El futuro del Uruguay será un ex tupamaro
A una semana de la segunda vuelta, distintos analistas coinciden en que “sólo una catástrofe” podría detener el triunfo del candidato del Frente Amplio. En los sondeos, el ex guerrillero suma una intención de voto del 50 por ciento.
Por Jorge Figueroa, desde Montevideo
Murga pepera. En Montevideo, los tambores baten la victoria de Pepe y del Frente Amplio.A una semana de la segunda vuelta de las elecciones que definirá el futuro presidente de Uruguay el candidato de la izquierda, José Mujica, se encamina hacia una victoria que parece irreversible. De acuerdo con las últimas encuestas de las empresas Equipos Mori e Interconsult, Mujica tiene entre 48 y 50% de intención de voto, frente al 42% del candidato del Partido Nacional o “Blanco”, Luis Alberto Lacalle. Para Equipos, el 4% de los uruguayos está indeciso y otro 4% votará en blanco o nulo; según Interconsult, los porcentajes serán, para cada caso, del 3 y el 7%. “Si no pasa algo realmente muy intenso y extraño en la última semana, lo que además parece muy poco probable, Mujica será el próximo presidente de los uruguayos”, dijo a Ignacio Zuasnabar, director de Equipos Mori.
Según el analista uruguayo, “después de la primera vuelta, el escenario se ha mantenido casi congelado y parece muy difícil que cambie en los últimos días”. Equipos Mori fue la consultora que pronosticó con mayor exactitud los resultados de la primera vuelta del 25 de octubre.
En esa elección, el oficialista Frente Amplio logró el 48% de los votos, el Partido Nacional el 29% y el Partido Colorado el 18 por ciento. Como ninguno de los candidatos superó el 50% de los sufragios, la presidencia se definirá el 29 de noviembre en un ballottage entre Mujica y Lacalle.
Zuasnabar destacó que el 70% de los uruguayos que votaron al Partido Colorado el último domingo de octubre acatará la decisión de su sector de apoyar a Lacalle. Sin embargo, un 10% no sigue la línea oficial y se inclinará por Mujica. El 20% restante del electorado colorado se considera indeciso.
Para Juan Carlos Doyenart, director de Interconsult, el 48% de intención de voto de Mujica “lo deja a las puertas de la victoria”.El ex guerrillero tupamaro creció un punto en la última medición con respecto a la anterior. Lacalle también incrementó su apoyo en 2 dos puntos, “pero lo que necesita es que Mujica deje de crecer y pierda votos”.
“Se da un fenómeno especial y es que tanto Mujica como Lacalle generan fuerte rechazo para un sector de la población”, destacó Doyenart. Esos ciudadanos, que estimó en torno al 6%, “no saben a quién van a votar y seguramente se decidirán casi en el momento de poner su voto en la urna”. “De ellos, más de la mitad son colorados y aunque todos se decantaran en favor de Lacalle no le alcanzan esos votos para superar a Mujica”, dijo el analista.
Tanto el Frente Amplio como los blancos dedican el fin de semana para protagonizar caravanas en Montevideo, donde reside la mitad de los 3,2 millones de habitantes del país, y en Canelones, el segundo departamento en importancia.
La fórmula de la izquierda, que completa el ex ministro de Economía y Finanzas Danilo Astori, recorrió ayer 120 kilómetros por todos los barrios de la capital y hoy estará en Canelones.
Lacalle y su candidato a la vicepresidencia, el senador Jorge Larrañaga, invierten el orden, primer: ayer recorrieron Canelones y hoy estarán en Montevideo. De concretarse los pronósticos, el Frente Amplio, fundado en 1971, accederá por segunda vez consecutiva al gobierno nacional. (EFE)
(Fuente:Rdendh-CD).
(Fuente:Rdendh-CD).
Ayer se realizó la marcha contra la impunidad desde el Obelisco hasta la Plaza Libertad.

Pese a los anuncios aterrantes, colocando el miedo a todos los montevideanos de una posible provocación; cómo en los viejos tiempos; generando la pasividad y calificando de estupidez, y el para qué de esta movilización?

Con un fuerte dispositivo, y vallado, como hacía años no se veía, frente al Círculo Militar; la marcha se desarrolló con total serenidad y compromiso. Eran cientos, casi mil jóvenes y viejos que sostuvieron a paso digno por la avenida principal, la Dignidad y la Memoria.
Sí fué el momento o no de esta marcha, cómo algunos analizaron previamente... ya quedó en los anales de la historia esta primera marcha por Verdad y Justicia, luego de la segunda derrota por anular la ley de impunidad mediante plebiscitos.

Comparto con mi red este prólogo editado en el año 2006, para reflexionar juntos:
Prólogo
Los duelos de la memoria y la memoria de la rebeldía
¿Dónde vive la memoria? ¿Quién la muere? ¿Por qué nos duele? ¿Hasta cuándo el duelo? ¿Qué recuerda la memoria? ¿Cuánto olvida? ¿Quién la enciende? ¿Quién la apaga? ¿Cuánta memoria marcha un 27 de junio, un 11 de setiembre o un 24 de marzo por las calles? ¿Cuánta memoria se va de ferias? ¿Cuánta se levanta un monumento? ¿Cuánta memoria se vuelve mercancía? ¿Cuánta se disuelve en los despachos del poder?
Prólogo
Los duelos de la memoria y la memoria de la rebeldía
¿Dónde vive la memoria? ¿Quién la muere? ¿Por qué nos duele? ¿Hasta cuándo el duelo? ¿Qué recuerda la memoria? ¿Cuánto olvida? ¿Quién la enciende? ¿Quién la apaga? ¿Cuánta memoria marcha un 27 de junio, un 11 de setiembre o un 24 de marzo por las calles? ¿Cuánta memoria se va de ferias? ¿Cuánta se levanta un monumento? ¿Cuánta memoria se vuelve mercancía? ¿Cuánta se disuelve en los despachos del poder?
Más de 30 años transcurrieron desde los golpes de Estado que establecieron en el Cono Sur las dictaduras militares más feroces de nuestra historia. El terrorismo de Estado, con su dimensión militar y civil, con su trama de dominación y de complicidades, fue el modelo elegido por el capitalismo para remodelar su hegemonía.
Si éste se estableció en nuestras tierras sobre la base del genocidio de la población originaria y de los pueblos afrodescendientes traídos como esclavos; si después fue necesaria una nueva “conquista del desierto”, un Salsipuedes para sentar las bases de la modernización realizada por la generación del 80; los artífices de estas últimas dictaduras, herederos muchos de ellos de aquella oligarquía “fundadora de la nación”, volvieron a recurrir al genocidio, para aplacar toda resistencia.
Llamaron “proceso de reorganización nacional” a lo que fue un nuevo momento de recolonización cultural, sostenido en una contrarrevolución preventiva, cuyos datos sobresalientes volvieron a ser el exterminio, la impunidad, el racismo, el crimen organizado.
Los golpes de Estado en el Cono Sur fueron parte de la política imperialista para América Latina, que tuvo como instrumento contrainsurgente el Plan Cóndor. Se trataba de detener el proceso de ascenso de los movimientos revolucionarios que alentados por la revolución cubana y por otros hechos significativos del contexto internacional –triunfo sobre el fascismo, revolución china, mayo del 68, Vietnam– desparramaban por América Latina la certeza de que el cambio no sólo era necesario, sino que también era posible.
La máquina de matar se puso en marcha para aplastar toda insurgencia. Se trataba no sólo de liquidar al pez, sino de dejarlo sin agua. Por eso el indiscriminado asesinato de hombres, mujeres, ancianos, ancianas, niñas y niños. Por eso los mecanismos del terror: la desaparición forzada de personas, los campos de concentración, la maquinaria de delaciones organizada para romper toda solidaridad. Por eso la guerra cultural, promoviendo el “sálvese quien pueda”, y “el silencio es salud”; con la complicidad de periodistas que aún hoy infectan los medios de comunicación. Por eso el aliento a la traición, a la ruptura de los lazos de solidaridad, y la inoculación de la desconfianza.
El paso siguiente era la impunidad, basada en la desmemoria.
Pasaron treinta años. Vale la pena sacar algunas cuentas. La dictadura logró su cometido en varios sentidos: la desarticulación de las organizaciones revolucionarias de aquel momento, del sindicalismo de liberación, de las ligas agrarias, de un movimiento estudiantil combativo, del movimiento de sacerdotes por el Tercer Mundo, y de numerosos movimientos populares que fueron diezmados y desestructurados.
La pérdida más grande e imposible de nombrar sin sentir escalofríos: la ausencia de una generación de hombres y mujeres revolucionarios, generosos, dispuestos a cambiarse a sí mismos para cambiar al mundo, empeñados en la creación del “hombre nuevo” –ellos no se imaginaban la posibilidad de “la nueva mujer”.
Y como consecuencia también de esta historia, la deserción de muchos sobrevivientes de aquella generación, que adaptaron la idea de “tomar el poder”, a la de “acercarse al poder”; y cuando se acercaron, se quedaron gustosos. Ahora, desde el poder, tratan a los que resisten de “inadaptados”, “duros”, “inmaduros”, versiones diversas del “imberbes” de otros tiempos, y no vacilan en cercar la plaza cuantas veces se sienten amenazados.
La dictadura militar fue la condición para que se estableciera en el país el capitalismo privatizador, neoliberal, que destruyó la soberanía nacional, devastó los bienes de la naturaleza, extranjerizó la economía, destruyó identidades clasistas y populares, multiplicó el posibilismo, como justificación ideológica del “no se puede”.
Ellos lograron bastante. Pero no nos derrotaron.
La derrota significa, en términos políticos, destruir la voluntad de resistencia. Y allí es donde no pueden con nosotros. Allí, precisamente allí, es donde se encuentra el valor de la terca, mágica y rebelde memoria.
La memoria nos permite recordar que no hubo lugar del país en el que no existieran gestos luminosos de resistencia.
Aun en las regiones más oscuras y sórdidas, en los campos de concentración, tenemos manos tendidas, gente destrozada por la tortura que no entrega a sus compañeros, hombres y mujeres que callan hasta olvidar, información que atraviesa las zonas de la “no existencia”, denuncias que se filtran hasta comenzar a hacerse oír.
Aun en los lugares más duros, como las cárceles, hemos escuchado relatos de inmensa dignidad, de mujeres que desafiaban la condena al mundo monocolor, tejiendo telares con hilos de colores ingresados clandestinamente, de hombres que aprendían a leer y a escribir para comunicarse con el mundo.
Aun en el lugar más insondable de la subjetividad, la de una madre que ve desaparecer a su hijo o hija en un cono de sombras, encontramos la fuerza que transforma el pañal en pañuelo y la quietud en marcha, que vuelve público lo privado socializando la maternidad y alimentando la rebeldía. Aun en esos “años de alambradas culturales”, como los llamó Julio Cortázar, hubo quien escribió, quien dijo su palabra, quien hizo su poema, quien cantó su canción, quien actuó a teatro abierto.
Hubo dignidad en la resistencia, coraje, amor, e incluso alegría. No es cierto que sea triste la lucha. Triste es cuando nos cansamos de luchar.
La resistencia engendró una memoria implacable y fértil. Hijos que escrachan a los genocidas. Jóvenes que miran a los ojos a sus abuelas y desgarrándose el alma les dicen: “aquí estoy, soy el nieto que buscabas”. Ex detenidos desaparecidos, ex presos y presas que no se refugian en la historia, sino que se empoderan de la memoria para luchar por los derechos humanos de ayer y de hoy.
La memoria fértil tiene muchos colores, nombres, rostros.
Una no sabe si llorar o reír cuando ve marchar la memoria por las calles, y descubre detrás de cada cartel, de cada foto, a un amigo, a una compañera, a un ser querido que desapareció pero allí está, sin embargo, junto a nuestra caminata.
En estos días una siente que ellos te empujan, que te hablan al oído. Que te invitan a desempañar los vidrios de la melancolía y a enarbolar los sueños de siempre. Los que sueñan los pueblos originarios: tierra y libertad. Miles y miles de sueños segados de la superficie de nuestra utopía, que resistieron clandestinamente como raíces, como semillas, esperando el momento de florecer.
¿Para qué sirve la memoria? Para identificar a los enemigos de siempre. Para escracharlos en sus cuevas. Para que nadie se confunda. Para que cada cual sepa que ellos no actuaron solos. Que hay una cadena de complicidades, que abrieron las puertas de la impunidad. Sirve la memoria cuando no se vuelve complaciente. Cuando no se calla. Cuando no se rinde. Cuando no se olvida.
Cuando enciende nuevas rebeldías. Duele la memoria. Duele, porque obliga.
Claudia Korol
Cuando enciende nuevas rebeldías. Duele la memoria. Duele, porque obliga.
Claudia Korol
periodista argentina.
Argentina, 24 de marzo de 2006.
Taller de Memoria y Testimonio de expresas políticas uruguayas.
Libro: Los ovillos de la Memoria editado en el año 2006
VERDAD Y JUSTICIA.
Argentina, 24 de marzo de 2006.
Taller de Memoria y Testimonio de expresas políticas uruguayas.
Libro: Los ovillos de la Memoria editado en el año 2006
VERDAD Y JUSTICIA.
MARTHA PASSEGGI
reportera-gráfica
(Fuente:Rdendh).
(Fuente:Rdendh).
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