"Jamás los voy a perdonar", dijo Zelmira Mireya Regazzoli en el juicio contra los represores pampeanos. Sus palabras fueron seguidas con gran expectativa por el público presente en la sala.
Miyi es hija del gobernador despuesto por el golpe del 24 de marzo del '76, José Aquiles Regazzoli. Fue detenida por el grupo de tareas de la Subzona 14. Desde hace varios años, sostiene públicamente la acusación contra el ex vicegobernador de su padre, Rubén Marín, y el entonces diputado nacional, el sindicalista Carlos Aragonés, de haber participado en la confección de "listas" que sirvieron para la represión. Se esperaba saber si ratificaba esas acusaciones en el testimonio de hoy.
"Me hicieron presenciar las torturas a (Raquel) Barabaschi. Se ensañaron con ella. Fue terrible. A estos buenos señores jamás los voy a perdonar", sostuvo al inicio de su testimonio sobre los represores. Nunca le pegaron. Pero la hicieron presenciar los tormentos a las otros detenidos. Durante la audiencia, miró a los acusados y disparó: "Han sido demasiados crueles". Algunos de ellos eran sus alumnos. "(Carlos) Reinhart tomaba wisky para darse fuerzas para torturar", recordó.
Por otro lado, dijo que "Marín y Aragonés socavaron el gobierno de mi padre". Es la primera vez que el nombre del ex vicegobernador y gobernador y del sindicalista piquense aparecen en el juicio.
Miyi ratificó que Marín y Aragonés la denunciaron como "guerrillera peligrosa"
Miyi Regazzoli declaró que los militares le mostraron una denuncia de civiles que la sindicaba como una "guerrillera peligrosa" como justificación para su detención bajo la Sub Zona 14. El papel tenía cinco firmas: entre ellas, las del entonces vicegobernador, Rubén Marín, y la del ex diputado nacional del PJ, Carlos Aragonés.
Las palabras de Regazzoli provocaron un murmullo en la sala. Miyi contó que cuando la liberaron, la llevaron al despacho del jefe de la Subzona 14, el coronel Fabio Iriart. "Ustedes se han equivocado conmigo. No sé por qué estoy detenida", le reclamó al uniformado. Segun el relato, Iriart sacó entonces del cajón derecho del escritorio un papel con el motivo de su detención. "Era un papel que decía que yo era una guerrillera peligrosa", recordó.
La denuncia tenía cinco firmas. Miyi dijo que una era la del entonces vicegobernador, Rubén Marín. Otra la del sindicalista piquense Carlos Aragonés, entonces diputado nacional del PJ que conspiraba contra el gobierno de su padre. También estaba la firma de Ricardo Telleriarte, quien después fue gobernador de facto. Las otras dos firmas eran la de una mujer vinculada a Regazzoli, María Elena Torales, y otra persona de apellido Del Blanco.
Un médico confirmó que una torturada entró "desfigurada" al hospital
"Me hicieron presenciar las torturas a (Raquel) Barabaschi. Se ensañaron con ella. Fue terrible. A estos buenos señores jamás los voy a perdonar", sostuvo al inicio de su testimonio sobre los represores. Nunca le pegaron. Pero la hicieron presenciar los tormentos a las otros detenidos. Durante la audiencia, miró a los acusados y disparó: "Han sido demasiados crueles". Algunos de ellos eran sus alumnos. "(Carlos) Reinhart tomaba wisky para darse fuerzas para torturar", recordó.
Por otro lado, dijo que "Marín y Aragonés socavaron el gobierno de mi padre". Es la primera vez que el nombre del ex vicegobernador y gobernador y del sindicalista piquense aparecen en el juicio.
Miyi ratificó que Marín y Aragonés la denunciaron como "guerrillera peligrosa"
Miyi Regazzoli declaró que los militares le mostraron una denuncia de civiles que la sindicaba como una "guerrillera peligrosa" como justificación para su detención bajo la Sub Zona 14. El papel tenía cinco firmas: entre ellas, las del entonces vicegobernador, Rubén Marín, y la del ex diputado nacional del PJ, Carlos Aragonés.
Las palabras de Regazzoli provocaron un murmullo en la sala. Miyi contó que cuando la liberaron, la llevaron al despacho del jefe de la Subzona 14, el coronel Fabio Iriart. "Ustedes se han equivocado conmigo. No sé por qué estoy detenida", le reclamó al uniformado. Segun el relato, Iriart sacó entonces del cajón derecho del escritorio un papel con el motivo de su detención. "Era un papel que decía que yo era una guerrillera peligrosa", recordó.
La denuncia tenía cinco firmas. Miyi dijo que una era la del entonces vicegobernador, Rubén Marín. Otra la del sindicalista piquense Carlos Aragonés, entonces diputado nacional del PJ que conspiraba contra el gobierno de su padre. También estaba la firma de Ricardo Telleriarte, quien después fue gobernador de facto. Las otras dos firmas eran la de una mujer vinculada a Regazzoli, María Elena Torales, y otra persona de apellido Del Blanco.
Un médico confirmó que una torturada entró "desfigurada" al hospital

Américo Taborda contó que vio a Ana María Martínez con signos de haber recibido tormentos. No recordó el nombre del profesional que la atendió.
Taborda iba a ser sólo parte del público del juicio por la Subzona 14, pero el día en que fue a anotarse hizo saber que de alguna manera había sido testigo del estado de salud de una de las víctimas, Ana María Martínez.
Este martes ratificó ante el Tribunal que, posiblemente en el verano previo al golpe de Estado (no recordó la fecha con precisión) estaba en el hospital cuando se supo del ingreso de la mujer.
Él la había conocido 3 o 4 meses antes, en una reunión de amigos, "pero cuando la vi en la sala de Rayos me encontré con otra persona, estaba desfigurada. Tenía hematomas en toda la cara, no pude cruzar palabra; en el estado que venía y por los tiempos violentos que se corrían, era una torturada. No se me ocurrió pensar que fuera un accidente", completó.
Torroba era pediatra del Molas y por eso no intervino en la atención de la mujer, que fue derivada a Tocoginecología. Torroba, en una intervención final a su pedida, recordó -como refiriéndose a otros profesionales médicos que saben más datos sobre estos temas- que "hay otras personas que debieran testimoniar".
Taborda iba a ser sólo parte del público del juicio por la Subzona 14, pero el día en que fue a anotarse hizo saber que de alguna manera había sido testigo del estado de salud de una de las víctimas, Ana María Martínez.
Este martes ratificó ante el Tribunal que, posiblemente en el verano previo al golpe de Estado (no recordó la fecha con precisión) estaba en el hospital cuando se supo del ingreso de la mujer.
Él la había conocido 3 o 4 meses antes, en una reunión de amigos, "pero cuando la vi en la sala de Rayos me encontré con otra persona, estaba desfigurada. Tenía hematomas en toda la cara, no pude cruzar palabra; en el estado que venía y por los tiempos violentos que se corrían, era una torturada. No se me ocurrió pensar que fuera un accidente", completó.
Torroba era pediatra del Molas y por eso no intervino en la atención de la mujer, que fue derivada a Tocoginecología. Torroba, en una intervención final a su pedida, recordó -como refiriéndose a otros profesionales médicos que saben más datos sobre estos temas- que "hay otras personas que debieran testimoniar".
La ex estudiante de la Universidad Tecnológica de General Pico, Raquel Barabaschi al finalizar su testimonio dijo “declaré por los 30 mil desaparecidos, los que no pudieron cumplir sus sueños y los estudiantes que no terminaron sus carreras”. Declaró durante más de dos horas y cuarto. Identificó a Carlos Reinhart, Oscar Yorio, Luis Baraldini, Roberto Fiorucci, Omar Aguilera y Roberto Constantino como sus torturadores.
“Sentí que me moría”, al hablar de las torturas. Durante su declaración, miró a los acusados a los ojos en varios pasajes de la audiencia.La defensora Carina Salvay largó en llanto cuando escuchó las palabras de Barabaschi.Dijo que la secuestraron en Pico. Y la llevaron por un camino de tierra. Cuiando pregunto porqué, los captores dijeron que ‘tenían temor a una célula guerrillera’. Describió a Reinhart porque conocía “la voz de pito, el olor y la respiración”. Barabaschi estuvo detenida en diciembre de 1975, luego de la toma de la Universidad Tecnológica de General Pico, en la que estudiaba. De este incidente, recordó que un fotógrafo del diario La Reforma, “Chito” Verga, la perseguía “por todos lados” para sacarles fotos a los estudiantes.Su relato fue con lujo de detalles. Describió la vestimenta de Reinhart cuando la interrogaba. “Pantalón azul y camisa celeste”, dio. Le leía su interrogador, una lista con los nombres de compañeros y militantes, quienes eran los que iban a ser detenidos. No le dijo quien le habia dado la lista.Pudo identificar a varios de sus torturadores. Fue porque estuvo detenida hasta el año 1979. Y además porque preguntó a las víctimas y a las celadoras de sus victimarios.
De otro acusado, Néstor Cenizo, era compañero de un amigo de Winifreda. Como una anécdota, relató que estuvieron juntos en su casa, la de Barabaschi, compartiendo mate y torta fritas.Contó otros incidentes, que mostró la perversidad de los torturadores. “Dejala que es tortillera”, dijo uno de sus torturadores cuando otro le había quitado la camisa, el corpiño y la empezó a manosear después de bajarle los pantalones. Esas palabras las relacionó a que en diciembre de 1975, fue detenida en la casa de una compañera en Santa Rosa, mientras estaban durmiendo, con poca ropa, una calurosa noche de verano. “Creo que por eso no me violaron. Eran homofóbicos”, dijo.Y el otro hecho, cargado de sadismo, ocurrió también en una sesión de tortura. Recién lo contó cuando lo escuchó por un amigo, a quien se lo confesó uno de los victimarios de Barabaschi, Oscar Yorio, el ex gerente de laCámara de Comercio de Santa Rosa hasta hace pocos años. “Una vez, como no me dejaban ir al baño, me hice encima mientras me torturaban. Y empezaron a usar la orina para la picana”, confesó. Esto se lo contó un amigo, porque Yorio se lo relató, cargado de alcohol.
Al final de su testimonio, por primera vez en el juicio, el público aplaudió de pie durante varios minutos.
“Sentí que me moría”, al hablar de las torturas. Durante su declaración, miró a los acusados a los ojos en varios pasajes de la audiencia.La defensora Carina Salvay largó en llanto cuando escuchó las palabras de Barabaschi.Dijo que la secuestraron en Pico. Y la llevaron por un camino de tierra. Cuiando pregunto porqué, los captores dijeron que ‘tenían temor a una célula guerrillera’. Describió a Reinhart porque conocía “la voz de pito, el olor y la respiración”. Barabaschi estuvo detenida en diciembre de 1975, luego de la toma de la Universidad Tecnológica de General Pico, en la que estudiaba. De este incidente, recordó que un fotógrafo del diario La Reforma, “Chito” Verga, la perseguía “por todos lados” para sacarles fotos a los estudiantes.Su relato fue con lujo de detalles. Describió la vestimenta de Reinhart cuando la interrogaba. “Pantalón azul y camisa celeste”, dio. Le leía su interrogador, una lista con los nombres de compañeros y militantes, quienes eran los que iban a ser detenidos. No le dijo quien le habia dado la lista.Pudo identificar a varios de sus torturadores. Fue porque estuvo detenida hasta el año 1979. Y además porque preguntó a las víctimas y a las celadoras de sus victimarios.
De otro acusado, Néstor Cenizo, era compañero de un amigo de Winifreda. Como una anécdota, relató que estuvieron juntos en su casa, la de Barabaschi, compartiendo mate y torta fritas.Contó otros incidentes, que mostró la perversidad de los torturadores. “Dejala que es tortillera”, dijo uno de sus torturadores cuando otro le había quitado la camisa, el corpiño y la empezó a manosear después de bajarle los pantalones. Esas palabras las relacionó a que en diciembre de 1975, fue detenida en la casa de una compañera en Santa Rosa, mientras estaban durmiendo, con poca ropa, una calurosa noche de verano. “Creo que por eso no me violaron. Eran homofóbicos”, dijo.Y el otro hecho, cargado de sadismo, ocurrió también en una sesión de tortura. Recién lo contó cuando lo escuchó por un amigo, a quien se lo confesó uno de los victimarios de Barabaschi, Oscar Yorio, el ex gerente de laCámara de Comercio de Santa Rosa hasta hace pocos años. “Una vez, como no me dejaban ir al baño, me hice encima mientras me torturaban. Y empezaron a usar la orina para la picana”, confesó. Esto se lo contó un amigo, porque Yorio se lo relató, cargado de alcohol.
Al final de su testimonio, por primera vez en el juicio, el público aplaudió de pie durante varios minutos.

Un grupo de manifestantes realiza esta mañana una marcha y concentración en las afueras del Colegio de Abogados para apoyar el histórico juicio que se le sigue a nueve represores pampeanos acusados de delitos de lesa humanidad. Desde mediañana se concentraron allí en reclamo de que se haga justicia. . "Esta justicia que hoy juzga a estos siniestros represores es la misma que desaloja campesinos, centros culturales, reprime movilizaciones", señalaron en un comunicado los organizadores. "La idea es hacer una radio abierta, olla popular, murga, pintada de banderas y cualquier tipo de expresión que aporte a esta causa. El juicio este va para largo, y no vamos a poder estar todos los días, por eso entre un grupo de compañeros, que estuvimos en la marcha del lunes, propusimos elegir un día a la semana y realizar algún tipo de actividad", explicaron los organizadores en un comunicado. "Es indispensable la movilización popular para que desde adentro escuchen, traspasando vallas y decenas de uniformados, el grito popular que exige justicia", remataron.
FuentedeOrigen:www.diariodelapampa.com.ar
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Fuente:Agndh
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