"Recuperar mi identidad fue más largo y doloroso que un pinchazo"
José Sabino Abdala, quien fue apropiado en dictadura y recuperó su identidad, declaró en una nueva audiencia del juicio por el denominado Circuito Camps. También habló su tía y recordó el secuestro de sus padres y la búsqueda con las Abuelas de Plaza de Mayo para dar con su sobrino.
19.03.2012
Por Pablo Roesler
pabloroesler@gmail.com
Una testigo habla en el juicio por el Circuito Camps, ante el TOF1 de La Plata
“En el 93 me hice el examen de ADN, dio positivo y conocí a mi familia, pero el proceso de recuperar mi identidad fue más largo y más doloroso que un pinchazo. Duele mucho más enterarse todo lo que pasó y asimilar todo el dolor”, dijo ayer al Tribunal el nieto recuperado José Sabino Abdala, uno de los seis testigos que ayer declararon en una nueva audiencia del juicio por el Circuito Camps que se realiza en La Plata.
La jornada del juicio comenzó pasadas las 12 en el ex teatro de la Amia, donde el Tribunal Oral en lo Criminal Federal Nº1 juzga a 22 policías, tres militares y un civil, por delitos de lesa humanidad cometidos contra 281 víctimas en seis centros clandestinos de detención que funcionaron bajo el mando de la policía Bonaerense.
Abdala contó que sus padres se están desaparecidos y cómo fue identificado por su familia biológica y las Abuelas de Plaza de Mayo en 1992 y que en 1993 se hizo el examen que develó su verdadera identidad, que la justicia restituyó, finalmente en 1998.
El joven contó que a los 10 años advirtió que no era hijo biológico de la familia con la que vivía: era un niño morocho en medio de una familia rubia de ojos celestes. En esa oportunidad le dijeron que era adoptado y que sus padres habían muerto en un accidente de autos.
Recién a los 19 supo cuál era su familia biológica: “En el año 93 estaba un poco sorprendido. Era otra Argentina, no había tanta información en los medios sobre la búsqueda (de las Abuelas). Me ofrecen hacer un ADN. Y así conozco a mi familia biológica, me reencuentro con ellos en diciembre”.
La justicia le restituyó la identidad a José Sabino Abdala en 1998, 21 años después de que fuera arrebatado de su casa. Sus padres siguen desaparecidos.
“El daño que sufrí yo y todos los hijos que fueron arrebatados a sus padres es irreparable. La justicia puede condenar a los asesinos y torturadores pero es más largo que eso y todavía faltan 400 chicos más que buscan recuperar su identidad y el daño sigue estando. Le pido a los acusados que tienen información, que tengan la valentía y la aporten al tribunal”, concluyó Abdala su testimonio.
Más temprano, su tía Luisa Linda Abdala relató a los jueces Carlos Rozanski, Mario Portela y Roberto Falcone como fue el secuestro de su hermano José y su cuñada Susana Falabella. El matrimonio fue secuestrado de una casa de 67 y 161 de Los Hornos el 16 de diciembre de 1977, junto con su hijo de 3 años y 8 meses y una niña de 2 años, María Eugenia Caracoche hija de otro matrimonio.
La mujer contó que ese mismo día comenzó su búsqueda. Trabajando con Abuelas de Plaza de Mayo llegó hasta la comisaría de la Mujer, ubicada frente a la estación de trenes, donde una mujer policía de apellido Silva le contó que los niños habían estado allí.
“La señora me hizo una descripción de ‘Marcelita’, porque a María Eugenia le decían así, y me habló de un varón de tres o tal vez menos años que no quería comer y que lloraba mucho y se quedaba dormido de tanto llorar”, recordó.
La testigo recordó que esa mujer le contó que a la nena comenzó a retirarla los fines de semana el comisario Rodolfo Oscar Silva hasta que un día no la devolvió más.
María Eugenia Caracoche fue inscripta como hija propia por el comisario Silva y su esposa Armanda Elisabeth Colard, y recuperó su identidad el 18 de septiembre de 1985. Desde entonces viven con sus padres, Ana María y Juan Oscar, y sus hermanos, Felipe, María Paz y Manolo, en Brasil.
Abdala contó que a su oficina de la Asociación Abuelas le llegó el anónimo que decía que el dueño de una clínica de San Justo tenía un hijo apropiado. Ese fue el indicio, contó, que la llevó a que en 1993 supiera dónde estaba su sobrino.
“El ya sospechaba –relató la mujer-. En el expediente el juez dice que cuando habló con él le contestó: ‘si hace tanto que me buscan, me deben querer, no me voy a quedar con la duda’”.
En la audiencia también declaró el sobreviviente de Arana y comisaría Quinta, Miguel Laborde, quien recordó que el padre y los niños fueron llevados a esa seccional. El testigo también recordó el parto en la cocina de la sección de la detenida Inés Ortega, madre de Leonardo Fossatti, quien fue apropiado y recuperó su identidad en 2005.
También declararon Leticia Tori, Jorge Bártoli y los hermanos Claudia Inés y Luis Eugenio Favero, ambos sobrevivientes y hermanos del poeta y músico desaparecido Daniel Omar Favero.
Fuente:Diagonales
20.03.2012
el caso del nieto recuperado se trató en el juicio circuito camps
“Desde el secuestro, no quedó una sola forma en que Sabino no haya sido violentado”
Pasó por dos centros clandestinos, le cambiaron el nombre y le sacaron dos años de edad, recordó ayer su tía en la audiencia realizada en La Plata.
Por: Milva Benítez
Tras dar su testimonio ante los jueces del TOF 1 de La Plata, Sabino volvió a señalar ayer que el mejor camino es la verdad, aunque sea dolorosa. Horas antes, su tía Luisa Abdala había relatado cómo el 16 de marzo de 1977, en horas del mediodía, hombres vestidos de civil, policías y otros uniformados, lo secuestraron junto a su padres, Susana Falabella y José Abdala, ambos militantes de la organización Montoneros. Era mediodía y los vecinos contaron que con ellos también se llevaron a María Eugenia Gatica Caracoche, la hija de casi un año de Ana María Caracoche y Juan Oscar Gatica.
“A José entre varios lo metieron en el baúl de un auto. A Susana la encapucharon y la sentaron en el asiento de un segundo auto –recordó Luisa que le contaron los vecinos–. Llevaba a José Sabino de la mano y a María Eugenia en brazos porque tenía 14 meses; los dos no paraban de llorar.”
Los llevaron al centro clandestino que funcionaba en la Comisaría 5ª de La Plata. En 1992, Sabino fue localizado en poder de un matrimonio que lo inscribió como hijo propio, tras haber permanecido alejado de su familia desde la fecha del secuestro. En 1998 la justicia le restituyó su verdadera identidad. Sus padres continúan desparecidos.
“En el año 1993 me hice el examen de ADN, pero después me quedé como cinco años con mi familia apropiadora. El proceso de recuperar mi identidad fue más largo y doloroso que un pinchazo para sacar un poco de sangre (…) Me tuve que adaptar a una situación que es imposible de describir porque hay sentimientos, hay historia, hay presiones”, recordó Sabino.
Tras permanecer en la comisaría, Sabino habría sido llevado a la Brigada Femenina; una oficial de policía de apellido Silva le relató a su tía que lo dejaron allí durante varios días, “que no quería comer, y que se quedaba dormido cansado de tanto llorar”, hasta que se lo llevaron. El médico Vladimiro Wostowicz y su mujer, Teresa Mastronicola, lo inscribieron como hijo propio mediante una partida apócrifa en la cual figuraba como la fecha de su nacimiento el día 3 de agosto de 1976. El médico que constató el supuesto parto fue el propio Wostowicz, dándole el nombre de Federico Gabriel Wostowicz.
“Desde el día del secuestro no quedó una sola forma en que Sabino no hubiera sido violentado –recordó su tía–. Pasó por dos centros clandestinos, le cambiaron todo el nombre, cuando se lo llevaron él decía ‘Sabi Adala’ y pedía por su papá y por su mamá, le sacaron dos años de edad porque nació en el año 1974, y por los elementos de la investigación sabíamos que no se iba a llevar la sorpresa de que no era hijo biológico de ellos porque había sido criado en una familia donde todos eran rubios y él era morocho.”
LA COMISARÍA 5ª. Miguel Ángel Laborde, quien fuera pareja de la ex detenida Adriana Calvo, fue secuestrado el 4 de febrero en la localidad de Tolosa, y cuando los niños Sabino Abdala y María Eugenia Gatica Caracoche fueron llevados a la comisaría, él se encontraba allí. Recuerda el llanto desesperado de los chicos y que muchos de los que compartían con él una celda de cuatro por cinco metros, en la que se apilaban más de 30 hombres detenidos clandestinamente, pensaron que podía tratarse de sus propios hijos.
Más tarde supo que se trataba del hijo de José Abdala, quien permanecía en una celda más chica, donde se encontraban los militantes del Partido Comunista Marxista Leninista (PCML). “A ellos sí los torturaban en la comisaría”, aclaró Laborde. Por otra parte, reseñó que en el centro clandestino que funcionaba en Arana “a la noche, los interrogatorios eran permanentes con picana hasta que conseguían un nombre; entonces salían en los coches y cuando regresaban se volvía a repetir el procedimiento”.
Fuente:TiempoArgentino


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