02 de mayo de 2023
Tercerización, la gran ausente del debate laboral
Sin cifras oficiales, crece esta forma de empleo que precariza salarios y condiciones. La necesidad de poner la discusión en la agenda política.
Tercerizar implica introducir un “tercero” en
la relación dual entre quienes emplean y los colectivos laborales, a quien se
le delega parte de las tareas que antes estaban a cargo y bajo la
responsabilidad de la empresa principal. Puede asumir distintas modalidades,
entre ellas la subcontratación de empresas, la intermediación laboral, ciertas
contrataciones vía monotributo y otras formas actuales tanto en el sector
público como en el privado en todo el arco de actividades.
Desde lo empresarial, la
tercerización se justifica por la necesidad de reorganización del trabajo y la
producción y la competitividad: enfocar los esfuerzos de inversión en el core de la empresa. Si bien estas razones pueden ser atendibles
y evaluadas, la mayoría de las personas
tercerizadas trabajan por menores salarios, con jornadas laborales
más extensas, inestabilidad, peores condiciones y tareas más riesgosas e
insalubres. Esto consolida la división, en el marco del trabajo registrado,
entre un sector de primera y otro de segunda categoría, con derechos y
condiciones diferenciales.
Debido a la posición
estructural subordinada y precaria de las personas tercerizadas, las posibilidades de sindicalización son mínimas y, en caso de alcanzarla, implican riesgos muy concretos de inestabilidad laboral, suspensiones, despidos...
Por eso, la tercerización es la gran deuda que buena parte de las estructuras
sindicales tiene con miles de trabajadores y trabajadoras excluidas en las
categorías de afiliación.
La
tercerización afecta especialmente a los derechos de quienes trabajan bajo esta
figura, pero también consolida una
estructura empresarial de (pocos) fuertes y (muchos) débiles. A medida que las empresas contratistas se alejan,
en la cadena de subcontratación, de las empresas principales -en general,
corporaciones nacionales y multinacionales-, son peores las condiciones de
trabajo. Las contratistas más alejadas suelen ser, además, pymes que en muchos
casos tienen dificultades financieras que les impiden hacer frente a las crisis
económicas, altas y bajas de la demanda, y están sometidas a presiones impositivas que no siempre pueden afrontar.
Al
analizar lo histórico, en el caso de la tercerización existen avances
empresarios y, en todo caso, intentos de reversión o modificación, pero no hay
una línea clara de articulación desde la perspectiva de quienes trabajan. Cada
vez se corre la línea un poco más hacia la
libertad de las empresas para
definir modalidades de contratación que consolidan lo que un estudioso mexicano
llamó “deslaborización”: la tendencia a la negación de la relación
laboral y, en consecuencia, de las responsabilidades empresarias. Este fomento
de la desresponsabilización empresarial abrió el camino para otros fenómenos,
como el trabajo en plataformas.
No
es una tendencia privativa de Argentina y, para comprender la importancia, hay
que mirar el fenómeno en América Latina y en el marco global.
La
que la (fallida) reforma laboral de Macri nos dejó
Mauricio Macrihabía
planteado la necesidad de una reforma laboral que avanzara en formas de
contratación más flexibles y niveles todavía más elevados de
desresponsabilización empresarial. El rechazo social impidió que la reforma se
concretara. Sin embargo, la sola posibilidad logró que los intereses
empresarios dieran un paso más en la discusión sobre la necesidad para
incentivar el empleo y “modernizar” las estructuras organizativas.
Después,
cuando sorprendió la pandemia, lo que había podido frenar la movilización y la
organización trabajadora pudo avanzar. Incluso, desde medios relacionados al
sector empresario se celebró la gran oportunidad que significó la crisis
sanitaria para estas modalidades de trabajo.
“La
tercerización de servicios es una tendencia global que viene en aumento y se acentuó con la pandemia (...) En Argentina, incrementó un 11% en el último
año y el crecimiento, segmentado por industria, fue de 13% en Minería, 10%
Oil&Gas, 12% Industria, 9% Energía y 6% en Telecomunicaciones”, publicó el portal iprofesional en 2022. Una
empresa del Grupo Clarín se promociona como “líder en
tercerización de servicios”.
En Ámbito también
afirmaron que “la pandemia dejó en evidencia uno de los beneficios de la
tercerización de los equipos de trabajo”. El portal Biz Latin Hub afirmó que, según una encuesta, en América Latina aumentó un 75% la subcontratación. Lamentablemente no existen encuestas oficiales
sobre el aumento de la tercerización. La tercerización como buena noticia no
evalúa los costos de quienes trabajan en esas condiciones.
¿Esenciales o no esenciales?
La
pandemia retomó, bajo otros formatos, la vieja discusión entre actividades
esenciales y secundarias. En el contexto de emergencia sanitaria, muchas de las
actividades establecidas como “esenciales” eran las que se encontraban bajo el
régimen de tercerización y/o mayor precarización laboral, por considerarse “no
esenciales” en el contexto anterior: limpieza de hospitales y sanatorios,
seguridad, sistemas de ambulancias, enfermería, camilleros, tareas de cuidados,
delivery, servicios de traslado y mensajería, comedores... con el argumento de
que son “periféricas”.
Además,
gran parte de esas tareas consideradas “no esenciales” o “periféricas” son
tareas feminizadas en el mercado laboral que se encuentran tercerizadas, al
igual que diversas formas del trabajo a domicilio. En la pandemia, a la
discriminación y a la sobrecarga preexistentes en el ámbito doméstico se
sumaron las tareas educativas y la responsabilidad sobre los cuidados
sanitarios, también esenciales en ese contexto crítico.
Entonces,
la pregunta es: ¿no se ha perdido la gran oportunidad de discutir esta vieja y
naturalizada distinción entre esencial y no esencial, que justifica
-finalmente- la precarización? Es clave abrir una instancia de debate con
especialistas y representantes de organizaciones sindicales y empresariales. Se
puede tomar el ejemplo de Brasil, que está discutiendo, en el Senado,
la ley de tercerización impulsada por Michel Temer en 2017 luego
del golpe institucional contra Dilma Roussef.
Esa discusión requiere
información estadística actualizada para pensar posibles políticas estatales
que atiendan esto. También es necesario recuperar diagnósticos y proyectos
elaborados en los últimos años para encarar un tema que marca las vidas, las
posibilidades y las trayectorias de un importante sector de la clase
trabajadora en la actualidad, aunque sea prácticamente invisible en la agenda
política, económica y laboral actual.
Fuente:LetraP


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