupo de música decidió participar del festival que se realizó en el Aula Magna de la Facultad de Arquitectura de la Universidad de Buenos Aires, el 22 de agosto de 1972, con el objetivo de juntar dinero para los presos políticos, y los obreros de Sitrac Sitram que se encontraban en huelga en la provincia de Córdoba. Mientras tocaban, se enteraron de que un grupo de combatientes de las FAR, el ERP y Montoneros habían sido fusilados en la Base Aeronaval Almirante Zar. Mientras interpretaban la canción “La tonada de Manuel Rodríguez”, realizada sobre un poema de Pablo Neruda, el Chango le cambió la letra, y el guerrillero asesinado ya no fue uno sino varios, y no en Til Til sino en Trelew.
Nueve meses después, con Hebe Rosell en voz, vientos y percusión; Naldo Labrín y Tacún Lazarte en guitarras; Lucio Navarro en charango y Ricardo Munich en violonchelo, Huerque Mapu debutó oficialmente en los escenarios porteños. El Teatro Payró se llenó aquel 24 de mayo de 1973, horas antes de la asunción de Héctor Cámpora a la presidencia de la Nación. Un “acontecimiento musical”, según lo definió en sus páginas el diario La Opinión. Ese mismo año grabaron Hueque Mapu I. Su primer disco, de 11 canciones y 39 minutos, vendió alrededor de 600.000 copias.
En octubre de 1973, el entonces Secretario de la Dirección de Comunicaciones del Ministerio de Cultura y Educación de la Nación, Nicolás Casullo, llevó al grupo una propuesta elaborada por la mismísima Conducción Nacional de Montoneros: querían que Huerque Mapu grabara una “versión argentina” de algo así como una mezcla entre las canciones anarquistas italianas y las republicanas de la Guerra Civil Española. El resultado fue la Cantata Montonera, en la que el propio Casullo escribió algunas partes, bajo el seudónimo de H. Suárez. Tal como lo había pedido la Organización, el disco no comenzó el 17 de Octubre de 1945: arrancó con “El Aramburazo”. El objetivo en esa decisión era el de crear un nuevo relato sobre la historia del Movimiento y, a partir de allí, instalar nuevas canciones y consignas para que cantaran los militantes. La idea final era disputarle el protagonismo a la vieja “Marcha Peronista”, relatan Zak y Smerling.
“La Cantata” salió bajo el sello “Discos para la Liberación”, y se grabó durante dos meses en el prestigioso estudio Ion, situado en la calle Hipólito Yrigoyen, en pleno centro de la ciudad de Buenos Aires. Entre los artistas invitados figuran Rodolfo Mederos (bandoneón) y Manuel Picón, Irene Tapia y Olga Manzano en voces, más un grupo de militantes de distintas unidades básicas peronistas que aportaron en los coros.
La voz del “narrador” estuvo a cargo de Eduardo Rodríguez Arguibel, un estudiante de teatro y militante del Movimiento Revolucionario 17 de Octubre, que trabajaba en una empresa telefónica e integraba la Lista Marrón del Sindicato de Telecomunicaciones (enrolado en FOETRA).
Se presentó en el Luna Park el 28 de diciembre de 1973, en el “Festival Peronista por la Liberación y la Reconstrucción Nacional”, organizado por la Juventud Peronista-Regional. Diez días antes, en una nota publicada en El Descamisado (“10 canciones montoneras”), puede leerse que la idea del disco fue basarse en los motivos de la música nacional, como la milonga, el gato, el malambo, la chacarera y la ranchera. En la entrevista que le realiza el periódico, el grupo explica cada una de las canciones. La primera (“Memorias del basural”) es sobre “El Aramburazo”. Una milonga que va contando los sucesos mientras un coro, voces solas sin música, relata el momento en que juzgan, sentencian y ejecutan a Aramburu, cuentan. La segunda (“La ´V´ de La Calera”) es sobre el copamiento de la localidad cordobesa. El motivo de la “V” de la victoria que hace un compañero que cae preso, explican. La tercera (“Fernando y Gustavo”) es sobre la muerte de Ramus y Abal Medina en la localidad bonaerense de William Morris. Acá sentimos que la letra y la música debían ser cálidas, que reflejaran que Fernando y Gustavo no son dos superhéroes sino dos compañeros, señalan los integrantes del grupo, mientras continúan su repaso tema por tema. Respecto de la cuarta canción (“Garín”), que rinde homenaje a los combatientes de las FAR que tomaron esa ciudad para presentarse públicamente, dicen que es un tema “alegre, picaresco”, cuya intención era reflejar como se burló ese día la “aparatosidad militar de la dictadura”. Sobre “Juan Pablo Maestre”, el quinto tema, comentan que la búsqueda, a través de la copla, fue gestar un monólogo ficticio en donde su mujer, Mirta Misetich (detenida junto a él el 13 de julio de 1971, aún permanece desaparecida), le habla al militante asesinado. El sexto tema (“Combate de Ferreyra”) aborda la caída del comandante de las FAR, Carlos Olmedo, junto con otros tres combatientes. El séptimo (“El Negro Sabino”) está basado en una poesía que había publicado El Descamisado para el aniversario de la muerte de El Negro, cuyo autor no figuraba, pero que después se supo que fue Alberto José Molinas Benuzzi, asesinado junto a María Victoria (la hija de Walsh) y otros militantes en el denominado “combate de la calle Corro” (29 de septiembre de 1976). Las últimas tres canciones son “Pueblo peronista”, dedicada a todas las mujeres y hombres que lucharon en el transcurso de esos 18 años; “Trelew” (un “aleluya”) y finalmente “Montoneros”, una marcha. Sobre la anteúltima canción, “Los Huerque” dicen que si bien el hecho de los fusilamientos fue muy “triste, desgarrador”, esos caídos no son pasado sino presente. Y por eso los aleluyas, los “presentes”, que es todo lo que se escucha en la canción, junto con el nombre de los asesinados. Respecto de la marcha de cierre, expresan los músicos, no es más que una arenga –bombos mediante– a la lucha por el socialismo nacional.
***

Si uno hace el ejercicio de juntar, a modo de collage, todos los relatos que aparecen en el disco recitados por la voz en off, puede construir una suerte de cuento o saga de relatos sobre el peronismo, que es lo más cercano que la literatura del período (1945-1975) estuvo de dar cuenta del fenómeno peronista durante esas tres décadas.
A modo de homenaje a Walter Benjamin, quien construyó un inmenso libro solo con citas, glosaremos los recitados de este disco, con el afán de ensayar esta serie de relatos sobre el peronismo. Lo mismo se podría hacer compilando las letras de las canciones, sin los recitados: hacer un gran poemario de amor y de guerra. Pero esa tarea se la dejamos al lector. Aquí nos limitamos a ensayar un esbozo de relato con la transcripción de las partes del disco donde habla la voz en off, que podríamos titular:
“El peronismo según los Huerque Mapu”:
I-
1970. El pueblo peronista soporta la dictadura de las botas y monopolios imperialistas.
Pero va gestando su respuesta. Una nueva etapa de la larga resistencia iniciada en 1955, cuando las minorías oligárquicas derrocaron al general Perón.
En 1969 estalla el Cordobazo. Tiempo después, otras puebladas incendian la patria.
Mientras tanto la década del 60 ha traído el definitivo despertar de los pueblos del tercer mundo. La revolución cubana es una luz que persiste. Camilo Torres en Colombia, y la heroica muerte del Che en Bolivia, se suman como señales de un camino hacia la liberación latinoamericana.
Aquí, en nuestra tierra, ese camino tiene el nombre que decidió ponerle el pueblo con su sangre y su combate: movimiento peronista. Un líder: el general Perón. Una compañera inolvidable: Evita. De esta conjunción de vida, lucha y esperanza, del corazón mismo del pueblo peronista, nace una organización político-militar: Montoneros.
Es detenido para ser juzgado el general Aramburu: “Lo llevan prisionero por la tarde del pueblo. Fusil, tacuara y cielo es tiempo despertando. Puede que le pregunten la historia de los muertos allá en José León Suárez, allá lo van juzgando”.
II-
Primero de julio de 1970. Ciudad de La Calera, Córdoba, arriban columnas montoneras.
Son los comandos General San Martín, Eva Perón, Uturuncos y 29 de mayo. La ciudad será tomada y la dictadura militar sufrirá otra de sus grandes derrotas. Un combatiente hecho prisionero por el enemigo levantará su mano como símbolo de victoria…
Y fue esa vez un ejército de pueblo peronista el que tomó una ciudad para convertirla en sueño. En anuncio de alboradas. Fue en aquella ciudad de calles y de córdobas donde se reiniciaban guerras que nunca habían terminado. Que volvían de antiguas edades de la Patria cuando otros hombres se desangraron por el mismo sueño. Un ejército de pueblo golpeando en plena cara de la dictadura, con dos palabras que se repitieron infinitas: Perón Vuelve. Porque los combatientes habían llegado a proclamar primeros bandos de la liberación. Y fue desde tu sangre, Emilio Maza, que escribiste en La Calera la “V” de Venceremos.
III-
El pueblo se va alzando y se agudiza el enfrentamiento con el gobierno militar de los monopolios. Las organizaciones armadas asaltan destacamentos, expropian armas y caudales para el pueblo: brotan en fábricas y barrios ensanchando su horizonte político.
Siete de septiembre de 1970, las fuerzas represivas tienden una emboscada en William Morris. En ella caen, combatiendo, dos comandantes montoneros: Fernando Abal Medina y Gustavo Ramus.
IV-
Fuerzas Armadas Revolucionarias, las FAR, otra organización político-militar que se rebela en armas contra la opresión y los proyectos del imperialismo. Aunque juntamente con Montoneros y descamisados crecen desde la única bandera de resistencia y triunfo que levanta la lucha popular: el peronismo. Se arman los nuevos combatientes, será el pueblo el que ofrece sus hombres y el resguardo. Treinta de julio de 1970, las columnas de la FAR toman militarmente la ciudad de Garín, provincia de Buenos Aires.
V-
Los proyectos proimperialistas del gobierno encuentran en el pueblo, como siempre, la última frontera, la impasable: FAR y Montoneros, la patria peronista en armas, crecen y se expanden a lo largo y ancho del país. En la dura lucha también sufren derrotas y retrocesos, compañeros muertos y apresados. Impotente el régimen apela al secuestro, a torturas salvajes, al crimen, como Baldú, como Pujals, como los compañeros Verd, también Juan Pablo Maestre y Mirta Misetich, combatientes de las FAR, son asesinados a sangre fría por los comandos armados de la antipatria. Allí mueren los dos: en una conjunción de amor y militancia, que estremecerá al pueblo en lo más hondo de su sentimiento. Juan Pablo y Mirta, Mirta y Juan Pablo. Quizás podamos imaginar que fue ella, esa última noche, la que habló a su compañero, o recordó como nunca aquella frase: en una revolución, se triunfa o se muere.
VI-
Así como las burocracias conciliadoras pactan y ceden ante la dictadura, FAR y Montoneros ya están en el corazón del pueblo. Ya son parte de aquello que anunciara Evita: “el peronismo será revolucionario, o no será nada”. Se lucha por el retorno de Perón a la patria y al poder, se lucha por el triunfo popular. Córdoba: el gobierno lanza sus tanques contra los obreros de la empresa imperialista FIAT: hay represión y cientos de despedidos. Un operativo preparado por combatientes de la FAR, de la FAP y Montoneros fracasa. En el combate de Ferreyra mueren Villagra, Baffi, Teressini, y el comandante de las FAR: Carlos Olmedo.
VII-
Perseguido durante días y días por las fuerzas represivas. Acorralado en tierras de Alta Gracia por cientos de buitres, que siguen sus huellas, se resiste y se desangra el negro Sabino Navarro, peronista y combatiente montonero. Apretá los dientes, negro, “Perón o muerte”, andarás diciendo en el final. A cuerpo y bala te vas confundiendo con el cielo de tu patria. ¡Vamos comandante! ¡Hasta la victoria!
VIII-
Los que dan la vida y los que negocian, los leales al general Perón, y los que conciliaron durante tantos años. Ya lo decía Evita: los descamisados y los alcahuetes, el pueblo peronista y los que traicionan, como si no lo supieran, compañeros. ¿De qué lado estuvieron Valle, Cogorni, Vallese, Mussi, Retamar, Capuano Martínez, Pujadas, Simona, Rasseti? ¿Y dónde estuvieron los otros…?
IX-
Veintidós de agosto de 1972: el pueblo no gasta palabras para esa fecha. Un sólo nombre: “Trelew”. Y toda una historia de luchas se agolpa en dieciséis comandantes que ofrendaron su vida. Esa sangre que el pueblo jamás negociará, ¡porque es su sangre!
X-
Y creció el pueblo montonero. “Perón o muerte” fue su consigna. “Libres o muertos, jamás esclavos”. Fue esa historia de rebeliones y sangre popular. “¡Viva la patria!” fue el saludo y la esperanza. La patria se hizo joven, la juventud se hizo patria. Y el general Perón volvió desde cada uno de los pechos y fusiles peronistas para ponerse al frente de la liberación. Y con el “Tío” reventamos las urnas. Y Perón fue otra vez presidente de su pueblo: se cumplió un sueño, aquél sueño de viejos peronistas que allá por el cincuenta y cinco no se rindieron. El sueño de sus hijos: de Abal Medina, de Olmedo, de Sabino, de tantos compañeros que dieron la vida por su pueblo y por Perón. La lucha no ha terminado. FAR y Montoneros se fusionaron en una sola organización político-militar: Montoneros. Hay que organizarse, pertrecharse, consolidarse y unirse en cada fábrica, en cada barrio, en cada rincón del país, para alcanzar la victoria, y que la clase trabajadora peronista conquiste el poder. Lucharemos entonces por la patria peronista, que será como la quiere el pueblo: ¡montonera y socialista!
***
La síntesis lograda en la grabación del disco, de todos modos, no dejó muy contentos ni a los integrantes de la banda ni a los dirigentes montoneros. Nunca fue fácil el vínculo entre estética y política, entre cultura y revolución, entre creatividad artística y disciplina militante. Y este caso no sería una excepción. El ejemplo más claro, narrado por Zak y Smerling, puede verse graficado en el resultado de la canción dedicada a Ramus y Abal Medina, los dos íconos de la dirección de la organización, caídos en los primeros pasos de la experiencia montonera. En Un fusil y una canción… puede leerse el testimonio de Labrín, quien había pedido ayuda a su amigo Manuel Picón para su composición. También puede leerse, completa, la bella poesía que quedó como resultado… de la que solo se incorpora en la versión final que puede escucharse en el disco (escrita por Casullo)… una sola frase.
De todos modos, y más allá de las diferencias y tensiones que recorrieron el proceso, el resultado logró emocionar ampliamente a la militancia de la Tendencia Revolucionaria.
Como para cerrar el año, tras el festival, “Los Huerque” fueron tapa del N° 31 de El Descamisado, el último de ese 1973 tan intenso y tan particular. “La historia del pueblo cantada para el pueblo”, dicen los grandes titulares, arriba de una foto sacada desde arriba y desde atrás del escenario, en donde puede verse al público y a la banda, con sus pantalones marrones de corderoy de botamangas anchas y ajustados en la parte de arriba (un “look” de época. Una contraseña generacional). Debajo, en letras más chicas, puede leerse:
“En un festival organizado por la Juventud Peronista Regional, los Huerque Mapu presentaron diez canciones que relatan la gesta histórica de los Montoneros.
La gesta histórica de un pueblo luchando por su liberación. De un pueblo que entregó a sus mejores hijos para que Perón sea presidente.
De un pueblo que sigue entregando a sus mejores hijos para lograr la definitiva liberación de nuestra Patria”.
“La Cantata” se tocó completa, por segunda y última vez, el 11 de marzo de 1974, en el primer aniversario del triunfo peronista en los comicios, luego de 18 años de proscripciones. Fernando Vaca Narvaja y Marcos Osatinsky, ambos de la Conducción Nacional de Montoneros, estuvieron en el escenario. Sus palabras no fueron muy entusiastas. No se equivocaban en los malos augurios que anunciaban: un mes y medio después, Perón los echaba de la Plaza de Mayo. Cuatro meses más tarde, el viejo líder se moría, y los comandos parapoliciales dirigidos por “El Brujo” López Rega comenzaban la estocada.
En 1974, de todos modos, junto al grupo de Teatro Popular de Bahía Blanca, Huerque Mapu presenta en el sur del país la “Cantata de Santa María de Iquique”, y también participa en festivales en Córdoba y Buenos Aires (Cosquín y Baradero). En 1975 graban Huerque Mapu II, su tercer y último disco en el país. Cuatro décadas después, al salir publicada la biografía del grupo, el hermano de una de sus integrantes (Hebe Rosell), el reconocido músico Andrés Calamaro, escribió la frase “Una canción puede despertar conciencias y una bala puede apagarlas”, ya citada como epígrafe de este capítulo. Nada más cerca de lo que pasó. Los integrantes de Huerque Mapu partieron al exilio europeo. Permanecerán en España una década. El retorno fue a otra Argentina. La de los dos demonios. La que aún no podía procesar la derrota de esa gran apuesta por la revolución.
AQUÍ, EL DISCO COMPLETO:
Fuente: La luna con Gatillo
Envio:RL








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