La Unión Europea hiere de muerte
a la libertad de prensa
Por Ollantay Itzamná, Resumen Latinoamericano, 28 de febrero de 2022.
Ante la intervención militar de Rusia para finalizar la violencia descomunal desatada por el gobierno de Ucrania sobre las poblaciones rusohablantes en dicho país, la humanidad comenzó a prestarle atención a lo que ocurría y ocurre en aquel “desconocido” rincón del mundo, aunque siempre con limitadas fuentes de información o con alta dosis de infotoxicidad al respecto.
Para los pueblos de Abya Yala, los mundos de Asia y Medio Oriente, entre otros, son mundos desconocidos, no sólo por los idiomas diferentes, sino porque para las corporaciones mediáticas que tienen hegemonía en nuestra región simplemente no les interesa mostrarnos dichas realidades.
¿Cuántos de nosotros sabíamos que en la región de Donbass, por ejemplo, poblaciones completas estaban siendo exterminadas por el régimen de Kiev únicamente por ser rusófonas? ¿Cuántos de nosotros sabíamos que a los habitantes de Crimea el régimen de Kiev, desde hace ya 8 años, les secuestró y cerró el acceso al agua dulce? ¿Sabíamos que el conflicto de Ucrania era un negocio seguro para que EEUU termine vendiendo gas natural a Europa, evitando a los rusos como proveedores?
Medios de información masiva como RT y Sputnik, desde los mundo rusos, alivian en buena medida aquel “silencio” mediático y nos ayudan a ver y formarnos una opinión equilibrada sobre lo que ocurre en esa y otras partes del mundo.
Pero, muy a pesar que la humanidad, en especial Europa, padece déficit informativo sobre lo que ocurre en Ucrania, y ante la inclemente hegemonía mediática made in USA, la Unión Europea (UE) acaba de prohibir la emisión de los medios informativos rusos como RT y Sputnik en el territorio europeo. Esta decisión es una constatación de un total retroceso en los avances del derecho a la información que asiste a la humanidad.
Es explicable que la UE-EEUU/OTAN tomen medidas en contra del gobierno ruso por el conflicto en Ucrania. Pero, restringir a la población su derecho a la información diversa es injustificable y deplorable desde todo punto de vista. Con esta medida no “atacan al gobierno ruso”, agreden a toda la humanidad que creemos y apostamos por la democracia integral e informada.
Quienes conocemos el modus operandi del régimen hegemónico, y sobre todo lo tendencioso que son sus medios de desinformación, no estamos dispuestos a renunciar a nuestro derecho a la información establecido en normas internas e internacionales. Sabemos lo que hicieron en Bolivia, Argentina, Honduras… (por mencionar algunos países donde gobiernos defactos prohibieron la señal de TeleSur para aporrear y masacrar a los pueblos ante la complicidad silente de CNN y las corporaciones mediáticas de las industrias armamentistas) En Ucrania hacen lo mismo. Y, si la UE avanza en la dirección en la que va, más temprano que tarde terminará engendrando a su nuevo Hitler, antisujeto del derecho a la información.
Los pueblos originarios de Abya Yala, sobrevivientes a los genocidios recientes y de antaño, sabemos lo que significa el “silenciamiento de los medios de información”. Los genocidas clausuran o prohíben a los “incómodos” medios con la finalidad de ejecutar delitos de lesa humanidad en la oscuridad, sin cámaras, ni micrófonos.
El Comité Olímpico Internacional
recomendó a todas las federaciones
que prohiban a los deportistas rusos /
Idéntica decisión tomó la FIFA
Resumen Latinoamericano, 28 de febrero de 2022.
Foto. Thomas Bach abrió la Tregua Olímpica una semana antes del los Juegos de Beijing. Imagen: AFP
El Comité Olímpico Internacionales (COI) recomendó este lunes a las federaciones deportivas de todo el mundo que se prohíba la participación de atletas rusos y bielorrusos en las competencias internacionales por la ruptura de la Tregua Olímpica por parte de esos países. La semana pasada había pedido a todas las entidades que cancelaran su participación en cualquier competencia prevista en Rusia o Bielorrusia.
La máxima organización del deporte mundial hizo ese pedido «con el fin de proteger la integridad de las competencias deportivas mundiales y la seguridad de sus participantes», luego de una nueva reunión celebrada este lunes para debatir sobre la postura del Movimiento Olímpico tras la invasión militar de Rusia a Ucrania.
«La guerra actual en Ucrania pone al Movimiento Olímpico en un dilema. Mientras que los atletas de Rusia y Bielorrusia podrían continuar participando en eventos deportivos, muchos atletas de Ucrania no pueden hacerlo debido al ataque a su país», considera un comunicado del COI. Frente a ellos, el Comité Ejecutivo de la entidad pidió a las federaciones y a los organizadores de eventos que «no inviten ni permitan la participación de atletas y funcionarios rusos y bielorrusos en competiciones internacionales».https://iframely.pagina12.com.ar/api/iframe?url=https%3A%2F%2Ftwitter.com%2Fiocmedia%2Fstatus%2F1498297977366102024&v=1&app=1&key=68ad19d170f26a7756ad0a90caf18fc1&playerjs=1
En algún caso que no sea posible, por razones legales, los organizadores de eventos deberán «hacer todo lo que esté a su alcance para garantizar que ningún atleta o funcionario deportivo de Rusia o Bielorrusia pueda participar bajo el nombre de su país». «Los ciudadanos rusos o bielorrusos, ya sea como individuos o equipos, deben ser aceptados solo como atletas neutrales o equipos neutrales. No deben exhibirse símbolos nacionales, colores, banderas o himnos», exigió el COI.
Por otra parte, la entidad retiró la Orden Olímpica -su máxima condecoración- al presidente ruso Vladimir Putin, al viceprimer ministro Dmitry Chernyshenko y al Viceprimer Ministro de la Federación de Rusia (Oro, 2014) y al Jefe Adjunto de Gabinete de la Oficina Ejecutiva Presidencial, Dmitry Kozak.
Estas medidas se producen tres días después de la primera reacción del COI frente a la guerra, con la que solicitó no organizar ningún tipo de competencia en los países sancionados. La Tregua Olímpica comenzó el viernes 4 de febrero, siete días antes de la apertura de los Juegos Olímpicos de Invierno Beijing 2022 y debía extenderse hasta el 20 de marzo, en la semana posterior a la clausura de los Juegos Paralímpicos. Ello significaba la suspensión de todos los conflictos bélicos mientras se disputa una cita olímpica o paralímpica, compromiso que no fue cumplido por Rusia ni Bielorrusia.
La selección no podrá jugar el repechaje ante Polonia y se perderá el Mundial de Qatar
La FIFA suspendió a Rusia de todas las competiciones

La FIFA suspendió este lunes a Rusia hasta nuevo aviso en toda competencia internacional a nivel selecciones y clubes de fútbol, lo que determina su eliminación del próximo Mundial Qatar 2022, sin jugar la instancia de repechaje que tenía programada.
«Tras las decisiones iniciales adoptadas por el Consejo de la FIFA y el Comité Ejecutivo de la UEFA, que preveían la adopción de medidas adicionales, la FIFA y la UEFA han decidido hoy de forma conjunta que todos los equipos rusos, ya sean equipos representativos nacionales o equipos de clubes, serán suspendidos de participar en competiciones FIFA y UEFA hasta nuevo aviso», informó la entidad en un comunicado publicado en su página web.
Cuáles son los cuatro puntos que
reclama Putin para terminar la guerra
Resumen Latinoamericano, 28 de febrero de 2022.
El presidente ruso, Vladimir Putin, se comunicó este lunes en forma telefónica con su par francés, Emmanuel Macron, y le informó cuáles son las condiciones de Rusia para terminar la guerra con Ucrania.
El mandatario ruso subrayó que la resolución del conflicto «era posible solo si los intereses de seguridad legítimos de Rusia eran tomados en cuenta sin condición«, según un comunicado del Kremlin.
«La parte rusa está abierta a negociaciones con representantes de Ucrania y espera que llevarán a los resultados esperados», aseguró la presidencia rusa.
Macron y Putin se referían a las negociaciones entre Kiev y Moscú que tuvieron lugar hoy en Bielorrusia en el puesto de control Alexandrovka-Vilcha, en la frontera con Ucrania.
Los negociadores de ambas partes volvieron a sus capitales y continuarán con el diálogo en una «segunda ronda«, anunció el asesor del jefe de la oficina presidencial ucraniana Mijaíl Podoliak.
«Hoy las delegaciones de Ucrania y Rusia realizaron la primera ronda de negociaciones que tenían como principal objetivo debatir los temas de alto el fuego y cese de hostilidades en el territorio de Ucrania», dijo Podoliak ante la prensa, según la agencia Sputnik.
Entre las condiciones preliminares a una resolución del conflicto planteadas por Putin al presidente de Francia, figuran las siguientes:
* El reconocimiento de Crimea como territorio ruso.
* La desmilitarización de Ucrania.
* La ‘desnazificación’ del Estado ucraniano
* La promesa del estatuto (de país) neutro de Ucrania.
Joe Biden dice no creer que estalle
una guerra nuclear entre Rusia y
Estados Unidos
- Resumen Latinoamericano, 28 de febrero de 2022.
El domingo pasado, el presidente ruso impuso el estado de alerta especial para las fuerzas de disuasión de su país.
El presidente Joe Biden restó importancia a los temores de que las tensiones entre Washington y Moscú por la crisis de Ucrania desemboquen en una guerra nuclear, y negó que los estadounidenses tengan motivos para preocuparse por los riesgos de un conflicto de ese tipo.
Preguntado por un periodista sobre si los estadounidenses deberían preocuparse ante la posibilidad de una guerra nuclear, Biden respondió secamente: «No«. La pregunta se produjo mientras el mandatario y la primera dama, Jill Biden, pasaban en la Casa Blanca ante un grupo de reporteros este lunes, durante un evento conmemorativo del Mes de la Historia Negra.
La pregunta estuvo tácitamente relacionada con recientes disposiciones del presidente ruso, Vladímir Putin, quien el domingo ordenó poner las fuerzas de disuasión de su país -lo que incluye las armas nucleares- en estado de alerta especial. Moscú dijo que la medida se tomó, al menos en parte, en respuesta a los comentarios de la ministra de Exteriores del Reino Unido, Liz Truss, quien dijo a Sky News que, a menos que se detenga a Putin en Ucrania, otros países de Europa del Este se verán amenazados, lo que llevaría a un conflicto con la OTAN.
fuente:RT
«Varios personeros de distintos niveles han hecho declaraciones sobre posibles altercados, o incluso choques y colisiones, entre la OTAN y Rusia», dijo el lunes el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov. «Creemos que tales declaraciones son absolutamente inaceptables«, comentó el vocero.
- El pasado jueves, el presidente de Rusia, Vladímir Putin, anunció «una operación militar especial para defender el Donbass». En un mensaje a los ciudadanos rusos, el mandatario detalló que la finalidad del operativo es «proteger a las personas que han sido objeto de abusos y genocidio por parte del régimen de Kiev durante ocho años».
- El Ministerio de Defensa de Rusia aseguró que las Fuerzas Armadas rusas apuntan a la infraestructura militar ucraniana y no atacan ni a las tropas que deponen las armas ni a la población civil.
El Ministerio de Defensa de Rusia
proporciona los últimos datos en el
quinto día de la operación militar en
Ucrania
Resumen Latinoamericano, 28 de febrero de 2022.
Según el portavoz del organismo, las fuerzas rusas han destruido hasta ahora 1.146 objetos de infraestructura militar de Ucrania.
El portavoz del Ministerio de Defensa de Rusia, Ígor Konashénkov, ha proporcionado este lunes en rueda de prensa los últimos datos de la operación militar en Ucrania en el quinto día desde su comienzo.
Según Konashénkov, las fuerzas rusas han destruido hasta ahora 1.146 objetos de infraestructura militar de Ucrania, incluidos 31 puestos de control y de comunicación, 81 complejos de defensa antiaérea S-300, Buk M-1 y Osa, así como 75 radares.

Además, los militares rusos atacaron seis columnas de vehículos blindados de las Fuerzas Armadas ucranianas, señaló. En particular, fueron destruidos 311 tanques y otros vehículos blindados de combate, 42 aviones y helicópteros, 51 sistemas de lanzamiento de cohetes múltiples, 147 armas de artillería de campaña y morteros y 263 unidades de la técnica automovilística militar.
El vocero indicó que 110 soldados ucranianos «abandonaron voluntariamente las armas» en las últimas 24 horas.
Asimismo, el portavoz del Ministerio ruso de Defensa informó que las fuerzas de la República Popular de Lugansk avanzaron tres kilómetros durante la jornada, mientras que el Ejército de la República Popular de Donetsk hizo lo propio a lo largo de 16 kilómetros durante las últimas 24 horas y tomó el control de la localidad de Zamózhnoye.
- El pasado jueves, el presidente de Rusia, Vladímir Putin, anunció «una operación militar especial para defender Donbass». En un mensaje especial a los ciudadanos rusos, el mandatario detalló que el objetivo del operativo es «proteger a las personas que han sido objeto de abusos y genocidio por parte del régimen de Kiev durante ocho años».
- El Ministerio de Defensa de Rusia aseguró que las Fuerzas Armadas rusas apuntan a la infraestructura militar ucraniana y no atacan ni a las tropas rendidas ni a la población civil.
Pensamiento crítico. Posición del
MULCS ante la guerra en Ucrania:
Crisis de hegemonía mundial y
situación de los pueblos
Resumen Latinoamericano, 28 de febrero de 2022.
Estamos en presencia de la primera guerra en territorio europeo desde la destrucción de Yugoslavia en los primeros años de la década de 1990. Pero a diferencia de ese momento histórico, marcado por el predominio político y militar de EEUU y la OTAN después del fin de la URSS, la etapa actual está vinculada con los retrocesos militares del imperialismo norteamericano (Siria, Afganistán) y el avance de otros países que buscan recuperar su espacio histórico de influencia (Rusia) o ampliar su influencia económica y política (China).
Por cierto, esos proyectos que disputan con la hegemonía yanqui no implican concepciones populares, ni a favor de los intereses de les trabajadores y los pueblos en el mundo, sino una disputa por espacios territoriales y económicos a nivel global, que necesariamente los lleva a una mayor confrontación con la dominación estadounidense.
En ese marco, es imprescindible entender la ampliación de la OTAN. La Organización del Tratado del Atlántico Norte es la coalición militar creada durante la Guerra Fría por EEUU, dirigida por EEUU y que se oponía al Pacto de Varsovia liderado por la Unión Soviética. Desde la caída de la URSS y del bloque de países vinculados en el este europeo, Estados Unidos ha sostenido la ampliación de ese bloque militar hacia los países del este europeo y de la ex URSS. Sumaron a 14 estados de esa región (Polonia, Lituania, Letonia, Estonia, Hungría, República Checa, Eslovaquia, Bulgaria, Eslovenia, Rumania, Albania, Croacia, Montenegro y Macedonia del Norte). Estados Unidos actuó para aislar política y militarmente a Rusia, en un momento histórico de enorme debilidad del naciente capitalismo ruso (la llamada “oligarquía” rusa, surgida de las contradicciones del antiguo estado soviético). Es una política de “cerco preventivo” del área de influencia de Rusia, un área tan relevante para los intereses rusos como Nuestra América para los intereses yanquis.
La guerra en Ucrania tiene como antecedente inmediato el derrocamiento del Gobierno en 2014 por parte de una coalición pro norteamericana y favorable a la integración a la OTAN, integrada por sectores que reivindican explícitamente a los sectores nazis ucranianos de los años 30 y 40. Como correlato económico, el acercamiento de los Gobiernos ucranianos posteriores a 2014 al bloque “occidental” implicó acuerdos con el FMI similares a los que se pretende imponer a nuestro país, que dejaron la economía en total estado de dependencia y de destrucción de su aparato productivo, con cifras de pobreza y de desocupación de dos dígitos. Antes de la guerra actual, Ucrania ya era el país más pobre de Europa.
Los Gobiernos de Ucrania posteriores a 2014 (Poroshenko y Zelensky) sostuvieron un ataque sistemático a las zonas de habla rusa del este ucraniano (la región de Donbass). Al mismo tiempo, incorporaron a sectores nazis como la Brigada Azov a las fuerzas regulares ucranianas. La agresión determinó la existencia de otro actor al conflicto: las fuerzas de resistencia popular en las regiones del Donbass (las repúblicas populares de Lugansk y Donetsk). El Gobierno ucraniano pro yanqui, integrado por sectores nazis y por la oligarquía local, es responsable del asesinato de más de 15.000 personas en esa región.
Otro conflicto existe en la península de Crimea, una región estratégica en términos militares y de transporte, con población rusa, y que fue cedida a Ucrania en 1954 durante la etapa soviética. La recuperación rusa de ese territorio es un elemento clave: se trata de la zona que posibilita el mejor acceso al Mediterráneo de las mercancías rusas.
Hace poco tiempo, la Federación Rusa pidió garantías a la OTAN de no intervenir militarmente, sin éxito. En ese contexto, el Gobierno ucraniano, que violó los Acuerdos de Minsk (firmados entre Rusia, Ucrania, Alemania y Francia), solicitó el emplazamiento de misiles nucleares.
El conflicto tiene un correlato económico muy importante. La mayoría de los países de Europa dependen del gas ruso para la provisión de energía. La construcción de un gasoducto de Rusia a Alemania, el Nord Stream 2, afecta a los intereses económicos y geopolíticos de EEUU en Europa, aumentando el peso de Rusia en el sistema energético, y disminuye el negocio yanqui de venta de gas natural licuado. En estos momentos, frente a la guerra en Ucrania, Alemania ha detenido los acuerdos de finalización del gasoducto.
En este contexto, el Gobierno ruso de Putin actúa por autodefensa de sus propios intereses capitalistas. Ninguna potencia, independientemente de su régimen social, permitiría que la OTAN los vaya cercando con armamento nuclear. El Gobierno de Putin utiliza los conflictos en el este de Ucrania, el genocidio en las regiones de Lugansk y Donetsk, para sus propios intereses geopolíticos, pero para esos pueblos su reconocimiento significa una posible salvación ante los sectores nazis que dirigen la ofensiva en el Donbass.
Actualmente Rusia está en una posición compleja: no es una gran potencia imperialista, su economía está muy lejos de ser una potencia económica, pero al mismo tiempo es la segunda potencia militar del planeta (27% del comercio internacional de armas) y recientemente ha firmado un nuevo acuerdo de cooperación estratégica con China. Putin representa al tradicional nacionalismo gran ruso, y a la dominación de la nueva clase capitalista rusa (la “oligarquía”), y es enfrentado por las fuerzas de izquierda al interior de su país.
No se puede ser neutral en este conflicto intercapitalista. La política estadounidense es claramente responsable de la desestabilización sistemática en la región. Los discursos de falso pacifismo de las potencias occidentales ante la invasión rusa a Ucrania omiten cualquier referencia a la historia de los últimos treinta años, desde la guerra en Yugoslavia, los ataques en Medio Oriente (Siria, Libia, Irak, Afganistán), en Somalia, o en la ofensiva constante de Israel contra el pueblo palestino. En estas guerras y conflictos fue y es central la política yanqui por la hegemonía militar y energética a escala global.
En nuestro país, el Gobierno del FdT condenó la invasión rusa a Ucrania en forma unilateral, como parte de su capitulación al imperialismo yanqui, profundamente vinculada a la negociación de la deuda ilegítima y odiosa con el FMI. Este posicionamiento está en línea con la postura contra la Venezuela Bolivariana, y con posicionamientos favorables a los intereses permanentes de EEUU. Cabe agregar que estos actos no sólo son contrarios al sostenimiento de una política exterior independiente, sino que no han conseguido hasta el momento ninguna concesión importante de EEUU y del FMI en el acuerdo de esa deuda inmoral.
Por supuesto, la mayoría del pueblo ucraniano, que ha sufrido las políticas económicas del FMI en la última década y el hegemonismo de la ultraderecha local contra la población de origen ruso en el país, sufrirá la ofensiva militar rusa. La política del imperialismo yanqui y de las potencias europeas potencia el nacionalismo reaccionario y el odio étnico en la región. Hasta este momento, se orientan a incrementar las sanciones económicas contra Rusia, y no a una intervención militar directa.
Esta guerra no conduce a un mundo “multipolar” sino a una mayor disputa intercapitalista en todos los planos, en una etapa histórica negativa para las masas populares explotadas, que sufren las consecuencias del mayor empobrecimiento, de la ofensiva de las políticas neoliberales contra las conquistas obreras y populares del siglo XX, y la dispersión política y organizativa del movimiento obrero y popular. Desde los sectores populares con aspiraciones revolucionarias debemos construir una perspectiva estratégica superadora de la brutalidad que nos muestra cada día el sistema capitalista.
Para quienes luchamos por una sociedad sin explotadores ni explotades, es siempre una tarea de primer orden la solidaridad con los pueblos del mundo y al apoyo a las luchas contra la dominación imperialista. Luchar contra las guerras significa luchar contra el sistema político y económico que las genera, y significa analizar las causas internas de los conflictos.
Para superar la dominación imperialista y para aprovechar las contradicciones intercapitalistas a favor de los intereses populares, es necesario construir otra política, desde los pueblos y les trabajadores en Nuestra América y en todo el mundo, que actúe en forma solidaria con las luchas antiimperialistas en todo el mundo. Se trata de construir un orden mundial diferente al que hegemonizan las potencias occidentales, un sistema que supere el régimen del capital, un mundo para ser vivido por todas y todos.
Movimiento por la Unidad Latinoamericana y el Cambio Social
Pensamiento Crítico. Reventando
el polvorín ucraniano
Por Rafael Poch. Sin Permiso /Resumen Latinoamericano, 28 de febrero de 2022.
La OTAN justifica su vigencia en la necesidad de afrontar problemas por ella creados. Un repaso a una crisis de treinta años.
I) Pueblos hermanos
Se dice que rusos y ucranianos son “pueblos hermanos”, y es verdad. Siglos de vida en común, dos lenguas bien parecidas y una geografía sin obstáculos físicos, de llanuras surcadas por ríos mansos, que complica y difumina todo concepto de frontera. Al mismo tiempo, el parentesco fraternal no es incompatible con fuertes diferencias de carácter. Cuando una abuela dice sobre sus nietos, “¡Qué diferentes son, parece mentira que sean hermanos!” está formulando un tópico familiar de los más recurrentes. Veamos algunas de esas diferencias.
Como tantos otros países, Ucrania contiene una considerable diversidad regional entre el Oeste y el Este. Simplificando: cuanto más hacia Rusia, más ruso se habla, mayor influencia del cristianismo oriental adscrito al Patriarcado (ortodoxo) de Moscú y menos perceptible se hacen las diferencias fraternales. Cuanto más al Oeste mas fuerte es la identidad nacional ucraniana, el carácter mixto (oriental-occidental) del cristianismo, etc., etc.
A lo largo de su historia, Ucrania vivió varios procesos de integración, bien en la órbita rusa, bien en la polaca. Al colisionar con el poder superior ruso, el nacionalismo burgués ucraniano se vio condenado a colocarse bajo patronazgo extranjero. En el siglo XX sus efímeros gobiernos se afirmaron bajo la protección militar alemana (el del atamán Skoropadski) o polaca (Petliura). El nacionalismo popular ucraniano fue más anti polaco y anti judío que anti ruso. Políticamente fue frecuentemente socialista o social-revolucionario y al final, en un contexto de grandes convulsiones como los de la guerra civil rusa, tuvo que decantarse entre blancos y rojos en beneficio de los segundos.
El espacio ucraniano ha sido frecuente campo de batalla. En el siglo XVII conoció la revuelta de Bogdan Jmenitski contra la unión polaco-lituana, en el XVIII el zar Pedro I se impuso a los suecos en Poltava, y en el siglo XX fue uno de los principales escenarios bélicos tanto de la guerra civil rusa como de la Segunda Guerra Mundial.
El periodo 1917-1922 contiene en Ucrania un sinfín de conflictos. Parte de los nacionalistas ucranianos lucharon junto con los alemanes y austro-húngaros y otra parte contra ellos. La población ucraniana pro rusa se dividió en su lucha a favor de una Rusia unida, unos con los rojos y otros con los blancos. Otras fuerzas, como la del ejército campesino de Nestor Majno, con un gran componente social libertario y nacional ucraniano, lucharon tanto contra los rojos como contra los blancos.
Para comprender el actual mapa de Ucrania es ineludible hablar de tres regiones. En primer lugar Galitzia, zona occidental de claro dominio de la lengua ucraniana, con influencia católica mestiza (greco-católicos o “uniatas”), que en su mayoría nunca formó parte del resto de Ucrania ni estuvo sometida a Rusia hasta Stalin en los años cuarenta, después de dos siglos de sometimiento a regímenes polacos o austro-húngaros opresivos. De Galitzia partió en el siglo XIX el más fuerte impulso nacionalista. Ya en la época postsoviética desde allí se ha irradiado hacia el resto del país la ideología nacionalista más fuerte, con su particular narrativa histórica sobre la URSS: la revolución bolchevique como asunto “ruso” o “judío” (ignorando la larga lista de ucranianos presente en la dirección bolchevique), la mortífera hambruna de los años treinta con varios millones de muertos como “genocidio comunista-ruso contra el pueblo ucraniano” (ignorando que la misma hambruna de esos años devastó igualmente zonas rusas en el Don, Kubán,Volga, etc. y otras repúblicas como Kazajstán), todo ello aspectos de la nueva historia adecuada a la nueva estatalidad adquirida en 1991 que debía enmendar la historia oficial soviética, igualmente repleta de omisiones y manipulaciones.
Desde sus orígenes a principios de siglo XX, las organizaciones armadas del nacionalismo ucraniano en Galitzia (que entonces actuaban contra el dominio polaco) estuvieron financiadas y teledirigidas por el Abwehr, el espionaje alemán. Durante la Segunda Guerra Mundial los invasores alemanes fueron recibidos como libertadores por muchos ucranianos occidentales que habían sufrido la cruda represión estalinista y las hambrunas. Una vez más, la invasión hitleriana dividió a los ucranianos en dos bandos; el mayoritario que luchó con el ejército soviético contra el fascismo, y el minoritario de nacionalistas de Ucrania Occidental que fue utilizado por los nazis como fuerza de choque, creó una división SS específica y actuó frecuentemente de una forma aún más cruel que sus amos contra judíos y comunistas en los campos de exterminio, empuñando la bandera de la liberación nacional ucraniana.
Hay que decir que los ucranianos occidentales no fueron los únicos “colaboracionistas”: también los rusos del ejército de Vlasov, tártaros, chechenos, cosacos, etc. tuvieron representantes en el ejército alemán.
A los colaboracionistas de Ucrania Occidental, cuya relación con los nazis no fue fluida e incluyó episodios de enfrentamientos armados, se les conoce como “banderovski” por el nombre de su principal líder, Stepan Bandera. Con la victoria soviética y la incorporación definitiva de Galitzia a la URSS en 1945, los “banderovski” mantuvieron una guerrilla muy brava contra el NKVD de Stalin, recibiendo apoyo de la CIA en armas y lanzamiento de paracaidistas. Su cuartel general en Europa estaba en Munich, donde Bandera fue eliminado por un agente de Stalin en 1959…
Esta corriente, con la que en la época de la Perestroika solo se identificaba un sector minoritario del nacionalismo ucraniano, es reconocida hoy por un sector mucho más amplio como símbolo de la liberación nacional, o por lo menos como inspiradora de su principal ideología y narrativa nacionalista. La revuelta de Maidán del invierno de 2014 y el golpe de Estado pro occidental en que desembocó, instalaron ese nacionalismo exclusivista del Oeste de Ucrania en el centro del Estado.
En el sur y el Este de Ucrania, la llamada Novorossia, siempre se rechazó con toda claridad cualquier glorificación de los fascistas “banderovski”. Se trata de un arco que va desde Járkov, en el norte, hasta la región de Odesa en el sur-oeste, mayoritariamente ruso parlante y con gran población que se define como “rusa”. Ese arco no formó parte de Ucrania hasta la guerra civil de los años veinte (era la parte más industrial y a los bolcheviques les interesaba tener una base obrera en el gran universo campesino que era Ucrania), conserva una fuerte memoria soviética de la Segunda Guerra Mundial, y, al mismo tiempo, desde la nueva independencia de 1991 tendía hacia una cierta lenta ucrainización, o, por lo menos, a acentuar sus diferencias sutiles y difusas con Rusia. A grandes rasgos, Novorossia (la “Rusia nueva”) fue objeto de la reconquista imperial rusa en los siglos XVII y XVIII.
Geografía de las protestas contra el Maidán en el Este de Ucrania, febrero/marzo 2014
Mención especial merece la península de Crimea, tierra ancestral rusa, poblada por rusos y ruso parlante en un 80%, por donde llegó el primer cristianismo a la Rus de Kíev (¿el primer estado ruso fue ucraniano, o es que el primer estado ucraniano se llamaba Rusia?, eh aquí un interesante objeto de disputa entre besugos), reconquistada por Catalina II a los tártaros del janato de Crimea, el último vestigio de la Horda de Oro heredero del imperio de Chingiz Jan, que para entonces era un satélite del Imperio Otomano. Crimea fue escenario de glorias militares rusas y soviéticas, tanto durante la guerra de Crimea del XIX (todos contra Rusia) como durante la Segunda Guerra Mundial, con heroicas batallas en Sebastopol, Kerch y Odesa. La caprichosa entrega de Crimea a Ucrania por Jruschov en 1954, desgajándola de la República Socialista Federativa Soviética de Rusia (RSFSR) en una época en la que las diferencias entre repúblicas era completamente irrelevante, tuvo un carácter simbólico. A partir de la disolución de la URSS eso se convirtió en un problema.
Otra diferencia entre rusos y ucranianos tiene que ver con su tradición política, con las formas, símbolos y héroes en los que unos y otros se sienten identificados. Aquí el contraste entre los hermanos es importante. Ucrania fue un país situado geográficamente en el límite y la confluencia de grandes imperios (turcos, polacos, rusos). Su propio nombre, “U-kraine”, significa algo así como “junto al límite”, “en la frontera”, un espacio al que la autoridad imperial de unos y otros, y sus relaciones de servidumbre, apenas llegan o se perciben como algo lejano y difuminado. Esa posición determinó cierta holgura y libertad, un “arréglatelas tu mismo como puedas y sin gobierno” que asociamos al espíritu de frontera del “Far West”.
Los héroes de esa tradición política son líderes cosacos “libres” que luchan; ahora contra los turcos, ahora contra los polacos o contra los rusos, absorbiendo rasgos de unos y otros (Maidán -plaza- es una palabra turca). Todo eso es muy diferente de la tradición rusa, que es una galería llena de cuadros de grandes zares y caudillos absolutistas tanto más grandes cuanto más Estado e Imperio construyen.
Esa diferencia ha influido en la diferente evolución que ha tenido la formación de los estados postcomunistas pese a su común régimen oligárquico.
Mientras en Rusia tras una época turbulenta se recuperó la “vertical de poder” con su vector tradicional autocrático con considerable facilidad (eso es lo que representa Putin), en Ucrania el Estado ha sido mucho más débil. Eso ha hecho que la sociedad haya sido mucho más suelta, incontrolada e independiente hacia el poder que en Rusia, lo que ha tenido ciertas ventajas para la autonomía social y también serios inconvenientes para estabilizar un gobierno efectivo independiente de intereses externos…
Dicho todo esto y situados ya un poco ante el mapa, hay que decir que por más que esas semejanzas y diferencias sean importantes para comprender el universo ruso-ucraniano y para entender la diversidad interna de Ucrania, apenas aportan una explicación concreta a lo que tenemos hoy encima de la mesa: una verdadera fractura que explota en una guerra civil. ¿Cómo ha podido podrirse tanto la situación para que los hermanos se tiroteen y bombardeen?
Para comprender eso, no hay más remedio que fijarse en los regímenes políticos -igualmente emparentados- de Rusia y Ucrania.
II) Privatización y regímenes
En los años noventa, Rusia y Ucrania sufrieron el mismo proceso de saqueo de su economía, sus recursos, su patrimonio material nacional, a manos del mismo estrato administrativo-burocrático-oligárquico del antiguo régimen comunistoide, la Estadocracia (según el término del profesor Marat Cheskov). Eso que se conoce como “privatización” dio lugar al mismo tipo de sistema de capitalismo oligárquico. La diferencia con Rusia ha sido “el factor Putin”.
Si en Rusia con el cambio de siglo acabó emergiendo un poder político que restableció la vertical de poder y sometió a los magnates de la privatización a unas reglas de juego en las que era obligatorio reconocer la primacía del Estado, en Ucrania eso no ocurrió. Después de los años noventa, la política ucraniana continuó siendo la lucha entre, fundamentalmente, dos grupos de magnates. Unos vinculados industrialmente a Rusia y por tanto que tendían geopolíticamente hacia ella, y otros mucho más en la órbita occidental.
Esos grupos apenas se diferenciaban internamente en su programa socio-económico, maltrataban exactamente igual la aparición de cualquier manifestación social o de izquierda, y mantenían una cruda lucha subterránea por el poder. Ambos grupos se disputaron ese poder y alternaron en él, con incidentes pero sin llegar a un enfrentamiento abierto y militar como el de octubre de 1993 en Moscú.
Cada uno de los dos bandos de este sistema clánico-oligárquico con fuertes anclajes en la descrita diversidad regional ucraniana, era demasiado débil para imponerse definitivamente a sus adversarios. Esa debilidad hizo que cada uno de ellos aumentara la conexión y dependencia clientelista hacia el elemento geopolítico exterior. Los intereses de los grandes vecinos se mezclaron cada vez más en una amalgama, junto con los intereses económicos, industriales e ideológicos, “orientales” u “occidentales” de cada bando. Sobre esa lógica de poder actuaron tanto subvenciones rusas al suministro de gas, como la compra y financiación de ONG, medios de comunicación e instituciones con los 5000 millones de dólares reconocidos por la señora Victoria Nuland, vicesecretaria de Estado norteamericana, o por su vector correspondiente alemán, polaco y europeo en general.
Diferencia fundamental entre esos dos vectores externos era que si Moscú era desde el principio consciente de la diversidad interna de Ucrania y de la imposibilidad de imponer por completo sus intereses allá sin romper el país, en Washington, Bruselas y Berlín se buscaba, cada vez más, una victoria total y definitiva, ignorando los peligros de una fractura.
Ese sentido común acerca de la necesidad de cierto equilibrio interno había regido la política ucraniana de los dos bandos oligárquicos enfrentados desde 1991 hasta 2014. Siempre que uno u otro bando llegaba al poder en Kíev, ambos gobernando sobre el mismo fondo de corrupción y parasitismo (muy superior al de Rusia), había conciencia de que el país sería ingobernable y se rompería si se ignoraban por completo los intereses del otro. La propia población, socialmente muy descontenta con el poder tanto en el Este como en el Oeste del país, dependía de la apertura y el acceso a los grandes vecinos orientales y occidentales. De los 45 millones de ucranianos, unos seis millones respondieron a la pobreza emigrando a trabajar en el extranjero, unos 3 millones hacia Rusia (ucranianos de Novorossia) y otros tres hacia Polonia y la Unión Europea, mayormente ucranianos occidentales.
III) La revuelta del Maidán y su secuestro.
En este contexto de debilidad del poder ucraniano que acentúa el recurso de los dos grupos oligárquicos enfrentados a padrinazgos geopolíticos exteriores, apareció la provocativa y desestabilizadora oferta de la Unión Europea de un acuerdo de “Asociación oriental” con Ucrania. Hay que decir que a diferencia de la Unión Aduanera propuesta por Moscú, esa oferta europea se planteó desde el principio como excluyente, no compatible y no negociable con cualquier interés ucraniano vinculado a Rusia. Dada la permeabilidad existente entre los mercados ruso y ucraniano, abrir el segundo a la UE significaba perjudicar directamente la economía rusa. En materia de seguridad, la Unión Europea dejaba claro en aquel tratado que Ucrania debía ponerse en sintonía con “Europa” en su política exterior y de seguridad, fundamentalmente adversa a la de Moscú.
Mientras Moscú y Kíev pedían a la Unión Europea una negociación a tres bandas para solucionar el entuerto, la canciller Merkel se negó rotundamente a admitir a Rusia en cualquier negociación con Ucrania. Eso hizo que la jugada de la adhesión a “Europa” se convirtiera en una bomba desestabilizadora que transformaba equilibrios y diferencias, territoriales y de intereses, hasta ahora gobernables en una verdadera fractura.
Esa circunstancia, unida a las improvisadas contraofertas y fuertes presiones de Moscú, alimentó las más que razonables vacilaciones del Presidente Viktor Yanukovich. El no de Yanukovich al tratado con la UE hizo estallar el descontento social contra la corrupción, la oligarquía, contra el gobierno inefectivo, opaco y socialmente injusto, aspectos que el polo popular occidentalista ucraniano asocia con el modelo ruso.
El primer Maidán fue un movimiento surgido de un impulso genuinamente popular que expresaba elementales deseos de regeneración democrática, civil y nacional. Pero a diferencia de, digamos, el 15-M, tenía detrás a uno de los dos bandos oligárquicos y a los socios exteriores americanos y europeos (particularmente polacos y alemanes), con apoyo de medios de comunicación locales e internacionales, por lo que desde el principio estaba bien cargado de ambigüedad social y geopolítica.
El gobierno de Yanukovich respondió a ese desafío con gran inseguridad, represión y juego sucio: movilizando bandas de lumpen que apalizaban a activistas, etc., lo que aún indignó más a la gente.
Por sí solo, el sujeto que formaba la infantería de este Maidan (la intelligentsiacreativa, los grandes y pequeños hombres de negocios del sector servicios, estudiantes, profesiones liberales y funcionarios apoyados por los clanes oligárquicos “alternativos”), no era capaz de tomar el poder y tumbar al desprestigiado régimen -por otra parte electo y completamente legítimo desde el punto de vista formal. Para derribarlo se necesitaba una fuerza de choque, disciplinada, y dispuesta a jugarse el físico. Una caballería pesada. Esa fuerza fue la extrema derecha armada con la ideología nacionalista de tradición “banderovski”, apoyada por los oligarcas y los padrinos geopolíticos occidentales. Si la trama subterránea de complicidades, financiación, asesoramientos y adiestramiento de servicios secretos occidentales (americanos, polacos y alemanes) apenas ha trascendido, cuarenta políticos occidentales de primera fila, entre ellos primeras figuras de Estados Unidos y los ministros de exteriores de Alemania, Polonia, países bálticos, etc. pasaron por la plaza de Kíev repartiendo solidaridades y pastelitos. Fue ese segundo Maidán el que ejecutó el cambio de régimen en las jornadas de febrero en un contexto de batallas campales con incendio y toma de sedes ministeriales en medio de una masacre indiscriminada de manifestantes y policías (en total un centenar, además de más de una decena de policías) a cargo de tiradores de precisión el 20 de febrero, lo que precipitó la caída del gobierno y la huida del presidente.
El estudio académico mas convincente sobre aquella masacre, obra del profesor Ivan Katchanovski, de la School of Political Studies de la Universidad de Otawa concluyó lo siguiente:
“La evidencia indica que una alianza de elementos de la oposición de Maidan y la extrema derecha estuvo involucrada en el asesinato en masa tanto de los manifestantes como de la policía, mientras que la participación de las unidades especiales de la policía en los asesinatos de algunos de los manifestantes no se puede descartar por completo en base a la evidencia disponible. El nuevo gobierno que llegó al poder en gran parte como resultado de la masacre falsificó su investigación, mientras que los medios de comunicación ucranianos contribuyeron a tergiversar la matanza masiva de manifestantes y policías. La evidencia indica que la extrema derecha desempeñó un papel clave en el derrocamiento violento del gobierno en Ucrania”
A la misma conclusión llega Richard Sakwa, de la Universidad de Kent, autor del mejor libro sobre el Maidan publicado hasta la fecha (Frontline Ukraine).
En febrero de 2014, estuve metido de lleno en la crónica periodística del Maidán en Kíev y escribí lo siguiente:
“Hasta el más iluso activista de cualquier movimiento social europeo comprende ahora el misterio de lo que se está viendo estos días en Kíev:si la causa es “justa”, se puede ocupar más de media docena de edificios y sedes ministeriales en el centro de la capital, varias sedes regionales del gobierno, organizar escuadras paramilitares, presentar una fuerte resistencia física ante los antidisturbios, matar agentes y ganarse el aplauso de la Unión Europea. Las batallas campales son aquí “valientes y pacíficas manifestaciones”. Las autoridades, y no los ciudadanos, “deben renunciar a la violencia” y derogar “las leyes que limitan las libertades y derechos” y sus reivindicaciones deben ser escuchadas, Merkel et Bruselam dixit. ¿Comienza una nueva época? ¿Veremos a políticos rusos, bielorrusos y ucranianos llamando a la huelga general en Atenas, coreando el “no nos representan” en la Puerta del Sol o aplaudiendo a quienes lanzan botellas incendiarias a la policía en el Ocupy Frankfurt?”
Obviamente si todo aquello hubiera ocurrido con los vectores y escenarios invertidos -un gobierno favorable a los intereses occidentales, en México o Canadá, con políticos rusos, chinos y venezolanos de primera fila repartiendo pastelitos entre los manifestantes- no se habría celebrado como progreso democrático, sino como escandaloso y sangriento golpe de estado, terrorismo y demás…
El cambio de régimen en Kíev precipitó la revuelta del Este de Ucrania con padrinazgo ruso. Primero en Crimea, donde las declaración de soberanía y el posterior ingreso del territorio en Rusia, fue fácil por el amplio apoyo de la población y la presencia de la flota rusa, y luego en todo el arco de Novorossia. Todas esas regiones, temerosas de las primeras disposiciones de un gobierno con participación de “banderovski” en materia de lengua, etc., y ante la evidencia de que sus derechos e intereses iban a ser atropellados, pidieron federalismo en pequeños antimaidanes pro rusos, sin el menor apoyo de oligarcas locales (todos se pasaron a Kíev), que expresaban el mismo genuino descontento social y temor popular que el de Kíev desde un vector identitario y geopolítico distinto. En Odesa, ciudad rusofila y rusoparlante, presencié aquel febrero manifestaciones de decenas de miles de ciudadanos contra el nuevo gobierno de Kíev salido del Maidán y contra el nacionalismo ucraniano antiruso. Aquella protesta se aplastó con otra masacre, la de la Casa de los Sindicatos del 2 de mayo a cargo de la extrema derecha y los hinchas de futbol venidos de todo el país a poner orden en la ciudad, con el resultado de 46 muertos y 214 heridos, muchos de ellos abrasados en el edificio de cinco plantas incendiado con cócteles molotov ante la pasividad de la policía. En otras regiones rusófilas el miedo, la debilidad de la protesta o la pasividad de los disconformes con lo que sucedía decidió la situación. No fue así en el Este del país, donde se organizó una fuerte resistencia popular armada mezclada con intervención camuflada rusa. La respuesta del nuevo gobierno de Kíev fue el envío del ejército en misión antiterrorista -lo que el presidente Yanukovich no se había atrevido a hacer- y que dio paso a la militarización y al actual escenario de guerra civil con 14.000 muertos y centenares de miles de refugiados y desplazados.
Una vez más: si cambiamos las fichas, toda esta utilización de aviación y artillería contra ciudades habría sido valorado en Occidente como intolerable crimen contra la humanidad, etc., etc.
Dicho esto, se impone la evidencia de que todo lo que hubo y hay de genuinamente popular y liberador, tanto en el primer Maidán de Kiev como en la revuelta de Novorossia, importa muy poco a fin de cuentas en este conflicto en el que lo determinante es su dimensión geopolítica. Nada se entiende sin poner el zoom de nuestra observación en posición de gran angular.
IV) El Imperio del caos y la “arquitectura de la seguridad europea”.
La propaganda occidental achaca el conflicto de Ucrania a la maldad de Putin, al nuevo expansionismo ruso y propone cronologías tan descaradas como la película que comienza con la invasión rusa de Crimea. Vaya por delante que el régimen oligárquico ruso tiene intereses correspondientes (aunque mucho más legítimos, desde el punto de vista de la historia y de la geografía) a los occidentales por: 1- Mantener su control y acceso a buena parte de los recursos naturales e industriales de Ucrania, 2- Ampliar su influencia geopolítica y 3- Por consolidar el régimen autocrático de Putin y la unión autoritaria de burócratas y magnates que lo sustenta, con medidas de tanta carga patriótica como el regreso de Crimea a Rusia.
Desde ese punto de vista, tal como decía el profesor Mijaíl Buzgalin, la recuperación de Crimea es tan “progresista” como el intento de los militares de Argentina por hacerse con las Islas Malvinas ante Inglaterra.
Todo esto hay que tenerlo en cuenta -sobre todo a efectos de la imprevisible evolución interna de Rusia en los próximos años- pero es bastante secundario e irrelevante al lado del hecho principal: por primera vez en un cuarto de siglo una gran potencia regional, como es Rusia ahora, paró los pies a la superpotencia hegemónica del conglomerado imperial Estados Unidos-OTAN-Unión Europea. Es este desafío que crea un precedente, lo que es visto como intolerable y es contestado con sanciones y escenarios de nueva guerra fría.
La situación lanza señales a la correlación de fuerzas global y a la recomposición de las alianzas del mundo multipolar en formación. El siempre interesante Pepe Escobar se lanza a la piscina y ya anuncia un eje euroasiático Pekín-Moscú-Berlín para dentro de 20 o 30 años. Personalmente soy bastante escéptico no ya en este tipo de construcciones, sino sobre algo mucho más básico: sobre la mera posibilidad de pronosticar cualquier cosa de esa envergadura a 20 años vista en el actual mundo revuelto. Por eso, antes que perderse en inciertas proyecciones futuras más vale repasar la película que ha conducido hasta el conflicto ucraniano.
Durante la Perestroika, el pacto que Gorbachov acabó ofreciendo a Occidente fue el de cancelar la guerra fría a cambio de una arquitectura europea de seguridad integrada. Esa fue la oferta implícita de Moscú a Alemania y así fue entendida y aceptada por todos los actores. A nivel contractual todo eso quedó reflejado en la Carta de París de la OSCE para una nueva Europa, firmada en el Elíseo en noviembre de 1990, es decir aún en vida de la URSS. Las implicaciones de tal esquema eran enormes. La integración soviética en Europa habría dado lugar a un gran conglomerado político-económico, con un gran mercado, una enorme potencia energética y cierto eje político París-Berlín-Moscú. Por mal que se jugase, aquella partida acababa con la hegemonía de Estados Unidos en Europa, a todas luces innecesaria una vez disuelto el enemigo. Todo esto no funcionó por varias razones.
Sin duda Washington lo percibió enseguida como una amenaza a sus intereses generales y actuó en consecuencia. Gorbachov pecó también de ingenuidad al no amarrar aquellos pactos en acuerdos y contratos sólidos, confiándose en acuerdos entre caballeros. Pero en Moscú sucedieron también cosas que facilitaron mucho que este escenario fracasara.
En agosto de 1991 se produjo el golpe de estado de quienes consideraron que se había ido demasiado lejos. El golpe fracasó, porque sus autores no dispararon contra la gente, como luego haría en octubre de 1993 Boris Yeltsin con el aplauso de Occidente, y sobre todo porque la estadocracia ya estaba muy metida en la perspectiva de una entrada en el mercado global con privatización etc. Con todo, el proyecto de Gorbachov para Europa, lo que llamaba la “Casa común europea”, podría haber sobrevivido a aquello. Pero en diciembre la emancipación y degeneración de la estadocracia rusa liderada por Yeltsin, disolvió la URSS. Ya sin Gorbachov siguieron diez años de juerga en la que las energías de los dirigentes de Moscú se centraron en el saqueo del patrimonio nacional (privatización), renunciando a toda política exterior autónoma. Eso hizo que Occidente le perdiera por completo el respeto a Rusia y se convenciera de que podía tratar con ella como con un vasallo. En cualquier caso, Rusia ya no daba miedo: recordemos que era la época en la que 5000 guerrilleros chechenos batían al ejército ruso en el Cáucaso del Norte.
En ese contexto las actitudes cambiaron radicalmente. Si Rusia era tan débil podía hacerse con ella cualquier cosa. Zbigniew Brzezinski, un conocido estratega americano -luego asustado por lo que se ha visto en Ucrania y partidario de la “finlandización” de ese país- propuso en aquella época desmembrar Rusia en cuatro o cinco estados, con una república de Extremo Oriente, otra siberiana, una Rusia europea, una confederación caucásica, etc., etc. Su libro, de 1997, fue muy leído en Moscú.
Esa fiesta se acabó cuando, una vez concluido el asalto al supermercado, en Moscú decidieron poner orden. Putin ha sido eso: el restablecedor de un orden elemental y el hombre que quiere impedir la desmembración de Rusia proyectada por el Deep State de Estados Unidos, una convicción profundamente arraigada en la mentalidad de Putin y en los medios de los servicios secretos rusos que tan importante papel juegan en el Kremlin.
En 2001, mientras los americanos se deshacían de algunos de los acuerdos de desarme más importantes de la guerra fría (por ejemplo el acuerdo antimisiles, ABM) y descafeinaban otros, y mientras tras la caída de Milosevic en una de esas revoluciones de colores el Washington Post editorializaba anunciando que la siguiente jugada sería en Bielorusia y Ucrania, Putin propuso su colaboración a Bush en el esfuerzo “antiterrorista” posterior al 11-S. Cedió acceso a Afganistán por la puerta trasera de Asia Central ex soviética y cooperó en logística e inteligencia todo lo que pudo. Todo eso no sirvió para nada. En Europa las cosas siguieron igual.
Mientras las bombas calientes de la OTAN caían sobre Yugoslavia, Javier Solana venía a Moscú a mediados de los noventa a convencer a los rusos de que la ampliación hacia el Este del bloque occidental, rompiendo todas las promesas, no tenía nada que ver con seguridad ni confrontación: “ya no estamos en los pulsos militares de la guerra fría”, decía, “las zonas de influencia son cosa del Siglo XIX”. Evidentemente nadie le tomaba en serio. Fue así como, a partir de mediados de los noventa, se decide ampliar la OTAN.
En la primera etapa ingresaron, en 1999, República Checa, Polonia y Hungría. En la segunda, (2004) Bulgaria, Estonia, Letonia, Lituania, Rumanía, Eslovaquia y Eslovenia. Este proceso se hizo paralelamente a las intervenciones en Yugoslavia (1995 Bosnia, 1999 Kosovo), cuya lectura externa era anular el único espacio no sometido a la nueva disciplina continental tras la guerra fría, y entre sucesivas advertencias rusas sobre “líneas rojas” (avances del bloque que serían considerados inadmisibles en Moscú) que fueron ignoradas. En la cumbre de abril de 2008 en Bucarest la OTAN ya se planteó el ingreso de Ucrania y Georgia, con la oposición de Francia y Alemania, lo que no impidió reflejar la promesa de tal ingreso en el comunicado final de la reunión. Sigue en agosto el ataque de Georgia a Osetia del Sur y la respuesta militar rusa. Pese a aquella señal, la OTAN sigue sin renunciar a la integración de ambos países y prosiguió su ampliación, en 2009, con Albania y Croacia.
A lo largo de 30 años, mientras se le iba avasallando, Moscú no ha dejado de insistir en el esquema de Gorbachov: reclamando un esquema de seguridad continental integrado. Entre 2008 y 2013 seguí esa situación desde la Conferencia de Seguridad de Munich, el foro atlantista más importante al que se invita a Rusia. El discurso ruso siempre fue muy claro en ese foro. (Véase: https://blogs.lavanguardia.com/berlin-poch/munich-el-occidente-autista)
En 2007 Putin denunció directamente el juego sin reglas en el que se había convertido el intervencionismo occidental. Dijo, “el hermano lobo no pide permiso a nadie y come donde quiere”. En 2008 advirtió que “si Ucrania ingresa en la OTAN dejará de existir” porque se partirá”. En 2009 el Presidente Dmitri Medvedev propuso celebrar en Berlín, “una cumbre paneuropea, abierta a Estados Unidos” (fíjense en el detalle) para “preparar un acuerdo sobre seguridad europea jurídicamente vinculante” que ponga fin a las actuales tensiones. En lugar de globalizar la OTAN, usurpando el papel de la ONU, Europa debe recrear la Organización de Seguridad y Cooperación en Europa (aquella OSCE de la Carta de París de 1990), dijo. Todo eso se ha venido repitiendo hasta la saciedad pero nunca fue motivo de titular de prensa o de telediario en Europa Occidental. En la visión que se nos ofrecía, el “problema de Rusia” no era su exclusión, manifiesta y provocadora, del sistema europeo, sino la esquizofrenia de sus “percepciones de amenaza”, se nos decía en los raros momentos en que alguien se interesaba.
Con Ucrania toda esta arrolladora serie acumulada a lo largo de 30 años ha explotado y los motivos son claros. En Europa se ha creado un enredo fenomenal sobre el que muchos advertíamos en los años noventa. Estaba claro desde el principio de que no habría estabilidad continental a largo plazo en un esquema de seguridad que no implicara a Rusia y menos aún que se planteara contra Rusia. A Estados Unidos ese desastre no le venía mal, porque era la garantía de que podría continuar manteniendo su tutela sobre el viejo continente, sin la cual su estatuto de superpotencia se vería mermado. La historia nos advertía que el miedo de los países del Este a Rusia era perfectamente razonable, pero ¿qué decir del miedo de Rusia, dos veces invadida por Occidente desde 1812 hasta Moscú, la última de ellas con el resultado de 27 millones de muertos? Si hubiera que resumir la situación en una frase, diríamos que la OTAN justifica hoy su vigencia en la necesidad de afrontar los riesgos creados por su propia existencia y ampliación al Este del continente. ¿Será la Unión Europea capaz de reconocer su error y dar marcha atrás?
En nuestro siglo, acuciados por problemas existenciales imposibles de resolver sin una intensa concertación internacional, no tenemos mucho tiempo que perder. En la hipótesis más optimista, el resultado del conflicto de Ucrania podría retrasar unos cuantos años más la integración de Rusia en un esquema europeo de seguridad. En la más pesimista, una guerra en Ucrania consolidaría y anticiparía el escenario de un conflicto global de grandes proporciones.
(*) Este artículo sigue las notas del curso impartido en noviembre de 2014 en el seminario para profesorado de Historia de IES. Universidad Pompeu Fabra de Barcelona.
Historiador y periodista, ha sido corresponsal de La Vanguardia durante treinta años en Moscú, Beijing, Berlín y Paris. Autor de varios libros, entre ellos se encuentran: Tres Preguntas sobre Rusia (Icaria, 2000), La Gran Transición (Rusia 1985-2002) (Crítica, 2003), La Actualidad de China. Un mundo en crisis, una sociedad en gestación (Crítica, 2009) y La quinta Alemania. Un modelo hacia el fracaso europeo (Icaria, 2013). Su último libro es Entender la Rusia de Putin (Akal, 2019).
Envio:RL
Rusia redobla sus ataques en Ucrania
Los proyectiles contra Jarkov impactaron los edificios gubernamentales ubicados en la plaza principal, denunció el gobernador regional, Oleg Sinegubov, que calificó el ataque como "criminal".
El dirigente acompañó la acusación con un video, que ya circula por las redes sociales, en el que se ve un misil que cae contra el edificio administrativo, lo que provoca una gigantesca explosión en momentos en que circulaban varios autos por la zona.
Jarkov es una ciudad de 1,4 millones de habitantes, con una gran población rusoparlante, que está muy cerca de la frontera con Rusia.

La ciudad no es la única que está bajo un asedio constante desde que el presidente ruso, Vladimir Putin, lanzó hace seis días la invasión con el objetivo de "desmilitarizar y desnazificar a Ucrania".
El puerto de Mariupol, también ubicado en el este de Ucrania y donde viven cerca de medio millón de personas, está sin electricidad después de una ofensiva rusa, declaró en Facebook Pavlo Kirilenko, gobernador de la región.
"Mariúpol y Volnovaja son nuestros", escribió la autoridad regional ucraniana. "Las dos ciudades están bajo presión del enemigo pero están resistiendo. En Mariupol, el tendido fue cortado y la ciudad está sin electricidad", agregó citado por la agencia de noticias AFP.
El comandante de las fuerzas separatistas del territorio prorruso de Donetsk, Eduard Basurin, indicó que Mariupol "quedará cercada por completo".
Basurin aseguró que sus tropas permitirán que los civiles salgan de la ciudad a través de "dos corredores humanitarios" abiertos hasta el miércoles.
Mariupol y Volnavaja están entre el territorio que controlan los rebeldes separatistas prorrusos del este y la península de Crimea, que fue anexada por Moscú en 2014, y las tropas rusas intentan una ofensiva para unir estos dos territorios.

Kiev también sigue bajo acecho, entre combates en las inmediaciones y alarmas constantes de ataques aéreos.
Un largo convoy militar ruso en las afueras de la capital, que había sido detectado recientemente por imágenes satelitales es más grande de lo que se había pensado inicialmente, informó la agencia ucraniana UNIAN.
Según las imágenes satelitales de Maxar Technologies, que informa regularmente sobre la situación militar en Rusia, la columna alcanza los 64 kilómetros y consiste en carros blindados, artillería y otros vehículos.
Las milicias ucranianas erigieron en la capital improvisadas barricadas y programaron los carteles electrónicos de las carreteras para advertir a los rusos que serán "recibidos con balas". Sin embargo, una parte de los milicianos huyó junto con el multitudinario éxodo de civiles, informó la agencia de noticias AFP.
El presidente ucraniano Volodimir Zelenski dijo este martes que la defensa de Kiev es la "prioridad" y calificó de "crimen de guerra" a los bombardeos en Jarkov.
En el frente sur, el ejército ruso avanzó hasta las puertas de Jerson y comenzó a instalar puestos de control en la entrada, denunció Igor Kolikhayev, alcalde de la ciudad, que intentó dar ánimo a la población y la llamó a la "calma" y a no "provocar" al enemigo.

Rusia continuará su invasión en Ucrania "hasta lograr los objetivos", anunció este martes el ministro de Defensa, Serguei Shoigu, tras el primer diálogo el lunes entre representantes de los países.
"Lo esencial para nosotros es proteger a la Federación de Rusia de la amenaza bélica que van creando los países de Occidente, empeñados en usar al pueblo ucraniano en la lucha contra nuestro país", dijo.
El funcionario reafirmó que el ejército ruso "no ocupa los territorios en Ucrania" y "toma todas las medidas para salvar vidas y garantizar la seguridad de los civiles", de acuerdo a las declaraciones reproducidas por la agencia de noticias Sputnik.
"Quiero subrayar que los ataques van dirigidos únicamente contra instalaciones militares y se llevan a cabo exclusivamente con armas de alta precisión", agregó, pese a que la Oficina de Derechos Humanos de la ONU tiene registrados al menos 102 muertos y 304 heridos civiles desde que empezó la guerra, una cifra mucho menor que la difundida por las autoridades ucranianas (352 hasta el momento).
El ministro negó que las fuerzas rusas apunten contra infraestructuras civiles o residenciales, y aseguró que las fuerzas ucranianas las utilizan como escudo para protegerse de los ataques de Moscú.
"Lanzacohetes múltiples y morteros de gran calibre están instalados en los patios de los inmuebles cerca de escuelas y jardines en infantes", dijo.
El presidente ruso Vladimir Putin formuló las mismas acusaciones, alimentando el temor a una multiplicación de los ataques en zonas urbanas.
Representaciones de los gobiernos de Ucrania y Rusia mantuvieron este lunes una primera reunión, en la que al parecer se abordaron al menos “algunos puntos” que podrían derivar en futuros acuerdos en torno a la crisis en la exrepública soviética y que se seguirán debatiendo en una “segunda ronda”, por ahora sin fecha.
El Kremlin dijo que todavía es prematuro "evaluar" el resultado de las conversaciones mantenidas en la frontera entre Bielorrusia y Ucrania
La situación "parece camino a convertirse en la crisis de refugiados más grande de Europa en este siglo", afirmó la agencia de la ONU para los refugiados (Acnur) que cifró en 660.000 las personas que huyeron del país y en un millón los desplazados internos.
Las potencias occidentales mantienen la presión a Moscú a través de sanciones que, según afirmó el ministro de Finanzas francés, Bruno Le Maire, provocarán "el colapso de la economía rusa".
El fin de semana, líderes de la Unión Europea, Francia, Alemania, Italia, Reino Unido, Canadá y Estados Unidos acordaron excluir a varias entidades bancarias rusas del sistema internacional de pagos Swift, clave en las transacciones internacionales, e imponer "medidas restrictivas" al Banco Central ruso.
La ONU estima que 660.000 ucranianos huyeron y que hay un millón de desplazados
"Tenemos ahora más de 660.000 refugiados que huyeron de Ucrania a países vecinos en los últimos seis días", afirmó la vocera Shabia Mantoo a la prensa en Ginebra, citada por la agencia de noticias AFP.
"A este paso, la situación parece camino a convertirse en la crisis de refugiados más grande de Europa en este siglo", agregó.
La mayoría de los refugiados huyen a Polonia, Hungría, Moldavia, Rumania y Eslovaquia; el resto se desplaza a otros países europeos.
Además de esos cinco países, Ucrania tiene frontera con otros dos: Rusia y Bielorrusia.
Acnur también estima que hay un millón de desplazados internos por el conflicto.
"Hay mucha atención entorno a los que huyen hacia los países vecinos, pero es importante recordar que la mayor parte de la gente afectada está en Ucrania. Todavía no tenemos cifras sobre el número de desplazados al interior de Ucrania pero estimamos que cerca de un millón de personas huyeron de sus hogares y siguen en el interior del país", declaró Karolina Lindholm Billing, responsable de Acnur para Ucrania.

La Organización Internacional para los Migrantes (OIM) de las Naciones Unidas dio la bienvenida a la decisión de distintos Gobiernos de apoyar a la diáspora ucraniana a través de extensiones de visas y el debate al interior de la Unión Europea para otorgar el estatuto de protección temporal, que les permitiría vivir y trabajar hasta tres años en alguno de los 27 Estados miembros.
La OIM está intentando también asistir a los 470.000 extranjeros que se calcula viven en Ucrania, muchos de ellos actualmente atrapados en el país debido al conflicto, incluidos estudiantes y trabajadores migrantes.
El presidente ruso, Vladímir Putin, anunció en la madrugada del 24 de febrero el lanzamiento de una "operación militar especial" en Ucrania alegando que uno de los objetivos es "la desmilitarización y la desnazificación" del país.
El mandatario ruso también amenazó con llevar a juicio a los autores de "numerosos crímenes sangrientos contra civiles", pidió a uniformados y civiles en Ucrania que no opongan resistencia a esa operación, y advirtió de que Rusia responderá de inmediato a cualquier fuerza externa que le amenace o se ponga en su camino.
Los ataques desataron el amplio rechazo de las potencias occidentales.
Ucrania rompió las relaciones diplomáticas con Rusia, impuso la ley marcial en todo el territorio nacional, además del toque de queda en Kiev y otras ciudades, decretó la movilización general e instó a la comunidad internacional a activar "todas las sanciones posibles" contra el líder ruso.
Delegaciones de Rusia y Ucrania se reunieron este lunes para negociar en una localidad próxima a la frontera bielorruso-ucraniana, sin resultados tangibles al término del encuentro, pero las partes anunciaron que continuarán el diálogo tras una serie de consultas en sus respectivas capitales.
Numerosos países –con excepciones como China– condenaron en términos enérgicos la intervención de Rusia en Ucrania y activaron varias baterías de sanciones individuales y sectoriales que, por vez primera, se extienden al presidente ruso y al canciller Serguei Lavrov.
Las sanciones prevén la desconexión parcial de Rusia del sistema Swift, el cierre del espacio aéreo para las aerolíneas rusas y la paralización de las reservas internacionales del Banco Central de Rusia.
La OTAN acusa a Putin de haber "destrozado" la paz en Europa
"El presidente Putin destrozó la paz en Europa y los aliados condenan la brutal e injustificada invasión contra Ucrania", afirmó Stoltenberg en declaraciones desde Polonia donde se reunió con el presidente, Andrzej Duda.
"El ataque ruso es por completo inaceptable, y fue facilitado por Bielorrusia", añadió Stoltenberg durante una visita a la base aérea polaca de Lask.
El economista y político noruego defendió las duras sanciones aprobadas contra Rusia por los aliados y el apoyo militar y humanitario a Kiev, pero enfrió la posibilidad de ir más allá: "La OTAN no va a ser parte del conflicto", subrayó.
"Nuestro compromiso con el Artículo 5, nuestra cláusula de defensa recíproca (según el cual un ataque a un país miembro es considerado contra todos los miembros de la OTAN) es férreo. Protegeremos cada palmo de territorio de la OTAN", prosiguió.
Sin embargo, destacó que la alanza militar "no busca entrar en conflicto con Rusia" e instó a Moscú a "retirarse inmediatamente" de Ucrania.
En la misma rueda de prensa, el presidente polaco se sumó a esta postura, apuntando que se busca evitar una "injerencia militar" y centrando por ahora los esfuerzos en "mandar más ayuda humanitaria a los ucranianos".
La idea de reforzar al Ejército ucraniano poniendo a disposición cazas de combate de países europeos había sido recogida el pasado domingo por el Alto Representante de la UE para Política Exterior, Josep Borrell, tras la reunión de cancilleres de los Veintisiete, pero no fue confirmada por los países interesados y existen dudas sobre si el paso podría escalar la guerra con Rusia.
El primer ministro italiano comparó la invasión rusa a Ucrania con el nazismo
"La agresión premeditada y sin motivación de Rusia hacia un país vecino nos retrotrae más de 80 años atrás, a la anexión de Austria, la ocupación de Checoslovaquia y la invasión de Polonia", graficó Drahi en un discurso al Senado para informar sobre la posición italiana ante el conflicto bélico.
"No es solo un ataque a un país libre y soberano, sino un ataque al orden internacional que hemos construido juntos"
En ese marco, agregó que "no es solo un ataque a un país libre y soberano, sino un ataque a nuestros valores de libertad y democracia y al orden internacional que hemos construido juntos".
"Ahora nos toca a todos decidir cómo reaccionar. Italia no tiene intención de dar la espalda", sentenció el premier.
La fuerte crítica de Draghi se da horas después de que el lunes el Gobierno italiano empezara a delinear un plan para recibir refugiados ucranianos que busquen llegar al país tras el ataque ruso iniciado el jueves pasado.
El Ejecutivo que encabeza Draghi aprobó este lunes un decreto-ley "que introduce medidas sobre la crisis en Ucrania", informó un comunicado oficial.
"El decreto toma primeras medidas en caso de que parte del flujo de refugiados se dirija a nuestro país: en Italia hay una presencia conspicua de ciudadanos ucranianos, unas 250.000 personas", planteó la nota de la Presidencia del Consejo de Ministros.
"Por lo tanto, la disposición prevé el fortalecimiento de la red de acogida de extranjeros", señaló el Gobierno.
"Además, se estipula que los ciudadanos ucranianos sean alojados en los Centros de Acogida Extraordinaria (CAS, por sus siglas en italiano) incluso independientemente de si han solicitado protección internacional", agregó la nota.
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