19 de febrero de 2022

Juicio Brigadas: un testimonio que abre la búsqueda de otro nieto desaparecido.

  Viernes 18 de Febrero del 2022

Juicio Brigadas: un testimonio 
que abre la búsqueda de otro 
nieto desaparecido
Fernando García es otro de los sobrevivientes del Pozo de Quilmes, que brindó un testimonio 
fundamental en el juicio de lesa humanidad que se desarrolla hace años ya que podría llevar a 
la búsqueda de nuevo nieto o nieta nacido en cautiverio.

Por: Gabriela Calotti

Secuestrado a mediados de marzo de 1977, Fernando García pasó por la Brigada de 

Investigaciones de la Policía Bonaerense en Quilmes donde supo que había una mujer 

embarazada de varios meses. El TOF Nº 1 aceptó el pedido del abogado de Abuelas de Plaza 

de Mayo para que se investigue este “nuevo caso posible” de una embarazada que habría 

dado a luz en cautiverio. Se trata de Beatriz Alicia Lenain.

“La mujer de Largo se llamaba Beatriz y estaba embarazada. Era hija de un coronel que 

había muerto. Tanto ella como su marido siguen desaparecidos. Ahí adentro me entero de que 

estaba embarazada. Tengo idea de que era un embarazo de unos 4 ó 5 meses”, afirmó 

Fernando García, sobreviviente del genocidio que a principios de mayo de 1977 fue trasladado

 al centro clandestino de detención que funcionaba en la Brigada de Quilmes, conocido años 

después como el Pozo de Quilmes.

En el marco de la audiencia número 55 del juicio por los delitos de lesa humanidad perpetrados 

hace más de 45 años en esa Brigada y en las de Banfield y de Lanús con asiento en Avellaneda

García brindó un valioso testimonio pues abrió la posibilidad de que haya nacido otro 

bebé durante el secuestro de su madre.

Al interrogar a García luego de su declaración, el abogado querellante de Abuelas de Plaza de 

Mayo, Emanuel Lovelli agradeció “particularmente” al sobreviviente “porque su testimonio da cuenta de otro bebé nacido en cautiverio al que hay que buscar”.

“Los agujeros en el alma quedaron. Yo sé que definitivamente algo adentro mío
se rompió. A esta altura de mi vida, si el Estado pudiera hacer justicia me daría por conforme”, dijo Fernando García.


Por ese motivo el letrado pidió inmediatamente al Tribunal presidido por el juez Ricardo Basílico

 que “libre un oficio a la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad (CONADI) y en 

particular al equipo de mujeres embarazadas durante el terrorismo de Estado para que informe 

sobre la identidad de Carlos Eduardo Garak ‘Largo” y Beatriz Alicia Lenain”.

El Tribunal que también integran los jueces Esteban Rodríguez Eggers, Walter Venditi y 

Fernando Canero, admitió el pedido y ordenó que se “libre oficio con carácter urgente”.

***

García fue secuestrado después del 15 de marzo de 1977. Luego de estar 20 días o un mes 

en el Vesubio, donde sufrió tortura, golpes y simulacro de fusilamiento, fue trasladado, con la 

violencia habitual, al Pozo de Quilmes.

Fernando García tenía por entonces 29 años. Se había recibido de Ingeniero Forestal en la 

UNLP y trabajaba como obrero de zanja en la entonces empresa de electricidad bonaerense 

llamada SEGBA. Su mujer estaba a punto de recibirse de abogada en la UBA. Ambos militaban

en la Juventud Universitaria Peronista (JUP), aunque según su declaración, al momento de su 

secuestro él estaba alejado de la militancia aunque “de vez en cuando alguna pareja se 

quedaba a dormir en el living”, contó al Tribunal.

Lo secuestraron a la madrugada y se lo llevaron en ropa interior encapuchado y con las manos 

atadas. Golpeándolo mientras lo bajaban por las escaleras del edificio en Agrelo y Boedo.

A pesar de los 45 años que transcurrieron desde su secuestro, García aseguró que esos 

primeros momentos del secuestro “fueron de absoluta violencia” y que la “tortura con picana 

fue de varias horas” en el Vesubio, donde dijo que un día escuchó la voz de Elena Rinaldi

compañera casada con Enrique Poccetti, su gran amigo y compañero. Ambos están 

desaparecidos.

Tras un breve paso por una comisaría de Monte Chingolo o Lanús, lo llevaron de madrugada 

al Pozo de Quilmes donde lo pusieron solo en una celda. A los días “tiraron a una persona que 

estaba medio inconciente”. “Se ve que estaba muy golpeado o picaneado porque decía 

que le ‘molestaban los pajaritos que estaban cantando’. Ese muchacho de unos 27 años, 

flaquito, morocho y de pelo largo le dijo que lo llamaban el Chino.

Los guardias, contó, hablaban con algunos de los secuestrados más antiguos. Fue así cuando 

escuchó “claramente los nombres del Colo y de Largo”. Luego comunicándose con los otros 

detenidos supo que la mujer de Largo estaba en el piso de abajo, que estaba embarazada. 

Cuando lo liberaron del Pozo de Quilmes, Largo y su mujer quedaron allí.

García recordó a su amigo Enrique Poccetti, desaparecido: “Era un tipo
inteligente, compañero de la Facultad, increíblemente tierno. Que él no esté más me duele”.


Interrogado por el abogado querellante Pablo Llonto, García aseguró que a él le daba la 

impresión de que el Colo y Largo tenían una relación de compañerismo y que el primero parecía un militancia barrial o sindical.

Respecto de los guardias, el sobreviviente mencionó concretamente a uno que se presentaba 

como “Tatú” y que todos los días les decía “para ustedes yo soy Dios”. García comentó a los 

abogados que ese guardia podría ser cabo o sargento. “Tenía el comportamiento de un 

suboficial”, aseguró.

También recordó la noche en que lo sacaron de la celda y lo llevaron a una oficia donde 

“alguien me dijo que era un coronel del Ejército argentino”. Aunque en ese momento estaba 

encapuchado, García aseguró que ese hombre tenía una “forma de expresarse muy distinta a 

los guardias de todos los días. Si no era Coronel era algo más que la media” y consideró que 

tendría unos 50 años.

Recordó que “se comentaba que quien participaba de los interrogatorios (en el Pozo de 

Quilmes) era un barra brava de Quilmes conocido como “el negro Thomson”.

Antes de irse memorizó varios números de teléfono de compañeros que quedaban allí 

secuestrados. Con su mujer llamaron a dos números pero luego les dio miedo. Nunca 

llamaron al teléfono que les había dado Largo.

La humillación

Como las únicas pertenencias que tenía Fernando García esa noche era su ropa interior, allí 

en el Pozo de Quilmes le dieron ropa. “Me dieron un pantalón que descubri que era de mujer 

porque tenía el cierre al costado, un pullovercito rosa y un par de zapatos que no me entraban 

y que usé como chancletas”, contó.

Desde un auto lo dejaron a metros de la avenida Calchaqui que conocía bien. Después de 

intentar en vano tomar un colectivo que lo llevara a Capital, logró que otro le permitiera subir. 

Estaba sucio y vestido así. “La imagen que debía dar no debía ser muy confiable”, contó antes 

de asegurar que el colectivero le dijo “andá, andá, sentate atrás”.

Así pudo llegar hasta la casa de sus padres en Palermo y poco después volver a reunirse con 

su mujer y sus hijos. A fines de junio se fueron a vivir a Brasil.

***

Como en otras audiencias, el juez Rodríguez Eggers le preguntó a García cómo piensa que el 

Estado debería reparar “los agujeros en el alma” que le dejó el terrorismo de Estado.

“Los agujeros en el alma quedaron. Yo sé que definitivamente algo adentro mío se 

rompió. No pregunte qué es. Algo quedó lastimado ahí. Yo creo que a esta altura de mi vida, 

si el Estado pudiera hacer justicia me daría por conforme”, le respondió García al magistrado 

antes de volver a pensar en voz alta en su “amigo Poccetti. Era un tipo inteligente, compañero 

de la Facultad, increíblemente tierno. Era el que nos hacía escuchar los discos de los Beatles, 

nos leía a Cortázar. Que él no esté más me duele”, sostuvo.

“Si el Estado consigue hacer justicia, yo me sentiría satisfecho”, reiteró.

EL TESTIMONIO DE DIEGO GENOUD

Antes del testimonio de Fernando García, declaró Diego Genoud , hijo de Manuela Elmina 

Santucho, quien permanece desaparecida.

Genoud, de 46 años, recordó que en el momento del secuestro de su madre en un 

departamento en Villa Crespo el 13 de julio de 1976 junto a su tía Cristina Navajas y Alicia 

D’Ambra, las tres militantes en el Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT), él, de un 

año y 4 meses, estaba con ellas y con sus primos Miguel y Camilo. Manuela era hermana de 

Mario Roberto Santucho, fundador del PRT e histórico dirigente del ERP, su brazo armado.

Manuela estuvo secuestrada en numerosos CCD, entre éstos el Pozo de Banfield.


Su padre, Alberto Genoud, estuvo preso entre 1974 y 1982 y por esa razón fue criado por sus 

abuelos paternos en Baradero. Recién a los 10 años fue a Santiago del Estero para conocer la 

historia materna.

Diego Genoud integró durante siete años la Asociación HIJOS. El martes expresó claramente 

su “desconfianza” del Poder Judicial y defendió una noción de justicia “que está más ligada a la 

condena social”.

Genoud reivindicó la militancia de su madre. “Tanto ella como el resto de los 30 mil 

desaparecidos, fueron víctimas, pero antes fueron militantes, asumieron compromisos, 

actuaron detrás de una convicción, pusieron el cuerpo en un contexto específico y participaron 

de una experiencia muy intensa y yo reivindico esa lucha, esa militancia revolucionaria de mi 

vieja, de mi viejo”, afirmó en esta primera vez que declara como testigo en un juicio de 

lesa humanidad.

La próxima audiencia será el martes 22 de febrero a las 9:00. Se
puede seguir por el canal de Youtube de la Comisión Provincial por
la Memoria: youtube.com 
Fuente:ElTeclado


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