Juicio ESMA:
Un testigo detalló el funcionamiento del ex centro clandestino
El testigo Martín Gras, actual secretario ejecutivo del Plan Nacional de Derechos Humanos, explicó en el juicio por la caula ESMA como funcionó la maquinaria de la ex Escuela, en la que se estima que estuvieron secuestradas más de 5.000 personas durante la última dictadura.
El testigo Martín Gras, actual secretario ejecutivo del Plan Nacional de Derechos Humanos, explicó en el juicio por la caula ESMA como funcionó la maquinaria de la ex Escuela, en la que se estima que estuvieron secuestradas más de 5.000 personas durante la última dictadura.“Un día no fui más Martín Gras. Era 808. Mi dueño, el teniente de navío Miguel Ángel Benazzi Berisso. Luego, fui caso del capitán Antonio Pernías, hasta el final de mi detención en la Escuela de Mecánica”.
Martín Gras, abogado y actual secretario ejecutivo del Plan Nacional de Derechos Humanos, testimonió hoy ante el Tribunal Oral Federal Nº 5 de la Capital, acerca de su vivencia como víctima del grupo de tareas 3.3.2 que actuó en la ESMA durante la última dictadura.
Gras detalló las actividades de los marinos y miembros de las fuerzas que actuaron en el centro clandestino de detención, en el que se estima que estuvieron secuestradas 5.000 personas, la mayoría aún desaparecidas.
El testigo, que fue apresado por el grupo de tareas en enero de 1977, permaneció en la Escuela casi dos años engrilletado y con los ojos vendados.
“El arma estratégica de guerra de la Marina fue la tortura. Los que practicaban los tormentos no lo sentían como una carga, era un premio, porque se les dejaba usar esa arma clave. El número de oficiales que torturaban en los interrogatorios era limitado”, explicó el funcionario.Además, Gras dijo que cada detenido estaba a cargo de un oficial, que en su caso fueron Benazzi Berisso y Pernías. “El objetivo era partirnos la voluntad. Todo tipo de actividad, beneficio, castigo, avance y retroceso eran objetivos arbitrarios del oficial a cargo. Ni siquiera había reglas para la supervivencia. No es cierto que los que traicionaban se salvaban. Había una negación enorme de derechos”.
El ex detenido relató como funcionaba el mecanismo por el cual los miembros de la fuerza decidían quiénes morían y quienes no. “Se hablaba de los traslados, y nos decían que los elegidos eran llevados a unos campos de recuperación en el sur. Pero nosotros veíamos que los días miércoles, día de traslados, los suboficiales trataban con mucha violencia a esos que iban a ser trasladados. Cuando me enteré que traslado era el eufemismo de vuelo de la muerte, me desmayé del miedo”.
Gras precisó: “El mecanismo era al revés de lo que se piensa. No se elegía a quien matar. Todos los martes se reunían los oficiales para discutir a quien no trasladaban. Quiere decir, que todos los secuestrados estaban automáticamente condenados a muerte al momento de entrar a la Escuela”.
El testigo dijo que todos los oficiales tenían el llamado “derecho a veto”, que consistía en pedir que se mantuviera vivo a un detenido. “Los oficiales con mayor jerarquía tenían más derecho a veto que los de menor rango”, explicó.
“Algunos oficiales se enorgullecían de haber planificado ese tipo de matanzas. De hecho, la llamaban ‘la solución naval’”, aseguró.
En tanto, Gras dijo que a través del tiempo la lógica y el sentido del centro clandestino cambió, gracias a uno de sus jefes, Jorge “el Tigre” Acosta.
“La ESMA comienza siendo un campo de exterminio. Luego, se vuelve un campo de trabajo. Acosta se dio cuenta de que entre los secuestrados había una gran capacidad política, falencia de la Armada que la mantenía como una segunda fuerza subordinada al Ejército. Acosta decide aprovechar esa capacidad y usar a los secuestrados como esclavos intelectuales”, dijo.
Gras precisó: “Se forma un grupo de prisioneros que constantemente estuvieron interactuando con los marinos. Acosta piensa que hay un proceso de recuperación, que están ganando la batalla ideológica y reconvirtiendo al enemigo”.
El testigo trabajó en la llamada pecera, donde se realizaban síntesis de prensa y análisis de las noticias. “Hasta redacté dos tesinas para oficiales de la ESMA. Soy el único civil que aprobó dos veces la Escuela de Guerra”, ironizó.
“Había una idea rara de lo que eran los Montoneros. Me llevaron a Mendoza, porque un teniente coronel me quería conocer. Estaba desesperado porque lo habían despromocionado. Le habían encargado conseguir ‘el contrato’, un supuesto documento firmado por (Mario) Firmenich, el máximo rabino de Israel y el secretario general del Partido Comunista. Yo reí y le dije que lamentablemente las copias estaban en el Kremlin. Todo era insólito”, dijo.
Los perfiles
Gras describió algunos de los perfiles de los oficiales que lo mantuvieron en cautiverio y que lo torturaron.
“Acosta es uno de los que me interrogó. Lo hizo vestido con bermudas y una toalla al cuello. Es que estaba practicando yachting y lo llamaron por mi interrogatorio. Mientras me torturaba, le contaban el estado de los vientos y jugaba con los hielitos del whisky”, contó.
Gras precisó: “Acosta era un pobre obsecuente que tenía miedo de que lo regresaran a trabajar en un barco”.
De Pernías, el ex detenido dijo que era muy respetado, porque era un excelente oficial a la hora de cumplir órdenes. “En una época, todos los posibles detenidos llegaban muertos a la Esma. Pernías logró que se los capturara vivos”.
Gras relató sobre Alfredo Astiz que “era considerado por sus pares como un hombre valiente y un gran jugador de rugby”.
Sobre el teniente de fragata Jorge Radice, Gras dijo: “Era un fanático de las armas de fuego y se jactaba de ser un buen cazador. Contó que lo habían echado del coto de caza de Bariloche por cazar a un ciervo rojo con una granada. Además, era el contador de los negocios sucios de (ex Almirante Emilo) Massera”.
También describió a Juan Carlos Rolón: “Era un hombre que temía por las consecuencias de lo que se estaba haciendo. Entendía la coyuntura internacional. Creo que hacía lo que hacía en la ESMA porque entendía que era su obligación”.
Fuente:SMC-SaladePrensa
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