28 de diciembre de 2009

EL ADIOS A JORGE DI PASCUALE.

Di Pascuale nació el 28 de diciembre de 1930 y el mismo día pero de 1976 lo secuestraron.

Los restos de Di Pascuale
El dirigente sindical Jorge Di Pascuale será enterrado el martes en el Cementerio de Chacarita, luego de que fueran identificados por el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF). Di Pasquale será velado el lunes 28 de diciembre a partir de las 15 en la sede del Sindicato de Farmacia, en Rincón 1044, según informó el Archivo Nacional de la Memoria. Sus restos serán inhumados el martes a las 11. Di Pascuale era secretario general del Sindicato de Empleados de Farmacia, fue secretario de prensa de las 62 Organizaciones Peronistas en 1959, fue uno de los delegados del ex presidente Juan Domingo Perón mientras estaba exiliado, y formó parte de la junta coordinadora de la CGT de los Argentinos en 1968. Lo secuestraron de su casa en la madrugada del 29 de diciembre de 1976. Ese día cumplía 46 años. Por testimonios de sobrevivientes, se pudo saber que estuvo detenido en el centro clandestino de detención Proto Banco junto al gremialista Juan Carlos Arroyo y luego en El Vesubio. El EAAF identificó los restos de Di Pascuale en el cementerio de Avellaneda.



Miradas
El adiós a Jorge Di Pascuale
Fue el más antiperonista de los peronistas de alma. Honesto política e intelectualmente, amplio y solidario. A 33 años de su secuestro, hoy será velado.


Con Perón. Una de las pocas fotos de Di Pascuale.

Lo vi una madrugada en Córdoba y Azcuénaga. Su auto estaba detenido en un semáforo y él se inclinó a buscar algo en la guantera. El semáforo le dio paso y me quedé con el saludo atragantado. Había regresado de Venezuela, de un brevísimo e insoportable exilio.

Antes de partir había pasado por la redacción de El Cronista para despedirse. Estaba con el Manco Franco, un militante del Peronismo de Base al que una bomba le había volado la mano y cantaba “qué difícil es vivir entero”. Se iban juntos. El Manco hizo bromas. Él también, pero me advirtió: “A lo mejor me ves de vuelta pronto. No creo que pueda estar mucho tiempo fuera”. Era una decisión tomada a contrapelo de lo que sentía, con tanta mala gana que autocumplió la profecía, regresó y lo secuestraron el 29 de diciembre de 1976, un día después de cumplir 46 años.

La de aquella madrugada en Córdoba y Azuénaga es la última imagen que tengo de Jorge Di Pascuale, el ex secretario general de la Asociación de Empleados de Farmacia, un peronista genético y por eso mismo autorizado a ser ferozmente autocrítico e implacable con la figura del conductor. El más antiperonista de los peronistas de alma.

Había empezado a militar en la adolescencia y participó en el origen de las 62 Organizaciones, en la Resistencia y en la CGT de los Argentinos; había sido delegado de Juan Perón para las relaciones con el mundo socialista. Pero por sobre su enorme honestidad intelectual y política, Jorge Di Pascuale era un hombre amplio y de solidaridades. Su sindicato, un edificio modesto en el que siempre se lo encontraba flanqueado por su segundo, Alfredo Ferrarese, o discutiendo con Horacio Carballeda, su amigo de la agrupación Lealtad y Soberanía, era la isla que, además de recibir a los exiliados uruguayos y chilenos y albergar a las coordinadoras que luchaban por la libertad de los presos, nos daba cuartel a nosotros, una agrupación de periodistas de izquierda que llevaba el nombre de Emilio Jáuregui, un dirigente de prensa, un clasista asesinado por la dictadura de Onganía durante una manifestación callejera.

Jorge –y sería injusto olvidar a “Ferra”– nos permitió a los que en 1973 no hacíamos campaña por Perón dictar allí un curso sobre la otra historia de la clase obrera argentina contada por sus protagonistas. Estuvieron Elías Castelnuovo, fundador del grupo Boedo, director de La Protesta y del periódico de la Unión Sindical Argentina, una vertiente de la FORA del IX Congreso (sindicalista) ; Mateo Fosa, marxista, secretario del gremio de la madera en 1917 y protagonista de la huelga general de 36. El último fue Pedro Milesi, orador en el Grito de Alcorta, dirigente en los 30 del Sindicato de Obreros Municipales, anarquista, comunista, próximo a Agustín Tosco y presidente honorario del congreso del Sitrac-Sitram.

Esa tarde, recostado en una silla, Osvaldo “el Gordo” Soriano –que no estaba en nuestra agrupación pero amaba esos relatos– se deleitaba escuchando al Viejo Pedro explicar con sencillez deslumbrante a un auditorio obrero en qué consistía el materialismo dialéctico. Jorge había entrado y se había sentado en un banco, al fondo del salón. De pronto, Milesi, que empezaba a describir con minucia la jornada del 17 de octubre, señaló el cuadro de Perón que colgaba a sus espaldas y se preguntó “¿en qué y cuánto nos habíamos equivocado nosotros para que un coronel populista encarnara las esperanzas del proletariado argentino?”. Miré a Jorge de reojo. Tenía la cabeza baja y lagrimeaba, emocionado por el relato del viejo luchador. Luego se acercó a Pedro, le tomó las manos y le dijo: “Es un honor tenerlo acá, compañero. Las puertas de este sindicato siempre estarán abiertas para usted”.

Di Pascuale fue el único dirigente gremial peronista que asistió al congreso del Sitrac, el único que defendió infructuosamente la participación de la izquierda en el secretariado de la CGT de los Argentinos, el único que mientras todos sus compañeros festejaban el triunfo justicialista de marzo de 1973, angustiado, visionario, parado en la puerta de la pequeña cocina del local, nos preparó: “Es trágico lo que viene”.

Jorge era ciudadano del poco visitado país de la fraternidad. Tras su captura, fue torturado con saña pero mantuvo un comportamiento ejemplar. Su cuerpo fue identificado hace unas semanas por los antropólogos forenses. Aquella agrupación de periodistas que protegió fue diezmada.

Si estuvieran los que no están, irían hoy, con los pocos privilegiados que quedamos vivos, a velarlo –tardíamente– a la sede de Rincón 1044, su/nuestro sindicato, y decirle lo que, retomando la antigua tradición de la izquierda, la de los Fosa, los Castelnuovo, los Milesi, solía decirse en esos años de los que hablo: “Salud, camarada”.
(Fuente:Rdendh-CD).

La dignidad compañera de Jorge Di Pascuale
Por Carlos Aznárez
Cuando vinieron a decirnos que también a Jorge se lo habían llevado, sentimos, en medio del extraño y demoledor silencio de aquel diciembre furioso, que nos quedábamos un poco más solos. No era para menos, Jorge era más que un referente para justificar ese camino que habíamos transitado desde que nos dimos cuenta que al gritar “Perón o Muerte” estábamos diciendo que se mueran todos los que explotaron a nuestra gente, o simplemente: “Patria o Colonia” y “abajo el imperialismo”.

Como una ráfaga de viento helado, los recuerdos se agolparon en nuestro cuerpo. Aquéllas jornadas memorables de la Resistencia, donde los héroes anónimos sembraban de coraje el territorio, y entre tantos, allí estaba él, nuestro compañero del alma, Jorgito Di Pascuale, trasmitiendo serenidad, y plantando su rebeldía y coherencia en cada acto de confrontación con nuestros enemigos de clase.

Revivimos esos tiempos de coherencia sindical, donde Huerta Grande y La Falda mostraban que el sindicalismo escribía con mayúsculas sus programas estratégicos para ir construyendo desde abajo algo que tiempo después identificamos como poder popular, socialismo, y sobre todo, soberanía, independencia y justicia social.

Después vimos con asombro y entusiasmo, el desarrollo de una alternativa concreta para sacudirnos de encima la burocracia nefasta que tanto mal le había generado a un movimiento que nació y se desarrolló desde abajo y combatiendo. Allí, en aquellos días de la CGT de los Argentinos, volvió a agrandarse la figura de Jorge y todos sus compañeros del glorioso Sindicato de Farmacia, en cuyo histórico y aún extraordinariamente activo local de la calle Rincón, la mayoría de los que nos zambullimos en la militancia sesentista tuvimos una segunda casa para forjar nuestra conciencia política.

Quienes seguimos convocando la memoria fértil, recordamos aquel plenario constititutivo de la CGTA que se prolongó hasta altas horas de la madrugada y en el que Raimundo Ongaro proclamaba con inevitables aires de victoria que “es preferible la honra sin sindicatos que tener sindicatos sin honra”. En esa consigna que después hizo época, estaba resumida y marcada a fuego para las generaciones venideras la trayectoria revolucionaria de compañeros como Jorge, como Sebastián Borro, Andrés Framini, Atilio Lopez, Armando Cabo Agustín Tosco, René Salamanca, Piccinini y tantos compañeros de marcadas rebeldías gremiales.

Di Pascuale significó mucho a la hora de poner las cosas en claro, sin titubeos ni especulaciones sectarias u oportunistas. Jamás, como todos sus compañeros de Farmacia, retacearon la adhesión solidaria con lo que optaron por los métodos más radicalizados de lucha. Todas las organizaciones combatientes, desde las FAP y los Montoneros hasta el ERP, fueron defendidos sin sectarismos ni dobleces. Y qué decir del apoyo otorgado a los eran encarcelados, torturados o asesinados. En esos días, en que muchos que hoy se jactan de haber estado donde nadie los vio, brillaba muy alto la estrella peleona y consecuente de Jorge, haciendo de la dificultad o el traspié, una nueva fórmula para seguir golpeando a los enemigos del pueblo.

Ponderado por Perón por su lealtad y coherencia, a diferencia de tantos gremialistas corruptos y traidores, Di Pascuale no tuvo nunca dudas de qué lado de la vereda del peronismo había que situarse si uno quería ser consecuente con las banderas revolucionarias proclamadas por Evita. Con ese espíritu indoblegable enfrentó a los fascistas que se encaramaron en el Movimiento Nacional, marcó a fuego a los maniobreros y desleales, y se puso a la cabeza de quienes, con valentía, enfrentaron la violencia siniestra de la Triple A dirigida por Isabel Martínez y López Rega. Con esa misma combatividad, el golpe militar del 76, lo encontró bien plantado para gritarle a los milicos que, como siempre, no les iba a dar tregua.

Así llegó ese aciago día de diciembre del 76 en que lo fueron a buscar para intentar desaparecerlo de nuestras vidas. Ni aplicando todo el terror del que fueron capaces, lo lograron. Incluso en los sótanos de los campos de exterminio, Jorge siguió dando testimonio de resistencia, y cuando sus asesinos creyeron que lo estaban aniquilando, no se dieron cuenta que el pueblo ya lo habia sumado a sus banderas.

Ahora, querido compañero Di Pascuale, cuando pleno de triunfo y reconocimiento pises nuevamente la sede de tu viejo sindicato, para saludarte con tantas y tantos hermanos de militancia, con aquellos que renunciaron a las prebendas del poder pero no a la lucha y jamás vendieron la memoria, seguramente nos encontrarás a todos un poco más veteranos, con cabelleras blancas y menos paciencia de la necesaria. Sin embargo, verás que como ayer, que muchos aún persisten en la idea de seguir tomando los cielos por asalto, como vos, con tu ejemplo, nos enseñaste.

Ahora sí, podrás descansar, o al menos intentarlo, convencido de que en el masivo “Hasta la Victoria, Siempre” que te brindaremos, estarán resumidas todas las ansias de amor a la vida de nuestros otros 30 mil hermanos y hermanas de esa gran familia revolucionaria que a pesar de los pesares, sigue venciendo a la muerte.
(Fuente:Rdendh).

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