Aniversario
Diez años de jornada continental contra el ALCA
Publicado el 10 de Abril de 2011
Por Julio Piumato
Secretario de Derechos Humanos de la CGT.
El ALCA murió en diciembre de 2005. El grito de libertad retumbó en toda América. Desde el estadio mundialista, Chavéz franqueado por Maradona hizo grito la frase que cuatro años antes habían alzado como estandarte los trabajadores argentinos, en la Plaza de Mayo, liderados por Hugo Moyano: ¡Alca...rajo!
La CGT consecuente con la lucha contra el modelo económico capitalista y salvaje –que llevó a la Argentina a la situación de absoluta miseria y desprotección en que se encuentra–, hoy convoca a los trabajadores y al pueblo argentino a manifestarse contra este nuevo atropello a nuestro pueblo y a la Patria. El ALCA es un proyecto de subordinación a las necesidades de un solo país: los EE UU, que hace realidad un viejo sueño imperialista que inmortalizara hace casi dos siglos el presidente Monroe con su frase ‘América para los (norte)-americanos’. Por ello, las oscuras negociaciones que vienen llevándose a cabo desde hace meses, se hacen a espaldas del nuestro y de todos los pueblos del continente. Es la culminación del modelo neoliberal, que fundió nuestras economías y ahora pretende acabar con nuestras identidades, nuestros sueños y nuestras banderas. Por ello, quienes desde la usura financiera, el FMI y los grandes grupos monopólicos vienen esquilmando las riquezas del país y del continente, quienes fabricaron una deuda externa fraudulenta que sólo usufructuaron ellos, hoy quieren culminar su obra acabando con lo que queda. Los argentinos decimos no. Como enfrentamos al modelo, en la época de dictadura genocida de 1976, o durante el régimen de Menem-Cavallo, hoy lo hacemos con quienes lo continúan y profundizan: De la Rúa, Álvarez y Cavallo. Una triple Alianza siempre contra el pueblo. Los argentinos, como nuestros hermanos americanos tenemos vocación de integración. Nació con nuestros grandes patriotas: San Martín, Bolívar, Martí, Zapata. Todos pensaron nuestro destino común en una Patria Grande que potenciara nuestras virtudes y superara nuestras debilidades. Desde nuestra identidad nacional –que hoy pretenden diluir los mentores del modelo– comenzaremos a construirla no sin antes salir de este engendro neoliberal y derrotar a quienes nos quieren mandar ALCA...RAJO.”
Con este comunicado de prensa la “CGT que lucha” convocaba al Acto contra el ALCA a Plaza de Mayo, instalando la Consigna “ALCA...RAJO” como síntesis del sentimiento de los trabajadores argentinos. Por entonces, veníamos de una larga resistencia al modelo neoliberal que avanzaba arrasando la riqueza de la patria y de todos los argentinos.
El gobierno de la Alianza, lejos de cumplir las expectativas de cambio de la mayoría del pueblo, profundizaba el modelo neoliberal instalado brutalmente en los ’90 con Menem-Cavallo. Desde diciembre de 1999, De la Rúa hacía oídos sordos a los reclamos que desde Hugo Moyano hasta Raúl Alfonsín lo hacía para salir ordenadamente de una Convertibilidad que nos ahogaba, y se entregaba dócil y gustoso a las políticas del FMI ahondando el ajuste, el endeudamiento y la corrupción.
Así llegaron en 2000:
a) El impuestazo a los sectores medios (“la Tablita Machinea”).
b) El Nuevo Proyecto de Flexibilización Laboral que avanzaba sobre le Derecho Colectivo del Trabajo, sancionado con represión, sobornos y conocido como Ley Banelco (luego derogada por Néstor Kirchner en una de las primeras leyes enviadas al Congreso en 2003).
c) Las rebajas salariales a jubilados y empleados estatales, que llevaban entonces diez años de sueldos congelados.
d) Las negociaciones espurias con el FMI, que agrandaban la deuda externa asfixiante en forma exponencial.
e) En marzo de 2001, el regreso de Cavallo que marcaba una inexorable continuidad hacia el abismo.
En ese marco y con una América Latina asaltada por las políticas neoliberales, desde 1995 se dio inicio al ALCA (Alianza Libre Comercio de las Américas) que constituía para América Latina –parafraseando a FORJA– un virtual “Estatuto Legal del Coloniaje”, como para nuestro país constituyó aquel famoso Pacto “Roca-Runciman”, con Gran Bretaña en la primera Década Infame allá por los años ’30.
El ALCA constituía la coronación del proyecto colonizador de los EE UU en el marco del Consenso de Washington y siguiendo a pie juntillas la Doctrina Monroe de 1824 – “América para los (norte)americanos”–. El ALCA era la continuación del NAFTA (Tratado de libre comercio para América del Norte) que incluía Canadá, EE UU y fraccionaba México en dos, pues sólo su parte norte se integraba al mismo. Esto es demostrativo de que el interés de los EE UU no respetaba ni la soberanía nacional de sus miembros. El NAFTA, bueno es recordar, para la Central de Trabajadores de Canadá, ya por aquel año 2000, “sólo había aumentado exponencialmente la cantidad de hombres y mujeres que dormían en las plazas y en los lugares públicos” de ese país.
El NAFTA se continuaría con el Tratado Puebla-Panamá donde el “librecomercio” alcanzaría a la otra mitad de México y a Centroamérica, para concluir (así estaba pensado) en 2005 con la instauración del ALCA en todo el continente.
El ALCA fija un cronograma a partir de su puesta en marcha con agenda preparatoria desde 1995 que debía culminar con la firma del “Tratado”, en Mar del Plata en 2005.
En esa agenda, distintas reuniones de presidentes, ministros de Economía y/o negociadores de los países miembros irían hilvanando los “acuerdos” que culminarían en el tratado que repito, enterraría la soberanía de las Naciones.
La característica era que los contenidos debían estar a resguardo del conocimiento de los pueblos. Eso es porque, sometidos y todo como estaban, para los EE UU era claro que, de conocerse con precisión sus alcances, generaría reacciones de todos los países miembros. En esta tarea cumplieron esencial papel los multimedios de comunicación empresariales (en nuestro país La Nación y Clarín entre otros) nucleados en la SIP que elogiaban al ALCA deformando la realidad y la forma en que los países entregarían su soberanía, su capacidad de decisión, su legislación y hasta su sistema judicial a este ente supranacional. Ente cuyo objetivo celosamente custodiado y mantenido en secreto era “garantizar la libre circulación de los capitales en todos los países miembros sin ningún tipo de ataduras ni condicionamientos”. En tiempos de las dictaduras financieras y del reinado del FMI sabemos lo que ello significaba.
Así llegamos, luego de las protestas en ocasión de la ronda de Quebec de 2000, a un encuentro de ministros de Economía de los países americanos desfavorable, pues sólo Cuba y la República Bolivariana de Venezuela, con la asunción de Hugo Rafael Chávez Frías en 1998, trazaban un camino centrado en la soberanía de los pueblos.
Los trabajadores de las Centrales Sindicales Americanas definieron una Jornada Continental contra el ALCA en la Argentina, por el carácter antiemperalista del pueblo argentino, del peronismo y de los trabajadores (más allá de las claudicaciones de algunos sectores en los ’90), que garantizaban, a pesar de las campañas de desinformación, un repudio superlativo, acompañado por actividades en los demás países. La división de la dirigencia sindical argentina hizo que el repudio se expresara en tres actos sindicales, que fueron acompañados de un sinfín de foros organizados en facultades y locales sindicales y sociales donde se generaban importantes debates con informaciones esclarecedoras sobre lo ignorado hasta entonces del futuro tratado. Mas allá de eso, la intuición del pueblo argentino y la reacción a la desinformación, daba dimensión del objetivo perseguido: blindar la dependencia económica.
Con matices, todo el arco sindical argentino repudió al ALCA. Así el 5 de abril de 2001, la CGT oficialista (de Rodolfo Daher) realizaba un acto en local cerrado (Obras Sanitarias), la minoritaria CTA de De Gennaro, una Marcha al Palacio San Martín el día 6, como el acto numéricamente más importante realizado en la Plaza de Mayo con palco en el Cabildo donde la CGT que lucha con las palabras de Hugo Moyano y la consigna ¡ALCA...RAJO!, reiteró el rechazo a las políticas neoliberales que hambreaban por entonces al pueblo argentino y a los instrumentos de su profundización como el ALCA.
Desde entonces, si bien los gobiernos dóciles y cipayos continuaron los pasos para arribar a 2005 a la firma del tratado, la resistencia ya plasmada en las calles fue creciente. Pero esa resistencia al neoliberalismo trajo pronto cambios trascendentes en la región como las Asunciones de Lula a la Presidencia de Brasil en enero de 2003 y la anticipada de Néstor Kirchner, aquí, el 25 de mayo de ese mismo año. Ya Chávez no estaba tan aislado.
Lo demás es más reciente. En diciembre de 2005 llegó Bush secundado por Fox y la mayoría de los gobiernos de los países del continente a terminar lo comenzado diez años antes pensando acabar con la soberanía de los “Pueblos de la América Morena”, al decir de Bolívar.
Nuestro presidente, Néstor Kirchner asumió como anfitrión y, como heredero de Perón, la responsabilidad de dar pelea, como San Martín en Maipú, Bolívar en Carabobo y Sucre en Ayacucho. La independencia de nuestros pueblos estaba en juego. Y otra vez como entonces, el Imperio no pudo con la decisión de Néstor que, junto al acompañamiento de Chávez y Lula torcieron la pretensión imperial y escribieron una página memorable en la historia de nuestros pueblos.
El ALCA murió en esa ciudad bañada por el Océano Atlántico. Desde esas playas tibias de diciembre de 2005 el grito de libertad retumbó en toda América. Horas más tarde, desde el estadio mundialista, Chavéz franqueado por Diego Maradona hizo grito, con un estruendo liberador que recorrió todo el continente, la frase que cuatro años antes habían alzado como estandarte los trabajadores argentinos, en la Plaza de Mayo, liderados por Hugo Moyano: ¡ALCA...RAJO!
Fuente:TiempoArgentino

No hay comentarios:
Publicar un comentario