9 de octubre de 2011

NECOCHEA: Ex detenidos desaparecidos reconocen su lugar de cautiverio.

Inspección ocular
05.10.2011
Ex detenidos desaparecidos reconocen su lugar de cautiverio
Antonio Povilaitis señala el sector de los calabozos donde fue alojado
Cinco sobrevivientes del terrorismo de Estado identificaron las comisarías primera y tercera de Necochea como el primer lugar donde fueron llevados luego de ser secuestrados por la policía y el Ejército

Pasaron 35 años. Hay oficinas nuevas, otras derrumbadas. Más celdas en el sector de calabozos y paredes que ocultan viejas dependencias. A pesar del tiempo y las modificaciones, los cinco ex detenidos desaparecidos en Necochea durante la última dictadura cívico militar reconocieron las comisarías primera y tercera como los lugares en los que fueron alojados inmediatamente después de ser secuestrados y antes de ser trasladados a Mar del Plata.

La comisaría primera de Necochea está ubicada sobre la avenida 58 entre las calles 61 y 63. Todavía conserva algo de su vieja fachada como el puesto centinela con ventanas pequeñas y el orificio en el concreto grueso por donde sacar el arma y disparar en caso de un ataque. En el interior, las paredes recubiertas desde el piso hasta la mitad con machimbre también delata el paso del tiempo. Todos los que esperan ser atendidos en mesa de entradas miran lo mismo: una lista de nombres colgada en la pared, que reza: Personal de la Policía de la Provincia de Buenos Aires muerto por la delincuencia terrorista. Debajo del último apellido, la frase: “Ellos murieron para que la Patria viva”.

Los jueces Lidia Soto, Elvio Osores Soler y Daniel Cisneros llegaron alrededor de las 11.30. Los ex detenidos debían pararse en la entrada de la comisaría y recrear el recorrido que hicieron 35 años atrás. Mario De Francisco, Aníbal Del Prado y Daniel Fuentes fueron ingresando de a uno. Fuentes dijo que hasta la llegada al sector de calabozos no podía recordar nada, porque aquella vez lo ingresaron encapuchado.

De Francisco contó que apenas entró lo metieron en una oficina que ahora no estaba. En su lugar, había una pared. La puerta había desaparecido. Del Prado coincidió con su compañero de cautiverio. Un policía les abrió la armería para ver si reconocían la oficina, pero dijeron que esa no era. El secretario del tribunal pidió en vano, un plano del edificio.

Los tres testigos siguieron el recorrido hasta el fondo del edificio donde está la zona de calabozos. Los tres señalaron una pared con ventanas, que por su diseño y apariencia, se notaba construida mucho tiempo después de finalizada la dictadura. “Acá no había pared”, dijeron al unísono y se metieron en la zona de celdas. Los presos comunes habían sido desalojados. Metidos en un camión celular aguardaban que terminara la inspección.

La ausencia del baño que los tres recordaban y la construcción de nuevas celdas desorientaron a los ex detenidos. Enseguida se ubicaron y reconstruyeron los viejos calabozos. Fuentes les mostró a los jueces por donde lo sacaron cuando lo subieron al camión que lo llevó hasta la comisaría cuarta de Mar del Plata. Del Prado y De Francisco ingresaron al edificio contiguo a la comisaría, donde funciona la Jefatura Departamental y descubrieron la oficina que debía estar del otro lado de la pared. Con la llegada de la democracia y el poder militar en retirada existió la orden de modificar los lugares que fueron centros clandestinos de detención, pues la Justicia avanzaba y la idea era dificultarle el camino.

Antonio Povilaitis fue secuestrado el 3 de abril de 1976 por una patota compuesta por miembros del Ejército y policías bonaerenses. El ex comisario Héctor Bicarelli y coronel retirado Jorge Toccalino, hoy en el banquillo de los acusados, fueron los jefes del operativo de secuestro.
Povilaitis y Fuentes pasaron por el antiguo destacamento de Playa Villa Díaz Vélez, hoy comisaría tercera de Necochea. La dependencia policial está ubicada a unas pocas cuadras del mar, en 8 entre 83 y 85. Como toda comisaría tiene largos pasillos con más de una curva y muchas puertas de oficinas. También, al igual que el resto, en los calabozos siempre hace más frío que a la intemperie.

Povilaitis comentó que entró por el portón a bordo de un camión del Ejército. Estaba muy golpeado aquella vez porque ya había recibido el primer interrogatorio a trompadas y patadas. Reconoció el patio interno y el sector de calabozos, pero a diferencia de aquellos años, ahora había uno solo y más corrido hacía la izquierda. El resto son oficinas.

Recordó que estaba en el del medio. A su derecha estaba Juan Di Ruso, que fue la primera persona que le preguntó quién era y que le dijo “quedate tranquilo que yo le aviso a tu familia cuando salga”. En la otra celda, había dos jóvenes que estaban muy torturados y que habían sido “levantados” en la ruta. Nunca supo quiénes eran. Al otro día, lo trasladaron a Mar del Plata donde pasó 50 días confinado en un calabozo.

Fuentes reconoció el lugar porque hace 35 años, cuando lo bajaron del camión para meterlo en uno de los calabozos, recordó haber pisado pasto. Ayer, contó los pasos mentalmente y el trayecto era el mismo. Secretarios y peritos tomaron nota y fotografías.

Al final del recorrido Povilaitis comentó ante los jueces: “Con los años y las emociones cambian las dimensiones, pero hay referentes que ayudan a reubicarnos”. Cerca de la una de la tarde la inspección finalizó. Los ex detenidos se quedaron cambiando teléfonos y despidiéndose en la puerta de la comisaría.
Por Federico Desántolo
Fuente:ElAtlantico

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