29 de diciembre de 2009

DI PASCUALE: UNA DESPEDIDA QUE DEBIÓ ESPERAR 33 AÑOS.

HOMENAJE AL DIRIGENTE SINDICAL JORGE DI PASCUALE, SECUESTRADO EN 1976
Una despedida que debió esperar 33 años

“Hoy es un día alegre, mañana no sé”, se emocionó Fernando Di Pascuale.

No menos de veinte coronas de flores engalanaban la puerta del Sindicato de Empleados de Farmacia, mientras unas cincuenta personas ocupaban la calle Rincón, con el tránsito cortado. Eran las diez de la noche, y adentro seguían velando los restos de Jorge Di Pascuale, respetado dirigente del sindicalismo de base y la resistencia peronista, secuestrado y desaparecido por el aparato represor de la dictadura en 1976. Sus restos fueron identificados y recuperados gracias al trabajo del Equipo Argentino de Antropología Forense.
Junto a Agustín Tosco y Raimundo Ongaro, con quienes compartió un lugar en la junta coordinadora de la CGT de los Argentinos, Di Pascuale fue uno de los más importantes referentes del sindicalismo peronista de izquierda durante las décadas del ’50 y ’60. Quienes lo conocieron destacan su humildad y su vocación de servicio, sólo comparable con su fanatismo por Boca. Fue delegado personal de Juan Perón para los países socialistas, y aunque se exilió en Venezuela poco antes del golpe de 1976, sólo aguantó tres meses y volvió para luchar: lo secuestraron antes de que terminara ese año.
El velatorio estaba anunciado para las seis de la tarde, pero la gente comenzó a llegar tres horas antes para realizar una despedida postergada durante 33 años. “Salió el acto que queríamos hacer: sin tristeza, pero con un profundo cariño”, explicó Alfredo Ferraresi, quien fuera su más cercano colaborador a lo largo de toda la carrera del dirigente, desde que a los 27 años fue elegido secretario general del sindicato. Junto a Ferraresi había varios dirigentes que compartieron espacio con Di Pascuale en algún momento de su vida, como los diputados Julio Piumato y Juan Carlos Dante Gullo. El ambiente no era de tristeza sino de nostalgia, y los viejos compañeros de ruta recordaban anécdotas y momentos más gratos.
Abajo, en el salón de actos, estaba la urna con los restos del dirigente, recuperados de una fosa común en el cementerio de Avellaneda hace dos semanas, escoltada por cuatro coronas más, de sus hijos y nietos, de los dos principales gremios farmacéuticos (Fenaemfa y Adefa) y una enviada por “la Presidenta de la Nación y Dr. Néstor Kirchner”. Entre las que estaban afuera, se destacaban las que habían llevado el secretario de Derechos Humanos, Eduardo Luis Duhalde; el dirigente de Sutecba Amadeo Genta, la Central de Trabajadores Argentinos y el gremio docente Ctera.
“Con esto te das cuenta del cariño que le tenían a mi viejo”, se emocionaba Fernando Di Pascuale. “Hoy es un día alegre, mañana no sé –comentó–. Estoy contento porque recuperé algo que estaba buscando hace treinta y tres años. Recién hoy empieza el duelo, porque al fin encontré lo que busqué toda mi vida. Primero lo buscaba vivo, después loco y finalmente buscaba su cuerpo. De los treinta mil desaparecidos sólo identificaron a menos de 150, por lo que de alguna manera debo sentirme afortunado.”
El velatorio continuaba toda la noche en la sede del Sindicato de Empleados de Farmacia y hoy, cerca de las diez de la mañana, la urna con los restos de Di Pascuale será trasladada al cementerio de la Chacarita, donde el padre Luis Farinello oficiará un responso en su memoria.
Informe: Nicolás Lantos.
(Fuente:Rdendh-Pagina12).


Recuerdo de Fin de Año

A fines de 1964 yo tenía 21 años. Dos años atrás, había sido elegido delegado por mis compañeros de la central Vernet, y en ese momento me sumaba al grupo de compañeros que venían trabajando en la construcción del Movimiento Gremial Telefónico. Allí estaban Ricardo Campari, Juan Carlos Romero, José Baddouh y muchos más. Con ellos compartiría las tareas de la joven agrupación, aprendería de ellos y de todos los demás, colaboraría en la construcción colectiva y nos integraríamos en las luchas de nuestro gremio y de todo el movimiento obrero. Pero no estoy escribiendo estas líneas para referirme a mi historia personal, ni siquiera es para hablar de AVANZADA, sino que quiero evocar a un compañero a quien conocimos y con quien compartimos momentos de lucha y militancia durante los convulsionados años 60.
Casi desde el comienzo mismo de AVANZADA, nos relacionamos con otras agrupaciones y sindicatos que sostenían posiciones combativas, y que enfrentarían los atropellos de la patronal respaldada por la dictadura del general Onganía. En 1968 se realizó el Congreso Normalizador “Amado Olmos”, que dio nacimiento a la CGT de los Argentinos. Y la nueva central abrió las puertas a las agrupaciones, que como la nuestra, manifestaban su voluntad de luchar por los intereses de los trabajadores. Frente al enemigo común, todos sosteníamos una misma disposición para la unidad en la acción. Pero no todo era tan idílico, y las diferencias y roces entre los distintos participantes de la CGT A, planteaban problemas que no siempre eran de fácil resolución. Las mayores tensiones se producían entre los sindicatos y agrupaciones de claro perfil peronista, con aquellos que manteníamos posiciones más de izquierda. Pero aún hacia el interior de estos dos bloques principales, se producían desinteligencias y cortocircuitos. Nunca es fácil mantener la unidad de fuerzas, máxime cuando estas tienen un origen heterogéneo, cuando hay marcadas diferencias ideológicas y políticas, y cuando hay sectores más dispuestos a la ruptura que a la integración.
Si bien estos problemas se daban dentro de otros de mayor gravedad, no por eso dejaban de tener su importancia. Cada tanto se producían crisis, y era necesario hacer esfuerzos reunificadores, limar asperezas, restañar algunas heridas y buscar fórmulas de consenso para disminuir los chisporroteos y evitar los desbandes. Recuerdo uno de esos episodios, no en sus detalles, sino en la actitud de Jorge Di Pascuale. Era el Secretario General del Sindicato de Farmacia, un flaco de trato agradable, de apariencia sencilla y bondadosa, que sin embargo irradiaba una gran autoridad. Tenía una forma de hablar suave y tranquila, un tono de voz amistoso, que desarmaba cualquier disposición beligerante.
Seguramente fue alguna declaración de prensa, con un grado de definición partidaria irritativo, lo que disparó la discusión en aquella oportunidad. Las palabras habrían ido creciendo en intensidad, los ánimos se habían encrespado, y todos estábamos más cerca de la pelea que de la reconciliación. Alguien tenía que componer ese entuerto, y uno de los reunidos se fue hasta otra oficina a buscar a Jorge. El vino y nos habló a todos con su forma tranquila y afectuosa, pero lo importante no fue el tono de su intervención, sino sus palabras. Hoy no podría reproducir lo que dijo, pero sí puedo afirmar que el sentido de su discurso fue una crítica a los bandeos sectarios, una invocación a la unidad, y un reclamo para encauzar la discusión de los puntos de vista contrapuestos. Es imposible eliminar las diferencias, porque todos los procesos se desarrollan en base a sus contradicciones internas, pero es imprescindible moderar esas contradicciones si se quiere un avance, y no el estallido de las fuerzas propias.
Aquel fue un episodio, uno más entre muchos otros, pero tuvo su peso propio y lo marcó para siempre en mi memoria. En otras oportunidades volví a escuchar a Jorge, siempre con su expresión amable, con la palabra justa, con un mensaje unificador. Yo prestaba mucha atención a lo que él decía, porque sus palabras tenían un contenido que iba mucho más allá de lo doctrinario. Nunca lo escuché en una asamblea, ni en un discurso de barricada, pero pienso que aún en esas circunstancias su tono habría sido igualmente sereno y convincente. Hay quienes sostienen que un gesto, una actitud en un momento, o una simple palabra, revelan todas las virtudes o defectos de una persona. No estoy convencido de que sea así, pero aquella actitud suya en esa reunión en el Sindicato de Farmacia, me parece que puede ser considerada como el punto de síntesis de lo que fue Jorge.
Mi trato con él siempre fue en el marco de esas reuniones, además, una cierta timidez me retraía frente a compañeros de mayor trayectoria y responsabilidad. Después, otras contingencias de la militancia volvieron menos frecuentes las visitas a aquel sindicato. Cuando la CGT de los Argentinos dejó de funcionar, pusimos nuestros esfuerzos en otros proyectos, pero siempre conservamos un gran respeto por los compañeros de Farmacia. Después vino el golpe del 76, y todos los horrores de la peor dictadura de nuestra historia.
Todos pagamos un muy alto precio, por haber sido consecuentes en la lucha por un mundo mejor. Una de las víctimas de aquel genocidio fue Jorge Di Pascuale. En la madrugada del 29 de diciembre de 1976, fue secuestrado. Con posterioridad fue reconocido por otros detenidos en El Vesubio. Y luego pasaron 33 años sin que volviera a tenerse ninguna noticia sobre él. Pero la semana pasada llegó la información de que sus restos habían sido reconocidos por el Equipo Argentino de Antropología Forense. La noticia me emocionó profundamente, y volví a tener frente a mí a aquel Jorge que a fines de los 60, se había interpuesto entre los bandos en disputa, como un padre entre dos hermanos que están a punto de irse a las manos.
Javier Nieva

(Fuente:Rdendh).

1 comentario:

Anónimo dijo...

Pero qué buena descripción!! Lástima que no recuerde con mayor precisión
Felicitaciones Javier Nieva.