7 de febrero de 2023

Arranca el juicio al represor que se disfrazó de director de escuela.

 


Arranca el juicio al represor que se disfrazó de director de escuela

Por Ailin Bullentini
06.febrero 2023

Castillo fue policía bonaerense en Banfield y Lanús durante la dictadura. Cuando se retiró fundó una escuela en Avellaneda. Será juzgado a partir del martes.  

Luis Castillo todavía vestía el uniforme de policía 

bonaerense cuando decidió cambiar de oficio. Corría 

el mes de marzo de 1979 y semanas antes había 

culminado su función en la Brigada de Investigaciones 

de Lanús. En el sótano de su casa de Wilde, Avellaneda, 

él y su esposa María Marta Sosa abrieron un jardín de 

infantes, en donde por aquellos días funcionaba el centro

 clandestino El Infierno; antes había estado asignado en 

la Brigada de Banfield, donde el genocidio había 

instalado el Pozo de Banfield. Con los años, el jardín 

creció hasta convertirse en el Colegio San Diego, 

reconocido en la comunidad por “impartir rigor y 

disciplina” y Castillo cimentó una fachada que creyó 

perfecta para despistar a quien quisiera husmear alguna 

vez en sus años de servicio. No lo logró: a partir de este 

martes ocupará un lugar en el banquillo de los acusados 

del juicio por los crímenes de lesa humanidad cometidos 

en las Brigadas del Circuito Camps. 

 

Castillo fue detenido con prisión preventiva en marzo de 

2022. Meses antes había dejado en manos de sus hijos 

el colegio que fundó y dirigió con “pie de plomo” durante 

las cuatro décadas siguientes a su rol policial. Tras 

tomarle declaración indagatoria, el juez federal de 

instrucción número 3 de La Plata, Ernesto Kreplak

consideró que había prueba suficiente como para 

procesarlo como partícipe necesario de los secuestros y 

las torturas que sufrieron 39 personas que permanecieron

cautivas en El Infierno, mientras Castillo se mantuvo en 

funciones en ese lugar. También por abuso sexual contra 

otras tres personas.

 

“El nombrado intervino en los sucesos atribuidos no solo 

por el mero conocimiento de ellos sino por su contribución 

a producirlos”, sostuvo Kreplak. Además de datos que 

surgieron del legajo del represor, el juez se basó en los 

testimonios de sobrevivientes que lo nombraron, lo 

describieron físicamente y lo reconocieron por foto. 

Héctor Callejas es uno de los sobrevivientes de El Infierno 

que involucró a Castillo en los crímenes de lesa humanidad 

de la última dictadura. Callejas lo mencionó como “el 

supuesto jefe que estaba a cargo” de los prisioneros en 

Lanús. El otro testimonio que lo muestra en acción es el de 

Mercedes Albariño Blanco, quien transitó algunos días de 

su detención clandestina, antes de ser “blanqueada” en la 

cárcel de Olmos. Estaba en una celda de aquel centro 

clandestino cuando Castillo la fue a ver: “Entró con un papel

en la mano que decía que yo había sido detenida por tener 

en mi casa volantes y armas de la organización ERP y 

Montoneros. Yo le dije que no iba a firmar porque era una 

mentira y se puso nervioso y me dijo 'mirpa Mercedes, a 

vos acá no te torturamos, porque no lo hacemos nosotros 

sino que estamos a las órdenes de los militares'. Yo seguí 

sin firmar y sacó de la cintura su arma y me dijo que firmara,

 entonces yo ante esa amenaza firmé y él se fue. Me dejó 

sin venda. Al mediodía entró una horda de gente joven con 

ropa de fajina, y empieza a golpearme mucho en todo el 

cuerpo, me ponen la venda. Eran militares”, contó durante 

la instrucción de la causa.

 

En septiembre pasado, en el marco del juicio oral, el sobreviviente Carlos Iaccarino, secuestrado junto a sus 

dos hermanos y luego liberados tras haberlos obligado a 

entregar campos, empresas y hasta un avión, también lo 

reconoció como quien lo amenazó con un arma en la celda 

de El Infierno, uno de los tantos centros clandestinos por 

los que los pasearon. “Ya no quedan dudas de que Castillo 

fue uno de los represores que actuó en Banfield y Lanús, 

porque además de actuar como represor, también estuvo 

involucrado en los delitos económicos de la dictadura”, 

explicó Claudio Yacoy, abogado querellante en el debate 

oral –representa a Albariño Blanco– y secretario de 

Derechos Humanos de Avellaneda.

Castillo Intentó negarlo: aseguró que él no era el Castillo 

que la Justicia buscaba. Logró apenas obtener el beneficio 

de la prisión domiciliaria, a pesar de que las autoridades 

educativas provinciales y muniipales de Avellaneda 

insistieron en que es no sucediera. De hecho, el represor 

demandó al entonces intendente interino Alejo 

Chornobroff, a Yacoy y a la directora del Consejo Escolar 

local. “Nos acusó de mancillar su buen nombre y honor. La 

denuncia la inscribió en Comodoro Py. Está por resolverse 

nuestro pedidos de nulidad”, informó Yacoy. 

 

Finalmente, este martes Castillo comenzará a ser juzgado 

en el debate por los crímenes de los Pozos de Banfield y 

de Quilmes, y El Infierno que ya lleva más de dos años de 

audiencias. Su incorporación al juicio fue posible en 

diciembre pasado, luego de que el Tribunal Oral Federal 

número 1° de La Plata admitiera la incorporación de los 

dos tramos de la causa que a Kreplak elevó a juicio. Lo 

habían pedido la Fiscalía y las querellas. 

 

El represor, de 81 años, compartirá banquillo de acusados 

junto a otros 11 genocidas. Al comienzo del juicio eran 18, 

pero varios fueron muriendo, como es el caso del múltiple condenado Miguel Osvaldo Etchecolatz, o quedaron fuera

 con ayuda del paso del tiempo y la vejez. También se 

amplió la base de casos por los que los acusados son 

juzgados. Entre ellos, el de las personas que integran el 

colectivo travesti trans y fueron secuestradas, torturadas y 

abusadas en el Pozo de Banfield.

Fuente:LetraP

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