24 de febrero de 2022

La persecución genocida contra el movimiento obrero en las fábricas SIAM y Peugeot.

La persecución genocida contra el movimiento obrero en las fábricas SIAM y Peugeot

Alfredo Patiño, trabajador en SIAM-SIAT de Avellaneda y Alberto Felipe Maly, en la Peugeot de Alpargatas fueron víctimas de la represión que se acentuó tras el golpe cívico-militar. Secuestrados en 1977, estuvieron en cautiverio en el Pozo de Quilmes. Patiño fue luego asesinado. Sus casos fueron presentados en el juicio por los delitos de lesa humanidad perpetrados en las Brigadas de la Policía Bonaerense de Banfield, Quilmes y Lanús.

Por  Gabriela Calotti -

Feb 23, 2022



Roberto Tedoldi, compañero del barrio y de militancia de Alfredo Patiño declaró el martes ante el Tribunal Oral Federal Nº 1 de La Plata. Se emocionó al hablar de su amigo “Patiño”, recordó la persecución que años antes había comenzado contra ellos la “burocracia sindical” cuando ya eran orgánicos de Montoneros y luego de la Columna Sur.

“Con Alfredo nos conocíamos antes de entrar a trabajar en SIAM, del barrio, en Lanús. Un día un compañero de la comisión interna de SIAM nos invita a entrar a trabajar ahí”, explicó Tedoldi en la audiencia número 56 de este juicio que se lleva a cabo de forma virtual por la pandemia de Coronavirus.

Interrogado por la auxiliar fiscal Ana Oberlín, el testigo refirió que junto con Carlos Robles entraron en la fábrica “a fines de 1971”. “Éramos todos peronistas”, sostuvo.

“Al mes y algo de estar en la fábrica, desde la comisión interna inventan un conflicto para parar la fábrica (…) Por propia intuición nos pusimos al frente del conflicto”, relató antes de precisar que la patronal mandaba a los trabajadores a pintar, a hacer arreglos en la planta de Valentín Alsina, es decir tareas que no eran propias de esa fábrica.

A lo largo de esos años, se vincularon con Descamisados y con la organización Montoneros, desde donde –sostuvo- “se lanza la propuesta de la Juventud Trabajadora Peronista” (JTP). No tardaron en llegar las “listas” de trabajadores que había que perseguir, armadas entre “la burocracia sindical y la fábrica”.

“El de Personal manejaba muy bien a la comisión interna y al cuerpo de delegados. El fue quien hizo la lista junto con éstos”, sostuvo Tedoldi.

En enero de 1976 se van de la fábrica él, Patiño y Robles y empiezan a buscar trabajo porque tenían varias bocas que alimentar. “Yo tenía una nena y Patiño tenía a sus tres chicos. En Lanús conseguimos trabajo en la fábrica de cables”.

Patiño entró a trabajar después en Molinos Río de La Plata, contó Tedaldi, quien en abril de ese año supo por dos compañeros que Patiño había sido secuestrado “y lo habían fusilado a dos cuadras de la cancha de Banfield”.

Alfredo Emilio Patiño, “el flaco”, tenía 32 años. Fue un cuadro gremial de Montoneros. Cayó en una cita en el paredón de la cancha de los ingleses en Banfield el 11 de agosto de 1977. Estuvo en cautiverio en el Pozo de Quilmes y luego fue asesinado.

Ya en democracia, supo que “Patiño y Robles” habían estado en ese centro clandestino de tortura y exterminio de la zona sur, afirmó Tedoldi quien antes de concluir su declaración como testigo agradeció al Tribunal y los exhortó con la voz entrecortada a que “descubran la verdad (…) mataron a mi compañero”.

Alberto Maly, desaparecido durante un año

“Mi papá trabajaba en la sección de estampado, en la parte de mantenimiento eléctrico. Estampado es donde hacen la carrocería (…) Él se encargaba del mantenimiento de las prensas”, explicó al Tribunal su hijo mayor, Sergio que por entonces estaba haciendo el servicio militar en Campo de Mayo.

La planta de Peugeot estaba en Alpargatas. Ellos vivían en Plátanos.

Su papá y otros 12 compañeros habían sido elegidos delegados para “hablar con los militares que habían tomado la fábrica porque había un paro”, dijo en referencia al clima que se vivía en esa planta.

Alberto Maly llevaba más de 10 años trabajando en Peugeot. “A todos los que estuvieron en esa comisión se los llevaron y varios continúan desaparecidos”, sostuvo Maly que mencionó al “ingeniero Guidi y otro era Fiori, creo que eran de Berazategui”. Su declaración fue guiada por Luz Santos Morón, una de las abogada querellantes del colectivo Justicia Ya.

Su padre tenía 44 años cuando el 16 de septiembre de 1977 una patota irrumpe en su casa en Plátanos donde estaba su madre, María Angélica Agüero y su hermano menor. “Justo esa semana no me dejaron salir del cuartel”, precisó.

Los represores obligaron a su padre a tenderle una trampa a Eduardo Rosen, un muchacho al que había ayudado para entrar a trabajar en Peugeot.

A su padre lo torturaron todavía “estando en casa” y a su madre la obligaron a cocinarles. El supo lo ocurrido a la semana siguiente al volver a su casa, aunque no tuvo mejor idea que llamar a Campo de Mayo y avisar lo ocurrido.

“Me dijeron que me quedara en mi casa. Al rato apareció la policía con una camioneta (…) más tarde unos soldados se lo llevaron al cuartel” donde estuvo hasta diciembre en los calabozos.

Su padre permanecía desaparecido.

Con su madre fueron a las comisarías y a la iglesia Stella Maris a preguntar por su padre hasta que un hombre que levantaba quiniela les avisó que Alberto Maly estaba en la comisaría de Valentín Alsina pues había estado con él.

Ya era agosto de 1978.

“Inmediatamente nos apersonamos en la Comisaria. Despues de ir dos o tres veces, un policía bajo cuerda nos dijo ‘vayan al regimiento 3 de La Tablada’. Me presenté como soldado y me dejaron pasar. Ahí conocí al capitán Juan quien gestionó la libertad de mi papá”. Ese mismo militar, de quien nunca más supieron nada, “le hizo un certificado de desaparecido” a su papá que quería volver a trabajar en Peugeot.

En las charlas posteriores que pudo tener con su padre, cuando éste “nos contó que había estado en el Pozo de Quilmes (…) me contó de la tortura (…) que cada tanto los hacían salir de su celda, formar fila y elegían gente que se la llevaban y no los volvían a ver nunca más”.

Su papá le dijo que a “Rosen lo vio muerto” en ese centro clandestino y que supo que estaba en Quilmes porque desde el tercer piso se veía una parte del techo del hospital quilmeño.

Allí, Alberto Maly estuvo en cautiverio con Alcides Chiesa, sobreviviente fallecido el 10 de abril de 2017. En Valentín Alsina estuvo con un matrimonio paraguayo de apellido Rúa.

En septiembre del 78 su padre apareció en una lista de detenidos que pasaban a disposición del Poder Ejecutivo Nacional (PEN). Lo vinieron a buscar y se lo llevaron a la Unidad 9. “Se comió un año más”, sostuvo su hijo.

La familia se fue del país en 1979. “Estando en el exilio tuvimos tiempo para charlar de todo lo que había pasado y para poder asimilarlo”, contó.

Su papá fallecio el 12 de febrero de 2006 y su mamá el 10 de febrero de 2016.

El presente juicio por los delitos perpetrados en las Brigadas de la policía bonaerense de Banfield, de Quilmes y de Lanús es resultado de tres causas unificadas en la causa 737/2013 con sólo 17 imputados y con apenas dos de ellos en la cárcel, Miguel Osvaldo Etchecolatz y Jorge Di Pasquale. El resto está cómodamente en sus casas ignorando las audiencias. En octubre pasado falleció en la impunidad el policia retirado Miguel Angel Ferreyro, imputado que había sido denunciado por Nilda Eloy como el represor que la violó “reiteradamente” en la Brigada de Lanús.

Este debate oral y público comenzó el 27 de octubre de 2020 de forma virtual debido a la pandemia. Por esos tres CCD pasaron 442 víctimas tras el golpe cívico-militar del 24 de marzo de 1976, aunque algunas de ellas estuvieron secuestradas en la Brigada de Quilmes antes del golpe. Más de 450 testigos prestarán declaración en este juicio.

Las audiencias pueden seguirse por las plataformas de La Retaguardia TV
(https://bit.ly/2T1S06P) o el Facebook de la Comisión Provincial por la Memoria. https://fb.watch/66cTGFRqGP/. Más información sobre este juicio puede consultarse en el blog del Programa de Apoyo a Juicios de la UNLP https://bit.ly/3coDVqV.

La próxima audiencia será el martes 8 de marzo a las 8 hs y será semi-presencial.

Fuente:Contexto


Un testigo denunció la complicidad de Peugeot con la dictadura argentina

Un testigo relató este martes el secuestro y torturas que sufrió su padre en el excentro clandestino de Pozo de Quilmes durante la última dictadura militar y denunció la complicidad de la empresa automotriz Peugeot con la última dictadura cívico militar.

miércoles, 23 febrero 2022


Se trata de Sergio Maly, hijo de Alberto Felipe Maly, trabajador de la empresa Peugeot que en septiembre de 1977 fue secuestrado en su casa de La Plata y estuvo detenido en el Pozo de Quilmes, la comisaría de Valentín Alsina y luego puesto a disposición del Poder Ejecutivo Nacional (PEN).

Maly fue recluido en la unidad carcelaria número 9 de La Plata, donde recuperó la libertad en octubre de 1979 para partir al exilio junto con su familia.

“La empresa fue cómplice del desastre que hicieron. Mi padre trabajaba en el sector estampado de Peugeot, en el mantenimiento eléctrico. Estuvo 11 años en ese lugar”, relató Maly ante el Tribunal Oral Federal 1 de La Plata que juzga a 17 represores, entre ellos Miguel Etchecolatz, por los delitos cometidos contra casi 500 víctimas cautivas en los excentros clandestinos de Pozo de Banfield, Pozo de Quilmes y El Infierno de Lanús.

En su declaración, Sergio recordó que en una oportunidad, los trabajadores de Peugeot fueron a un paro y “los militares tomaron la fábrica”.

“Las mujeres y los trabajadores se acostaban en el suelo para evitar el avance de los tanques militares”, detalló el hombre, quien apuntó que en esa oportunidad su padre y otros 11 trabajadores fueron designados por sus compañeros para hablar con los uniformados y logrando que se retiraran del predio de la empresa.

“Los obreros no llamaron a los militares para reprimir un paro, fue la patronal. Todos los que estuvieron en esa comisión (elegida por los trabajadores) fueron llevados y varios continúan desaparecidos”, remarcó el declarante.

Secuestro y desaparición

El 15 de septiembre de 1977, un grupo de tareas irrumpió y copó la casa donde vivía Alberto Maly y su familia, en la capital bonaerense.

Los represores permanecieron en el domicilio a la espera de la llegada del trabajador, a quien secuestraron en la madrugada del día siguiente.

“El grupo de tareas apuntó con sus armas a mi hermano que en ese entonces tenía siete años y aún tiene secuelas psicológicas de todo lo vivido”, expresó Sergio Maly, que ese día estaba cumpliendo el servicio militar.

Sergio no estaba en la vivienda pero semanas más tarde también fue detenido y llevado a Campo de Mayo y a un lugar de detención ubicado en la localidad de Los Polvorines.

Tras relatar la búsqueda de la familia por el paradero de Alberto Maly, el testigo explicó que, finalmente, tras un año cautiverio su padre fue liberado.

“Nos contó que estuvo en el Pozo de Quilmes, que fue torturado. Estaba flaco, destrozado. Le daban de comer basura y contaba que a veces los sacaban de las celdas, los hacían formar en fila y a quienes nombraban los hacían dar un paso adelante y se los llevaban”, precisó.

Sergio aseguró ante los magistrados que su padre supo que a quienes nombraban y hacían salir de la fila en ese excentro clandestino “los llevaban a un avioncito y los tiraban al río”.

“Un día mi abuelo vino con un diario Clarín que publicaba una lista de personas puestas a disponibilidad del PEN y en la que figuraba mi papá, que estaba con nosotros en casa. Y al día siguiente de eso, volvió el grupo de tareas a buscarlo, que tenía que ir a la comisaría de Valentín Alsina, le decían que era para firmar unos papeles. Lo acompañó mi mamá. Y de ahí lo llevaron a la unidad 9. Ahí pasó otro año. Salió en octubre de 1979 y nos exiliamos”, relató.

Maly aseguró en el final de su declaración en esta audiencia, que “no vine a declarar por odio o venganza, sino por justicia”.

“La mejor venganza, si se quiere, es que no lograron destruirnos como familia, mantuvimos los lazos, el amor, la familia”, remarcó con énfasis.

Durante esta audiencia también declaró Roberto Tedoldi, compañero de trabajo y militancia de Alfredo Piñero, cuyo caso se trata en este juicio.

Ambos trabajaban en la fábrica Siam y eran militantes peronistas, y Tedoldi relató la lucha de Piñero en favor de los trabajadores y remarcó que “luchaba por un mundo mejor”.

El TOF 1, integrado por Walter Venditti, Esteban Rodríguez Eggers y Ricardo Basilico, juzga por los delitos cometidos en el Pozo de Bánfield y el Pozo de Quilmes al ex ministro de Gobierno bonaerense durante la dictadura, Jaime Smart; al exdirector de Investigaciones de la Policía bonaerense, Miguel Etchecolatz; el exmédico policial Jorge Antonio Berges y a los imputados Federico Minicucci; Carlos Maria Romero Pavón, Roberto Balmaceda y Jorge Di Pasquale.

También juzga a Guillermo Domínguez Matheu; Ricardo Fernández; Carlos Fontana; Emilio Herrero Anzorena; Carlos Hidalgo Garzón; Antonio Simón; Enrique Barré; Eduardo Samuel de Lío y Alberto Condiotti.

Por los crímenes de lesa humanidad cometidos en el centro conocido como “El Infierno” también están imputados Etchecolatz, Berges y Smart y el ex policía Miguel Ángel Ferreyro.

Fuente:ChacoDiaPorDia

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