UNA ENCUESTA MUESTRA UNANIMIDAD CASI PERFECTA EN COMO MANEJAR LA CUESTION MALVINAS
Sin vocación belicista
Prácticamente todos los consultados apoyan que el tema se maneje por vía diplomática, presionando con Latinoamérica. Tres cuartas partes consideran el tema importante, una muestra de transversalidad política de la agenda.
Por Raúl Kollmann
Menos de un tres por ciento de los habitantes de la zona metropolitana consideran que Argentina tiene que tomar una actitud bélica en la cuestión Malvinas. La enorme mayoría elige alternativas que ponen el acento en las iniciativas diplomáticas: gestiones, presión política y alianza en el reclamo con América latina son las opciones que tienen más consenso. En cualquier caso, la recuperación de las islas es considerada importante o muy importante por el 74 por ciento de los encuestados, una transversalidad que supera largamente el color político de los ciudadanos. “Es un tema en el que no hay alineamiento kirchnerismo versus antikirchnerismo, como suele haberlo en la mayoría de las cuestiones”, evalúa Ignacio Ramírez, de la consultora Ibarómetro, que realizó la encuesta.
Las conclusiones surgen del sondeo concretado en Capital Federal y Gran Buenos Aires. En total se entrevistaron mil ciudadanos, vía telefónica, respetándose las proporciones por edad sexo y nivel económico-social. Ibarómetro es conducida por Doris Capurro, aunque el estudio sobre Malvinas estuvo a cargo de Ignacio Ramírez.
“La primera novedad es que en las opiniones sobre Malvinas hay convergencia transversal, de procedencias muy distintas. Son actitudes ante el tema bastante generalizadas, que bordean el 70 por ciento de los encuestados, lo que nos permite hablar de cierta universalidad. En concreto, hay acuerdo en que el tema es de importancia, en que se acompañan las iniciativas del Gobierno y se acompañarían todas las iniciativas, salvo las bélicas”, explica Ramírez.
Durante mucho tiempo se consideró que Malvinas era más un tema de los sectores populares, más nacionalistas, que de la clase media. El estudio de Ibarómetro indica que esto no es así, más aún teniendo en cuenta que el sondeo se hizo en Capital Federal y Gran Buenos Aires, con mayor presencia de clase media.
“Está claro que el tema reapareció –continúa Ramírez– ahora más desvinculado de la guerra de 1982. Reaparece por las declaraciones del primer ministro David Cameron diciendo que los argentinos son colonialistas. Y entonces se despierta cierta argentinidad, cierta unidad de criterio, que de todas maneras no acompaña la idea de la guerra de 1982. En primer lugar, porque pasó un tiempo suficiente, pero también por la evolución del mundo. Yo diría que el tema Malvinas estuvo muy contaminado por la guerra y ahora se tomó distancia.”
“Creo que la postura de la Presidenta encaja bien con lo que piensan los ciudadanos. Posición firme, enérgica, pero no bélica, ni tampoco chauvinista, ni de un nacionalismo al viejo estilo. David Cameron hace una declaración y Cristina no le subió la apuesta, como tal vez hubieran hecho otros líderes latinoamericanos. Eso legitima mucho sus posturas”, analiza el consultor.
Tres de cada cuatro personas, un 74 por ciento, creen que el tema Malvinas es muy o bastante importante, frente a un 15 por ciento que dice que es poco o nada importante. Y un porcentaje idéntico opina que las declaraciones del premier británico David Cameron fueron ofensivas. La respuesta de CFK tiene la aprobación del 67 por ciento, 13 puntos por encima de los votos que obtuvo en octubre, lo cual da la idea de la transversalidad del tema. “Creo que la Presidenta saca el tema de Malvinas de la tradición nacionalista de derecha y lo hace potable a una parte del progresismo que lo rechazaba. Esto, insisto, tiene que ver con la distancia de la guerra de 1982”, reitera Ramírez.
“Cuando hablo de que Malvinas, hoy en día, encaja con una idea de argentinidad es porque se trata de una cuestión compartida, que va más allá del kirchnerismo o el antikirchnerismo, que entronca con la historia y que no produce abroquelamientos según los partidos políticos. Está por encima de eso. Tal vez si la Presidenta hubiera reaccionado de una forma distinta, no tendríamos el consenso que hoy hay en la política y la reivindicación de Malvinas”, redondeó el analista de Ibarómetro.
raulkollmann@hotmail.com
¿Cuán importante es la cuestión de las islas Malvinas?
¿Cuál es la mejor vía para continuar reclamando los derechos argentinos sobre las islas?
¿Cómo evalúa usted las reacciones y medidas del gobierno argentino frente al tema?
OPINION
El camino de la unión
Por Mario de Casas *
La reciente agresión del gobierno inglés en relación con Malvinas puso de manifiesto la toma de conciencia de los gobiernos latinoamericanos sobre la importancia crucial de la unión para intervenir en el concierto internacional, en particular para hacer frente a intereses imperiales. Todavía tiene vigencia aquella afirmación de Jorge Abelardo Ramos: “América latina no se encuentra dividida porque es ‘subdesarrollada’ sino que es ‘subdesarrollada’ porque está dividida”.
Se está desandando el camino que trazara justamente el imperialismo inglés en alianza con las oligarquías lugareñas, se está recorriendo el del proyecto político por el que lucharon –entre tantos– Bolívar, San Martín, Artigas. Todas las oligarquías de la región, entonces exportadoras, trabajaron para romper la unidad de aquello que reunía las principales condiciones que conforman cualquier nación: lengua, religión y origen común. Pero fue la oligarquía chilena la que impuso el “patriotismo” más rústico y una de las que, con presencia en los distintos partidos, ha controlado el Estado de su país por más tiempo en los últimos ciento ochenta años. Por eso no debe sorprender que, como revela Martín Granovsky en un interesante artículo en Página/12 del 22/01/2012, la única excepción al apoyo de la posición argentina en torno del conflicto haya sido la de dos senadores de la derecha chilena: expresan hoy a esa oligarquía política y socialmente petrificada; aunque, como aquí, haya diversificado su actividad económica.
Siempre es importante identificar contradicciones e intereses en pugna: en este caso, alcanza con recordar que uno de los últimos patriotas latinoamericanos fue Salvador Allende para intuir que la mayoría de los chilenos apoya la unidad continental pendiente.
Asimismo, sería una ingenuidad suponer que sólo en Chile hay oposiciones a la unidad latinoamericana. Otras serán menos desembozadas, pero las condiciones materiales que explican el comportamiento de los sectores dominantes de los países constituidos en el siglo XIX no han sufrido cambios que permitan alentar la ruptura de sus sempiternas relaciones de subordinación a los sectores dominantes de los países centrales. Esta es una cuestión fundamental, porque cada día se hace más evidente que la lucha por las reformas sociales y el desarrollo integral a escala de los países requiere también conquistas del mismo tipo a nivel regional. Se trata de revertir gradualmente la balcanización hija del viejo axioma divide et impera, fórmula cuya materialización actual se encuentra en los tratados bilaterales de libre comercio que, sobre todo después del fracaso del ALCA, promueve y ha firmado EE.UU. con distintos países de la región. La tan difundida irrelevancia de Latinoamérica para los intereses norteamericanos es una especie de mito, difundido por EE.UU. para camuflar su dominio, presentándolo como un hecho beneficioso para los dominados e induciéndolos a competir para ganar el favor del imperio.
Otra vez cabe la impecable respuesta de la Presidenta el cinismo inglés: es el reino del revés.
* Presidente del ENRE.
OPINION
Las Malvinas y la resolución 2065
Por Mario Rapoport *
Imagen: DyN
La cuestión de las Malvinas vuelve a estar de nuevo en el tapete, luego de la insólita frase del primer ministro británico en la que acusó a la Argentina de intenciones “colonialistas”, lo que en boca del vocero del país más colonialista de la historia del mundo después del Imperio Romano suena más a un despropósito o a un súbito arranque de humor negro británico. Sobre todo teniendo en cuenta nuestro caso, en el que hemos soportado además de la ocupación de las islas en 1833, dos invasiones militares en 1806 y 1807 y un ataque naval, que fue detenido en la Vuelta de Obligado, en 1845.
Claro que lo que molesta es el apoyo total de nuestros hermanos del continente, antes avasallados y ahora unidos frente a lo que queda del ex imperio inglés. En otra alocución reciente el mismo Cameron, para referirse a los latinoamericanos, casi olvidados desde hace años en la política inglesa, acude a Bolívar, citando elogiosamente una frase pronunciada por el libertador en 1822 sobre el futuro promisorio de la región. Acordando con esa idea, señala allí que 188 años después no cabe duda de que América latina está emergiendo en todos sus colores. Lo que no percibe es que la defensa unánime de la inmensa mayoría de sus países (salvo las minúsculas ex colonias del Caribe) por los derechos argentinos en las islas es una de las mejores pruebas de ello.
Tampoco tiene en cuenta que la desafortunada guerra de 1982 no cambia nada respecto de la validez jurídica e histórica de los derechos argentinos sobre ese territorio. Para los ingleses, el argumento principal que les justifica mantener su dominio en una isla ocupada por sus tropas militares es el de defender la autodeterminación de sus escasos habitantes. Se trata del mismo país, Inglaterra, que ha rechazado en el pasado propósitos similares de poblaciones mucho más cercanas a Londres, como las de Irlanda del Norte, Escocia y Gales, salvo para actos deportivos como el torneo de rugby de las Seis Naciones o campeonatos regionales o mundiales de fútbol, un tipo de nacionalismo que respetan más.
Pero viene bien refrescar un poco la memoria sobre la cuestión esencial que Inglaterra no quiere discutir: la soberanía de la islas, que no depende de quienes las habitan, sino de su pertenencia jurídica e histórica originaria. Y en este sentido, la resolución 2065 de las Naciones Unidas es todavía clave, porque constituye una decisión de la Asamblea General de esa organización, que el 16 de diciembre de 1965 votó, por 94 votos a favor, ninguno en contra y 14 abstenciones, el reconocimiento de la existencia de una disputa entre los gobiernos de la Argentina y del Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda del Norte sobre la soberanía de las islas.
La resolución invitaba a ambos a proseguir sin demora las negociaciones recomendadas por el Comité Especial encargado de examinar la aplicación de la declaración sobre la concesión de la independencia a los países y pueblos coloniales a fin de encontrar soluciones pacíficas a los problemas existentes, teniendo debidamente en cuenta las disposiciones y los objetivos de la carta de las Naciones Unidas y de la Resolución 1514 de la Asamblea General, así como los intereses de la población de las islas. Es interesante reproducir al respecto una entrevista inédita que hicimos en marzo de 1988 al embajador Lucio García del Solar, fallecido hace poco tiempo y uno de los mayores expertos en el tema, entonces delegado argentino en las Naciones Unidas y gestor principal de la mencionada Resolución 2065, que hoy vuelve a cobrar vigencia ante la intransigencia del gobierno británico a sentarse a negociar con la Argentina.
Una síntesis de sus respuestas ilustra bien la cuestión en juego.
–¿En qué consistió su actividad principal como delegado argentino en las Naciones Unidas?
–Fue la de trabajar para la causa de la Malvinas. Durante mi desempeño en la ONU comenzaron las negociaciones dentro del Comité de Descolonización. Mi tarea fue la de intentar obtener allí un proyecto de resolución que invitase a las partes a negociar y el anteproyecto fue redactado en combinación con el presidente del Subcomité III, el embajador uruguayo. Un día, en un restaurante de Nueva York, redactamos el germen de la 2065. Esta es la piedra fundamental de todo el proceso de negociaciones. Las resoluciones que ha habido después repiten toda la terminología al utilizar la expresión “los intereses de los habitantes” en vez de “los deseos”, todo eso nació allí.
–¿Cuál fue el origen de la resolución y cómo se definió esa política hacia Malvinas?
–La inclusión automática de las Malvinas en el proceso descolonizador, por ser un territorio administrado, fatalmente entraba dentro del mecanismo de descolonización: ahora se procuraba utilizar ese mecanismo en beneficio de una nueva metodología, muy distinta a la clásica, para intentar recuperarlas. Nosotros siempre habíamos reclamado nuestra soberanía y cada vez que se nombraba a las Falklands un delegado argentino decía “son las Malvinas”, pero de ahí no se salía. Entonces, esa reclamación bilateral, lo que en derecho internacional se llama territorial, se convirtió de golpe en un pedido de descolonización. Algo que fue combatido incluso desde ciertos círculos locales, aquí en la Argentina. Los sectores más nacionalistas no querían que nosotros admitiéramos que se trataba de una colonia, porque sostenían que eso significaba reconocer que las Malvinas lo eran y ceder en lo que debía ser una posición intransigente: “Es nuestro territorio, no es una colonia, de manera que no podemos pedir que se descolonice”.
Nuestra posición fue criticada internamente, pero la forma de universalizar el reclamo era justamente en las Naciones Unidas. Debido a que se presentó el caso en ese ámbito, el Reino Unido tuvo que enfrentar en 1965 una votación que perdió. Especialmente, gracias a una iniciativa diplomática mía hicimos cambiar la terminología en la ONU, donde siempre aparecía “Falklands” en inglés, incluso en los textos en castellano. Algunos delegados, a los que ya había convencido, comenzaron a levantar la mano y a decir que a las Falklands en su país se las llamaba Malvinas. Y allí se armó un debate feroz, porque el delegado inglés no tenía instrucciones al respecto ni se imaginó lo que estaba pasando. Se enojó muchísimo porque cuando a los británicos se los agarra desprevenidos, lo que es muy difícil, pierden la calma. Fue un debate muy fuerte que en primera instancia se ganó. A partir de entonces los documentos en español tenían que decir Malvinas y entre paréntesis Falklands, y los documentos en inglés, al revés. Al determinarse esta fórmula se consagró para la cartografía universal, y eso lo hice yo sin instrucciones de ninguna especie, conversando con algunos delegados.
En resumen, las cuestiones principales que pudieron lograrse fueron esencialmente cuatro. 1) Las Naciones Unidas pasaban a tener en cuenta el problema y urgían a los países involucrados a entrar prontamente en negociaciones sobre el estatus de las islas. 2) Se reconocía que la cuestión estaba comprendida dentro de los procesos de descolonización que existían todavía en el mundo. 3) El tema dejaba de ser exclusivamente bilateral y pasaba a formar parte de una problemática más general, que involucraba a muchos países con rémoras del pasado colonialista. 4) No sería el deseo de sus habitantes el que decidiría la cuestión, sino sus intereses, un concepto mucho más ambiguo, que podía implicar sin problemas su inclusión en la Argentina.
Una sabia intervención diplomática hizo así mucho más que una guerra para imponer los términos y el futuro desarrollo de la controversia argentino-británica.
* Economista e historiador.
Fuente:Pagina12
Pasado y presente
Malvinas: la buena memoria
Publicado el 29 de Enero de 2012
Por Matías Garfunkel
Coeditor responsable de Tiempo Argentino
A 30 años de aquella aventura delirante, son ahora el primer ministro inglés David Cameron y su canciller William Hague, los que se empeñan en resucitar ese patrioterismo perimido, para tapar la peor crisis económica y política desde la Segunda Guerra Mundial por la que atraviesa el Reino Unido. La megacausa por violación a los Derechos Humanos durante la guerra. El 2012: un año entero dedicado a las islas.
Malvinas y la circularidad de su historia resultan asombrosas y aleccionadoras. En enero de 1982, en un verano tan agobiante como el presente, un grupo de militares “iluminados” trabajaba en secreto en un plan, al que imaginaron como el único escape posible frente al descrédito en que se veía sumida la dictadura en su fin inevitable: invadir las Islas Malvinas. Y con eso, dar un golpe propagandístico y patriótico.
Con el apoyo de los grandes diarios del momento, Clarín, La Nación y La Razón, los militares comenzaron a orquestar una campaña propagandística sobre la importancia de recuperar la soberanía sobre las Islas Malvinas. Fue Crónica el único diario importante de la época que se opuso, y terminó siendo cerrado por los nefastos comandantes en jefe de la dictadura. Con un presidente de facto, megalómano y alcohólico, buscaron dar un golpe de efecto, apelando al chauvinismo más rancio. El resultado es conocido por los 40 millones de argentinos y el resto del mundo: 649 soldados argentinos muertos –la gran mayoría de ellos soldados sin experiencia ni equipamiento adecuado– y 258 soldados británicos arrojaron como resultado una catastrófica derrota militar a manos de las tropas del Reino Unido.
A 30 años de aquella aventura delirante, son ahora el primer ministro inglés David Cameron y su canciller William Hague, los que se empeñan en resucitar ese patrioterismo perimido, para tapar la peor crisis económica y política desde la Segunda Guerra Mundial por la que atraviesa el Reino Unido y en especial Inglaterra.
La actual manera de actuar por parte de Gran Bretaña en relación con las Islas Malvinas, me hace acordar a la ceguera con la que Galtieri y Benjamín Menéndez se manejaban con el pueblo argentino hace casi 30 años.
Principio básico de la política: resucitemos un viejo patriotismo para tapar la realidad política actual.
Mientras el Reino Unido atraviesa una de sus peores crisis económicas y políticas desde la Segunda Guerra Mundial, su primer ministro, David Cameron, y su canciller William Hague, emprendieron un camino similar al que optó en su momento el general Galtieri: distraer a la opinión pública de los problemas domésticos y agitar viejos demonios. No sólo verborragicamente en el Parlamento inglés, sino enviando tropas y buques de guerra a la zona de las Malvinas.
La realidad, sin embargo, es que ningún gobierno en la historia de la Argentina hizo más por los Derechos Humanos que lo que ha hecho Cristina Fernández de Kirchner en sus poco más de cuatro años de mandato. Ningún otro presidente hizo más por recuperar la soberanía de las Islas Malvinas mediante el reclamo en la sede de Naciones Unidas y en forma pacífica.
Mientras la Argentina crece a pasos similares a la economía china y la de los países del BRIC, el Reino Unido está entrando en una crisis económica similar a la que tuvo que atravesar el desastroso gobierno de la Alianza, que dejó más de 30 muertos en la Plaza de Mayo a finales de diciembre de 2001 y un país altamente endeudado.
Los llamados think tanks dicen que Inglaterra ya entró en recesión, y que la confianza de los ciudadanos ingleses en general está severamente dañada. Mientras el Producto Bruto argentino crece, el inglés se achica. Mientras el desempleo en la Argentina está cercano a su mínimo histórico, lo contrario sucede en Europa y en Inglaterra, donde el desempleo está creciendo a pasos agigantados.
Hasta el mismísimo experto en economía de la BBC de Londres ha admitido que el Reino Unido se encuentra “técnicamente en recesión”. No sólo por sus propios problemas domésticos, sino también aquejado por los problemas que atraviesa la Eurozona.
Los analistas de los principales bancos temen que la situación continúe empeorando en el Viejo Continente hasta bien entrado 2014.
Ya que de colonialismo se trata y se nos acusa, son los propios economistas ingleses quienes entienden que la solución para ellos no está ni en Inglaterra ni en los países de la Eurozona, sino más bien en encontrar nuevos mercados. Tal vez por eso, la desesperación con la que los ingleses miran hacia Brasil y China en las últimas semanas.
Con las últimas cifras en mano, más de un millón de personas menores de 25 años se encuentran actualmente desempleadas en Inglaterra y los recortes a la educación han sido una constante en la política económica del primer ministro Cameron. Mientras Inglaterra disminuye su inversión en educación y ciencia, la Argentina, por el contrario, las aumenta a su máximo histórico en relación a sus respectivos PBI.
Sería caer en el ridículo de la retórica y el absurdo que alguien pueda imaginarse a la Argentina como un país colonialista. Reclamar, por vía diplomática la soberanía sobre las Islas Malvinas dista muchísimo de “colonialismo”, en especial en palabras de un primer ministro que pertenece al país con mayor cantidad de colonias en la historia contemporánea. Una de dos: o Cameron tiene un grave problema económico y político interno y quiere distraer a la opinión pública al mejor estilo del dictador Galtieri, o simplemente perdió todo sentido de la realidad y noción del valor de las palabras, y el juicio a la razón.
Cristina Fernández dista mucho de ser una persona agresiva y una dama de hierro como la quieren pintar los medios británicos, al mejor estilo Margaret Thatcher. Más bien todo lo contrario. Es una presidenta con los valores bien firmes, los pies sobre la tierra, la cabeza fría y el corazón caliente. Una presidenta que no se deja intimidar por las potencias dominantes, ni vende la patria al mejor estilo presidencialista argentino de los años noventa.
A diferencia de Gran Bretaña, la Argentina no es una nación bélica, sino todo lo contrario. Somos una nación sufrida con más de 30 mil desaparecidos a manos de nuestras propias Fuerzas Armadas y una guerra a cuestas, donde algunos ex oficiales y suboficiales del Ejército torturaron a sus propios soldados.
Dejando de lado la desafortunada guerra por las Islas Malvinas, que fue más una consecuencia de un jefe de Estado sin apoyo público, dictador y borracho, la última guerra que había tenido la Argentina fue la de la Triple Alianza con Uruguay y Brasil contra Paraguay, en la cual los vencedores no colonizaron a los vencidos.
Caso contrario es el del Reino Unido, que se caracterizó desde comienzos del año 1600 por conquistar y colonizar distintos puntos del planeta.
La colonización de los EE UU a manos inglesas fue a principios del siglo XVII. No nos olvidemos que la Corona Británica, llegó a colonizar para mediados de 1920 un cuarto de la Tierra, en regiones tan aisladas y dispersas, que van desde África, Asia, América, el Caribe, la India, Australia, Nueva Zelanda, Sudáfrica, Palestina y la Antártida, eso sin mencionar los viejos intentos que hicieron los ingleses por ocupar Buenos Aires, con dos intentos fallidos en 1806 y 1807.
¿Qué tan desafortunado sería decir que Cristina Fernández quiere mediante el diálogo, llegar a ver unas Islas Malvinas libres de más de 180 años de ocupación inglesa? ¿Es acaso ello ser colonialista?
O mejor dicho, ¿no está Cameron actuando como lo hizo en su momento Galtieri? Se ve que para los gobernantes ingleses, ya que no se puede acusar a todo un pueblo por los dichos de sus gobernantes, hay dos maneras de encarar los procesos de libertad en los países: o sentados en una mesa de negociación como lo hicieron con China, cuando se trató de devolverles Hong Kong, o como pretenden hacerla quedar a Cristina Fernández en relación con las Malvinas.
El otro problema que enfrenta Cameron en relación conlas Islas Malvinas, y al que no se hace mención, es que dejaría el antecedente para que España, con justa razón, reclame Gibraltar, en pleno suelo español, que también esta colonizada hace siglos por los ingleses y es la entrada vía marítima por Mediterráneo a Europa y África.
Creo yo que la actitud soberbia y absurda del gobierno inglés, en este caso en particular, roza el ridículo al acusar en el Parlamento inglés a una mandataria reelecta con más del 54% de los votos y quien más hizo por los Derechos Humanos y la pacificación nacional, y por rescatar la memoria argentina que ningún otro presidente en la historia de nuestro país.
¿Acaso Inglaterra, que siempre se jactó de ser un país desarrollado y en el cual se permite el disenso y la pluralidad ideológica y el respeto a los Derechos Humanos ,puede venir a decir que la Argentina es un país colonialista?
En reiteradas ocasiones, es la Argentina y sus socios en el Mercosur quienes vienen sosteniendo en la sede de Naciones Unidas que la única salida al conflicto es por la vía diplomática y no mediante el uso de la fuerza, que los ingleses bien llevan en sus venas.
No nos olvidemos que nosotros somos un pueblo pacifista, pero en cambio ellos son un pueblo que, por lo menos en los últimos 30 años, tuvo por lo menos tres guerras diferentes. Más que las que tuvo la Argentina en sus más de 200 años de historia.
Que un presidente pida dialogar sobre un determinado tema, en las relaciones bilaterales, lo celebro con salud y muestra de grandeza de todo un pueblo. Y que Estados Unidos, histórico socio estratégico de Inglaterra, diga que la única salida es mediante el diálogo bilateral, ya de por sí es un gran triunfo argentino.
Que un primer ministro tome dichas palabras y acuse de “colonialismo” a un país, borrando casi cinco siglos de historia de su propio país, lo veo casi como un acto de demencia o de desesperación propagandística.
Las declaraciones de defensa de las islas de Cameron me hicieron recordar a las de Galtieri, cuando salía en cadena nacional diciendo de manera prepotente y atropellada que “manden al principito” a las Islas Malvinas. Cosa que los ingleses terminaron haciendo, y la epopeya del dictador duro apenas tres meses. Así como la ceguera de Galtieri y Luciano Benjamín Menéndez fue absoluta en 1982, la ceguera de Cameron roza el absurdo.
Dentro de tantos vaivenes políticos, periodísticos, informativos e ideológicos, no sólo están los dichos y hechos de los personajes públicos sobre los que se escriben las noticias, sino que por debajo de ellos subyacen otras personas, no menos temibles por sus actos, pero que el común colectivo de la sociedad tiende a olvidar, a pesar de que recaen sobre algunos de ellos fuertes denuncias de crímenes de lesa humanidad y torturas.
En diversos medios de comunicación se esconden todavía personajes que tuvieron una actitud vergonzosa y vergonzante durante el conflicto de Malvinas.
Hay quienes aplaudieron a los militares y ahora reciclados en demócratas, condenan la guerra, pero los hay peores, los que participaron activamente en la violación a los Derechos Humanos de los soldados y hoy se han travestido en defensores del orgullo malvinense.
En la causa en la que se investigan los casos de tortura hay más de 120 denuncias de soldados argentinos que arriesgaron sus vidas para que las Islas Malvinas sean argentinas. Creyeron en lo que estaban haciendo y lo hicieron con valentía. Ciento veinte soldados que sufrieron en carne propia los estaqueos, vejámenes y torturas perpetradas por sus propios jefes, además del silencio cómplice de periodistas y comunicadores sociales.
Me siento orgulloso de las investigaciones que Tiempo Argentino viene llevando adelante para desenmascarar a estos espectros del pasado
Una vez más, ratifico el inmenso placer que siento al formar parte de un grupo periodístico de investigación serio y responsable, sin sangre derramada sobre sus manos. Sin crímenes de lesa humanidad, ni violaciones a los Derechos Humanos, ni construido sobre la base de extorsiones.
Creo que son pocos los grupos editoriales en la Argentina de hoy que podemos caminar con la frente en alto, no sólo por nuestro pasado sino por nuestro presente. Al fin de cuentas, eso es la libertad y por eso es nuestro compromiso con este gobierno.
Como coeditor responsable de un grupo periodístico que hace de la defensa irrestricta de la democracia y los Derechos Humanos, quisiera que este resurgir de la cuestión Malvinas nos permitiera abrir una ventana más al tema, y propiciar el avance de una investigación a fondo de un capítulo nefasto de la guerra de 1982: el de las torturas que sufrieron los soldados argentinos a manos de sus propios jefes, suboficiales y oficiales. Esta mancha negra, muchas veces silenciada o solapada por algunos medios de comunicación nacionales, que haciendo gala de un doble estándar de moral (por un lado pregonando una “malvinización” exacerbada y cercana al patriotismo del que tanto abusaron los militares de la dictadura y por el otro siendo voceros de las políticas “colonialistas” en el amplio sentido del término del Reino Unido y de su mejor aliado, los Estados Unidos) callaron y ocultaron las torturas a jóvenes indefensos de menos de 20 años a manos de sus superiores.
¿Podrá, la relacionista pública Alejandra Rafuls, recientemente contratada por la Embajada del Reino Unido en la Argentina, limpiar la imagen de esa nación y sus cómplices locales en la tortura de soldados argentinos? ¿Podrá esa polémica consultora, quien a su vez es investigada enla justicia por una megacausa de estafa al Banco Mundial, tal como publicó nuestro Semanario Miradas al Sur, con fuertes lazos políticos con un viejo sector del radicalismo, y el jefe de gobierno porteño, Mauricio Macri, ayudar a los británicos a convencer a los argentinos de que las Malvinas son inglesas?
Y para contextualizar aun más y darle un marco positivo al retorno del tema Malvinas a la agenda cotidiana de los medios, quiero anticipar que 2012 será el año de Malvinas para el Grupo Veintitrés.
Así, el debate, la confrontación de ideas, y la investigación periodística, estará especialmente reflejada en foros, conferencias, charlas-debate, jornadas de trabajo y seminarios, que serán promovidos desde cada uno de nuestros medios gráficos y audiovisuales. Porque Malvinas es un sentimiento nacional profundo, el que aspiramos que se convierta, con el paso de los años, en una de las políticas de Estado de una Argentina con crecimiento económico, pero también con justicia y dignidad. Y una búsqueda continua por la verdad y la memoria.
Fuente:TiempoArgentino






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