Cuando el bordado se vuelve político
Por Luz Ailín Báez, Resumen Latinoamericano. 29 de septiembre de 2020.
Nos sumergimos en la vida de la Colectiva de Artivistas Bordando Disidencias. Deseos, sentidos, opciones, gesta identitaria colectiva y resistencia artística, en las voces de dos de sus integrantes.
Desde la época victoriana, la práctica del bordado ha sido considerada como una labor puramente estética para mujeres “de bien” en la que, tanto las obras realizadas como sus autoras, eran consideradas un elemento puramente decorativo. Bordar era una actividad aceptada e, incluso, enseñada y programada desde la niñez para las “niñas”; apenas una actividad de entrega: bordar para la familia, bordar para el marido, bordar los pañuelos, las servilletas de tela, las sábanas nupciales y el ajuar de les hijes. La concepción del bordado como actividad realizada en el anonimato de lo doméstico y su mote de “artesanía decorativa” resultó, por mucho tiempo, en que su potencial- como espacio de creación y de comunicación de ideas y conceptos- quedara acotado y totalmente menospreciado social, política, cultural e intelectualmente.
Quizás por eso resulte tan atractiva la propuesta que realizan les artistes de Bordando Disidencias (BD). Se trata de una colectiva artística de bordado y resistencia disidente surgida en el año 2018 en la Ciudad de Buenos Aires. “Bordando Disidencias surge en los encuentros de un grupe de seis personas aproximadamente, juntadas en el living de Casa Brandon [centro cultural queer ubicado en Villa Crespo], que para mí siempre fue un lugar seguro, de pertenencia, de cultura LGBT o disidente”, cuenta Pe, une de les organizadores del proyecto. Desde ese momento, los encuentros sucedieron en casas particulares de les mismes integrantes.
Pe señala que deseaban identificarse como artistas y no como artesanes: “Nuestra intención era de alguna manera poética: poner el bordado, traer de vuelta el bordado a un lugar de importancia, de relevancia, donde sea considerado como arte. Y a veces nos daba la sensación de que la palabra artesanía parecería tener un cierto sesgo peyorativo, como que no llega a ser arte, menos que arte. Entonces, nos identificamos como colectiva de artistas (…) transitada por personas heterosexuales, homosexuales, no binarias, trans de distintas edades”.
“Ha pasado mucha gente que hoy ya no transita, pero ha dejado bordados en el acervo. Si bien es distinta la gente, en un punto es la misma: es la disidencia”, comenta. Y detalla, en relación al contexto actual: “Hoy nos encontramos de forma virtual, nunca dejamos de encontrarnos. Y están pasando estas cosas increíbles de, de pronto, estar conectades con compañeres de Chile o de República Dominicana. Bordando Disidencias tenía esto de juntarse físicamente. La pandemia hizo que nos encontremos con realidades de otras latitudes, lo cual enriquece mucho la experiencia”.
—¿Qué es bordar para ustedes?
—Pe: Personalmente, el bordado es un trabajo hacia adentro y hacia afuera: hacia adentro es hacia la obra, lo que estás haciendo, lo que querés plasmar, lo que querés transmitir, lo que querés comunicar… pero también es hacia afuera: la persona con la que estás bordando enfrente, a tu lado, con su experiencia. Es poder terminar la jornada, ver todos los trabajos bordados y comentarlos y debatirlos. Creo que, para BD, el bordado es el catalizador que sirve para visibilizar estas disidencias. Para hacer visible lo invisible. En sentido personal, tiene que ver con expresar la rabia de la disidencia. Porque, inclusive, los bordados en BD tienen este sentido de cuestionar, de rabia, contestatario. El bordado contesta. Hay un bordado de Caro [otra integrante] que dice: “¿Cuándo te diste cuenta de que eras heterosexual?”. Es un bordado chiquitito, es un retazo. No debe medir más de 10×15 centímetros y me gusta por eso. No está decorado. Es la frase, va al hueso directo.
—Kali: No sé si hay una respuesta colectiva a esto. Creo que cada une lo definiría de manera diferente. Bordar es un acto y es un gesto que encierra muchos significados y muchos movimientos, y elaboraciones psíquicas emocionales y también colectivas dentro. Para mí, bordar es un entre, un espacio intermedio entre lo exterior y lo interior, donde ambas partes dialogan. La realidad circundante, lo que percibimos por fuera y también lo que pasa por dentro. Creo que el exterior siempre influencia un poco lo que pasa adentro. Y desde adentro, intentamos hacer un poco de sentido de lo que pasa afuera y dentro nuestro. Y ese hacer sentido se expresa a través del bordado y las imágenes que podemos llegar a crear. Para algunes, se convierte en una especie de mantra o espacio de meditación, por esta cuestión del movimiento repetitivo que tiene el bordado y porque en ese movimiento repetitivo llega un momento en donde une está conectade con el cuerpo y, al mismo tiempo, lo abandona como en un sueño. Hace que une pueda tanto conectarse con el presente, el aquí y ahora, con lo que une está viviendo (que muchas veces termina relacionado con lo que une borda) y muchas veces te permite escapar de una realidad hostil o un momento malo que estás viviendo, y centrarte en el bordado, en una actividad que siempre es útil: para une, siempre significa algo y siempre va a tener un fin, un sentido. Hay algunas definiciones que dicen que el arte es justamente lo que no sirve para nada, pero me parece que esa gente está bastante equivocada. El bordado es para nosotres una actividad de comunicación con lo que está pasando adentro, a veces para comunicarnos a nosotres mismes lo que nos está pasando. Sin importar qué patrón une siga o qué idea tenga une en la cabeza, siempre hay algo en el medio que emerge o con lo que une tiene que lidiar. Hay discursos fallidos dentro de los bordados y a veces quizás esas son las manifestaciones más interesantes porque hablan de lo que realmente sentimos y nos cuesta expresar con palabras… entonces, emergen en forma de imagen.
En un sentido colectivo, creo que el bordado es una forma de conectar con les demás ocupando un espacio donde une por fin está diciendo algo que quizás hace mucho tiempo que tiene ganas de decir y no se atrevía, o tenía miedo o no tenía un lugar para decirlo… o quizás no lo decía porque pensaba que no habría nadie que lo fuera a escuchar. Cuando te encontrás con esta colectiva de afecto entonces, eso te motiva para expresarte. Entonces, ahí el bordado cobra ese sentido de expresión. En ese sentido, siempre tiene un sentido político. A nivel micropolítico, ya expresarse en cualquier ámbito es un montón para nosotres. También compartir esto que nos pasa en forma de imagen es muy fuerte para nuestras familias y también para les otres integrantes del colectivo, y cuando hacemos muestras o publicamos nuestras obras en Instagram también cobra una dimensión de llegar a le otre con ese mensaje que para nosotres es importante.
—¿Qué les mueve como colectiva? ¿Tienen una búsqueda en común o búsquedas diversas con algunos puntos en común?
—Pe: Nos mueve el encuentro, el cruce con otras disidencias y el intercambio por sobre todo. Hemos viajado a algunos lugares de la provincia de Buenos Aires y otras provincias, y siempre lo que buscamos es un poco eso. Tenemos un proyecto que todavía no logramos llevarlo a cabo: comenzar a viajar a las marchas LGBT que se han comenzado a hacer desde hace menos de un año en distintas localidades del Conurbano y en el interior del país y en cada provincia. Poder viajar nosotres, nosotras y nosotros. No siempre esperar esto tan capital-centrista de esperar que todo venga hacia aquí. Queríamos volver a Tandil, donde ya estuvimos con el colectivo Las Bertas en un evento que produjeron con otras colectivas de bordadoras como La Voz de la Mujer y la Dora Morgen. Justo nos agarró la pandemia, pero teníamos la fecha para ir a la marcha y teníamos hecho un derrotero de las fechas de marchas en cada provincia o cada distrito del conurbano para buscar el encuentro. Tenemos búsquedas en común y búsquedas individuales.
—Kali: Yo creo que lo que nos mueve a la hora de crear y juntarnos es el amor. Me hago cargo. Hay algo de amor, primero amor propio, amor a nosotres mismes. Ya sea en modo de búsqueda o en modo de ya amarnos. Que nos mueve a expresar ese amor que tenemos hacia lo que nosotres somos. Hay gente que le llama orgullo. Yo creo que es más que nada amor. El amor que todes nos merecemos sentir hacia nosotres mismes. Y ese amor también se proyecta en una cuestión colectiva. Cuando nos encontramos, nos damos cuenta de que todes somos muy diferentes y, al mismo tiempo, nos damos cuenta de que somos personas maravillosas las que integramos BD. Todes merecen amarse a sí mismes, ser amades y proyectar ese amor y manifestar todo lo que tengan que manifestar, y a veces es dificultoso hacer eso cuando une está sole. Encontramos una instancia de validación donde externalizar los sentimientos que tenemos. Que muchas veces son sentimientos hacia nosotres mismes o hacia lo que pasa en nuestro entorno. Y compartirlo con el entorno es lo que nos termina moviendo creo. Así que, en el fondo, nos mueve el afecto y el amor. Eso se manifiesta en forma de ira hacia las injusticias que quizás hayamos vivido en nuestra vida o estemos viviendo o viendo a nuestro alrededor. Y también ese amor se manifiesta como deseo de validación, de escucha, de ser escuchades. Para que el mundo exterior (dentro del grupo o por fuera del grupo) también retroalimente esa vivencia y ese mensaje. Creo que hay un ansia por comunicar.
Tenemos una búsqueda en común y es esa: la de manifestar lo que tenemos dentro. A veces esa búsqueda tiene tópicos comunes: luchas comunes que hacen al feminismo interseccional, como la lucha por el aborto legal, seguro y gratuito, la lucha por la visibilización LGTBQ. También por denunciar o poner en el tapete o dialogar acerca de visibilizar cuestiones que tienen que ver con el contexto socioeconómico, cuestiones emergentes que generalmente tienen que ver con la lucha por los derechos humanos, que a veces son contemporáneas, a veces son más antiguas o lejanas: como cuando alguien muy joven hace una intervención o una obra acerca de cuestiones que tienen que ver con la dictadura. Y está hablando desde su vivencia y de cómo vive eso desde la memoria colectiva. Eso me parece muy conmovedor y súper importante.
Bordar nuevos horizontes colectivos
En Bordando Disidencias, este arte textil -minusvalorado otrora como pasatiempo doméstico, jamás a la altura de quienes deciden qué es y qué no es arte- sostiene e impulsa estas subjetividades disidentes también ninguneadas y vapuleadas por el patriarcado, que habitan el espacio artístico y que resignifican el bordado como medio de expresión política pública.
En febrero de 2018, Anush, integrante fundadore, propuso el primer encuentro, entre bastidores y agujas . Desde entonces, esta grupa se junta (ahora desde la virtualidad) a tirar del hilo para desbordar aquellas estructuras estructuradas estructurantes de normalidades, para bordar grandes signos de pregunta alrededor de los tejidos sociales existentes que reservan los lugares de legitimación identitaria para unas pocas personas. En ese sentido, han realizado muestras y eventos junto con otros colectivos de bordado, jornadas de bordado y lectura queer, entre los que se destacan la muestra Bordando el Aborto Legal en Espacio Mu -que luego fue llevada a otros lugares de la mano del Colectivo Las Bertas, Dora Morgen y La Voz de la Mujer-.
Asimismo, inauguraron la muestra “Nena, llévate un saquito” en honor a Néstor Perlonger y un texto de su autoría en la que nombraba los edictos policiales por los cuales a las chicas y chicos trans los levantaban de la calle. “La muestra eran todas prendas personales intervenidas bordadas. Yo había expuesto un buzo de capucha de que tenía bordado atrás el meme del troll y decía “trolleando el patriarcado” (ríe) y cada una, une y uno tenía sus prendas bordadas. Estaba el corpiño tornasolado y disidente de arcoíris de Juli… había un calzón que tenía bordado un genital femenino, como entrando en diálogo también con la prenda, muy interesante”, señala Pe.
Bordando participó también del evento La Ansiedad de lo Virtual , programado por el Colectivo de chilenes en Argentina. Al tiempo en que sucedía el estallido social en Chile a fines de 2019. Allí se abordaron temáticas relacionadas con ese país y con causas latinoamericanas. Bordados con la whipala, una bandera bordada con la frase “Piñera es Pinochet” y las fotos bordadas de Bruna -de 19 años, la integrante más pequeña de la colectiva- que hizo una selección del archivo que tiene el Conti de Derechos Humanos sobre las Madres de Plaza de Mayo.
Durante la muestra “Abordamos” en FM La Tribu en su aniversario n°30, fueron convocades junto a la colectiva Dora Morgen. “Fue muy interesante porque hicimos jornadas y una muestra que quedó ahí en el bar. Recuerdo mucho el bordado de Anush de una vagina con dientes. Y está como se le dice vagina en armenio: Labios de la vergüenza. Y ella pone abajo Labios del Orgullo”, resalta Pe.
Actualmente, la Colectiva se encuentra bordando de manera conjunta la Ley de Identidad de Género. “Ya está bordada la mitad de la ley”, comenta Pe y aclara que “desde la experiencia, viene lo colectivo. Siempre el bordado es individual. Éste es el primer proyecto que tenemos de dejar esa individualidad para trabajar en función de un objetivo”. En relación a esto, Kali realiza una distinción interesante: “Bordamos en sesiones, bordamos soles… pero hay una instancia colectiva de la producción. Ese bordar junto a otres se da tanto en la instancia donde nos reunimos como cuando estamos bordando literalmente soles en nuestras casas. Pero pensando que igual lo estamos haciendo dentro de una grupa: Que mi bordado podré compartirlo, que lo van a publicar, que habrá un feedback del otro lado, entonces, de alguna manera, creo que inconscientemente hay una idea de “esto lo puedo y lo voy a compartir”. Y hay, a su vez, algunos proyectos donde todes colaboramos con una propuesta colectiva, como bordar la Ley de Identidad de Género o bordar los pañuelos por el Aborto Legal, Seguro y Gratuito.
En ese tipo de bordados, habría, según elle, una mayor puesta en común, un disparador común para contribuir con un gran bordado. “La idea del colectivo se expande aún más en esos casos, porque estamos hablando de causas muy grandes que tocan a todas las personas. Pasamos entonces a la instancia de sentirnos parte del colective general. Es hablar y escuchar nuestra voz a través de los bordados dentro de ese colective general”, sostiene Kali.
—Durante el mes de marzo, justo antes de entrar en cuarentena, participaron junto con Tejiendo Feminismos, en la exposición “Para todes tode”, en el Centro Cultural Kirchner. ¿Qué significó para ustedes dicho evento?
—Pe: Para BD, será un momento importante siempre lo del CCK porque es, de alguna manera, abrirnos un lugarcito, ¿no? De costado, de refilón, porque nunca las disidencias quieren ser mostradas, inclusive en el Estado, dentro de las instituciones. Estar en lo que es considerado el centro cultural más grande de Latinoamérica nos pone muy orgulloses, orgullosas y orgullosos.
—Kali: En mi caso, fue una desilusión porque para nosotres es un gran esfuerzo mantener la instancia de encuentro y coordinación (Anush y Pedre son les que se encargan de esto) de la grupa. Producir es un gran esfuerzo, producir eso producido también y cuando vienen estas instancias de poder compartir todo eso que hicimos de manera colectiva y vernos a todes juntes colgados en una pared. Cuando nos encontramos con ese acceso a lugares donde poder expresar lo que venimos haciendo a una mayor cantidad de personas es una gran alegría e ilusión. Porque siempre tenemos esa ilusión de que del otro lado aparezca una persona (muches esperamos que sea une niñe) que vea lo que hacemos y que les sirva para su crecimiento personal, su desarrollo, para encontrarse con algo con lo que por fin se sienta identificade -que eso raras veces nos pasa a nosotres cuando accedemos a los productos de consumo masivo, digamos, a los medios de comunicación y al arte en general-, para nosotres es importante esa instancia, es gratificante. Y la instancia con el CCK fue tuvo ese sabor dulce por ese lado y, por otro, amargo: nos sentimos muy agradecides y contentes de haber sido convocades y formar parte y tener acceso y poder decir algo dentro de ese espacio donde concurriría mucha gente.
En el CCK, lo que pasó es que esta diversidad de voces que somos no tuvo su expresión allí porque la selección que hicieron de las obras que enviamos fue una selección que, desde mi lectura, tiene que ver con un filtro de lo políticamente correcto, dentro de una muestra que supuestamente tenía como objetivo darle un lugar a todes para expresarse. Eso no sucedió y no por una cuestión de que no hubiera espacio físico para nuestras obras, sino que, dentro de ese espacio físico limitado, la selección de obras no apuntó a reflejar la diversidad de voces y de tópicos y de formas en cómo esos tópicos eran expresados. Creo que lo que más nos hizo ruido fue lo que dejaron afuera. Nos dimos cuenta de que las obras que quedaron afuera tenían que ver con los contenidos más explícitos acerca de opiniones que podían llegar a ser polémicas o también de imágenes que podían tener que ver con lo que más naturalmente nos sale: narrar nuestras vivencias internas. Compañeres que sé que han hecho obra que tiene que ver con besos, gestos de amor, afecto, erotismo, sensualidad, deseo, que expresan las emociones y cuerpos de personas diversas en cuanto a su género y sexualidad … mucho de eso se envió y nada de eso se colgó. Y cuando vos venís de un colectivo que justamente tiene que ver con expresarte tal cual sos sin temor a que del otro lado haya un juicio maniqueo o una persona censurándote o diciéndote “esto no va”… Esperábamos que ese evento fuera una extensión de esa celebración y no lo sentimos así.
Creo que nos interesa ocupar la mayor cantidad de espacios de podamos. Ese espacio es desde la cocina de nuestra casa, la casa de nuestras familias a las que les podamos comunicar todas estas cosas que nos pasan también, o en nuestros amigues, espacios en las redes… espacios que tienen que ver o nos dan la posibilidad de compartir estas vivencias con personas que, de otro modo, no accederían a eso porque no conocen a nadie como nosotres o creen no conocerlos. O personas que no puede expresar libremente lo que son. Creo que queremos llegar a ese tipo de lugares. Y obviamente, a mayor masividad, vos llegás a más personas. Pero desde lugares “pequeños” o en ciudades que no necesariamente sean la capital, ocupar esos lugares es igual o aun más importante. El tema es que al final no se nos reconoció en nuestra totalidad, sino una parte que a les que hacían la curaduría les convenía o deseaban reconocer, la parte más políticamente correcta en su apreciación y en el contexto de las otras producciones que había. Me parece que la colectiva tiene el sentido de legitimarnos entre nosotres. De todas maneras, siempre pasa esta dualidad: une no quiere necesitar reconocimiento externo para saber que lo que hace es valioso y, sin embargo, une desea muchísimo eso. Alguien del otro lado que diga “lo que hacés me conmueve, me sirve”, pero no desde un lugar de popularidad, sino más de conexión. Lo que más queremos es crear conexión y crear empatía.
—Algunes de les integrantes de BD hacen fotobordados, ¿cómo surge la idea, en qué se inspiran?
—Pe: El fotobordado es una veta a seguir dentro del bordado. No todes les de BD lo desean transitar. Por otro lado, es muy interesante por cómo te predispone el formato. Tenés que entrar a jugar algo muy pequeño porque ya hay una impronta dada por la misma fotografía. Entonces, es un ataque muy corto el que se puede hacer sobre una foto, pero yo creo que el trabajo que hace Kali sobre el fotobordado es muy interesante porque también siempre se cae en ese lugar de querer decorar. Sin embargo, el trabajo que hace Kali con esos pañuelos que borda sobre fotos encontradas en la calle me parece súper interesante.
—Kali: Tiene mucho que ver con primero querer expresar desde un lugar de transformación. Bordar una foto te da la posibilidad de transformar desde un lugar muy directo la realidad vivida anteriormente, la realidad pasada, del presente y la realidad futura… te permite trabajar sobre lo que fue o lo que es o sigue siendo, que para algunes de nosotres tiene que ver con realidades estructurales, con cómo está estructurado el mundo y nosotres mismes, pensades. Y el bordado nos permite trabajar de una manera muy potente sobre esa imagen para crear un mundo nuevo. Un mundo que ya exista adentro de nosotres, que pueda tener que ver con lo que nosotres realmente somos, con nuestra identidad. Y también puede ser una expresión de deseo: cómo nos gustaría que las cosas sean o cómo nos gustaría que hubiesen sido. Muchas veces tiene que ver con esto. Lo que pasa con la foto es que deja entrever de manera muy patente y palpable cómo están entrelazados los mundos de lo íntimo, lo privado y lo público, lo que supuestamente es exterior. Para muches artistas que trabajan el fotobordado (por fuera de BD) se centran mucho en la cualidad y virtuosidad de la técnica. O en interactuar desde un lugar muy frío o no desde la emocionalidad.. y creo que en BD las intervenciones de fotobordado tienen que ver mucho con compenetrarse con la obra desde un lugar muy emotivo. Y eso no tiene que ver necesariamente con algo naif, light o tibio, sino bien puede estar relacionado con algo político o íntimo como de la esfera de lo familiar, de la vivencia de cada une. En mi caso, tiene que ver con transformar las imágenes de mi infancia, de lo que viví en lo que me gustaría haber vivido. Y también esas imágenes donde está oculto el dolor, la vivencia de la herida, o del abuso, o del no poder ser, encontrar en esa imagen espacios y posibilidad a través del bordado de sanar un poco. Creo que ese es el diferente significado que encuentro: conectar con le niñe que une fue o que no tuvo posibilidad de ser, y visibilizar directamente en la foto qué era lo que realmente une estaba atravesando o qué a une le hubiese gustado que les otres vieran.
Las fotos muchas veces son muy engañosas. Sobre todo, las familiares. Momentos de supuesta felicidad que une ni siquiera recuerda porque en verdad lo que estábamos atravesando era otra cosa que en la foto no se ve porque las personas detrás de la lente no querían o estaban interesades en verlo, sino reflejar su ideario de la familia ideal, la infancia ideal o de le niñe ideal, y no ver cómo era realmente ese niñe que tenían delante suyo. Une a través del bordado saca eso afuera. Hay todo un proceso de sublimación, de denuncia, de conectar con el pasado y ser partícipe active dentro de ese pasado. Incluso también pasa con fotos que no tienen que ver con nuestra esfera individual, sino de realidades que une no vivió -como la dictadura- o causas con las que une empatiza y se siente afín o comprometide. De esa forma, une siente que puede influir, al menos desde el imaginario, desde el mundo de lo emotivo.
Creo que uno de los grandes significados que se le aporta desde Bordando Disidencias al fotobordado es la capacidad de transformar el imaginario colectivo. Por eso, muchas veces trabajamos con fotos propias o fotos encontradas hasta en la basura, imágenes de personas que el mundo se dedica a desechar como basura. Y en ese punto, siempre hay una empatía con las personas marginadas desde cualquier lugar, por cualquier motivo. Porque muches de nosotres hemos atravesado ese tipo de instancias de marginación, de aislamiento, de rechazo, de abandono por parte de familiares o amigues o instituciones o el Estado. Y quizá también hay una instancia de conectar con una ancestralidad que nos fue y nos sigue siendo negada, por cuestiones del colonialismo, cuestiones de homofobia, por cuestiones de ocultamiento o invisibilización de personas con las que quizás nos sentiríamos también conectadas desde nuestra experiencia y que han vivido hace muchísimos años. Creo que también es una manera de conectar y de armar constelaciones familiares con personas que son desconocidas en el caso de las fotos que une encuentra o rescata de contenedores. He rescatado álbumes enteros de fotos de gente que quizás se murió y le tiraron sus fotos a la calle, y trabajado con esas fotos como si fueran mías. Redibujando los relatos y las vidas expresadas en esas fotos. Pensando qué hubieran sido, qué podrían contarnos, ser…
—¿Cómo se proyectan en el futuro?
—A futuro, queremos viajar por las provincias llevando los bordados a las distintas provincias, hacer comunidad allá y participar de las marchas. Un fenómeno muy reciente y que es muy importante que la comunidad que acá en Buenos Aires es más fuerte empiece a tratar de generar comunidad fuerte fuera de aquí. Despegarnos un poco de acá.
Fuente: La Tinta
Mujeres y cuidados: que lo esencial no sea invisible
Por Camila Parodi, Resumen Latinoamericano, 29 de septiembre de 2020.
Nos adentramos en el mundo del trabajo de los cuidados y de la economía doméstica. Un trabajo en general no remunerado, que cobró una importancia relevante para sostener hogares y comunidades en el contexto de la pandemia. Sumamos voces y reflexiones para que lo esencial sea cada vez más visible: ¿quién cuida a las cuidadoras?.
Hagamos un ejercicio. Estamos en la Argentina, más precisamente mirando desde Buenos Aires, donde existe la mayor concentración poblacional. En el mundo hay una pandemia que no se puede ignorar. Se cierran las instituciones y disminuyen los salarios de casi toda la población. Sí, este ejemplo no tiene nada de ficción. Ahora pensá que, en ese contexto, necesariamente habrá personas que asumirán la responsabilidad de construir e inventar las múltiples respuestas sociales y económicas. Eso implica garantizar la alimentación básica, los recursos, la situación habitacional, el cuidado de las y los más peques y de las personas mas ancianas, su salud y educación; como así también mantener una actitud de esperanza frente a este contexto desolador y desmoralizante. Ese es el escenario. Entonces, ¿estás pensando en cuerpos feminizados que llevan adelante todas esas tareas? Sí, no decimos ninguna novedad: son las mujeres, lesbianas, travestis, trans y no binaries nuestro personaje principal.

Ahora bien, si la representación es tan fácil de hacer y comprender, ¿por qué será que las tareas comunitarias, de cuidado y de acompañamiento son tan imprescindibles como invisibilizadas? En esta segunda entrega del Especial ¿Quién defiende a lxs Defensorxs? nos preguntamos por quienes sostienen la comunidad en el contexto de la pandemia por COVID 19. Entonces, más allá de que existen muchos trabajos esenciales que posibilitan la continuidad de cierta estructura política y económica, las tareas cotidianas de cuidados son las que permiten la verdadera supervivencia. Esto no es nada nuevo, hace parte de una certeza histórica e irrefutable que los feminismos ponen siempre en la discusión: el trabajo “reproductivo”, cotidiano, no remunerado, que se relaciona con las tareas de cuidados y el mantenimiento de la vida de los pueblos es la base constitutiva del modo de producción que estructura a la sociedad. Por mucho tiempo, los feminismos señalaron su preocupación por la invisibilización y falta de reconocimiento de dichas tareas. Hoy, la crisis global no sólo las pone en evidencia nuevamente, sino que también nos permite desarrollar una posibilidad estratégica e histórica que ya conocíamos: nosotras movemos el mundo.
A esta hora, exactamente, hay una mujer cuidando. Mujeres, lesbianas, travestis, trans y no binaries que no sólo sostienen las tareas de cuidados, entendidas únicamente como parte de la reproducción del sistema, sino que también construyen y proponen nuevos modos de alterar el orden vigente. A esta hora, y en cualquier momento, hay ollas populares, roperitos comunitarios, comedores, colectivos de acompañamientos contra violencias, tomas de tierras, cooperativas de trabajo, mingas que se proponen contener y acompañar a su comunidad, y que además muestran nuevas formas de relacionarse y organizarse. Como en la crisis de finales de los noventa en la Argentina, otra vez, miles se encuentran en espacios fuertemente feminizados para sobrellevar la desolación en comunidad. Pero ahora es distinto. Contamos con una historia reciente de visibilización feminista y quienes asumen las tareas de cuidado lo saben. Son las que construyen en nuestros barrios, territorios y comunidades quienes defienden nuestra vida digna y ,también, nuestras semillas para nuevas revoluciones y mundos.
Eso que llaman amor…
Pero estas líneas no se tratan solamente de una propuesta de sensibilización sobre los mandatos que se esconden en las tareas de cuidados. Ciertamente, aquellas tareas y trabajos no remunerados y llamados “de reproducción” también se reflejan en los números. En el informe realizado por la Dirección de Economía, Igualdad y Género del Ministerio de Economía se comunicó que el Trabajo Doméstico y de Cuidados No Remunerado representa un 15,9% del PIB. A su vez, se explicó que se trata del sector de mayor aporte en toda la economía, y detrás están la industria (13,2%) y el comercio (13%). En la publicación realizada el 1 de septiembre de este año, tras haber pasado más de 6 meses del Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio (ASPO) por COVID 19, se explica que “en total, se calcula que se trata de un aporte de $ 4.001.047 millones de pesos, valor que resulta de monetizar la gran cantidad de tareas domésticas que se realizan en todos los hogares, todos los días. Por caso, para tener dimensión de los que esto significa, Industria aporta $3.324.163 millones al PBI, y Comercio, $3.267.584 millones”. Finalmente, el estudio concluye que el 75,7% de las tareas son realizadas por mujeres que dedican “diariamente 96 millones de horas de trabajo no remuneradas a las tareas del hogar y los cuidados”.

Mural de Ailen Possamay
En lo que respecta particularmente a los meses de ASPO por COVID 19, el informe da cuenta de una estadística impactante aunque para nada reveladora: “mientras muchos sectores productivos presentaron caídas en su nivel de actividad, el trabajo de cuidados, por el contrario, aumentó su nivel al 21,8% del PIB y muestra un aumento de 5,9 puntos porcentuales con respecto a la medición sin pandemia”. Tal como lo afirma el informe realizado por la Dirección de Economía, Igualdad y Género, en medio de la crisis global, los trabajos y tareas de cuidados sostienen no sólo el funcionamiento de la vida a nivel local, sino también de la economía nacional.

Si bien las tareas de cuidados implican una cantidad importante de horas para su desarrollo y hacen parte de un trabajo esencial, tanto en el marco de la pandemia como lo han sido previamente, desde la Secretaría de Economía, Igualdad y Género explican que este tipo de labor “sigue quedando al margen del debate económico. Estas tareas no son reconocidas como productivas y no integran los modelos de análisis, ni aparece identificado su aporte a la economía”. Del mismo modo, la subestimación e invisibilización del valor que tienen las tareas de cuidados no remuneradas consignan aquellos trabajos remunerados que se caracterizan por el servicio de cuidar: maestras, enfermeras, trabajadoras domésticas, educadoras populares, cooperativistas, cocineras, entre otras, hacen parte del grupo social más desfavorecido en el salario. Y esto, claro está, no es ninguna coincidencia.
Sobre esta situación hablamos con Macarena Romero, integrante de la organización de Derechos Humanos de Migrantes y Refugiadas de la Argentina (AMUMRA), desde donde acompañan la integración social y económica, tanto de las mujeres migrantes y refugiadas como de sus familias. Respecto de la situación de las mujeres trabajadoras en el marco de la pandemia, sostiene Macarena: “Somos nosotras las que con nuestros cuerpos y con nuestro trabajo estamos sosteniendo toda la estructura del cuidado”. Desde una perspectiva de Derechos Humanos, Género e interculturalidad, AMUMRA asegura que las violencias y desigualdades se acentúan de manera interseccional, es decir, que no es lo mismo ser mujer y migrante que no serlo. Sobre todo en un contexto de crisis. “Lo que observamos nosotras, particularmente en el caso de las mujeres migrantes que son trabajadoras de casa particular, es que muchas de ellas no están registradas y trabajan de manera informal. Todo eso lo que hace es profundizar las vulnerabilidades previas que ya existían, las cuales siempre estuvieron expuestas por su condición de mujeres, por su condición de migrantes, por su condición de racializadas y de empobrecidas también a partir del trayecto migratorio”, explica Romero.
Según Macarena, en el marco de la pandemia, la situación derivó primero en un importante número de despidos masivos y suspensiones de salarios, dada la informalidad de sus contrataciones. En ese sentido, asegura que “un gran porcentaje de las mujeres migrantes que se desempeñan con trabajos de casa particular son jefas de hogar, con lo cual muchas de ellas se vieron en la necesidad de continuar sus tareas poniendo en riesgo la propia salud, la de su familia y exponiéndose también a riesgos legales que podrían impactar en su estatus migratorio”. Por otro lado, aquellos subsidios estatales que se propusieron como “ayudas económicas” frente a la crisis, como lo es el Ingreso Familiar de Emergencia (IFE), profundizaron las vulnerabilidades existentes por la imposibilidad de que “las compañeras migrantes pudieran acceder al IFE teniendo en cuenta que se solicitaban dos años de residencia permanente en Argentina para poder acceder a este ingreso y esto dejó afuera un gran porcentaje de compañeras”.

Según el informe realizado por Natsumi Shokida del equipo de dato de EcoFeminita sobre las Trabajadoras del Servicio Doméstico en la Argentina, se puede ver la magnitud que tiene dicha ocupación en nuestro país, así como la fuerte feminización y su estrecho vínculo con la división sexual del trabajo que lo caracterizan. Lo mismo sucede con “el acceso a derechos y bajos ingresos que perciben a cambio de su trabajo”. Desde Economía Femini(s)ta, explican que “en las grandes ciudades del país, pueden contarse casi 900 mil personas que componen al sector. A su vez, la tasa de feminidad del sector es del 98,5%. Es decir que casi en su totalidad se trata de trabajadoras mujeres”. Las trabajadoras que realizan tareas domésticas y de cuidado en hogares particulares, según el informe realizado por Natsumi Shokida, representan un 16,4% dentro del total de ocupadas mujeres. Es decir que “cada 6 ocupadas en Argentina trabaja en este sector de la economía. Al mismo tiempo, estas trabajadoras representan un 21,6% dentro del total de ocupadas-asalariadas. O sea, que dentro de las mujeres que trabajan en relación de dependencia, alrededor de 1 de cada 5 tiene como ocupación principal el trabajo en hogares particulares”.

Shokida, Natsumi S. (05/03/2020) Las trabajadoras de servicio doméstico en Argentina. 1er trimestre de 2020. Economía Femini(s)ta
Llevando este mismo análisis a la práctica cotidiano, desde AMUMRA se proponen distintas estrategias colectivas para sobrellevar la situación. Así lo explican: “Desde el inicio de la pandemia tuvimos que hacer el gran esfuerzo de adaptar nuestro trabajo, que siempre es de carácter territorial, al ámbito de la virtualidad y en esa línea organizamos espacios de Zoom donde asesoramos tanto en trámites de regularización documentaria como legalmente a las trabajadoras de casa particular, y también brindamos asesoría en la gestión para la solicitud del IFE”. Sostiene Macarena Romero que si bien desde la sociedad civil se encuentran haciendo un enorme esfuerzo para acompañar y para asesorar a sus compañeras en este contexto, “es desde la política pública donde podemos generar un cambio para realmente en comenzar a pensar los cuidados como estratégicos y como un recurso central en nuestras sociedad”. Desde la experiencia de AMUMRA se puede ver que “las compañeras que se dedican a las tareas de cuidado y que gestionan hogares que no son los suyos mientras están solas, hoy están sorteando con mucha dificultad los meses sin salario. Y nos presentan, en este tiempo de mundo cerrado, que lo que queda del otro lado del muro no es igual para todes, y mucho menos para ellas”.
Si bien el diagnóstico realizado por AMUMRA ante el actual contexto de las trabajadoras de casas particulares es desalentador, también nos muestran que desde el colectivo se pueden construir alternativas. Entre ellas, recientemente crearon la feria migrante virtual 2020, sobre la cual explica Macarena: “Es un espacio donde hay más de 60 emprendimientos de mujeres y diversidades migrantes y refugiadas, hay productos y también servicios ofrecidos en una plataforma virtual”, y a la cual se puede acceder simplemente haciendo click acá

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Durante los primeros meses del ASPO por COVID 19 la consigna “Quedate en tu casa” fue utilizada como estrategia de comunicación tanto por el gobierno de Alberto Fernadez como desde los mismos medios de comunicación y distintas redes sociales. Si bien las intenciones de la consigna no pueden cuestionarse, ya que se proponía evitar la mayor circulación del virus en la sociedad como medida de cuidado, en los barrios más poblados de las ciudades del país, que no casualmente son los más empobrecidos, la consigna se modificó en un “Quedate en tu barrio”. Y sí, cuando el hacinamiento y la falta de servicios básicos son un cotidiano, no existe posibilidad de quedarse en la casa. Sobre esta problemática estaremos trabajando en una de las próximas notas del especial. Pero volvamos a lo nuestro, en este caso, la comunidad es lo esencial y, como vimos, al frente de la comunidad y los cuidados están las mujeres, lesbianas, travestis, trans y no binaries de cada barriada popular.

Desde esta perspectiva, un colectivo de organizaciones de la ciudad de Buenos Aires realizó la campaña “Somos Esenciales”, y dialogamos con algunas de sus integrantes. A través de esta propuesta, Eva Socompi de la Asamblea Lucha y Libertad en la FOB nos cuenta: “El nombre de Somos Esenciales lo pensamos porque nuestra tarea hoy es imprescindible para aquellas familias que no la están pasando bien con la pandemia y no tienen con qué comprar sus alimentos”. “Nosotras somos mujeres esenciales en estos tiempos tan difíciles -explica su compañera, Berta Flores Chambi-. Nosotras salimos a luchar a las calles, pero salimos con nuestras ollas porque hemos visto la necesidad de cada compañera, porque cada mujer en su hogar es el sostén. Qué mejor que nosotras que vemos lo que falta en nuestros hogares, y en estos tiempos tan difíciles por todo ello hemos decidido hacer las ollas populares en las calles”.
Por otra parte, María Benítez, de la Asamblea de Mujeres del MTD Lucha y libertad, cuenta que “la situación en los barrios es muy compleja. Desde los barrios denunciamos que nos han abandonado; no tenemos agua, comida, luz, no hay recolección de la basura, nos quedamos sin trabajo y no tenemos acceso a la salud”. Por eso reafirma: “Somos esenciales porque somos las que estamos garantizando la olla popular en los comedores y organizaciones de los barrios donde comen miles de personas que dependen de eso para sobrevivir”. Por su parte, Eusebia Mamani, integrante de la Gráfica La Voz de la Mujer y de la Asamblea de Mujeres del MTD lucha y libertad, encuentra un espacio de comunidad y organización, y los transmite: “Aprovechamos esta instancia para hablar con todas nuestras compañeras, que somos migrantes, y salen muchas cosas: tenemos asambleas y ollas, nos gusta ver a la gente que viene a nuestra organización a cocinar y quizás son de otros lugares y hay compañeras que son de Paraguay, Perú, Argentina… ¡De todos lugares! Y nos ponemos a intercambiar. Charlamos, hacemos reuniones, nos gusta ese lugar estando preocupados por la gente y acompañándonos entre nosotras como compañeras de la organización. Esa es nuestra alegría más hermosa”.

Respecto del conurbano bonaerense, la situación no difiere de la relatada anteriormente, tanto por sus dimensiones como por su historia. Incluso, muchas veces se encuentra más desfavorecida. En ese marco, Moreno es uno de los municipios más empobrecidos que hoy, en plena pandemia, se sostiene por la solidaridad de la comunidad. Por eso hablamos con dos referentas territoriales, defensoras de los derechos de sus barrios.
Carina Leguizamón, de la Casa Joven Diana Sacayán y la Red de Mujeres de Moreno integrada por desocupadas y sobrevivientes de violencias machistas e institucional, nos habla desde el Barrio Las Casitas de Casasco. Allí trabajan con una perspectiva feminista, de clase, antiyuta y anticarcelaria, realizan merenderos y ollas populares comunitarias sin ayuda del Estado municipal. “Todo es a pulmón y perfil bajo por decisión de las compañeras -comenta Carina-. No queremos levantar banderas detrás de las barbaries que comete el Estado con nuestres vecines”. Sobre el actual contexto, sostiene que es “gracias al acompañamiento entre vecinas por el que sobrellevamos está situación tan penosa. Como comunidad nos reinventamos con ferias virtuales, comprándonos entre nosotres, desde elaboraciones como indumentarias, armamos redes, grupos de WhatsApp, bingos virtuales solidarios, y entre tantas otras cosas”. “Nuestra lectura es muy simple y breve -relata Carina-, somos muy pocas las que tenemos conciencia de clase y solidaridad con el pueblo oprimido. Vimos muchos manoseos, pero nos tenemos, seguimos de pie y existimos porque resistimos”. En esa línea, sostiene que la situación es grave: “No tenemos acceso a la salud, que es lo primordial en estos tiempos de pandemia, no tenemos acceso a ningún derecho en un contexto de permanente criminalización de nuestra juventud y ni hablar lo que es la falta de acceso a la justicia. Abunda mucho el ninguneo, la subestimación hacia las referentes territoriales cuando acompañamos a alguna víctima. Tampoco hay acceso a la salud mental para contener a compas que salen de situaciones de violencia extrema junto a sus niñeces. El hambre y desocupación, el hacinamiento en el que viven hoy millones de familias, la falta de acceso a la vivienda, el techo es primordial para poder cumplir la cuarentena”. “Hoy -refuerza Carina, de la Casa Diana Sacayán- hay miles de familias conviviendo con este dolor y el Estado siempre ausente”.

Lali Alderete es referenta de Mujeres al Pie del Cañón y nos habla desde su barrio. Para Lali, “la situación del barrio es compleja, ya que si bien es un barrio obrero, la mayoría trabajaba de manera informal, y la actual pandemia nos llevó a pensar soluciones colectivas”. En el barrio El Cañón también se creó una olla popular como forma de contención entre vecinas, y así lo explica Lali: “Si ‘quedate en casa’ iba a ser que no salgan, no iban a tener ningún tipo de ingresos para alimentos básicos. Por eso a las dos semanas de que se dictó el primer aislamiento ya nos organizamos con algunas compañeras del barrio. Empezamos a realizar una olla con ayuda del aporte del sindicato de docentes de la Universidad de Luján, que nos dieron unos manguitos para que arranquemos. También sumamos alimentos secos que vienen de parte de Desarrollo Social, ganados a través de las luchas en las calles del Movimiento Piquetero 29 de Mayo, y nos organizamos para contar con una cuenta bancaria en donde mucha militancia compañera ayuda con lo que puede y resuelve el tema de los frescos que serían la carne y las verduras”.

Para Lali, el acompañamiento entre vecinas es también lo que posibilita sobrellevar la situación. Y cuenta que si bien “esta vez se ven varones también en la fila, no como antes en tiempos del 2001, donde sólo las mujeres salían porque los varones estaban deprimidos. Pero la reacción es distinta, las mujeres se ponen a hablar y generan vínculos. Vemos que no pasa lo mismo con los varones que no dialogan y están con una sensación de derrota, desánimo, vienen rotos, con poca esperanza”. Por eso, relata la referenta: “Seguimos pensando que son las mujeres en las que lamentablemente recaen los cuidados, vemos mujeres con los teléfonos explotados de tareas para sus hijos e hijas. Nosotras nos paramos con nuestra perspectiva feminista frente a una situación de clase. No sólo estamos pensando estrategias para toda la sociedad porque sabemos que cuando vuelva ‘la normalidad’ va a haber un quiebre tremendo de la economía”. Y sobre eso, también, construyen alternativas: “Estamos pensando distintas cooperativas autónomas para que se pueda activar la economía de las compañeras, pero también de algunos vecinos. Tenemos pensado armar una cooperativa con toallitas reciclables para las propias vecinas y también para vender posteriormente. También pensamos en alguna cooperativa textil, una de albañilería y otra de comida. Toda esta situación de pandemia hace que el ‘tiempo muerto’ te habilita la posibilidad de pensar un montón de cosas en colectivo ya que antes nos pasábamos muchas horas fuera de la casas y ahora podemos pensar más estrategias porque es en la práctica donde se desarrollan nuestras teorías y proyectos”, explica Lali.

Po su parte, desde el conurbano sur, más precisamente desde Lomas de Zamora, María Hornos y Verónica Toloza de la organización Chicos del Sur, ubicada en Villa Centenario, relatan: “Nosotras somos educadoras, enseñamos a compartir, a hacer las tareas todos juntos, poniendo la mesa y lavar los platos. Tenemos organizados seis grupos, divididos por edades. Hacemos distintas actividades como panadería, lectura, apoyo escolar. Cada vez que tenemos una marcha, trabajamos todos juntos con la producción de carteles, banderas y pancartas”. En lo que respecta al actual momento de pandemia en el barrio, sostienen que la situación “es complicada, porque muchas familias se quedaron sin trabajo. Porque no se puede abrir los colegios ni los comedores, y no tienen ni un plato de comida, no pueden sostener a los chicos adentro y están todo el tiempo afuera y sin barbijo”. Por eso sostienen la importancia de los acompañamientos entre vecinos y vecinas: “Desde los primeros días se veían vecinos acompañando y haciendo la olla para quienes más lo necesitaban. Algunas ollas en este contexto no se pudieron sostener más y otras se convirtieron en esfuerzos que aún se mantienen. Nosotras venimos haciendo una olla los fines de semana, somos un grupo que ponemos un poco entre cada una junto a otros vecinos que colaboran y así seguimos haciendo la olla. A su vez, desde chicos del sur repartimos la mercadería a todos los chicos y chicas que asistían al comedor”.

Las tareas de cuidado: la estrategia feminista
A modo de conclusión, invitamos a la investigadora feminista e integrante de Ni Una Menos, Verónica Gago, que hace mucho tiempo destina sus estudios a la temática en clave feminista. Para Verónica, “las tareas de cuidado durante la pandemia se han mostrado estratégicas. Han asumido una centralidad. Son totalmente imprescindibles, porque están en la primera línea frente a la urgencia de la crisis y desmienten de manera práctica todas esas atribuciones de que las tareas de cuidado son poco relevantes, desvalorizadas en términos políticos y son una actividad menor o de poca importancia”. En este sentido, sostiene Gago que, si bien, “los feminismos vienen hace décadas discutiendo y empujando sobre todo en términos de luchas concretas, esta esfera de la reproducción social, es decir, la capacidad de sostener y reproducir de manera cotidiana la vida personal y colectiva a través de distintas generaciones, se ha evidenciado en su carácter productivo, e insisto, estratégico”. Entonces, frente a la crisis “esto que viene siendo un debate y un conjunto de prácticas de larga data se han evidenciado de manera masiva como un aspecto fundamental de nuestras sociedades históricamente despreciado y utilizado como forma de dominio sobre mujeres, lesbianas, travestis, trans y no binaries. Pero también migrantes y, en este sentido, lo que la pandemia ha mostrado es justamente lo importante de los feminismos para nombrar, visibilizar, dar cuenta de todas estas tareas con un lenguaje propio y con una genealogía de luchas políticas muy importantes”, reflexiona Gago.
Ante el actual contexto de enorme visibilización de las tareas de cuidados, la investigadora feminista propone dos puntos claves que nos sirven como disparadores para propuestas superadoras y reflexiones futuras:
1) Pensar la feminización de las tareas de cuidado en el marco de lo que significan frente a la privatización de servicios públicos, como sucede en la mayoría de nuestros países, donde los servicios de atención a la salud, vivienda, educación han sido desfinanciados, privatizados e incluso vaciados. Esta privatización de servicios públicos se traduce en una mayor exigencia de trabajo reproductivo por parte de las mujeres en particular. Entonces, ahí hay una relación problemática completamente profundizada: a menos servicio público, más trabajo reproductivo gratuito o mal pago de mujeres, lesbianas, travestis, trans y no binaries. Pero, sobre todo, también implica una mayor explotación y uso del tiempo para estas tareas y, en general, de manera gratuita.
2) Los mandatos de géneros: este punto también se venía discutiendo de manera muy fuerte por parte de los feminismos a través de los paros, movilizaciones, asambleas feministas. Históricamente son también asociados a las tareas de cuidado, es decir, representan fórmulas que obligan a ciertos cuerpos a asumir tareas de manera gratuita o baratas y precarias. Esas asignaciones históricas están vinculadas a que sean en general las mujeres las que cuidan, y que eso debe hacerse en un marco familiarista, heteropatriarcal y, por lo tanto, la tarea de cuidado y de reproducción queda confinada en general a los espacios del hogar o a los espacios entendidos como privados, y supone todo este armazón familiar y heterosexual. Esto se venía discutiendo de manera radical y es uno de los puntos claves de la crisis: cómo no se naturaliza que sean ciertos cuerpos los que cuidan, cómo no se pone a estas tareas tan estratégicas de nuevo asociadas a mandatos de género, incluso cuando se está discutiendo el reconocimiento salarial y en términos de derechos de estas tareas es fundamental desacoplarlas de los mandatos de géneros que llevan implícitos.
Fuente: Marcha | Foto: Mauricio Centurión
Envio:RL


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