REPORTAJE A IGNACIO RAMONET SOBRE EL MUNDO Y SUDAMERICA
“El progresismo puede tener varios años por delante”
Periodista y escritor, Ramonet dijo a Página/12 que la mayoría de los gobiernos de Sudamérica cumple la función de los socialdemócratas europeos en los ’50 y que si no cometen errores pueden aspirar a un ciclo largo de gobierno.
Por Martín Granovsky
Desde Porto Alegre
Imagen: Guadalupe Lombardo
Nacido en Pontevedra y emigrado con su familia a Francia, Ignacio Ramonet dirige hoy Le Monde Diplomatique en español. Fue uno de los animadores del primer Forum en 2001 y es uno de los periodistas que más recorren el mundo y observan sus distintas realidades.
–Sobre el final del Forum hay derecho a preguntarse si fue útil y qué cambió respecto del primer foro, el del 2001.
–Cuando el foro se creó, no había en América latina otro gobierno de los que yo hoy llamo neoprogresistas que no fuera el de Hugo Chávez, que además vino al foro. Al año siguiente, en 2002, por primera vez Chávez se declaró socialista. También vino Lula cuando aún no era presidente, sino candidato. Ahora en cambio los gobiernos neoprogresistas están llevando a cabo las políticas de inclusión social y al mismo tiempo el foro es menos un foro de los movimientos sociales. Es un foro en el que se discutió la crisis europea, el movimiento de los indignados en general (los chilenos, Wall Street, etcétera) y la cuestión de la memoria. La jornada de Flacso del viernes, el día de conmemoración del Holocausto, fue una de las actividades centrales. La organizaron el Forum Social Temático y el Foro Mundial de la Educación. Hasta ahora ésos no eran temas del foro. Los indignados son un tema que no lleva más de un año, y el debate sobre la memoria no se había planteado de esa manera. Dominaban el antiimperialismo y la denuncia de las guerras de los Estados Unidos en Irak o en Afganistán. Se está llegando a un nivel diferente. Los gobiernos aquí en Sudamérica lo están haciendo globalmente bien. Pero ojo, llega una nueva etapa y hay que mejorar ciertos aspectos cualitativos.
–¿Qué habría que mejorar en América del Sur?
–No creer que esta bonanza que está viviendo América latina va a ser duradera. Depende del éxito norteamericano y europeo y de si hay baja o no en la economía china que afecte a potencias agrícolas o mineras.
–Uno de los puntos es cómo aprovecha América del Sur su actual ventaja por los precios beneficiosos de los productos primarios que vende para que otra vez el rédito principal no sean palacios franceses en medio de la pampa húmeda.
–La economía funciona por ciclos. En Europa no podemos hablar de palacios en medio de la nada pero sí de grandes aeropuertos modernísimos que ahora casi no funcionan u óperas en medio de ciudades pequeñísimas. La riqueza ha pasado y no siempre se ha sabido aprovechar. Aquí, en Sudamérica, la solución es crear más y más mercado interior. Y mercado interior protegido. Y también ampliar los intercambios en el marco de la solidaridad latinoamericana. Ahora el mercado latinoamericano tiene que articularse para que haya masa crítica para todos. Si no, Brasil se desarrollará pero Uruguay no. Ahora que desaparecieron 80 millones de pobres hay una clase media que consume. Brasil introdujo la tasa sobre la producción de automóviles frente a China y aumentó esa tasa en un 30 por ciento. Es protección y es correcta.
–¿Qué discusión mundial nueva apareció en el Forum?
–Por lo pronto, muchos constataron que, más allá de las opiniones, la globalización existe. Si existe hay que analizarla y ver cómo evitar los inconvenientes de la globalización. A escala mundial en una mesa sobre la crisis del capitalismo, una de las opiniones fue que había que pensar quizás en desglobalizar y reducir la globalización. No hay solo una crisis económica. Hay una crisis de la política, de la democracia, alimentaria, ecológica. Muchos países latinoamericanos no están pensando en las otras crisis, en particular en la ecológica. Boaventura de Souza Santos subrayó que no es normal que se acuse a comunidades indígenas y se las acuse de terroristas cuando quieren proteger el medio ambiente. Las realidades van cambiando. El Movimiento de los Sin Tierra de Brasil, que antes ocupaba tierras, no lo hace porque no las tiene. Cualquier pedazo de tierra es soja. Y como el MST cuando se asienta realiza producciones ecológicas, el agronegocio se lo reprocha.
–La discusión ecológica es clave también porque habrá una cumbre mundial en Río en junio.
–La precaución ecológica es algo que se ha recordado y que en cierta medida hace que los gobiernos estén pensando en hacer las cosas bien. Dilma dijo que quería dar casas a la gente. A mí me parece muy bien, realmente muy bien. Pero tengamos cuidado de no llegar al pragmatismo chino, que en nombre del desarrollo destruye lo que se oponga a esa idea, y terminemos entrando sin necesidad en una gran contradicción.
–Dilma diría: “Está bien, Ignacio, pero yo tengo que gobernar Brasil y terminar con la miseria”.
–Es que la preocupación ecológica y la social no se oponen. El Forum apreció mucho que Dilma haya decidido venir aquí y no haya viajado al Foro de Davos. Cuando Lula vino y dijo que luego se marchaba a Davos, alguien le dijo: “No se puede servir a dos amos a la vez”. Es una frase bíblica. “Hay que escoger.”
–Quizá Lula necesitaba ir a Davos porque también eso ayudaba a la consolidación política de su gobierno y en cambio hoy Brasil no necesita de Davos.
–Claro, las condiciones cambian. Y el foro debe cambiar también. Antes muchos dirigentes o presidentes venían a nutrirse. Chávez y Lula, a quienes ya nombré. También Evo Morales, Rafael Correa y Fernando Lugo. Para algunas discusiones, una reunión del foro puede tener hoy un mayor sentido en Europa, para discutir allí mismo la tremenda crisis. El año próximo está previsto que tenga lugar en un país árabe, porque los movimientos sociales no sólo se están desarrollando, sino que han conseguido ganar en dos países. Y hay nuevas discusiones, por ejemplo entre movimientos sociales laicos y movimientos sociales islamistas.
–¿Qué podría discutirse en Europa?
–En Europa hay ya algunas discusiones que se producían en América latina. Una idea de que la política está gastada y hace falta una renovación política. Que la sangre y la vitalidad nueva van a venir por el movimiento social. De esa vitalidad puede surgir un cambio. Este foro no tendría el mismo sentido organizado en Madrid, Atenas o Barcelona, donde hay sociedades que sufren y a la vez registran en algunos sectores gran voluntad de cambio. Aquí, en Sudamérica, por suerte para ustedes, hay situaciones donde la preocupación es seguir creciendo y cómo hacerlo mejor.
–¿No hay un riesgo de endiosar a los movimientos sociales como factores de cambio? Si no hay construcción política, ¿no se diluyen?
–Sí, es importante ver cómo se pasa de un momento a otro. Todavía no estamos en esa etapa en Europa, me parece. Aún no. Nadie expresa mejor el sufrimiento social que el movimiento social. Pero si no se da el paso a la política, todas las grandes crisis siempre sirven a la extrema derecha, que aparece como bajo la forma de movimientos y partidos antisistema. Prometen los cambios más radicales, demagógicos, transformacionales. Es importante que el sufrimiento social se encarne en movimientos que tengan vocación de implicarse en la política.
–¿Por qué todavía no ocurre ese paso?
–Entre otras cosas, en mi opinión, porque hacen falta líderes. Hasta el momento el movimiento social incluso rechaza tener líderes. Son muy igualitaristas desde el punto de vista del funcionamiento democrático. Es como la enfermedad infantil del movimiento social. Ya llegará el momento de la adolescencia o la madurez, cuando seguramente se generarán líderes. No líderes salvadores. Hablo de dirigentes democráticos que puedan entender al movimiento social y ayudarlo a encontrar respuestas. Después de la crisis del sistema político venezolano, el final de lo que se llama el “puntofijismo”, ¿habría habido cambios sin Chávez y lo que él representaba? Y me hago la misma pregunta con Ecuador y Correa, Bolivia y Evo, Brasil y Lula, la Argentina y Kirchner.
–¿Y cómo funciona la relación entre los líderes, los movimientos y los partidos en esos países de Sudamérica?
–Mi percepción es que hoy los partidos tienen menos influencia que hace diez años y los movimientos sociales también porque los gobiernos están haciéndolo todo. Los líderes de los gobiernos conducen el cambio. Hubo una energía social que produjo el cambio pero el cambio está tan encarrilado que a veces hay una desvitalización de la política que paradójicamente no molesta demasiado.
–Tal vez con las construcciones políticas ocurra lo mismo que con los ciclos económicos. Quizá deban o puedan ser realizadas antes de que el ciclo actual de gobiernos sudamericanos termine.
–La función de estos gobiernos es muy semejante a la de los gobiernos europeos de los años ’50 que, esencialmente, fueran conservadores o progresistas, tenían como funciones construir el Estado de bienestar, reconstruir cada país después de la guerra y aumentar el nivel de vida de la gente. Eso les dio 40 años de estabilidad política. Pero se terminó. Si los neoprogresistas sudamericanos no lo hacen demasiado mal, quizás haya por delante varios decenios como si fueran la socialdemocracia nórdica. Hoy mejoran estructuras, el nivel de vida, crean trabajo. No es casualidad que sean gobiernos neoprogresistas los que están trabajando bien. Así ocurrió con los viejos partidos socialdemócratas. Además, la construcción del Estado de bienestar y el aumento del nivel de vida termina con cualquier tipo de recurso para las oposiciones tradicionales conservadoras. Ahora la gente percibe cómo los países reconstruyen sociedades derruidas. Las favelas eran pensadas como una fatalidad. Para la derecha, era así porque es así. Pero la fuerza de la derecha desapareció, y también el elemento militar. Las leyes de la memoria son las que deben culpabilizar –sin venganza, con documentos y base histórica sólida– y establecer responsabilidades. No vengarse, sino terminar con la impunidad. A pesar de que lo que voy a decir parece escandaloso, estamos en el momento más fácil de Sudamérica. Si no hay errores y una gestión tranquila, los gobiernos de signo neoprogresista pueden quedarse en el poder mucho tiempo. Por eso hay que pensar bien las sucesiones políticas. En la Argentina eso funcionó bien. En Brasil, lo de Lula fue ejemplar. Es una lección. Y por eso hoy Dilma tiene más aprobación popular de la que tenía Lula en su primer año de gobierno.
martin.granovsky@gmail.com
OPINION
América latina, proyecto en construcción
Por Carlos “Chacho” Alvarez *
El actual momento de América latina debe aprovecharse en todas sus dimensiones. La principal: explorar los acuerdos regionales y parciales que permitan la vertebración de un espacio común integrado, es decir, la potenciación de un gran mercado interno ampliado que, junto a los recursos naturales, es, sin duda, uno de los principales atributos de nuestra región.
Si la pretensión es ir hacia algo así como “Latinoamérica para los latinoamericanos”, la primera opción es buscar cómo se diseña y articula, más allá y más acá de la inserción externa que haya elegido cada país, un espacio común más integrado.
Esta es la prueba más exigente para la flamante Celac (Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe). Trazarse con paciencia una política donde todos tengan algo para ganar. Una estrategia que no se dirime en el ámbito de lo ideológico, sino en el de las ventajas que cada país pueda obtener al estar en una geografía que ofrece mejores oportunidades para sus pueblos. Esto es comenzar a transformar América latina, a pesar de su diversidad y su heterogeneidad de propuestas y modelos, en un ámbito de referencia interna y externa superior.
Frente a la declinación de Estados Unidos y la crisis de Europa, dos situaciones que pueden llegar a ser de carácter más estructural que coyuntural, América latina tiene la oportunidad de pasar a ser un actor gravitante en la nueva geometría del poder mundial. Esto implica dedicarle muchas energías y paciencia a explorar las complementariedades comerciales y productivas a proyectos de desarrollo y modelos de inserción externos muy diversificados. He aquí el gran reto para que la tan mencionada unidad latinoamericana no sea sólo una foto de una familia con unidad de pasado pero sin poder proyectarse como comunidad de destino. La capacidad que se tenga para encontrar caminos de convergencia en el terreno de las opciones económicas, comerciales y productivas (las culturales son casi naturales y más visibles y viables) será la medida de cuánto la región podrá ser visualizada como un espacio singular en proceso de construcción.
Para esto hay que poner en marcha debates, decisiones y estudios que precisamente detecten las oportunidades de complementación y convergencia, la formación de cadenas de valor subregional que puedan ir integrándose a opciones globales, las estrategias compartidas de sustitución de importaciones para enfrentar las asimetrías y armonizar los procesos productivos. La potenciación de ventajas comparativas comunes para influir con más fuerza en el mercado mundial, y el aprovechamiento asociado de ciertos usos de la ciencia, la tecnología y la economía del conocimiento que, en general, son una de las mayores asignaturas pendientes de casi todos los países de la región.
En este camino, nos parece fundamental que los países puedan comenzar a dar estos debates sin intentar imponer visiones hegemónicas, sino al contrario, respetando cada una de las realidades nacionales y subregionales. Ir encontrando coincidencias y puntos de acuerdo que permitan dar pasos importantes de avance, mostrar que, pese a la diversidad, es posible seguir construyendo.
En el mismo sentido, la actual presidencia de México en el Grupo de los 20 es otra oportunidad invalorable para que tracemos algunas líneas de acción compartidas frente a la crisis de legitimidad que atraviesa el sistema capitalista a escala global.
América latina puede tomar un mayor protagonismo en la definición de un nuevo sistema que coloque la política democrática sobre los mercados y los poderes fácticos, la producción sobre la especulación y la acumulación financiera, y las demandas de mayor igualdad sobre la concentración del ingreso y la distribución cada vez más injusta de la riqueza. Sobre todo este punto, ya que, pese al crecimiento sostenido de la economía en estos últimos años, nuestra región continúa siendo la más desigual del planeta.
Algunas propuestas en común sobre la agenda global y los cambios que se necesitan pueden ser muy significativos a la hora de mostrar una tendencia acumulativa de coincidencias y una voluntad política diferente hacia la síntesis y la búsqueda de la unidad en la diversidad.
Intercambios de experiencias, más cooperación, fortalecimiento de las alianzas sur-sur, búsqueda de complementariedades y mayor convergencia de los acuerdos hacia un espacio común, pueden expresar grandes avances en un mundo caótico que necesariamente debe ir a nuevas formas de gobernabilidad, contemplando la emergencia y el protagonismo de nuevos sectores.
Desde la Aladi (asociación que reúne a trece países y, entre ellos, a las más importantes economías de la región) podemos contribuir a esta tarea avanzando en los principales debates y tratando de ampliar y buscar coincidencias mayores en los acuerdos que hoy ya tenemos, y que pueden significar un aporte transcendente en la tarea de ir consolidando a la Celac como proyecto estratégico y punto de llegada a la tan anhelada unidad latinoamericana.
* Secretario general de la Aladi.
Fuente:Pagina12

No hay comentarios:
Publicar un comentario