Placas para no olvidar el horror
Año 3. Edición número 151. Domingo 10 de abril de 2011
Por M. Abrevaya Dios y R. Dios
El Estado argentino continúa con el trabajo de la reparación histórica. Las políticas públicas de memoria, verdad y justicia tocaron ahora el corazón de las Policía Federal, primero, y al otro día el de la Bonaerense. Desde el jueves pasado se puede apreciar en la fachada de la Superintendecia de Seguridad Federal (ex Coordinación Federal), sobre la calle Moreno 1417, la señalización de esa dependencia como un centro clandestinos de detención y exterminio (Ccde) donde estuvieron secuestrados centenares de detenidos-desaparecidos antes y después del golpe cívico-militar del ’76. Y la mañana del viernes, se realizó otro acto de señalización, pero en la comisaría 1ª de Tigre, que también funcionó como Ccde. Es la primera vez que se señalizan dependencias de la policía.
Ya desde los años sesenta, y en especial desde el momento que Juan Carlos Onganía usurpara el poder en 1966, la Coordina, como la llamaban los militantes populares, se transformó en el centro operativo y neurálgico de la represión en la Ciudad de Buenos Aires. Con el surgimiento de la Triple A en 1974, y sobre todo a partir del plan de exterminio implementado por las fuerzas armadas en marzo del ’76, la Federal puso a disposición del Estado asesino la logística y estructura del edificio para torturar y alojar detenidos.
A través de decenas de testimonios recogidos por la Conadep en el libro Nunca Más, quedó demostrado que el Ccde funcionó, en la gran mayoría de los casos, como lugar de tránsito de los detenidos. Era en el tercer piso del edificio que la policía, de uniforme, mantenía secuestrados de los detenidos. Después de traspasar una pesada puerta de rejas que iba desde el piso hasta el cielorraso, había dos jaulones de grandes proporciones, una para varones y otra para mujeres. La guardia contaba con una oficina, un baño y una cocina. Y a ambos lados de un pasillo que en el fondo tenía una cruz esvástica, había dos hileras de celdas. Allí pasaban las horas los secuestrados, con un tabique sobre los ojos, las manos y pies esposados, sin comer y destrozados por la tortura.
Las patotas mandaban en el tercer y cuarto piso del edificio, que todavía hoy mantiene casi sin variantes su antigua estructura, según se comprobó el 18 de julio de 2008, cuando los funcionarios del Archivo Nacional de la Memoria hicieron una inspección ocular junto a sobrevivientes y el juez federal Daniel Rafecas. Días después, el 24 de junio, la agrupación H.I.J.O.S. realizó un ruidoso escrache a una cuadra de Coordinación Federal, ya que la Federal les cercó el paso.
El 2 de julio de 1976, la agrupación Montoneros voló parte del comedor del edificio, por medio de un militante que había logrado infiltrarse en la policía. La respuesta fue atroz y en concordancia con la lógica de un Estado terrorista: el traslado y voladura (con dinamita) de los cuerpos de por lo menos treinta detenidos, el 20 de agosto de 1976, ejecución masiva que pasaría a la historia como “la masacre de Fátima”, en Pilar. El 11 de julio de 2008, y en el marco del juicio en el que se investigó justamente aquella masacre, el Tribunal Oral Federal Nº5 consideró probado el funcionamiento del campo de concentración de la calle Moreno, y condenó, a prisión perpetua, a los ex policías Juan Carlos Lapuyole y Carlos Gallone. Durante esa jornada, sin embargo, se absolvió a Miguel Ángel Trimarchi, a quien no se le pudo probar su participación en los hechos, pero que los sobrevivientes apuntaban como uno de los mentores y ejecutores más temidos dentro del edificio de la Federal.
Así lo confirma Fátima Cabrera, que estuvo secuestrada en Coordinación Federal y que el jueves participó del acto de la señalización junto a sus tres hijos. Los cuatro estaban visiblemente emocionados. A Fátima la metieron por la fuerza en ese mismo edificio el 11 de octubre de 1976, y estuvo secuestrada veinte días junto al entonces sacerdote irlandés Patrick Rice, un militante que lucharía por la vigencia irrestricta de los derechos humanos durante toda su vida, y a quien Fátima elegió como compañero y padre de sus hijos. Cabrera le dijo a Miradas al Sur que “así como para la Armada la Esma es el símbolo de la represión ilegal, para la Policía Federal lo es Coordinación Federal. Funcionaba como una central del espionaje. Era siniestro”.
La placa en la ex Coordinación Federal la colocó en conjunto el Ministerio de Seguridad con la Red Federal de Sitios de Memoria, que depende de la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación. La ministra Nilda Garré dijo que con la señalización de edificios de fuerzas de seguridad “se destaca el relato suprimido en cada lugar donde la última dictadura militar implementó un núcleo de aplicación del terror y se intenta que cada uno de esos rincones sea hoy una ocasión para recuperar la memoria”. El viernes, en representación de la Comisión por la Memoria, la Verdad y la Justicia de Zona Norte, Raquel Witis se esperanzó en que “los que pasen por este lugar y los que trabajan en esta comisaría no sean indiferentes a este cartel, que piensen en esos obreros que pasaron por aquí”, en referencia a los operarios de la Ford secuestrados por la dictadura.
Fuente:MiradasalSur

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