Aunque lenta, la Justicia va cayendosobre los verdugos
Por Carlos Paillet.
“No sabemos nada de nuestros hijos. Tenemos una angustia porque no sabemos si están enfermos, si tienen frío, si tienen hambre. Es una desesperación, porque ya no sabemos a quién recurrir. Consulados, embajadas, ministerios, iglesias, todas las puertas se nos han cerrado. Por eso les rogamos a ustedes, son nuestra última esperanza. Por favor, ayúdennos, son nuestra última esperanza…” (de una Madre de Plaza de Mayo a periodistas extranjeros que habían llegado a la Argentina para cubrir el Mundial de Fútbol de 1978).
Desde aquel pedido desesperanzado de una mujer con pañuelo blanco en la cabeza han pasado algo más de 31 años. Sin embargo, la Justicia encargada de juzgar a los responsables de que los hijos no aparecieran comenzó a moverse con cierta parsimonia recién en 2006.
Ese año, la Corte Suprema tumbó por “insanablemente nulas” las leyes de Obediencia Debida y Punto Final, que sirvieron de paraguas para centenares de represores. En julio de 2007, la misma Corte le puso el moño al paquete y anuló los indultos refrendados por Carlos Menem a favor de los jerarcas de la dictadura irracional.
¿Qué pasó en Córdoba? Decenas de expedientes se arrumbaban en los Tribunales frenados por la adversidad de aquellas normas; y por los criterios antagónicos de una jueza y una fiscal que acusaban y tribunales de alzada, como la Cámara Nacional de Casación, que revisaban y embarraban el camino para que todo arrancara de cero.
Según estadísticas que maneja el Centro de Estudios Legales y Sociales, más de un millar de represores se beneficiaron con el indulto y las leyes de la impunidad. A noviembre de 2009 han sido condenados 60 de ellos; en la comparación de cifras, esta última aparece entonces irrelevante.
Córdoba fue durante los años de plomo uno de los mayores focos de operaciones del terrorismo de Estado. Por eso aquí también el saldo de ocho condenados suena a poco. La Justicia avanza sobre los verdugos, pero no hay límite de tiempo para cerrar definitivamente esta historia. El viernes, en Córdoba, se escribirá un nuevo capítulo.
(Fuente:Cecilio M. Salguero-Lavoz).
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