Once detenidos asesinados por el terrorismo estatal
Con tres actos recordarán la Masacre de Palomitas
Hoy se cumplen 44 años de la matanza. A las 11 habrá un acto simbólico en el mural del Parque San Martín, a las 17 será el acto principal, vía virtual. A las 15 habrá otro acto, convocado por la Red de DDHH.
Por primera vez en muchos años, el acto principal por la Masacre de Palomitas no se realizará en el mismo lugar de la matanza, en el paraje Las Pichanas, de la localidad de Palomitas, al costado de la ruta nacional 34. Acorde a los nuevos tiempos, de restricciones de circulación por la pandemia y de nuevas tecnologías, el acto principal se hará a las 17, de manera virtual.
En ese acto se exhibirá primero un video en el que se recordará a las víctimas, en algunos casos con voces de algunos familiares, luego se dará la palabra a los familiares que deseen hablar, se leerán adhesiones y, al final, un documento consensuado por los integrantes de la Mesa de Derechos Humanos de la provincia. Como suele ocurrir cada año en esta fecha, los organismos de DDHH sentarán posición sobre la situación actual del país y la provincia.
“El acto fue pensado para poder reencontrarnos con todos estos compañeros que hoy están lejos, y también con familiares” que siempre viajaban desde otros lugares para participar del acto principal, pero que este año en las actuales circunstancias no pueden hacerlo, explicó Canela Alvarez, de HIJOS Salta.
Se trata, dijo, de “poder acercarnos un poco con los organizadores históricos y todos los que se vienen sumando a estos actos”. “Es como abrazarnos a la distancia, esta pandemia nos separó mucho”, y hay “compañeros que están muy dolidos porque el acto no se hace, porque siempre había luego un momento de compartir, de estar”, sostuvo.
Este es el link para unirse a la reunión:
https://us04web.zoom.us/j/76409823809?pwd=ZmNBZ3RiTjVyck9UQnRrVEwrbm11UT09
El ID de reunión es: 764 0982 3809, con la contraseña: memoria
La reunión podrá seguirse también por el perfil de Facebook de HIJOS Salta.

Por la mañana, a las 11, las mismas organizaciones que integran la Mesa harán un breve acto simbólico en el mural que recuerda a las víctimas, en el Parque San Martín.
Por otro lado, como ocurre desde ya hace unos años, habrá otro acto presencial por la tarde, organizado por la Red de Defensa de los Derechos Humanos y algunos partidos políticos de izquierda. Será a partir de las 15, y marcharán desde el monolito, también en el Parque San Martín, sobre la avenida Yrigoyen, hasta la plaza "Héroes de Palomitas", ubicada en Yrigoyen y Uriburu.
Por el número de víctimas y por sus características, la Masacre de Palomitas es uno de los puntos destacados del muestrario de horror llevado a la práctica por los militares y civiles que el 24 de marzo de 1976 asaltaron el poder constitucional.
Este hecho sigue investigándose en la Justicia Federal de Salta. Las once personas asesinadas la noche del 6 de julio de 1976 por miembros del Ejército con apoyo de la Policía de Salta, estaban detenidas en la cárcel de Villa Las Rosas, de donde fueron sacadas con la excusa de que iban a ser trasladados a una cárcel de mayor seguridad.
Ya se determinó que en la provincia la orden de ejecución fue dada por el entonces coronel Carlos Alberto Mulhall, que era jefe del Ejército en Salta. El director del penal de Villa Las Rosas, Braulio Pérez, recibió la orden de entregar los presos políticos a una comitiva del Ejército.
El capitán Hugo Espeche llevó la orden escrita, con la lista de quienes iban a ser asesinados. La salida de los detenidos no se registró en los libros del penal, para sacarlos la cárcel fue puesta a oscuras.
Ya en la salida de la ciudad un grupo de policías encabezados por el jefe, el coronel Miguel Raúl Gentil, y el subjefe, el mayor Juan Carlos Grande, se sumó al operativo.
El fusilamiento se ejecutó exactamente en el paraje Las Pichanas, cerca de la estación de peaje Cabeza de Buey, sobre la ruta nacional 34.
Ahí fueron asesinados Celia Raquel Leonard de Ávila, Leonardo Benjamín Ávila, Georgina Droz, Evangelina Botta, María del Carmen “Chicha” Alonso, María Amarú Luque de Usinger, Rodolfo Usinger, Roberto Oglietti, José Víctor Povolo, Roberto Savransky y Pablo Eliseo Outes.
Tras el crimen, el Ejército emitió un comunicado en el que afirmaba que hubo un “enfrentamiento” en el que fueron “muertos Alberto Simón Savranky, Leonardo Benjamín Ávila y Raquel Celia Leonard de Ávila, lográndose fugar José Víctor Povolo, María del Carmen Alonso de Fernández, Pablo Eliseo Outes, Evangelina Botta de Linares o Nicolay, Rodolfo Pedro Usinger, Georgina Graciela Droz, Roberto Luis Oglietti y María Amarú Luque”.
Los autores secuestraron documentación y pruebas reunidas en la Comisaría de General Güemes, en cuya jurisdicción se cometió la matanza. Un inexistente médico Quintín Orué firmó los certificados de defunción.
Los cuerpos fueron dispersados. En Pampa Vieja, Jujuy, se armó otro simulacro de enfrentamiento. Los restos de María Amarú y Rodolfo fueron encontrados en el cementerio de Yala. En el paraje Ticucho, Tucumán, se fraguó otro enfrentamiento y allí dejaron los cuerpos de Pablo Outes, Povolo y Chicha Alonso.
Los restos de esta última y los de Celia Leonard y Leonardo Avila fueron entregados a cajón cerrado y el teniente Ricardo Benjamín Isidro de la Vega prohibió a los familiares toda manifestación de aflicción.
Quiénes eran
Celia Leonard tenía 34 años y era maestra, Benjamín, su marido, tenía 39 años; juntos habían dado a luz a cuatro hijos, la más chiquita, aún bebita, estaba con su madre en la cárcel y quedó en manos de otra detenida, Norma Toro. La hermana de Celia, Nora Leonard, también estaba detenida y pudo ver a muchos militares con armas largas y el momento en que esposaban a Celia y a Evangelina Botta.
Georgina Droz tenía 35 años, era santafesina, había obtenido el título de licenciada en Ciencias de la Educación, enseñaba en la Universidad Nacional de Salta (UNSa), de donde fue dejada cesante en diciembre de 1974, tras la intervención al gobierno de Miguel Ragone y la primera intervención de aquellos años a la Universidad; por lo que se aprecia en las publicaciones de los diarios de la época, los represores le adjudicaban toda clase de males, y una gran influencia sobre el estudiantado.
También era santafesina Evangelina Botta, tenía 30 años y era psicóloga, militaba en el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP).
Chicha Alonso, era salteña, arquitecta, sobrina del ex gobernador Ragone, estaba vinculada al ERP y había integrado el gabinete del intendente de la ciudad de Salta, Gerardo Bavio. Tenía un hijo y una hija, Elia Fernández, que hoy milita en HIJOS.
María Luque, tenía 26 años, era santafesina, recibida de psicóloga. En el penal se había casado con Rodolfo Usinger, ingeniero rosarino de 27, militante de Montoneros.
Roberto Oglietti, de 21 años, estudiaba Ciencias Naturales en la UNSa, se había inscripto en la carrera de Historia y era simpatizante del ERP.
José Povolo se dedicaba al comercio, tenía 29 años.
Roberto Savransky era un médico tucumano, militante de Montoneros y estaba detenido desde febrero de 1975, tenía 32 años y dos hijos.
Con 49 años, el mayor de todos era Pablo Outes. Tenía tres hijos. Había sido legislador provincial. Tras un exilio en Venezuela, se entregó en noviembre de 1975. En un intento por lograr que se le garantizara seguridad, se había presentado acompañado por el entonces juez federal Ricardo Lona, hoy investigado por su complicidad en estos hechos y otros delitos de lesa humanidad.
Homenaje virtual a los asesinados en la masacre de Palomitas
Vidas rosarinas fusiladas en Salta
Evangelina Botta, Rodolfo Usinger y Amarú Luque fueron víctimas de ese falso traslado que terminó en fusilamiento, el 6 de julio de 1976.
Por Sonia Tessa
Emiliano Nicolay, hijo de una de las víctimas de la masacre de Palomitas.
Imagen: Andres Macera
Imagen: Andres Macera
Evangelina Botta estaba detenida en la cárcel de Villa Las Rosas de Salta. Su familia le mandó una encomienda, en 1976, que llegó devuelta porque –fue el argumento que dieron allá– la destinataria había quedado en libertad. "Eso sonó extraño y justo nos llamó la mamá de Rodolfo Usinger, a la que le habían dicho que había muerto en un enfrentamiento. Viajé con mi hermano a Salta y ahí nos dijeron que mi hermana se había escapado. Fue un simulacro muy grande lo que hicieron. Uno lee el expediente judicial, se da cuenta que fue un simulacro. Mi hermana y una chica llamada Georgina Dros figuran como prófugas. Todos dijeron que había sido un enfrentamiento", rememora Enrique Botta, el hermano menor de una de las tres personas de Rosario que fueron fusiladas en la masacre de Palomitas.
Evangelina, Rodolfo y Amarú Luque fueron asesinades en ese falso traslado autorizado por el juez Ricardo Lona. Decían que los llevaban desde Salta a Córdoba, pero a cuarenta kilómetros montaron el simulacro de enfrentamiento y mataron a once presos políticos. En diciembre de 2010, el Juzgado Federal Nº 2 de Salta condenó a prisión perpetua a Carlos Alberto Mulhall, Miguel Raúl Gentil y Hugo César Espeche por este crimen, pero falta juzgar a la mayor parte de los ejecutores. Hoy se cumplen 44 años y habrá un acto virtual organizado por la Mesa de Derechos Humanos Salta .
Los efectos del terrorismo de Estado persisten a través del tiempo. Emiliano Nicolay es el hijo de Evangelina. "La última vez que la vi a mi mamá fue en la cárcel, me llevaron mis abuelos. Tenía cinco años, estuve un año sin verla casi, desde el secuestro de mi padre, en 1975, hasta que me pusieron a salvo a mí y me recuperan mis abuelos, que me llevaron tres o cuatro veces desde Rosario a Salta a verla. Fueron encuentros ásperos. Me quería quedar ahí con ella y le costó mucho convencerme. Tuvo que usar artilugios de psicóloga", cuenta ahora, y recuerda "perfectamente" a sus compañeros de la regional Hijos Salta, que también iban a visitar a sus padres presos, luego asesinados. Emiliano vive en Granadero Baigorria. "Me costó volver a Salta, volví por primera vez en 1999. No me animaba. Ahora, una vez que lo hice, me encontré de nuevo con todos estos compañeros maravillosos que tengo en Salta, con los que comparto militancia", cuenta sobre su pertenencia a la regional Salta de Hijos.
Emiliano levanta la memoria de su madre, militante del Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT). "Los compañeros de Palomitas administran trascendentalmente el poder, no desde el palacio, sino desde el ministerio de bambú, en permanencia y siempre bajo ciencia material de la magna constitución dialéctica del pueblo. Así entonces, Ella, en la luz de la bandera con estrella y utopía, siendo memoria ejerciéndose a sí misma, en cada nuevo amanecer del humanismo, vive. Y en las regiones más profundas de su ancestralidad, desde las raíces de la vida, y entre los primeros rayos de la dignidad, el sexto día de julio, desde Palomitas, en su virtud abanderada, se pone a cantar", escribió Emiliano sobre el aniversario de hoy. Para él, Palomitas fue una continuidad del ensayo de la masacre de Trelew, que durante la última dictadura cívico-militar y eclesiástica se convirtió en una práctica sistemática.
También víctimas de esa masacre, Amarú Luque y Rodolfo Usinger pertenecían a Montoneros. Amarú era también psicóloga. Se casaron en la cárcel, para poder estar juntos. Esa historia de amor, Paula Jozami, la sobrina de Amarú –nacida al año siguiente del asesinato– la supo por la familia de Rodolfito, como todavía le dicen. Los dos estaban presos desde 1975. "Me gusta recordar que ellos apostaban a la vida, a un pueblo feliz, yo creo que por eso es importante recordar y seguir pensando que la apuesta era por un mundo mejor. Más allá de que los pudiera llevar a que los asesinaran, la apuesta siempre era a la vida, y había una conducta ante eso, que tiene que ver con ir a laburar a los barrios, pensar en las capacitaciones, ser solidarios con el otro", cuenta Paula sobre esa tía cuya histo
ria fue reconstruyendo de a retazos. Sabía que su abuela, Ana María Zeno de Luque y su mamá, Berenice, se entristecían demasiado al hablar de Amarú. Entonces, Paula preguntaba por otro lado. Estudió psicología, como Amarú, y a los 19 años escribió. "Ella que no está, ella con su trajecito de color Caqui, ella a la que amo pero no conocí, ella la que luchó junto a mí cuando sólo tenía 0, ella que luchó para cambiar la historia. Tengo 19, quiero cambiar la historia que ella quiso cambiar (esa historia del "no pensar")".
44 años después, el hermano de Evangelina, Enrique Botta, rememora que "fue todo muy terrible, una perversidad. Cómo se van a escapar dos chicas solas, atadas y ante una custodia de 20 militares. Recién en el año 2010, después de tantos años, les dieron cadena perpetua a los tres responsables. Mulhall, que era el principal, murió, y los otros tienen prisión domiciliaria. El juez Lona siguió en la función hasta la presidencia de Néstor Kirchner, que le aceptó la renuncia". Ahora, el exjuez enfrenta un juicio por su responsabilidad en la masacre. Fueron años de mentiras, silencio, espera y dolor. "Es un diálogo de sordos, vos preguntás dónde está el cuerpo, porque los hijos, los nietos, quieren tener un lugar adonde llevar una flor. Y te decían 'espérenla'. Fui a Salta muchos años, pero cuando mis sobrinos fueron más grandes, empezaron a ir ellos. Me hace mal rememorar todo eso y ver la hipocresía y la perversidad de esa gente".
Hoy, a las 17, habrá un acto para decir "presente" por cada una de esas personas asesinadas: Botta, Usinger, Luque, Benjamín Leonardo Ávila, Celia Leonard de Ávila, Georgina Graciela Droz, María del Carmen Alonso de Fernández, Roberto Luis Oglietti, Pablo Eliseo Outes, José Victorio Povolo y Alberto Simón Savransky. El recordatorio que se alza donde ocurrió la masacre es un mojón de aquellas militancias, aquellas convicciones. De esas vidas que hoy siguen presentes en quienes las amaron.
Fuente:Rosario12



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