
Habría que vivir sus vidas para saber de qué se trata. Habría que ponerse en sus pieles para entender de qué hablan. Habría que soportar en el propio pecho tanta desolación, tanto luto, tanto fastidio. Por más que a uno lo alienten nociones bienintencionadas, no es así, como la de ellos, la vida que le ha tocado vivir. Calefacción, prepaga, escuela, heladera, cena, libros, buen vino, techo, esperanza, fin de semana, auto, taxi, supermercado, cine, teléfono, mail, regalo, radiografía, entretenimiento, televisión, aliento, sueldo, planes, abrigo, antibiótico, en fin, son miles las palabras de las que ellos han sido expulsados y que, con más o menos suerte, todavía sostienen la manera en la que millones de argentinos se piensan a sí mismos.
Otros millones no. Desde que Darío Santillán y Maximiliano Kosteki fueron asesinados, las mismas cámaras de televisión y las mismas cámaras fotográficas a través de las cuales se desvertebró la nueva historia oficial que ya estaba en marcha –la misma que ahora desde el gobierno niegan, dejando colgar la duda: ¿será verdad que están indignados con la conducta policial, o se indignan, en realidad, por el descuido policial de dejarse fotografiar y filmar mientras mataban?–, se internaron en los lugares de los que ellos, Santillán y Kosteki, llegaron al puente Pueyrredón, en esos barrios siempre esfumados en la neblina del invierno, en esos barrios de invierno permanente. Allí, en esos paisajes arrasados, en esos escenarios de posguerra en los que los derrotados del sistema se supone que solamente deben sobrevivir apechugando, las vidas de Santillán y Kosteki volvieron a hablar.
Uno, Kosteki, habló de ladrillos para reemplazar las chapas que dejan colar el frío insoportable, de su trabajo voluntario haciendo esos ladrillos, de un horno de cerámica, su más lucida pertenencia, donado para hacer esos ladrillos, de dibujos sobre papeles baratos, de un universo imaginario en el que vivió ese chico hasta sus 22 años y que por cierto fue más generoso y más deseable que lo real: había ángeles, banderas, manos abiertas. En el universo de Kosteki también hubo y hay una madre de un temple escalofriante, que no se ha permitido hablar de la muerte de su hijo como algo personal: esa mujer es consciente de que el mayor dolor de su vida es un dolor político.
El otro, Santillán, lo que dejó fue un gesto cuya medida excede nuestra capacidad de reflejos, un gesto que desborda nuestra moral de pequeña burguesía ya desacomodada. Escuchar zumbar las balas y detenerse ante alguien que muere, pedir auxilio para ese alguien que muere, tomarle la mano a quien muere y exponerse a ser acribillado, morir así, es algo para lo que nadie se prepara. Nadie puede asegurar de sí mismo esa reacción. Es en todo caso una circunstancia atroz la que se impone, y es, en este caso, la hombría de bien inmedible de ese chico la que quedará latiendo en la memoria colectiva.
No se trató solamente de un comisario inspector fusilando a un piquetero. La visión de Santillán intentando socorrer a Kosteki, la visión de su espanto interrumpido por el escopetazo que recibió en la espalda, la visión de su cuerpo ya herido retorciéndose en el piso, la visión de su mano extendida hacia ese policía que por toda respuesta lo sacudió con asco, la visión de la sonrisa del otro policía acomodando el cuerpo de Kosteki, la visión del comisario palpando de armas a Santillán ya inerte, los ojos de Santillán ya casi ido pero aún allí, incomprendiendo todo ese horror, ese mal encarnado, fue mucho más que un documento para abortar la incipiente y canalla versión oficial. Esos grandes detalles de esta historia relatan, nada menos, quién es quién.
(Fuente: Pagina 12, 4 de julio 20002, Por Sandra Russo).
Jueves 25
(Fuente: Pagina 12, 4 de julio 20002, Por Sandra Russo).
Jueves 25
- 12 Hs:
Inicio de las actividades culturales
- 19.30 Hs.
Homenaje a Darío y Maxi.
Hablarán Alberto Santillán (padre de Darío), Vanesa Arruga (hermana de Luciano), Elia Espen (Madre de Plaza de Mayo Línea Fundadora), integrantes de H.I.J.O.S La Plata y Pablo Solana (Frente Darío Santillán)
- 20.30 Hs.
Marcha de antorchas desde la Estación Avellaneda hasta la base del Puente Pueyrredón donde se realizará la vigilia hasta el 26 de junio
Viernes 26
10 Hrs Concentramos para cortar el puente Pueyrredón a las 12 Hs, horario en que se cometieron los asesinatos
Hace 7 años, el 26 de junio de 2002, como resultado de un plan represivo planificado, ordenado y encubierto por el gobierno de Eduardo Duhalde fueron asesinados Darío Santillán y Maximiliano Kosteki. Mediante la lucha popular, el corte todos los meses frente a la Estación, el acampe en Lomas de Zamora, los escraches a los funcionarios que ocupaban cargos de responsabilidad política en 2002, logramos las condenas a prisión perpetua para el ex comisario Fanchiotti y el cabo Acosta.
Sin embargo, la causa federal en la que deben investigarse las responsabilidades políticas en los asesinatos, que se tramita en el juzgado federal Nº4 a cargo de Ariel Lijo, registra escaso trámite a la fecha. A dos días de las elecciones legislativas varios de los responsables políticos siguen en las calles y se presentan a elecciones como si no hubieran sido cómplices de una Masacre que terminó con el asesinato de nuestros compañeros.
(Fuente: Prensa de Frente)
(Fuente:Rdendh).
(Fuente: Prensa de Frente)
(Fuente:Rdendh).
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