15 de junio de 2011

COSTA RICA.

martes 14 de junio de 2011
La debilidad del progresismo en Costa Rica
Por Luis Paulino Vargas Solís 
Vuelvo con el tema, que ya en mi anterior artículo (¿Progresismo en Costa Rica? (1)) intenté discutir brevemente.

Empiezo reiterándome en un punto: la naturaleza compleja de ese colectivo que llamamos “progresismo en Costa Rica”. Ahí se entrecruzan distintas adscripciones de clase, variadas tradiciones políticas y distintos universos culturales. De ahí que, al mirar una u otra faceta de ese progresismo, se nos dibujen paisajes disímiles.

Si lo observamos desde el discurso nacionalista (patriótico) y la reivindicación económica y ambiental, encontramos un movimiento relativamente bien configurado y compactado alrededor de la defensa del patrimonio natural e institucional de Costa Rica. Si lo llevamos al terreno de la propuesta sobre democracia y política, el progresismo se desdibuja en parte, y sufre cierto desmembramiento que oscila -con diversos matices- alrededor de dos posiciones polares: la reivindicación estricta de la democracia participativa y la descentralización de decisiones, por un lado, frente a quienes sostienen la presunta necesidad de una dirección centralizada y autoritaria.

Si miramos las posiciones que se expresan en relación con cuestiones políticas internacionales o mundiales, el paisaje cambia de nuevo y las posiciones se redefinen: experiencias como la venezolana o la cubana suscitan variados desacuerdos, las relaciones con Estados Unidos admiten diversas valoraciones, el imperialismo resulta en si mismo un concepto que suscita polémica, etc.

Por su parte, lo cultural hace que el paisaje del progresismo se decolore y desdibuje hasta hacerse casi irreconocible: el género suscita una adhesión retórica, siempre que no evolucione como un discurso feminista crítico, el cual es mirado con desconfianza y aprensión; las juventudes quedan atrapadas en una densa red de prejuicios y visiones adultocéntricas; la diversidad sexual provoca escándalo, cuanto no verdadero terror.

De por medio tenemos una dificultad importante: la de intentar reconocer como actor socio-político y cultural, a un colectivo cuyo tamaño y forma cambia según sea el criterio desde el cual lo observemos. Lo cual también advierte acerca de dos cosas: la dificultad para que ese progresismo logre articular un proyecto político que lo unifique y, en todo caso, las limitaciones que, hasta en el mejor de los casos, tendría ese proyecto. Algunos asuntos se incorporaran de forma relativamente fluida. Otros generarán grados variables de tensión. Y no es descabellado que algunos más queden fuera. El resultante será un proyecto con limitaciones desde el punto de vista de su sustancia democrática y su capacidad inclusiva.

Si el TLC logró convocar la unidad de este complejo progresista fue posiblemente porque tocaba el corazón mismo de sus preocupaciones en lo económico y ambiental y en relación con su fuerte vena nacionalista. La fraudulenta derrota en el referendo de octubre 2007, marca un punto de quiebra a partir del cual, de forma gradual pero irrefrenable, el progresismo va deslizándose cuesta abajo. Sigue pendiente la reflexión acerca de los factores detrás de ese proceso de retroceso, pero es algo en lo que posiblemente ha incidido el fuerte peso de lo electoral en la cultura política dominante en Costa Rica, así como el estilo de los liderazgos más influyentes, en cuanto estos se alimentaban de ese mismo electoralismo. Lo electoral propició la dispersión detrás de banderas partidarias particulares, y, a su vez, los liderazgos partidarios creyeron que ahí estaba la fuente de la cual alimentarse.

Hoy el progresismo costarricense luce inarticulado y carente de poder de convocatoria. Los resultados electorales de febrero 2010 lo ratificaron, pero ello también se observa en la debilidad de las respuestas que se generan frente a diferentes problemáticas, incluso cuando estas atienden a esos factores económicos, ambientales y nacionalistas que parecen constituir su motivación central.

En ese marco se gestó la coalición parlamentaria en la que los partidos que normalmente aparecen identificados como del campo progresista –el PAC y el Frente Amplio- entran en coalición con partidos generalmente reconocidos como de derecha (Libertarios) y centro derecha (el PUSC) así como con un partido de adscripción sectorial, incierta ideología y muy conservador en lo moral (el PASE). Así, un sector de ese progresismo –aquel situado en los partidos políticos- hace explícito reconocimiento de la fragilidad de su posición y entra en un entendimiento motivado por razones principalmente negativas: frenar el proceso de saqueo patrimonial e institucional emprendido por el Partido Liberación Nacional y poner algún dique frente a la correntada con que este avasalla la institucionalidad democrática.

La coalición propone varios proyectos de ley que serían impulsados de forma conjunta. Se supone que ello construye algo como una especie de “agenda de consenso”, pero no es difícil advertir que esta tan solo define un mínimo: aquel que le presta un traje decente, pero muy precario, a una coalición entre partidos que son portadores de proyectos políticos e intereses disímiles y a veces francamente contrapuestos. La razón de fondo que sostiene esto sigue siendo la de frenar el saqueo emprendido por el PLN. Y, sin embargo, conviene reconocer que, al menos en perspectiva de corto plazo, esa es una motivación sobradamente meritoria.

Tal parece ser la realidad actual del progresismo en Costa Rica: su estado de postración lo obliga a entenderse con quienes hasta apenas ayer estaba enfrentado. No creo que esto sea oportunismo; es más bien instinto de sobrevivencia. Y siendo tal su realidad, su lucha tiende a enfocarse en lo más perentorio y urgente: detener, en cuanto sea factible, la completa devastación. O bien, y retornando al símil biológico: impedir la total extinción.

Por ahora, es válido y necesario. Que Ottón Solís no lo entienda nos dice acerca de las graves limitaciones de su liderazgo, ya totalmente agotado.

Es difícil saber que implicaciones pueda tener esto a mediano y largo plazo para el progresismo, pero justo por ello se hace necesario un seguimiento meticuloso a los procesos en marcha.

Nota:
1) http://www.argenpress.info/2011/05/progresismo-en-costa-rica.html
Fuente:Argenpress

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