Entre el dolor y las lágrimas, familiares de las víctimas declararon ante el Tribunal
Ayer se desarrolló la cuarta jornada del histórico juicio por delitos de lesa humanidad, que se ventila en el Tribunal Oral Federal de la provincia, y donde los ex represores, coronel Carlos Alberto Lucena y Daniel Rauzzino, son juzgados por las supuestas desapariciones y muertes de Francisco Gregorio Ponce, Julio Genaro Burgos, Griselda del Huerto Ponce y Nelly Yolanda Borda.
En la audiencia de este viernes desfilaron los familiares de las víctimas. Para contenerlas, una psicóloga estuvo en el recinto, cerca de donde se ubica el fiscal general, quien una vez concluida la declaración, acompañaba a los testigos hasta una sala contigua al recinto.
La señora Noemí Toledo, sobrina de los hermanos Ponce y prima de Burgos, quien en aquel entonces tenía 13 años, fue la primera de las testigos de la jornada que se sentó ante el Tribunal.
La mujer recordó que el día de la desaparición de su primo Julio, se habían trasladado en la camioneta de Reartes, quien ya pasó ante el tribunal, al centro a ver unas zapatillas, por lo que el vehículo quedó estacionado en inmediaciones de calle Rivadavia y avenida Güemes.
Ella llegó al negocio, pero su tío nunca la alcanzó allí. Al regresar a su casa, en la calle 9 de Julio, supo lo que había pasado. Su tío Julio, al que quería como un segundo padre -recordó entre lágrimas- había desaparecido.
“Recuerdo también que un día llegó mi tía llorando a mi casa, preguntando por mi mamá, pero ella no estaba, se había ido al trabajo. Entonces me pidió que fuera a decirle que se habían llevado a mis tíos Francisco y Griselda”, agregó.
"Después de esto, había gente que se quedaba enfrente de nuestra casa y la de mí tía Felicinda, como vigilándonos. Después de esto no volvimos a saber nada más de ellos”.
A preguntas de una de las partes, la testigo respondió que “el día anterior a que mi primo Julio Burgos desapareciera, me dijo cuando caminábamos por el centro que me diera vuelta, porque dos policías a los que identificó como Denett, los del barrio, los estaban siguiendo”.
Cuando se retiraba la testigo, se vivieron los momentos más tristes, ya que al ser saludada por unos familiares, se quebró y lloró.
Más declaraciones
Pasada media mañana, Joaquín Borda ingresó a la sala. Se trata del hermano de Nelly Yolanda Borda, la joven belicha de 28 años, quien fue llevada de su casa el 27 de enero de 1976.
En líneas generales, el testigo que para aquella fecha tenía 19 años, relató que fue despertado en forma violenta por hombres que le apuntaban. “Me llevaron al primer piso de la casa, donde me tiraron boca abajo junto a los empleados de la panadería de mi padre. Eran hombres armados que gritaban y escuchaba el llanto de mi madre y mis hermanas. Después de unos minutos, todo se calmó y fui a ver dónde estaban mis padres. Ellos lloraban y me decían que la habían llevado a mi hermana Yolanda. Salí a la calle y vi en la vereda a militares con armas largas, me asusté e ingresé de nuevo a la casa”. A preguntas de las partes, el hombre que actualmente vive en Santiago del Estero expresó que su hermana militaba en el “Partido Revolucionario de Trabajadores” (PRT), cuyos integrantes habían intentado copar el Regimiento XVII en nuestra provincia.
Tras un breve cuarto intermedio, el presidente del tribunal Juan Carlos Reynaga, retomó la audiencia, llamando a declarar a Fresia Borda de Leiva.
Al igual que su hermano, recordó cómo fue aquella madrugada en la que desapareció Yolanda, remarcando que ingresaron con violencia y que cuando su hermana dijo su nombre se la llevaron.
Además, hizo mención a unas cartas que su padre le había enviado al coronel Carlos Alberto Lucena, a posterior del allanamiento. Se dispuso que por secretaría se leyera la misma y, ante un absoluto silencio en el recinto, se escuchó el contenido del manuscrito.
Seguidamente y a preguntas de la querella, la testigo recordó que días después de que se llevaran a su hermana, un grupo de militares fue a su casa, ingresaron y sacaron discos, libros y otras pertenencias del estudio, que luego quemaron.
Finalmente, la última testigo de la jornada fue Vercy Borda, de 66 años. Acongojada y con la voz quebrada, la mujer intentó recordar lo que sucedió aquel año que le cambió la vida para siempre a toda la familia. Sin embargo, no pudo contener las lágrimas, y en varios pasajes de su declaración se quebró.
"Me había casado ese año en el mes de enero, y cuando me avisaron lo de mi hermana regresé a Belén y hablé con la gente, pero nadie nos decía nada. Sí estaban muy conmovidos por lo que nos había pasado, y hasta nos dijeron que esos días previos habían observado helicópteros que supuestamente venían a ver a universitarios que estaban en la guerrilla en Tucumán. Pero mi hermana nada tenía que ver con esto, y esos comentarios le molestaron a mi padre”, relató la testigo.
En el interrogatorio, la mujer manifestó que siempre trataron de averiguar sobre el paradero de su hermana, dónde estaba y quién se la había llevado. “Mi papá viajó a Tucumán para ver el departamento que ella ocupaba allá, porque nos dijeron que había sido allanado. Pero nunca pudo entrar, para no comprometer al dueño. En eso, un vecino de apellido Azar le contó que había visto con vida a Yoli en un arsenal de Tucumán, pero mi papá no la pudo encontrar. Él, al igual que mi madre, murieron de tristeza”.
Al igual que su hermano, mencionó las cartas que su padre había escrito a las autoridades, tanto del Gobierno, de la Iglesia y Militares, y luego se dio lectura en el recinto de la respuesta del coronel Lucena.
“Él quiso culpar a mi hermana de lo que le pasó”, sostuvo la testigo.
FuentedeOrigen:LaUnion
Fuente:Agndh
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