Piden que declare Mirtha Legrand por el secuestro de su sobrina
Familiares de víctimas de la represión durante la última dictadura militar pidieron ayer al juez federal Daniel Rafecas, a cargo de la investigación sobre ilícitos en la órbita del Cuerpo I del Ejército, que cite a declarar como testigo a la conductora televisiva Mirtha Legrand.
Según fuentes judiciales, el pedido lo concretó el abogado Pablo Llonto, representante legal de familias que actúan como querellantes en la “megacausa” reabierta por la Cámara Criminal Federal de esta Capital luego que en agosto de 2003 el Congreso Nacional anulara las leyes de Obediencia Debida y Punto Final.
El letrado pidió que Legrand sea citada a declarar a raíz de comentarios realizados el martes en el programa “Almorzando con Mirtha Legrand”, relacionados con el secuestro de una sobrina y el marido de ésta, durante el último gobierno de facto.
“Yo pedí ayuda en ese momento” dijo la conductora, quien afirmó que realizó gestiones personales ante el ex ministro del Interior Albano Harguindeguy y que eso habría permitido la libertad de su pariente.
“Tales afirmaciones -expuso Llonto ante Refecas- indican que su testimonio (el de Legrand) es importante” para el sumario penal.
Como Legrand no reveló identidades, el abogado señaló que el testimonio de la conductora televisiva podría servir para conocer los nombres de la sobrina y del esposo, y el lugar donde estuvieron detenidos.
El abogado agregó que “la declaración aportaría para determinar la responsabilidad de Harguindeguy y funcionarios del Ministerio del Interior en las privaciones ilegales de la libertad, tormentos y homicidios ocurridos en la zona correspondiente al Primer Cuerpo del Ejército“.
TELAM
Según fuentes judiciales, el pedido lo concretó el abogado Pablo Llonto, representante legal de familias que actúan como querellantes en la “megacausa” reabierta por la Cámara Criminal Federal de esta Capital luego que en agosto de 2003 el Congreso Nacional anulara las leyes de Obediencia Debida y Punto Final.
El letrado pidió que Legrand sea citada a declarar a raíz de comentarios realizados el martes en el programa “Almorzando con Mirtha Legrand”, relacionados con el secuestro de una sobrina y el marido de ésta, durante el último gobierno de facto.
“Yo pedí ayuda en ese momento” dijo la conductora, quien afirmó que realizó gestiones personales ante el ex ministro del Interior Albano Harguindeguy y que eso habría permitido la libertad de su pariente.
“Tales afirmaciones -expuso Llonto ante Refecas- indican que su testimonio (el de Legrand) es importante” para el sumario penal.
Como Legrand no reveló identidades, el abogado señaló que el testimonio de la conductora televisiva podría servir para conocer los nombres de la sobrina y del esposo, y el lugar donde estuvieron detenidos.
El abogado agregó que “la declaración aportaría para determinar la responsabilidad de Harguindeguy y funcionarios del Ministerio del Interior en las privaciones ilegales de la libertad, tormentos y homicidios ocurridos en la zona correspondiente al Primer Cuerpo del Ejército“.
TELAM
¿Qué dijo la señora de los almuerzos?
Mirtha contó que un familiar estuvo desaparecido
La conductora aseguró que una sobrina suya desapareció junto a su marido en tiempos de la dictadura. "Yo pedí ayuda a quien era el interventor de Canal 13", reveló en medio de su programa.
Acostumbrada a mantener a la prensa alejada de su vida familiar, aunque las andanzas de su nieta cobren relevancia pública, Mirtha Legrand reveló ayer en su programa la historia de su sobrina, quien estuvo desaparecida durante la última dictadura militar."Yo pedí ayuda en ese momento, a quien era interventor de Canal 13, y no me brindó ayuda por temor, porque todo el mundo tenía miedo de comprometerse", contó Legrand, trayendo a la mesa un inusual ambiente denso.
"Canal 13 estaba en manos de la Marina. Entonces recurrí a un General de la Nación al que circunstancialmente habíamos conocido, el General Arguindegui. Conseguí el teléfono y lo llamé, le expliqué de que se trataba y me dijo: 'Deme un tiempo Mirtha lo voy a averiguar, es muy difícil el caso'. El anterior, el marino, me había dicho: 'No intervenga, ni se le ocurra es muy peligroso'. Finalmente a mi sobrina la liberaron pero al marido no… nunca más supimos de él", relató la conductora.
Como en la mayoría de los casos de desaparición de personas, muchos cabos quedaron sueltos en la historia de la sobrina de Legrand: "Cree que estuvo en Palermo porque escuchaba pasar los trenes. La liberaron cerca de la General Paz. Al muchacho lo torturaron muchísimo... Julio se llamaba. Nunca más supimos de él", contó la conductora.
"Gracias a que yo era conocida y famosa la liberaron", consideró la conductora, "porque cuando la liberaron le dijeron ‘te salvaste porque sos la sobrina de Mirtha'".
Mirtha contó que un familiar estuvo desaparecido
La conductora aseguró que una sobrina suya desapareció junto a su marido en tiempos de la dictadura. "Yo pedí ayuda a quien era el interventor de Canal 13", reveló en medio de su programa.
Acostumbrada a mantener a la prensa alejada de su vida familiar, aunque las andanzas de su nieta cobren relevancia pública, Mirtha Legrand reveló ayer en su programa la historia de su sobrina, quien estuvo desaparecida durante la última dictadura militar."Yo pedí ayuda en ese momento, a quien era interventor de Canal 13, y no me brindó ayuda por temor, porque todo el mundo tenía miedo de comprometerse", contó Legrand, trayendo a la mesa un inusual ambiente denso.
"Canal 13 estaba en manos de la Marina. Entonces recurrí a un General de la Nación al que circunstancialmente habíamos conocido, el General Arguindegui. Conseguí el teléfono y lo llamé, le expliqué de que se trataba y me dijo: 'Deme un tiempo Mirtha lo voy a averiguar, es muy difícil el caso'. El anterior, el marino, me había dicho: 'No intervenga, ni se le ocurra es muy peligroso'. Finalmente a mi sobrina la liberaron pero al marido no… nunca más supimos de él", relató la conductora.
Como en la mayoría de los casos de desaparición de personas, muchos cabos quedaron sueltos en la historia de la sobrina de Legrand: "Cree que estuvo en Palermo porque escuchaba pasar los trenes. La liberaron cerca de la General Paz. Al muchacho lo torturaron muchísimo... Julio se llamaba. Nunca más supimos de él", contó la conductora.
"Gracias a que yo era conocida y famosa la liberaron", consideró la conductora, "porque cuando la liberaron le dijeron ‘te salvaste porque sos la sobrina de Mirtha'".
JULIETA PANEBIANCO, HIJA DE JULIO ENZO PANEBIANCO Y MARIA FERNANDA MARTINEZ SUAREZ
“A mi viejo lo siento todo el tiempo”
“A mi viejo lo siento todo el tiempo”
La desaparición de su papá y el secuestro de su mamá fue reflotado esta semana por Mirtha Legrand, quien contó por primera vez que una sobrina suya había estado secuestrada. Julieta es sobrina nieta de la conductora de TV pero no quiere hablar de ella. Cuenta su historia.Julieta Panebianco es hija de Julio Enzo Panebianco y María Fernanda Martínez Suárez.
Su papá está desaparecido. Su mamá estuvo secuestrada y fue liberada.
Esta semana se habló mucho de su historia.
Fue mencionada por Mirtha Legrand, quien contó que una sobrina suya y su marido fueron secuestrados y ella pidió “ayuda” a altos funcionarios de la última dictadura, como el ministro del Interior Albano Harguindeguy.
Julieta es sobrina nieta de la conductora de los almuerzos televisivos, pero no tiene relación con ella. No sabe, tampoco, por qué habló de sus padres ahora, después de treinta años de silencio. Se sintió tan sorprendida como cualquier televidente, pero intuye que la mención no fue casual.
No quiere polemizar con Legrand pero sí contar que su papá sigue desaparecido y que ella sigue reclamando justicia.
Julieta Panebianco habló el viernes en el programa La lucha que nos parió, de FM La Tribu.
Julieta Panebianco habló el viernes en el programa La lucha que nos parió, de FM La Tribu.
Es un espacio de H.I.J.O.S. (Hijos por la Identidad y la Justicia contra el Olvido y el Silencio) Capital. Allí fue entrevistada por Camilo Juárez, Lucía Extremera y Giselle Tepper.
Julieta: Quiero aclarar primero cierta información que circuló que tiene que ver con una exhumación que se hicieron de restos que finalmente no fueron de mi viejo. Que eso quede claro: que sigue desaparecido. No hubo ningún velatorio ni nada por el estilo. Tampoco fue el año pasado, fue hace seis años.
HIJOS: ¿Quién era tu papá?
J: Mi viejo militaba en la JTP, trabajaba en la DGI... Yo no lo conocí. El sí me conoció. No lo recuerdo pero lo tengo súper presente, lo siento todo el tiempo, me acompaña, estoy muy orgullosa. Para mí es difícil estar hablando de esto.
H: ¿Cuántos años tenías vos cuando...?
J: Seis meses.
H: La historia es que tu mamá también fue secuestrada, luego liberada, y como contabas, tu papá continúa desaparecido. Se supo que estuvo en El Atlético, que es un centro clandestino por el cual ahora se está juzgando a algunos represores junto a los del Olimpo y el Banco, pero tu papá todavía no entra como un caso en los juicios.
J: En realidad, cuando los antropólogos identifican por un caso de un enfrentamiento fraguado, surge que él estuvo ahí, en ese lugar, por huellas dactilares, y ahí sale el dato de que lo mataron en un dizque enfrentamiento, le pusieron armas a cada uno, eran cuatro personas, fue en Parque Patricios. Se sabe que fue el 18 de marzo. A él lo llevaron el 2 de marzo de 1977.
H: ¿Tenía 23 años?
J: Sí. Como supongo que es un hecho que lo hicieron en la vía pública, intervino la policía, se levantaron actas, se sacaron fotos, se mandaron a la morgue, NN, en Chacarita, y en el supuesto lugar donde se enterraron se hizo la exhumación y la otra chica que fue con él ahí donde se enterraron sí salió que sus restos eran de ella, pero los otros restos no eran de mi viejo.
H: Bueno, como sucedió con tantos otros casos, como la familia Lanuscou, que es uno de los nietos que buscamos, en donde supuestamente se había enterrado a una de las hijas que continúa apropiada. La invitación era un poco a que cuentes la historia a partir de tu vida, que obviamente no es la misma que la de otros sectores de esa familia. Vos contabas que tu abuelo (José Martínez Suárez) también tuvo una participación bastante importante...
J: Sí, muy importante. En ese momento fue muy bravo para toda la familia. De hecho, se puso muy mal con esto porque vuelve toda esa historia de terror, esos días de terror, en los siguientes años. La verdad que muy valiente, porque salió a ver por dónde conseguía hábeas corpus y todo lo que se pudiera hacer... No le daban bola, se te cagaban de la risa, un desastre.
Julieta: Quiero aclarar primero cierta información que circuló que tiene que ver con una exhumación que se hicieron de restos que finalmente no fueron de mi viejo. Que eso quede claro: que sigue desaparecido. No hubo ningún velatorio ni nada por el estilo. Tampoco fue el año pasado, fue hace seis años.
HIJOS: ¿Quién era tu papá?
J: Mi viejo militaba en la JTP, trabajaba en la DGI... Yo no lo conocí. El sí me conoció. No lo recuerdo pero lo tengo súper presente, lo siento todo el tiempo, me acompaña, estoy muy orgullosa. Para mí es difícil estar hablando de esto.
H: ¿Cuántos años tenías vos cuando...?
J: Seis meses.
H: La historia es que tu mamá también fue secuestrada, luego liberada, y como contabas, tu papá continúa desaparecido. Se supo que estuvo en El Atlético, que es un centro clandestino por el cual ahora se está juzgando a algunos represores junto a los del Olimpo y el Banco, pero tu papá todavía no entra como un caso en los juicios.
J: En realidad, cuando los antropólogos identifican por un caso de un enfrentamiento fraguado, surge que él estuvo ahí, en ese lugar, por huellas dactilares, y ahí sale el dato de que lo mataron en un dizque enfrentamiento, le pusieron armas a cada uno, eran cuatro personas, fue en Parque Patricios. Se sabe que fue el 18 de marzo. A él lo llevaron el 2 de marzo de 1977.
H: ¿Tenía 23 años?
J: Sí. Como supongo que es un hecho que lo hicieron en la vía pública, intervino la policía, se levantaron actas, se sacaron fotos, se mandaron a la morgue, NN, en Chacarita, y en el supuesto lugar donde se enterraron se hizo la exhumación y la otra chica que fue con él ahí donde se enterraron sí salió que sus restos eran de ella, pero los otros restos no eran de mi viejo.
H: Bueno, como sucedió con tantos otros casos, como la familia Lanuscou, que es uno de los nietos que buscamos, en donde supuestamente se había enterrado a una de las hijas que continúa apropiada. La invitación era un poco a que cuentes la historia a partir de tu vida, que obviamente no es la misma que la de otros sectores de esa familia. Vos contabas que tu abuelo (José Martínez Suárez) también tuvo una participación bastante importante...
J: Sí, muy importante. En ese momento fue muy bravo para toda la familia. De hecho, se puso muy mal con esto porque vuelve toda esa historia de terror, esos días de terror, en los siguientes años. La verdad que muy valiente, porque salió a ver por dónde conseguía hábeas corpus y todo lo que se pudiera hacer... No le daban bola, se te cagaban de la risa, un desastre.
ESE MUCHACHO POR EL QUE MIRTHA NO PIDIÓ
por Juan Salinas
Era Julio Enzo “Rulo” Panebianco, el sobrino político de Mirta Legrand Mirta: -A mi sobrina la liberaron, a él no. Nunca más supimos de él, nunca más (…) lo torturaron muchísimo. Julio se llamaba. Nunca más supimos de él Era Julio Enzo “Rulo” Panebianco, el sobrino político de Mirta Legrand La historia de Cómplices del silencio transcurre en Buenos Aires durante el Mundial de fútbol de 1978.
El cronista salió de su avant-premiere, con la emoción a flor de piel y un entripado: no le cerraba la liberación de la guerrillera detenida-desaparecida (Florencia Raggi) por su captor, Pablo Pere (Juan Leyrado), un alto funcionario del Ministerio del Interior de la dictadura.
En el film, Pere la libera a pedido de Maurizio (Alessio Boni), un periodista italiano que había venido a cubrir el torneo, que se enamoró de la guerrillera y que a causa de esa relación resultó, como ella, secuestrado y ferozmente torturado.
Gracias a la intervención de la embajada de su país, en lugar de ser asesinado y arrojado al mar como alimento de los peces, Maurizio es llevado en auto hasta Ezeiza y puesto en el primer avión con rumbo al aeropuerto romano de Fiumicino.
Antes de subir al auto, el maltrecho periodista pide y obtiene que también a ella la dejen salir de ese infierno.
-Ningún represor real hubiera accedido a un pedido semejante hecho por un simple periodista que acababa de zafar de la muerte, por más italiano que fuera, se decía el cronista (y menos sí, como Ana, había matado a uno de los militares que la perseguían).
Sin embargo, tan pronto llegó a su casa, el cronista se topó con la evidencia de que había personas con la ascendencia suficiente sobre los dictadores como para conseguir libertades semejantes.
Viendo 6-7-8 se enteró de lo que había ocurrido poco después del mediodía: Mirtha Legrand había invitado a Raggi y a otra actriz de la película, Patricia Viggiano, y aprovechado la ocasión para contar, premeditadamente (leyó machetes con frases de denuncia a la dictadura que dijo haber visto por entonces pintadas en muros de París) y -destacando que lo decía por primera vez-, que había logrado salvar a una sobrina suya detenida-desaparecida, pidiéndole por ella a -un general de la Nación- nada menos que a Albano Hardindeguy, ministro del Interior e íntimo de José Alfredo Martínez de Hoz.
-A mi sobrina la liberaron, a él no. Nunca más supimos de él, nunca más (…) lo torturaron muchísimo. Julio se llamaba. Nunca más supimos de él, insitió embutida en un sacón de plumones amarillos y poniendo cara de canario Twetty.
-Si no supo, es porque no quiso enterarse. Porque sí que hubo más noticias del muchacho, dice, enfatizando la palabra, Julieta, la hija del desaparecido, en una pizzería de Barracas. Julieta se llama así en honor a su padre, Julio Enzo Panebianco, de 22 años, a quien sus amigos llamaban Rulo. Julio Panebiaco fue secuestrado junto a su esposa y madre de Julieta, María Fernanda Martínez Suárez, el miércoles 2 de marzo de 1977 a la noche en un departamento de la calle Malabia (hoy República Árabe Siria) casi Arenales, frente al Jardín Botánico, y ambos fueron conducidos al centro clandestino de detención conocido como Club Atlético (Mirtha dijo al aire que su sobrina creía haber estado en una unidad militar de Palermo), una dependencia de la Policía Federal ubicada en Paseo Colón entre San Juan y Cochabamba.
Su madre fue liberada un viernes. Dos semanas después, Julio fue asesinado. Sus captores lo condujeron junto a otros tres desaparecidos, dos muchachas (Elena Kalaidjian y Ana Teresa del Valle Aguilar) y un hombre (Norberto Gómez) a la calle Labardén al 300, cerca de la cancha de Huracán, los metieron en un Citröen 3 CV amarillo de otro desaparecido (Luis Alberto Fuentes) y los ametrallaron a todos, metiéndole a Julio/Rulo varios balazos en la cabeza. Como lo hicieron pasar por un supuesto enfrentamiento, se labraron las correspondientes actuaciones en la seccional.
Estas actas detallan al personal policial que habría participado del supuesto tiroteo, entre el que se encuentra -el auxiliar de inteligencia Rogelio Guastavino, alías de Raúl Guglielminetti.
Los cuerpos fueron sepultados cono N.N. en el cementerio de la Chacarita, donde todos fueron ubicados e identificados excepto el de Julio. Hace seis años, parecía habérselo ubicado y se exhumó un esqueleto ante la mirada del cronista, pero tiempo después el equipo de Antropología Forense informó que no era el suyo.
Julieta, tras destacar que el comentario nada casual de Mirtha se produjo a 33 años de aquellos asesinatos y en vísperas de que estalle una bola de mierda cuando se averigüe y dé a conocer la identidad de los progenitores de los niños apropiados por Ernestina Herrera de Noble, dice que no quiere siquiera detenerse a pensar si lo que dice el cronista (que Mirtha podía haberle salvado la vida a su papá, que como mínimo podría haber conseguido que Hardindeguy legalizara su detención) es cierto o no, y que no ha dado ni piensa dar entrevistas porque quiere preservar de disgustos a sus abuelos, Cholo (Félix Panebianco, 90 años) y -el abuelo Pepe que fue muy valiente en aquellas épocas.
Se refiere al cineasta José Martínez Suárez, de 85 años, sufrido hermano de Mirtha y de su gemela Silvia, que se casó con un militar. Martínez Suárez es el director del Festival de Cine de Mar del Plata e impulsó en todo lo que pudo la factura del emotivo documental Padres de la Plaza, de Joaquín Daglio, que narra la historia de diez padres de desaparecidos que secundaron a las Madres de Plaza de Mayo, presentado en su última edición. Uno de estos padres recuerda que en un encuentro fortuito durante un vuelo a Córdoba con el mismo almirante Massera con el que Mirtha Legrand seguía confraternizando con posterioridad al secuestro de su sobrina y su marido, le dijo, en el summum del cinismo, que -Los chicos (por los desaparecidos) en algún lugar están y en algún momento los devolveremos.
Tal como Julieta adelantó, el comentario de Mirtha tuvo un considerable impacto en las familias materna y paterna. Apenas se produjo, ese mismo jueves, Silvia, la hermana mayor de Julio le envió de motu propio al cronista (que fue amigo y compañero de militancia de aquél) un e-mail pidiéndole ayuda para escribir su perfil biográfico. Sin embargo, tras infinitas vueltas y vacilaciones a lo largo de toda una semana, terminó negándose a aportar la menor información, ni siquiera dónde cursó Julio la primaria.
-No quiero que se publique nada. Si querés, decí que me volví loca, fue lo único que atinó a decir a modo de explicación. Es un comportamiento insólito puesto que no hay nada misterioso en la biografía de Julio/Rulo: criado en Lomas de Zamora, cursó estudios secundarios incompletos en el Nacional de Temperley donde se hizo amigo entrañable de Alberto Lito Chiapollini, quien fuera secuestrado por una patota de la Armada cinco días antes que él y su mujer. Para entonces, Chiapollini ya había muerto en la Esma (según dijo uno de los marinos, se suicidó bebiendo agua de un inodoro después de una sesión de picana eléctrica).
Rulo y Lito comenzaron a militar en la JP en la Circunscripción 13 (Montserrat) en 1972, siendo su primer responsable Enrique Keny Berroeta, también conocido como Polo cuyos rastros se perdieron en la Esma cuando tenía 23 años y cuatro hijos.
Otro miembro de aquél ámbito fue Claudia García Iruretagoyena, futura esposa de Marcelo Gelman, cuyos restos todavía son buscados en Uruguay.
Rulo militó luego en la JP de la Circunscripción 12 (San Telmo) y más tarde, brevemente en la UES (mientras trataba de terminar el secundario en un colegio de Constitución, probablemente el Nacional 1, Bernardino Rivadavia) y por último en la JTP de la DGI, donde trabajaba.
Conoció a María Fernanda en casa de la Negra Alicia País (muerta de un ataque de asma en la cárcel de Villa Devoto a fines de 1977) en Parque Lezama. Alicia era la esposa de Enrique Quique Juárez, jefe nacional de la JTP y de la Columna Norte de Montoneros desaparecido a fines de 1976. Ambos estaban relacionados con el mundo del cine en el que Alicia y María Fernanda se habían conocido y hecho amigas.
En síntesis: Julio Panebianco era un joven optimista, valiente, gracioso y desparpajado, que creía tan sinceramente como el Che en la revolución: Un arquetipo de su generación.
JS/ N&P:
“ESTARÍA BUENO QUE LA JUSTICIA PREGUNTE A LEGRAND LO QUE SABE DE ESOS AÑOS"
Entrevista exclusiva con Julieta Panebianco, la sobrina nieta de la conductora de televisión.
Por Ricardo Dios y Mariano Abrevaya Dios
Miradas al Sur 27/06/2010
El martes 15 de junio la señora Mirtha Legrand sacudió el solemne y acartonado almuerzo de su programa para confesar con cara de circunstancia que una sobrina suya había sido secuestrada junto a su marido durante la dictadura y que gracias a su gestión había logrado que la liberasen a las cuarenta y ocho horas.
La conductora explicó al aire que le solicitó ayuda primero a los interventores de Canal 13 y después al ministro del Interior de Jorge Rafael Videla, el general Albano Harguindeguy.
“A mi sobrina la liberaron, pero al marido no”, precisó.
La sobrina de la conductora tiene nombre y apellido: María Fernanda Martínez Suárez. Su hija, que tenía pocos meses de vida cuando secuestraron a sus padres, también: Julieta Juana Panebianco.
Tiene 33 años y desde que su distante tía abuela dijese lo que dijo en su programa, un nuevo cimbronazo sacudió su vida. Miradas al Sur estuvo con ella en una taberna de San Telmo.
Tenía ganas de repasar y contar su historia. Y no con cualquiera.
–¿Cómo te enteraste de las declaraciones de Mirtha Legrand?
–Leyendo los diarios al día siguiente. En un principio me quedé en blanco y después me puse muy nerviosa. Busqué en internet el video con las declaraciones. Yo no recuerdo que mi mamá haya dicho que había escuchado el sonido de trenes y, además, eso no lo declaró en sus testimonios.
La conductora había dicho que su sobrina, en cautiverio, había escuchado el pesado sonido de varios trenes.
–Mi mamá al principio pensó que habían estado en el Regimiento de Patricios por la distancia del trayecto desde nuestro departamento hasta su destino final, y porque todavía no estaba extendido el conocimiento de los centros clandestinos de detención.
La detuvieron militares y conectó con ese regimiento donde hay militares. Mis dos abuelos, materno y paterno, enseguida hicieron los trámites de habeas corpus.
Toda la familia se movilizó por mis padres, y sabían que Legrand había hecho gestiones con los milicos para que larguen a mi vieja, pero mi mamá no declaró en sus testimonios judiciales que le hayan dicho que la habían soltado por ser la sobrina de ella.
–¿Por qué pensás que habla ahora, más de treinta años después?
–No es casual. Hacía poco se había solidarizado con Ernestina de Noble y como está a punto de estallar todo por el aire con el caso de sus hijos apropiados, ahora se quiere despegar.
Es obvio que al menos uno de esos chicos es apropiado. Fue una barrabasada solidarizarse con la Noble.
–¿Legrand tiene que declarar en la Justicia sobre sus dichos?
–Estaría bueno que la Justicia le pregunte qué sabe de todo lo que pasó en esos años. No sé si sabe mucho o no, o si les preguntó a los milicos qué hacían con las personas secuestradas.
Pero claro que sí, que aporte todo lo que sabe porque cualquier cosa que sume nos sirve a todos nosotros para conocer mejor lo que pasó en la dictadura, un período de nuestra historia que todavía algunos quieren tapar.
–¿Qué te pasó a vos?
–Me impresionó mucho que se contara parte de mi vida en los medios. Igual tuve que salir a aclarar algunas versiones que se difundieron sobre mi papá
( NdelR : se había dicho que el cuerpo de su padre había sido identificado).
Es real que Mirtha hizo gestiones por mi mamá, y con eso no puedo ser ingrata. Pero su rol de comunicadora a lo largo de los últimos veinticinco años, ante semejante genocidio, es reprochable. No está y nunca estuvo conectada con lo que realmente pasó en Argentina en los años de la dictadura. además desconoce lo que pasó con la búsqueda posterior de mi viejo y que nosotros nos enteramos que lo mataron en un enfrentamiento fraguado (Legrand, en sus declaraciones televisivas dijo: “Nunca más supimos de él”).
Se ocupó del caso de mi mamá y quedó ahí. No me sorprende. Ya sabemos quién es y no se le pueden pedir peras al olmo.
Julieta es delgada, usa el pelo largo y llegó al bar abrigada con un sacón de lana de color violeta. Ahora, sentada junto a Miradas al Sur en un entrepiso con paredes de madera, gesticula con las dos manos al hablar.
El corazoncito que lleva colgado del cuello le baila cuando se revuelve sobre la silla.
A los 23 años, tiempo después de haber terminado la secundaria en el progresista y palermitano Nicolás Avellaneda, se cargó una mochila al hombro y se fue a viajar por México con su pareja y su primer hijo en la panza. Se acercaba el fin del menemismo y ella necesitaba un rotundo cambio de aire. Sentía que acá algo estaba por explotar. A llá tenían techo y comida en la casa de la hermana de su padre, exiliada durante la dictadura. Julieta tocaba la batería y su novio el bajo. Durante un tiempo tiraron un paño con artesanías en plazas y parques. Más adelante, armaron una cuerda de percusión con la que vivieron momentos inolvidables. Luego, pusieron una sala de ensayo. “Estuvo muy bien la experiencia mexicana, me gusta viajar”, cuenta. “Pero en un momento me di cuenta que quería volver para conectarme con mi historia.” Pisó suelo argentino a comienzos del 2004. Manú ya tenía cuatro años. Ese mismo año entró a trabajar en la Defensoría del Pueblo de la Ciudad. Arrancó en el área de prensa y comunicación, con Oscar González, actual vicejefe de Gabinete de La Nación. “Fue él quien me motivó para que estudie fotografía”, detalla Julieta. Estudió fotoperiodismo en Argra y hoy es la encargada de lograr las imágenes institucionales de la Defensoría. A los pocos días de haber entrado a su nuevo trabajo, se realizó la histórica apertura de la Ex Esma. Ella quería ir pero no se animaba a pedir permiso. González llamó a la oficina y autorizó a todo el personal. “Era un día histórico y no daba para perdérselo”, recuerda. Ese mismo año se subió a un micro con destino a Jujuy. Por medio de un amigo se había acercado a la murga Los verdes de Monserrat , y casi sin conocerlos, no lo pensó dos veces. El viaje de los murgueros, que realizan todos los años, tenía un objetivo concreto: participar del homenaje que se hace todos los años a los obreros desaparecidos en el apagón del ingenio de Ledesma. En el viaje le contaron que el primer show de la murga había sido en el Club Atlético, el centro clandestino de detención y exterminio donde habían estado secuestrados sus padres. “Lo mío era el redoblante –aclara– no me daba para bailar.”
–El día que secuestran a tus viejos, ¿vos estabas ahí?
–Sí. Tenía cuatro meses. Fue el 2 de marzo de 1977. Fui reconstruyendo los hechos con mi familia. Vivíamos en un primer piso frente al Botánico, en Palermo. Estaba mi mamá, mi hermano mayor de cuatro años, mi bisabuela y yo. Una patota tiró la puerta abajo a eso de las ocho de la noche. Buscaban a mi papá. Como no estaba, lo esperaron. A nosotros nos encerraron en un cuarto. A mi mamá la esposaron y vendaron y también la guardaron en alguna parte de la casa. Los secuestradores eran muy jóvenes y estaban nerviosos, con miedo. En un momento uno de los tipos intercambió unas palabras con mi hermano, en tono confidente y cínico. Los hijos de puta le preguntaban cómo se llamaba. Cuando llegó mi papá lo tabicaron y se lo llevaron junto a mi mamá. Antes de irse, saquearon el departamento. Y nosotros, con mi hermano, tan chiquitos, vibrando toda esa mierda.
La historia completa del secuestro y posterior desaparición de su padre, Julieta la empezó a armar a los ochos años, cuando su madre la sentó y se la relató, mirándola fija a los ojos.
En 1984, María Fernanda Martínez Suárez declaró ante la Comisión Nacional sobre Desaparición de Personas (Conadep, legajo 2.781) que había estado detenida en una dependencia militar desde el 2 hasta el 4 de marzo de 1977.
Y veintinueve años después volvería a testimoniar detalles de su cautiverio en el juicio oral que se le siguió al represor Jorge Carlos Olivera Róvere. “Mi mamá hizo las denuncias en todos los lugares que se abrieron para hacerlas y siempre aportó su testimonio para la verdad y la justicia.” J ulio Enzo Panebianco, Rulo , había nacido y crecido en Lomas de Zamora. De chico formó parte de un grupo de boys scouts .
Cursando el colegio secundario decidió cambiar de tipo de organización y dio sus primeros pasos en la política al sumarse a la Unión de Estudiantes Secundarios (UES). Conoció a la madre de Julieta en una de las tantas unidades básicas que afloraban como hongos a comienzos de la década del ’70 en la ciudad. Cuando lo secuestraron, Julio tenía 22 años. Ya militaba en la JTP (Juventud Trabajadora Peronista) y trabajaba en la DGI. Un ex detenido del Club Atlético compartió celda con Julio Panebianco.
“Este hombre nos hizo llegar una carta”, cuenta Julieta, con los ojos vivaces y muy abiertos, “en la que contaba que a mi papá lo tiraron dentro de la celda a las tres de la mañana y que le habían dado con mucha saña y en todo el cuerpo”. La madre de Julieta, acurrucada en su celda, escuchó las torturas que sufría su marido.
–¿Cómo fue el tema del trabajo del Equipo Argentino de Antropología Forense (Eaaf) en el caso de tu papá?
–Los antropólogos identificaron restos humanos de un caso de un enfrentamiento fraguado por los milicos. Los estudios certificaron que mi viejo había estado ahí, por unas huellas dactilares, y de ahí surge el dato de que lo habían matado junto a otros tres militantes, arriba de un Citröen. Fue en Parque Patricios, el 18 de marzo del ’77.
Corría el año 2004 cuando el Eaaf realizó la exhumación de los restos de aquel enfrentamiento fraguado. El trabajo se realizó en el cementerio de Chacarita y los análisis fueron contundentes: los restos pertenecían a una mujer, y no a Julio, el padre de Julieta.
“No me movió un pelo que no hayan encontrado sus restos”, confiesa. “Si eran o no los restos de mi papá, a mi me daba lo mismo. Mi viejo estaba muerto desde el 18 de marzo del ’77, y de alguna manera me deja tranquila saber que su sufrimiento duró sólo catorce días.”
–¿Pensaste alguna vez que Legrand pudo salvar a tu papá?
–Nunca se me pasó por la cabeza reprocharle que no haya salvado a mi viejo. Se nota que la acusación hacia la conductora televisiva se refiere a su rol ante la sociedad entera y no ante su familia en particular.
Julieta no lo dice pero hay ahí un sentimiento muy especial: se sabe víctima de una masacre colectiva. No se trata de salvar individuos en particular, aunque sea su padre: se trata de un genocidio y del papel que jugó esa figura pública ante esa totalidad.
Julieta rescata algo positivo en las palabras de su tía abuela: “Al decirlo ella, hay mucha gente que se va a callar antes de decir pelotudeces sobre los desaparecidos.
Yo misma escuché a algunas personas afirmar que los desaparecidos estaban en Europa. No sé si lo creían o lo decían para provocar, pero hoy la verdad también la dice Mirtha Legrand y toda esa gente, espectadora de ese mundo de mierda, ya no tiene lugar para decir boludeces.
Que lo diga ella sirve para abrir la cabeza de los negadores. Y da cuenta también de que la verdad es innegable y que la lucha dio sus frutos”. Julieta hace una pausa para mojarse los labios con un trago de cerveza.
En lugar de retomar el hilo de la historia, prefiere condensarla en algunos papeles y fotos que saca de la cartera de hilo que tiene sobre las piernas. Ofrece los objetos en absoluto silencio. Un brazalete de cuero de la JP, una libreta de los campamentos a los que fue su papá con su grupo de exploradores, una foto en blanco y negro de Rulo , un carné que acredita su participación en el Operativo Dorrego formando parte de la JP, varias fotos de ella con su hermano, su mamá, su papá y su abuelo.
Julieta repite permanentemente que se siente muy conectada con su padre. Cuenta que hace algunos años se hizo una carta natal y que ahí le dijeron que había tres fechas claves en su vida. Dos ya habían pasado y la restante no.
En ese momento advirtió que las dos primeras tenían que ver con el año que su mamá le contó lo que había pasado con su padre y con el momento que supo que lo habían fusilado en un enfrentamiento fraguado.
La tercera fecha era mayo de 2010, y estaba acompañada por tres palabras: frutos, forma, orden. Se había olvidado de eso, hasta ahora. No fue exacta la fecha pero casi: mediando junio habló Legrand. Julieta saca la carta natal de la cartera, y la muestra. “Estoy terminando de armar el rompecabezas de mi papá, formando su historia.
Y me agarra en un momento especial. Estoy preparada para enfrentar todo esto, tengo cosas para decir”.
LA DESMEMORIA DE LA DIVA DE LOS ALMUERZOS
En septiembre de 1978 Mirtha Legrand decía en su almuerzo televisivo que había una campaña organizada contra la Argentina en el exterior. Acompañada por una joven Susana Giménez que argumentaba que eso se debía a “la falta de cultura”, Legrand se quejaba porque se atacaba a la Argentina desde Europa.
Y aseguraba que el problema era la falta de información. Sin embargo, Legrand sabía muy bien que no se trataba de una campaña orquestada ni mucho menos de una carencia de información, sino de voces que gritaban verdad. Lo sabía bien porque ella misma, un año antes, había intervenido en el secuestro y desaparición de su sobrina.
Por eso, el testimonio televisivo de la ex actriz del 15 de junio último provocó la reacción de periodistas, activistas por los derechos humanos y funcionarios, indignados por el silencio que la conductora mantuvo durante más de treinta años.
El jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, se quejó por “la familiaridad con la que hablaba de los peores como Videla y todos estos siniestros personajes del mal llamado Proceso”.
Y agregó: “No la veo preocupada por lo que estaba sucediendo en aquel momento porque los archivos la muestran de otra manera”.
Lo cierto es que Legrand podría ser llamada a declarar como testigo en la mega causa que investiga los delitos de lesa humanidad ocurridos en el área del Primer Cuerpo de Ejército, a cargo del juez Federal Daniel Rafecas.
El pedido lo presentó el abogado y periodista Pablo Llonto, representante legal de familias que actúan como querellantes en esa causa, reabierta por la Cámara Criminal Federal luego de que en agosto de 2003 el Congreso Nacional anulara las Leyes de Obediencia Debida y Punto Final
Proponen revisar la distinción a Mirtha Legrand
Para sacarle el lustre
Tras las declaraciones de Mirtha Legrand sobre la dictadura, el legislador Raúl Fernández propuso que se revise su designación como ciudadana ilustre.
“No entendemos cómo en todos estos años la señora no ha hecho una denuncia”, cuestionan a Legrand.
La Legislatura podría revisar la designación de ciudadana ilustre de Mirtha Legrand. La revisión fue solicitada por el diputado Raúl Fernández en la Comisión de Cultura del cuerpo, a partir de las declaraciones sobre la dictadura militar que la conductora de televisión hizo durante la emisión del martes 15 de junio. Ese día, Legrand dijo que una sobrina suya había sido secuestrada por el aparato represivo junto a su marido, y que ella misma había hecho gestiones para que fuera liberada. Según Fernández, la confesión de Mirtha Legrand revela que sabía lo que sucedía en el país. “No entendemos –dijo el diputado– cómo en todos estos años, sobre todo desde el regreso de la democracia, la señora no ha hecho denuncia judicial alguna o aportado elementos a la Justicia o a los distintos organismos de derechos humanos.” El proyecto de ley ya generó controversia.
Formalmente, la iniciativa de Fernández (Encuentro Progresista) debe pasar por la Comisión de Cultura, obtener un dictamen de mayoría ordinaria, y luego pasar al recinto. Pese a que no hay antecedentes, desde el despacho del diputado sostienen que para ser revocada la distinción deberá darse una mayoría especial, de cuarenta votos, porque ese mismo número requiere la designación de ciudadana ilustre.
Las declaraciones de Mirtha Legrand despertaron polémicas y distinto tipo de efectos. Familiares de víctimas de la última dictadura pidieron al juez federal Daniel Rafecas que la convoque a declarar ante la Justicia. Ahora, Fernández reclama que le sea quitado el título de ciudadana ilustre que recibió en diciembre de 2007.
“Cuando vi el video del programa me sacó de quicio –dice Fernández–. Ella contaba como una anécdota, triste pero una anécdota, el secuestro de su sobrina y que se había contactado con determinados personajes para zafar; más allá de lo que dijo, me molestó el tono, como si fuera una cosa más.” El legislador cuestiona que la conductora no haya dicho nada desde la recuperación de la democracia. Con ese argumento, abrió además el debate más de fondo sobre las obligaciones que deben cumplir quienes hayan sido declarados ciudadanos ilustres en la ciudad. “Entendemos que las conductas públicas deben reflejar el compromiso permanente para con los valores democráticos, los derechos, las garantías y el respeto por el orden constitucional.”
En su programa del 15 de junio, Mirtha Legrand contó que llamó a Albano Harguindeguy para pedirle por su sobrina. “Bueno, déme un tiempo, Mirtha, lo voy a averiguar, es muy difícil, muy difícil el caso”, contó que fue la respuesta del represor. Después aseguró que por esa gestión la sobrina fue liberada. “Gracias a que yo era conocida y famosa, pude salvarla, porque cuando la liberaron le dijeron: ‘Te salvaste porque sos la sobrina de Mirtha’”, dijo Legrand.
La presentación del proyecto probablemente abra un largo debate en la Legislatura. Fernández cree que será mas simple lograr el acuerdo en la comisión presidida por el socialista Raúl Puy, aunque intuye que le espera una larga discusión en el recinto.
Gabriela Alegre, presidenta de la Comisión de Derechos Humanos, fue quien promovió la designación de ciudadana ilustre de Estela de Carlotto, entre otros referentes de organismos de derechos humanos. El proyecto de Fernández, sin embargo, no la convence, pero de todos modos dice que debe ser parte de un debate complejo. “Creo que hay mucha hipocresía en el debate que generaron las declaraciones de Mirtha, que no es serio que estemos dedicando nuestro tiempo de trabajo legislativo a una cosa como ésta, más allá de que critico el posicionamiento de ella sobre la dictadura”. E indicó: “Todos conocíamos estos antecedentes cuando se votó su nombramiento y no los tuvimos en cuenta, ya sabíamos qué defendía y tendríamos que haberlo pensado”. Desde PRO, Cristian Ritondo adelantó que de momento “no pensamos acompañar ese proyecto”. Los próximos días marcarán el derrotero del debate.
Para sacarle el lustre
Tras las declaraciones de Mirtha Legrand sobre la dictadura, el legislador Raúl Fernández propuso que se revise su designación como ciudadana ilustre.
“No entendemos cómo en todos estos años la señora no ha hecho una denuncia”, cuestionan a Legrand.La Legislatura podría revisar la designación de ciudadana ilustre de Mirtha Legrand. La revisión fue solicitada por el diputado Raúl Fernández en la Comisión de Cultura del cuerpo, a partir de las declaraciones sobre la dictadura militar que la conductora de televisión hizo durante la emisión del martes 15 de junio. Ese día, Legrand dijo que una sobrina suya había sido secuestrada por el aparato represivo junto a su marido, y que ella misma había hecho gestiones para que fuera liberada. Según Fernández, la confesión de Mirtha Legrand revela que sabía lo que sucedía en el país. “No entendemos –dijo el diputado– cómo en todos estos años, sobre todo desde el regreso de la democracia, la señora no ha hecho denuncia judicial alguna o aportado elementos a la Justicia o a los distintos organismos de derechos humanos.” El proyecto de ley ya generó controversia.
Formalmente, la iniciativa de Fernández (Encuentro Progresista) debe pasar por la Comisión de Cultura, obtener un dictamen de mayoría ordinaria, y luego pasar al recinto. Pese a que no hay antecedentes, desde el despacho del diputado sostienen que para ser revocada la distinción deberá darse una mayoría especial, de cuarenta votos, porque ese mismo número requiere la designación de ciudadana ilustre.
Las declaraciones de Mirtha Legrand despertaron polémicas y distinto tipo de efectos. Familiares de víctimas de la última dictadura pidieron al juez federal Daniel Rafecas que la convoque a declarar ante la Justicia. Ahora, Fernández reclama que le sea quitado el título de ciudadana ilustre que recibió en diciembre de 2007.
“Cuando vi el video del programa me sacó de quicio –dice Fernández–. Ella contaba como una anécdota, triste pero una anécdota, el secuestro de su sobrina y que se había contactado con determinados personajes para zafar; más allá de lo que dijo, me molestó el tono, como si fuera una cosa más.” El legislador cuestiona que la conductora no haya dicho nada desde la recuperación de la democracia. Con ese argumento, abrió además el debate más de fondo sobre las obligaciones que deben cumplir quienes hayan sido declarados ciudadanos ilustres en la ciudad. “Entendemos que las conductas públicas deben reflejar el compromiso permanente para con los valores democráticos, los derechos, las garantías y el respeto por el orden constitucional.”
En su programa del 15 de junio, Mirtha Legrand contó que llamó a Albano Harguindeguy para pedirle por su sobrina. “Bueno, déme un tiempo, Mirtha, lo voy a averiguar, es muy difícil, muy difícil el caso”, contó que fue la respuesta del represor. Después aseguró que por esa gestión la sobrina fue liberada. “Gracias a que yo era conocida y famosa, pude salvarla, porque cuando la liberaron le dijeron: ‘Te salvaste porque sos la sobrina de Mirtha’”, dijo Legrand.
La presentación del proyecto probablemente abra un largo debate en la Legislatura. Fernández cree que será mas simple lograr el acuerdo en la comisión presidida por el socialista Raúl Puy, aunque intuye que le espera una larga discusión en el recinto.
Gabriela Alegre, presidenta de la Comisión de Derechos Humanos, fue quien promovió la designación de ciudadana ilustre de Estela de Carlotto, entre otros referentes de organismos de derechos humanos. El proyecto de Fernández, sin embargo, no la convence, pero de todos modos dice que debe ser parte de un debate complejo. “Creo que hay mucha hipocresía en el debate que generaron las declaraciones de Mirtha, que no es serio que estemos dedicando nuestro tiempo de trabajo legislativo a una cosa como ésta, más allá de que critico el posicionamiento de ella sobre la dictadura”. E indicó: “Todos conocíamos estos antecedentes cuando se votó su nombramiento y no los tuvimos en cuenta, ya sabíamos qué defendía y tendríamos que haberlo pensado”. Desde PRO, Cristian Ritondo adelantó que de momento “no pensamos acompañar ese proyecto”. Los próximos días marcarán el derrotero del debate.
FuentedeOrigen:Telam-Pagina12-AgCompañeros-MiradasalSur
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