19 de abril de 2021

EAAF: Identificación de víctimas del terrorismo de Estado: “Hacemos un trabajo humanitario”.

Derechos Humanos

Identificación de víctimas del terrorismo de Estado: “Hacemos un trabajo humanitario”

Se confirmó la identificación de Aníbal Artemio Mocarbel Ruhl que estaba desaparecido desde 1977. Juan Nóbile del Equipo Argentino de Antropología Forense cuenta cómo realizan su trabajo en El Ciudadano. La esposa de la víctima también habla en esta nota

18 de abril de 2021

Candela Ramírez















Aníbal Artemio Mocarbel Ruhl nació el 4 de noviembre de 1948 y desapareció el 28 

de febrero de 1977.

La primera semana de abril se confirmó la identificación de un cuerpo que había sido

 enterrado como NN en el Cementerio La Piedad. Se trata de Aníbal Artemio Mocarbel 

Ruhl que tenía 28 años cuando en febrero de 1977 fue secuestrado junto a su pareja en 

su domicilio en Rosario y desde entonces estaba desaparecido.


El Equipo Argentino de Antropología Forense -Eaaf- trabajó en el caso desde 2011. En 

esta nota de El Ciudadano el antropólogo y docente de la Universidad Nacional de Rosario -

UNR- Juan Nóbile cuenta cómo trabajan para encontrar y determinar la identidad de

 víctimas de la última dictadura cívico militar.


Nóbile tiene 55 años y trabaja en el Eaaf desde 2004, poco tiempo después de la 

derogación de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final. El equipo existe desde 1984 

a partir de una pregunta de Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, ¿se puede identificar 

la identidad de una persona a partir de sus restos? Hasta ese momento las consignas de 

los organismos de derechos humanos se habían centrado en la aparición con vida de 

los detenidos pero ya había cada vez más pruebas de la masacre que había cometido 

el Estado.


A su vez entre 1976 y 1983 muchas mujeres estaban embarazadas al momento de su

 secuestro y dieron a luz en cautiverio. Abuelas se hizo entonces una pregunta que 

dialoga con la anterior, ¿podía su sangre servir para identificar a las nietas y nietos

 apropiados? El resultado fue un descubrimiento científico: el índice de abuelidad.


En 1984 el antropólogo forense norteamericano Clyde Snow vino a Argentina, trabajó en 

la identificación de algunos cuerpos que fueron presentados en el Juicio a las Juntas y

 empezó el trabajo del Eaaf. Desde entonces identificaron 850 cuerpos y en el Laboratorio

 quedan aún 600 cuerpos sin identificar.


Nóbile repasa: “Snow propone a un grupo de estudiantes si querían colaborar con él y 

se funda el Equipo.  Él planteaba una serie de etapas de investigación que tenían que ver 

con buscar la mayor cantidad de información posible sobre las personas desaparecidas. 

Para esto había que hacer un banco de datos que en el principio también se llamó el libro

 Nunca Más de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas -CONADEP-. 

Se trata de todos los datos de personas que estuvieran secuestradas, desaparecidas: en 

qué momento desaparecieron, cómo , cuándo, qué características físicas tenían y también

 empezar a buscar cuáles fueron los posibles lugares de inhumación de esos cuerpos

 desaparecidos”.


Esto se tradujo en la confirmación de que una de las estrategias de la última dictadura 

para la desaparición de personas fue “lo que se llamó simulacros de enfrentamiento, es decir,

 las personas que estaban detenidas en centros clandestinos de detención -CDD- eran

 sacadas de ahí, ejecutadas y sus cuerpos ingresaban luego como NN en algunos de los

 cementerios más cercanos. Esta fue una de las metodologías de desaparición. Otras 

fueron las inhumaciones en los mismos CCD y también los vuelos de la muerte, algunos 

de los cuerpos se encontraron en las costas de Uruguay y Argentina e ingresaron como 

NN en los cementerios”.


“Esto último es un porcentaje que se calcula mínimo de las posibles víctimas de estos

 vuelos, se encontraron solamente alrededor 40 cuerpos y fue inmediatamente después de 

ser arrojados, por el movimiento de las mareas”. En la Megacausa ESMA se probó la

 existencia de estos vuelos que sucedían entre una y dos veces por semana sobre todo 

en 1976 y 1977. Actualmente se lleva adelante el juicio por los vuelos de la muerte que

 trasladaron a detenidos desde Campo de Mayo.


Los grupos eran de entre 25 y 30 personas que eran drogadas, desnudadas, apiladas en 

un camión, cargadas en aviones del ejército y arrojadas al Río de la Plata y el mar. Solo 

unos pocos cuerpos aparecieron en las orillas, los demás continúan desaparecidos y

 encontrarlos hoy a 45 años es casi imposible. Tampoco se conoce el número exacto ya 

que los secuestros eran clandestinos y no hay registros oficiales de cuántos hubo ni por 

qué CCD pasaron.


Etapas del trabajo

Hay cuatro etapas del trabajo del Eaaf. “La primera es la etapa preliminar y consiste en

 buscar la mayor documentación posible sobre la persona desaparecida. La segunda etapa 

es arqueológica, la excavación, la exhumación de los restos y garantizar que estos restos

 lleguen en perfecto estado al laboratorio. Toda la etapa de arqueología forense consiste en 

la ubicación, excavación y exhumación de restos y materiales asociados de los contextos

 forenses en los que trabajamos. A esta segunda etapa me dedico yo”.


Nóbile cuenta que excavó en casi todos los cementerios del país, sobre todo ha trabajado 

en la zona del Litoral que también es donde vive. Aclara: “Es un proceso largo, primero

 comparamos dos conjuntos de datos. Tenemos un conjunto de datos del cual no tenemos

 dudas, que es la información que nos brindan los familiares, y el otro conjunto de datos 

es el que extraemos de campo. Comparamos esos dos campos y esto es lo que nos permite

 identificar”.


Una de las cosas que deben tener en cuenta al momento de excavar es analizar su historia:

 cómo estaba, por ejemplo, en 1976 y cómo está ahora, qué modificaciones hubo, si se

 edificó. Se toman fotografías aéreas y satelitales, toman los testimonios de sobrevivientes,

 utilizan georradar, tomografías geoeléctricas, analizan suelo y subsuelo.


“No vamos excavando en cualquier lado sino que vamos a tratar de contextualizar y ser

 precisos en el lugar que vamos a intervenir. La excavación propiamente dicha consiste 

en poder dejar expuesto el contexto original sin ningún tipo de rotura o fragmentación y 

no solo de los restos óseos sino de todos los elementos asociados. Esto significa que no

 podemos sacar los restos así nomás, no podemos romperlos, mezclarlos, sobre todo en 

fosas comunes donde es más compleja la excavación. Cómo aparecieron, la posición, la

 profundidad, las características, los elementos asociados como proyectiles de armas de

 fuego o vainas, sogas, entre otros”.


Lo que sigue es un registro minucioso. También surgen otras preguntas que buscan

 responder, ¿se trata del lugar donde asesinaron a la persona o fue trasladada ahí luego? 

¿Se usó como fosa en más de una oportunidad? El trabajo permite, entonces, reponer 

cómo fue el momento del asesinato.


La tercera etapa es la del laboratorio “donde a partir de los restos de un esqueleto se puede

 determinar si corresponden a un hombre o mujer, se estima la edad que tenía al momento 

de morir, su estatura y otros elementos que pueden llegar a aparecer o ser visibles en los

 restos esqueletales, por ejemplo si era zurdo o derecho, si tiene más desarrollada algunas

 partes de acuerdo a los deportes que pudo haber practicado, si tiene alguna herida ósea

 curada en vida, como por ejemplo una fractura”.


Finalmente detalla: “La última etapa, que es partir de 1995 y se empieza recién a utilizar

 mucho más masivamente en el siglo XXI, es la etapa genética. De esos restos se toman 

una pequeña muestra de resto óseo y de piezas dentales para poder extraer material 

genético o ADN. Esto se va a comparar con otro elemento fundamental que es la 

muestra que dejan los familiares, la muestra hemática de la cual se obtiene un perfil 

genético comparando el perfil genético de los restos óseos con la muestra hemática del

 familiar, si  hay coincidencia estamos en presencia de  una identificación”.


Los restos de Aníbal Artemio Mocarbel Ruhl fueron encontrados en 2011 en el Cementerio

 La Piedad, habían sido inhumados como NN. “Los estándares para una identificación

 requieren que se tenga un 99,99 por ciento de seguridad, de compatibilidad  genética entre

 los restos y la sangre. Cuando no tenemos sangre de un familiar tan directo como la madre

 solicitamos una muestra hemática de otros familiares para resguardar y asegurarnos esa

 identificación”, comenta sobre el caso.


Trabajo humanitario y duelo

“El familiar necesita saber qué paso y necesita los restos en la mayoría de los casos. No se

 puede elaborar completamente un duelo si no tenés una verdad y si no tenés los restos. 

A partir de ahí es que nuestro trabajo es  básicamente humanitario:  poner la disciplina, 

la ciencia, a disposición de esto. Los familiares solicitaban saber qué pasó y tener un lugar

 donde poder dar cuenta de que allí estaba su familiar que había sido muerto en tales

 condiciones. Cuando se da una identidad se entregan esas dos cosas, la verdad y algunos

 restos para que pueda darle la inhumación que de acuerdo a sus tradiciones considera que

 son las óptimas”, plantea Nóbile.


Habla también del compromiso y satisfacción que genera lograr una identificación. 

“Sabés que estás dando una verdad, algo esperado por el familiar y a su vez colaborás con 

la Justicia”


También resalta que los lugares donde trabajan “generan una vinculación hasta con la

 historia personal de uno, tiene estas implicaciones”: “Trabajamos con un tiempo que 

es muy simbólico para el propio investigador porque es un tiempo que vivimos. No 

estoy trabajando sitios de hace 500 años, sino con sitios lugares y contextos de los cuales 

mi generación fue parte”.


“No pudieron doblegarlo”

Aníbal Artemio Mocarbel Ruhl nació el 4 de noviembre de 1948 en de Aldea Brasilera,

 Diamante, provincia de Entre Ríos. Militó en la Unión Estudiantes del Litoral-Unión

 Nacional de Estudiantes (UEL-UNE) de Rosario y más tarde se sumó a la Juventud

 Universitaria Peronista (JUP) y Montoneros. También había participado de Peronismo de

 Base que luego se transformó en las llamadas FAR -Fuerzas Armadas Revolucionarias-,

 pero ya no participaba ahí cuando fue secuestrado.


Tenía 28 años cuando fue desaparecido el 28 de febrero de 1977 junto a su esposa, María

 Luisa Rubinelli, en el domicilio que compartían en la calle Ituzaingó 71 en la ciudad.

 Rubinelli fue liberada 38 días después e interpuso un recurso de habeas corpus en favor 

de su marido ante el juzgado federal a cargo de Guillermo E. Tschopp, quien declaró su

 incompetencia.


Rubinelli hoy tiene 71 años y vive hace más de 30 en Humahuaca. Habló con El 

Ciudadano sobre cómo recibió esta noticia a 44 años del secuestro. “Fue imprevisto y fue 

un golpe que todavía estoy transitando”, advierte.


“Al mismo tiempo es un reencuentro”, dice y comparte que otra hipótesis manejada por

 Fiscalía era que Aníbal haya sido víctima de los vuelos de la muerte, con lo cual hubiera

 sido imposible encontrarlo.


Los dos se conocieron en su época de estudiantes y militantes del peronismo. Cuenta que

 participaron de los hechos conocidos como el Rosariazo en 1969. Ella estudiaba Filosofía 

y él Arquitectura.


“Me gustaría que lo recuerden por algo que él dejó en evidencia: no pudieron coartar su

 libertad de decisión, porque resistió a la tortura y creo que no dio los detalles o los 

nombres que esperaban sus ejecutores. No pudieron doblegarlo. Estaba firme en su

 convicción y la sostuvo hasta el final”, sostuvo Rubinelli.


Sigue: “Si bien no participaba de hacia años ya de uno de los grupos guerrilleros fue leal

 para con la causa que seguía compartiendo aunque no los procedimientos de estos grupos”

.


Encontrar sus restos después de tantos años “fue un golpe pero de alguna manera un alivio”.

 Antes del secuestro, habían estado juntos en una relación por cinco años. Rubinelli recuerda

 los intercambios y el fragor las discusiones de aquellos años sesenta y setenta en Rosario y

 Argentina.


Siguió su búsqueda junto a su padre, declaró en la causa Guerrieri III donde se juzgó a 

los responsables de la desaparición de Anibal y reconoció el CCD La Calamita, donde 

los dos estuvieron detenidos.


Aníbal Artemio Mocarbel Ruhl fue visto por última vez con vida en este CDD del Ejército

 en Granadero Baigorria. Su cuerpo y otros tres no identificados fueron hallados calcinados

 el 17 de marzo de 1977 en un auto Ford Falcon incendiado en la entrada de Ibarlucea.


En los medios de entonces se habló de un enfrentamiento de las víctimas con fuerzas de

 seguridad. Las demás víctimas fueron Jorge Luis Ruffa, Ernesto Víctor Enrique Traverso y

 Guillermo Horacio White, quienes fueron vistos con vida en el mismo CCD.

Fuente:ElCiudadanoyLaRegion

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