Una campaña perpetua a dos años de la elección de Bolsonaro
Por Katerina Hatzikidi. Resumen Latinoamericano, 13 de noviembre de 2020.
Bolsonaro continúa comportándose como si estuviera fuera del “sistema”, alejándose consistentemente de cualquier evento que pueda no ser favorable a su popularidad.
El 28 de octubre pasado se cumplieron dos años del certamen electoral que catapultó a Jair Bolsonaro a la presidencia de Brasil. Aunque el gobierno se ha esmerado en mostrar el trabajo que ha venido haciendo desde entonces, poniendo énfasis en sus proyectos de infraestructura, su combate contra el narcotráfico y la expansión de la agroindustria, los brasileños enfrentan altísimas tazas de contagio por Covid-19 y una aumentación sin precedentes de incendios forestales y de la deforestación.
Con las elecciones municipales cada vez más cerca, Bolsonaro ha abandonado su disposición inicial de no apoyar candidatos a alcaldías y consejos municipales – temiendo que una eventual derrota pueda dañar su propia imagen – y ha patrocinado públicamente unos cuantos rostros, principalmente en las ciudades más grandes del país. Este vuelco, lejos de ser una maniobra política heterodoxa, resulta en realidad bastante congruente con el enfoque flexible que viene adoptando el presidente en materia de gobernanza, y que parece dar prioridad a la popularidad y a las alianzas estratégicas por encima de la planificación y la coherencia.
Propenso al populismo, Bolsonaro supo presentarse como un candidato “antisistema”, capaz de hacer frente a las elites culturales y políticas y poner término a las dolencias que aquejaban a la política. En efecto, a pesar de su dilatada carrera como consejero y parlamentario, que se iniciara en 1989, Bolsonaro no solo logró distanciarse de la imagen mancillada del hombre político en un momento en que el país fue sacudido y afrentado por la revelación de una serie de escándalos de corrupción, sino que, al subrayar su pasado militar e invitar al general retirado del Ejército Hamilton Mourão a integrar su papeleta, se reposicionó efectivamente fuera del establishment político.
Ahora bien, dos años después de su elección, Jair Bolsonaro continúa comportándose como si estuviera fuera del “sistema”, alejándose consistentemente de cualquier evento que pueda no ser favorable a su popularidad. Determinado a conservar el apoyo de su base “ideológica” más leal y a expandir su electorado más allá de los grupos que votaron por él en 2018, el presidente brasileño se empecina en cultivar su imagen de outsider; de quien se debate para gobernar con seriedad a pesar de los múltiples obstáculos y trabas que enemigos de toda índole ponen en su camino. En su esfuerzo por forjarse la imagen de un honesto y humilde “soldado”, un servidor que trabaja en aras de su país y su pueblo, Bolsonaro no duda en renegar de las decisiones tomadas o en evadir la responsabilidad de sus propios actos, prefiriendo muy a menudo culpar a terceros.
A este respecto, su manejo de la epidemia de Covid-19 resulta paradigmático. Ante el nuevo virus, la actitud inicial de Bolsonaro fue restarle importancia y minimizar sus efectos. “Ya pasó lo peor”, afirmaba de manera optimista el 5 de mayo. La “gripecita” aquella, no obstante, tuvo efectos mucho más devastadores de lo que el presidente estaba preparado a admitir y, en buena parte por la ausencia de políticas de prevención a nivel nacional, Brasil se transformó rápidamente en uno de sus epicentros mundiales de propagación. Bolsonaro presentó entonces al pueblo brasileño un falso dilema entre la protección de vidas humanas y la de la economía. Escogió la segunda, arguyendo que se trataba del único camino a seguir, puesto que una buena parte de la población que trabaja en los sectores informales no podría de todos modos quedarse en casa y confinarse.
Sí promovió en cambio, y con insólito fervor, la administración de la cloroquina, un medicamento para combatir la malaria cuya eficacia contra el coronavirus no ha sido aún probada. En un análisis de los mensajes de Bolsonaro en Twitter entre enero y abril de 2020, sólo se encontraron dos menciones del “aislamiento social” y del “cuarentena” – las únicas medidas efectivas de prevención conocidas hasta el momento – y 20 mensajes acerca de las “milagrosas” propiedades de la cloroquina, carentes todavía de certificación científica. La cloroquina y la hidroxicloroquina serían más tarde puestas a disposición a través del sistema de salud pública (SUS) para tratar en un primer momento a los pacientes con síntomas severos de coronavirus y luego también a los de menor gravedad, previo consentimiento de estos y del cuerpo médico. El presidente prefirió en resumidas cuentas la “receta mágica”, queriendo ofrecer una solución instantánea para un problema complejo, en lugar de aventurarse por rumbos menos populares o de más largo plazo, con beneficios probados.
Fueron las autoridades locales las que tuvieron que decidir en definitiva a qué procedimientos recurrir. Así pues, alcaldes y gobernadores debieron implementar las medidas de distanciamiento social como mejor les pareciera. Esto produjo un conflicto entre el ejecutivo y los gobernadores de cada estado, lo cual se tradujo en mensajes contradictorios a la población con respecto a los mecanismos de cuarentena y otorgó a Bolsonaro la oportunidad para achacar la responsabilidad del catastrófico manejo de la crisis sanitaria y sus gravísimas repercusiones económicas a las autoridades locales. Cuando no era la culpa de los gobernadores, era de la Organización Mundial de la Salud o de China. Nunca de Bolsonaro.
Al mismo tiempo, el presidente ha estado trabajando arduamente con el fin de consolidar las alianzas en el Congreso y en el Tribunal Supremo Federal. En la primera mitad del año, Bolsonaro fue vehementemente criticado por su postura ante la pandemia, así como por su participación en manifestaciones antidemocráticas y anticonstitucionales. Las mociones de destitución en su contra fueron ganando terreno. Además, la dimisión de Sergio Moro, quien lo denunciara por obstrucción a la justica e intención de interferir en la labor de la policía federal, remeció la dinámica interna del gobierno y acaparó por algún tiempo prácticamente toda la atención pública. Bolsonaro, que rompió filas con el partido que lo llevó al poder y no tiene actualmente ninguna afiliación partidaria, concedió favores a políticos de carrera de un grupo de partidos de centroderecha conocido como Centrão, en un intento por asegurar su defensa en caso de iniciarse un proceso de destitución.
Pero muchas cosas han cambiado desde entonces; entre otras, la entrega de un bono de auxilio destinado a trabajadores informales y desempleados, que no solo contribuyó a volver mas bien remota la posibilidad de una destitución, sino que reforzó incluso la popularidad de Bolsonaro hasta un 40 % – cifra que no alcanzaba desde el inicio de su mandato. Entretanto, su decisión de nombrar a Kássio Nunes Marques en el Supremo Tribunal Federal indignó a su base “ideológica”, que esperaba ver en su lugar a algún representante de la línea dura del conservadurismo cristiano. En un intento por apaciguar su descontento, Bolsonaro aseguró a sus adeptos que pronto nombraría un segundo juez, al fin, como lo había prometido, alguien “terriblemente evangélico”, y los instó – con tono mesiánico – a confiar en él aunque desaprobaran sus decisiones o no entendieran sus motivos.
En lo que muchas veces pareciera ser una interminable campaña electoral, Bolsonaro hace constantemente guiños a preocupaciones que movilizan a su base – como cuando se refirió a la “cristianofobia” en su discurso ante la Asamblea General de las Naciones Unidas a principios de este año –, manteniendo a su electorado implicado, pero respondiendo también con presteza a sus demandas. Aunque no anuló su decisión de nombrar a Nunes Marques en el Supremo Tribunal Federal – decisión favorablemente acogida por gran parte de la clase política por su moderación–, sí desacreditó públicamente al Ministro de Salud, general de división Eduardo Pazuello, después de que este anunciara un acuerdo entre el gobierno federal y el estado de São Paulo para comprar 46 millones de inyecciones de la vacuna CoronaVac, actualmente desarrollada por la empresa farmacéutica china Sinovac y producida en Brasil por el Instituto Butantan. “Ya la mandé a cancelar”, dijo Bolsonaro, en un esfuerzo por garantizar a su “base ideológica” que no se comprarían “vacunas chinas” bajo su supervisión, combinando su exaltada retórica anticomunista con las políticas gubernamentales para combatir la pandemia.
Pero Bolsonaro no busca complacer exclusivamente a su base – ya menos o más consolidada –, sino que se dedica activamente a apelar a diferentes segmentos socioeconómicos de la población que pueden contribuir a reelegirlo en 2022. La popularidad de Bolsonaro ha crecido especialmente en las regiones del Sur y del que fuera hasta hace poco un tradicional bastión de oposición, el Noreste. El bono de auxilio de emergencia (600 BRL mensuales, vale decir aproximadamente 90 euros), implementado a regañadientes por el gobierno, que insistía inicialmente en limitarlo a 200 BRL por mes (aprox. 30 euros), mejoró significativamente las condiciones de vida en las zonas económicamente más desfavorecidas de Brasil, y contribuyó a aumentar la tasa de aprobación del presidente entre aquellos cuyos ingresos son iguales o inferiores al salario mínimo.
Este idilio del presidente con el Noreste se refleja en sus frecuentes visitas a la región, documentadas en detalle en sus perfiles de las redes sociales. Sin embargo, aunque intenta ganar a los nordestinos y dejar atrás una historia de declaraciones cargadas prejuicios contra la región y su gente, sus esfuerzos resultan a menudo torpes. En una reciente visita a Maranhão, cuyo gobernador, el comunista Flávio Dino, tiene fama de no ser del gusto de Bolsonaro, el presidente desató una nueva controversia al hacer una broma homofóbica que asociaba el color rosado de una popular bebida gaseosa maranhense con el hecho de ser gay. Dino prometió demandar al presidente, quien más tarde se disculpó por su “inocente” salida, sugiriendo haber sido (una vez más) tergiversado.
Atravesar una coyuntura política extremadamente difícil con la mirada puesta en las elecciones presidenciales de 2022 puede resultar una estrategia ventajosa para la apuesta de Bolsonaro por la reelección; también puede ser perjudicial para la estabilidad democrática del país. Con diferencias que amenazan con volverse factores de polarización, la continua campaña electoral está facilitando la acentuación de posicionamientos políticos radicales, la necesidad de tomar una posición “con nosotros” o “contra nosotros”. La caza de brujas anticomunista al estilo de la guerra fría, que surgió con fuerza durante el juicio político de la presidenta Dilma Rousseff en 2016 y se intensificó durante la campaña presidencial de 2018, sigue siendo relevante en la “radicalización permanente” en la que estriba la perenne campaña electoral de Bolsonaro, junto con cuestiones como la estructura familiar tradicional, los valores del conservadurismo cristiano y un “patriotismo” que estima antipatriótica toda disidencia.
Bolsonaro ha empujado a Brasil a una campaña perpetua que amenaza con trivializar la intolerancia y comprimir el espacio democrático frente a la discrepancia y la posibilidad del diálogo. En medio de un clima político hostil, las instituciones democráticas brasileñas tienen que seguir luchando contra su erosión desde adentro y demostrar que son más fuertes que los desafíos que actualmente encaran.
Fuente: Rebelión
El acceso al agua potable y el
saneamiento deben ser prioridad
en la agenda de las elecciones
municipales
Por Nara Lacerda. Resumen Latinoamericano, 13 de noviembre de 2020.
Una década después de que la Organización de las Naciones Unidas (ONU) declarara que el acceso al agua potable y al saneamiento básico es un derecho humano fundamental, Brasil se está distanciando de la posibilidad de un servicio universal. Organizaciones señalan que nuevo marco interrumpe avances y buscan adhesión de candidatos a una carta compromiso.
Esta es la percepción de entidades del sector, que presionan a los políticos y políticas en las elecciones municipales para que traten el programa como una prioridad. Lanzaron una carta compromiso y quieren la adhesión de candidatos y candidatas a alcaldías y concejos municipales.
Las federaciones regionales de planificadores urbanos y la Federación Nacional de Planificadores Urbanos prepararon el documento «Saneamiento básico y elecciones 2020», que se divide en cuatro ejes: universalización del sistema; lucha contra la privatización, fortalecimiento y eficiencia de la administración pública y valoración de los trabajadores.
Cada una de ellas reúne una serie de propuestas concretas de actuación, con el fin de que las administraciones municipales se encarguen de tomar decisiones y asegurar el avance de la agenda.
«El saneamiento es una política pública cuya propiedad es municipal. Lo que acabamos viendo es la concesión a las empresas estatales o a la iniciativa privada. Pero la propiedad de este servicio, de hecho, pertenece al municipio», explica Fábio Giori, secretario de saneamiento de la Federación Nacional de Urbanistas (FNU), en una entrevista en el programa Bem Viver, de la Radio Brasil de Fato.
«Estas elecciones tienen todo que ver con el tema, en un año tan emblemático. Es el año en que celebramos los diez años de la declaración de la ONU, pero también es el año en que vimos aprobado el nuevo marco de saneamiento, que significa un paso atrás», añade.
La carta compromiso requiere la valorización de los empleados municipales que trabajan en el sector. Giori señala que en medio la pandemia en el país, el saneamiento, especialmente el agua, es el principal insumo para combatir la proliferación del virus, mientras que las aguas residuales pueden ser un vector de contaminación.
«Incluso durante este proceso, las personas han recibido saneamiento. Los trabajadores del sector han podido garantizar el servicio. Sin ellos, el saneamiento no llega a la sociedad», dice Giori.
Privatización
El nuevo marco jurídico para el saneamiento básico facilita la privatización del servicio y extingue el modelo de contrato entre los municipios y las empresas estatales de agua y alcantarillado. En la carta de compromiso se sugieren iniciativas encaminadas a reducir el paso atrás que representa la legislación actual.
Entre ellas, la garantía de que el servicio se prestará directamente, por medio de los municipios o empresas públicas municipales, y el compromiso de la continuidad de la gestión compartida con los concesionarios del Estado, con el mantenimiento de los Contratos de Programa para todos los municipios.
En otro punto del documento se pide que se procure incluir el agua y el saneamiento como derechos humanos esenciales en la Ley Orgánica Municipal, que sólo pueden ser privatizados después de aprobación popular mediante plebiscitos y audiencias de autorización pública.
«Sólo la empresa pública puede garantizar el saneamiento, sobre todo en las ciudades de baja densidad de población, las zonas de ocupación desordenada, las periferias, las laderas. Sólo el servicio público es capaz de manejarlo, ya que la empresa privada busca ganancias y en esos lugares no se obtendrán ganancias», señala Giori.
Para las entidades, el fortalecimiento del papel de los municipios en las políticas de saneamiento básico debe entenderse como un punto esencial. Los candidatos y candidatas deben comprometerse a elaborar y aplicar planes municipales y a fomentar la participación de la población y el control social de las políticas.
Según Fábio Giori, es necesario buscar «la modernización de la gestión, especialmente en la lucha contra las pérdidas y el abaratamiento de la prestación de servicios».
«Es importante que logremos hacer mucho más por menos, en vista de la crisis por la que hemos pasado», dice.
Traducción: Pilar Troya
Fuente: Brasil de Fato
Stedile refuta las mentiras de
Bolsonaro sobre la influencia del
MST en el Ministerio de Defensa
Resumen Latinoamericano, 14 de noviembre de 2020.
El ultraderechista, hoy presidente, afirmó que el ministerio fue infiltrado por el MST y por partidos, y acusó al líder del movimiento campesino de tener integrantes dentro.
João Pedro Stedile, líder del Movimiento de Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST), respondió este viernes pasado al presidente Jair Bolsonaro sobre su supuesta influencia en el Ministerio de Defensa y, en consecuencia, en las Fuerzas Armadas brasileñas.
Bolsonaro afirmó, en entrevista este viernes, que la cartera de defensa fue integrada por partidos político y por el MST en los gobiernos de Lula y Dilma. «El Ministerio de Defensa está ocupado por gente del PT y del PCdoB. Solo faltó el PSOL adentro. Incluso el MST estaba dentro de la Defensa, cuidando áreas estratégicas», dijo Bolsonaro.
Y siguió acusando directamente a Stedile. «João Pedro Stedile no tendrá infiltrados en el Ministerio de Defensa. Sin duda será el Ministro de Defensa», aseguró el mandatario a sus partidarios.
El líder del MST respondió a las declaraciones en Twitter. «Cuando la gente lo arroje al basurero de la historia, no dependerá de mí estar en el Ministerio de Defensa. Espero que ningún ministerio sea ocupado por personas, uniformadas o no, subordinadas a Estados Unidos, sino por brasileños comprometidos con nuestra soberanía nacional. «dijo Stedile.
Agregó, en otro mensaje: «De hecho, Jair Bolsonaro debería preguntarle al general Villas Boas, antes de hablar de mi influencia en las Fuerzas Armadas, si el servicio de inteligencia del Ejército tiene antecedentes de mi injerencia en el Ministerio de Defensa. Él realmente, no sabe nada de defensa», concluyó Stedile.
Fuente: Brasil de Fato
¿Qué está en juego en las elecciones municipales de este domingo?
Resumen Latinoamericano, 13 de noviembre de 2020.
Este domingo 15 de noviembre casi 148 millones de brasileños podrán elegir alcaldes y concejales en 5.568 municipios. La primera contienda después de la asunción de Bolsonaro está marcada por la pandemia y la fragmentación de la izquierda.
Las elecciones municipales, originalmente programadas para octubre, se pospusieron debido a la pandemia de coronavirus. El cambio de calendario fue aprobado por el Congreso Nacional en julio de este año.
La crisis sanitaria del covid-19 en el país, lejos de estar bajo control, es uno de los factores que podría llevar a una mayor abstención en las elecciones de este domingo, aunque el voto sea obligatorio para todos los brasileños mayores de 18 años. En las elecciones presidenciales de 2018, más del 20% del electorado no acudió a votar.
A continuación se presenta un breve resumen de la disputa electoral, marcada también por la disminución del poder de influencia de Bolsonaro y la fragmentación de la izquierda en algunas de las principales capitales del país.
Fuerzas políticas
En las elecciones municipales de este domingo (15), son tres las grandes fuerzas políticas que se enfrentarán.
El bolsonarismo, compuesto por fuerzas políticas diversas pero vinculadas al apoyo del gobierno de Bolsonaro y alineado con un proyecto político de extrema derecha, pretende establecerse en el escenario político municipal, ya que es una expresión muy reciente en el país, para consolidar una base electoral que abriría paso a la reelección del actual mandatario en 2022.
El campo progresista, formado por fuerzas políticas heterogéneas, se encuentra fragmentado, a pesar de las sucesivas derrotas tras el golpe contra Dilma Rousseff en 2016.
El partido político del ex presidente Lula da Silva busca mantener su posición hegemónica en el campo de las fuerzas progresistas, pero sin presentar candidaturas competitivas en las capitales. De las 9 capitales en las que el campo progresista está disputando la segunda vuelta en este momento, sólo dos estarán encabezadas por el Partido de los Trabajadores (PT).
En algunas capitales, el PSOL (Partido Socialismo y Libertad) busca consolidarse como una alternativa a la hegemonía del PT. En Belém, capital del estado de Pará, Edmilson Rodrigues, representante de la sigla, lidera las encuestas de intención de voto, con el 38%.
En São Paulo, Guilherme Boulos, el candidato por este partido de izquierda, está técnicamente empatado en segundo lugar con el candidato apoyado por Bolsonaro, Celso Russomano, con un 13 y un 12 por ciento de intención de voto, respectivamente. El actual alcalde, Bruno Covas (Partido de la Socialdemocracia Brasileña – PSDB), lidera la carrera con el 32% de los votos, según la encuesta de IBOPE divulgada el pasado lunes (09).
En Recife, capital de Pernambuco, en el noreste de Brasil, el progresismo llega a las urnas fragmentado en dos coaliciones. Los candidatos y primos João Campos (PSB) y Marília Arraes (PT) disputan la alcaldía y el legado familiar y de la izquierda en la región.
En Porto Alegre, capital del estado de Rio Grande do Sul, hay una posibilidad real de victoria para el campo progresista, con Manuela D’Ávila (Partido Comunista de Brasil – PCdoB) liderando las encuestas. D’Ávila fue candidata a la vicepresidencia en la coalición con Fernando Haddad (PT) en las elecciones presidenciales de 2018.
A su vez, la derecha tradicional, que reúne a las fuerzas políticas que pretenden ser una tercera vía entre las fuerzas anteriores, busca reposicionarse en la política brasileña después de la profunda derrota que sufrió en 2018, cuando fue reemplazada por el bolsonarismo. Estas fuerzas pretenden conformar un polo político que se presente como una alternativa para la contienda presidencial de 2022.
Influencia de Bolsonaro
Protagonista y principal impulsor de la extrema derecha en Brasil durante las elecciones de 2018, el presidente Jair Bolsonaro ve su influencia disminuir drásticamente en las elecciones municipales de este año.
El mandatario, sin partido político desde su salida del PSL en noviembre de 2019, tuvo poca influencia en la construcción de alianzas en los municipios brasileños.
En las principales capitales del país, los candidatos apoyados por Bolsonaro, más o menos explícitamente, oscilan en las encuestas electorales. Entre los candidatos seguidores de Bolsonaro está Celso Russomanno (partido Republicanos), candidato a alcalde de São Paulo.
Sin embargo, es posible que la influencia del Bolsonaro lleve a un aumento de la extrema derecha en los concejos. El bolsonarismo tiende a articular un ejército de concejales, reverberando la ideología neofascista en los lugares más remotos del país, según el análisis de Lucio Centeno, de la Consulta Popular.
Números
Los hombres representan más de dos tercios de las candidaturas a las alcaldías y concejos del país (66,90% de los hombres y 33,10% de las mujeres), según el estudio Panorama de las elecciones municipales – Mapa de las candidaturas 2020.
Aunque las mujeres sean más del 52% del electorado en Brasil, de las 317 candidaturas a las alcaldías de 26 capitales de estados brasileños en 2020, apenas 59, o 23%, serán lideradas por ellas.
El escenario no es muy diferente en relación con el número de candidatos afrodescendientes, aunque más del 56% de su población se declare afrodescendiente. Un levantamiento hecho por Brasil de Fato señala que entre los postulantes a las alcaldías, 208 son blancos (65,61%), 107 negros (33,75%) y 2 indígenas (0,6%).

Apenas 20 mujeres afrodesendientes disputarán las alcaldías de las 26 capitales brasileñas en 2020. Con relación al número total de candidatos (317) son 6,3%. Comparado con el número de candidaturas de afrodescendientes (107), ellas representan apenas 18,6%.
Para la escritora y periodista Bianca Santana, las cifras son “terribles” y evidencian “la posición que las mujeres afrodescendientes ocupan dentro de los partidos”.
“Es una reafirmación del racismo y del sexismo de esa política institucional blanca y heteropatriarcal que tengamos poco más de 6% de mujeres afrodescendientes candidatas a alcaldesas de las capitales, cuando somos cerca de 25% de la población», afirma.
Pandemia
En la primera ronda de las elecciones municipales, que se celebrará este domingo (15), el uso de mascarilla será obligatorio. El horario será extendido, de 7h a 17h (hora local) para distribuir el flujo y evitar aglomeraciones. En las colas debe haber al menos un metro de distancia entre las personas.
El Tribunal Superior Electoral (TSE) también determinó que el horario de 7 a 10 de la mañana será preferencial para las personas mayores de 60 años, uno de los grupos de riesgo de la covid-19.
La Constitución brasileña establece que debe haber una segunda vuelta para la elección de alcaldes cuando ninguno de los candidatos obtenga más de la mitad de los votos válidos en la primera vuelta. La segunda vuelta está prevista para el 29 de noviembre.
Los resultados de la primera vuelta se darán a conocer unas horas después de la finalización de la votación, ya que el país cuenta con un sistema electoral 100% electrónico desde las elecciones municipales de 1996.
Fuente: Brasil de Fato
Elecciones municipales: pierden
fuerza las candidaturas apoyadas
por Bolsonaro
Por Pedro Rafael Vilela. Resumen Latinoamericano, 14 de noviembre de 2020.
Especialistas señalan que militancia bolsonarista perdió fuerza de cara a las elecciones municipales.
Protagonista y principal instrumento electoral de la ascensión de la extrema derecha en Brasil durante las elecciones de 2018, el presidente Jair Bolsonaro ve caer drásticamente su influencia en las elecciones municipales de este año.
Sin un partido político que pudiera organizar más claramente su base de apoyo, el presidente poco incidió en la creación de alianzas. Ni siquiera el ímpetu de la militancia bolsonarista en las redes sociales, que fue avasallador hace dos años, parece ejercer un papel determinante en el escenario actual.
«El bolsonarismo no está fuerte en los municípios, definitivamente. Si tomamos las encuestas en las principales capitales, los que se han presentado fuertemente como nombres de Bolsonaro no lideran por eso y no han conseguido impulsar una militancia de redes sociales, de grupos de WhatsApp, como hicieron en 2018», analiza el cientista político Francisco Tavares, profesor de la Universidad Federal de Goiás (UFG).
En las principales capitales del país, los candidatos apoyados por Bolsonaro, de forma más o menos explícita, patinan en las encuestas. Entre los nombres asociados a Bolsonaro, está el de Celso Russomanno (Republicanos), candidato a alcalde de São Paulo.
De líder disparado, Russomanno comienza a repetir su desempeño en elecciones anteriores, en las que fue perdiendo apoyo y ni siquiera llegó a la segunda vuelta. En Manaus, Coronel Menezes (Patriota) está apenas en sexto lugar, con cerca de 6% de la intención de voto, según encuestas recientes.
En Fortaleza, Capitão Wagner (Pros) aparece en segundo lugar, pero está en una disputa muy cerrada con los candidatos Sarto (PDT), aliado de Ciro Gomes, y Luiziane Lins, del PT.
Además de eso, el aliado de Bolsonaro en la capital cearense ha evitado vincular su nombre al del presidente, por causa de su baja popularidad en el estado, que tiene ampla influencia de sectores de izquierda.
En Belo Horizonte, donde el actual alcalde Alexandre Kalil (PSD) camina con ventaja hacia la reelección, el candidato que tiene la simpatía de Bolsonaro, Bruno Engler (PRTB), tiene poco más de 3% de las intenciones de voto, según encuestas recientes.
Para Tavares, aún es muy temprano para señalar cualquier tendencia para las elecciones presidenciales de 2022, pero lo que la disputa municipal puede estar señalando es justamente una cambio sociopolítico con relación a lo que se vio hace dos años. El cree que las redes bolsonaristas «pueden estar encontrando alguna fatiga».
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«Aquella explosión de extrema derecha que se vio en 2018, que comienza a enraizarse en la sociedad, que sale a la calle, que apunta a la rutpura institucional, no está tan activada en este momento. Las redes de extrema derecha del bolsonarismo no están dando la demostración de fuerza que dieron en 2018», evalúa.
Tavares señala que la militancia más aguerrida que ayudó a elegir a Bolsonaro, «que iba a la calle y a las redes sociales», comienza a abandonar la defensa del gobierno por no ver solución para cuestiones como la crisis económica y el desempleo.
«Cuando la extrema derecha apuesta por las mismas políticas de austeridad contra las cuales las personas votaron creyendo que era un proyecto disruptivo, esta va perdiendo el ímpetu. Y lo pierde primero en la militancia, después en la popularidad», analiza.
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Para Carlos Machado, profesor del Instituto de Ciência Política de la Universidad de Brasilia, esa militancia bolsonarista fue constituida no de forma espontánea, sino a partir de intereses que convergieron en 2018, y que no se reproducen nuevamente en la disputa actual. «Una parte de esos actores migró al perciber que no habría un ganancia necesaria al unir su imagen a la de Bolsonaro en el contexto actual», señala.
Según el docente, una parte significativa de la militancia bolsonarista que actuó en la campaña presidencial tenía un interés económico vinculado al proceso electoral, «sea del punto de vista de recibimiento que obtuvieron a través de las estructuras de campaña online, pero también de varias personas que se pusieron en una perspectiva de anti-política y, no por casualidad, acabaron participando y siendo elegidos».
A pesar de haber conseguido mantener una cierta estabilidad en su popularidad, alrededor del 40%, Machado resalta que el presidente Jair Bolsonaro vio que el perfil de su base de apoyo se modificó desde que tomó posesión en 2019, lo que añade más incertidumbre a los pronósticos.
Si por un lado sectores de la clase alta que ayudaron a elegir al capitán dado de baja en 2018 comienzan a salir de su base de apoyo al percibir «las acciones del gobierno como ineficaces para abordar la crisis actual», la ayuda de emergencia resultó en una adhesión de sectores populares al gobierno. «Con el fin de la ayuda de emergencia, la configuración de esa base puede sufrir nuevos cambios», prevé Machado.
Francisco Tavares considera que la decisión de Bolsonaro de mantenerse a cierta distancia de la disputa municipal también fue una forma de no exponer las fisuras en su popularidad.
«Su no participación ostensiva en los procesos electorales, al menos en la primera vuelta, no puede ser interpretada como improvisación. El sabe lo que está haciendo y debe tener sus investigaciones, principalmente cualitativas, que le dicen que no es adecuado involucrarse expresamente en el proceso electoral», afirma.
Otro punto que observa el cientista político tiene que ver con los temas que más movilizan el debate público en las elecciones actuales.
«Desde 2018 para acá, muchas cosas cambiaron. Cuando se le pregunta al electorado aquí cual es su principal preocupación, aparecen salud, empleo e ingreso, y eso se ha proyectado fuera del país», observa Tavares.
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En las encuestas sobre elecciones que conduce la UFG en Goiânia, un enclave conservador en el centro-oeste, los temas de costumbres casi no aparecen ya entre las preocupaciones de la populación.
«Las personas no estão se pautando por elementos como escuela sin partido, guardia municipal con más armas, no es eso lo que está dando el tono, al contrario. Esa agenda conservadora en apenas dos años parece haber perdido mucho de su ímpetu también», concluye.
Traducción: Pilar Troya
Fuente: Brasil de Fato
Envio:RL





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