La gesta inconclusa que nos interpela
Depende de la Argentina lo que será Malvinas, en términos reales y en el concepto simbólico.
2 de Abril, 2022
A la hora del cierre de esta edición, anoche, en gran parte del país se iniciaba la vigilia de Malvinas. La provincia de Corrientes no era la excepción, con epicentro en Santa Lucía, donde hoy se llevará a cabo un gran acto de homenaje; en cada localidad con la caída del sol asomaron las banderas celeste y blanca, crecieron las voces y se encendieron los recuerdos para dar paso a la emoción. Orgullo, tristeza, dolor, impotencia, tal vez un dejo de sobria algarabía por tan sacrificada entrega. Cada uno lo vive a su manera, no hay un protocolo que marque la conmemoración. Malvinas es esa gesta inconclusa que interpela a los argentinos y al mismo tiempo nos pone frente a un enorme desafío. Primero: no olvidar, y atado a eso la exigencia de madurar, crecer, en definitiva, mejorar. Es indispensable para reconquistar lo que hemos perdido.
Y lo que hemos perdido es algo más que un pedazo de tierra en las aguas heladas del Atlántico Sur. Una isla cuyo valor es comparable a su insignificancia. Depende de la Argentina lo que será Malvinas, en términos reales y en el concepto simbólico.
A propósito de la fecha, hoy se cumplen 40 años del inicio de la operación militar que permitió la recuperación temporal del archipiélago, resulta iluminador repasar un artículo de opinión del escritor Marcelo Larraquy, cuyo título es: La causa Malvinas significa mucho más que una borrachera de Galtieri.
A continuación, algunos párrafos:
La ocupación argentina de las Islas Malvinas en 1982 se produjo en un contexto de franco retroceso de la dictadura militar. El gobierno que se había apropiado del poder por la fuerza en 1976 había perdido el impulso que le había dado a la represión ilegal -ya había exterminado a la guerrilla-. Los fines propagandísticos del Mundial de 1978 -"los argentinos ganamos la paz"- también habían perdido efecto. Seis años después, la dictadura estaba cercada por tres problemas: la economía, la deuda externa y los desaparecidos. Y había tres actores que lo asediaban: la Multipartidaria de partidos políticos, la CGT y los organismos de derechos humanos.
Incluso antes de asumir el poder, que alcanzaría tras un golpe interno contra Roberto Viola en diciembre de 1981, el general Leopoldo Fortunato Galtieri quiso torcer la debacle procesista con la recuperación de las Islas Malvinas. Buscó hacer sonar una cuerda sentida, clavada en el corazón de los argentinos, en una suerte de extorsión moral, para cambiar el eje de discusión y perdurar en el poder.
La mayoría de la población argentina, expresada con una recordada movilización a la Plaza de Mayo, apoyó el desembarco de tropas, aunque ese gesto no implicaba un apoyo a Galtieri ni a la dictadura, sino la expresión de una catarsis a un reclamo soberano postergado desde hacía casi 150 años. Galtieri, como lo verificó el informe Rattenbach, no había previsto la acción bélica británica. Su intención original fue ocupar Malvinas y negociar.
Después del desembarco, Argentina no tenía un plan para la defensa militar. Sin embargo, reducir la contienda a "chicos de la guerra" sin preparación que fueron empujados a la batalla también implica obviar (o desmerecer) la actuación heroica de conscriptos y oficiales que enfrentaron a Gran Bretaña con empeño y profesionalismo.
La causa Malvinas significó para ellos mucho más que una "borrachera" de Galtieri, como la visión histórica posterior logró instalar. Después, la derrota en Malvinas fue anexada en el inventario negro del Estado terrorista, junto a los centros clandestinos y las desapariciones, pero con el larvado fin de olvidar la guerra, ocultar a sus héroes, e incluso la legitimidad del reclamo histórico de Argentina sobre las Islas.
Cuarenta años después quizá sea el momento de la reivindicación de una causa que tiene un valor propio y desprenderla de los males de la dictadura.
Fuente:NortedeCorrientes
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