25 de septiembre de 2011

UNA SALA DEL CCD VIRREY CEBALLOS LLEVA EL NOMBRE DE LYLIAN SANTOCHI DE PAOLETTI-SU HISTORIA DE LUCHA.

El homenaje a Lyli, una militante popular
Año 4. Edición número 175. Domingo 25 de septiembre de 2011
Por Raúl Arcomano
Imprescindible. Lyli murió en 2006, pero sus ideales siguen vigentes.

Una sala del centro clandestino de detención Virrey Cevallos lleva el nombre de Lylian Santochi de Paoletti. Su historia de lucha.

Desde que los milicos fueron desalojados de la Casa Rosada por los votos, en 1983, sobrevivientes, familiares, organismos de derechos humanos y vecinos vienen trabajando en la recuperación de los centros clandestinos de detención y tortura que funcionaron durante la dictadura, para constituirlos en testimonios del horror. Lylian Santochi de Paoletti batalló años por el rescate de Virrey Cevallos 630, una casa operativa de la Fuerza Aérea por la que pasaron detenidos ilegales. Fue una lucha más en su vida, una de tantas. Ella y los vecinos de San Cristóbal lograron su cometido, y el centro fue expropiado y declarado sitio histórico en 2007. Como homenaje a su pelea, desde el viernes último una sala de ese centro lleva su nombre, “en reconocimiento a una militante popular imprescindible”.
Lyli le decían sus amigos y familiares. Había nacido en Córdoba, pero desde chica vivió en La Rioja. Muy joven se metió con la tarea social. Quería ayudar a los demás. Cuando monseñor Enrique Angelelli se instaló en esa provincia, en 1968, Lyli se comprometió a fondo con la lucha del religioso. Al igual que su marido, Alipio Tito Paoletti, periodista y director en ese entonces del diario El Independiente. Juntos tuvieron seis hijos. Con Angelelli asesinado por la dictadura, los ocho partieron a España en 1977. En el exilio no se quedaron de brazos cruzados y denunciaron los crímenes de la dictadura. Volvieron a su querida patria justo para la asunción de Raúl Alfonsín, el 10 de diciembre de 1983. Lyli participó de la campaña de alfabetización. Conoció en el Centro de Educación Popular a un grupo de jóvenes que estudiaban para ser maestros: con ellos formó un grupo de apoyo escolar que todos los sábados iba a enseñar a Ciudad Oculta. Lo hizo durante tres años, entre el 84 y el 87.
Mudada a San Cristóbal, Lyli se involucró de lleno con la realidad de su barrio. Organizó con otros pares una olla popular y, en los días movidos de fin de 2001, fue parte del nacimiento de la Multisectorial de San Cristóbal, que ya lleva diez años. Participó del Centro de Promoción Rural, donde trabajaba con mujeres campesinas. Formó parte de los Vecinos de San Cristóbal contra la impunidad, que desde 2004 plantan árboles y ponen placas con los nombres de los militantes desaparecidos. También colaboraba con el área de derechos humanos de la iglesia Santa Cruz.
Virrey Cevallos estaba –está aún– a dos cuadras del Departamento Central de Policía. Funcionaba allí el servicio de inteligencia de la Fuerza Aérea. Sobrevivientes declararon que en ese centro actuaron también miembros policiales y del Ejército. En aquel entonces tenía un garaje por donde metían a los detenidos, una sala de torturas, un patio, una escalera, dos celdas, un pasillo, y un pequeño baño. Por allí pasó la periodista Miriam Lewin, antes de que la trasladaran a la Esma. Su recuperación tiene muchas idas y venidas.
Los vecinos de San Cristóbal, ex detenidos y organismos de derechos humanos empezaron a reclamar su expropiación en 2003. El proyecto dio vueltas en la Legislatura porteña durante varios años. Estuvo a punto de archivarse, pero la presión vecinal tuvo sus frutos: en 2007 se confiscó y se entregó al gobierno porteño. La tenencia actual la tiene el Instituto Espacio para la Memoria. Desde hace dos años está abierto al público. Hay talleres de capacitación para maestros de escuelas del barrio sobre derechos humanos. También se realizó una investigación acerca de la historia de la casa, recogiendo los testimonios y las vivencias de los vecinos.
Lyli murió en 2006. Unos años antes, le había escrito a una de sus hijas por mail: “Es buena persona quien no se pasa mirando su ombligo, quien mira y se reconoce en los otros y siente con los otros. Y nosotros somos buenas personas, ¿no creés?”.
Fuente:MiradasalSur                                                            

1 comentario:

avrvoluntarios dijo...

Lylian Santochi de Paoletti, indudablemente que eras una buen persona. No te miraste el ombligo. sino que buscaste el rostro de los demás para que en ellos naciera un sonrisa, producto de tu solidaridad. Hoy te recuerdan en este espacio para la memoria, yo tratare de hacer memoria de tu trabajo y destacar porque eras buena persona