Dos represores de la dictadura condenados por torturas en la U-17 de
Candelaria
Dos ex agentes del Servicio Penitenciario Federal, José María Cuenca y Rubén Gómez, fueron condenados este martes por crímenes de lesa humanidad cometidos contra ocho detenidos políticos en la Unidad Penal Federal Nº 17 de Candelaria, entre los años 1976 y 1978.
Es el segundo juicio que enfrentan ambos por los delitos de torturas a
presos políticos, luego que en un primer proceso en 2009 fueran condenados a 20
y 23 años de prisión por iguales delitos contra otras 18 personas.
Cuenca y Gómez estaban asignados a la custodia de los presos políticos
que llegaban al penal de los diversos centros clandestinos de detención que
funcionaron en aquella época.
“Los detenidos llegaban muy deteriorados física y psíquicamente por las
torturas en los centros clandestinos”, describió la fiscal Vivian Barbosa, en
la audiencia de esta tarde, del juicio oral y público que se desarrolló en el
Tribunal Oral Federal (TOF), de Posadas.
Las nuevas denuncias
Este nuevo juicio contra ambos represores surge de la acusación
presentada por el Ministerio de Derechos Humanos de la Provincia, por las
denuncias de los ex detenidos Epifanio Acevedo, Héctor Escobar, Juan José
Álvarez, Alejandro Rodríguez, José Guillermo Sosa, Pedro Ireneo Ávalos,
Hipólito Benítez, y José Aníbal López.
Al momento de este nuevo proceso, los
ex guardias penitenciarios purgaban sus condenas en la misma U-17 donde
cometieron sus crímenes, aunque habían empezado a gozar de un régimen de
salidas domiciliarias, que ahora, tras estas nuevas condenas, se interrumpirá,
afirmó la fiscal Barbosa a La Voz de Misiones.
Es el quinto juicio por crímenes de lesa humanidad que se tramita en
Misiones. Por la pandemia, ambos represores participaron de las audiencias por
Zoom desde la prisión.
El testimonio de Escobar y Rodríguez, dos de las víctimas que prestaron
declaración en la audiencia de hoy, y de los testigos Esteban Lozina y Ricardo
Ortellado, que tenía entonces 17 años, ubicó a Cuenca y Gómez en el lugar de
los hechos y permitió establecer una mecánica y rutina común entre ambos.
Según relataron, en la U-17 los detenidos políticos estaban alojados en
un pabellón separado de los presos comunes, que a su vez tenía un sector
destinado a la “recuperación” de quienes regresaban de las sesiones de tortura
de Cuenca y Gómez.
El lobo feroz
Los ex guardiacárceles tenían 24 y 25 años cuando prestaron servicio en
la U-17. Gómez, estuvo de mayo de 1976 a enero de 1978, en que fue promovido a
jefe de Despacho de la Subdirección. Cuenca, de febrero de 1976 a marzo de
1978, cuando se fue de instructor del SPF. Ambos ocuparon la jefatura de
Seguridad Interna de la U-17.
Las víctimas los describieron como “personajes siniestros”, que
infundían el terror con su sola presencia. Contaron que Gómez era el más
aficionado a los tormentos físicos, y que por su ferocidad lo habían apodado el
“lobo”. Cuenca –señalaron-, se especializaba en “tortura psicológica”.
Héctor Escobar contó que en una ocasión, Cuenca le pidió que escribiera
una carta de despedida a su familia porque iban a fusilarlo esa misma noche, y
que incluso montó un simulacro de fusilamiento.
Otra de las víctimas, Epifanio Acevedo, señaló que era habitual que
Cuenca amartillara una pistola descargada en la cabeza de un detenido y tirara
del gatillo solo para reírse.
Apelarán la sentencia
La Fiscalía pidió 4 años y seis meses de prisión para Gómez, y 5 años
para Cuenca, ambos por los delitos de tormentos agravados en concurso real.
La fiscal Barbosa explicó que el Ministerio Público tomó en cuenta como
atenuantes el buen comportamiento de ambos represores y los cursos que tomaron
estando en prisión.
Por su parte, la querella representada en la sala por el abogado Juan
Martínez, del Ministerio de Derechos Humanos, pidió una pena de 15 años para
cada uno.
Antes de que el tribunal, integrado por los jueces Víctor Antonio
Alonso, Fermín Amado Ceroleni y Juan Manuel Iglesias, se retirara a deliberar
sobre la sentencia, se les permitió a los represores unas últimas palabras.
“¿Tienen algo que decir luego de todo lo dicho y oído?”, les preguntó el
juez.
“Deseo que con este fallo se dé por satisfecha la necesidad de justicia
de las víctimas”, dijo Cuenca. Gómez no quiso abundar y se limitó a decir:
“Reitero lo que ya expresé”, en relación con la declaración donde, junto a su
compañero, reconoció los crímenes que se le imputan.
Finalmente, el tribunal regresó a la sala y leyó la sentencia: Cuenca
fue condenado a 5 años, y Gómez a 4. El fallo unifica las penas con las
anteriores de 2009, que los represores vienen purgando en Candelaria, a 23 y 25
años respectivamente.
Gómez saldrá en libertad en 2034. Cuenca, dos años antes, en 2032.

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