Resumen Latinoamericano, 12 de julio de 2020
112 días de aislamiento obligatorio y 82 Femicidios: LA CURVA SIGUE EN ALZA
Los últimos 14 días se produjeron 7 Femicidios según este nuevo informe del Observatorio de Femicidios “Adriana Marisel Zambrano”, el octavo desde que se implementó el aislamiento social preventivo y obligatorio. En CABA y el AMBA se volvió a la fase 1 de la cuarentena para protegernos del contagio del COVID y con esta medida aumentó el peligro para quienes se encuentran en situación de violencia.
En el marco de lo que expresa la ley 26. 485, Artículo 9º – Inciso a, el 3 de julio de este año, el gobierno nacional presentó el segundo “Plan Nacional de Acción contra las Violencias por Motivos de Género” (2020/2022) elaborado por el Ministerio de Mujeres, Géneros y Diversidad (el primer “Plan Nacional de Acción para la Prevención, Asistencia y Erradicación de la Violencia contra las Mujeres” (2017/2019) fue presentado en 2017).
Según expresó la ministra Gómez Alcorta “con este plan nos proponemos un conjunto de acciones de prevención que nos permitan actuar a tiempo en situaciones de violencia y, a su vez, en el mediano y largo plazo transformando patrones sociales y culturales”.
Según expresó la ministra Gómez Alcorta “con este plan nos proponemos un conjunto de acciones de prevención que nos permitan actuar a tiempo en situaciones de violencia y, a su vez, en el mediano y largo plazo transformando patrones sociales y culturales”.
Desde La Casa del Encuentro y su Observatorio de Femicidios, esperamos que los cuatro ejes en los que se sostiene el plan: prevención, asistencia, reparación y protección, se cumplan de manera efectiva e inmediata y se le otorgue el presupuesto necesario para su implementación con el objetivo de lograr la erradicación de las violencias y los cambios culturales indispensables que se darán con la continuidad de las políticas públicas.
Mientras tanto este nuevo informe nos muestra que ya son 82 las mujeres asesinadas, siendo Buenos Aires la provincia con más casos. El 71 % fue asesinada en su vivienda, dejando 99 hijas e hijos sin madre. El 65 % de los femicidas eran parejas o exparejas y 1 de cada 7 mujeres contaban con denuncias previas.

Resumen Latinoamericano, 12 julio 2020
Organizaciones sociales piden audiencia con el Presidente y anuncian que el próximo martes 14/7 entregaran una carta en la Quinta de Olivos acompañados de una delegación representativa.
Carta al Presidente de la Nación, Alberto Fernández
Sr. Presidente, usted dijo: “Quiero convocarlos a que si alguna vez sienten que me desvío, salgan a la calle a decirme lo que estoy haciendo. Les prometo que volveré a senda sin dudarlo”. Desde las barriadas populares, desde la Argentina profunda que no se ve, desde la verdadera Argentina que sufre más que nadie desde siempre, le queremos decir que se está desviando, así mismo queremos hacerle llegar nuestros urgentes reclamos en este difícil contexto; para evitar que una vez más seamos arrojados millones de trabajadores y trabajadoras humildes a la exclusión y la miseria.
Las necesarias medidas de aislamiento tienen un efecto secundario que no impacta a toda la población por igual, quienes vivimos en los barrios populares hemos asistido, día tras día, a ver el crecimiento sostenido del hambre, la pobreza y la desocupación, entre otros males que sobrevuelan como la tierra a nuestras calles.
Las organizaciones sociales hemos sido desde hace décadas la respuesta natural y colectiva de nuestro pueblo para salvar de la miseria y la pobreza a millones de seres humanos. A lo largo y ancho del país, en los pueblitos más recónditos y en los barrios más olvidados, allí estamos las organizaciones, haciendo trinchera contra la pobreza, y sembrando un poco de esperanza en medio de la creciente desigualdad, porque, Señor Presidente, como decimos, la riqueza de pocos sigue siendo la pobreza de muchos.
En nuestras barriadas y arrabales, nuestras compañeras ponen en riesgo su vida de manera constante, jugándose lo poco que aún tienen, mientras la ayuda estatal que llega no alcanza a solventar una familia, ni para sostener los comedores comunitarios que asisten a cientos de miles en la actual pandemia. El acceso a un “beneficio” social debe afrontar todo tipo de burocracias, situación que no percibimos que sea el mismo obstáculo para los hábiles empresarios fugadores de dólares, evasores y corruptos para los cuales lamentablemente los diferentes gobiernos a lo largo de las ultimas décadas destinan el grueso de las ayudas estatales ya no sin escarbar en sus abultadas cuentas ni en sus más abultados prontuarios judiciales.
Mientras una nueva estafa se cierne sobre las cuentas a pagar para nuestros hijos e hijas, a caballo de nombres tan reconocidos como impunes tales como Vicentín, Ledesma, Bulghueroni, Rocca, la Sociedad Rural o los fondos buitres, le contamos que desde las organizaciones sociales, decenas de compañeros y compañeras valientemente se han anotado voluntariamente para seguir sosteniendo meriendas y comedores, en la certeza de que esa pequeña ayuda alimentaria pueda ser la diferencia entre la nutrición mínima y la debilidad inmunitaria, entre resistir o sucumbir a la enfermedad y las penosas circunstancias económicas.
De todas formas, Presidente, a la solidaridad hay que ayudarla con otro tipo de políticas, y más aún cuando grandes empresarios siguen tejiendo artimañas como en el caso de Vicentin y se oponen a una “expropiación” que deja más sabor a socialización de la deuda que, como siempre, terminaremos de pagar los que ya hemos sido expropiados hasta de nuestras propias formas de subsistencia.
Alberto, usted reiteradas veces antes de asumir como presidente prometió no sacrificar a los que menos tienen en pos de pagar la deuda externa.
Nosotros y nosotras, sobre quienes mayoritariamente cae el peso de la deuda externa y sus consecuencias socioeconómicas, somos conscientes que cada millón que se va del país es un millón menos en la salita de nuestro barrio o en el hospital público. Y cada impune fugador de divisas y que debe al Estado al cual nunca devolvió un peso, también son impunes judiciables, porque nadie los investiga y mucho menos los juzga.
Hoy nos levantamos y respondemos, y nuestra respuesta es clara: priorizar a quienes peor la están pasando y a los sectores que, estando en riesgo, aún corren el riesgo.
Señor Presidente, todo lo expuesto en esta carta ya fue formulado a su ministro de Desarrollo, Daniel Arroyo, y a cuanto funcionario encontramos en cada una de las áreas gubernamentales, sin más respuesta que una liviana promesa a futuro cuando la crisis nos estalla en las manos ahora.
Efectivamente, con más de 100 días de aislamiento, el problema de la compra y provisión de alimentos aún no se ha resuelto satisfactoriamente. Como usted sabrá los programas de empleo siguen siendo pocos y están desfasados frente a los sobreprecios en materia alimentaria. Hablamos de 8500 pesos, lo que representa la mitad de una canasta alimentaria.
En este período los casos de violencia de género fueron creciendo al mismo ritmo de los padecimientos de la comunidad trans/travesti. Desde iniciado el aislamiento, hubo más de 74 femicidios y transfemicidios. El acceso a políticas públicas para el sector ha corrido la misma suerte que el resto de los reclamos planteado. Ante la falta de políticas públicas, nuestras compañeras y compañeres quedan librades a lo que puedan realizar las redes de acompañamiento y el respaldo que han hecho las organizaciones sociales y sindicales.
La falta de recursos es, en boca de los funcionarios, más un latiguillo que un argumento razonable. En las primeras semanas de la cuarentena se debatió un impuesto por única vez a la riqueza. Tal iniciativa naufragó hasta estos días siendo que incluso tales montos requeridos eran insignificantes comparados con las fortunas amasadas por empresarios que se beneficiaron de la bicicleta financiera macrista y la estafa generalizada. Cuando una vecina en el barrio compra un litro de leche paga el mismo IVA que el 1% de las familias más ricas de este país. Mientras los ricos gozan de impunidad económica, nuestros barrios se hunden en la miseria.
El pronóstico es poco alentador: para fin de año especialistas anuncian que la pobreza podría llegar al 50% de toda la población y para la niñez todo es peor, habrá 756 mil nuevos pobres (7,7 millones en total), es decir el 58,6%. Asimismo, se estima que 4.725.160 trabajadores y trabajadoras fueron afectadas por despidos, suspensiones y ataque al salario. De este total, unos 744.420 perdieron su fuente de empleo desde el comienzo del ASPO.
Por esto mismo, la deuda es con nosotrxs señor presidente, no queremos más abusos policiales ni atropellos hacia nuestra gente. Se requieren medidas de fondo para resolver los pilares fundamentales del futuro de la Argentina.
Esto exige tierra para producir y para poder vivir, plan de obras públicas masivas para recuperar el empleo, el máximo apoyo a nuestro sector y a las empresas recuperadas heróicamente por sus trabajadores mientras los patrones abandonaban el país.
Antes de asumir usted hizo varias promesas e incluso instó a la población a que le haga saber si tomaba un rumbo que perjudique a las mayorías, es por este motivo que le escribimos esta carta para solicitarle tener una audiencia con el fin de poder encontrar una salida a la grave situación que se está viviendo en los barrios populares de nuestro país.
Las necesarias medidas de aislamiento tienen un efecto secundario que no impacta a toda la población por igual, quienes vivimos en los barrios populares hemos asistido, día tras día, a ver el crecimiento sostenido del hambre, la pobreza y la desocupación, entre otros males que sobrevuelan como la tierra a nuestras calles.
Las organizaciones sociales hemos sido desde hace décadas la respuesta natural y colectiva de nuestro pueblo para salvar de la miseria y la pobreza a millones de seres humanos. A lo largo y ancho del país, en los pueblitos más recónditos y en los barrios más olvidados, allí estamos las organizaciones, haciendo trinchera contra la pobreza, y sembrando un poco de esperanza en medio de la creciente desigualdad, porque, Señor Presidente, como decimos, la riqueza de pocos sigue siendo la pobreza de muchos.
En nuestras barriadas y arrabales, nuestras compañeras ponen en riesgo su vida de manera constante, jugándose lo poco que aún tienen, mientras la ayuda estatal que llega no alcanza a solventar una familia, ni para sostener los comedores comunitarios que asisten a cientos de miles en la actual pandemia. El acceso a un “beneficio” social debe afrontar todo tipo de burocracias, situación que no percibimos que sea el mismo obstáculo para los hábiles empresarios fugadores de dólares, evasores y corruptos para los cuales lamentablemente los diferentes gobiernos a lo largo de las ultimas décadas destinan el grueso de las ayudas estatales ya no sin escarbar en sus abultadas cuentas ni en sus más abultados prontuarios judiciales.
Mientras una nueva estafa se cierne sobre las cuentas a pagar para nuestros hijos e hijas, a caballo de nombres tan reconocidos como impunes tales como Vicentín, Ledesma, Bulghueroni, Rocca, la Sociedad Rural o los fondos buitres, le contamos que desde las organizaciones sociales, decenas de compañeros y compañeras valientemente se han anotado voluntariamente para seguir sosteniendo meriendas y comedores, en la certeza de que esa pequeña ayuda alimentaria pueda ser la diferencia entre la nutrición mínima y la debilidad inmunitaria, entre resistir o sucumbir a la enfermedad y las penosas circunstancias económicas.
De todas formas, Presidente, a la solidaridad hay que ayudarla con otro tipo de políticas, y más aún cuando grandes empresarios siguen tejiendo artimañas como en el caso de Vicentin y se oponen a una “expropiación” que deja más sabor a socialización de la deuda que, como siempre, terminaremos de pagar los que ya hemos sido expropiados hasta de nuestras propias formas de subsistencia.
Alberto, usted reiteradas veces antes de asumir como presidente prometió no sacrificar a los que menos tienen en pos de pagar la deuda externa.
Nosotros y nosotras, sobre quienes mayoritariamente cae el peso de la deuda externa y sus consecuencias socioeconómicas, somos conscientes que cada millón que se va del país es un millón menos en la salita de nuestro barrio o en el hospital público. Y cada impune fugador de divisas y que debe al Estado al cual nunca devolvió un peso, también son impunes judiciables, porque nadie los investiga y mucho menos los juzga.
Hoy nos levantamos y respondemos, y nuestra respuesta es clara: priorizar a quienes peor la están pasando y a los sectores que, estando en riesgo, aún corren el riesgo.
Señor Presidente, todo lo expuesto en esta carta ya fue formulado a su ministro de Desarrollo, Daniel Arroyo, y a cuanto funcionario encontramos en cada una de las áreas gubernamentales, sin más respuesta que una liviana promesa a futuro cuando la crisis nos estalla en las manos ahora.
Efectivamente, con más de 100 días de aislamiento, el problema de la compra y provisión de alimentos aún no se ha resuelto satisfactoriamente. Como usted sabrá los programas de empleo siguen siendo pocos y están desfasados frente a los sobreprecios en materia alimentaria. Hablamos de 8500 pesos, lo que representa la mitad de una canasta alimentaria.
En este período los casos de violencia de género fueron creciendo al mismo ritmo de los padecimientos de la comunidad trans/travesti. Desde iniciado el aislamiento, hubo más de 74 femicidios y transfemicidios. El acceso a políticas públicas para el sector ha corrido la misma suerte que el resto de los reclamos planteado. Ante la falta de políticas públicas, nuestras compañeras y compañeres quedan librades a lo que puedan realizar las redes de acompañamiento y el respaldo que han hecho las organizaciones sociales y sindicales.
La falta de recursos es, en boca de los funcionarios, más un latiguillo que un argumento razonable. En las primeras semanas de la cuarentena se debatió un impuesto por única vez a la riqueza. Tal iniciativa naufragó hasta estos días siendo que incluso tales montos requeridos eran insignificantes comparados con las fortunas amasadas por empresarios que se beneficiaron de la bicicleta financiera macrista y la estafa generalizada. Cuando una vecina en el barrio compra un litro de leche paga el mismo IVA que el 1% de las familias más ricas de este país. Mientras los ricos gozan de impunidad económica, nuestros barrios se hunden en la miseria.
El pronóstico es poco alentador: para fin de año especialistas anuncian que la pobreza podría llegar al 50% de toda la población y para la niñez todo es peor, habrá 756 mil nuevos pobres (7,7 millones en total), es decir el 58,6%. Asimismo, se estima que 4.725.160 trabajadores y trabajadoras fueron afectadas por despidos, suspensiones y ataque al salario. De este total, unos 744.420 perdieron su fuente de empleo desde el comienzo del ASPO.
Por esto mismo, la deuda es con nosotrxs señor presidente, no queremos más abusos policiales ni atropellos hacia nuestra gente. Se requieren medidas de fondo para resolver los pilares fundamentales del futuro de la Argentina.
Esto exige tierra para producir y para poder vivir, plan de obras públicas masivas para recuperar el empleo, el máximo apoyo a nuestro sector y a las empresas recuperadas heróicamente por sus trabajadores mientras los patrones abandonaban el país.
Antes de asumir usted hizo varias promesas e incluso instó a la población a que le haga saber si tomaba un rumbo que perjudique a las mayorías, es por este motivo que le escribimos esta carta para solicitarle tener una audiencia con el fin de poder encontrar una salida a la grave situación que se está viviendo en los barrios populares de nuestro país.
Saluda atte.
Contactos de prensa:
*Marianela 11 5584-7642 (vocera FOL)
*Esteban 11 5580-0038 (Vocero FPDS)
*Mónica 1166857708 (vocera del FPDS Corriente Nacional)
*Juan Pablo 1151343073 (vocero MTD Aníbal Verón)
*Ezequiel (vocero del MRP) 1163039613
*Marianela 11 5584-7642 (vocera FOL)
*Esteban 11 5580-0038 (Vocero FPDS)
*Mónica 1166857708 (vocera del FPDS Corriente Nacional)
*Juan Pablo 1151343073 (vocero MTD Aníbal Verón)
*Ezequiel (vocero del MRP) 1163039613
María (vocera de ILS) 1131641299
*Lucero (vocera del FAR y COPA en Marabunta) 1167326137
*Soledad (vocera del MULCS) 1163713439
*Mariela (vocera de Movimiento 8 de abril) 1121634191
*Juan (vocero Igualdad Social) 2215700650
*Analía 01138584907 (vocera FOB La libertaria)
*Leandro 1150412077 (Vocero – FOB Autónoma)
*Alejandro 1123378176
(Vocero – OLP Resistir y Luchar)
*Lucero (vocera del FAR y COPA en Marabunta) 1167326137
*Soledad (vocera del MULCS) 1163713439
*Mariela (vocera de Movimiento 8 de abril) 1121634191
*Juan (vocero Igualdad Social) 2215700650
*Analía 01138584907 (vocera FOB La libertaria)
*Leandro 1150412077 (Vocero – FOB Autónoma)
*Alejandro 1123378176
(Vocero – OLP Resistir y Luchar)
Video de la actividad por Palestina en Buenos Aires
Resumen Latinoamericano 11 de julio de 2020
Resumen Latinoamericano, 12 julio 2020
Foto: Moira Millán, weichafe del pueblo mapuche
Un debate sobre la deuda externa, la deuda interna, la situación y la encrucijada de los pueblos indoamericanos, y el tema de 200 años de República frente a los siglos de preexistencia de las Naciones Originarias. La propuesta de Fidel a mediados de los 80 de formar un club de deudores y el no pago de la deuda ilegítima.
Vecinos de Villa Numancia reclaman por cortes de luz y agua y enfrentan patota del Municipio
Resumen Latinoamericano, 11 julio 2020
Vecinos de Villa Numancia, en el partido de Presidente Perón, en el Gran Buenos Aires, salieron a reclamar en la calle, primero marchando hacia el Municipio, y luego cortando la calle directamente en el barrio, por los repetidos cortes de luz. Hace cuatro dias que están sin agua y luz, con niños y ancianos, en pleno invierno.
Cuando este viernes, realizaban un corte en el barrio, apareció una patota del Municipio a intentar disolverlos (ver video) y los vecinos y vecinas les plantaron cara, resistiendo y poniéndolos en su lugar. Mientras un compañero le grita a uno de los «pesados»: «la municipalidad y vos no me dan nada». El corte continuó hasta que finalmente llegaron los operarios de Edesur a restituir la luz.
Esto es solo una fotografía de lo que viene ocurriendo en muchos barrios del Gran Buenos Aires donde las empresas privadas de luz cortan la misma durante días y no hay autoridad municipal que dé respuestas a los reclamos del vecindario.
Solo el pueblo salvará al pueblo, es la consigna para enfrentar estas luchas en tiempos de confinamiento donde quienes dicen «cuidarnos» no lo hacen.
Resumen Latinoamericano, 11 de julio de 2020
Tras la sentencia en el 2018, el Poder Judicial de Tucumán concedió el martes pasado el cese de la prisión preventiva y dejó en libertad condicional al terrateniente Darío Amin y a los ex policías Luis Gómez y José Valdivieso, los tres condenados por el asesinato de Javier Chocobar. Esto sucedió luego de que venciera el plazo previsto para que la Corte Suprema provincial dejara firme la sentencia. La Comunidad Indígena Los Chuschagasta repudió esta sentencia: “la justicia racista no hace más que acentuar las desigualdades y violencia que desde hace más de 500 años venimos sufriendo y resistiendo los pueblos originarios”.
El 12 de octubre de 2009, la Comunidad Indígena Los Chuschagasta -ubicada en Trancas, Tucumán- fue atacada por el empresario Darío Amín, junto con dos ex policías ligados a la última dictadura cívico-militar, Luis Humberto “el niño” Gómez y Eduardo José Valdivieso Sassi. Fuertemente armados, dispararon contra quienes defendían el territorio en forma pacífica. Además de asesinar a Javier Chocobar, hirieron de gravedad a otros comuneros. El hecho se produjo como brutal respuesta a las acciones legales que llevaba adelante la Comunidad para exigir el reconocimiento de sus territorios como propiedad indígena. Allí, desde el 2008, la familia Amín, por concesión del Estado provincial, había comenzado la explotación con fines económicos de una cantera de piedra laja.
Nueve años después, el 28 de agosto de 2018, comenzó el juicio contra los tres acusados. Los jueces Wendy Kássar, Emilio Páez de la Torre y Gustavo Romagnoli sentenciaron el 24 de octubre de dicho año a 22 años de prisión a Amin por ser autor responsable del homicidio agravado por uso de arma de fuego. Asimismo, condenaron a 18 años a Gómez y a 10 años a Valdivieso por considerarlos partícipes secundarios del delito de homicidio de Chocobar y la tentativa de homicidio de Emilio y Andrés Mamaní.
Vencido el plazo previsto para que la Corte Suprema de Tucumán dejara firme la sentencia, el 7 de julio pasado un nuevo fallo -que lleva ahora la firma de Kassar, Páez De La Torre y Maria Fernanda Bähler- permitió que, tras cumplir con la prisión preventiva y no tener sentencia firme, con el pago de $1.000.000 los condenados queden en libertad condicional.
Tras conocerse este fallo, desde la Comunidad Indígena Los Chuschagasta afirmaron que “una vez más la justicia tucumana actúa en contra de los derechos y de la vida de los Pueblos Originarios”, al tiempo que advirtieron: “no vamos a renunciar al pedido de Justicia para nuestra Autoridad Tradicional y nuestro Pueblo. Exigimos a la Corte Suprema de Justicia de Tucumán que de una vez por todas deje de dilatar los plazos y haga firme la sentencia condenatoria a los asesinos”.
Difundimos la Declaración completa, la cual puede firmarse aquí:
Comunidad Indígena Los Chuschagasta perteneciente al Pueblo Nación Diaguita, N° de inscripción en el Re.Na.Ci 03/2002, Personería Jurídica N° 4811. Relevamiento Jurídico Catastral Ley N° 26.160.Res. INAI N° 450/2014 (mediante el cuál se nos reconoce la ocupación actual, tradicional y pública). Valle de Choromoro, Dpto. de Trancas, actual provincia de Tucumán.
Con profundo dolor y angustia, lxs Chuschagasta expresamos nuestro enérgico repudio ante la liberación de los asesinos de nuestra Autoridad Tradicional Javier Chocobar por parte del Poder Judicial de la Provincia de Tucumán. Una vez más la justicia tucumana actúa en contra de los derechos y de la vida de los Pueblos Originarios.
Nueve años tuvimos que esperar para que el Poder Judicial, blanco, occidental y fascista, deje de hacer oídos sordos y escuche nuestro grito de justicia por el asesinato de nuestra autoridad, comunero, padre, tío, hermano, hijo. Luego de un proceso judicial traumático y viciado, y tras un fallo favorable que condenó a los asesinos Darío Amín, Luis Humberto Gómez y Eduardo Valdivieso, creímos que podríamos comenzar a dar un cierre a esta década de miedo y dolor, y seguir adelante reconstruyendo nuestra vida en comunidad, a pesar de que nadie nos va a devolver a Javier. Sin embargo, como de costumbre, el Poder Judicial y las personas que lo integran una vez más actúan en connivencia para hacer prevalecer el poder de los terratenientes por encima de nuestros derechos humanos y ancestrales como pueblos originarios.
A casi dos años de la sentencia, la Corte Suprema tucumana aún no ha dictado sentencia firme, por lo cual los asesinos fueron liberados y lxs Chuschagastas nos vemos sumidos en un profundo pánico, temor e incertidumbre de vida nuevamente. Los responsables de esta aberración de la justicia tienen nombre y apellido, son las juezas María Fernanda Bahler, Wendy Kassar, el juez Emilio Paéz de la Torre y la fiscal Marta Jerez Rivadeneira.
La justicia racista no hace más que acentuar las desigualdades y violencia que desde hace más de 500 años venimos sufriendo y resistiendo los pueblos originarios. Nos preguntamos ¿cuándo los pueblos originarios dejaremos de ser ciudadanos de segunda para el Estado y la Justicia en Argentina? Resulta urgente la democratización de la justicia y la aplicación del Derecho Indígena vigente a nivel nacional e internacional y la creación de una Ley de Propiedad Comunitaria Indígena para el resguardo físico, jurídico y territorial de nuestros pueblos.
Para nosotrxs, no existen los Derechos Indígenas ni los Derechos Humanos mientras los asesinos y genocidas de Javier Chocobar estén libres y siga en peligro la vida de nuestra Comunidad.
No vamos a renunciar al pedido de Justicia para nuestra Autoridad Tradicional y nuestro Pueblo. Exigimos a la Corte Suprema de Justicia de Tucumán que de una vez por todas deje de dilatar los plazos y haga firme la sentencia condenatoria a los asesinos Dario Amín, Luis Humberto Gómez y Eduardo Valdivieso, de 22, 18 y 10 años de prisión respectivamente, en cárcel común.
Exigimos el resguardo urgente de la vida de toda nuestra Comunidad en su conjunto y hacemos responsables a las juezas María Fernanda Bahler, Wendy Kassar, al juez Emilio Paéz de la Torre y la fiscal Marta Jerez Rivadeneira, a la Corte Suprema de Justicia Tucumana y al Poder Judicial, ante cualquier hecho de violencia que puedan sufrir las y los Chuschagasta.
¡JAVIER CHOCOBAR PRESENTE!
¡BASTA DE DESPOJO TERRITORIAL!
¡PROPIEDAD COMUNITARIA YA!
¡MEMORIA,VERDAD,JUSTICIA Y TERRITORIO!
¡BASTA DE DESPOJO TERRITORIAL!
¡PROPIEDAD COMUNITARIA YA!
¡MEMORIA,VERDAD,JUSTICIA Y TERRITORIO!
Voceras/os de la Comunidad Los Chuschagasta:
Audolio Chocobar: (381)15- 599 9189
Delfin Cata: (381)15- 667 5496
Nancy Chocobar: ( 381)15- 518 2405
Ismael Chocobar: (381)15-5765666
Audolio Chocobar: (381)15- 599 9189
Delfin Cata: (381)15- 667 5496
Nancy Chocobar: ( 381)15- 518 2405
Ismael Chocobar: (381)15-5765666
Fuente: Kaos en la red
Sobrevida, desamparo y muerte en la calle
Por Claudia Rafael, Resumen Latinoamericano, 12 de julio de 2020
Entre las bocas de fuego de la imagen hubo una mujer. Un ser humano. Y fue la vida misma apagándose entre las llamas en lo que fue su casa: tenía la escritura provisoria (hasta que los desalojadores compulsivos dijeran lo contrario) de un trozo de vereda con la autopista como techo. Alguien o algunos –la verdad nunca hace luz sobre los márgenes- la roció seguramente con algún líquido y la hizo arder. No hay identidad, no hay nombre y cuando lo hay nadie tiene la certeza de su verosimilitud. Después de todo, cuenta a APe Barby Alegre, de la organización Sopa de Letras, “hay quienes olvidan sus nombres después de hacerse de llamar de otra manera durante años. Y también hay quienes prefieren elegir el propio”
“Nosotros pasamos por ahí el domingo al mediodía. En Virrey Ceballos, entre San Juan y Cochabamba. Y creímos que sólo habían quemado las cosas. Pero sabemos que el sábado a la noche alguien prendió fuego en una de las ranchadas y estamos averiguando en hospitales pero todavía no tenemos claridad”, contó a APe cuando todavía no habían logrado confirmar la muerte. “En ese lugar –describió ayer en la tarde- suele haber varias personas, que van y vienen. Y por eso mismo no hay certeza de quién es la víctima. Tenemos muchísima bronca y muchísimo dolor. Queremos que este horror sea visible. Porque sea la chica que imaginamos que es o cualquier otra son las mismas personas que acompañamos todos los días, a quienes llevamos la comida, de quienes escuchamos sus historias”.

Barby cuenta de los quemados. De las casitas hundidas entre cenizas. Del hombre prendido fuego por los dos vecinos de Mataderos hace un año y de los otros dos que murieron entre las llamas en las barrancas de Belgrano. Reconstruye la historia de la familia que vivía en una casa rodante en Boedo. “Nosotros los ayudamos a construirla. Allí viven una pareja con siete hijas e hijos. Tuvieron mucha suerte porque perdieron todo pero nadie murió”.
Son las historias de los subsuelos del sistema. Que invisibiliza a los nadies o toma –a través de sus brazos vengadores- la decisión de borrarlos definitivamente de la vida.
A los 33, una mujer vive con su hijito de 8. Desde la vidriera de ese submundo al que los arrinconó un modelo que trasciende pandemias y covides el niño mira. Ve a los hombres astronautas descender del camión, dispuestos a manguerearlos. Intuye que no es una amenaza. Y acierta una vez más de tantas. Hace demasiado frío. La madre del niño le contó a Barby la escena que los dejó sin nada esta semana.
Desde Sopa de Letras le quita el velo a muchas otras crónicas de las ranchadas. Apura el diálogo con APe porque tiene que volver a poner el cuerpo en las calles del sur porteño y de Lanús. Donde coincide en la entrevista virtual con Jonatan Zaín, Julieta Garay y Marina Bo, los tres de la organización Bondi Sur. Todos ellos son los ojos de los caídos, de los rotos, los que fueron cayendo por los acantilados del modelo hace dos o tres años o los que empiezan a asomar por las ollas callejeras hace escaso mes y medio o dos, en plena pandemia. También están “esos pibes de 30 que viven en la calle hace 17 ó 18. Pasaron por todo. Por casas, por instituciones pero pasaron la mayor parte de sus vidas en la calle”, cuenta Jona mientras habla del espacio que se armaron hace ya tiempo en la estación de trenes de Lanús y al que uno de esos pibes asiste jueves y domingos por la noche.
“No podés estar acá…”
José tiene 38 años y es paraguayo. Las calles del sur del conurbano son su territorio. “A mí la policía me echó un montón de veces de los lugares en los que paro. Me siento como una pelota de ping pong, como un perro, de un lugar a otro. A veces no sé qué voy a hacer: circule, circule, te dicen. No me dejaron ni ir al baño. Personas como yo que no tenemos dónde caer muertos… Creen que llevamos esta vida por gusto de estar así. Y eso me baja el ánimo, las ganas de vivir se te quitan, porque no sos un animal, sos una persona. No puedo pasar a Constitución porque no te permiten, no puedo irme. Falta un poquito más de amparo, de gente que te entienda. Dónde voy a estar yo mientras no pueda ir a ninguna parte… yo soy una persona en su sano juicio, asimilo las cosas, qué puedo hacer. Acá si me pongo a dormir no le puedo hacer mal a nadie. Me pueden prender fuego, que son los riesgos que uno corre. Me trabaja la cabeza, me puede pasar. Antes de la cuarentena los chicos que salían de fiestas te veían y te zarandeaban, se te morían de risa. Ahora no son ellos, la policía te hace salir, no podés estar acá, pero qué puedo hacer… me voy a la plaza y otra vez viene el patrullero. Me vengo a la estación, acá no podés estar… tengo paciencia pero me indigna, me frustra…”

Reglas de la calle
Bondi Sur mira el rostro del pibe de 30 y lo rescata con una sistematicidad de años del sitial del olvido cada jueves y cada domingo. Jona, Barby, Julieta y Marina hablan de viejos anclados en las calles desde que la circularidad de los márgenes los va llevando a dejar de pagar la luz, a no tener gas, a quedar a oscuras y con techo para dormir pero platos vacíos para comer.
Demasiadas veces hay una pulseada con integrantes de fuerzas de seguridad. “Algunas veces tuvimos que sacarle pibes a la policía cuando los estaban corriendo. Pero lo que suelen hacer es verduguearlos hasta cansarlos”, desgrana Jona. Y Marina acompaña el relato: “Están buscando la reacción. No es directamente la violencia sino provocar un por qué para actuar. Hay muchos chicos que están en consumo, en la plaza, y cuando estamos las organizaciones sociales no los provocan tanto, pero hay muchas veces en que están realmente densos”.
La pandemia les cambió el escenario y sus protagonistas. “Si bien tenemos personas que son históricas, que están con nosotros desde hace años, hay unos cuantos que encontraron ollas nuevas más cercanas al lugar en el que paran o en el que viven y dejaron de venir. Pero apareció mucha otra gente, con o sin techo, que recurre a nosotros por la pandemia. Hay un muchacho que viene desde Claypole; otro, que era voluntario de una organización en capital y era de Lanús que cuando se quedó sin trabajo en la pandemia empezó a venir a comer a la estación. Hay una mujer, Norma, que tiene cerca de 80 años que vive a 10 cuadras de la estación y viene a comer. Y nosotros le queremos llevar el bolsón a la casa y no acepta, porque quiere venir”. Se juegan seguramente crónicas de soledad y aislamiento. Y Norma, como tantos, necesita de la palabra compartida.
La calle tiene otras reglas. Ajenas a los protocolos ministeriales. El pico de botella o el faso compartido, el calor humano de dormir cuerpo a cuerpo en una vereda y entre cartones, la cercanía imprescindible que no sabe de alcoholes en gel o lavandinas, el barbijo que pasa de manos y cubre de repente otras narices y otras bocas. “Pero es lo que hay, reflexiona Jona. Hay muchos que por la desesperación, para conseguir un mango para llevar a la casa, hacen cosas que saben que los ponen en riesgo por más que no quieran. Y además, cuando vuelven a la casa no pueden desinfectar todo lo que traían, un baño, cambios de ropa. Ya sus vidas mismas son un riesgo”.

Julieta necesita seguramente hacer a un lado la oscuridad. Y elige, a la hora de privilegiar imágenes que le dejaron marcas, el momento de decir a la gente que retira el bolsón que no pueden ampliar el número de quienes lo recibirán: “entregamos dos bolsas. La de comida y la de higiene. La realidad es que no sabemos cómo llegar de una semana a otra, cómo conseguir las cosas. Por ahí algunos de los que se llevan el bolsón traían el nombre de gente de su entorno que necesitaba también. Y a nosotros no nos da. Entonces propusimos que entregaríamos algo más pero que lo tendrían que compartir y la gente, para nuestra alegría, se súper prendió”. Para seguir caminando hace falta reconciliarse con esa humanidad que no quema a una mujer que vive en la calle sino que elige compartir lo poco que queda.
El mismo dulzor le dejó a Marina un episodio personal doloroso. “Hace unos meses, al inicio de la pandemia, mi mamá fue hospitalizada de urgencia en el Evita de Lanús. En medio de la incertidumbre de no saber cómo seguía mi mamá, que estaba muy grave, yo deambulaba perdida, esperando un milagro, y me encuentro con uno de los compañeros que vive ahí por el hospital, en la calle. El me vio y me brindó lo que por ahí yo le di durante tanto tiempo, la contención, la escucha, el abrazo. Invertimos los roles, él me escuchó y me acompañó en ese momento que para mí era muy difícil. Es algo que guardo en el corazón”.
Quien llega primero…
El más viejo en años de calle primerea. “Los que viven hace años en la calle se saben mover. Tienen calculados los tiempos según los horarios de las ollas. Los que son nuevos, muchos abuelos, asoman con el tuper y esperan, como con vergüenza. Se acercan cuando ya no queda nada para entregar. Aparece mucha gente bien vestida, que tuvo años de trabajo, que tenían casa, pero dejaron de pagar la luz y se las cortaron, dejaron de tomar los medicamentos. En pleno invierno, un viejito jubilado, llegaba en ojotas a la estación de Lanús desde Capital. Contaba que se levantaba llorando de hambre. Cuando supimos que vivía cerca de nuestra sede en capital, pudimos ayudarlo a que pudiera empezar a cobrar algo mínimo. Va a nuestra sede a comer”, suelta Barby.
Los más nuevos y los más desarrapados abundan en sus precariedades. Un hombre dormía, en plena lluvia, en una plaza de Lanús. “Estaban él y sus pertenencias en el medio del charco de agua. Cuando un compañero nuestro llegó a tratar de ayudarlo, se encontró con un camión limpiando bajo la lluvia. Era de la municipalidad de Lanús, y estaban diciendo que iban a llamar a la policía. Tiraron todas las cosas del hombre en el camión que se quedó sin nada”.
Son los habitantes del desarraigo. Los pobladores de la intemperie. Los que cayeron de todos los mapas. Abrupta o paulatinamente. Los que perdieron o los que nacieron y crecieron sin el estatus de sujetos. Los que pueden ser mirados como si fueran transparentes. Sin ver en sus rostros ajados siquiera los harapos de su humanidad. Qué mal puedo hacer durmiendo acá, se pregunta José. Tal vez sea el simple mal de existir.
Y una vez más se cincela al futuro con el formato indecible de la tristeza.
Habrá que arremangarse de ternuras para nockear a la crueldad en el cuadrilátero de la Historia.
Fuente: AnRed
Envio:RL







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