10 de abril de 2022

OPINION.

 OPINIÓN

Motivos para el optimismo

10/04/2022 
Está claro que hace falta un esfuerzo muy grande para el optimismo en el mundo que nos toca. Acabamos de superar lo que -esperamos- parece haber sido la peor fase de una pandemia que se ha llevado a más de seis millones de nuestros semejantes. Y por si eso no nos hubiera causado bastantes problemas, con el parate económico y el desbarajuste político, ahora ingresamos a un período de guerra en Europa, que ya ha hecho subir por las nubes los precios de la energía y los alimentos, y amenaza con llevar a millones de personas a la pobreza, para no hablar de los que están muriendo y morirán en el conflicto bélico.

 

Piketty.

 

Sin embargo, a veces aparecen voces de optimismo, en los lugares menos pensados. Es el caso del francés Thomas Piketty, que hace cosa de diez años se hizo mundialmente famoso con su monumental estudio "El Capital en el Siglo XXI", en el que estudiaba la relación entre la desigualdad y el crecimiento. Dicho simplemente, su libro -basado en una cantidad impresionante de datos, y por ende muy difícil de refutar- demuestra que, a mayor ganancia del capital, menor será el crecimiento de la economía. Esto es, la acumulación de riqueza no sólo es mala para las clases trabajadoras, es mala para la economía en general. Teoría del derrame, kaput.

 

Sabemos positivamente que la pandemia tuvo el efecto concreto de incrementar la desigualdad social, y que muchos hiper ricos continuaron acumulando capital. La idea de que, con su colosal riqueza "ya no necesitan" seguir acumulando, se ve, es una alucinación producto de los malos gases del microcentro porteño.

 

¿Por qué motivo, entonces, el economista francés podría estar optimista en estos días, en que además, en su país se celebran elecciones que preanuncian un formidable crecimiento de la derecha? Pues bien, su nuevo libro, "Una breve historia de la igualdad", se dedica, como su título lo indica, a poner la cuestión en el marco de la perspectiva histórica. Y propone, más allá de la tétrica fotografía de 2022, mirar la película épica de la humanidad en los últimos dos siglos y medio.

 

Impuestos.

 

Por supuesto, todos sabemos cuál es la solución a este problema: que los ricos paguen más impuestos. Lo están intentando los gobiernos de Argentina y Estados Unidos, sin ir más lejos. Y esto, para Piketty, no es una gran novedad, sino un eslabón más en un "movimiento de largo aliento que lleva hacia más igualdad, más allá de los detalles de una década en particular".

 

En su visión, este movimiento, que comenzó con la Revolución Francesa y la independencia norteamericana, ya ha tenido resultados espectaculares. Bien que para esto contribuyó también el desarrollo científico, pero es innegable que una persona de clase media en nuestro siglo tiene un standard de vida superior al de los nobles de hace dos siglos: vive más años, con mejor salud y confort, sufre menos dolores, tiene un acceso más amplio a la recreación variada, los viajes y el conocimiento.

 

El autor francés no encuentra motivos para suponer que este movimiento se detendrá: las dificultades actuales -el sistema financiero desquiciado, la concentración de los medios de comunicación, las falencias del sistema democrático que permiten la influencia perniciosa de las clases acomodadas- no son tan nuevas, y se han ido superando.

 

Suecos.

 

Por supuesto, no tiene sentido negar el presente. La desigualdad, en este preciso momento, está condenando a millones de personas al hambre y la indigencia. Y, por otro lado, la influencia de los ultra ricos es directamente responsable de las malas políticas que se vienen aplicando, por ejemplo, en materia de cambio climático, o en la regulación del sector financiero.

 

Pero tampoco conviene naturalizar las cosas que en el presente damos por sentadas. Por ejemplo, se sabe que los países escandinavos tienden a ser más igualitarios que sus pares del capitalismo occidental. Sin embargo, esto no es una cuestión de "carácter" nacional: no hace tanto tiempo la realidad era muy distinta. Como recuerda Piketty, a comienzos del siglo XX Suecia era uno de los países más desiguales del mundo, a niveles grotescos: un ciudadano sueco (desde luego, sólo los hombres) podía tener derecho a entre uno y cien votos, según su nivel de riqueza. Y, por cierto, también las corporaciones económicas tenían derecho a voto. ¿El resultado? prácticamente el 80% de los hombres estaban excluidos del sistema electoral.

 

El camino hacia una mayor igualdad aparece, entonces, como una senda inevitable, ya que estamos todos en el mismo barco. Por mucho que a los ricos les guste viajar al espacio y fantasear con que no necesitan al Estado o a sus semejantes.

 

"Ellos necesitan del resto del mundo, necesitan de las normas generales para disfrutar de sus bienes, que fueron producidos por el colectivo. Toda riqueza es colectiva, por naturaleza, en el sentido de que depende del trabajo de cientos, miles, millones de ingenieros, técnicos, de la acumulación de conocimiento. Por ende, la propiedad privada es una construcción social que hemos inventado para organizar las relaciones sociales y económicas. Un invento muy útil siempre y cuando se mantenga un control sobre cuánto se puede acumular, cuánto poder se puede concentrar, etcétera. Pero ninguno de estos bienes son suyos. Son el producto de un proceso colectivo. Nadie inventó nada por sí mismo".

 

PETRONIO

Fuente:LaArena

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