30 de junio de 2020

TROPEL 2 del 30.06.2020.

«En los barrios, estamos ante un Estado cuya primera intervención se da en lo represivo»
Por Carlos Aznárez, Resumen Latinoamericano, 29 junio 2020
En estos días de finales de junio en que se recuerda masacre de Puente Pueyrredón, quisimos conversar con Esteban Marccioni, referente del Frente Popular Darío Santillán, una organización con militantes nacidos a la lucha piquetera de los años 90 y formada por hombres y mujeres que en aquel tiempo enfrentaban a gobiernos hambreadores y represivos, y hoy junto a muchos jóvenes sigue peleando por una sociedad distinta.
Queremos preguntarte ¿qué recordas de aquel día 26 de junio de 2002? ¿cuánto significaba para ustedes, militantes jóvenes, un hecho como ese, el asesinato a sangre fría de dos compañeros como Maxi y Darío?  

– Es un hecho que nosotros entendemos que marcó a toda una generación militante, pero que también influyó en la historia de nuestro país. Lo que derivó de la feroz represión desatada por el Gobierno Nacional fue el adelantamiento de elecciones y la salida del presidente de ese momento, Eduardo Duhalde. También significó el fin de su carrera política: desde ese 26 de junio hacia adelante, Duhalde nunca más volvió a ser alternativa política para nuestro país. Recordemos que su plan en ese momento no era llamar a elecciones, sino quedarse y cumplir con un mandato y recién ahí poder convocar a votar. Yo empecé a militar seis meses antes, como imagino que muchos de una generación que tenemos hoy entre 30 y 40 años. Nos acercamos a la lucha en función de lo que veíamos que pasaba en nuestros propios barrios, lo que también se cruzó con el 19 y 20 de diciembre del 2001, en donde pudimos organizar esa rebeldía que veníamos trayendo ya como jóvenes que teníamos alrededor de 15 años. Militaba en un barrio en las afueras de la ciudad de La Plata, cerquita de donde vivía, en Los Hornos.




-¿Allí te sorprendió ese doloroso momento de la masacre?
– Sí, nos estábamos preparando para movilizar porque sabíamos que iba a estar la masiva marcha de los movimientos sociales en el Puente Pueyrredón, nosotros nos veníamos organizando en La Plata. Cuando empezó la represión, con los compañeros que habíamos quedado en ir, nos avisaron que empezaban a haber muertos y decidimos finalmente no ir y quedarnos en La Plata.  Desde entonces milité varios años en el mismo lugar donde lo hacía Darío, desde hace 13 años lo hago en la ciudad de Lanús. Desde esa experiencia, puedo contar lo que ¡ significaba toda esa camada de pibes y pibas que combatían en el territorio y vivían con Darío.  Por un lado, hay una sensación de que Darío era un compañero joven y militante, pero que con su gesto de quedarse con Maximiliano (Kosteki), que ya estaba herido, acompañándolo en la estación, tuvo la capacidad de sintetizar lo que era esa generación militante que, a fines de la década del 90, el 2000 y 2001, dejó la vida que tenía para irse a vivir a los barrios populares y luchar junto a los sectores más golpeados de nuestra sociedad por cambiar el mundo. Pero, además lo hacía con una conciencia y un legado de continuidad. El propio Darío lo dice en un discurso que da un 24 de marzo, que nosotros somos la continuidad de los militantes desaparecidos. Entonces, la militancia de nosotros y nosotras, los jóvenes de fines del 90 y el 2000 la empezamos a tomar como la continuidad de nuestros viejos, tíos, del vecino que había sido militante. En ese mismo barrio La Fe donde estaba Darío, que queda a 15 cuadras de cuartel de Monte Chingolo, es el mismo que intentó tomar el ERP y donde hay un barrio en que había mucha participación de las organizaciones político-militares en la década del 70. Allí, estaba el ERP y cerquita había compañeros Montoneros que hicieron desaparecer los militares. Entonces, la militancia a fines de los 90s y principios del 2000 la entendíamos como la de «estar en el lugar en donde teníamos que estar», porque era el sector que peor la estaba pasando, pero también como una continuidad de un legado histórico de militancia de nuestro país.                   
– ¿Qué crees que ha cambiado en esos barrios, desde aquella época a la actual. Me refiero, en cuanto a las carencias y dificultades que tiene la gente para sobrevivir? ¿Cómo está la organización popular hoy dando respuestas a esta difícil coyuntura? 

– Si se ven los videos de Darío cuando está en la toma en el barrio La Fe, lamentablemente, tenemos que decir que tanto no ha cambiado o lo que cambió fue en cuanto a la voluntad de los propios vecinos para darse su propia organización popular. Cada vecino y vecina que en ese momento tenía una casa de chapa, hoy tiene una casa. Ahora en las condiciones del barrio, no tiene cloacas, el tendido de luz es muy precario, no hay agua potable. Entonces, las condiciones materiales en las que se viven en estos 20 años no han cambiado mucho. Sí ha cambiado en lo organizativo, nosotros hemos crecido como organización en cuanto al desarrollo político que se hace. 




-Hablanos de cómo se fue desarrollando el FPDS.
-Nacemos como un movimiento de trabajadores y trabajadoras desocupados que pretendíamos dar respuesta a esa primera necesidad que era la falta de trabajo. Cuando empezamos a estar más presentes en los territorios entendimos que la crisis había golpeado tan fuerte que ya no era la falta de trabajo el problema, sino que era la alimentación, que la gente no tenía para comer. Empezamos a dar respuestas con los comedores populares y a generar nuestra propia fuente de trabajo a través de cooperativas autogestionadas.  En ese mismo barrio hoy tenemos un bachillerato oficial para adultos que no pueden terminar la primaria, tenemos un jardín de primera infancia, de nenes y nenas de 45 días a 3 años que no tenían oferta para anotarse, o todo era del ámbito privado. Hoy, uno de los pocos jardines de carácter público, al que puede ir cualquier hijo o hija de vecina, de primera infancia en todo el municipio de Lanús es el de ese barrio. Entonces, ha cambiado la construcción de las organizaciones en donde ya no pasamos tan sólo a dar respuesta a la cuestión alimentaria, sino que hay un trabajo, un tejido construido, mucho más profundo, en donde ya empezamos a ver como la organización es la que vende el pan barato, la que posibilita la escolaridad de la familia, que el adulto pueda terminar la escuela, además de seguir garantizando la comida y el trabajo.  Por lo cual, la penetración que hemos tenido las organizaciones en los territorios en estos 20 años ha sido tal que hoy es imposible pensar a la Argentina sin los movimientos sociales, es imposible pensar la magnitud de la crisis que tiene hoy nuestro país sin estos movimientos. Para poner un ejemplo, en el barrio La Fe se hizo el Plan Detectar para ver casa por casa vecinos y vecinas que tengan síntomas de coronavirus, Quienes organizamos el desarrollo fuimos nosotros y nosotras, dijimos porque lugar había que entrar y salir, qué vecino o vecina tenía síntomas o había estado en contacto. Eso es lo que ha cambiado en el barrio, las organizaciones somos las que hoy ordenamos la vida del territorio, y no las organizaciones como algo externo, que viene de afuera, sino como el espacio de organización de los vecinos.                      
– ¿Qué pasa con la relación con el Estado en todos los aspectos, alimentario, represivo? ¿cómo se hace o no presente el Estado en este barrio o en cualquiera de los otros que ustedes militan? 

-Ahora hay contenciones. Creo que el Estado siempre está y la decisión que no esté es también estar, creo que no existe eso de «no está el Estado», en todo caso hay una decisión de que no esté, de que ahí no aparezca y esa es la forma de «estar presente».  La primera intervención, lamentablemente, que hay desde el Estado capitalista en los barrios populares siempre es con la Policía, siempre es el aspecto represivo, porque la Policía tiene una lógica de control territorial, porque organiza al transa que vende la droga, porque les cobra a los pibes que salen a afanar. Después, más en términos reivindicativos, si bien somos conscientes de que hubo un cambio de gobierno en nuestro país y, por suerte le dimos una patada en el culo a Macri y no es más presidente, la realidad es que hoy estamos con muchos tironeos con el Gobierno Nacional, que es una parte de la representación del Estado. El Gobierno no viene dando respuesta a las demandas que planteamos las organizaciones sociales a nivel alimentario, de generación de empleo, nos justaría poder decir que el Gobierno nos está escuchando y que hay una política activa para cambiar la realidad que viven los barrios populares, pero la realidad no es esa. Hace 20 años que lo único que pasa en ese barrio es a través de la organización de los propios vecinos que no cuentan con el Estado. Entonces, lamentablemente, estamos ante un modelo de Estado que la primera intervención es lo represivo, lo segundo es no estar, y recién aparece cuando está todo bastante prendido fuego.       
– ¿Qué sentís a 18 años de la masacre de Puente Pueyrredón que, por ejemplo, un personaje como Felipe Solá siga flotando, a pesar de todo lo que se ha dicho de él y todas las denuncias que la familia de Darío Santillán ha hecho sobre su participación en los hechos de 2002?

– Me da bronca. Esto no es una pelea que la damos nosotros de caprichosos, de que buscamos venganza, ni tampoco es una familia despechada peleando por justicia por su hijo que lo han matado. Acá nosotros entendemos que el que no haya justicia, no haya investigación en las responsabilidades políticas sobre quien dio la orden que en esa movilización popular se dispare con plomo, por lo cual Darío y Maxi están muertos y hubo 30 heridos de bala de plomo que podrían haber corrido las mismas circunstancias, todo eso se dio porque hubo una decisión del Poder Ejecutivo nacional, amparado también por el Poder Ejecutivo provincial, de que se desarrolle ese día una balacera. Que no se avance en las investigaciones políticas lo entendemos como una deuda de la democracia en nuestro país. Con el asesinato de los compañeros logramos algo importante que es que hasta que pasó era impensado que se meta presos a quienes dispararon, a los responsables materiales. A partir de ahi se generó un techo, como decir «más de eso no», hasta ahí es lo que aguanta el sistema político argentino. Ahora, cuando hay que pasar a investigar a los responsables políticos, a quién dio la orden de disparar a esos tipos, porque no nos creemos el cuento de que eran dos loquitos sueltos. Nunca en este país la Policía actúa si no tiene una orden del Poder Ejecutivo, nunca en este país se arma un operativo de todas las Fuerzas represivas del Estado, Gendarmería, Prefectura, Policía Federal y Policía de la provincia de Buenos Aires, si no hay una orden del Poder Ejecutivo.  Entonces, que eso se lo pretenda seguir construyendo como que fue un loquito suelto y que el Poder Ejecutivo se vio desbordado en dicha circunstancia, demuestra que es la decisión que tiene la clase política argentina, una casta política que hay en nuestro país, de hasta donde poder llegar. Pasa con la situación de Darío y Maxi, pero también con la de Carlos Fuentealba, que no se investiga quien dio la orden para que se desarrolle ese escenario represivo, pasa con los muertos y muertas baleados y baleadas del 19 y 20 de diciembre del 2001, el presidente de ese momento, que era el presidente a cargo, que dio la orden de que se dispare con plomo ese día, siempre estuvo libre. También, pasa con todas las decisiones represivas, con Rafa Nahuel, con Santiago Maldonado. ¿Quién le dio la orden a Gendarmería para que desarrolle ese escenario represivo en el medio de la cordillera contra el pueblo mapuche? Esas son decisiones políticas. Nosotros entendemos que a 18 años del asesinato de nuestros compañeros, hay una familia que pide justicia, los compañeros de Darío y Maxi piden justicia, y no es sólo eso el deseo de la familia, de la militancia, no es una cuestión de revancha, no es tan sólo decir que como mataron a nuestros compañeros tienen que estar todos presos. Entendemos que hay una cuestión de deuda de la democracia en nuestro país. No puede ser que a 43 años del Golpe de Estado, donde han desaparecido a 30.000 militantes populares y donde muchos creímos que después de eso no se podía repetir lo mismo. O como ayer lo decía Vicente Zito Lema: «volví al país después de la Dictadura creyendo que nunca más iba a tener que enterrar a un compañero y tuvimos que enterrar a varios más». No puede ser que después del Golpe genocida en nuestro país el sistema político genere una alianza, al mejor estilo de una casta, de decir hasta dónde se investiga y no dejar que se los investigue, que son los que dan las órdenes.
Transcripción: Guillermina R. Iturralde



Movilización por asesinato de Walter Nadal por policía tucumana /La hermana denunció «hostigamiento constante»
Resumen Latinoamericano, 29 junio 2020
El hombre de 43 fue asesinado por asfixia la semana pasada y su familia pide que los responsables, por lo menos, sean separados de la fuerza hasta que se esclarezca el caso. 


(Foto: Captura TV)

La hermana del hombre que murió asesinado por asfixia durante un operativo policial en la ciudad de San Miguel de Tucumán luego de ser acusado por un presunto robo, aseguró hoy que su hermano era «hostigado» por la Policía y pidió que aparten de la fuerza a los seis agentes involucrados.
«Queremos que todo esto se esclarezca, más allá de que él haya robado o no, no justificamos la manera. Si alguien está cometiendo un hecho ilícito hay que detenerlo, ponerle las esposas y llevarlo preso, pero la forma en que lo trataron no tiene ninguna justificación», dijo este mediodía Norma Nadal, la hermana de Walter Ceferino Nadal (43), en diálogo con el canal de noticias TN.
En ese sentido, la mujer agregó que ella y su familia están denunciando «el accionar policial, basado en el video que se viralizó donde se ve claramente cómo la Policía lo oprime, le pega, y una mujer policía lo patea a la altura de la cintura».
Además, contó que su hermano había estado preso pero que estaba en libertad hacía cuatro años, por lo cual explicó que «todo lo que hizo (su hermano) en su pasado ya lo había cumplido».
Luego, apuntó contra el ministro de Seguridad tucumano, Claudio Maley, a quien acusó de «salir a los medios a relucir su prontuario, atacar a la víctima y justificar a los victimarios».
Nadal también aseguró que la víctima padecía un «hostigamiento constante» por parte de la Policía provincial, que «no podía caminar libre porque lo veían, lo levantaban y le quitaban las cosas que tenía», y que existen «pruebas de todo eso».
Al respecto, comentó que el pasado 17 de febrero la esposa de su hermano «denunció que lo llevaron detenido por nada, había salido, lo detuvieron y lo llevaron a la seccional primera, donde le pegaron una golpiza y perdió varios dientes».
Por otro lado, tras conocerse que la fiscal Adriana Giannoni no ordenó detener a los seis policías identificados como involucrados en el hecho, la mujer pidió «que al menos los aparten de la fuerza hasta que esto se esclarezca».
«Yo voy a ser querellante de la causa y mañana vamos a ver qué dice el abogado, lo que queremos es que la verdad salga a la luz y remarcar que hubo abuso en el accionar policial», concluyó.
El hecho ocurrió el miércoles pasado alrededor de las 12 en la esquina de Crisóstomo Álvarez y Congreso, en pleno centro de Tucumán, cuando un hombre comenzó a gritar porque aparentemente había sido víctima de un robo, por el cual acusaba a Nadal.
Según los investigadores, en la persecución participaron la agente Jéssica Gomez, el oficial Cristian Fernando Gómez y las agentes Diana Suárez y Claudia Vizcarra, quienes se hallaban realizando tareas de prevención en bicicleta.
Finalmente, Nadal fue alcanzado sobre la calle Las Heras por otros dos miembros de la fuerza, Josué Molina y Melanie Mariel Caliva, que ya lo tenían reducido en el piso.
El episodio fue filmado por teléfonos celulares donde se observa que el hombre pedía ayuda porque no podía respirar y era maltratado por los efectivos.
Si bien la policía informó que el hombre falleció como consecuencia de un infarto, la autopsia reveló que la causa de la muerte fue la asfixia.

Organizaciones sociales y de la izquierda se movilizaron para exigir justicia por Ceferino Nadal

Distintas organizaciones políticas y sociales se movilizaron esta mañana a Casa de Gobierno para repudiar el brutal asesinato de Walter Nadal a manos de la policía y para exigir la renuncia del ministro de Seguridad, Claudio Maley.
Lunes 29 de junio
En esta primera jornada de protesta en reclamo de justicia por Walter Nadal, asesinado por la policía con la misma técnica de asfixia que terminó con la vida de George Floyd en Estados Unidos, distintas organizaciones sociales y de la izquierda se movilizaron hasta la Casa de Gobierno para denunciar la escala represiva del gobierno y el amparo político a la brutalidad policial.
A poco más de un mes de la desaparición y asesinato de Luis Espinoza, la policía de Manzur sigue acumulando crímenes y denuncias que quedan en la más absoluta impunidad. Peor aun, el ministro de Seguridad, Claudio Maley, salió a defender el accionar de la policía en el caso Nadal como «correcta y oportuna». Mientras tanto, los policías siguen libres y en funciones.
Recordemos que este personaje nefasto estaba al frente de la cartera de Seguridad y justificó el accionar policial cuando asesinaron de un tiro en la nuca a Facundo Ferreyra, un niño de once años.
«El crimen de Walter Nadal rememora al de George Floyd, que desató movilizaciones masivas contra el racismo y la brutalidad policial en Estados Unidos y en varias ciudades del mundo. En Tucumán la policía cuenta con el amparo del gobierno de Manzur, que hasta ahora no ha pronunciado una palabra al respecto. Exigimos juicio y castigo a los responsables políticos y materiales del asesinato de Walter Nadal y la inmediata renuncia de Claudio Maley. Pero sobre todo llamamos a la más amplia movilización social contra esta escalada represiva del gobierno», sostuvo Alejandra Arreguez, referente del PTS en el Frente de Izquierda Unidad.
Con la excusa de la pandemia y el aislamiento social, se viene dando cada vez más poder a la policía. Recordemos que la Legislatura viene de votar una ley «antimoto» que permitirá a la policía secuestrar el vehículo de los trabajadores. Al mismo tiempo el gobierno provincial solicitó al ministro de Defensa de la Nación, Agustín Rossi, que asiente en la provincia una división del Ejército. Mientras el desempleo y la miseria avanzan a pasos acelerados sobre la población, el gobierno responde pertrechando a las fuerzas represivas del Estado.



Un último adios a Carlos Bosch, compañero de redacción de Gelman, Walsh y Urondo
Por Angel Berlanga, Radar / Resumen Latinoamericano, 29 junio 2020
Fue jefe de redacción del legendario diario Noticias, llegando a compartir redacciones clandestinas con Juan Gelman, Rodolfo Walsh y Paco Urondo. En 1975 se fue a vivir a España, donde durante tres años se infiltró entre los franquistas de Madrid para hacer un fotorreportaje. Cubrió la invasión soviética a Afganistán, lo atropelló un auto mientras intentaba fotografiar a Miguel Bosé, retrató a Salvador Dalí postrado y realizó uno de los últimos grandes retratos de Julio Cortázar. En 2007 había vuelto a la Argentina y fundó el Taller Continuo de Imágen, dedicado a la fotografía periodística documental. En 2016, con una fotografía de la consagratoria serie de autorretratos «Los miedos», obtuvo el Gran Premio del Salón Nacional de Artes Visuales. Radar despide a Carlos Bosch, quien murió el pasado lunes en Buenos Aires a los 75 años.    Por Angel Berlanga

Carlos Bosch en la redacción del Diario Noticias, 1973

Carlos Bosch en la redacción del Diario Noticias, 1973 
“Y luego tengo esta, de Cortázar; es de las últimas, en Barcelona, en el ’84, cuando volvía de la Argentina. El poeta Alberto Szpunberg me dijo ‘che, está Julio’: la tristeza que tenía, el tipo estaba hecho mierda. Sabía que tenía leucemia, la mujer se había muerto no hace mucho. Y además, lo que no entendía era cómo estos hijos de puta lo habían boicoteado, no lo recibió Alfonsín, no le dieron ni cinco de pelota. A Cortázar lo había conocido en Chile, en el ’70, cuando asumió Allende; tuvimos una discusión, porque me dice: ‘Yo no publico en hebdomadarios argentinos’. Me fui y dije: ‘¿Qué carajo significará eso?’ Así que volví y lo encaré: ‘Perdoname, te tengo que hacer una pregunta: ¿qué quiere decir hebdomadarios?’ El tipo se cagó de risa: ‘Semanarios, boludos’. Ese día no me dio bola. Yo ya tenía a Nicolás Guillén, a los vietnamitas, al Chicho en su despacho: nos habíamos colado con Mempo Giardinelli, ahí, laburábamos para las revistas de la Editorial Abril. Bueno, pero me faltaba Cortázar. Una tarde daba una conferencia en el Pen Club que había en Santiago: me fui dos horas antes y me escondí debajo de la mesa del orador, que tenía un mantel hasta el suelo. Yo tenía una seis por seis, que me permitía mirar, viste, y sacar el lente. Cuando él me vio, ¡te imaginás! Pero no dijo nada, se quedó, y le hice una foto muy linda, justo con toda una araña enorme alrededor, como si fuera un santo. Bueno, me tuve que quedar ahí hasta que se terminó. Cada tanto me miraba, como diciendo: ‘No lo puedo creer’”.

De la serie de autoretratos Los miedos: Placard

Además de ser un fotógrafo fuera de serie, Carlos Bosch contaba unas historias fabulosas acerca de cómo había conseguido hacer sus fotos, o qué acontecimientos se ponían en marcha tras su publicación. El relato sobre esa imagen icónica de Cortázar (la voluta del humo del cigarrillo como un alma en la boca) es de 2011, cuando Bosch volvía a “ponerse de manifiesto” en el país, luego de treinta y dos años en Europa: ese año ganó el primer premio en el Salón Nacional de Artes Visuales por “La bala policial”, el retrato de un piquetero de La Matanza, y accedió a montar una retrospectiva en la galería del Teatro San Martín con sus trabajos asombrosos de los años ’70 y ’80 en diarios y revistas argentinas y españolas. “Tengo 66 años y estoy empezando de nuevo”, decía por entonces en su casa de San Cristóbal, cuando recién había arrancado con su “Taller continuo de la imagen” e intensificaba el trasvase de su mirada y su experiencia a fotógrafos de diversas generaciones. En medio del tembladeral de estos meses de pandemia, el lunes temprano la mañana se cargó de tristeza con la noticia de su muerte. Aunque la salud se le venía enemistando en los últimos tiempos, Bosch seguía con sus proyectos y planeaba ir en septiembre a Barcelona, donde se montará una muestra con sus fotos de la Transición española. “Gran fotógrafo, gran reportero gráfico, gran compañero de notas compartidas en la vieja Editorial Abril –escribió Norma Osnajanski-. Siento una gran pena”. “En un medio, el de los fotógrafos y el periodismo en general, de algunos egoísmos, de ciertos egos inflados, sus amigos, sus colegas, los que pasaron por sus talleres, no callaron su dolor, pero tampoco callaron su generosidad, su simpleza, su valentía para retratar los lados oscuros de estos tiempos”, escribió Eduardo Longoni. “A través de Carlos descubrí mi amor por la fotografía analógica de formato medio –escribió Sarah Pabst-. Me prestó su Hasselblad sin pestañear, me ayudó siempre, me alentó. Su pasión y empuje me dieron impulsos importantes y estoy profundamente agradecida por estos aprendizajes”. “Estoy hecho pomada, era mi hermano -dijo Mempo Giardinelli-. Lo lloro y lo río por todo lo que vivimos juntos, como él quería y me pidió”.

La imagen puede contener: 11 personas, personas sonriendo, personas sentadas
Con los piqueteros (La Matanza 2002, del FB de Paloma García)
CHICO CAMPESINO, SANTIAGO DEL ESTERO 1970

EL FOTÓGRAFO NO OFICIALISTA
“Siempre me sentí miembro de una generación en transición, la primera generación nuclear, con prisa para hacer las cosas, con una especie de necesidad de agotar cada instante del día y de la noche, una vida como una gran montaña rusa en la que se alternan períodos de gran actividad física y creativa con otros de muy bajo nivel de producción. Mi vida, como mi fotografía, está formada con altibajos”. Bosch escribió eso en la presentación del volumen que publicó en 2015 Argra, en la colección Pequeño Formato: es el único libro de fotos suyas editado en el país y contiene una infinitésima parte de su producción, que es enorme. Nació el 10 de marzo del 45 en Buenos Aires: familia patricia, de derecha, antiperonista. Estudió en Córdoba Sociología, Antropología, Técnicas Audiovisuales. A los 22, mientras iba al taller de pintura de Demetrio Urruchúa, le mostró la foto de un lustrabotas de once años, en un rincón de Retiro, con la idea de que sirviera como apunte para un mural testimonial contra el desalojo de un asentamiento. “Maestro, si yo pinto esto en una pared, con mucha suerte van a decir ‘¡Qué lindo mural!’; en cambio, si muestro esta fotografía, van a decir: ‘¡Pobre pibe!’” Urruchúa lo echó, y así empezó su vida de fotógrafo.
En 1969 entró a Abril. “Yo era de derecha mientras estaba en la universidad, y empiezo a tomar conciencia en la medida en que vivo la realidad, que es la vida del reportero gráfico, que es decir ‘hoy hacés esta cosa y mañana otra’, la cobertura de un accidente, de esto o lo otro –contaba Bosch en el precioso documental Sombras de luz, estrenado hace dos años, y que podrá verse desde mañana online, desde las redes de La Olla Producciones-. Uno va viendo el mundo real, y no el mundo que le vendieron los medios, o la universidad, o los filósofos. Y además lo conozco a Osvaldo Soriano, que era de izquierda, y a Mempo, y bueno, no es que me convencen del todo, pero empiezo a ver las cosas de otra manera”. Con Soriano y Giardinelli coincidió en Semana Gráfica, Panorama, Siete Días, y compartieron viajes y coberturas de todo tipo, desde la represión a la pobreza extrema, sucesos y personajes de la política, el deporte, la cultural, el espectáculo. Para el ’73 el cura Carlos Mugica lo encaró, le dijo «vos tenés que estar en este proyecto», y lo acercó al grupo que armaría el diario Noticias, donde compartió redacción con Walsh, Urondo, Gelman, Verbitsky, Bonasso. Bosch quedó al frente del equipo de fotografía y junto Oscar Smoje, el diseñador, produjeron un salto en la historia de la prensa gráfica argentina.
Con la escalada de violencia al galope dejó Noticias un par de meses antes de su cierre y se camufló como fotógrafo de moda en Claudia, otra de las revistas del grupo Abril: se hizo famoso y cultivaba un perfil snob, Pinky lo entrevistaba en la televisión, y a la vez aprovechaba para retratar e identificar en algunos actos a los represores de la Triple A, que hacia fines del ’75 asesinaba a mansalva. Por entonces percibió movimientos sospechosos ante su departamento y su padre lo convocó por algo urgente y grave a Mar del Plata. “Siempre tuve muy mala relación con mi viejo, un facho –contaba Bosch-. Cuando llegué al restaurante en el que nos citamos tenía sentado al lado a Osiris Villegas, un ex comandante del Ejército, un facho peor que Onganía, que me dijo: ‘En homenaje a la amistad que me une con su padre, que es un caballero, no como usted, más vale que se vaya del país, y rápido’”.
Volvió de inmediato a Buenos Aires y encaró la salida: aunque le ofrecieron trabajo seguro en Venezuela, en España acababa de morir Franco tras cuatro décadas de dictadura e intuyó una apertura atractiva para el oficio. Recaló en Madrid y la ciudad le pareció rancia, gris. Decidió ir a Roma, previa parada de tren en Barcelona. “Mientras hacía tiempo para tomar otro tren, me senté en un muelle. ¡Un día de sol precioso! –contaba Bosch-. Había humedad como en Buenos Aires, y el olor de los bacaladeros, que por entonces todavía estaban. Compré un mapa y vi que el muelle en el que estaba ¡se llamaba Bosch y Alsina! Dejé en consigna dos valijas y me fui a caminar. Empiezo a subir la rambla y cuando llego al Mercado de la Boquería veo un montón de gente que venía gritando, ooooh-oh, ooooh-oh, con las banderas rojas y amarillas, a rayas; yo no conocía la bandera catalana, así que pensé que era algo del fútbol. Y de repente escucho: ‘¡Amnistía, libertad! ¡Amnistía, libertad!’. ¡Uh! Puse el veinte y largué las fotos. Apenas saqué la cámara me vinieron a prevenir: ‘Guarda eso, que están los sociales’, por la policía vestida de civil. Seguí sacando. Luego vi que de un furgoncito bajaban unos gordos, que al lado de la infantería… Y entonces me largué encima de la marcha y le dije a la gente: ‘¡Tápense la cara con la bandera!’ Un reflejo de lo que hacíamos acá. Salió una foto maravillosa: la bandera catalana y ojos. Con esa foto me fui a un diario, les gustó y me la compraron”.

La imagen puede contener: 2 personas, incluido Paloma Garcia Alessandria, barba y gafas
Con su gran amiga, la fotógrafa Paloma García

Con la experiencia que llevaba desde Buenos Aires en Barcelona empezaron a abrírsele puertas, una tras otra. Tenía por entonces creatividad, arrojo, velocidad, intuición, desparpajo y mirada excepcionales: enseguida talló en el diseño de portada de El Correo Catalán, y fue co-fundador de El Periódico de Barcelona, y editor en Cambio/16 y en Interviú. “En ningún lugar estuve más de un año y medio”, contaba, pero dejó una huella indeleble: sus compañeros de entonces lo recordaron en estos días, cuando supieron de su muerte. “Cambió la concepción oficialista de la fotografía de prensa vigente en esos años y nos enseñó cómo había que construir unas secciones de fotografía modernas basadas en la vitalidad, en la experimentación, en romper moldes estilísticos, en abordar nuevos temas y hacerlo asumiendo riesgos profesionales y personales”, escribió el fotógrafo Pepe Baeza. Otro de los compañeros de esa época, Pepe Encinas, lo recordó en El Periódico: “Por un lado estaban las fotos extraordinarias que conseguía, pero era incluso mejor cuando contaba cómo las había obtenido. Le decíamos en broma que no hacía falta que nos enseñara la foto, que nos bastaba con que nos contara qué había hecho para lograrla”. En esa segunda mitad de los ’70 hizo series increíbles, como la de la primera marcha del orgullo gay en Barcelona, o la de los campesinos de la España profunda del posfranquismo, o las de los fascistas que seguían reivindicando a Franco con toda la furia, entre los que se infiltró durante años.
Sus fotos y reportajes aparecían en Stern, The Observer, El país, Tiempo. Cubrió guerras en El Líbano, Nicaragua, Afganistán. Una etapa en los bordes. Un episodio en Beirut lo llevó a un límite: no estaba conforme con lo que había conseguido y un pibito se le ofreció para cruzar, por veinte dólares, una zona acechada por francotiradores. “Fenómeno, le dije, ni me lo planteé. El pibe iba con el Kalashnikov en la mano y le empiezan a tirar, pim, pim, pim. Y entonces me dije: ‘Lo voy a hacer matar’. Y tengo la foto con el tiro que pega justo debajo del pie. En ese momento sentí que me había vuelto loco. ‘Me fui a la mierda’, pensé. Cuando el chico estaba volviendo hacia mí, sentí un golpe en la cabeza: me la abrieron con el mango de un fusil. Me doy vuelta y era el hermano: ‘¡Hijo de puta, lo podrían haber matado, sos un cabrón!’, me dijo. ‘Sí, tenés razón.’ Ni me quejé. Menos mal que me rompió la cabeza. Volví a España y dije: ‘Nunca más esto’. No soy apto para estas cosas”.

Un joven con abanico. Barcelona 1976

LLEGAR MÁS LEJOS
Entre el ’89 y el ’99 se recluyó en una granja de Luxemburgo: al margen, sin fotos. Luego, hasta 2007, alternó con temporadas con Madrid y Barcelona. Y entonces volvió a Buenos Aires, en principio para cuidar a su madre enferma. Hizo una serie de fotografías de piqueteros en La Matanza, que se publicó en una revista francesa con poemas de Juan Gelman. Con el paso del tiempo su trabajo era aquí prácticamente desconocido, pero en los últimos años volvió a ponerse en circulación, como le gustaba decir. De a poco fue haciendo la serie de autorretratos de “Los Miedos”, una vuelta de tuerca rotunda en su fotografía: cuidadísimas producciones en blanco y negro que representan la cárcel, la miseria, el tiempo, el acv, la muerte. Con el número dos de la serie consiguió en 2016 el Gran Premio del Salón Nacional de Artes Visuales: su alegría al recibir la noticia, conmovedora, está registrada en Sombras de luz. “Me gustaría mostrarle a la gente joven qué le pasa a un viejo –dice allí, sobre el final-. Porque una de las cosas que me faltó en mi vida es que los mayores… Eran un ejemplo, un ejemplo, pero no enseñaban nada. Nunca me dijeron ‘mirá, cuando llegues a la vejez te va a pasar tal cosa’. Nunca estuve preparado para llegar a la vejez. Y resulta que llegué a la vejez y me pegué una hostia enorme. Porque me encuentro con que yo sigo con la cabeza bien, y pienso, y tengo ganas de laburar, pero el cuerpo no me acompaña”.
Venía con achaques varios de salud: tuvo accidentes graves durante su vida profesional, como cuando un auto lo pisó en Roma mientras fotografiaba a Miguel Bosé. A fines de febrero lo operaron de urgencia, por una infección intestinal. Estuvo casi un mes internado, pero en los bordes de la pandemia consiguió volver a su casa, al cuidado de enfermeros y de sus amigos. La periodista y amiga Paloma García, que estuvo muy cerca de Bosch en los últimos años, cuenta que cuando se enteró de la movida de los fotógrafos para vender fotos como para recaudar fondos para barrios populares, él insistió para ser parte y envió “El fantasma”, retrato de un hombre entrando a un bar en Extremadura. El fotógrafo y editor Diego Sandstede también lo visitaba hasta la semana pasada, para darle una mano en lo que fuera: “Se estaba recuperando, unas ganas y una fuerza de voluntad increíbles –cuenta-. Con la idea de ir a la muestra de Barcelona; hacía ejercicio con unas pesitas, se bajaba solo de la cama a una silla de ruedas para moverse por la casa. Súper inquieto. ‘Vos que hacés meditación, recomendame algún libro’, me dijo. Le recomendé uno, pero le aclaré que estaba medio agotado: a los tres días me mandó la foto de la tapa, porque lo había comprado, y dos días después lo había leído”. El domingo pasado, primera noche del invierno, tuvo una crisis respiratoria. Murió en las primeras horas del lunes.

Balas que pican cerca: Beirut 1980

Y la desgracia adicional de estos días, lo anómalo de las despedidas. Tuvo tres hijas y un hijo, Bosch: Agustina y Enriqueta, que nacieron aquí y se exiliaron en España; Eliane, nacida de un segundo matrimonio, en la época de Luxemburgo; Vittorio, que tiene 9 años, con una tercera pareja. Eliane, que es música y vive entre Londres y Cuba, escribió: “Mi papá se fue repentinamente pero en paz, habiendo tenido una vida increíble. Era un fotógrafo, y no exactamente un fotógrafo frío: hizo fotos que cambiaron el curso de la historia, observó y fotografió bombas cayéndole encima en varias guerras, se perdió en el Amazonas durante semanas, fue encarcelado y arrestado, se infiltró en grupos extremistas, y finalmente tuvo un documental sobre él. Vivió una vida tremenda, y cuando contaba sus historias, todos se reunían a su alrededor, con aperitivos y almohadones, y escuchaban durante horas”.
“El lema mío –dice Bosch en el documental- es que sólo los idiotas se quedan conformes por haber llegado. Porque no saben que podían haber llegado más lejos. Es lindo eso, ¿no?”




Gatillo fácil: un joven fue asesinado en Unquillo



Resumen Latinoamericano, 29 de junio de 2020
Rodrigo Minuet iba con un amigo a comprar bebida a un kiosco cuando un vecino le disparó en la cabeza y acabó con su vida. Cuando los familiares de Rodrigo llegaron al hospital, él ya estaba muerto. Tras una crisis de nervios, fueron detenidos y trasladados por la guardia de infantería a la UCA mientras exigían saber qué había pasado con el joven.
No hay detalles. Sólo versiones de cómo pasaron los hechos y afirmaciones de odio transcriptas en comentarios en las redes sociales hacia Rodrigo. Una certeza: un nuevo caso de gatillo fácil se suma a la tremenda lista de asesinatos a jóvenes de los barrios cordobeses.
Rodrigo Minuet tenía 20 años. Un bebé de cuatro meses. Y una vida por delante. Respecto a su asesinato, la versión de La Voz titula: “Un vecino mató a un presunto ladrón que intentó entrar a su casa”. Carlos Paz Vivo ni siquiera pone en duda lo ocurrido referido a las circunstancias de los hechos: “Un vecino de Unquillo mató a un hombre que ingresó a su casa: lo detuvieron”. La versión oficial policial es la de un “supuesto robo fallido”.
Vecinxs y familiares afirman que Rodrigo Minuet iba con un amigo a comprar bebida a un kiosco cuando lo sorprendió un vecino mayor de 65 años a los tiros. Lili Cepeda, una de las vecinas, afirmó a la Revista La Unión Regional: “Esta mañana, a las cinco de la mañana, (a uno de los) dos chicos que iban a comprar al quiosco le tiraron un tiro en la nuca. Uno perdió la vida. Estuvo 40 minutos tirado en la calle hasta que vino la ambulancia”. A Rodrigo lo llevaron al hospital y llegó fallecido, según afirma Lili, quien dio su testimonio. Según ella, inmediatamente, llegaron sus familiares al lugar. Tras una crisis de nervios, el padre, hermano y un amigo de Rodrigo fueron golpeados y trasladados por la guardia de infantería a la UCA.
El asesinato de Rodrigo generó malestar y tensión en el barrio Quebrada Honda de la localidad de Unquillo: aumento de presencia policial mientras lxs vecinxs exigen justicia. El caso está a cargo de la fiscal del Turno 4, Distrito 4, Liliana Copello. 
Fuente: La Tinta
Envio:RL

No hay comentarios: