Media sanción para la esperada Ley
de Educación Ambiental
Resumen Latinoamericano, 29 de marzo de 2021.
En la “maratónica” sesión del sábado, la Cámara Baja aprobó el proyecto de ley que busca promover la educación ambiental e incorporar los nuevos paradigmas de la sostenibilidad en los ámbitos de la educación formal y no formal. La media sanción se obtuvo con 215 votos afirmativos, 7 votos negativos y 18 abstenciones, tres de las cuales fueron de lxs diputadxs cordobesxs por el PRO: Baldassi, El Sukaria y Ruarte.
El fin de semana, lxs diputadxs otorgaron la media sanción a la Ley de Presupuestos Mínimos para la Implementación de la Educación Ambiental, proyecto que, en octubre del año pasado, el Poder Ejecutivo Nacional había girado al Congreso de la Nación.

El objetivo de la ley (producto del trabajo conjunto entre los ministerios nacionales de Ambiente y Desarrollo Sostenible, y de Educación, en consenso con las provincias, a través del Consejo Federal de Medio Ambiente-COFEMA) es promover la sostenibilidad y fomentar un nuevo paradigma de relación con la naturaleza, y busca garantizar el derecho a una educación ambiental gratuita, federal, apartidaria y constante.
Según -una de las organizaciones políticas con más participación en los últimos tiempos en el ambientalismo popular-, la importancia de esta ley radica en que incorpora de forma transversal la cuestión ambiental en la currícula educativa y es un paso hacia la necesaria transformación cultural. Además, lxs jóvenes hacen hincapié en que permite visibilizar perspectivas locales mediante contenidos diagramados según el contexto de cada territorio, establece responsabilidades claras para los gobiernos (nacional y provinciales) y hace partícipe a la comunidad educativa en la conformación del contenido.
En Argentina, la Constitución Nacional, la Ley de Educación Nacional y la Ley General del Ambiente reconocen a la educación ambiental como un proceso fundamental para el ejercicio pleno de la ciudadanía y el ejercicio del derecho a un ambiente sano, digno y diverso.
La educación ambiental es definida como un proceso continuo que promueve la sostenibilidad como proyecto social. “Implica un desarrollo con justicia social, distribución de la riqueza, preservación y conservación de la naturaleza, igualdad de género, protección de la salud, democracia participativa y respeto por la diversidad cultural. La educación ambiental, en ese sentido, busca el equilibrio entre diversas dimensiones, como la social, la ecológica, la política y la económica, en el marco de una ética que promueve una nueva forma de habitar nuestra casa común”, se argumenta en el proyecto.

La Ley de Presupuestos Mínimos para la Implementación de la Educación Ambiental obtuvo 215 votos positivos, 7 negativos y 18 abstenciones. Lxs diputadxs del PRO por Córdoba Soher El Sukaria, Héctor Baldassi y Adriana Ruarte se abstuvieron en la votación. Por su parte, Paulo Cassinerio, diputado miembro del Bloque Córdoba Federal, no asistió y el resto de lxs representantes de nuestra provincia votaron afirmativamente.
Con estos resultados, el proyecto fue enviado al Senado. Las organizaciones que vienen luchando por esta y otras legislaciones urgentes en nuestro país en el plano de lo ambiental interpretaron la incorporación en el temario y el debate en la sesión del sábado como un logro. Mucho más, por supuesto, la media sanción. El foco ahora estará puesto en que la Cámara Alta finalmente otorgue el esperado carácter de ley al proyecto.
Fuente: La Tinta
Muere el primer maestro de la ciudad
de Buenos Aires tras la reapertura
de las escuelas
Resumen Latinoamericano, 29 de marzo de 2021.
Movimiento de familias y docentes exige vacunas y repudia las medidas irresponsables del gobierno de la ciudad
Este domingo (28) empezó a circular en las redes un mensaje de luot por el maestro Jorge Langone. Es el primer caso de muerte por covid-19 de un docente en la ciudad de Buenos Aires, que reabrió sus escuelas en febrero, bajo el gobierno de Horacio Rodríguez Larreta (PRO) y la ministra de Educación de la ciudad Soledad Acuña.
La mayoría de las provincias argentinas reanudaron las clases en marzo. Se han producido al menos ocho muertes de trabajadores de la educación en todo el país, tres de ellas en la provincia de Buenos Aires.
Jorge Langone era miembro del sindicato docente Ademys, que convocó un paro total de actividades en las escuelas de toda la ciudad este lunes para exigir condiciones sanitarias adecuadas para la reapertura. La escuela Nº 13 de Villa Lugano, donde el maestro daba clases, permanecerá cerrada en luto este lunes.
Durante meses, los movimientos de familias y profesores vienen exigindo al gobierno de la ciudad una reapertura segura de las escuelas, una vez que el grupo prioritario de profesores aún no ha sido vacunado contra el covid-19.
«Como venimos denunciando, esta lamentable muerte es producto de una política aperturista de los gobiernos que privilegian los intereses económicos por sobre la salud», señalan en un comunicado desde Ademys.
«En particular, las políticas del gobierno de Horacio Rodríguez Larreta y Soledad Acuña, que presionan a las escuelas para garantizar la presencialidad sin condiciones epidemiológicas y sin que se respeten los protocolos, promoviendo una mayor flexibilización en pleno comienzo de la segunda ola.»
Además del aumento de los casos de contagio -desde el regreso de las clases presenciales, los casos han aumentado un 50% sólo en la ciudad de Buenos Aires-, Larreta ha adoptado una política punitiva contra los profesores que no asisten a las clases presenciales. Al poner en marcha los protocolos, el jefe de gobierno afirmó que los trabajadores pertenecientes a los grupos de riesgo de contagio del covid-19 podrían realizar sus actividades a distancia; sin embargo, los mismos trabajadores que estaban tramitando la autorización fueron sorprendidos con despidos masivos, sin explicación, por teléfono.
Contagio 48 horas después de la clase
El grupo Familias por Retorno Seguro a las Escuelas destacó en un comunicado que el profesor Jorge Langone se había contagiado 48 horas después de dar su primera clase. Además, explicó los ya 10.000 casos de contagio en apenas un mes de vuelta al cole. La semana pasada, la situación alcanzó la marca de 1.500 estudiantes y profesionales de la educación aislados por la enfermedad sólo en la ciudad de Buenos Aires.
Ante la repercusión del caso de la muerte de Langone este domingo, el ministro de Educación de la Nación, Nicolás Trotta, reforzó que el contagio de la maestra «no necesariamente se dio en la escuela». «Es importante dejar en claro que todos los pasos que dimos garantizaban un regreso seguro. 430 mil docentes auxiliares ya fueron vacunados en el país. Representa un 30% de personal docente vacunado hasta el momento», dijo en una entrevista esta mañana en la radio FutuRock.
La secretaria general de Ademys, Mariana Scayola, acompañó la hipotesis en una entrevista con radio El Destape esta mañana, y destacó que el caso expone la falta de planificación cuidadosa del sector. «Jorge llegó a ir solo un día a la escuela, no podemos decir que se haya contagiado en la escuela, pero pone en evidencia lo que nos está pasando en las escuelas, hay docentes contagiados en cantidad, han contagiado familiares. Jorge es el primero pero lamentablemente no podemos decir que vaya a ser el último.»
Trabajadores de la educación fallecidos por covid-19 desde la vuelta a las clases presenciales en Argentina:
María Angélica Leaño, docente en Humahuaca;
Betty Greach, docente en Tilcara;
Nicolás Amarilla, docente en Palpalá y San Salvador de Jujuy;
Gerardo Ibáñez, docente en Morón, provincia de Buenos Aires;
Natala Pereira, auxiliar en Lomas de Zamora, Provincia de Buenos Aires;
Marcela Gatti, directora en Baradero, provincia de Buenos Aires;
Néstor Benítez, portero de escuela en Puerto Piray, provincia de Misiones;
Jorge Langone, docente en C.A.B.A.
Recordando al «Negro» Hector
Demarchi, periodista y militante
Por Luis Bruschtein. Resumen Latinoamericano, 29 de marzo de 2021.
Ha cambiado tanto el contexto y los procesos políticos que resulta cada vez más difícil recrear actitudes, comportamientos de la militancia de los años ’70, que se desarrollaban en el marco de peligros y pérdidas seguras además de la expectativa en un inminente cambio en el planeta. La vida del Negro Héctor Demarchi, reconstruida por su sobrina Natalia Demarchi y Gabriela Pascual da cuenta de esas peripecias.
El Negro Demarchi es uno de los más de 200 periodistas desaparecidos durante la dictadura. Fue un militante destacado en el gremio, donde se encuadró primero en el Peronismo de Base (PB)y después en el Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT) y en la agrupación gremial del Frente de Trabajadores de Prensa.
El Negro se desempeñó primero como administrativo en El Cronista y luego como redactor y fue elegido delegado por sus compañeros. Es difícil encontrar algún trabajador de El Cronista de aquella época que no hable con cariño del Negro y no tenga alguna anécdota a mano para demostrar su actitud siempre solidaria.
Un detalle que quizás ayude a comprender la época es que junto con el crecimiento de su militancia se produjo el cambio profundo en el dueño del diario, Rafael Perrotta. Se hicieron amigos, el dueño y el delegado gremial, ambos se consultaban y se ayudaban. Cacho Perrotta provenía de una familia adinerada, y el origen del Negro era una familia de trabajadores. Sin embargo, sus vidas se cruzaron en esas coordinadas de tiempo y coincidieron desde orígenes tan diferentes. Y ambos cayeron por la represión de la dictadura, fueron secuestrados y desaparecidos.

Su sobrina Natalia, quien reconstruyó la vida de su tío, aunque no llegó a conocerlo, relata que más de una vez, el Negro y Perrotta estaban hablando en un café y el empresario debió ocultarse porque nadie iba a entender esa conversación casi de amigos desde posiciones supuestamente tan contradictorias. Cuando se creó la lista Naranja, en una alianza entre el Bloque Peronista de Prensa y el Frente de Trabajadores, el Negro fue candidato a secretario adjunto, acompañando a Jorge Bernetti que iba por el Bloque como cabeza de lista.
Muchos de los periodistas y trabajadores de prensa de esa lista y esas agrupaciones cayeron con la represión. Cuando comenzaron los preparativos para el Primer Congreso Latinoamericano de Periodistas que se iba a realizar en México en Julio del ’76, los periodistas que estábamos exiliados buscamos el contacto con los que todavía estaban en el país. Quito Burgos, en ese momento era directivo del diario mexicano “El Día” y era tío de la compañera del Negro.
A través de Quito nos comunicamos con el Negro de diario a diario con el teletipo. Demarchi se había reunido con otro Negro, Eduardo Suárez, del Bloque Peronista y periodista de la agencia Interpress. La pareja del Negro Suárez, Patricia Villa, era mi cuñada y le habíamos escrito una carta para explicarle la importancia del Congreso. Les contamos la situación y les planteamos que armaran ellos la delegación al Congreso, del cual saldría la Federación Latinoamericana de Periodistas (FELAP).
“Acá no se puede hacer nada—fue la respuesta de Demarchi– organicenlo allá ustedes”. Pocos días después lo secuestraba una patota de la dictadura en la puerta de la redacción de El Cronista. Y al poco tiempo sucedió lo mismo con el Negro Suárez y su compañera, Pata Villa.
“Quizás nos falta seguridad política –le escribe a su compañera– y sea eso lo que me hace estar mal en el presente. Pero ya tendremos política para reventarle su propia basura en la cabeza. Sabrán entonces que en el nombre de dios mataron inocentes, depredaron pueblos, derrumbaron ilusiones. Pero sabrán también que la justicia llega y que aquellos niños que dejaron morir de hambre en los obrajes, en el campo o en los montes hoy son hombres que habrán de pedir cuentas”.
La vida del militante es una tensión entre la actividad gremial, profesional, la militancia y la represión brutal que se incentiva y crece entre el horror de los asesinatos, los secuestros y las desapariciones. La vida no se interrumpe en el secuestro, adquiere la dimensión del horror. Y la patota de Etecholatz secuestró al Negro y lo llevó al campo clandestino de la División Cuatrerismo, donde los sobrevivientes recuerdan que lo escuchaban cantar desde su celda antes que lo mataran.
“Tal vez porque la vida le fue negada, el Negro se empeña siempre en volver –dicen las autoras del libro–. Ni héroe, no víctima. Vuelve militante, periodista, compañero. Hombre que amó y fue amado. Hijo, hermano, amigo…Vuelve en aquellos sitios donde latió la vida”.
Ana María Careaga: el goce oscuro
de los dictadores
Por Gabriela Naso, Resumen Latinoamericano, 29 de marzo de 2021.
A 45 años del golpe de Estado, la psicoanalista, docente universitaria y sobreviviente del centro clandestino de detención Club Atlético reflexiona sobre el “estatuto del odio como pasión oscura” en relación con los genocidas y destaca el valor colectivo e individual de dar testimonio sobre el horror de la dictadura.
“Los efectos del terrorismo de Estado tienen la misma cualidad del delito que los causa: son imprescriptibles. Sus consecuencias perduran y afectan incluso a generaciones que aún no nacieron. Por eso, en los debates culturales estos temas son claves para pensar la realidad actual y el mundo en que vivimos”, afirma Ana María Careaga, psicoanalista, profesora universitaria y ex directora del Instituto Espacio para la Memoria (IEM).
Hija de Esther Ballestrino de Careaga, una de las fundadoras de Madres de Plaza de Mayo, y Raymundo Careaga, Ana María es sobreviviente del centro clandestino de detención Club Atlético. Egresada de la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires (UBA) con Diploma de Honor, es docente de la Cátedra Psicoanálisis Freud I de esa casa de estudios y miembro del Instituto de Estudios en Derechos Humanos de la Universidad Atlántida Argentina (UAA).
– ¿Cuál es el valor del acto de testimoniar en los juicios por crímenes de lesa humanidad, a nivel personal y colectivo?
– Dar testimonio es un acto fundamental y reparatorio, que brinda a cada testigo la posibilidad de poner en palabras los padecimientos sufridos por las víctimas del accionar terrorista del Estado, en los años de plomo. A nivel de cada uno y de cada una, la experiencia siempre es singular, por eso es muy importante acompañar los tiempos y posibilidades de quien atravesó esas vivencias, que son del orden de lo indecible, justamente para que lo que de eso se pueda decir funcione como acto reparatorio y no como efecto contrario. Esto está estrechamente ligado a la dimensión colectiva. Por un lado, porque los hechos que se investigan involucran a la persona en cuestión, a la vez que la trascienden. Esos testimonios inscriben un relato histórico que fue negado por mucho tiempo y reponen un texto en un contexto colectivo que también hace extensivo el efecto reparador de cara a la sociedad. Por otro, la reconstrucción de lo sucedido en los centros clandestinos de detención requiere necesariamente del aporte de todos y cada uno de quienes sufrieron esa experiencia. Es desde esa perspectiva que podemos pensar en cómo la articulación de las memorias individuales contribuye a la reescritura de la memoria colectiva.
– ¿Podría definir la idea de “goce oscuro”, en relación con los genocidas?
– Este goce oscuro da cuenta de la satisfacción de los represores en infligirle un daño sin límite al otro. Lacan hace esta referencia en torno a la experiencia del nazismo, dando cuenta de lo peor de la condición humana, describiendo a estos sujetos como los que sucumben en una captura monstruosa, ante la ofrenda de un objeto de sacrificio a los dioses oscuros. Y Freud va a decir que hay seres humanos que son capaces de cometer las peores atrocidades si saben que no van a ser castigados por ello. En los campos de concentración esto era una práctica permanente. Uno se pregunta cómo es posible que un ser humano sea capaz de torturar, de mortificar, de mancillar a otro, de reducirlo a puro desecho, a puro objeto. En uno de los juicios, una fiscal en su alegato dijo que los represores no eran monstruos, sino seres humanos que cometían actos monstruosos. Gozaban con tener todo el poder sobre sus víctimas, se erigían en dioses dueños de la vida y de la muerte, realmente dioses oscuros. Creo que estos aportes son fundamentales incluso para entender el estatuto del odio también como pasión oscura en la realidad de nuestro tiempo.
“En uno de los juicios, una fiscal en su alegato dijo que los represores no eran monstruos, sino seres humanos que cometían actos monstruosos. Gozaban con tener todo el poder sobre sus víctimas, se erigían en dioses dueños de la vida y de la muerte”.

-¿Cuál es la relación entre el mal y la política, en la actualidad?
-Vivimos en una época de mostración, de banalización del mal, en la que la proliferación de las peores prácticas, de segregación, discriminación y racismo no solo se profundiza, sino que se reivindica obscenamente. Hemos tenido ejemplos recientes de gobernantes en América que muestran cómo los discursos más desembozadamente reaccionarios, los discursos de odio al semejante señalado precisamente en su diferencia, ponen en juego lo peor de los seres humanos. Se puede verificar también en algunas expresiones de los llamados movimientos anticuarentena y tantos otros modos en que los que el poder opera, podemos decir, sobre el cuerpo y el alma de la gente. Hoy, las estrategias de dominación toman formas aggiornadas a la etapa actual, al neoliberalismo, a la voracidad del capital y al sujeto devenido mercancía. La llamada guerra judicial (lawfare), las “fake news” y los “golpes blandos” ponen sobre el tapete la connivencia entre el poder económico, el poder judicial y los medios de comunicación concentrados, y también la metodología canalla utilizada. No tienen reparo ni tampoco límite. Por eso es tan importante el concepto del debate de ideas, la batalla cultural, para ubicar en esa “colonización de la subjetividad” el margen de independencia que puede tener el sujeto en su singularidad. Es ahí adonde apuntan, a la cabeza de la gente. Por eso es clave poder leer la realidad en su complejidad, en el contexto histórico del mundo y la región en la que vivimos, para no confundirse y desgastarse en cuestiones secundarias.
– Ninguna construcción social erradica el mal de los seres humanos, pero, innegablemente, hay sociedades que facilitan la expresión de esas pulsiones. En el caso argentino, ¿qué rol cumple el paradigma de los Derechos Humanos?
-Creo que el caso argentino es, desde esa perspectiva, paradigmático. La lucha del movimiento de derechos humanos en nuestro país, en su expresión más emblemática, las Madres y las Abuelas, fue decisiva en torno a la inscripción local del paradigma de los Derechos Humanos. Las Madres salieron al ruedo ante la pérdida de lo más preciado, por eso dicen que fueron paridas por sus hijos, y dieron una respuesta sin precedentes, directamente proporcional a la magnitud del horror. Desde la tríada Memoria, Verdad y Justicia, construyeron un capital simbólico tangible e intangible, fundaron un pacto civilizatorio que hizo de los Derechos Humanos la respuesta por excelencia al malestar en la cultura. Para los familiares, el reclamo de los juicios funcionó como lo no negociable. Era reconstruir la verdad, el juzgamiento de los hechos y la memoria como sostén del Nunca Más, aunque ese Nunca Más sea algo por lo que hay que velar todo el tiempo. El llamado “caso argentino” enriqueció, por esa posición inquebrantable, las herramientas de la justicia universal para juzgar y sancionar crímenes de esa naturaleza. En este sentido, la vigencia de los derechos humanos, el acceso a derechos, la inclusión social, la posibilidad a una vida en dignidad, es decir, la construcción de sociedades más justas y equitativas es la mejor respuesta a ese goce oscuro, a la pulsión de muerte, al malestar en la cultura. Sociedades que velen por el bienestar de su gente pueden acotar eso peor de la condición humana que está al acecho.
– ¿Cuáles son los ejes del proyecto de investigación sobre los efectos subjetivos del terrorismo de Estado en el Partido de la Costa?
– Esta investigación reconoce sus antecedentes en el proyecto que venimos llevando adelante desde la Cátedra Psicoanálisis Freud 1, a cargo de Osvaldo Delgado, en la UBA, sobre las consecuencias subjetivas del terrorismo de Estado y se vincula estrechamente al peso que la metodología represiva adquirió en la zona. La “solución final” de la que los represores se jactaban fue el deshacerse de los cuerpos de los detenidos-desaparecidos, arrojándolos con vida al mar desde los “vuelos de la muerte”. Algunas personas vieron los aviones, hubo bomberos que recogieron los cuerpos, fotógrafos que los registraron y sepultureros. Diversos testigos del paradigma del mal que durante muchos años no hablaron. Eso fue cambiando mucho con el tiempo. Volviendo a los efectos subjetivos en relación con los delitos de lesa humanidad y su alcance, es fundamental pensar la importancia que tiene para esta comunidad poder decir algo sobre lo imposible de decir. Cómo ponerle palabras al horror, cómo dar cuenta de estos límites que trascienden las fronteras de lo soportable al punto de que lo que genera en la gente es ni siquiera un “no querer saber”, sino un “querer no saber”. Hay un trabajo muy interesante también allí que se viene desarrollando desde hace varios años, desde la Intendencia y la Dirección de Derechos Humanos, que vienen plasmando en políticas públicas de memoria la lucha histórica del movimiento de Derechos Humanos. Y la intersección con los saberes que impulsa la Universidad, desde el Instituto de Estudios en Derechos Humanos, ocupa un rol fundamental en este sentido, porque propicia desde un ámbito académico lazos con la comunidad que permiten, al mismo tiempo que profundizar las investigaciones en esta materia, que la sociedad participe en una relación dialéctica necesaria en estos procesos de reconstrucción histórica.




No hay comentarios:
Publicar un comentario