Un 2020 que puede ser bisagra: el año en que el rugby expuso su peor cara
Los “valores” y la “superioridad moral” se agotaron con el asesinato de Báez Sosa y los viejos tuits racistas de jugadores de Los Pumas. La cultura rugby ya entró en revisión, el inicio de un camino que aún no alcanza.

Camioneros Rugby Club, el equipo del sindicato, elevó el pedido para que sea aceptado por la Unión Argentina de Rugby (UAR). “No nos dejan participar -dice Pablo Moyano, secretario general de Camioneros y presidente del club-, y tenemos toda la estructura”. Marcelo Rodríguez, presidente de la UAR, recibió a organismos de Derechos Humanos en la sede de San Isidro, capital del rugby en Argentina. De los 240 deportistas desaparecidos en la dictadura, 151 son rugbiers. Pasó un año. A pesar de la promesa, nunca llegó una respuesta al reclamo de reconocimiento. La aristocracia local, anglófila, cedió el fútbol a comienzos del siglo XX a las clases emergentes. Pero se atrincheró en el rugby. “Cuando hablamos de los valores del rugby hablamos de la moral victoriana -explica el investigador Carlos Aira, autor de Héroes de tiento-. El debate real es por qué no tenemos rugby profesional en Argentina. Y ahí comienza la cuestión de los valores, que con el dinero se perdería todo ese espíritu. Pero la realidad es que quieren que al rugby lo practiquen pocos. La UAR pone un dique de contención para que no puedan competir aquellos que no pertenecen a su clase social”.
Más de cien años después, Pablo Matera, capitán de Los Pumas, Guido Petti y Santiago Socino expresaron en viejos pero reales tuits, ya de mayores de edad, el clasismo del rugby. Discriminación, racismo y xenofobia contra negros, mucamas, judíos, paraguayos y bolivianos. La UAR primero suspendió a los jugadores. Y, a los días, levantó la sanción. El marco general, sin embargo, englobó poca autocrítica y mucha justificación. Tirar la basura debajo de la alfombra. “Ustedes los rugbiers -le dijo una vez Diego Maradona a Hugo Porta, emblema Puma que lloró su muerte- van a un lugar, rompen todo y está bárbaro. Nosotros tiramos un vaso y es como si hubiéramos matado a uno”. El rescate de los tuits, posterior al “homenaje” a Maradona con una cinta aisladora negra de Los Pumas ante la ofrenda ancestral de la camiseta de los All Blacks, la selección que visitó el museo de la ex ESMA, rescató una vieja frase repetida en el ambiente elitista: “El fútbol es un deporte de caballeros jugado por brutos, y el rugby es un deporte de brutos jugado por caballeros”.
Los tuits de Matera y los jugadores de la selección eran de jóvenes que no pasaban los 20 años, al igual que los ocho rugbiers del Club Náutico Arsenal Zárate que mataron a golpes y patadas a Fernando Báez Sosa este verano en Villa Gesell. Eran adolescentes con discursos de odio. La UAR habló de “fallecimiento”. “A mi hijo lo golpearon por racismo. Tal vez se sentían superiores porque eran rubios y Fernando tenía la piel morena”, dijo Silvino Báez, padre de Fernando. “Linda mañana para salir en el coche a pisar negros”, escribió en Twitter Matera durante 2012, año en el que debutó en Los Pumitas. No es Matera. Las responsabilidades tienen en el vértice a la dirigencia. Si el rugby se autodestruyó en 48 horas, con el “no” homenaje a Maradona y los tuits, si los jugadores pasaron de “héroes” que le ganaron por primera vez en la historia a los All Blacks a “villanos” de la sociedad argentina, es porque el rugby expuso en 2020 su peor cara. La UAR, después del asesinato a Báez Sosa, puso en marcha el plan “Rubgy 2030, hacia una nueva cultura”. Suena a poco. Hay urgencias. Los autoproclamados “valores” y la autopercibida “superioridad moral” también se agotaron en 2020. Al margen de los jugadores, la cultura rugby ya entró en revisión. Nunca es culpa del deporte. Sí de años de normalizaciones dirigenciales.
El 95% de las personas que practican rugby en Argentina, según un estudio del Instituto de Investigación sobre Jóvenes, Violencia y Adicciones, son varones y, en su mayoría, de clase media alta. Y las mujeres que lo juegan lo hacen en disonancia con los “liderazgos” y “códigos”. Aun con excepciones aisladas, el rugby se prohíbe “mezclarse”, lo que empobrece su estructura y, sobre todo, trae problemas de fondo. “La dirigencia de la UAR es la máxima responsable de lo que pasó -escribió Jorge Búsico, periodista especializado en rugby-. Hizo lo de siempre: cortarle la cabeza a los jugadores. Los dejaron solos para que se los coman de todos lados. No era la manera, y esto no exime para nada a quienes escribieron esos tweets, pero por ahí no se empieza el trabajo que hay que hacer. Si esta sola es la medida, sin alcanzar a dirigentes y staff, todo seguirá igual. O cada vez peor, como está pasando minuto a minuto”.
El rugby suele a veces ser estereotipado y ridiculizado. Son los “chetos”. Los Dicky Del Solar. No es el camino. Facundo Sassone es hijo de padre rugbier, fue jugador, entrenador y ahora es dirigente de Gimnasia y Esgrima de Ituzaingó, un club periférico de la Unión de Rugby de Buenos Aires (URBA). Sociólogo, integra la Comisión de Formación Integral y Mejora del Comportamiento (FIMCO) de la URBA. Creada tras el asesinato a Báez Sosa, pasaron este año por la comisión más de 4000 miembros de los 91 clubes de la URBA y de los 565 de la UAR. “El rugby -dice Sassone- tiene un sesgo clasista, no de ahora, sino desde los primeros tiempos. Hay un desprecio muy arraigado. Y nos creemos superiores sólo por jugar al rugby. Hay formadores buenísimos y formadores que reproducen lógicas sexistas y discriminatorias. A veces se dice: 'Es la sociedad'. ¿Pero qué hacemos nosotros, porque el rugby es parte de la sociedad? Los hechos no son aislados, y si los pensamos así, cometemos el peor error. Hay mucha hipocresía. Hay que hablar menos de los valores y actuar con acciones positivas. Hay resistencia, pero es parte del proceso”.
Fuente:TiempoArgentino
El hijo de un
rugbier desaparecido fulminó a Los Pumas
Julián
Axat es hijo de un rugbier desaparecido en la última dictadura militar. En
diálogo con Télam, liquidó a Los Pumas y habló sobre la "microcultura del
rugby".
SÁBADO, 5 DE DICIEMBRE DE 2020
Julián Axat es abogado y escritor. Es hijo de Rodolfo Jorge Axat, exrugbier desaparecido durante la última dictadura militar en la Argentina. En diálogo con Télam, Axat habló sobre Los Pumas y aseguró que tienen valores "miserables".
También sostuvo que en la ausencia de un homenaje a Diego Maradona por parte de Los Pumas y la dirigencia ante los All Blacks hubo "un tufillo a negacionismo, a negar lo masivo y popular y quedarse en la distinción de clase"; y que los únicos que quisieron democratizar el rugby fueron justamente los jugadores desaparecidos.
Dijo además que la dirigencia y los jugadores de rugby argentinos están criados con valores "miserables y restrictivos"; y que en el ambiente de ese deporte hay una "microcultura" que se sostiene en "el patriarcado y la violencia revanchista".
P: ¿Qué lectura tenés del "homenaje" de Los Pumas a Maradona en contraste con el que hicieron los All Blacks?
R: Los All Blacks entendieron perfectamente quién era Maradona y consideraron que aprovechar la apertura del partido y homenajearlo junto al tradicional haka era una manera también de hermanarse con los contrincantes argentinos; es decir, una forma más de caballerosidad en el gesto generoso de los All Blacks en las reglas del rugby. Creo que lo que ellos no se esperaban era que los Pumas se iban a quedar helados, sin hacer nada, vaciados de gesto y en el puro silencio. Porque, mas allá de las disculpas posteriores, en esa gestualidad se deja entrever como un tufillo a negacionismo por parte de Los Pumas y su dirigencia. Maradona, como ídolo popular masivo que trasciende incluso todos los deportes, es entendido mejor por los All Blacks que por la selección que lleva su camiseta, acostumbrada a negar lo masivo y lo popular y quedarse en lo elitista, en la distinción de clase.
P: ¿Hay un hilo que conecta la visita de catorce All Blacks a la ex Esma en 2019 con el homenaje a Maradona?
R: Yo creo que sí, es el hilo invisible o ahora demasiado visible, que impide a esta altura a la UAR realizar un gran homenaje a sus 152 jugadores desaparecidos, después de 44 años del último golpe militar. Esa promesa surgió nuevamente gracias a la visita que hicieron los All Blacks a la ex ESMA y que motivó que con los organismos de derechos humanos y familiares le escribamos una carta a la dirigencia de la UAR, diciéndoles "como es esto que los All Blacks fueron a un CCD y ustedes nunca hicieron nada". La UAR nos recibió, prometió un partido homenaje, y todavía estamos esperando… Ese hilo invisible es llegar tarde o simplemente negar a esta altura la memoria de lo ocurrido. Como se niega la memoria de un ídolo popular, se niega la memoria de los 30.000 desaparecidos, entre los 152 que jugaron ese deporte.
P: ¿Fue un ejemplo lo que hicieron los All Blacks?
R: Sí. Evidentemente los All Blacks y su dirigencia tienen muy claro el problema de la memoria, la verdad y la justicia. Quizá su proveniencia de otro ámbito social, su integridad ética y sus convicciones sea aquello que los diferencia de nuestra selección y su dirigencia, criada en otros valores sociales, mucho más miserables y restrictivos.
P: ¿Cómo calificás o qué ocurre con la dirigencia del rugby local que aún no reconoce a los jugadores detenidos-desaparecidos?
R: En la dirigencia del rugby argentino hay de todo, pero lamentablemente hegemoniza una pertenencia de clase que busca la distinción a través de mecanismos que distancian, elitizan, cierran, reproducen valores de casta que se hereda de padres a hijos. Esto excede al juego que nada tiene que ver (lo que ocurre dentro de la cancha). Es lo que está por fuera. Hay dos valores muy jodidos de esa dirigencia: el patriarcado y la violencia revanchista. Ambos a veces se conjugan y producen una microcultura que sale hacia afuera y es escandalosa. Se traduce en actos de xenofobia, actos racistas, negacionistas o violencia brutal hacia otros sectores sociales como lo vimos en Villa Gesell con el asesinato del chico (Fernando) Báez Sosa.
P: ¿Notás que a las estructuras del rugby no les interesa democratizar sus reglas?
R: Los únicos que intentaron abrir esas reglas o democratizarla son los jugadores de rugby que están desaparecidos, porque con su militancia en los 60/70 mostraban que afuera de la cancha era posible vincularse a otros valores. Exponían la identidad clase. Después hay intentos de democratizar esas reglas de casta o de pertenencia, y son experimentos geniales, como los de Club Virreyes, el rugby femenino, el rugby en las cárceles, Tobas Rugby, el rugby que la gente de Los Tilos lleva a los Institutos de Menores de La Plata, etc. Pero son experiencias marginales que no logran perforar las reglas de pertenencia miserabilista que rodean y hegemonizan por fuera al juego del rugby en Argentina.
P: ¿Existe la cultura rugby? ¿Cuál es?
R: Existe algo así como la microcultura rugby, ese conjunto de reglas sociales que hacen a un microclima de pertenencia y posición, a un ethos de prestigio y también de socialización, que no logra construir una "cultura" en sentido general. Son sectores medios y medios altos, construyendo maneras de sociabilidad cerradas que aparentan ascenso, llevando a sus hijos los sábados y domingos a jugar en autos de alta gama, quedándose los padres a mirar el entrenamiento y hablando de negocios en el tercer tiempo; y las madres en un rol bastante sumiso y estereotipado que sostiene la mirada patriarcal de estar ahí tan pasiva.
P: La Plata RC puso una placa para homenajear a sus jugadores detenidos desaparecidos. ¿Por qué nunca se hizo un tributo merecido?
R: La placa de los desaparecidos de LPRC dice algo así como "a los desaparecidos y víctimas de los 70" y están sus nombres. La frase me parece un desastre, pero al menos la placa está allí, en el quincho del club, y eso fue un hecho importante. La frase muestra las contradicciones de la dirigencia. Estaría bien cambiar la placa algún día e incorporar los nombres de los jugadores que faltan y de paso cambiar la frase, poner algo así como "a los jugadores de rugby víctimas del terrorismo de Estado 1975/83 que pasaron por este club y a través de su compromiso revolucionario dieron el ejemplo y soñaron con un mundo mejor".
Fuente:mdz
Rugby fernet
El rugby es o debería ser un deporte de negros en la Argentina, mejor dicho de camisetas negras con el 10 al centro, como esa que trajo los otros días un mensaje de grandeza a propósito de Maradona, y no el recuerdo de las “camisas negras” fascistas que inspiran odio y violencia.
Una vez más, nuestro rugby vernáculo muestra esa contradicción aún blindada en un sistema de castas familiares que mantienen la primera división lejos de los pobres. De esto no toma nota la Unión Argentina de Rugby (UAR), a pesar de abroncar enérgicamente a tres integrantes de Los Pumas, a los que la naturaleza le resultó algo escasa en mater(i)a gris.
La respuesta institucional fue algo así como el regaño de una abuelita que chochea con un:
—No vuelvas a hacer eso, feo, malo, y acordate que la próxima te quedás sin postre, acompañado de:
—Matera, Socino y Petti, vayan en penitencia al cuarto para pensar lo que hicieron y sin prender la play como lección. Sepan que la xenofobia es políticamente incorrecta, publicarla en Twitter está mal y borrarla peor.

La regulación en Argentina no permite el “derecho al olvido». Conocer cómo piensan los tres tristes pumas permite comprender parte de la cultura heredada de las islas británicas, con las trampas y reglas imperiales del Rugby School inglés, pero sin títulos de nobleza. Esos que no necesitaron Fiji, Tonga, Nueva Zelanda, Samoa, Australia (que sirvió de colonia penal) y Sudáfrica, que superaron las diferencias recién cuando Nelsón Mandela unió este último país con una pelota en el mundial 1995 y terminó definitivamente con el racismo institucionalizado.
Por eso, hoy el rugby también tiene un montón de putos lindos con los abdominales marcados (o no tanto), presidiarios en busca de una salida a la miseria del encierro, judíos acostumbrados al susurro “de mierda” en algunos partidos o jugadores tobas que la rompen en el Aborigen Rugby Club. Todos ellos eligen este deporte para ser mejores personas. Punto.
Se trata de un juego que antes de los aminoácidos y la creatina sin límite integraba al gordo, al flaco, al alto y al petiso. Los formaba en equipo, los ponía en línea y de paso los convertía en grandes compañeros de vida; en particular, porque todas las primeras experiencias eran compartidas en las divisiones infantiles. El primer beso, terminar el secundario o las vacaciones lejos de padres controladores.
Imágenes paganas
El ejemplo lo dieron los All Blacks dos veces. La imagen global en su tributo a Diego Maradona sobre el campo del Newcastle (Australia), el pasado 29 de noviembre y antes, en julio de 2019, cuando el equipo neozelandés visitó el Espacio Museo de la Memoria (ex ESMA) al enterarse de que la última dictadura dejó en el rugby la mayor cantidad de jugadores asesinados o desaparecidos.
Por entonces, Carola Ochoa había recorrido los clubes de todo el país, contrastando investigaciones propias con datos registrados en los informes de la Conadep, entre otras fuentes. La búsqueda, en la que Ochoa ya descubrió 157 casos, aún se realiza y puede verse en la página de Facebook, que va por el V Torneo Nacional Homenaje a los Rugbiers Desaparecidos.
En esos feedback a los setenta la acompañaron Santiago Gomez Cora, el más destacado jugador de seven en la historia de Los Pumas y hoy entrenador de esa selección y Eliseo “Chapa” Branca, otro ex Puma que hizo prácticamente toda su carrera en el Club Atlético San Isidro (CASI).
Una historia curiosa: Branca compartió cancha, vestuarios, salidas y entrenamientos con Alejandro Puccio, el tristemente célebre miembro del clan dedicado a los secuestros extorsivos, cuyo padre, Arquímedes, había sido integrante de Tacuara en tiempos de juventud y se presume que luego obró como esbirro de la Triple A. De esa matriz de terror salió el niño mimado por las elites sanisidrenses.

Antes del trabajo de Ochoa, la lista sumaba entre 20 y 35 jugadores desaparecidos. Una parte de la historia la cuenta el periodista Claudio Gómez en Maten al rugbier (Sudamericana, 2015). Allí aparece Jorge Moura, hermano de la voz líder del grupo platense Virus, la banda que revolucionó el post-punk de los ochenta, con su luna de miel en las manos o esas imágenes paganas que desnudan en sueños.
Federico muere en 1988 con la llamada “peste rosa”, nombrada así por la intolerancia de esa época, y Jorge es asesinado una década antes por integrar la insurgencia en el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP).
Del libro de Gómez surge que el rugby tuvo militantes sociales y un montón de tipos buenos que no representan la ideología xenófoba y discriminatoria de Santiago Socino, Pablo Matera y Guido Petti, los referentes “pura sangre, never pony” de Los Pumas que invitan a este artículo.
Por su parte, la UAR expresó su repudio tras conocerse las publicaciones borradas en Twitter por las figuras del seleccionado, pero nada dice sobre la urgente necesidad de democratizar un rugby, que sigue siendo para pocos, por ir en contra del mundo profesional y mantenerlo como una disciplina amateur en las ligas locales.
En otras palabras, los pobres sólo pueden practicar fútbol o box para consagrarse, porque nunca tendrán padres adinerados que los sostengan para mantenerse en primera. Conseguir un pase al exterior termina siendo una utopía hiper-centralizada en la UAR, y sus franquicias las únicas que permiten a los jugadores ser vistos y contratados en otros continentes.
“Te queremos Betún”
El capitán Matera se disculpó -luego de cerrar su cuenta para borrar rastros- sobre su odio a los bolivianos, paraguayos y otros “negros” (no de piel) sino culturales publicados allá por 2011. Cosas de chicos, dijeron algunas voces, sin atender a que eran mayores de edad y recibieron subsidios del Estado para entrenar.
Los más memoriosos podrán recordar que el padre de Guido Petti Pagadizábal -le ponemos doble apellido para que tenga más prosapia- fue tema de agenda del programa periodístico Zoo del fallecido Juan Castro (en abril de 2004). Por los noventa, Roberto Petti, era segunda línea del SIC, llegó a tocar el cielo de Los Pumas dos veces en un torneo Sudamericano de 1995, y terminó en la tele por la presunta discriminación a un empleado con HIV, según las indagaciones de Castro. Pero esa es otra historia de la casta hereditaria rugbistica.
Guido pertenece a las camadas surgidas del Plan de Desarrollo de Alto Rendimiento (Pladar) de la UAR, lo cual destaca su calidad de juego. Lo que no se sabrá nunca es si un pibe de Formosa de origen Toba también cuenta con la mirada atenta de la institución para subsidiarlo en la alta competencia o si un judío de Hebraica que pinta bien, debe cambiar de club como condición necesaria para integrar el seleccionado local de Buenos Aires o Los Pumitas.

En otras palabras, el rugby argentino necesita más Chester Williams, como ocurrió en Sudáfrica (Springboks) para poner fin a un apartheid solapado que sigue dominando su conducción y así romper con su modelo feudal.
La única solución es que se transforme en una actividad rentada, le comentó Humberto Tumini a Alejandro Bercovich en Radio Con Vos, mientras era consultado por una marcha de Libres del Sur -una organización de origen cordobés que hace tiempo tomó distancia del kirchnerismo y la política orgánica en el Frente de Todos-.
No obstante la insistencia de Ale Berco por darle para que tenga al rugby, lo cierto es que Tumini, como ex rugbier, entregó una solución simple a los beneficios hereditarios del sistema cerrado en la UAR. Si le pagás a los jugadores, van a profesionalizarse los clubes pobres.
Tumini no es un santo ni un militante de la paz. Transitó por el brazo armado del Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT) y largó la pelota por las matracas durante el terrorismo de Estado. Pero si te cae mal Tumini, no es el único ex rugbier que saltó a la política de base.
El jujeño Carlos “El Perro” Santillán es otra figura entre los dirigentes sociales -ya retirada- que jugó a ese deporte y que Bercovich intenta entender sin éxito. No culpamos Berco quien, seguramente, no transitó el sacrificio ni el compromiso ni la resbalada en el barro para hacer un try.
Ezequiel Campa desde hace años viene caricaturizando todo lo malo del rugby con su personaje “Dicky del Solar”, que suma 140 mil suscriptores en Youtube. Los tuits de Matera superan la parodia del actor, pero lo cierto es que existe el rugby femenino con su liga, clubes diversos como el Huarpes (Mendoza) o Ciervos Pampas (CABA), con presidiarios como Los Espartanos -que cuando salen sólo reincide un 5% en algún delito frente a la estadística general del 65%-, y en Formosa el mencionado Aborigen Rugby Club.
La historia del club formoseño es testigo de la contradicción del rugby argentino y puede verse en el documental “La quimera de los héroes” (2003), donde su director Daniel Rosenfeld, cuenta como su fundador, Eduardo Rossi, resultó expulsado en los años ochenta del Stade Toulousain (Francia), por sus ideas racistas.
Rossi era fanático confeso del fascismo y de todo lo más conservador que Dicky del Solar jamás podría imaginar. Sin embargo, luego de visitar las ruinas del Holocausto nazi en Francia intentó redimirse, internándose en la selva junto a la cuenca del Río Pilcomayo, en 1993. El personaje no deja su cultura autoritaria porque se trata de una identidad partida de la que no puede escindirse, sino a través de la búsqueda por compartir lo que sabe como forma de autosuperación, con jugadores que entrenan sin zapatillas y sufren la discriminación de los pueblos originarios. Tampoco podrán hacerlo los tres jugadores aunque pidan disculpas. Son los “pura sangre” de Serfín Dengra, que él motivó y ahora se arrepiente.
Si es Branca, mejor
Por supuesto que existen eslabones perdidos que llegaron a Los Pumas por sus cualidades humanas además de las deportivas, como el mencionado Eliseo Branca, quien tras la circulación de los tuis xenófobos sostuvo que al capitán Matera hay que suspenderlo para siempre como medida ejemplificadora. No es otra locura del “Chapa”, sino el “buen sentido” que genera el amor por cualquier actividad que promueve la igualdad; en especial, si es de creación colectiva, como ocurre con el juego en equipo en base a una pelota que pasa de mano en mano.

En abril de 2019, la Unión de Rugby de Australia canceló el contrato de su estrella, el fullback Israel Folau, por difundir comentarios homofóbicos en redes sociales. Perdió millones en un negocio equiparable al fútbol en nuestro país, pero ganó en la deconstrucción hacia una cultura pluralista.
Por lo pronto, nada de esto ocurrirá acá, porque la UAR ya se ha pronunciado con la candidez de los adolescentes: “La Unión Argentina de Rugby repudia enérgicamente los comentarios discriminatorios y xenófobos publicados por integrantes del plantel de Los Pumas en las redes sociales (…) Para dejar en un futuro incierto las sanciones, según resuelva la Comisión de Disciplina, esa que permite a clubes como CUBA que no deje entrar mujeres a su sede central.
De aquellos años noventa machirulos nos quedan esos memes del hoy arrepentido Serafín Dengra , que suenan algo así como una canción de Cacho Castaña mal sintonizada en la radio; pero también el contraste de Eliseo Branca, quien hoy entrena al Club Beromama, en González Catán, partido de La Matanza. Bien al otro lado de un San Isidro que cría pumas con privilegios de clase, y en donde los jugadores faltan a los partidos porque los sábados tienen que laburar.
Otro caso interesante es el Virreyes Rugby Club de San Fernando, bajo la conducción de Rodolfo O’Reilly o «Michingo», otro ex CASI y ex entrenador de Los Pumas que en 2002 abrió las fronteras del Zona Norte para que los pibes humildes tengan una oportunidad de salir de la periferia y que terminen con becas universitarias. Vale destacar que Virreyes llegó a entregar 700 viandas en un sólo sábado bajo la emergencia por Covid-19.
Por su parte, la Sociedad Hebraica ya ofreció visitas al museo del Holocasuto para combatir con educación la ignorancia aprendida. Porque para democratizarse, el rugby necesita más fernet Branca y menos champagne, sino todo este debate será solo pura espuma para la gilada.
Este artículo lejos está de sumarse a una campaña anti-rugbistica. Todo lo contrario. Si la Unión Argentina de Rugby no estuvo a la altura de los homenajes a Maradona se trata de un debate menor. No obstante, sería una buena señal que el equipo de comunicación institucional de la UAR abra los micrófonos sin censuras. Nada de preguntas por escrito como es la costumbre ni su filtrado en la respuesta. Cosas de la democracia que deben incorporar los burócratas. Y lo más importante: darle una mirada federal, más inclusiva en un deporte que en Argentina cuenta con 528 clubes.
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Fuente:LaHaine

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