Homenaje a pediatras desaparecidos durante la dictadura
Congreso del Centenario. Septiembre de 2011
La SAP cumple 100 años.
Si realizamos un recorrido histórico por todo lo que sucedió en la pediatría, en todo el país, en los últimos 100 años, en ese recordar encontraremos acontecimientos auspiciosos y felices, pero también períodos oscuros y trágicos que muchas veces hemos preferido olvidar, y que también hacen a nuestro hoy como pediatras.
Uno de los períodos más dramáticos de la historia Argentina, que afectó nuestras vidas y nuestra idea de país para siempre, fueron los años de la última dictadura militar, y el período inmediato que le precedió.
Durante esos años desaparecieron, o fueron asesinados, numerosos integrantes del equipo de salud. Según registros de la CONADEP, hay cerca de 250 desaparecidos de los equipos de salud en todo el país, 134 de los cuales eran médicos.
Muchos hospitales, instituciones de salud, asociaciones profesionales y gremios de trabajadores de la salud han rendido homenaje a sus compañeros desaparecidos: entre otros, el Hospital Posadas, el Hospital Eva Perón de San Martín, El Hospital de Niños de La Plata, el
Hospital Gandulfo, la UBA, el Instituto Nacional de Epidemiología de Mar del Plata.
Muchos de los médicos desaparecidos eran pediatras: creemos que los pediatras en general tienen una gran sensibilidad social y un compromiso permanente y militante con los niños y sus familias. Se comprometen con sus pacientes y se juegan por ellos. Algunos de estos 15 colegas eran, además de pediatras, militantes, otros simplemente defendían los derechos de los niños, la salud pública y los derechos de los trabajadores en los ámbitos donde se desempeñaron. No hubo justicia ni piedad para ninguno de ellos, y fueron castigados con la desaparición y la muerte.
Recordamos también que muchos de nuestros colegas también debieron sufrir cárcel, exilio, ersecuciones y cesantías: la desaparición y la muerte fueron los eventos extremos, pero la dictadura se ensañó con muchos hospitales y cátedras universitarias, y muchos pediatras se vieron obligados a dejar sus trabajos, sus hogares, o su país.
Si bien durante los años de plomo nuestra Sociedad de Pediatría no pudo efectuar declaraciones, continuó siendo un espacio abierto y democrático: abrió sus puertas para todos los pediatras sin distinción, recibiendo asimismo a muchos que habían sido cesanteados o perseguidos, brindando así un espacio para reunirse y para compartir.
Teniendo como objetivo rescatar del olvido a quienes habían sido nuestros compañeros, encaramos una búsqueda de los pediatras que desaparecieron o fueron asesinados antes o durante la dictadura.
En este punto quisiera expresar mi agradecimiento personal a las muchas personas que aportaron para que este homenaje pudiera realizarse: no puedo nombrar a todos, pero si quiero mencionar a la Dra Margarita Ramonet, a la Dra Maria Luisa Ageitos, y a la Dra Adriana Fernández, que hicieron suya la idea y apoyaron desde un comienzo; a los familiares que acercaron vivencias e imágenes; a Claudia Palladino y a todos los compañeros de Comisión Directiva, al comité de Pediatría Social, a su secretaria Graciela Muñecas, y a sus integrantes, a Benjamín Malamud y a mis amigos de Córdoba, con varios de los cuales nos reencontramos después de muchos años de silencio, y que tejieron una verdadera red de apoyo; a los
numerosos pediatras que desde todo el país aportaron palabras de aliento y datos útiles, a
periodistas, a la gente del INE, y a instituciones que colaboraron de muchas formas para poder rescatar esta memoria. Una especial mención a los realizadores del video, que fue la síntesis del proceso de búsqueda emprendido, y que se hizo desde un compromiso profundo y de manera totalmente desinteresada.
Con toda esta ayuda, emprendimos una activa búsqueda, a través de la web, y a través de contactos con familiares, amigos y compañeros de trabajo. Recibimos fotos, discursos, videos, recuerdos, testimonios.
A medida que avanzábamos, de la oscuridad fueron surgiendo historias, y cada uno de los protagonistas comenzó a brillar con luz propia.
La búsqueda misma fue apasionante y condujo a sorprendentes y emotivos hallazgo de historias de vida, anécdotas, pequeños y grandes heroísmos, recuerdos entrañables de los compañeros o de los familiares de las víctimas. Eso nos permitió poner en foco la personalidad y parte de la vida de los 15 pediatras que hoy recordamos y homenajeamos.
Al difundir este proyecto y los nombres por las redes de la SAP, comenzaron a surgir los recuerdos de los compañeros: así, desde Santa Fe recordaron y pintaron con mucho afecto a Abel Argento, recibimos un cuento escrito en memoria de Graciela Vallejo y su asesinato, nos encontramos con amigos y compañeros de Lito Falicoff en Cordoba que escribieron recuerdos y testimonios. Algunas cosas resultaron sorprendentes descubrimientos: Roberto Colomer, pediatra desaparecido junto a su esposa y su hermano en Mar del Plata, había comenzado su historia en Carlos Paz, provincia de Cordoba, de donde tuvo que escapar por persecuciones de la derecha peronista vinculada a Lopez Rega, que finalmente lo alcanzaron en su nuevo lugar.
Los testimonios de sus compañeros de trabajo, que nos enviaron en un video del INE, son
conmovedores acerca de su persona.
La gente del hospital Ludovica recordó con detalle a su gente, 7 desaparecidos, de los cuales 3 eran médicos pediatras.
Son muchas historias, que se entrelazan con nuestras historias de vida, y que creemos importante que los pediatras más jóvenes conozcan y valoren.
Recordemos también que el terrorismo de estado no comenzó el 24 de marzo de 1976: Hay una película extraordinaria, de Bergmann, que describe los años previos al nazismo en Alemania, y que se llama El Huevo de la serpiente. En Argentina, el huevo de la serpiente comenzó a gestarse mucho antes del 76, con la complicidad de algunos, con el operar de la triple A y el comando libertadores de América en Cordoba. Hubo ya en los meses anteriores desapariciones y asesinatos, entre ellos el de Mario Gershanik a quien hoy recordamos; se gestó allí también la denuncia y posterior desaparición de Roberto Colomer y su familia.
Creemos importante este ejercicio de la memoria. No para volver atrás, porque las circunstancias no son las mismas y los métodos de participación para tratar de combatir las injusticias y cambiar la realidad también son diferentes.
Pero la dictadura, la represión y el terror de aquellos años nos encerraron en escapismos y soluciones individuales. Se nos quitó el ejercicio de la solidaridad, se nos hizo pensar que la política no servía y que todo iba atado a lo económico. Se naturalizó la muerte y la violencia.
Pasaron muchos años, demasiados quizás, para que pudiéramos atrevernos a recordar, aunque nos duela, y a poder decir: esos fueron nuestros compañeros, esos fueron nuestros amigos, a ellos les quitaron lo más preciado, lo que más debemos defender, que es el derecho a la vida. Y es muy bueno que las generaciones más jóvenes comiencen a conocerlos y a
entenderlos.
Creemos que este ejercicio de la memoria es necesario: en primer lugar, para que NUNCA MAS. Pero también para ser capaces de entender los derechos humanos de hoy: las profundas inequidades, la falta de oportunidades y la marginación, el acceso a la salud sesgado, los derechos de los niños que sólo son para algunos niños, o que se pregonan y no se cumplen, y nuestros derechos, los de los trabajadores de la salud, que son relegados muchas veces en funcion de la tecnologia o de las necesidades de un mercado en el que el valor de una persona, ya sea un paciente, o un médico o cualquier trabajador de la salud, no importa mucho.
Recordamos y homenajeamos hoy a Abel Argento, Luis Aredez, Roberto Colomer, Elena De la Rosa, Alberto “Lito” Falicoff, Jorge Luis Francesio, María Adelia Garin, Mario Gershanik, María Cristina Mura de Corsiglia, Norberto “Suky” Ramírez, Ernesto Sirri, Hugo Strejilevich, Samuel Angel Stolla, Graciela Vallejo, y Catalina Martha Velazco de Morini.
Es el deseo de la Comisión Directiva de la Sociedad Argentina de Pediatría que este sencillo homenaje nos ayude a recordar, reflexionar y comprender, como pediatras y como sociedad, de dónde venimos, cuál es hoy nuestra realidad, y hacia dónde vamos.
Ingrid Waisman
Comisión Directiva
Sociedad Argentina de Pediatría
Fuente:Sap.org
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