Resumen Latinoamericano, 04 de septiembre de 2020.
Mediante el decreto 721/2020, Alberto Fernández estableció que en el sector público deberá haber 1% de representación trans, travesti y transgénero.
A través de un decreto, el Presidente estableció en el ámbito del sector público nacional que los cargos en el ámbito público deberán ser ocupados en una proporción «no inferior al uno por ciento», por personas travestis, transexuales y transgénero que reúnan las condiciones de idoneidad necesarias, y en cualquiera de las modalidades de contratación vigentes.
Así lo establece el Decreto 721/2020, publicado hoy en el Boletín Oficial, que lleva la firma del jefe de Gabinete, Santiago Cafiero; y de la ministra de Mujeres, Diversidad y Género, Elizabeth Gómez Alcorta.
La decisión -que apunta a lograr una «efectiva inclusión»- se tomó en virtud de «respetar y garantizar que todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos».
Además, en los considerandos del decreto, se señala que «el ejercicio de los derechos de las personas travestis, transexuales y transgénero se ve obstaculizado por un patrón sistemático de desigualdad que afecta particularmente a este colectivo desde la niñez«.

«El Estado Nacional, como garante de los derechos humanos, asumió el compromiso de propender a la eliminación de prácticas discriminatorias de cualquier naturaleza que entrañen la violación de derechos«, indica a norma.
El decreto agrega que «se deberán establecer reservas de puestos de trabajo a ser ocupados exclusivamente por personas travestis, transexuales o transgénero«, y que esto «en ningún caso debe implicar el cese de las relaciones laborales existentes».
Según se precisa, la medida abarca a las personas travestis, transexuales y transgénero, hayan o no efectuado la rectificación registral del sexo y el cambio de nombre de pila e imagen.
Ellas tendrán derechos a condiciones equitativas y satisfactorias de trabajo y a la protección contra el desempleo, sin discriminación por motivos de identidad de género o su expresión.
Se establece además que, «a los efectos de garantizar la igualdad real de oportunidades, el requisito de terminalidad educativa no puede resultar un obstáculo para el ingreso y permanencia» en el cupo laboral, y se permitirá su ingreso con la «condición de cursar el o los niveles educativos faltantes y finalizarlos».
En tanto, el Ministerio de las Mujeres, Género y Diversidad y el Instituto Nacional de la Administración Pública capacitarán a las autoridades y al personal del Poder Ejecutivo Nacional para asegurar que la inclusión en los puestos de trabajo se realice «en condiciones de respeto a la identidad y expresión de género de las personas».
Asimismo, se establece que se creará un Registro de Anotación Voluntaria para aspirantes y se crea una Unidad de Coordinación Interministerial que elaborará las condiciones necesarias para el cumplimiento de la norma y su observación.
Apenas dictado, el decreto generó una ola de festejos que se vio reflejada en las redes sociales:
Por Nicolás Adet Larcher/ 4 septiembre, 2020
Ilustración: Antonio Castiñeira
A Mauro Coronel lo sacaron de su casa la noche del primero de mayo. Tenía veintidós años, salía a vender alfajores temprano a la mañana y volvía cuando oscurecía. Esa noche, una denuncia de su novia alertó al personal de la comisaría Décima. Los policías llegaron al barrio Santa Rosa de Lima al instante, lo tomaron del brazo y lo llevaron hasta la camioneta a los golpes. “A él lo agarran de la vereda de mi casa, muy mal. Hacen un tiro al aire y arrancan en la camioneta para llevarlo a la comisaría, yo voy por detrás” cuenta Laura, su madre.
Mauro grita. Está empapado, descalzo, viste una remera blanca y un boxer. Alguien lo filma desde el otro extremo del patio mientras se encuentra de espalda. Está esposado a un poste, dentro de la comisaría. Ahí pasará una de sus últimas noches. Sin poder moverse durante toda la madrugada, expuesto al frío de las primeras heladas otoñales. Llora, grita, pide que alguien lo suelte. Laura desde adentro de la comisaría, escucha a su hijo y graba con su teléfono: “Ma, sacame de aquí, maaa. Me están matando”. Los policías le dicen que no pasa nada. “Cuando escucho que grita, abro la puerta de una piecita. Ahí veo que lo tienen entre cinco, arrodillado y con una bolsa”. Uno de los policías intenta quitarle el teléfono, pero Laura se resiste. Le dicen que vaya a buscar ropa y comida, que su hijo va a estar bien.
A las tres de la madrugada Laura está en su casa. Volvió caminando desde la comisaría. Intenta dormir pero no puede, da vueltas en la cama. Piensa en Mauro mientras la noche avanza a cuentagotas. De golpe, escucha que un móvil de la policía estaciona afuera. Se levanta lentamente de la cama y se acerca con temor hasta la entrada. A los pocos segundos alguien toca la puerta de su casa.
- ¿Quién anda? – pregunta.
- Señora, somos los policías de la Décima.
- ¿Qué pasa? yo ya estoy acostada.
- No haga la denuncia señora.
Con las primeras luces de la mañana, Laura junta ropa, comida y vuelve a la comisaría. Cuando llega le dicen que Mauro no está, que lo llevaron a la Escuela de Policía sobre Lavalle y Colón, a siete kilómetros de la comisaría. “Vamos hasta la escuela y tampoco estaba ahí. Estaba desaparecido”. El domingo por la mañana, una vecina del barrio le cuenta a Laura que vio cómo bajaban a su hijo de una camioneta en el Hospital Regional. Laura le manda un mensaje a Walter, el padre de Mauro. Le avisa que su hijo puede estar ahí.
Walter sube a su bicicleta y va hasta el hospital. Cuando llega le dicen que Mauro se descompensó y que policías del Liceo Policial decidieron llevarlo de urgencia. Cuando a Laura le explicaron el sábado que su hijo no estaba en la Escuela de Policía, lo siguiente que le comentaron fue que Mauro en realidad estaba en el Liceo. Walter se había pasado la mañana buscando a su hijo ahí, sin éxito. Ahora que lo vuelve a ver, Mauro tiene la cara hinchada, no puede abrir los ojos, ni puede moverse. “Pá, ellos me han pegado” le dice a Walter.
Por las restricciones para circular a causa de la pandemia, su madre no puede ir ese mismo día al hospital. El lunes, Laura encuentra a Mauro en una de las salas. “Estaba con oxígeno, agitado y remil golpeado. Me decía ‘ma’ y vomitaba sangre. No podía hablar, se tocaba la panza”. Una médica se acerca a Laura, le dice que quiere hablar con ella. “Me preguntaba si Mauro había tenido alguna enfermedad o se había golpeado. No nunca, le digo. Ah, me dice, ‘porque le hemos hecho una radiografía y parece que tiene algo en el pulmón’. ‘¿Usted está segura de lo que me dice?’, le pregunto.”. Al día siguiente, Mauro muere y se llevan su cuerpo para hacer una autopsia. Laura intenta verlo pero no la dejan.
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La muerte de Mauro impactó con fuerza en las redes sociales. La Red de Organizaciones Contra la Violencia Institucional publicó un comunicado el seis de mayo bajo el título de “El Estado policial asesinó a Mauro” detallando que, según el informe forense, Mauro “falleció por paro cardiorespiratorio debido a una falla multiorgánica” que “tenía múltiples traumatismos que le produjeron hematomas y una infección generalizada” y que además, “se observa su cuerpo lleno de moretones en la cabeza, los brazos, el abdomen y las piernas”. La comisaría Décima ya había sido escenario de otras torturas y muertes como el caso de Ramón Vázquez en 2013 (por el que fueron condenados cuatro policías a cadena perpetua) o el de Darío Pérez en 2018. Al día siguiente del comunicado del a Red, Marcelo Barbur, Ministro de Gobierno de la provincia, cruzó a la entidad afirmando que lo publicado en sus redes “carece de veracidad”, que no se trató de “una muerte por violencia, sino por un cuadro infeccioso” y explicó que la muerte de Mauro tuvo como causa médica “una neumopatía bilateral, con disfunción orgánica múltiple, con un foco infeccioso pulmonar que produjo un paro respiratorio no traumático”. El mismo informe, en palabras de Barbur, también señala que el fallecimiento de Mauro se produjo “sin ningún tipo de lesiones internas por violencia”.
La Red ya venía denunciando distintos casos de violencia policial en los barrios populares. Desde marzo, según la Red, esos casos se habían intensificado. En abril, la organización publicó un comunicado que se preguntaba “¿Quién nos protege de los que deberían cuidarnos?”. En el texto se enumeraban una serie de testimonios que abarcaban amenazas, detenciones arbitrarias y torturas. Luego de esas y otras denuncias en las provincias, el Consejo Federal de Interior se reunió de manera extraordinaria ese mismo mes. Sabina Frederic, Ministra de Seguridad de la Nación, repudió los casos de violencia policial desatados durante la cuarentena: “Estamos en contra de esas prácticas y hemos sido muy contundentes junto a los jefes de las fuerzas federales para seguir adelante con los procedimientos administrativos y las sanciones que caben en cada una de esas circunstancias”, y elevó notas a algunas de las provincias que habían tenido situaciones de ese calibre. La única que respondió fue Chaco. Por su parte, el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) publicó un comunicado explicando que “la reforma y modernización de las policías provinciales es tan importante como las que deben impulsarse a nivel nacional. Del mismo modo como es importante que los gobiernos intervengan políticamente sobre los hechos de violencia policial con una mirada que no se limite a trabajar sobre el caso a caso”.
Algunos medios nacionales tomaron la noticia de la muerte de Mauro y difundieron los videos donde se lo veía esposado en el patio de la comisaría. En junio, en el marco de la desaparición de Luis Espinoza en Tucumán, el PRO emitió un comunicado condenando la violencia policial en todo el país y citaron el caso de Mauro, pero escribieron mal su nombre. Le pusieron Hugo. Durante las semanas siguientes, la noticia de Mauro no volvió a aparecer en los medios nacionales, ni a tener presencia en los medios locales.
Donde sí apareció fue en la Cámara de Diputados de la Nación. En la última reunión de la Comisión de Libertad de Expresión de Diputados, el tema del día fue la “intimidación a políticos y periodistas”. Como la reunión fue con fines informativos y expositivos, el diputado provincial, Rodrigo Posse, estuvo presente de manera virtual y tuvo un cruce con el diputado nacional, Bernardo Herrera. Posse expuso la supuesta persecución que sufría por parte del gobierno provincial, pero sobre el final mencionó el caso de Mauro junto al de otras personas: “También ocurrió el caso Coronel: un chico de 22 años detenido por la policía. Estuvo en varios centros de detención, lo torturaron, lo internaron y murió; lo asesinó la policía. Eso pasa hoy en Santiago del Estero, y este último caso fue durante la cuarentena”.
Luego del discurso de Posse, el diputado Herrera tomó la palabra: “Señor presidente: tenemos que entender una cosa. Recién escuchaba al periodista -creo que es Gabriel Hernández- que decía que siempre hay que chequear la información. Natalia (Aruguete) recién nos explicaba qué son las fake news. El diputado Posse también nos anticipó que están preparando unas fake news sobre la muerte de un muchacho de nombre Coronel en Santiago del Estero. Esto no tiene absolutamente nada que ver con la realidad, se trata de un muchacho denunciado por violencia de género que luego fue detenido. La autopsia donde intervino la Justicia determinó que murió porque tenía un problema pulmonar de carácter infeccioso, una pulmonía bilateral. Entonces, señor presidente, están preparando estas fake news que tratan de limar la situación por la cual hoy atraviesa nuestra provincia que no es fácil gobernar en medio de una pandemia que castiga no sólo a la provincia de Santiago del Estero, sino a la Argentina y al mundo (…) este gobierno nace después de una intervención federal de la provincia donde se había denunciado violencia institucional en los gobiernos anteriores. Nos costó mucho esfuerzo a los santiagueños tener una nueva policía que, por ejemplo, ya no es designada con el dedo, cuyos miembros surgen de las escuelas de policía, bien formadas, con nuevos recursos, con cursos, con profesionalismo, con una nueva Secretaría de Seguridad y con nuevas políticas de carácter criminal”.
A principios de agosto, la Coordinadora contra la Represión Policial e Institucional (CORREPI) y la organización de derechos humanos, Amnistía Internacional, publicaron informes sobre la situación de la violencia policial que atravesaba al país desde marzo. Del informe de CORREPI se desprendió el dato de que 92 personas fueron asesinadas por las fuerzas policiales durante la etapa de cuarentena y de aislamiento social preventivo y obligatorio. Por su parte, Amnistía Internacional detalló que se relevaron más de 30 casos de violencia institucional en Argentina en el mismo período. En ese mismo informe, la organización de derechos humanos explicó que el 22 de julio le envío un pedido de acceso a la información pública al gobierno de Santiago del Estero. Subida de Línea se contactó con Amnistía Internacional para saber si hubo una respuesta a ese pedido de parte del gobierno. Desde la organización respondieron que no la hubo y que el plazo venció el viernes 21 de agosto. De todas formas explicaron que, en caso de ser respondida, la solicitud será publicada en la sección de pedidos de acceso a la información pública dentro de la página web de la organización.
A la fecha, efectivos de la comisaría ya fueron denunciados por el delito de tortura agravada por la muerte de Mauro y la fiscal a cargo, Érika Leguizamón, hizo un pedido para una nueva autopsia que, por ahora, está demorada por las restricciones impuestas por el aislamiento.
Se cumplen 8 años de la desaparición de Johana Chacón
Resumen Latinoamericano, 04 de Septiembre de 2020.
El 4 de setiembre se cumplen 8 años del día que desapareció Johana Chacon. Esta jornada según la ley 8723 se denomina «DIA PROVINCIAL DE LA CONSTRUCCIÓN COLECTIVA DE CONCIENCIA CIUDADANA» para no olvidarnos que un 4 de septiembre de 2012 una nena de de 13 años que volvía de la escuela a su casa en Lavalle, desapareció y nunca la encontramos
La iniciativa de esta ley la lleva adelante Silvia Minoli,la directora de la escuela donde asistía Johana. Durante este día se realizan acciones de concientización en toda la provincia de Mendoza. En este sentido, la Ley N° 8.723 establece jornadas de reflexión en las escuelas para conmemorar a Johana Chacón. La niña tenía 13 años cuando fue vista por última vez. Luego de 6 años, fue condenado por su asesinato su cuñado, Mariano Luque.
A tres meses de ollas populares, Larreta sigue sin responder a los reclamos
Resumen Latinoamericano, 04 de septiembre de 2020.
Como todos los jueves, Somos Esenciales, la campaña encarada por la CTA-A, FeNaT, Barrios de Pie, Fol y Fob saca las ollas a la calle para visibilizar el trabajo de quienes sostienen la asistencia a los más vulnerables. “El gobierno porteño entrega diez artículos cada quince días”, informan.
“Los primeros que atravesaron la pandemia de manera muy crítica fueron nuestros barrios populares. Gran cantidad de las compañeras y compañeros que estaban al frente de las organizaciones en los territorios fueron los primeros en caer. Cuando nosotros veíamos que nuestros compañeros se enfermaban vimos la necesidad de sacar a la calle, sacar a la opinión pública esta campaña de Somos Esenciales, porque era la única manera que teníamos para que se pueda visibilizar un trabajo que estaba realmente escondido y que no tiene reconocimiento de nadie”, señaló Franco Armando, secretario de organización de CTA-A Capital.
Tanto la CTA-A, como la Federación Nacional Territorial (FeNaT), Barrios de Pie, el Frente de Organizaciones en Lucha (FOL) y la Federación de Organizaciones de Base (FOB), realizan hoy su decimosegunda olla popular en las villas de la Ciudad de Buenos Aires como parte de la campaña Somos Esenciales: Por el reconocimiento de nuestras tareas.
A modo de balance de estas doce semanas, Armando dijo: “El primer hecho a valorizar de la campaña es su visibilización. Junto a otras organizaciones sociales de la Ciudad de Buenos Aires venimos exigiendo y denunciando cuestiones que tienen que ver con la institucionalización de las trabajadoras y trabajadores de los comedores populares en la Ciudad, que son muchos, y que consideramos que para atravesar la pandemia la única manera de que eso se realice efectivamente es con los cuidados y el reconocimiento que tiene que haber, que es un salario digno”.
En efecto, las organizaciones piden la creación urgente de un Fondo de Emergencia financiado con fondos aportados por los sectores más ricos de la Ciudad, que sirva para hacer que la tarea sea remunerada –y reconocerla como trabajo– de los miles que cumplen funciones social en los barrios vulnerables y que actualmente no perciben salario por eso.
Al respecto, el secretario de Organización de la CTA-A Capital informó que hay una serie de proyectos presentados que están siendo discutidos con legisladores porteños y otros en gestión. “Los proyectos tienen que ver no sólo con el fondo de emergencia, sino también con el reconocimiento integral de muchas de las experiencias que van más allá de lo alimentario, como lo son las trabajadoras y promotoras de derechos, de género, de salud. La campaña Somos Esenciales es mucho más amplia que una olla popular”, agregó.
Sin embargo, en este tiempo transcurrido, el pedido de “Larreta hacete cargo” parece chocar con oídos sordos. “Al principio hubo reuniones pero después eso se fue cayendo. De hecho nosotros hemos realizado denuncias respecto a la entrega de alimentos que realiza el gobierno de la Ciudad en los distintos barrios, pero no hemos tenido ningún tipo de respuesta ni mejoras en esa entrega de productos”, comentó Armando.
Y es que el gobierno porteño tiene una manera distinta de distribuir alimentos en cada villa. Por ejemplo, en la villa 20 se entregan diez artículos cada quince días. Varía la cantidad de alimentos y los días, no es lo mismo para todos y la entrega no está centralizada.
De este problema también deviene la olla popular de los jueves. “Es el día en que con el resto de las organizaciones decidimos focalizar y visibilizar, sacar a la calle nuestras ollas. Más allá de que muchas se mantienen día a día todos los días, la realidad es que no se pueden sostener todas por la falta de mercadería para la gran demanda que tienen”, explicó Armando.
Y agregó: “Sacar la olla a la calle no tiene que ver sólo con hacer que el Estado nos reconozca, sino también con el reconocimiento de la comunidad del esfuerzo que hacen hoy las organizaciones sociales en dar de comer. La campaña viene a reclamar y a impulsar la visibilidad y el reconocimiento de parte del Estado de todo el trabajo comunitario que se hace, ya sea en los comedores, las postas de salud, las recorridas, el acompañamiento a adultos mayores. Hay un montón de trabajos que están invisibilizados y que vienen desarrollando a lo largo de todo este tiempo las organizaciones sociales”.
Por otra parte, en vistas de que el país comienza a transitar el período de la post-cuarentena y reactivación económica, José “Pepe” Peralta, secretario General Adjunto de la CTA-A Capital, señaló: “Esto implica repensar los ejes de la conflictividad social y las iniciativas a desarrollar. Por eso, nuestra campaña también ingresa en una nueva etapa donde, más allá de continuar con la caracterización de los avances organizativos y las dificultades de cada una de las ramas de actividad, estaremos trabajando junto a los sindicatos, agrupaciones y militantes del sector privado de la CTA-A, en construir e impulsar propuestas en diversos ámbitos para generar más y mejor empleo registrado y así realmente distribuir la riqueza que producimos”.
Fuente: AnRed
Apostasía Colectiva despedir a Cesar Cigliutti
Por Apostasía Colectiva CABA, Resumen Latinoamericano, 4 de septiembre de 2020.
Desde Apostasía Colectiva queremos despedir a Cesar Cigliutti, quien fue uno de los primeros en acompañar nuestra convocatoria a abandonar la Iglesia Católica. Acompañamos a activistas, amigxs y compañerxs en este triste momento.Apostasía Colectiva CABA
Última entrevista a César Cigliutti
Por: María Ayuso
¿Sigue siendo difícil hoy «salir del clóset»?
Sí, sigue siendo difícil. Por supuesto, no con la intensidad de lo que vivimos en nuestra generación, porque cuando yo era chico, los únicos referentes eran William Shakespeare o Miguel Ángel, personajes históricos. El proceso de salir del clóset es, primero, siempre interno. Decirse a uno mismo: yo soy el insulto, yo soy «esa palabra»: en mi caso, por ejemplo, «puto». Me lo tuve que decir a mí mismo. Pero no me costó mucho, porque en esa época estaba enamorado de un compañero del colegio, tenía 16 años. Después, cuando empecé la universidad, estaba leyendo La muerte de Iván Ilich, de Tolstoi, que es un hombre burgués que cumple con todas las normas de la época: se casa, tiene hijos y cuando se está muriendo ve a la mujer, ve a los hijos y no se siente reflejado en nada de eso. Yo dije: no quiero esa vida.

¿Y la militancia, cuándo llegó?
Empecé a ir los boliches gays que recién empezaban, lo veía a Carlos (Jáuregui) que había sido elegido presidente de la CHA y para mí era un héroe. Me llamaba la atención que no tuviera tanto reconocimiento de la gente que estaba en el boliche, por ejemplo. Ahí decidí qué clase de homosexual iba a ser yo. Te estoy hablando de 1984.
¿En qué sentido?
Si iba a pelear por los derechos o me iba a conformar yendo a un boliche. Me pareció evidente que tenía que pelearla y luchar por los derechos. Me eduqué siempre en colegios religiosos, pero no me parecía que estuviera en pecado.
¿Cómo fue su infancia?
Mi papá era militar, mi mamá fue maestra durante un tiempo, pero cuando yo era chiquito dejó para ser ama de casa. Era un hogar muy estructurado, estricto, como todos los de esa época. Fui a colegios salesianos, como mi papá era militar estábamos dos años en cada lugar y le daban el pase, fue una vida muy nómade. Cada vez que llegaba a un lugar, tenía que hacerme amigos.
¿Recuerda cuándo tuvo conciencia, por primera vez, de su orientación sexual?
Tuve conciencia cuando era muy, muy chico. Fui al cine con mis hermanas y en la película actuaba Doris Day y no me acuerdo quién. Y yo dije: «A mí me gusta más él que ella, me parece más lindo». Tendría seis años y fue mi primera percepción del peligro. Mi hermana Patricia, yo era superunido a ella, me respondió: «No, a vos te tiene que gustar ella, no él». A mí se me encendió por primera vez la luz roja, como que había cosas que no podía decirlas.
¿Pasaron varios años hasta que pudo hablarlo con su familia?

¡Sí, pasó mucho! Empecé la universidad y a ir a la CHA. No lo contaba, decía que iba a una organización de derechos humanos. Empecé por decir que no me iba a casar, que no era mi proyecto, para que me dejaran de joder con las novias y todo eso. Después, cuando estuve en la CHA, tuve un novio. Una vez estaban todos en la quinta, yo en casa y me encontró mi hermano en una intimidad. Ahí se lo conté primero a mi mamá. Ella, por supuesto, hizo todo el drama de «en qué me habré equivocado», «vas a estar solo», «vas a ser infeliz». Y yo a eso ya no me lo creía. Ahí tenía veintipico y ya estaba militando. Cuando se lo dije a mi papá, me sorprendió su respuesta. Me dijo: «Mirá César, vos sos mi hijo y yo te amo. No cambia nada». No me lo esperaba. Reaccionó mejor mi papá que mi mamá.
Junto a Carlos Jáuregui, en una foto de archivo de la CHA, donde Cigliutti militó desde principios de los 90 Fuente: Archivo
¿Cuáles fueron los miedos de ellos o los prejuicios que tuvieron que ir deconstruyendo?
Hubo todo un proceso de educación y a mí me facilitó mucho estar en la CHA y ser un militante. Fueron varias etapas. En mi familia tuve que hacer docencia. Una vez, un familiar me dijo: «Usás el apellido Cigliutti». Y yo le dije: «¡Y sí, también es el mío!». Una cosa es ser gay, otra decirlo y otra ser público. Va variando el nivel de intensidad y desafíos.
¿Cómo fue su paso a la vida pública?
Al principio, yo era militante pero no era público, el que era público era Carlos Jáuregui. Cuando él murió, hablé yo y lo hice públicamente. Ahí decidí, en honor a él, ser público. Carlos quería que en la Constitución de la ciudad de Buenos Aires existiera un artículo que hablara sobre la no discriminación por orientación sexual. La primera vez que se reunió la constituyente, hice unas fotocopias con la cara de Carlos y puse: «Él está con nosotros». Eso tuvo mucho impacto y el diario La Nación me sacó una foto, es la primera que tengo.
¿Tuvo algún impacto para Ud.?
Al día siguiente, voy al trabajo. Yo trabajaba en la Superintendecia de AFJP, era asistente del gerente general y entraba al mediodía. Mi compañera que iba a la mañana, me dijo: «Pusieron esto en todos los escritorios del edificio». Era una fotocopia del diario La Nación. Yo tenía una relación muy buena con mi jefe. Fui a verlo, entré con la foto y le pregunté: «¿Quiere hablar sobre este tema?». Él me respondió: «A mí me parece muy bien que defiendas tus derechos». Así que siempre tuve su protección.
¿Si tuviera que definir con sus palabras qué implica «salir del closet», qué diría? En un escrito de la CHA, lo definen como un proceso liberador pero que, al mismo tiempo, puede ser muy doloroso.
Es doloroso. Al menos para mi generación. Yo tengo 62 años y fue muy doloroso, porque cuando me dije «soy el insulto, soy esa palabra», no es una cosa que la resolví en un día. No dije: «Bueno, ya está, lo superé». Fue pensar cómo iba a enfrentar yo ese insulto. También me impresionó mucho cuando, por ejemplo, hablábamos con actores que nosotros sabíamos que eran gays y decían: «Yo no soy homosexual». Me pareció tan tremendo pensar cuántas generaciones no se lo pudieron decir ni siquiera a sí mismas. Eso me pareció muy dramático.
¿Cuáles son los miedos o los prejuicios con los que llegan hoy las familias a la CHA?
Algo que me llamó mucho la atención hace años fue cuando llamó una madre de un chico gay y dijo: «Tengo un hijo gay y sé que ustedes son una institución muy seria». Nosotros habíamos empezado con el grupo de jóvenes, porque en una época no podíamos trabajar con chicos y chicas porque era visto como una perversión, por lo que tuvimos que esperar un tiempo y pelear también por eso. Cuando empezaron a llamar los padres y las madres, sobre todo las madres, que no eran muchas, pero hay que reconocer que siempre fueron las mujeres las que llamaron, ahí pensé: «Estamos en otro momento histórico». Muchos años después, llamó Gabriela diciendo que tenía una niña trans.
¿Se refiere a Gabriela Mansilla, la mamá de Luana, la primera niña trans en tener su DNI?
Sí, el tener esta perspectiva histórica te permite poder ver estos cambios. Para mí, la militancia es algo esencial, poder contarles a los jóvenes, a las nuevas generaciones, el marco histórico y la lucha de la CHA.
¿Cómo fue cambiando la mirada de su familia a lo largo de los años?
Cuando salió la ley de unión civil y con Marcelo nos unimos civilmente (el 18 de julio de 2003), fue como una revolución, tapa de los diarios. Fui con mi mamá, mi papá, una de mis hermanas y mi sobrina. A la gente le llamaba la atención. Todas las notas hacían hincapié en que estaba mi familia acompañándome y a parte que estaban contentos. Recibí un montón de mensajes diciendo que no solo nos felicitaban por haber hecho eso, sino por estar con la familia. Hace muchos años, cuando todavía había muchos prejuicios y yo a casa llevaba amigos gays o a una chica trans, mi mamá decía: «¡Qué contenta que estoy, porque me enteré un montón de cosas que jamás hubiese sabido sino hubiera tenido un hijo gay!».
Es ese trabajo de educación del que hablaba.
Sí. Vos sabes que papá era muy atípico como militar. Una vez, unos familiares que eran del interior, muy reaccionarios, gente que se creía no sé qué cosa, en una cena, le dijeron: «Nos enteramos del problema de César». Y mi papá les dijo: «¿Qué problema? Nosotros estamos encantados. Además, estamos recontentos porque nos invitaron a España a un encuentro de padres y madres de gays y lesbianas». ¡Era mentira! Pero era como para decirles: ¡váyanse a cagar!».

¿Y con sus amistades cómo fue?
Con mis amigos fue un tema, perdí a varios. No es una buena noticia, entre comillas. Más en ese momento, era hablar de algo que no estaba aceptado y había que pelearlo. Ahora seguirá habiendo que pelearlo. Porque es un tema como el racismo: será menos intenso, habrá más referentes, pero siempre va a haber un núcleo duro. Durante muchos años y en determinados sectores, se hizo foco en las familias, con prejuicios como «habrá faltado un referente masculino», por ejemplo, en el caso de los varones gay.
¿Eso lo sigue viendo al día de hoy?
Por supuesto que se sigue viendo. Por ejemplo, en las clases medias altas y altas, que son las más rígidas en cuanto a sus tradiciones, esto sigue pasando. Tenemos en el grupo de jóvenes a chicos que son de familias muy aristocráticas que vienen a escondidas y ni se les ocurre todavía decírselos a los padres. Pero al menos tienen un refugio. Nosotros no teníamos refugio, estábamos a la intemperie o en el submundo. Cuando la familia no acompaña, estos espacios se vuelven centrales. Yo no digo que todas, todos y todes sean militantes. Pero sí me parece muy importante que lo pongan en valor. Hay muchas personas que dicen que no creen en el orgullo o en las marchas y a mí me cuesta mucho esa falta de sentido de comunidad.
Dentro del colectivo LGTBIQ+, ¿diría que las personas trans y travestis son las que están atravesadas por una mayor vulneración de derechos? Desde el acceso a un trabajo hasta una vivienda digna y a la salud.
Seguro. Justamente, ahora estamos trabajando desde la CHA, que forma parte del Frente Orgullo y Lucha, por una ley nacional de cupo e inclusión para personas travestis y trans. En la Cámara de Diputados hay como 12 o 13 proyectos y hace unos días presentamos una suerte de dictamen que fue muy agradecido por todas las diputadas y diputados. Así como salió la ley de matrimonio igualitario o la identidad de género, ahora buscamos la de cupo e inclusión laboral travesti-trans.
Es el próximo gran objetivo.
Sí, porque estamos hablando de una comunidad que tiene una expectativa de vida promedio que es la mitad que la de nosotros, donde el 80% está en situación de prostitución, sin ningún tipo de elección. Cuando empezamos hace muchos años con la campaña «Stop Sida» a repartir preservativos en la zona roja, vimos las violencias que representa para una persona estar parada o en los bosques de Palermo o en Constitución. Las consecuencias son tremendas. Devastadoras, no tremendas.
Por: María Ayuso (La Nación)
La primera pareja gay reconocida por un Estado en América Latina fué la de César y Marcelo Suntheim en el 2003.
“Yo me imagino a mí mismo en 1984: si alguien venía del futuro y me decía que me iba a poder casar con quien quisiera y que un varón trans se iba a embarazar, le hubiera respondido ‘estás loca’ porque… ¡estábamos debatiendo si éramos enfermos o no! Que me hablaran de casarme era como pensar en Los Supersónicos”. César Cigliutti
Distinguen a presidente de la CHA como ciudadano ilustre
Télam
Mayo de 2011
El presidente de la Comunidad Homosexual Argentina (CHA), César Cigliutti, fue declarado hoy Ciudadano Ilustre de la Ciudad en un acto que reunió a amigos, familiares y representantes de organizaciones en defensa de los derechos humanos. «Ilustre en nuestra historia, la de la CHA, e ilustre fue Carlos Jáuregui», expresó, emocionado, Cigliutti tras recibir el diploma de distinción en el salón Dorado de la Legislatura porteña y en recuerdo de quien fundó la organización que pugna por la igualdad de derechos y lo precedió en el cargo hasta su muerte, en 1996. En ese marco, el presidente de la CHA estuvo acompañado por su pareja y también militante Marcelo Suntheim; el periodista y escritor Horacio Verbitsky; el cantante Leo García; el vicepresidente de la Asamblea Permanente para los Derechos Humanos, Horacio Ravenna y las legisladoras Gabriela Alegre, impulsora de la ley de reconocimiento, y Diana Maffía. El dirigente recordó los inicios de lucha junto a Jáuregui, destacó el acompañamiento de las organizaciones de derechos humanos en la búsqueda por la igualdad y reconoció como un logro la aprobación de la ley de matrimonio igualitario, sancionada en el Congreso el año pasado. En ese sentido, expresó su agradecimiento al gobierno nacional y el rol que tuvo el ex presidente Néstor Kirchner en la sesión en el recinto de Diputados en la cual quedó aprobada la norma que reconoce el matrimonio entre dos personas de un mismo sexo. Por su parte, Verbitsky rescató de Cigliutti «la lucha de tantos años, asumiendo todos los riesgos y haciéndose visible voluntariamente porque no hay forma de luchar si uno se esconde». Finalmente, Alegre explicó que la distinción «es un reconocimiento a su perseverante labor de tantos años por ampliar el acceso a derechos para todas y todos contra la discriminación por identidad sexual y de género y ha permitido consolidar una ciudad mucho más justa e igualitaria». (Télam)
Fuente: Kaosenlared.
Envio:RL





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