20.03.2012
néstor luis montezanti se desempeñó como personal civil del destacamento 181 a partir de 1981
Un juez admitió haber sido “asesor” de Inteligencia durante la dictadura
Sobre el camarista, profesor de la Universidad del Sur, pesa un pedido de juicio académico. Utilizó insólitos argumentos
en su descargo. Su caso se suma al de otros funcionarios judiciales bahieneses acusados de complicidad con represores.
Por: Gabriel A. Morini
El juicio por delitos de lesa humanidad cometidos por el V Cuerpo del Ejército en Bahía Blanca sigue arrojando posibles complicidades civiles dentro de la propia justicia bahiense. El camarista federal Néstor Luis Montezanti, afronta desde octubre de 2011, un pedido de juicio académico, acusado de haberse desempeñado como “personal civil de inteligencia” durante la última dictadura militar, algo que admitió a medias en su descargo. Este profesor de la Universidad Nacional del Sur (UNS) se suma a otros dos titulares de cátedra de esa casa de estudios e integrantes de la propia justicia cuyo rol durante la dictadura es cuestionado. El fiscal federal Abel Córdoba fue el primero en sacar a la luz que Montezanti revistó en el Destacamento de Inteligencia 181, en el año 1981, cuyo jefe era el coronel José Osvaldo “Balita” Riveiro, uno de los coordinadores del Plan Cóndor. Su nombre aparece en los listados de personal de inteligencia pertenecientes al Batallón 601.
Montezanti es actualmente titular de tres cátedras en la UNS: Introducción al Derecho, Ciencia Política y Derecho Administrativo I. Su nombre aparece en el renglón 3036 de la nómina del personal civil de inteligencia que revistó en el período 1976-1983 confeccionado por la Secretaría de Derechos Humanos, en base a expedientes desclasificados. También acumula denuncias en el Consejo de la Magistratura por parte del sindicato de judiciales conducido por Julio Piumato, a raíz de supuesta violencia laboral contra sus empleados.
El consejero universitario Dante Patrignani pidió el juicio académico, pero el camarista presentó además un recurso insólitamente fundado para suspenderlo hasta tanto la justicia no resuelva su propia impugnación contra la resolución de la asamblea de la UNS que lo excluía éticamente como profesor. “Los hechos a que alude el denunciante ocurrieron entre el 1º enero 1981 y el mismo día de junio de 1982, es decir grosso modo treinta años atrás, durante los cuales corrió mucha agua bajo los puentes, incluso los de los obturados y malolientes canales de nuestro país”, comienza Montezanti su desopilante defensa presentada el 26 de octubre de 2011, a la que tuvo acceso Tiempo Argentino. “Durante ese lapso no ocurrió ninguna desaparición forzada ni una detención sin orden judicial ni un exilio forzado”, prosigue evitando mencionar la palabra “dictadura” en todo el texto. “Cualquiera sabe que las operaciones de contrainsurgencia se detuvieron en nuestro país en 1979”, aludió en referencia a los operativos de desaparición forzada perpetrados por los militares.
El juez de Bahía fue más allá en su intento de descargo y apuntó al denunciante y a su acusación como partícipe civil de la represión a la que calificó como “una cháchara efectista, muy mal redactada, de un inepto resentido, que lo único que hace es mamar insaciablemente de la ubre ubérrima de nuestro pobre Estado”. Denominó como “cositas” algunas de las acciones bélicas emprendidas por la dictadura como el conflicto con el Canal de Beagle y la Guerra de Malvinas. “En el famoso Proceso de los Comandantes, la justicia absolvió a Galtieri, Anaya y Lami Dozo de crímenes contra la humanidad”, deslindó además el vínculo cronológico con los hechos. Para describir la situación histórica del país citó escritos del periodista y ex titular de la SIDE menemista Bautista “Tata” Yofre y del escritor y fugaz ministro de Educación porteño Abel Posse.
Pero en el descargo, Montezanti reconoció que su rol fue de “simple Asesor Universitario” y “no como personal de calle o agente de reunión o cualquier otra denominación pintoresca que pudiera sugerir espionaje”. De esta forma aclaró que la “inteligencia no debe confundirse con la información que es la recolección de datos”. Montezanti concluyó que se pretende iniciar un “juicio académico a un profesor cuyo desempeño fue de apenas un año y medio” en los servicios de inteligencia, sin mencionar que durante el período señalado era un abogado y que fue designado directamente como camarista durante el interinato de Eduardo Duhalde, en 2003.
Fuente:TiempoArgentino
Publicado el 17/03/2012
UN COLIMBA y UN PERITO
Mariano Castex
El ex colimba Marcelo Carrio y el perito Mariano Castex testimoniaron durante la audiencia del miércoles por la mañana en el juicio por crímenes de lesa humanidad. Lo hicieron vía teleconferencia desde Rawson y la Capital Federal.
Carrio hizo el servicio militar obligatorio durante la última dictadura cívico militar en el Destacamento de Inteligencia que funcionó en Chiclana al 300. Respondió a las preguntas del fiscal Abel Córdoba sobre sus actividades diciendo que debía estar “en el taller atendiendo vehículos y tareas en la cocina”.
No recordó nombres del personal ni de sus superiores. Una de las descripciones más detalladas que dio sobre sus días en la dependencia militar se refirió a las características físicas del edificio.
“Era una casa, tenía una entrada, una escalera que te llevaba a un primer piso, al fondo estaba la cocina. Había un hall grande que daba a habitaciones. Ahí no tenía acceso. Había un patio con los autos y el taller. Después había un lugar donde hacían guardia y tenían unas camas cuchetas”, relató.
En cuanto a la presencia de personal uniformado aseguró no recordar con exactitud para luego descartar la estadía de militares con sus atuendos oficiales. Finalmente, ratificó la existencia de un laboratorio fotográfico en el último piso pero no aportó el nombre del fotógrafo a cargo.
Le siguió la declaración de Mariano Castex desde la sede porteña del Consejo de la Magistratura. Horacio Azzolin por el Ministerio Público Fiscal y Hernán Vidal por la defensa particular acompañaron e interrogaron al médico legista en la Capital Federal.
Castex fue uno de los profesionales que en 1987 realizaron análisis sobre los cuerpos de varias víctimas del terrorismo de Estado. En la primera parte de su testimonio comentó los métodos utilizados en la confección de los informes y comparó las técnicas de la época con las actuales poniendo de relieve las limitaciones con las que contaban entonces.
Subrayó la hostilidad con la que era recibido en la morgue local donde “trabajamos en el piso” y “no se nos recibió con agrado”. Manifestó que la evaluación de los restos de Mónica Moran fue “la pericia más perfecta que creo haber hecho como médico legista”.
El testigo aseguró que en muchos de los casos en los que intervino lo hizo sobre pericias muy mal realizadas por otros profesionales. Se le exhibieron sus antiguos informes y ratificó lo allí expresado.
Además del caso Moran, la documentación incluía datos sobre Roberto Lorenzo, Darío Rossi, los casos de la Masacre de calle Catriel –Fornasari, Tarchitzky, Matzkin y Castillo-, María Graciela Izurieta, Gustavo Yoti, María Elena Romero, Antonio Giordano y José Luis Peralta.
Los abogados de la defensa insistieron en la versión del “enfrentamiento” sobre el fusilamiento de Mónica Moran, Castex fue contundente: “Lo que sí recuerdo que me impactó fue el brazo de Mónica Moran, había una fractura que cuando abrimos la carne había sangre. La fractura se había realizado en vida. Para mí jamás Mónica Moran pudo morir en un enfrentamiento”.
Publicado el 15/03/2012
QUERÍA PROGRESAR PERO NO LO DEJARON
El martes por la tarde declararon ante el tribunal por videoconferencia desde La Plata el tío de César “Braco” Giordano, Martín Moro, y los ex médicos policiales Luis Ernesto Vaskovek y Jorge Alberto Zenof por los casos Ferrari y Frers, respectivamente.
Antes, el tribunal rechazó un pedido de recusación contra el juez José Mario Triputti efectuado por el abogado defensor particular Mauricio Gutiérrez.
“Él tenía sus ideas humanitarias, sus ideas de igualdad de la gente, todos teníamos que estudiar, trabajar. Además era una persona muy inteligente, muy trabajadora, jamás hubiese dejado de confiar en su familia”, aseguró Moro sobre su sobrino.
Martín Argentino Moro luego de recibirse en Bahía Blanca fue a ejercer como contador a Villa Regina mientras César se instalaba en nuestra ciudad para estudiar la carrera de maestro mayor de obra que no estaba en Tres Arroyos donde vivía.
En una visita a Bahía supo que a “Braco” lo buscaba la policía porque lo habían visto pegando unos panfletos cerca del colegio industrial donde cursaba. “Me fueron a buscar para que vaya a la comisaría. Fui y me dijeron que por favor lo buscara, que tenían que hablar con él. No pude llevarlo y me enteré que él no hacía nada malo sino solo expresaba con sus compañeros algunas ideas que plasmaban en panfletos y los pegaban en algunos lados”.
También dijo que el colegio había dejado libre a su sobrino, que como lo habían amenazado y perseguido se fue a Córdoba junto con su novia a comienzos de 1977. “Al poco tiempo estando en Córdoba mi hermana se enteró que lo fueron a buscar los militares al lugar donde vivía que era un hotel y lo llevaron. Nunca más supimos de él hasta que a los pocos meses apareció muerto, con una gran publicidad de los militares”, recordó.
Moro se enteró del operativo fraguado por los represores estando en Villa Regina y tuvo que viajar a Bahía Blanca a reconocer el cuerpo. “Estaba muy deteriorado y tenía por lo menos cinco tiros, uno en la frente y tres en el cuerpo. También en otros lados, era evidente que había estado preso mucho tiempo”. En esa oportunidad fusilaron también “a la novia de César y un chico de 15 años”.
Al tío lo amenazaron cuando reconoció el cuerpo “para que no sea velado sino directamente lo enterráramos sin pasar por la iglesia y que al día siguiente tenía que pasar por Bahía a entregar el certificado de defunción a la Policía Federal”.
Cuando le preguntaron por las consecuencias del secuestro y asesinato de “Braco” en la familia, Moro aseguró llorando que “era el primer hijo de mi hermana (…) tuvo la mala suerte de que a los cuatro años se le murió el padre. Yo le enseñé a caminar. Un familiar tan joven, tan inteligente, tan bueno. Todos los familiares sufrieron, empezando por su madre, mi finada madre, su abuela, mi finado padre, todos, todos, porque era un chico admirable. Él quería progresar, quería trabajar, estudiar… pero no lo dejaron”.
Otros testimonios dieron cuenta en el juicio sobre el secuestro de César y su pareja Zulma Izurieta, su paso por el centro clandestino de detención y torturas cordobés La Perla, sus traslados a nuestra ciudad que culminaron con la puesta en escena de los trágicos actores del V Cuerpo de Ejército.
Según la investigación del fiscal, la noche del 12 de abril de 1977 en La Escuelita Zulma y César fueron adormecidos al igual que María Elena Romero y Gustavo Yotti y al día siguiente los cuatro militantes fueron asesinados y montados para la construcción de un “enfrentamiento” en la Ruta 3 Sur, cerca del paraje conocido como “El Pibe de Oro”.
“Un desatino total”
Luego dieron su testimonio los médicos retirados de la policía Luis Ernesto Vaskovek y Jorge Alberto Zenof que fueron citados por sus intervenciones en la evaluación de los cuerpos de María Angélica Ferrari y Elizabeth Frers, víctimas de nuestra ciudad asesinadas en otro falso enfrentamiento en La Plata.
Ambos profesionales dieron algunos detalles acerca del procedimiento que seguían cuando eran convocados como médicos forenses sin recordar los hechos en juzgamiento.
“Antes del 76 los procedimientos en policía se cumplían en forma reglamentaria. El médico iba al lugar, reconocía la zona y traía. Luego fue una cosa que a veces traían cadáveres, los descargaban y teníamos que hacernos cargo y nadie se responsabilizaba por eso. A veces venía la policía y a veces el Ejercito”, comentó Senoff.
Agregó que “hubo un caso que le tocó a otro muchacho, que trajeron a alguien, que lo bajaron del vehículo y había tres médicos. Uno no lo pudo identificar. A la mañana siguiente aparece un familiar y le dice ‘mataron a fulano’ y era íntimo amigo del médico de guardia que no lo había ido a reconocer. Era un desatino total del cual no teníamos poder para modificarlo”.
Fuente:JuicioVCuerpoEjercitoBB


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