1 de abril de 2012

MALVINAS: INFORME ESPECIAL.

LA PRESIDENTA ENCABEZA MAÑANA EL ACTO CENTRAL POR EL ANIVERSARIO DEL CONFLICTO
A 30 años de la guerra de Malvinas
La ceremonia presidida por Cristina Fernández de Kirchner será al mediodía en Ushuaia. Habrá otro acto en el cenotafio de plaza San Martín y homenajes a los caídos en todo el país. También se realizará una marcha a la embajada británica.
Ushuaia será mañana escenario del acto central por Malvinas, encabezado por la Presidenta.
El Día del Veterano de Guerra y los Caídos en Malvinas se conmemorará mañana en distintos puntos del país. El acto central, a 30 años del inicio del conflicto bélico, será en Ushuaia, donde asistirá la presidenta Cristina Fernández, y también habrá una ceremonia en el cenotafio del barrio de Retiro, en la ciudad de Buenos Aires. Los partidos de izquierda marcharán mañana a la tarde hacia la Embajada de Gran Bretaña. El grupo Jóvenes Latinoamericanos por la Soberanía de Malvinas, conformado por hijos de ex combatientes y jóvenes platenses, comenzará esta noche una vigilia en la plaza Moreno de La Plata. El ex combatiente Eduardo Grau, guardavidas de 49 años, nadará hoy desde la isla Paulino hasta el balneario La Balandra, en Berisso, para homenajear a sus compañeros caídos en 1982. Ayer, la Universidad Nacional de Tres de Febrero y la fundación Taeda inauguraron en el Palais de Glace la muestra audiovisual Malvinas, arte, documento, historia, memoria y actualidad, en tanto alumnos y docentes de la Escuela 78 Melchor Romero de La Plata bautizaron su biblioteca con el nombre del ex combatiente José Luciano Romero, que superó en la votación a los escritores Leopoldo Lugones y Jorge Luis Borges.

La Presidenta encabezará a partir del mediodía de mañana la ceremonia en la plaza Islas Malvinas de Ushuaia, donde se encuentra el Monumento a los Caídos en la guerra. CFK estará acompañada por varios ministros de su gabinete y por la gobernadora fueguina, Fabiana Ríos. El acto en plaza San Martín, encabezado por autoridades militares, comenzará a las 11.30 frente al cenotafio con los nombres de los 649 soldados que murieron durante la guerra. También habrá actos en todas las guarniciones militares del país.

Dirigentes y militantes de Proyecto Sur, de los partidos Del Pueblo y Comunista Revolucionario se concentrarán mañana desde las 14.30 en Santa Fe y Pueyrredón para marchar luego hacia la Embajada de Gran Bretaña. Los adherentes al partido de Pino Solanas convocaron a la manifestación para reclamar la “soberanía irrestricta de la Argentina sobre las Malvinas”. El Partido del Pueblo y el PCR anunciaron que “se prepara una gran marcha nacional unitaria hacia la embajada inglesa” y que con la movilización buscarán “ratificar nuestros derechos” sobre las islas y “reivindicar el heroísmo de los veteranos, que sin armas, como los civiles movilizados, o con las armas en la mano, como soldados, suboficiales y oficiales, enfrentaron al enemigo imperialista”.

El grupo Jóvenes Latinoamericanos por la Soberanía de Malvinas comenzará su vigilia hoy a las 21 en plaza Moreno, donde se realizarán actividades artísticas y una radio abierta para recibir el 2 de abril. La actividad se extenderá hasta mañana a la mañana, cuando los hijos de los ex combatientes participarán del acto central del Centro de Ex Combatientes de Malvinas (Cecim) de La Plata, que se realizará a las 10.30 en la plaza Islas Malvinas, en 19 y 51. La vigilia tiene por objetivo “reflexionar que para nosotros Malvinas no es solamente la guerra, sino que tiene que ver con el presente y el futuro y con el uso de recursos naturales”, explicó Laurentina Alonso, hija de Ernesto Alonso, secretario del Cecim La Plata.

El ex combatiente Eduardo Grau, que integra el flamante Sindicato de Guardavidas de Buenos Aires, anunció que realizará hoy un cruce a nado desde la isla Paulino hasta un balneario de Berisso. “Es una manera de homenajear a mis compañeros caídos en las islas Malvinas, a quienes jamás voy a olvidar”, explicó el ex combatiente. Se estima que Grau tardará nueve horas en realizar el trayecto de 19 kilómetros a río abierto. Héctor Quiroga, secretario general del sindicato, explicó que “es una forma de rendirle un homenaje (a los caídos) desde la clase trabajadora” y agregó que “estamos orgullosos de considerarnos trabajadores comprometidos con una causa tan noble como es el tema de las islas Malvinas”.

“Una causa nacional”
“Ninguno de nosotros tiene vocación belicista ni la tendremos, pero esta causa Malvinas es una causa nacional”, sostuvo ayer Aníbal Fernández. El senador del Frente para la Victoria recordó, por otra parte, que a este conflicto “hay que mirarlo de distintas miradas” porque en aquel 2 de abril de 1982 “paradójicamente veníamos de una marcha realizada el 30 de marzo por los trabajadores, que había sido fuertemente reprimida por el gobierno militar”. Fernández se dijo optimista sobre el reclamo argentino: “Desde 1965 las Naciones Unidas vienen exhortando a que se sienten los dos países a entablar negociaciones. Se pide que se respeten los intereses de los ingleses, no el deseo de los ingleses, porque en definitiva la población que vive ahí no pertenece a ese lugar, sino que fue llevada a ese lugar”.

Contra la autodeterminación
“Es ridículo plantear la autodeterminación de los invasores”, consideró el diputado nacional Federico Pinedo. Para el dirigente del PRO, “los malvinenses son un elemento del conflicto, pero no parte del conflicto”, porque “la política exterior la fija el gobierno del Reino Unido y los malvinenses son súbditos británicos”. Pinedo señaló que la Argentina “tiene un mandato constitucional de respetar el modo de vida de los isleños y ahí hay mucho por hacer porque no hicimos nada para respetar su modo de vida, pero eso no quiere decir reconocerlos como contraparte del conflicto. Existe el principio de autodeterminación del propio pueblo argentino a gobernar su territorio y eso es muy importante en la solución del tema Malvinas; me parece ridículo e increíble plantear la autodeterminación de los invasores”.

LOS DOCUMENTOS SECRETOS DE LOS ESTADOS UNIDOS DURANTE LA GUERRA DE MALVINAS
“A Maggie no le va a alcanzar”
Una carta del presidente Reagan a su secretario de Estado Haig revela los movimientos en la guerra para no generar resistencias en América latina y mantener la supremacía de la alianza con Londres.
Por Martín Granovsky
Una serie de documentos desclasificados pertenecientes a la Presidencia, al Departamento de Estado y a la Agencia Central de Inteligencia revelan los detalles de la observación y la participación de los Estados Unidos durante la guerra de Malvinas. Una lectura de los 48 textos permitió a Página/12 descubrir para los lectores matices y prioridades de Washington.

Carta de Ronald para Al. Entre los documentos desclasificados por el Departamento de Estado figura una carta personal enviada por el presidente de los Estados Unidos, Ronald Reagan, a su secretario de Estado el general Alexander Haig. Mientras los Estados Unidos exploraban la posibilidad de una retirada argentina tras el desembarco del 2 de abril de 1982 y un régimen interino, queda clara la preocupación de Washington por no herir a Margaret Thatcher y sus posibilidades políticas. La primera ministra conservadora que había asumido en 1979 (y que terminaría consolidada por la guerra y por su victoria sobre la Argentina) aparece amistosamente por su diminutivo, Maggie. Dice Reagan a Haig que “después de haber leído tu informe sobre tus conversaciones en Londres queda clara la dificultad que entrañará lograr un compromiso que le permita a Maggie seguir y al mismo tiempo pase el test de ‘equidad’ con nuestros vecinos latinos”. En esas condiciones “no hay mucho margen de maniobra en la posición británica y no se puede ser optimista”. Reagan propuso a Haig insistir en una presencia multinacional y lograr de Galtieri un compromiso de retiro de fuerzas compatible con lo que se pedía al Reino Unido sobre una distancia mínima de sus submarinos nucleares.

Con Galtieri. El embajador Harry Shlaudeman contó en el despacho secreto 2640 que, a pedido de Galtieri, fue a ver al dictador a medianoche del 29 de abril. Le dijo que no tenía instrucciones para esa reunión pero que quería “evitar una confrontación fatal”. Y añadió: “Le señalé que no había recibido una adecuada respuesta a nuestras propuestas y que al día siguiente anunciaríamos varias medidas contra la Argentina”. Estuvieron más de una hora reunidos. Al final de la charla, Schlaudeman tomó la iniciativa de sugerir a Galtieri que anunciara el retiro unilateral de las tropas de las Malvinas como un primer paso hacia una solución pacífica y “como un gesto de buena voluntad”. Dijo el embajador que Galtieri pareció tomar la propuesta en serio e incluso la escribió, pero transmitió al embajador que él era uno entre tres para tomar decisiones. Aludía a la Junta Militar. Eso parece haber inclinado al embajador de los Estados Unidos a formular la recomendación que sigue: “Sugiero de la manera más firme que no anunciemos las medidas contempladas hasta que yo haya tenido la posibilidad de continuar explorando otras posibilidades con Galtieri mañana por la mañana. Creo que todavía hay una chance, aun pequeña”. Schlaudeman escribió que insistió varias veces ante Galtieri en que la Argentina no fuera la autora de la primera acción ofensiva. Galtieri le dijo que había frenado tres veces el primer disparo en esos días pero que no podría continuar haciéndolo, y dijo que “la Marina está hambrienta de acción”. Aludió a que había utilizado capital político para frenar el hecho del primer disparo.

EE.UU. no fue mediador. Un resumen inicial del Departamento de Estado que se titula “Falkland Islands” comienza así: “A pesar del contacto directo entre el presidente Reagan y el presidente Galtieri, la Argentina ocupó las islas Falkland el 2 de abril”. Sostiene que los Estados Unidos tienen un papel importante en resolución de la crisis. “Uno de nuestros aliados más importantes, el Reino Unido juega un rol vital en las relaciones Este/Oeste a través de su participación en la Organización del Tratado del Atlántico Norte. Un involucramiento del Reino Unido durante un período prolongado en una crisis del Atlántico Sur distraería importantes recursos de defensa lejos de Europa y de Hemisferio Norte. En el caso de la Argentina nuestras relaciones fueron mejorando, lo cual contribuyó a la estabilidad en la región enteramente considerada y con la promesa de una sociedad futura en temas importantes. También queremos evitar daños en el sistema interamericano”. Recuerda el texto que inmediatamente después, los Estados Unidos deploraron el uso de la fuerza por parte de la Argentina y pidieron el cumplimiento de la resolución 502 del Consejo de Seguridad, que reclamaba el cese inmediato de hostilidades, el retiro de las fuerzas argentinas y la negociación diplomática. “Al mismo tiempo que deploraba la violencia, los Estados Unidos mantuvieron un tono balanceado en el trato con la Argentina y con el Reino Unido, necesario si queremos tener éxito en ayudarlos a resolver su disputa.” El informe de situación refiere las visitas del secretario de Estado Haig a Londres y Buenos Aires, aunque “nunca asumimos el rol formal de mediador entre la Argentina y el Reino Unido”. Para el Departamento de Estado, existen posibilidades de que el conflicto empeore. Y si eso sucede, el temor expresado en el texto es que la Junta Militar “busque apoyo donde puede encontrarlo”. Aunque “el régimen es anticomunista, podría volcarse hacia la Unión Soviética en busca de ayuda militar, económica y política”. Un desarrollo de ese tipo “tendría serias consecuencias para la Argentina y para la seguridad estratégica del Hemisferio Occidental”. La última denominación es la usual, y lo era más en tiempos de Guerra Fría, para denominar al continente americano.

Una mirada civil. El cable confidencial 2450 comenta una conversación con “un político bien informado que generalmente apoya al gobierno militar” y refleja, según la embajada de los Estados Unidos, “el pensamiento de los sectores conservadores más importantes que cooperaron con los militares desde 1976”. El personaje en cuestión se mostró “oscuramente pesimista sobre el futuro” y lo analizó en cinco puntos. El primero, que Galtieri caerá si no obtiene el compromiso británico de reconocer la soberanía argentina sobre las islas en un período de entre seis meses y un año. El segundo punto, que con ese compromiso Galtieri podría sobrevivir, pero ni siquiera de manera segura. Si “ganara”, su movida siguiente sería buscar una elección popular para ser presidente por el voto en 1983. (En ese punto el redactor del despacho pone paréntesis y dice, poniendo una valoración, que en opinión de los diplomáticos norteamericanos una aproximación de Galtieri a elecciones libres es muy remota.) Tercer punto, desde la perspectiva de Galtieri sería mejor librar una guerra perdida (“y nuestra fuente está segura de que la Argentina perderá”) que rendirse y deponer el reclamo de soberanía. El cuarto punto es que “no hay ningún político en el país que piense que la invasión de las islas haya sido otra cosa que un error colosal” y que existe la percepción extendida de que “el presidente y sus consejeros son incompetentes”. El quinto punto parece una anticipación del escenario que siguió al hundimiento del Belgrano, el 2 de mayo. Si se produce un enfrentamiento grande y muchos argentinos resultan muertos (“hunden un barco y mueren 400”, dijo el político consultado) el pueblo tendrá una reacción “incontrolable”. Y uno de los blancos será la embajada norteamericana. Si Galtieri se ve obligado a dejar el poder, se abrirían dos caminos. Uno, la dictadura encabezada por un militar nacionalista de extrema derecha. Otro, la selección de un general para que conduzca una transición a la democracia. El general podría ser José Rogelio Villarreal, secretario general de la Presidencia en tiempos de la presidencia de Videla, o el ex ministro de Trabajo Horacio Liendo, “de buenas relaciones con políticos peronistas y con Frondizi”. En el caso de Villarreal, las buenas relaciones se extendían a conservadores y radicales, cosa que dirigentes radicales confirmaron a la embajada de los Estados Unidos.

Dear Francis. Uno de los textos desclasificados es una carta dirigida por el secretario de Estado Alexander Haig a su colega británico, el primer secretario del Foreign Office británico Francis Pym. Le dice que envía adjunto un texto de Nicanor Costa Méndez, el canciller argentino, pero que no quiere ejercer influencia sobre Pym porque a él mismo no lo convence el retroceso del argentino respecto de acuerdos previos. Lo que sí queda asegurado en todos los casos, incluso con negociaciones, una administración interina y el compromiso del retiro, es el control británico. En cuanto al interinato, el compromiso asumido por Costa Méndez es que los consejos locales seguirán siendo soberanos. No habría problemas para la seguridad, porque los submarinos británicos quedarían fuera de las 150 millas náuticas pero se trataría, en tiempo, de solo cinco horas para llegar a las islas. Y dice una parte del texto: “Francis, no está claro quién manda allí (en la Argentina). Hay por lo menos 50 personas, incluyendo a comandantes de cuerpo, que ejercen el derecho de veto, y en este punto no puedo hacer nada”. De cualquiera manera, para Haig un acuerdo sería conveniente y lo contrario supondría costos para todos. El secretario de Estado le pidió a su colega que por favor lo llamara antes de tomar cualquier decisión pública. La propuesta argentina recibida por los Estados Unidos proponía que en siete días la dictadura retiraría la mitad de sus tropas hacia el continente y el Reino Unido no pasaría una distancia de tres mil millas náuticas para sus fuerzas navales. Las fuerzas quedarían retiradas totalmente en 15 días. El Reino Unido se comprometería a terminar el proceso de descolonización el 31 de diciembre de 1982, aplicando el principio de integridad territorial argentina de acuerdo con la resolución 2065 de las Naciones Unidas. Hasta esa fecha las islas continuarían desmilitarizadas. Se mantendrían los derechos y garantías de los isleños “sobre todo en lo que se refiere a la libertad de expresión, de religión, de enseñanza y de movimiento, lo mismo que los derechos de propiedad, las fuentes de trabajo, las costumbres, el estilo de vida y los lazos tradicionales familiares, sociales y culturales con sus países de origen”. El Estado argentino decía estar dispuesto a pagar “un precio justo” por las propiedades de los individuos o las empresas que no desearan continuar sus actividades en las islas. En el período de transición hasta el 31 de diciembre de 1982, la administración de las islas estaría compuesta por un gobernador designado por el gobierno argentino, sería mantenida la administración local excepto la policía, también se mantendrían los consejos legislativo y ejecutivo y se ampliaría el número para integrar un número igual de miembros designados por el gobierno argentino, preferiblemente entre los argentinos ya residentes en las islas. La bandera argentina continuaría flameando en las islas. El Estado promovería viajes, transportes, comunicaciones y todo tipo de comercio entre el territorio continental y las islas. Un grupo compuesto por un número igual de representantes de la Argentina, de los Estados Unidos y del Reino Unido verificará la implementación de las obligaciones que implica el acuerdo. El garante sería el gobierno de los Estados Unidos.


La excitación de Galtieri y los problemas de Thatcher. El 14 de abril de 1982 el primer objetivo de los Estados Unidos seguía siendo “encontrar una vía para permitirle a Galtieri una retirada con honor”. Así lo expuso el secretario de Estado Alexander Haig. Para él, el objetivo podría cumplirse si se complementaban una situación provisoria en Malvinas luego del desembarco argentino, la tensión entre los dos países por la soberanía y “la insistencia británica en la autodeterminación en la negociación de un acuerdo final”. El problema, para Haig, es que “excitó tanto al pueblo argentino que se dejó poco margen de maniobra”. Entonces, retirarse podría ser visto popularmente “como una ignominia” y Galtieri quedaría aún en peores condiciones con Thatcher, cuya suerte Haig también medía. Los dos saltarían de sus puestos. Galtieri por “la volatilidad” y Thatcher por la dificultad en “vender un acuerdo al Parlamento”. En el caso británico incluso un incidente bélico daría por tierra con el plan norteamericano. Cuando expuso esta situación en la Casa Blanca, Haig ya había asistir a la concentración en Plaza de Mayo convocada por Galtieri el 10 de abril.

Situación aérea y participación soviética. Un cable secreto del 4 de abril, dos días después del desembarco, analizaba el escenario aéreo que estaba plasmándose. Londres estaba pensando en una ruta que uniera Tahití, la isla de Pascua y Chile para sus aviones. Pronosticaba la posibilidad de un enfrentamiento militar la semana siguiente porque Galtieri había declarado el 3 que un bloqueo británico a las islas “significaría guerra”. En ese cuadro “aparentemente los soviéticos están respaldando los reclamos argentinos, a pesar de que ese apoyo es de bajo perfil”. La base es la exportación de granos argentinos que salvaron a la Unión Soviética de la escasez de productos del campo. Sin embargo, Moscú “no ofreció ayuda diplomática a Buenos Aires”. ¿Qué podría hacer la Unión Soviética, entonces? Pasar a los argentinos datos de la flota británica.

América latina (y un ojo en Londres). Para la Agencia Central de Inteligencia no cabían dudas de que los ministros de Relaciones Exteriores de América latina aprobarían una resolución que pediría a los Estados Unidos no ayudar más al Reino Unido. El análisis indicaba que el gobierno argentino confiaba en que efectivamente los votos cambiaran la posición norteamericana e hicieran que Washington intercediera ante Londres. Al mismo tiempo, Thatcher conseguía despejar dificultades, las encuestas sobre intención de voto daban una ventaja de dos a uno a conservadores sobre laboristas. Un 85 aprobaba el manejo de Thatcher en la crisis. Había logrado diezmar las capacidades aéreas argentinas, que en una primera etapa produjeron daños serios a los británicos. Las fuerzas británicas eliminaron un tercio de los aviones de primera línea de la Marina y la Fuerza Aérea. La balanza se inclinaría el día en que, ya sin peligro de ataque, los aviones Harrier del Reino Unido pudieran dedicarse ya no a defender la flota, hasta entonces su primer objetivo, sino de lleno a destruir posiciones argentinas.

Observación aérea. La inteligencia norteamericana no se basó solo en filtraciones o en su acceso a militares argentinos. El reconocimiento aéreo le permitió trazar mapas detallados en los que observaba el movimiento del equipamiento militar, en especial del aéreo, que aparecía como la llave de las operaciones. El arqueo era detallado. Por ejemplo, decía que ocho aviones Mirage III/IV estaban en la base de Tandil a la vista, mientras que otros estaban en el área de mantenimiento. La descripción detallaba la situación en Curuzú Cuatiá, Reconquista, General Urquiza, Dr. Mariano Moreno, Buenos Aires, Mar del Plata, Bahía Blanca, comandante Espora y Puerto Belgrano, en todos los casos con indicación del nivel de nubosidad imperante. También eran observados los barcos de la retaguardia. El Murature estaba atracado e Buenos Aires en la Dársena Norte, lo mismo que lo que parecían cuatro buques menores. “No se puede discernir si hay actividad militar o logística en la base naval del Mar del Plata”, informaba la inteligencia norteamericana.

Satélite sobre las islas. Las posiciones argentinas en las Malvinas eran observadas por satélites y procesadas por el Centro Nacional de Interpretación Fotográfica. El 28 de mayo de 1982 el Centro informó que las que denominaba “fuerzas argentinas de ocupación en las islas Falkland” habían logrado mejorar sus posiciones defensivas “alrededor de Stanley”. El texto del informe es certero en partes y conjetural en otros, y habla de que, por ejemplo, fue registrado “un posible Skyhawk”, y “50 probables carpas para dos personas”. Las certezas indicaban la construcción de “aproximadamente 16 posiciones al sur de Stanley”.

La estrategia británica. El Reino Unido fue objetivo de análisis de igual manera, o quizás con mayor profundidad, que la Argentina. En todo momento la Agencia Central de Inteligencia entregó al presidente Ronald Reagan material con posibles escenarios políticos. Un ejemplo: “Londres busca una victoria rápida en las Falklands y sus fuerzas probablemente se consoliden rápido. Los británicos probablemente intenten un asalto directo contra las fuerzas argentinas en Stanley aunque éstas sean sustancialmente superiores en número. El gobierno parece preparado para aceptar la existencia de bajas relativamente altas en compensación con que se vea un rápido triunfo militar. La primera ministra Thatcher podría llamar a elecciones anticipadas, aunque un revés serio podría dar como resultado su reemplazo”. El ideal británico era una campaña de menos de dos semanas que incluyera la consolidación en San Carlos y luego el movimiento hacia la captura de Darwin/Goose Green, a menos de 32 kilómetros, donde hay 600 soldados y un aeropuerto. Recién luego irían a Stanley, 80 kilómetros al este. En Darwin/Goose Green probablemente a los argentinos les costaría resistir el peso de los cinco o seis mil hombres puestos allí a presionar por parte de los británicos. “Aunque los tres mil soldados a bordo del Queen Elizabeth han sido caracterizados como una fuerza de guarnición, podrían comprometerse con las fuerzas ya desplegadas en el territorio” porque, además, los Guardias Escoceses y los Guardias Galeses que viajan en el buque “están entre las mejores unidades británicas”. Mientras tanto, el objetivo del Reino Unido sería destruir el portaaviones argentino, la munición y los suministros y un ataque masivo a Stanley. Sería importante la protección aérea que pudieran dar los aviones Harrier para disminuir la cantidad de bajas británicas en el avance hacia Stanley. Los argentinos, a su vez, podrían lanzar un contraataque desde Stanley. Entretanto, desde el punto de vista político, “puesto que los británicos observan las propuestas de negociación como perjudiciales para sus intereses, una campaña corta y exitosa recibiría apoyo amplio en el Reino Unido”. Entonces, ya “con el respaldo de la opinión pública Thatcher y la mayoría del Partido Conservador probablemente quieran continuar y acepten entonces bajas relativamente más importantes, aunque solo si el resultado es una victoria militar contundente”. Esa campaña militar redoblada se vería facilitada por el apoyo de la alianza socialdemócrata-liberal y por la división en el Partido Laborista, una brecha cada vez más abierta que favorece a los conservadores. “Una campaña corta y exitosa, especialmente con pocas bajas nuevas, podría catapultar a los tories a la posición más fuerte desde comienzos de la década de 1960”, dice el texto de inteligencia. “En ese caso se incrementan las chances de que haya una elecciones a fines de la primavera”, o sea, ya que es el Hemisferio Norte, antes de que comience el verano el 21 de junio. La guerra terminó con la victoria británica una semana antes, el 14 de ese mes. No hizo falta más de una estación. En todo momento, según el análisis de la CIA, las pérdidas están asociadas, en su efecto sobre la popularidad de la primera ministra, al éxito militar. Si el éxito acompaña, las bajas pueden justificarse políticamente. El fantasma es que no haya éxitos y aparezca la peor situación para Thatcher: la erosión de su popularidad y, después, la aceptación de un cese de fuego y de la mediación de Naciones Unidas. El análisis de la CIA se planteaba incluso qué pasaría ante esa posibilidad. “Si Thatcher cae, sería reemplazada por un tory ubicado con menos claridad a favor de políticas militares duras”. Los dimes y diretes señalaban en esa posición a Pym, el primer secretario del Foreign Office. De todos modos, para la CIA era improbable que hubiera una elección general inmediata.


Qué debían hacer los EE.UU. La directiva número 34 del Consejo Nacional de Seguridad de la Casa Blanca con fecha 14 de mayo de 1982 recuerda cuál es la política que guía a los Estados Unidos en lo que denomina “la crisis del Atlántico Sur”. Por un lado, la claridad para hacer explícita la posición norteamericana de apoyar al Reino Unido y “la determinación de no aceptar el uso ilegal de la fuerza para resolver disputas”. Por otro lado, la suspensión de todas las exportaciones de suministros militares a la Argentina, lo cual incluye municiones y provisiones ya en curso y el análisis, para su prohibición de las licencias en trámite. También el retiro de la capacidad argentina de ser elegida para recibir otras provisiones en el futuro. Más allá del mercado de armas, la Argentina quedaría fuera de las operaciones del Eximbank, el banco de exportaciones e importaciones que había castigado originalmente las operaciones financieras durante el gobierno de James Carter (1977-1981) aunque luego el gobierno de Ronald Reagan fue relajando los castigos. Otra forma de escarmiento fue el retiro de las garantías para créditos de commodities y otra más la colocación de trabas cuando se requiriese la aceptación por parte de los Estados Unidos para ventas argentinas a terceros países.

El pulso de los latinoamericanos. El análisis del Departamento de Estado era que el sentimiento latinoamericano hacia la Argentina se solidificó luego del anuncio del apoyo de los Estados Unidos al Reino Unido, el 30 de abril, y el hundimiento del Crucero General Belgrano el 2 de mayo. Eso sí: “El conflicto anglo-argentino dividió a los países de habla hispana de los caribeños anglófonos, puso en peligro el sistema interamericano, le dio a Cuba la posibilidad de restaurar sus relaciones con la Argentina y recibir la solidaridad latinoamericana, encendió sentimientos nacionalistas en el hemisferio y revivió el antinorteamericanismo latente”. Lo último sucedió sobre todo en Venezuela, Nicaragua y Perú. Un análisis país por país seguía a esta visión genérica de la inteligencia del Departamento de Estado. En Brasil, autoridades “dijeron en privado que estaban en desacuerdo y preocupados con el nivel y la amplitud del apoyo norteamericano el Reino Unido” y confiaron que extraoficialmente habían dado su acuerdo para la compra de material bélico. En público los brasileños habían pedido el cumplimiento de la resolución 502, de retiro de tropas de las islas y, según citaba el análisis, la preocupación era que las medidas comerciales, financieras y de suministros de armas contra la Argentina pudieran repetirse para otros países. El caso de la dictadura chilena de Augusto Pinochet era distinto. Aunque la situación próxima a una guerra en 1978 no está citada en el análisis diplomático, en cambio sí está reflejado el pensamiento del gobierno sobre las relaciones con la Argentina en general. En privado, en conversaciones privadas mantenidas en Washington y en Santiago de Chile, los funcionarios chilenos se quejaron de su “frustración por años de interminables conversaciones sobre el Canal de Beagle con la Argentina”, país al que observaban como “intransigente”. También expresaron a diplomáticos norteamericanos su simpatía por el Reino Unido porque lo contrario sería una victoria, preocupante para el futuro chileno, por parte de la Argentina. Los colombianos apoyan el reclamo argentino de soberanía pero no el recurso el uso de la fuerza. Los costarricenses advirtieron a los norteamericanos que con su posición enfrentarían “una tormenta de protestas en América latina”. El gobierno de Rodrigo Carazo incluso pidió retirar la sede de la Organización de los Estados Americanos de Washington. Cuba reaccionó rápido y el vicepresidente Carlos Rafael Rodríguez dijo en una entrevista al diario francés Le Monde que su país estaba listo para ayudar a la Argentina, incluso militarmente. La Habana condenó al Reino Unido, apoyó a la Argentina y convocó a la solidaridad latinoamericana. El líder de la derecha guatemalteca, Mario Sandoval, envió un telegrama al presidente Reagan quejándose de “la política increíblemente estúpida” de los Estados Unidos. La junta militar de Guatemala elogió las “buenas intenciones” del secretario de Estado Alexander Haig pero dijo que el país apoyaría completamente a la Argentina y hasta estaba pensando en mandar un contingente militar. El gobierno mexicano criticó tanto al Reino Unido como a la Argentina pero dijo que apoyaba la soberanía argentina sobre las islas. La conclusión de la diplomacia norteamericana es que incluso las actitudes que en un principio fueron ambiguas se tornarían más claras en el peor sentido para los Estados Unidos. Después del hundimiento del Belgrano y del apoyo norteamericano al Reino Unido de manera abierta, el sentimiento generalizado sería cada vez más “antiimperialista”. En tanto, Venezuela dijo que estudiaría cualquier tipo de pedido por parte de la Argentina, hasta militar.

Después del Belgrano. Un despacho de la embajada de los Estados Unidos en la Argentina da cuenta de los efectos del hundimiento del Belgrano entre los sectores militares gobernantes. La preocupación del embajador Harry Schlaudeman es redoblar esfuerzos contra la idea de que fueron los Estados Unidos los que proveyeron la inteligencia satelital necesaria para localizar el crucero y hundirlo. Dice el texto que lo llamó el jefe del Estado Mayor del Ejército, el entonces general Antonio Vaquero, para decirle que los argentinos “tienen pruebas” de que así fue. También refiere que “Télam, la agencia de noticias del gobierno, puso en su servicio una nota según la cual un informante no identificado del Pentágono dijo que los Estados Unidos tienen como mínimo un satélite espía en el Atlántico Sur y que gran parte de la información obtenida es transmitida al Reino Unido”. El embajador también se quejaba por la confusión a su juicio reinante en la Argentina entre fotografías de satélites meteorológicos y los que se utilizan para obtener información militar. Escribía Schlaudeman: “La prensa aquí también destaca declaraciones del secretario (de Defensa, Caspar) Weinberger sobre que los Estados Unidos darían al Reino Unido todo tipo de apoyo, inclusive logístico, material e informativo”. Se lamenta de que esa declaración es utilizada como confirmación del presunto envío de información antes del hundimiento del Belgrano.
martin.granovsky@gmail.com

OPINION
Contarlo desde marzo
El día en que se cuarteó la dictadura. El 30 de marzo, los que marcharon y los que acompañaron. Lo que pasó tres días después. El apoyo popular. La manipulación mediática, etapas. Reacciones y cambios en tres meses. Los héroes de Malvinas, una definición con beneficio de inventario. La política internacional ulterior. Las efemérides, un apunte.
Por Mario Wainfeld
Las dictaduras prolongadas pueden llegar a parecer eternas (al menos para quienes las sufren). Impenetrables como un bloque de cemento. Pero un día se resquebrajan. Ese día, de ordinario, no surge de milagro ni de improviso: el deterioro es progresivo, pero no siempre se percibe. De pronto, por así decir, lo sólido se muestra vulnerable, se cuartea. Así ocurrió, casi textualmente, con el Muro de Berlín, que sirve de ejemplo y de parábola al efecto. Así parece haber sido en las revoluciones de los países árabes ocurridas recientemente. La dictadura que arrasó con la Argentina se cuarteó el 30 de marzo de 1982, cuando una multitud la desafió en las calles, se movilizó tras una consigna sencilla y básica: “Paz, pan y trabajo”. El avance popular se hizo grito en estrofas que se venían coreando (cada vez con más adhesiones y menos pruritos) en las canchas de fútbol: “Se va a acabar/ se va a acabar/ la dictadura militar”. Cuando muchos creen que se puede acabar, sacuden sus temores y exponen sus cuerpos al efecto, es el comienzo del fin.

El 30 de marzo la dictadura empezó a caer. Reprimió ferozmente, pero los manifestantes no cejaban. Hubo un muerto, Dalmiro Flores, imposible reconstruir la cantidad de heridos. Columnas organizadas, militantes sueltos que recobraban viejas prácticas, jóvenes que hacían su bautismo de lucha tratando de llegar a la Plaza de Mayo, ¿dónde si no?

Hay un dato siempre ilustrativo para “leer” una movilización realizada en un día laborable, enfrentando carros de asalto, gases y perros: ver qué hacen quienes no participan. No hablamos de “la minoría silenciosa” o de la opinión pública, sino de las miles de personas de a pie que, de movida, son testigos presenciales. Los que estaban en la pura calle, en oficinas, en bares, en la zona que va desde Tribunales a la Plaza, el epicentro de la represión. “Los demás” eran muy mayoritariamente solidarios con los que más se jugaban: aplaudían, daban una mano o acercaban una botella de agua, abrían una puerta generosa para darle una aliviada a un prófugo, asistían a los golpeados. Puteaban (fuerte o por lo bajo, según su temperamento o su coraje) a “los milicos”, los que gobernaban y los que reprimían a su propio pueblo.

El célebre 2 de abril, es consabido, llegó tres días después. La decisión del desembarco, comentan los historiadores buceando en la turbia información dictatorial, estaba tomada antes. Como fuera, empíricamente ocurrió pocas horas después, cuando muchos manifestantes seguían presos, incluyendo a Saúl Ubaldini, que despuntaba como protagonista de los años venideros.

¿Pudo haber 2 de abril sin 30 de marzo? Es una hipótesis probable. En la tozuda realidad, que pesa más, no lo hubo. También es evidente que Malvinas fue una decisión de la Junta Militar para contrarrestar el deterioro de la dictadura. La fantasía de la “cría del Proceso” (una fuerza política democrática que la perpetuara, como pudo lograr más adelante el pinochetismo) se diluía. Hay otro factor esencial, que describe bien el juez Daniel Rafecas en su más que recomendable libro Historia de la solución final: uno de los objetivos estratégicos de todo genocidio es garantizar la impunidad futura. Para las mentes pensantes de la dictadura (que las tenía y por eso duró lo que duró y consiguió varios de sus objetivos) debía ser notorio que la impunidad se le escurría entre los dedos.

Malvinas fue, pues, un intento de relegitimación, tal su matriz, su objetivo estratégico principal. Escindirlo de otros aspectos es un ejercicio conceptual posible, quién le dice necesario, pero imperfecto desde el vamos.
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Apoyos y manipulación: Es imposible cuantificar el apoyo popular a la invasión y luego a la guerra. Las elecciones democráticas añaden a sus tantas virtudes la de medir con precisión el pronunciamiento soberano. En tiempos de dictadura los cálculos son más imprecisos. La primera reacción, según la mirada del cronista entonces y ahora, fue de un aval mayoritario, cuanto menos muy extendido. La manipulación del régimen, cabe acotar, no existió en ese primer momento. La dictadura difundió su propio imaginario: el golpe de mano sería exitoso, no habría guerra. Era un punto de vista descolocado, primitivo... pero hasta ahí, era sincero. Quienes lo acompañaban, por muy loables que fueran sus designios, resultaban funcionales al afán de perpetuación de la dictadura. El cronista expone su parecer, en un tiempo propicio para la reflexión y el debate: fue un error colectivo, tomando en cuenta costos políticos y beneficios virtuales. Más aún con el 30 de marzo fresquito en las conciencias.

A poco andar, los hechos contrariaron las torpes predicciones de los tiranos. Gran Bretaña y Estados Unidos no toleraron la afrenta, su historia lo anticipaba, ciego era quien no quería verlo.

Desde que el plan inicial falló, comenzó un proceso de manipulación y desinformación mediática gigantesco en el que intervinieron los medios públicos y también los privados más importantes. Su impacto y credibilidad fueron inmensos. Es posible asumir la vulnerabilidad de una población embotada tras años de dictadura. Los autoritarismos extremos resienten la capacidad de pensar de todos sus súbditos, aun de aquellos que no son sus partidarios o se le oponen. La carencia de libertades públicas, de debate democrático, afecta a todos, aunque en proporciones disímiles. La mentira repetida era imposible de contrarrestar en el ágora. El sentimiento patriótico conspiraba contra la posibilidad de discernir entre verdad y mentira.

La perversidad de las autoridades fue muy lejos: convocaban a los alumnos a escribir cartas dirigidas a los conscriptos que, a poco andar, ni fueron remitidas. Se movilizó a miles de personas a que donaran sus bienes para un fondo patriótico. Personas conmovidas donaban lo mejor de sus patrimonios, lo que “no tenían”, los anillos de la familia, en un desfile conmovedor transmitido durante 24 horas seguidas por tevé. Fueron choreados, sin más.

En ese estadio, tal vez era muy complicado sustraerse al clima emocional reinante. De cualquier modo, sigue siendo chocante que se hayan sumado grupos militantes con saberes propios, conocedores y víctimas del terrorismo de Estado, exiliados que tenían formación ideológica, martirio sobre sus espaldas y otros modos de informarse.
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Sin salida: La historia tiene trances difíciles, encrucijadas sin salida virtuosa posible. Malvinas lo fue por antonomasia. Racionalmente, en un documento o en un análisis, podía escindirse la reivindicación histórica de la motivación de la dictadura, del espaldarazo que le valió “la gesta”, del oxígeno que propiciaría una victoria o un pacto ventajoso. En el teatro de operaciones políticas, dentro del espacio continental que albergaba los campos de exterminio, la distinción era una sutileza imposible. Si se ganaba, del modo que fuera, era un golazo de los represores.

Y, de cualquier manera: ¿qué pensar y hasta qué desear cuando el propio país está en guerra, los soldados exponen la vida y los ingleses hunden el General Belgrano? León Rozitchner, un intelectual único y provocador, se atrevió a decir que deseaba la derrota argentina, pensando en las consecuencias aciagas de la victoria bélica. Había que tener coraje cívico para enunciar eso... no dejaba de ser un punto de vista aislado, muy ajeno al contexto. El cronista, que compartía la predicción, no pudo pensar igual. ¿Cómo anhelar la derrota y, sobre todo, los costos humanos que recaían en cuerpos que no eran los de los represores?

Como en ese pasado remoto, este escriba cree que, ante dilemas tales, es imposible desear ni imaginar nada bueno, que las cartas estaban echadas para un final trágico. La mezcla era insalvable, la coartada patriótica se puso al servicio de la prolongación del peor régimen que jamás tuvimos.

Llegó la rendición, que se avizoraba leyendo entre líneas la información del régimen. No fueron tantos los que se fueron percatando. Estalló la reacción popular, quizá con más furia por la mentira que por todo lo realizado. En el ínterin, una muchedumbre recibió al papa Juan Pablo II y coreó “queremos la paz”. En tres meses, las posiciones se fueron reformulando a ritmo de vértigo. Hubo desvaríos, duraron bien poco, se dejaron de lado para siempre. O por decir lo palpable, durante 30 años.
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El sueño y la pesadilla de los héroes: La dictadura implotó con Malvinas, se derrumbó como los edificios sabiamente preparados al efecto. El saldo más terrible: centenares de soldados muertos, miles de vidas arrasadas, otra deuda de sangre generada por los represores. Quienes combatieron sin ánimos de blanquear la dictadura cumplieron su deber ciudadano, entregaron todo. La sociedad les debe agradecimiento, reparación, contención, homenajes.

¿Merecen ser llamados “héroes de Malvinas” todos los que empuñaron las armas? De nuevo, es forzoso distinguir. Los represores que (con emoción patriótica o sin ella, tanto da) combatían en pos de su impunidad y la conservación del poder son un conjunto bien distinto del de los conscriptos. Atávicamente, varios reiteraron en las islas sus hábitos de torturador, no con el enemigo en combate, sí con argentinos jóvenes, sus subordinados. Otros jóvenes, la misma praxis.

Todo rescate de Malvinas exige el beneficio de inventario. Los héroes de Malvinas, los hay, son los que viajaron sin fines subalternos. En parte fueron víctimas de la estulticia militar, muchos de su brutalidad. Pero también fueron protagonistas de una historia que no podía terminar bien. No lo sabían, no especularon, sólo merecen respeto y gratitud.
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Treinta años después: Alguna vez el historiador Luis Alberto Romero preguntó si la bronca popular con los militares fue por haber iniciado la guerra o por haberla perdido. La pregunta es sugestiva, su respuesta tal vez varió (para mejor) con el andar del tiempo. No sólo en las palabras sino especialmente en el macizo terreno de los hechos.

La sociedad civil y el Estado argentinos construyeron en casi tres décadas una saga consistente de rechazo a la guerra y en general al uso de la fuerza. Los conflictos limítrofes con países vecinos se dirimieron por medios pacíficos, las relaciones con el vecindario son las más cooperativas de la historia, sin hipótesis de conflicto bélico que interfieran. En la política doméstica, con el ejemplo insigne de Madres y Abuelas, los movimientos sociales (aun los más radicales y afectos a la acción directa) son no violentos, en esencia.

Más en general y más retrospectivamente, los gobiernos nacionales y populares buscaron, con tendencia a la unanimidad, resolver los conflictos internacionales de modo pacífico, muy a menudo siendo concesivos en el plano territorial. Los presidentes Juan Domingo Perón y Raúl Alfonsín son ejemplos concordantes en ese aspecto. La tradición de los partidos nacional populares fue procurar la integración regional y ninguno de sus líderes jamás fantaseó con invadir Malvinas. Vale la pena resaltar el precedente, para contraponerlo a la ligereza con que se avaló el aventurerismo de la dictadura.

Son válidas las credenciales argentinas para peticionar negociaciones por Malvinas. Tres décadas de pacifismo ininterrumpido, la procura paciente ante los organismos internacionales, el repudio interno a la dictadura y juicios a sus responsables.

Ejercicios de introspección como el que propone el cronista líneas arriba son deseables, pero son exóticos a las tratativas internacionales. Los Estados y los pueblos no van a las mesas de negociaciones clamando autocríticas. No lo hicieron los alemanes y franceses como paso previo a construir el Mercado Común Europeo. No lo hacen los países que fueron colaboracionistas con el nazismo. La rectificación, los cambios de paradigma son el rumbo, se vienen emprendiendo.
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Tácticas: Los sucesivos gobiernos surgidos desde 1983 elaboraron diferentes tácticas respecto de Malvinas. Los discursos que las sostuvieron también marcaron diferencias. El potente común denominador fue la vía pacífica y el ejercicio de la paciencia. Hasta la más necia y concesiva de todas, la menemista, se inscribe en el virtuoso denominador común, lo que no la absuelve pero la integra al conjunto.

Nadie puede sincerar en medio de un tira y afloje que espera poco del futuro inminente, pero todos los mandatarios asumieron ese condicionante. También los gobiernos kirchneristas que han sido activos en los foros internacionales y ganaron terreno en el conteo de aliados, en especial en América del Sur. El avance no establece un giro copernicano ni abrevia a meses lo que insumirá años, si hay grandes progresos. Pero combina, en dosis razonables, ambición de cambio y sensatez.

Ni la dictadura ni la guerra están en la agenda de los argentinos. Desde ese salto de calidad histórico se recorre el espinel internacional.
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Contarlo desde marzo: Puertas adentro, en la revisión permanente de las luchas populares, la crónica de la guerra de Malvinas debe contarse desde el 30 de marzo. Esa movida fue una epopeya popular, mucho más nítida y rescatable que el apoyo a un manotazo de ahogado de la dictadura, con un envoltorio grato a las tradiciones nacionales.

El 2 de abril es un feriado extraño, restaurado en democracia por el gobierno de Fernando de la Rúa. El 24 de marzo de 2001, al cumplirse 25 años del golpe militar, hubo actos masivos repudiándolo. El presidente y en especial su ministro de Defensa, Ricardo López Murphy, quisieron compensar a las Fuerzas Armadas (bien mirado, a un sector retrógrado de ellas) reponiendo la fecha elegida por la dictadura. Es el Día del Veterano y de los Caídos en las Islas Malvinas: nada se celebra de la guerra ni del desembarco... aun así la fecha sigue siendo indigesta. Puede haber otras, menos connotadas por la demasía dictatorial. La Presidenta discurrió al respecto en discursos pronunciados este año, tal vez en 2013 la efemérides quede mejor situada.

El 30 de marzo no figura en rojo en el almanaque. No le hace: es una fecha gloriosa. El cronista no es un entusiasta de la instalación de efemérides, pero se pregunta por qué en la Argentina no las hay de grandes movilizaciones. El 17 de octubre, se dirá, sigue teniendo la sospecha del partidismo... en fin. El 30 de marzo, tras la convocatoria del sector rebelde del movimiento obrero, marcharon laburantes y militantes peronistas, también jóvenes integrantes de la Coordinadora radical y ciudadanos de izquierda. Si, más adelante, se agrega otro número rojo al calendario, vendría bien considerar esa jornada de gesta, con el pueblo en la calle, como para matizar la secuencia de necrológicas, días infaustos, hechos institucionales. Tal vez, quién sabe.
mwainfeld@pagina12.com.ar
Fuente:Pagina12

01.04.2012
informe especial: la complicidad de los medios
Malvinas: la prensa gráfica y la pauta publicitaria de la dictadura
Los principales diarios y revistas de la Argentina ajustaron su línea editorial a la propaganda que el gobierno de facto publicaba en sus páginas con el objetivo de sostener el conflicto bélico en el archipiélago.
Al cumplirse 36 años de la última dictadura, ya no quedan dudas de la complicidad civil que los principales medios gráficos de la Argentina desplegaron desde sus páginas, en apoyo al régimen militar. La misma lógica utilizaron seis años después del golpe para la cobertura periodística de la última “aventura” de los genocidas: la Guerra de Malvinas.
A las ya conocidas campañas mediáticas en radio y televisión que agitaban la recuperación de las islas, se sumó el respaldo económico que el Estado asesino otorgó a la prensa gráfica en concepto de pauta publicitaria. A cambio, por supuesto, de sostener una línea editorial acorde a sus intereses propagandísticos.
Este acuerdo se ve con claridad al repasar las publicaciones de mayor circulación de la época, como los diarios Clarín, La Nación y La Razón; y las revistas La Semana –de editorial Perfil–, Somos y Gente –ambas de editorial Atlántida– entre el 2 de abril y el 14 de junio de 1982, período en el que se extendió el conflicto bélico que terminó con la vida de 649 argentinos.
No es casual que los tres diarios que se aliaron con las tres armas para apropiarse ilegalmente de Papel Prensa hayan sido, a su vez, los máximos beneficiados de la propaganda militar.
Clarín, por ejemplo, el 4 de abril de ese año publicó un aviso del Banco de la provincia de Buenos Aires que rezaba: “Las Malvinas, liberadas. Hoy como ayer, presentes para servir a la causa de la Patria.” Una semana después, el 12 de abril, una nueva solicitada del gobierno bonaerense anunciaba la creación de un fondo patriótico, bajo la consigna “Las Malvinas necesitan nuestra ayuda”, con el supuesto fin de “contribuir al mantenimiento de la reconquista de las Islas Malvinas, Georgias y Sandwich del Sur y para consolidar el desarrollo socio-económico de esas regiones”.
Al mismo tiempo, el Banco de la Nación Argentina invitaba a una misa para “orar por los caídos en el conflicto del Atlántico Sur y por quienes continúan en la lucha y por la paz en América”.
Cuando ya había pasado más de un mes del inicio de la guerra, palabras como “coraje”, “victoria” y “futuro” se repetían con insistencia en las páginas del diario de Noble y Magnetto. Se trataba de toda una campaña publicitaria oficial, ilustrada por dos manos con los pulgares en alto, cuyo eslogan era: “Argentinos a Vencer. Cada uno en lo suyo, defendiendo lo nuestro.” La misma serie se fue publicando en el resto de la prensa gráfica.
El lunes 10 de mayo, otro aviso sostenía: “En esta lucha los argentinos vamos a escribir la última palabra: victoria, porque somos 28 millones de soldados y porque nunca perdimos una guerra.”
El 12 de mayo se sumaba otro eslogan: “El enemigo está peleando por su pasado y nosotros por nuestro futuro.”
En La Nación y La Razón, la metodología fue la misma. La propaganda militar aparecía casi siempre los mismos días que en Clarín, con idéntico tono patriótico y pro bélico.
Una de esas publicidades, publicada en tamaño gigante por los tres matutinos, apareció el 4 de mayo, apenas dos días después de que los ingleses hundieran el buque General Belgrano, donde murieron 323 personas.
Paradójicamente, con cinismo, el aviso afirmaba: “Ya estamos ganando, porque estamos haciendo de cada lugar de trabajo un puesto de combate. Porque por fin y para siempre, somos una sola fuerza.”
Otro aviso de exaltación bélica se sintetizó con el lema: “Ganemos la batalla en todos los frentes.” En la imagen se observa a un taxista levantando su pulgar y proclamando: “Mi responsabilidad es seguir trabajando como todos los días. Yo soy el único argentino que, bajando la bandera, defiende la soberanía.”
Con similar lógica, el 14 de mayo apareció otro anuncio oficial en La Razón, donde se mostraba a un mecánico arreglando un auto –un Falcon– con la frase: “Mi puesto de combate es mi lugar de trabajo. En estos momentos apretar una tuerca es tan importante como apretar el gatillo.”
La misma campaña se repitió en las revistas Somos, Gente y La Semana, donde además se sumaba el apoyo de empresas privadas a la “causa” Malvinas.
La agencia del publicista Gabriel Dreyfus sacó un llamativo aviso a 12 días de haber comenzado la guerra, donde pedía a la población no comprar dólares porque “en momentos como éste debemos saber que los padres de la Patria también somos nosotros (…) y todo acto especulativo es una traición a quienes han dado la vida por ella.”
Al lado del aviso, el propio Dreyfus explicaba el objetivo de la arenga: “Tenemos la intención que este mensaje tenga un contenido patriótico. Queremos señalar la contradicción que existe en la persona que se pone una escarapela y a la vez compra dólares o inclusive libras esterlinas.”
El apoyo del sector privado, ya sean empresas, sindicatos o cámaras, también se vio en los diarios más importantes del país a lo largo del conflicto bélico.
En La Nación del 8 de abril, la automotriz Citroën decidió dar un firme y absoluto espaldarazo a las acciones de Malvinas. “Respaldo a la alegría. Respaldo concreto, con todo nuestro potencial industrial y tecnológico, a cualquier necesidad que exija el mantenimiento de nuestra soberanía”, resumía el anuncio.
Lo mismo hicieron, en días sucesivos, el Sindicato del Seguro, la extinta tienda Harrods –que decía adherir “al Gran Momento Nacional”–, la CGT y la Cámara de Comercio Franco-Argentino, entre otras entidades.
En Clarín, las firmas privadas dijeron presente con intensidad. El Laboratorio Roemmers anunciaba que “no habrá pausa en el esfuerzo para asegurar la provisión de los medicamentos que el país y sus combatientes necesitan”.
La gaseosa Crush decidió “donar el 10% de la venta de Naranja Crush” y Prácticos Río de La Plata afirmaba: “Hoy no podemos festejar ni llorar. Sólo apretar los dientes con fervor irrenunciable del ideal de Patria.”
McLean, una de las principales fábricas de heladeras del país, decía estar “haciendo fuerza por nuestras Malvinas como toda empresa argentina bien nacida”. Por su parte, un aviso de la yerbatera Taragüi agregaba: “Llegamos a las Malvinas para respetar una tradición: el té. Y para iniciar otra: el mate.”
En paralelo, el apoyo editorial de los medios hegemónicos a la trágica aventura bélica iba en sintonía con la pauta publicitaria oficial y privada que llevaron a sus páginas, ya sea a través de artículos de tipo informativo o notas de opinión.
El 3 de abril, Clarín tituló en su tapa: “Inminente recuperación de las Malvinas”. Pocas páginas más adelante, el editorial “La reconquista de las Malvinas”, sostenía: “Durante 149 años y 3 meses territorio irredento, las Malvinas fueron reintegradas ayer a la soberanía de la Nación (…) Las tropas argentinas (…) fueron a reparar la agresión antigua, siempre denunciada. A restaurar, junto con la soberanía sobre el archipiélago, el honor nacional. Esta acción de la política exterior reclama unidad nacional. Cada ciudadano en condiciones de hacerlo debe poner su grano de arena para que no sea preciso retroceder un solo paso a partir de lo actuado.”
Líneas después, se lee un fragmento que parece escrito por la propia Junta Militar: “Los intereses de los pobladores actuales de las Malvinas serán respetados, lo mismo que sus costumbres y sus formas culturales (…) Esa aproximación comenzó hace ya muchos años, con los servicios que la Argentina les brindó. Ahora no hará sino completarse y perfeccionarse.”
En un editorial del 8 de abril, titulado “La unidad nacional”, el diario de Magnetto dudaba de los argumentos propuestos por “la propaganda británica” que “ha presentado la operación reconquista de las Malvinas como obra de un gobierno dictatorial, el cual obraría en términos de expansión territorial”.
Al día siguiente, el mismo esquema discursivo se repite en el editorial “El caso del Herald”, que señala una especie de “campaña anti-argentina”, idéntica a la que el gobierno genocida había denunciado en los primeros años del régimen: “En estos momentos se registra en varias capitales europeas una campaña contra nuestro país, con epicentro en Londres, según la cual la reconquista de las Malvinas no es –como efectivamente ocurre– la consecuencia del sentimiento de todo un pueblo, sino la resultante de ‘las ambiciones expansionistas de un gobierno dictatorial’. Esta guerra psicológica ha sido refutada ya por los hechos, que son harto elocuentes, en el sentido de la cohesión popular en torno a la acción emprendida por las Fuerzas Armadas.” De esta forma, la línea editorial de Clarín borraba el límite que en sus páginas separa a las notas de los avisos falsamente exitistas del gobierno de facto.
Las opiniones del diario de Bartolomé Mitre siguieron el mismo sendero de connivencia explícita y lejanía con la realidad de una contienda bélica que se mostraba claramente negativa para la Argentina.
El 23 de mayo, en el artículo “Democracia no es colonialismo”, La Nación criticó a la primera ministra británica Margaret Thatcher por sostener que “la recuperación del enclave colonial de las Malvinas alegraría al mundo libre, porque Inglaterra representa a la democracia. Por contraposición, nuestro país sería el símbolo de la dictadura.”
Muy lejos está esta postura de la que en la actualidad despliega La Nación, donde reniega de todo intento de la Argentina por reclamar su soberanía sobre las islas. El mismo diario que en el ’82 apoyó una guerra temeraria hoy desestima el pedido de un gobierno democrático para que la Corona Inglesa se siente a dialogar.
En otra señal de sintonía extrafina con la propaganda de los jerarcas de uniforme, diarios y revistas también exaltaron el carácter “patriótico” de la experiencia, como plataforma para la continuidad del gobierno de facto.
El 11 de abril, luego de la asistencia masiva de gente en la Plaza de Mayo, en una editorial titulada: “Significado de una presencia colectiva”, el matutino de Mitre sostuvo: “Se ha producido una manifestación popular que habilita al Gobierno para forjar un tramo decisivo sobre el hecho cierto de que existe una unión nacional alrededor de la cuestión Malvinas.” Más adelante, agregaba: “La conciencia ciudadana se orienta hacia una nueva conjunción de anhelos, en el espíritu tradicional de ‘unión y libertad’.”
Ese mismo día, Clarín sacó la columna “Vox populi, vox dei”, donde aseguró que las multitudes se congregaron “para manifestar desde todos los rincones de la Patria el sentir de un pueblo que, cuando está reunido en torno a las grandes consignas nacionales, se siente invencible”.
Sobre el final de esa nota, mientras llegaba a su fin una dictadura que acabó con la vida de 30 mil argentinos haciéndolos desaparecer y de otros 649 enviándolos a la guerra, Clarín concluía que “Escuchar al pueblo. Tal parece ser la simple fórmula de la democracia.”

La clave I
EDITORIALES
Durante el conflicto bélico en las islas, las columnas donde los diarios y revistas sentaron su posición editorial sobre el curso de la guerra iban en clara sintonía con la propaganda que la Junta Militar mandaba a imprimir en sus páginas.

La clave II
PRIVADOS
Al igual que sucedió con la publicidad oficial que pagaba el gobierno de facto, distintas entidades del sector privado también pusieron pauta en la prensa gráfica para dar su respaldo a la contienda armada. En muchos casos, mostraron un apoyo irrestricto.

Dario Clarín - Héctor Magnetto
Durante toda la dictadura, el diario fundado por los Noble y manejado por Magnetto recibió una gran cantidad de avisos de la Junta Militar, con la que selló su alianza a través de la escandalosa adquisición de Papel Prensa. Cuando los jerarcas decidieron emprender la guerra, Clarín volvió a llenarse de avisos.


Diario La Nación - Bartolomé Mitre
Al igual que sus socios en Papel Prensa, la “tribuna de doctrina” se encuadró a la perfección con los intereses de la dictadura y recibió su propaganda. Y así como antes había celebrado el golpe y la llegada de Videla y Martínez de Hoz, en 1982 La Nación apoyó sin fisuras la campaña bélica en las islas del Atlántico Sur.


Revista La Semana - Jorge Fontevecchia
Con la Guerra de Malvinas, el magazine que precedió a la actual revista Noticias también se vistió de verde oliva y, junto a sus notas favorables al conflicto, publicó los avisos oficiales que exaltaban el patriotismo en clave bélica. La Semana era dirigida por Jorge Fontevecchia, actual CEO de Editorial Perfil.

Desde importantes empresas de todos los rubros, cámaras patronales, bancos, sindicatos e incluso entidades religiosas, a través de los avisos publicitarios, el sector privado argentino también respaldó y, en muchos casos hasta celebró, la campaña emprendida por los militares en Malvinas.
En algunas oportunidades, recurrieron a fórmulas publicitarias, arengas y slogans que, vistos con distancia histórica, rozan lo tragicómico.

Propaganda militar y periodismo en los años de plomo
La dictadura militar contó con el apoyo de varios medios de comunicación para el funcionamiento de su maquinaria publicitaria. Durante aquellos nefastos siete años, la difusión de propaganda del régimen nutrió las páginas de los diarios y revistas de mayor tirada, como Clarín, La Nación, La Semana, Somos, Para Ti y Gente.
La complicidad podía darse a través de una línea editorial en evidente connivencia con la Junta Militar o mediante la publicidad de organismos estatales y empresas privadas, como presentó la revista Veintitrés en su investigación del 22 de marzo de 2012.
El famoso slogan “Los argentinos somos derechos y humanos” aparecía auspiciado por el Banco de la Provincia de Buenos Aires.
La Dirección General Impositiva (DGI) desplegó una furiosa campaña contra los evasores en todos los medios, con una serie de spots gráficos y televisivos que invitaban a los ciudadanos a señalar a los infractores.
En los diarios se repetían los avisos del Comando en Jefe de la Armada y de los Estados provinciales bajo intervención uniformada. En ejemplares de La Nación, una doble página describía 15 obras de infraestructura y vivienda bajo el lema “Sobre la base de un pueblo sano construimos una Nación Fuerte”.
Con la visita al país de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), que se entrevistó con las autoridades de facto, los diarios se poblaron de comunicados y solicitadas que rechazaban una supuesta campaña internacional en contra el país.
Clarín publicó tres páginas llenas de firmas que expresaban su solidaridad nacional bajo el título “El testimonio de la Verdad”. Mientras, en los centros clandestinos los represores seguían aplicando torturas y vejámenes.
Con la llegada del Mundial de Fútbol, los diarios de los Noble y los Mitres imprimieron avisos del Ente Autárquico Mundial 78 y del Banco Central de la República Argentina, que vendía entradas para los estadios.
La compañía Ítalo Argentina de Electricidad también saludó la contienda deportiva, antes de ser despedazada por el ministro de Economía, José Alfredo Martínez de Hoz, conocido por acuñar el lema “Achicar el Estado es agrandar la Nación”.

01.04.2012
la historia del hallazgo de documentos inéditos sobre las islas
Los secretos de un hombre apasionado por las Malvinas
El abogado y docente Juan Carlos Moreno visitó el archipiélago entre 1937 y 1970. Su intercambio con los isleños, impresiones y textos hasta ahora ocultos en una caja olvidada vuelven a ver la luz y revelan una intensa actualidad.
Por más de 30 años, una caja olvidada guardó las secretas negociaciones, sondeos de opinión y evaluaciones sobre la realidad de las Islas Malvinas entre 1937 y 1970. Su contenido revela el compromiso anónimo de Juan Carlos Moreno, un abogado y docente que integró la Junta por la Recuperación de Malvinas en 1939 y realizó luego aportes clave a la Cancillería Argentina durante el gobierno de Juan Domingo Perón. Tiempo Argentino tuvo acceso a la documentación,hasta ahora desconocida, de apuntes y fotografías inéditas –actualmente conservados por el Museo Clarisse Coulombie de Goyaud, de Ituzaingó, después de ser descubiertos, casi por casualidad, en la casa del letrado en ese partido bonaerense– que revelan la contribución para la recuperación de las islas a través del diálogo con los habitantes del archipiélago.
Impulsor de una táctica muy poco convencional y laboriosa, Moreno desdeñó el uso de las armas para resolver el conflicto. También prescindió de recursos como el osito Winny Pooh, elegido años después por el canciller menemista Guido Di Tella con la peregrina idea de seducir a los kelpers.
Moreno llevó adelante una pacífica empresa –aunque persistente y tenaz– que incluyó dos viajes a las islas. El primero en 1937, cuando confeccionó un exhaustivo relevamiento económico, político y poblacional. De regreso en Buenos Aires, cultivó el intercambio epistolar con los isleños durante 33 años, hasta concretar su segundo viaje en 1970. Minucioso y aplicado, allanó las dificultades con gestión y empeño: reclamó al Correo Argentino por las dificultades del tráfico postal entre el continente y las islas. También, realizó requisitorias al Consulado argentino en Uruguay para eximir a los malvinenses del pago de la tasa aplicada a extranjeros, al ingresar a territorio nacional. Asimismo, su osadía lo llevó a participar de los encuentros informales tendidos por el Foreign Office a fin de realizar la transferencia del archipiélago al gobierno argentino.
Es imposible evitar el panegírico de este venezolano que a temprana edad eligió la ciudadanía argentina y sostuvo una amigable pero férrea defensa de la soberanía argentina, ante embajadores y cónsules británicos, funcionarios isleños, representantes de la Falkland Islands Co. y kelpers. Llevado por un deseo casi pasional, emprendió su primer viaje. Embarcó en Montevideo. A bordo del vapor Lafonia, viajó cuatro días y medio para conocer in situ la situación de Malvinas y el sentimiento de sus pobladores. Hospedado en una hostería de Stanley por cerca de dos meses, hizo un detalle pormenorizado de las riquezas naturales, fauna y flora, industria, comercio y religión. “Hay tres templos: el anglicano, una hermosa construcción de piedras sobre la bahía, el evangelista y el católico. Aproximadamente hay 1400 anglicanos, 400 evangelistas y 300 católicos”, describió en sus documentos. También detalló la vida social en las islas: “La señora de Hooley prefería la administración argentina a la británica. Había estado en Buenos Aires y le había encantado la calle Florida y las vidrieras elegantes.” Y precisó las costumbres isleñas al señalar, por ejemplo, que “Clifton, el lechero, tiene 30 vacas, y provee de leche a los habitantes en botellas de whisky”. Sobre la organización social subrayó que “hay un 25% de ingleses en las islas, pero son como aves de paso. Una vez que terminan sus contratos con el gobierno o los establecimientos, regresan a sus pueblos”. Y agrega: “Muchos temían dar su opinión respecto de los reclamos argentinos, por temor de represalias; como ocurrió con Biggs, consejero, quien un día, irritado por ciertas injusticias, declaró que prefería que las Malvinas dependiesen del gobierno argentino. Su coraje le valió la destitución del cargo.”
De los apuntes y análisis surgió su primer libro: Nuestras Malvinas, publicado en octubre de 1938. Los contenidos tienen una vigencia inapelable, pese a que Moreno falleció en 1988. “En la Argentina y en el Uruguay existe un criterio equivocado acerca de las Malvinas y su condición de vida. Las Malvinas no son tan tristes ni tan pobres. Stanley es alegre con sus casas pintadas de blanco y rojo, inclinado sobre una bahía casi cerrada, de aguas tranquilas y azules como un lago. Llama poderosamente la atención la higiene y las modernas comodidades con que cuenta: buena edificación, calles modernas pavimentadas, luz eléctrica, teléfono, obras de salubridad. La más modesta casa es confortante. El hospital es un espejo limpio y amable como un hogar, tan bueno como el de los principales centros urbanos. La administración pública es excelente. No hay delincuencia, ni lucha de clases, ni miseria… Los malvineros son sencillos y amables. Todos se saludan familiarmente en las calles”, escribió.
Moreno transmitió una vocación similar en la escuela Reconquista del barrio de Villa Urquiza, en la Ciudad de Buenos Aires. Allí trabajó hasta junio de 1955, cuando fue apartado de sus funciones y perseguido. Tal vez, por haber participado, en 1939, de la creación de la Junta por la Recuperación de Malvinas y editado –junto a otro de sus miembros, el poeta Carlos Obligado– la Marcha de Malvinas. O, a causa de la carta laudatoria al gobierno nacional, entregada el 6 de marzo de 1948 al canciller Juan Atilio Bramuglia, durante la presidencia de Juan Domingo Perón, por la claridad y vigor en la respuesta dada los ingleses.
A pesar de las condiciones imperantes, su firmeza y convicción lo llevaron a representar a Reinaldo Ernesto Reid en la inscripción de su hijo ante el Registro Civil de Argentina: folio 59, tomo 1ª J, número 117. Juan Alejandro Reid fue el primer bebé argentino nacido en las Malvinas, después de la ocupación británica. Copias de su partida de nacimiento argentina y documento forman parte de los ‘tesoros’ descubiertos en Ituzaingó y que hoy conserva el Museo Clarisse Coulombie de Goyaud.
Al momento de asentar la partida de nacimiento, entre los considerandos, la jefa del Departamento de Inscripciones señala la especial modalidad del caso Reid: “1) que el menor cuya inscripción se solicita nació en las Islas Malvinas, que son territorio argentino, no obstante la ocupación británica, 2) que dicha ocupación origina, de hecho, un impedimento para el ejercicio pleno de la jurisdicción argentina; que se traduce en la inexistencia de Oficina de Registro en el lugar y en la imposibilidad de labrar el nacimiento ante ella”. Así también, justifica su pertinente intervención “7) …en resguardo de la integridad del territorio argentino y los derechos de sus ciudadanos; cuyos nacimientos en las Islas Malvinas quedarían al margen de toda posibilidad de inscripción.”
Sin pirotecnia verbal ni de la otra, Moreno consiguió plantar una bandera de soberanía en las islas. Su táctica de combate incluyó generar discusiones cordiales en las reuniones y practicar una confrontación cuyos únicos proyectiles fueron la argumentación tesonera. Pasó por alto burlas y provocaciones vanas. Llegaron a publicar una nota suya en la portada del periódico local: The Penguin. La vehemencia y valentía desplegada le valieron el respeto de los kelpers, “algunas personas, a quienes sólo conocía de vista, me saludaron con simpatía. La señora Mac Claudy, la dueña de la casa donde tenía mi nuevo alojamiento, me dijo que a ella le había gustado mi artículo; al igual que a sus vecinas. Me agasajó con una afabilidad que me confundía. Ese día preparó los mejores postres y por primera vez comí pepinos durante el almuerzo, verdadero plato de lujo en las Malvinas, donde sólo contadísimas casas lo cultivan. Me obsequió, además, con dos huevos de pingüino y un frasco de caracolillos.”
Previo a su segundo viaje, en un escrito prolijamente mecanografiado, que también integra la caja con documentación hallada en Ituzaingó, hace referencia a una decisión política del Reino Unido, en noviembre de 1968. “Produjo expectativa en la Argentina y revuelo en el Parlamento británico. Por primera vez se preparaba abiertamente el terreno ante los isleños para la transferencia política del archipiélago a sus verdaderos dueños. Lord Chalfont dialogó con británicos y malvinenses. Les dijo que la situación económica de las islas era precaria y podía empeorar; que en la Argentina vivían 20 mil ingleses en paz y prosperidad y que debían prepararse para un traspaso. Más, que tal cosa no ocurriría sin el consentimiento de los pobladores”, describió. La foto de aquella reunión también forma parte de los documentos a los que tuvo acceso Tiempo. Para Moreno aquel “ablandamiento” del Foreign Office, fue el corolario de las “adelantadas negociaciones diplomáticas entre el embajador argentino, brigadier Eduardo Mac Louglin y la cancillería británica”. Pero, a su juicio la gran contribución fue dada por el debate de las Naciones Unidas, iniciado en 1964, que contribuyó a fijar ante los signatarios de todo el mundo la justicia de la demanda argentina.
Motivado por el avance de las negociaciones, encaró un nuevo viaje a Malvinas. En febrero de 1970, con su esposa maestra, abordaron el Darwin en Montevideo. Visitaron Fox Bay y Port Howard en la Malvina Occidental, y San Carlos, San Salvador, Teal Inlet, Rincón Grande y Port Louis (Soledad) en la Malvina Oriental. Curiosamente, durante esa travesía turística, en tres oportunidades se encontraron con el embajador británico en Buenos Aires. Michael Haddow coincidió con ellos en casa de la familia Pole-Evans y dijo que se encontraba de vacaciones. Pensaba pescar truchas, visitar la colonia de pingüinos y la reserva de elefantes marinos. De regreso a Stanley, asistieron a un cóctel ofrecido por el secretario colonial, John Jones, en el Sullivan House. Compartieron un debate cordial con el gobernador inglés, Cosmo Haskard, el tesorero Gleadell y el jefe de los sindicatos Goss; además, los Burton y los Luxton; y, nuevamente el embajador Haddow. “Hemos auscultado el pensamiento de los habitantes y observado esta inclinación creciente hacia la apertura de comunicaciones y el trato recíproco… El problema serio no es ahora el reconocimiento de nuestros derechos, que se halla implícito, sino la forma de realizar el traspaso de las islas a la Argentina”, observó. A consecuencia, listó ocho propuestas para acercar las islas al continente. Según sus apuntes, quedaron tan conformes que el embajador propuso la creación de un puerto artificial en la Patagonia (Santa Cruz, preferentemente) para el tráfico de pasajeros, ganado y mercaderías. En ese paraje solitario, parecen haber negociado mucho más. “Booth propuso la realización de una pista de aterrizaje en Stanley. El embajador Haddow expresó que un intercambio pacífico y progresivo de diez o quince años sería suficiente. Yo le dije que ese término era demasiado largo. Luego de reflexionar convino conmigo en que con dos o tres años de comunicaciones, de aprendizaje del castellano por los niños, de conocimiento de nuestras costumbres, los malvinenses podrían asimilarse, y lograrse lo que se busca en menos de cinco años”, reseño.
En 1997, el ex canciller de la dictadura argentina Carlos Pastor reveló la existencia de un borrador del embajador William Harding. El manuscrito, en papel con sello de la Corona británica, dice: “La soberanía titular de las Islas Malvinas y la zona marítima, serán transferidos a Argentina, con efecto a partir de la firma del acuerdo.” La historia confirma los hechos narrados por Moreno. Su perseverancia lo llevó al centro de la escena política internacional, en un momento clave para el destino de Malvinas. Un esfuerzo que hubiera merecido algo más que el atropello a la razón, urdido por veleidosos militares.

Política, cargos y elogios
Profesor de la Escuela Reconquista del barrio porteño de Villa Urquiza y abogado, la militancia de Juan Carlos Moreno con la causa Malvinas lo llevó a crear, en 1939, la Junta por la Recuperación de Malvinas. Entre los miembros de ese espacio, estaba el poeta Carlos Obligado, con quien luego editaron la Marcha de Malvinas, con música de José Thieri.
El letrado cuyos documentos vieron la luz después de 40 años, dictó cursos, seminarios para reavivar los sentimientos pro Malvinas en la ciudadanía argentina.
También, junto a los integrantes de la Junta de Recuperación, creó filiales en todo el país. Gestionó ante el Ministerio de Educación nombrar Malvinas a colegios y escuelas. En 1948, la Junta presentó los estatutos de la asociación al canciller Juan Atilio Bramuglia, con una carta donde elogia la respuesta del gobierno de Juan Perón dada a los ingleses. A consecuencia de su adhesión desembozada a la posición del gobierno peronista, perdió el cargo en el colegio y padeció persecución. En una carta fechada el 21 de junio de 1955,su compañero Antonio Durand se solidariza por la cruel medida; en momento en que el matrimonio esperaba un hijo.


Los isleños y el abandono británico de 1968
A finales de 1968 llegó a las Malvinas Lord Chalfont, con instrucciones del Foreign Office de preparar el ánimo de los isleños hacia la transferencia administrativa, invocando razones sociales y económicas. El déficit de la balanza comercial de las islas se había agudizado, a causa de la caída de capturas de ballenas y el precio internacional de la lana. El “ablandamiento” tuvo la oposición de las Falklands Island Co, principal inversora en las islas. Los gestos de desazón y pesadumbre son evidentes en la fotografía, que muestra a los kelpers apenados al recibir la noticia del abandono de la Corona Británica.
Fuente:TiempoArgentino

A 30 años de Malvinas, los textos más conmovedores de y hacia los soldados. 
Las cartas de la guerra
Por Por Deborah Maniowicz
29.03.2012
Sueños, esperanzas y temores en los jóvenes que se aventuraban al conflicto con el orgullo de “defender a la Patria”. Mensajes a los hijos, poemas a Dios y supervivencia en documentos históricos.


Mucho se escribió sobre los aspectos políticos e ideológicos que envolvieron la guerra de Malvinas, sin tener en cuenta el componente emocional de los soldados que pelearon. A 30 años del desembarco argentino en las islas, Veintitrés decidió homenajear a los ex combatientes reproduciendo algunas de las cartas que los jóvenes escribieron y recibieron durante el combate.

La correspondencia tuvo un valor muy especial durante la guerra. Ese pequeño pedazo de papel fue, para muchos conscriptos, no sólo un medio para descargar su angustia por el frío y el hambre que estaban sintiendo y sus expectativas por el desenlace de la guerra, sino también un refugio. Las cartas eran el único medio para contactarse con sus seres queridos y expresarles, casi como una posdata obligatoria, la necesidad de que les siguieran escribiendo.

Edgardo Esteban es uno de los ex combatientes que más documentos aportó sobre el conflicto armado. En su libro Iluminados por el fuego reproduce un intercambio de cartas que realizó con su madre cuando se encontraba prestando tareas en Puerto Argentino. Aquí se reproducen algunos fragmentos:

26 de abril
Querida mamá:

Llegué anoche a Puerto Argentino. Sé lo orgullosa que estarás de que tu soldadito esté defendiendo la Patria. A pesar de que hace mucho frío, me encuentro bien, pero quedate tranquila, nos han dado una ropa nueva que nos ayuda muchísimo a sobrellevarlo.

Quiero que estés tranquila. Nos están dando muy bien de comer. Hoy nos dieron hasta Coca-Cola. Hoy es un día lleno de sol. Estamos acomodando todo el material. ¡Ah, me olvidaba!: también nos dieron cigarrillos Jockey Club, los mismos que fumás vos.

Somos muchos los que estamos acá, así que dudo de que esos pollerudos de los ingleses se animen a pisar estas islas, que son nuestras. Y si se les ocurriera venir, se van a dar cuenta de los huevos que tenemos los soldados argentinos para defender lo que es nuestro. Decile a Marcela que la extraño muchísimo y que no me olvido de ella, y decile a Raúl, al tío Héctor y a los abuelos que por favor me escriban. Por favor, escribime pronto. Acordate de que te quiero mucho y que sos la mamá más tierna del mundo.

Estoy bien, pero escriban porque extraño. Un beso grande de tu soldado paracaidista.
Edgardo

14 de junio
Querido Hijo:

Espero que te encuentres bien de salud porque con estos fríos y dormir en un lugar no adecuado hay que ser fuerte para no enfermarte, además no estás bien alimentado como se debe. Bueno hijo tu madre se siente bastante preocupada y nerviosa no ve la hora de verte es lo que más quiere espero que sea muy pronto para estar todos juntos como siempre rezamos todos los días para que así sea.

Bueno. Edgardo la vida tiene estas cosas cada cual tenemos marcados nuestros destinos a vos te tocó estar en una guerra pero nosotros desde acá estamos espiritualmente junto a vos rogando a Dios y a la virgen para que termine todo y estés tomando mate con nosotros o mirando tevé color desde tu cama tranquilo calentito bien comido y sin ninguna preocupación, te pido que tengas mucha fe en Dios que todo va a salir muy bien. También te pido cuando vengas que la cuides mucho a Marcela que está sufriendo a cada momento junto a nosotros… la verdad que se está portando maravillosamente.

Bueno hijo te esperamos ver pronto.

Marcelo Daniel Massad es uno de los 649 soldados argentinos que murieron en la guerra, más precisamente en la batalla de Monte Longdon, el 11 de junio. El siguiente poema se encontró en el bolsillo de su campera.

Escucha Dios:
Yo nunca hablé contigo, Hoy quiero saludarte: ¿Cómo estás?

¿Tú sabes? Me decían que no existes, y yo, tonto, creí que era verdad.

Anoche vi tu cielo. Me encontraba oculto en un hoyo de granada…

¡Quién iría a creer que para verte bastara con tenderse uno de espaldas!

No sé si aún querrás darme la mano; al menos, creo que me entiendes.

Es raro que no te haya encontrado antes, si no en un infierno como éste.

Pues bien… Yo todo lo he dicho. Aunque la ofensiva nos espera para muy pronto,

Dios, no tengo miedo, desde que descubrí que estabas cerca.

La señal! Bien Dios, ya debo irme. Olvidaba decirte… que te quiero.

El choque será horrible… en esta noche. ¡Quién sabe! tal vez llame a tu cielo.

Comprendo que no he sido amigo tuyo. Pero ¿me esperarás si hasta ti llego?

¡Cómo! ¡Mira Dios: estoy llorando! tarde te descubrí. ¡Cuanto lo siento!

(Qué raro: sin temor voy a la muerte…) Dispensa, debo irme ¡Buena Suerte!

La carta que el soldado Juan Cristian Jenssen le envió a su amigo Rubén Antonio Enríquez desde Puerto Argentino, refleja el compromiso y el patriotismo que sentía al defender la soberanía de las islas.

19 de mayo
Estimado Rubén

Recibí tu carta ayer y te puedo asegurar que me llenó de alegría saber que un amigo se acuerda de mí que estoy en el otro extremo del país cumpliendo con un deber que es también una obligación para todos los Argentinos.

Yo no estoy en el frente de combate, sino [que] estoy en el pueblo y trabajamos en descarga de aviones y barcos, pero es un trabajo más peligroso que estar en el frente porque cuando llega un avión y lo estamos descargando enseguida aparecen los Harrier a tirar confites de 450 kg.

No creas que todo en este trabajo es malo porque también descargamos víveres como golosinas, cigarrillos, latas, etc. y aprovechamos para llenarnos bien los bolsillos así que no nos podemos quejar porque por lo menos no pasamos hambre, aparte que dos o tres veces por semanas nos vamos a cazar ovejas y comemos asado.

Lo único que nos empieza a apretar un poco es el frío, no me quejo porque tenemos mucho abrigo pero aun así en las guardias se endurecen los pies y tenemos que quedarnos un rato al lado del fuego.

Dicen que en estos días se resuelve el problema o se arreglan o se declara la guerra (sic), yo no creo que se arregle pero si se llega a arreglar ya voy a estar con ustedes en un mes o dos de lo contrario no sé cuándo voy a estar allá o si voy a volver pero voy a tratar de mantenerme vivo hasta que esto termine. Te digo mantenerme vivo pero no creas que con eso quiero decir que me escondo en los tiroteos porque no es así, te puedo asegurar que cuando hay peligro se siente algo adentro que no te deja retroceder un paso y te manda a ser siempre el 1º en estar en el lugar que está pasando algo.
Un fuerte abrazo
Juan Cristian

Al sargento ayudante Ramón Gumersindo Acosta lo desvelaba el hecho de que su hijo estuviera orgulloso de él. Antes de morir, le escribió una carta donde describe sus hazañas y su compromiso con la causa. Por su participación en la guerra, fue honrado con la Medalla al Valor en Combate.

Puerto Argentino, 2 de Junio
Querido hijo Diego, ¿qué tal muchacho? ¿Cómo te encuentras?

Perdóname que no me haya despedido de ti, pero es que no tuve tiempo, por eso es que te escribo para que sepas que te quiero mucho y te considero todo un hombrecito y sabrás ocupar mi lugar en casa cuando yo no estoy.

Te escribo desde mi posición y te cuento que hace dos días íbamos en un helicóptero y me bombardearon, cayo el helicóptero y se incendió, murieron varios compañeros míos pero yo me salvé y ahora estamos esperando el ataque final.

Yo salvé tres compañeros de entre las llamas. Te cuento para que sepas que tienes un padre del que puedes sentirte orgulloso y quiero que guardes esta carta como un documento por si yo no vuelvo: o si vuelvo para que el día de mañana cuando estemos juntos me la leas en casa.

Nosotros no nos entregaremos, pelearemos hasta el final y si Dios y la Virgen permiten nos salvaremos.

En estos momentos estamos rodeados y será lo que Dios y la Virgen quieran. Recen por nosotros y fuerza hasta la victoria final.

Un gran abrazo a tu madre y a tu hermana –cuídalos mucho, como un verdadero Acosta. Estudia mucho. “VIVA LA PATRIA”

Cariñosamente,
Ramón Acosta

Cuando Carlos Almada, de 19 años, estaba a punto de embarcarse en el Crucero General Belgrano, le escribió la siguiente carta a su madre, contándole sus expectativas sobre el desenlace de la guerra y sus ganas de compartir a la vuelta unos ricos mates y comida casera. Pero el deseo fue truncado: Almada fue uno de los 323 marinos que murieron en el hundimiento del Belgrano.

15 de abril
Hola mamá:

Espero que estés bien, te escribo porque como nos vamos a movilizar después ya no podremos hacerlo. Estoy contento porque nos transportaran en un crucero que se llama ARA General Belgrano.

No me imagino pelear con otra persona y no creo que tengamos que hacerlo. Quiero decirle a todos lo importante que son para mí y cuánto los quiero, y a ti mamá… ¡Te quiero tanto! ¡Nada me pasará! Extraño tus comidas y tus mates, decile a mis hermanos que se cuiden que cuando vuelva a casa voy a contarle muchas cosas.

Te cuento que a veces no puedo soportar ver a mis compañeros, algunos tienen miedo y se acuerdan de sus madres con lágrimas en los ojos, mami pido en mis oraciones que todos volvamos a casa pronto, todo pasará.

Antes de dormir tu rostro es la última imagen que recuerdo. No sé lo que nos aguarda pero me cuidaré mucho. Y espero que todo esto pase pronto para estar con vos.

Quiero que estés orgullosa de lo que estoy haciendo y tengas fe en mí. Solo quiero que me disculpes por cualquier cosa que haya hecho mal o te haya lastimado.

Todo lo que aquí haga será por vos MAMÁ, te quiero y… VIVA LA PATRIA!
TU HIJO

El 3 de abril de 1982, un día después del desembarco argentino en Malvinas, Mario Almonacid murió en combate. Oriundo de Comodoro Rivadavia, fue el primer chubutense caído en el conflicto. La siguiente es la última carta que Almonacid le escribió a su hermano antes de viajar a las islas.

Querido hermano:
Con mucho agrado y cariño te mando esta tarjeta, ya que la elegí para vos, pensando que te va a gustar.

Te mando un gran abrazo hermano para que compartas la alegría y las esperanzas que nos dan todos los años estas fiestas.

Y sepas pensar en el futuro que se te acerca, y vas rumbo a la juventud, ya saliendo de esa adolescencia que es tan inocente y buena.

Pensá en el estudio, en nuestros viejos y por supuesto en mí, en tu hermano mayor que en estos momentos está cumpliendo con la patria.

Yo desde acá te recuerdo mucho y te deseo toda la felicidad del mundo para el año que se acerca, y la mejor salud que Dios te pueda dar. Seguí queriendo cada días más a los viejos.

Muchas felicidades querido hermano. Rezo por la salud de nuestros padres y la paz que reina en la casa.
CHIN, CHIN…

El teniente Luis Carlos Martella fue uno de los tantos soldados que tuvo que distanciarse de su familia para combatir en las islas. Su destino le impidió ver crecer a su hijo, que hoy se aferra al recuerdo de su padre muerto y a las palabras de esta carta.

16 de mayo
Querido Hijo:

Es esta la primera carta que papá te escribe. Mamá que es tan buena, te la leerá cuando la recibas y la guardará para que la puedas leer tú mismo cuando aprendas a hacerlo dentro de algún tiempo.

Hoy cumples un año de vida. Has crecido dentro del cariño que con mamá y el resto de la familia te hemos prodigado, los días han pasado y has dejado de ser un bebé de meses para convertirte ya en un hombre con un largo año de vida.

Con el tiempo, te enterarás que aún antes de esta fecha, te convertiste en el hombre de la casa, cuando papá fue a cumplir un deber. Defender el suelo de la Patria.

Esta Patria que te vio nacer y que todo nos da, nos exige de vez en cuando algún sacrificio, hoy le exigió a papá que no pudiera estar presente el día de tu cumpleaños, pero sólo físicamente, pues permanentemente papá está con vos.

Quiero que sepas todo lo que tu padre, hijo mío, desea para vos cuando crezcas, y que no es más que seas un hombre de bien, sólo el sacrificio y el trabajo duro y constante rinden sus frutos.

En la vida, el hombre debe tener una meta que guíe sus pasos, esa meta no debe ser otra que el servicio a Dios, a través del amor a la Patria y a la familia.

Nunca debes sentirte dueño absoluto de nada, pues todo te lo da Dios y cuando Dios te lo pide, se lo deberás entregar.

No quiero extenderme más, sólo quiero decirte que seas bueno y comprensivo con mamá, que aunque a veces te rete, lo hace por tu bien, además cuida de tus hermanos más pequeños que verán en ti a su ejemplo y alguien en quien recurrir cuando necesiten algo.

Hijo mío, ten fe en Dios, Él sabe por qué hace las cosas, da todo tu esfuerzo a la Patria para engrandecerla cada día más y brindarte por entero a tu familia.

Cuando tengas la tuya, sabrás qué es lo que te digo. Feliz cumpleaños Santiago. Te besa Papá.


Desde Puerto Argentino, Julio Rubén Cao, que se había alistado voluntariamente al Ejército, les escribió una carta a sus alumnos de la escuela de Río Gallegos donde daba clase. Su deceso se produjo el 10 de junio, y no pudo conocer a su única hija, que nació el 28 de agosto de ese año. En 2011, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner propuso que la carta sea de lectura obligatoria en los actos escolares del 2 de abril.

Desearía que hiciera llegar a la maestra de 3ro. D este mensaje para mis alumnos:

A mis queridos alumnos de 3ro. D:
No hemos tenido tiempo para despedirnos y eso me ha tenido preocupado muchas noches aquí en Malvinas, donde me encuentro cumpliendo mi labor de soldado: Defender la Bandera. Espero que ustedes no se preocupen mucho por mí porque muy pronto vamos a estar juntos nuevamente y vamos a cerrar los ojos y nos vamos a subir a nuestro inmenso Cóndor y le vamos a decir que nos lleve a todos al país de los cuentos que como ustedes saben queda muy cerca de las Malvinas. Y ahora como el maestro conoce muy bien las islas no nos vamos a perder.

Chicos, quiero que sepan que a las noches cuando me acuesto cierro los ojos y veo cada una de sus caritas riendo y jugando; cuando me duermo sueño que estoy con ustedes.

Quiero que se pongan muy contentos porque su maestro es un soldado que los quiere y los extraña.

Ahora sólo le pido a Dios volver pronto con ustedes. Muchos cariños de su maestro que nunca se olvida de ustedes.
Afectuosamente JULIO l
Producción y textos: Deborah Maniowicz
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Malvinas según un soldado inglés
“Los argentinos son mucho más patriotas”
El teniente inglés David Tinker tenía 25 años cuando le tocó pelear en la guerra de Malvinas. El 12 de junio de 1982 se encontraba a bordo del buque Glamorgan cuando un misil argentino hundió el barco. Desde ahí les había escrito cartas a su mujer, sus padres y sus amigos que siguieron llegando a Gran Bretaña incluso después de su muerte. En los escritos, recogidos en un libro, reflexiona sobre la injusticia del conflicto bélico, condena el accionar de los dos gobiernos y reconoce la “valentía” de los soldados argentinos. A continuación se reproduce una de las cartas enviadas a su mujer:

12 de junio de 1982
Querida Christine:
Es muy fácil comprender cómo se ha desatado la guerra: nuestra primera ministra se imaginó que era Churchill desafiando a Hitler, y la Marina la apoyó para obtener publicidad y popularidad rápidamente. Estoy seguro de que de esta destrucción sólo se beneficiarán Mrs. Thatcher y los fabricantes de armas.

Lo que más me apena es que no hay causa para esta guerra, y si somos honestos, los argentinos son mucho más patriotas con respecto a las Malvinas que nosotros con las Falklands. Y lo que la primera ministra no comprende es que los argentinos creen firmemente que las Malvinas son de ellos.

Han enviado contra nosotros pilotos en misiones suicidas, en viajes sin regreso, porque estamos fuera de su alcance, y eso que ellos no tienen helicópteros de rescate en el mar para recuperar después a los pilotos.

Los pilotos argentinos enfrentan cada día misiles antiaéreos de aplastante superioridad. Realmente, la valentía de esos hombres demuestra que tienen mucho más que un tibio interés en estas islas. Considerando la tragedia, la angustia, y el horror de las vidas perdidas, que han sido sacrificadas de buena gana por los políticos para tapar la ineptitud y necedad de su gobierno, considerando además los resultados en dolor, pérdidas económicas y pérdidas de buques para Gran Bretaña, me parece a mí que esta es la guerra más inútil que Gran Bretaña ha hecho en toda su historia.

Espero que todo esto termine pronto... Creo que los argentinos ya han demostrado honorablemente su valentía.
David Tinker
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Nobel por el diálogo
Seis premios Nobel de la Paz le entregaron una carta al premier británico, David Cameron, para que acepte dialogar acerca de la soberanía de las islas. El mensaje, firmado por Adolfo Pérez Esquivel (Argentina, foto), Mairead Corrigan Maguire (Irlanda del Norte), Rigoberta Menchú Tum (Guatemala, foto), Desmond Tutu (Sudáfrica), Jody Williams (Estados Unidos) y Shirin Ebadi (Irán), resalta que “el incumplimiento por parte del Reino Unido de las Resoluciones de las Naciones Unidas, la falta de voluntad para dialogar con un país democrático y con vocación de paz plenamente demostrada y la instalación y mantenimiento de una base militar en las Islas Malvinas ponen en serio riesgo la paz y la convivencia de esta parte del mundo”. Asimismo, el escrito hace referencia a las declaraciones realizadas por organismos internacionales como la OEA, Mercosur, CELAC, Unasur y el Grupo de los 77, entre otros.
29.03.2012
La carta del soldado Jenssen a un amigo
Soldados argentinos en Malvinas.
El chubutense Mario Almonacid le escribió a su hermano por Navidad antes de embarcar a las Islas. Murió el 3 de abril.
La carta de Mario Almonacid
Soldados en las islas durante el conflicto.
MAESTRO. Julio Cao, de Río Gallegos, escribió para despedirse de sus alumnos de tercer grado. Fue como voluntario. Murió el 10 de junio.
La carta de Julio Cao.
Fuente:Revista23

31.03.2012
Los veteranos de Malvinas tuvieron su reconocimiento
En una medida impulsada por el Gobierno Nacional y avalada por la AFA con motivo de los 30 años del desembarco en las Islas, alrededor de 20 ex combatientes fueron reconocidos hoy en el Monumental. Durante el partido disputado por River Plate y Ferro, ambos equipos salieron al campo de juego con una bandera alegórica.
En la previa del partido que River sostuvo con Ferro, un grupo de ex combatientes y veteranos de Islas Malvinas fueron reconocidos esta tarde en el Monumental. Allí, una multitud los homenajeó y vitoreó.

A poco de cumplirse treinta años del desembarco en las Islas, más precisamente en Puerto Argentino, alrededor de 20 ex combatientes fueron agasajados hoy en el césped del escenario de Núñez, en una medida impulsada por el Gobierno Nacional y avalada por la AFA.

De hecho, los dos equipos salieron al campo de juego con una bandera en la que se recordó la gesta de 1982, mientras que los jugadores del elenco de Caballito vieron cómo se modificó la tradicional camiseta verde para este partido.

Esta vez, la parte delantera de la casaca no lució la publicidad habitual, sino que en el margen superior se colocó una réplica de la fisonomía de las Islas Malvinas.


A su vez, la gente adhirió respetuosamente al minuto de silencio solicitado por el árbitro Mauro Vigliano y luego entonó el tradicional cántico "Y ya lo ve, y ya lo ve, el que no salta es un inglés".

31.03.2012 
Una muestra de humor gráfico en homenaje al aniversario de Malvinas
Con entrada libre y gratuita, "La Guerra", que reúne trabajos de humoristas de 23 países, se presentará desde el lunes próximo en el Museo Diógenes Taborda. Es una iniciativa del director del museo para rendir tributo al dibujante y ex combatiente, Pepe Angonoa. Una invitación a reflexionar sobre el conflicto.



La muestra reúne trabajos de humoristas de distintos países cuyo tema excluyente gira alrededor de la guerra

La exposición de humor gráfico en homenaje al 30 aniversario de la Guerra de las Malvinas se presentará desde el lunes próximo en el Museo Diógenes Taborda. La muestra reúne trabajos de humoristas de distintos países cuyo tema excluyente gira alrededor del conflicto en el Atlántico Sur.

La convocatoria a participar fue respondida por humoristas de 23 países, en una iniciativa del director del museo Jorge Volpe Stressens, para rendir a su vez tributo a Pepe Angonoa, ex combatiente de Malvinas.

Angonoa nació en Córdoba el 19 de febrero de 1963, estudió en la Escuela de Artes Aplicadas Lino Spilimbergo y, como conscripto, participó en la guerra en las islas. Este humorista comenzó a publicar en 1987 en la revista Hortensia y a partir de allí no abandonó ni el dibujo ni el humor.

Admirador de Quino y de Tato Bores el dibujante sostiene "que es mucho más fácil hacer una crítica desde esta disciplina, y que por eso los diarios nunca dejaron de publicar humor gráfico".

Desde entonces publica sus dibujos tanto en revistas o diarios nacionales como internacionales y en la actualidad realiza el humor editorial para el diario Hoy del Chicago Tribune (Chicago, Los Angeles), El Telégrafo (Ecuador), y el diario "Si se puede" (España).

El fundador del museo, Jorge Volpe, que funciona hace 17 años y que lleva el nombre de Diógenes Taborda como homenaje al dibujante del diario "Crítica", explicó que el objetivo de la muestra es "hacer un homenaje a este excelente dibujante, que combatió en Malvinas y todavía padece sus secuelas".

"Hicimos esta invitación para reflexionar acerca de la guerra, a humoristas de todo el mundo, es así que participan dibujantes de Argentina, Brasil, Chile y Uruguay, pero también de México, Colombia, Turquía, Ucrania, Irán, Israel y Cuba, entre otros", dijo.

Con entrada libre y gratuita, "La Guerra" se inaugurará el 2 de abril a las 19 en el Museo de Humor Gráfico Diógenes Taborda, ubicado en avenida Caseros 2739 en Parque Patricios, y se puede visitar de lunes a viernes de 16 a 20, hasta el 29 de abril.
Fuente:InfoNews


El espíritu imperial británico
Año 5. Edición número 202. Domingo 1 de abril de 2012
Por Roberto Montoya Desde Madrid
A vuelo de pájaro. Los británicos han convertido a Malvinas en una fortaleza blindada.
La presencia de submarinos nucleares en los que el Reino Unido considera sus “territorios de ultramar” no es algo nuevo. El espíritu imperial británico sigue presente en pleno siglo XXI, estén en el poder los tradicionalistas tories, los demócratas liberales o los laboristas.
España ha tenido también varias fricciones con el Reino Unido a raíz de la presencia de submarinos nucleares británicos en el Peñón de Gibraltar, el estratégico enclave ubicado en el extremo sur del Mar Mediterráneo, en el estrecho que separa las costas españolas de las marroquíes, territorio en disputa desde el siglo XIX. Reino Unido ocupa el pequeño pero valioso territorio, cuenta con un gobernador y en su base naval no sólo atracan y se reparan submarinos nucleares británicos sino también de EE.UU.
A pesar de que tanto Reino Unido como España pertenecen a la Otan y por lo tanto comparten maniobras y acciones militares, el conflicto de Gibraltar sigue irresuelto después de décadas de negociaciones bilaterales y en el marco de Naciones Unidas.
Mientras que para los británicos de a pie es impensable la devolución a España de Gibraltar –lugar de veraneo a dos horas de Londres–, una reciente encuesta del Daily Telegraph reconocía que el 57% de la población no mostraba ningún interés por las Malvinas y que no les importaría que fueran devueltas a Argentina.
Pero su gobierno y sus empresas petroleras y pesqueras no piensan lo mismo y por ello han descubierto después de siglos “el derecho de autodeterminación” de sus habitantes y se han preocupado cada vez más por su “seguridad”.
El Reino Unido ha ido dotando a las Malvinas de cada vez más medios militares.
Las British Forces South Atlantic Islands, con bases en Mount Pleasant, cerca de Puerto Stanley, comprenden tanto fuerzas del Ejército Británico (RBA), de la Real Fuerza Aérea (RAF), como de la Armada Real (RN), todos ellos dirigidos por el comandante de las Fuerzas Británicas de las Islas del Atlántico Sur (Cbfsai).
Como detalla el propio sitio web oficial de las Fuerzas Armadas británicas en Las Malvinas (http://web.archive.org/web/20060611135125/http://www.army.mod.uk/equipment/index.htm), el ejército, con cerca de 500 efectivos, cuenta con sofisticado armamento individual, piezas de artillería pesada, carros de combate, lanchas de asalto y de desembarco, seis tipos de helicópteros, medios para la guerra química y bacteriológica y unidades de vigilancia electrónica.
La base de la RAF, por su parte, puede albergar aviones Lockheed Tristar; Eurofighter Typhoon, (reabastecimiento aéreo para los cazas); C130 Hércules (abastecimiento y transportes de cargas) y helicópteros del 78º Escuadrón Aéreo.
En cuanto a la Royal Navy, cuenta con la presencia constante de fragatas o destructores que se relevan cada seis meses, los más habituales de los cuales son los destructores 42HMS Edinburgh y HMS Southampton y los buques de vigilancia HMS Dumbarton Castle y HMS Clyde. La Royal Navy tiene igualmente submarinos de ataque, como el HMS Swiftsure y el HMS Trafalgar, con capacidad para transportar misiles crucero BGM-109 Tomahawk de un alcance de 1.500 millas. Existen igualmente en las islas una Unidad Conjunta de Comunicaciones (UJC) y una Fuerza Conjunta de Reacción Rápida de prevención, planificación y acción de las tres armas.

Entrevista. Luiz Alberto Moniz Bandeira. Politólogo e historiador
Año 5. Edición número 202. Domingo 1 de abril de 2012
Por Walter Goobar
“Inglaterra y Estados Unidos comparten la misma política para las islas Malvinas”
El brasileño Luiz Alberto Moniz Bandeira es reconocido hoy como uno de los mayores historiadores sudamericanos. Es doctor en Ciencias Políticas por la Universidad de San Pablo. Fue profesor de política exterior en la Universidad de Brasilia y consejero del ex presidente Joao Goulart y del ex gobernador Leonel Brizola, con quien fundó el Partido Democrático Trabalhista. Estuvo preso en los ’60 y ’70 durante la última dictadura. Actualmente es diplomático en Alemania e investiga en la Universidad de Heidelberg.


–¿Cómo observa el actual estado de la Cuestión Malvinas?
–Yo no vislumbro una solución diplomática al diferendo y, mucho menos, una resolución militar al conflicto porque la Argentina, obviamente, no tiene la fuerza necesaria en dicho terreno. Claro, Buenos Aires, con la guerra de 1982, cerró una gran puerta para hallar una salida mediante el diálogo bilateral con Londres. Incluso, ahora, el factor petrolero incide negativamente porque Inglaterra tiene en el Atlántico Sur una fuente de abastecimiento de crudo tan importante como la que posee en sus yacimientos del Mar del Norte.
Igualmente –y esta mirada la aporto más como cientista político que ciudadano de a pie–, podría existir algún tipo de conciliación en el futuro pero, específicamente, sobre el reparto de la renta petrolera. Además, claro, algún gran corrimiento en el balance de poder global alteraría el cuadro político que estoy analizando.

–Pero, a nivel regional, una potencia como Brasil ha manifestado una clara preocupación por la militarización y nuclearización del Atlántico Sur. ¿Eso no incide?
–Sí, pero Brasil no sólo mira a Inglaterra. El gobierno de mi país observa con mucha preocupación el desplazamiento de la IV Flota del Pentágono en el litoral atlántico o la instalación de bases militares norteamericanas en Colombia. Pero, evidentemente, con la presencia militar de Londres en Malvinas se está realizando una violación del derecho internacional y eso, un gobierno soberano como el de Dilma Rousseff, no puede pasarlo por alto.

–¿Usted considera que la política del Reino Unido hacia Malvinas se halla desligada o, por el contrario, está estrechamente vinculada con los intereses de los Estados Unidos?
–La política de Londres está perfectamente vinculada con la visión de Washington. No sólo en Malvinas. Durante los últimos años, la política exterior del Reino Unido y la de los Estados Unidos son concordantes. Sin embargo, durante la guerra de 1982, sus Cancillerías tenían algunas diferencias y la dictadura de Galtieri pensó, erróneamente, que como Argentina aplicaba un fuerte realismo periférico y relaciones carnales con los EE.UU., la principal potencia planetaria terminaría apoyando la posición de Buenos Aires. Pero no podía precipitarse ese desenlace porque, en última instancia, EE.UU. e Inglaterra eran grandes socios políticos y tenían fuertes compromisos políticos; incluso, a inicios de los ochenta.

–Entonces, usted no cree la palabra de Hillary Clinton (secretaria de Estado norteamericana) cuando advierte que Argentina e Inglaterra deben hallar una solución negociada.
–No es cuestión de fe, sino, repito, de factibilidad. Es muy poco realista que ambos países encuentren una salida negociada a la Cuestión Malvinas, y menos que el Reino Unido realice una cesión de soberanía en desmedro de los isleños. Argentina e Inglaterra sólo pueden encontrar algún denominador común en la potestad de los activos petrolíferos.

La soberbia armada
Año 5. Edición número 202. Domingo 1 de abril de 2012
Por Walter Goobar
wgoobar@miradasalsur.com
Submarino táctico trafalgar. Estas naves de propulsión nuclear portan misiles tomahawk. Los vanguard llevan cabezas nucleares.
La escalada militar británica en el Atlántico Sur responde a la cerrada negativa del gobierno de David Cameron para buscar una solución diplomática negociada para un conflicto colonial.

A mediados de marzo, el contraalmirante Sir John Forster Woodward , responsable de la Fuerza de Tareas británica que hace 30 años derrotó a los argentinos, disparó una salva de munición gruesa contra el gobierno de David Cameron: Sir Woodward –que es conocido como Sandy– declaró al diario Sunday Telegraph que “debido a los recortes en el presupuesto de defensa, Gran Bretaña no podría recuperar hoy las islas Malvinas”. Haciendo alarde del cáustico humor británico, Woodward remató diciendo que la Armada Real era “tan útil como la Armada suiza”, un país que carece de fuerzas navales.
La andanada de Woodward se produjo tras los recortes de defensa que han dejado a la Royal Navy sin un portaaviones hasta el 2020. “Si hubiéramos estado en esta situación en 1982, las Falklands serían las Malvinas. No las hubiésemos podido recuperar”, le dijo al Sunday Telegraph.
Por su parte, el mayor general Julian Thompson, comandante de la brigada de los Royal Marines durante el conflicto, le agregó una dósis de dramatismo cuando dijo que las islas están en una situación vulnerable a causa de los recortes presupuestarios, por lo que sería “el fin de la historia” si las fuerzas argentinas tomaran la base británica en la Isla Soledad. Thompson le dijo a The Times a principios de este mes: “Los argentinos tienen una brigada de marina. Tienen una brigada de paracaidistas y buenas fuerzas especiales. Todo lo que tienen que hacer es llevar a esos muchachos a las islas durante el tiempo suficiente para destruir los aviones Typhoon de la Fuerza Aérea británica y ese sería el final del juego.”
Lord West, el capitán de fragata Alan West, que comandó el HMS Ardent, hundido durante la guerra, dejó de lado los modales de Caballero de Su Majestad, cuando dijo que “el gobierno de David Cameron debe estar loco para reducir el número de fragatas y destructores a 19, es decir, sólo una más de las 18 maves hundidas o dañadas en el conflicto de 1982”. Y agregó: “En el primer mes de combates, tuvimos cuatro hundidos y 14 dañados. Eso te hace pensar. Parece que hemos olvidado que cuando se lucha se puede perder. Aquí estamos con 19 fragatas y destructores. ¿Están locos? ¿Cómo han permitido que esto suceda?”, remató West al referirse al conflicto que se cobró la vida de 255 soldados británicos y 649 argentinos.
En la actualidad, Malvinas se ha constituido en uno de los cinco principales enclaves militares extranjeros del hemisferio occidental, y funciona en conexión con la red mundial de bases de control y espionaje que la Otan tiene en el planeta. La fortaleza del Atlántico Sur dispone de una estación naval de aguas profundas –llamada Mare Harbour–, donde atracan submarinos atómicos. Los buques y aeronaves militares que van y vienen desde Gran Bretaña, vía Isla Ascensión, son portadores de misiles Tomahawk y el gobierno argentino sospecha que también están equipados con armas nucleares.
Una fuente de inteligencia extranjera que habló con Miradas al Sur bajo condición de que se respetara su anonimato describió de manera pormenorizada de qué manera están compuestas las fuerzas británicas en Malvinas:
-Fuerzas terrestres: 500 hombres del Regimiento Princesa de Gales; una companía de infantería. un escuadrón de ingenieros, una unidad de señaleros y también está presente un equipo de zapadores del Regimiento 33 de Ingemieros. A eso se agrega una fuerza de policía.
-Fuerza Aérea: Cuatro aviones de combate Typhoon, un VC-10 para reaprovisionamiento de combustible en el aire, y un Hercules C3 para reconocimiento, también están presentes dos dos helicópteros Sea King para búsqueda y rescate.
-Armada Real: Destructor HMS Danutless remplazando a la fragata HMS Montrose, el velero de patrullaje HMS Clyde River Class y una alta probabilidad de un submarino táctico tipo Trafalgar o Astute.
La referencia –por parte de esta fuente extranjera de inteligencia– a “la altísima probabilidad de la presencia de un submarino táctico tipo Tragalgar o Astute en el Atlántico Sur”, no es menor. El especialista en temas militares Horacio Calderón, que durante mucho tiempo estuvo en contacto con el tema submarinos porque fue representante en países del Medio Oriente de los Astilleros Domecq García, confirma que “hay una alta probabilidad de que haya un submarino desplegado en este momento en el teatro de operaciones de los británicos en el Atlántico Sur”, aunque aclara taxativamente que “la unidad es exclusivamente de la clase Trafalgar o Astute”. Aunque Calderón respalda a rajatabla la posición y exigencias del gobierno argentino en este conflicto, indica que “resulta importante aclarar que contrariamente a lo que se afirma, ninguna de las dos clases portan armas nucleares actualmente, y que lo único que es nuclear son sus sistemas de propulsión”.
Afirma asimismo que “sería distinto el cuadro de situación en el Atlántico Sur si en lugar de una de las dos clases de submarinos británicos potencialmente desplegadas (Trafalgar o Astute) la unidad perteneciera a la clase Vanguard. “Los cuatro submarinos clase Vanguard con que cuenta la Royal Navy conforman la fuerza de disuasión cuyas unidades sí están equipadas con misiles nucleares Trident 2 D5, capaces de lanzar hasta 12 cabezas de guerra a más de 4.000 millas y con una capacidad de error de unos pocos metros”, culmina, aclarando que los Vanguard en realidad están propulsados a vapor, ya que sus reactores convierten el agua en ese fluido gaseoso que conduce los motores y genera electricidad”.
Gran Bretaña posee submarinos ttácticos y estratégicos. Los submarinos tácticos, que son los que habitualmente surcan el Atlántico Sur, están propulsados por turbinas nucleares pero no están dotados de misiles con cabezas nucleares sino Tomahawk. La dotación de submarinos estratégicos británicos que están equipados con armamento nuclear es la siguiente:
- Cuatro submarinos Vanguard con cuatro torpedos Spearfish, que es el torpedo pesado que usan los submarinos de la Armada Británica. El arsenal de los Vanguard cuenta con hasta 16 misiles nucleares Trident D-5 (cada nave no porta más de 48 cabezas de guerra pero cada misil podría llevar hasta 12 cabezas tipo Miev, algunos Trident D-5 pueden ser configurados para cumplir un papel subestratégico. La dotación se completa con 48 misiles estratégicos (con menos de 160 cabezas de guerra en condiciones operacionales.
En la publicación especializada Defense Dateline Group, el británico Robert Knapp acusa de “alarmistas” a los veteranos mandos británicos y señala que las capacidades actuales de las fuerzas armadas argentinas son bastante menores en comparación con lo que eran en 1982. La Armada Argentina –escribe Knepp– se compone actualmente de cuatro destructores de clase Almirante Brown, tres submarinos diésel, nueve corbetas, un destructor tipo 42 convertido y una sola nave de carga anfibia. Esto debe compararse con una flota que, en 1982, poseía un portaaviones (el Veinticinco de Mayo) que brindaba apoyo aéreo con un grupo de A-4 Skyhawk y Trackers S-2, así como un crucero ligero armado (el hundido General Belgrano), cuatro submarinos de los cuales dos son de tipo moderno.
De hecho, la flota actual está limitada, con nueve corbetas armadas con misiles de valor dudoso en un nuevo conflicto.
Mientras tanto, el buque de asalto Tipo 42 sólo puede llevar a dos helicópteros Sea King, que restringen la velocidad a la que podría intentar descargar los 230 infantes de marina que puede transportar.
La Fuerza Aérea posee 34 aviones de combate Hawks A-4, aproximadamente 25 Mirage anticuados y una copia israelí de los jets Finger, 30 aviones Pucará de ataque y una variada colección de aviones de transporte y helicópteros. Esta fuerza es menor que la de 1982, que incluyó cerca de 50 Skyhawks, más de 40 variantes de Mirage y ocho bombarderos ligeros Canberra.

El arsenal nuclear británico
Año 5. Edición número 202. Domingo 1 de abril de 2012
Por Roberto García Moritán. Ex vicecanciller
La Argentina ha manifestado preocupación por la posible presencia de armas nucleares del Reino Unido en el Atlántico Sur como consecuencia de información proveniente de Londres que indica que submarinos británicos habrían sido desplazados, de manera permanente o temporaria, a las aguas circundantes a las Islas Malvinas. Es de esperar que no sea el caso. Sin embargo, la advertencia tiene fundamento concreto por cuanto el arsenal nuclear del Reino Unido, calculado en aproximadamente 300 cabezas nucleares, se asienta en componentes navales, principalmente en cuatro submarinos de la clase Vanguard de los 11 submarinos que dispone a propulsión nuclear. Posee también algunos misiles de corto alcance con cabezas nucleares y un reducido número de bombarderos Panavia Tornado (GR 4) al efecto. Una flota de helicópteros cuenta con armas nucleares tácticas.
Cada submarino de la clase Vanguard se encuentra equipado con 16 misiles Trident (D5) con aproximadamente 48 dispositivos nucleares. Dichos misiles en ocasiones cuentan con una menor cantidad de cabezas nucleares, con reducida capacidad de efecto destructivo, a los efectos de responder a acciones militares destinadas a objetivos calificados como subestratégicos o de ataque limitado, tal como se expone en la revisión de la estrategia británica nuclear de 1998. El Atlántico Sur podría estar catalogado en ese carácter.
En el contexto de la política del Reino Unido conocida como Continuous at Sea Deterrence (Casd), dos submarinos Vanguard se encuentran desplazados de manera permanente en alta mar. El tercer y cuarto submarino se encontrarían en puerto y podrían ser alistados de manera inmediata ante una eventual urgencia.
Los lineamientos revisados, en el 2010, de la política estratégica del Reino Unido anuncian la hipotética reducción del arsenal nuclear submarino a 120 cabezas y el total de la capacidad nuclear de 300 a 225. Ese proceso tendría como finalidad una mayor eficacia del arsenal nuclear en términos del programa de modernización que mantiene con Francia, sobre la base del acuerdo bilateral del 2 de noviembre del 2010.
En este marco, es razonable la preocupación de Buenos Aires en particular cuando las crónicas británicas indican que la opción nuclear no estuvo descartada por 10 Downing Street en 1982. Esta amenaza, nunca desmentida, es concordante con el accionar militar británico en otros conflictos contemporáneos y pone de manifiesto que el Reino Unido, aun ante una situación de tensión subestratégica, siempre hace gala de toda la capacidad militar que dispone.

La otra traición
Año 5. Edición número 202. Domingo 1 de abril de 2012
Por Vicente Muleiro
Luciano Benjamín Menéndez. El máximo responsable de las torturas a soldados. (TELAM)
El balance de la Guerra de Malvinas sigue sin abordar las torturas y los vejámenes a los que fueron sometidos los soldados que combatieron en las islas.

Cuando alguien goza de la soberanía perversa de disponer del cuerpo del otro hay una cadena que se suelta y un lugar del que no se vuelve, como jamás vuelve de su lugar el violador serial, o el Rambo que se obnubiló masacrando vietnamitas o coreanos aunque después la cinematografía lo convierta en héroe. Para comprobar esto no sólo es necesario a remitirse a la última dictadura militar argentina. El Dios de tantos verdugos, el Dios de los canallas, ha habilitado desde el trasfondo de la historia occidental una pléyade de sargentos-esbirros con permiso para operar sobre la piel ajena y chamuscarla.
En todo caso, lo que sí se puede reafirmar a partir del modelo desaparecedor argentino, es que las bárbaras sangrías se repiten y contribuyen a negar el criterio de la evolución en la historia. Siempre que es posible retroceder a las más primarias formas de barbarie, se retrocede. El videlismo y el posvidelismo con su punto de ebullición en la guerra de Malvinas, lo certifica.
Los que hicieron (hicimos) el servicio militar antes del asesinato del soldado Omar Carrasco (servicio militar liquidado en 1994 de la mano del oportunismo menemista), pueden repasar ciertas imágenes antes de que los uniformes convirtieran a todo el territorio nacional en una sola cárcel.
A saber y a modo de ejemplo: colimbas estaqueados en los cuarteles, con los miembros inferiores y superiores atados mediante una cuerda tensa a estacas de madera; el cuerpo cubierto por una lona verde humedecida de modo tal que el sol fuera un persistente puñal de calor húmedo, entre otras estampas del pintoresco servicio militar.
Esas imágenes son anteriores a la existencia de la Doctrina de Seguridad Nacional y aún a la irrupción de la insurgencia armada de los años ’70 y su feroz represión. El dominio sobre los cuerpos que “valen menos” ya venía de las levas, son llanto en las verseadas octosilábicas de Martín Fierro y sangran profusamente en la literatura gauchesca de la mano de la milicada y de sus jefes civiles.
La predisposición atormentadora de las Fuerzas Armadas Argentinas pudo conocerse de manera palmaria a partir del show del horror que proveyó el videlismo. Pero en su último capítulo, la tiranía uniformada trepó otro escalón desalmado: supliciar a la soldadesca transportada a las islas para “defender a la patria” ante los ingleses algo que se podría definir sin demasiado esfuerzo intelectual y por simple carácter transitivo como “torturar a la patria”.
Pues eso hicieron oficiales y suboficiales argentinos en su breve y cobarde estada en Malvinas: persistir en la tradición de torturar compatriotas.
Los testimonios son indubitables.
Le dijo el veterano de guerra Pedro Benítez a la Revista 23: “ Y aunque le juraba al cabo que no había robado me estaqueaba, me pisaba la mano con la que decían que había robado y me pateaba la cabeza con el borcego”.
¿Qué había robado el soldado Benítez para merecer ese castigo? Pues, pasado de hambre, había tomado un trozo de vaca muerta, sorprendida por una mina letal. Pero no abusemos de los archivos ni de historias tantas veces contadas: los soldados de Malvinas, en Malvinas, fueron estaqueados, congelados en pozos con el agua hasta el cuello, hambreados (“habremos perdido entre 30 y 35 kilos cada uno”) mientras en tierra firme se juntaban toneladas de proteínas para acunar a esos varones que temblaban con armas en la mano en la nieve y el frío austral.
Eso que se repetía por allá era fatalmente lo mismo que el poder cívicomilitar había hecho por acá nomás. Como lo cuenta hasta el dolor Hernán Dobry en su flamante libro Los rabinos en Malvinas (Vergara, 2012) la condición de judío acentuaba fatalmente la humillación. “¿Cuál es el enemigo si todos me tratan mal?”, se preguntó con lucidez desesperada, el soldado Claudio Szpin, del Regimiento de Infantería Mecanizado (RIMec3).
Escribe Dobry: “El odio antisemita de parte de oficiales y suboficiales con sus soldados durante la guerra de Malvinas es irracional e incomprensible para cualquiera que analice la situación. Sin embargo, a muchos de los que sufrieron no les resultó del todo sorprendente ya que habían padecido algo similar mientras realizaban la colimba en distintos lugares del país que les había tocado”.
Como está ampliamente registrado en los testimonios de los centros clandestinos de desaparición, los judíos fueron una privilegiada carne de cañón. Comparten ese privilegio con la morochada nacional siempre tan disponible para ser culturalmente escarnecida y corporalmente masacrada.
Según un pensador alemán que puso su foco de estudio en la tortura, Horst Hermann, el arte de atormentar es, para los humanos, la verdadera marca que lo separa del reino animal. “No existen entre los animales especies torturadoras”, define en su libro 2.000 años de tortura en nombre de Dios (Vergara, 1996). Bestializar a un torturador es deshonrar a la bestia.
La tortura a los soldados en Malvinas es un ejemplo epónimo de lo que el poder de la más encumbrada casta nacional (las Fuerzas Armadas como brazo de la oligarquía diversificada y transnacionalizada) es capaz de hacer, en un impresionante movimiento extremo, con los cuerpos de los que pretende subsumir.
Esa acción de martirizar soldados en Malvinas deja al verdugo y a sus jefes afuera de cualquier esfuerzo civilizador y/o conciliatorio. La tortura es lo que se denomina un “delito de mando” es –debe ser– más amplia la pena en la medida en que se escala en la responsabilidad jerárquica. Y el más culpable es –por supuesto– el que más se mancha.
No juzgarlos entonces, no incluir a esos concretos torturadores y a sus concretos mandantes en el repertorio salvaje de los delitos de lesa humanidad, sería otra deuda que nos incriminaría también a los sobrevivientes que vivimos para contarlo.

Malvinas: la gran mentira inglesa sobre la autodeterminación
Año 5. Edición número 202. Domingo 1 de abril de 2012
Por Mónica Papaianni. Periodista
Desde 1833 y después de desalojar por la fuerza a la población argentina residente en Malvinas, el gobierno de Inglaterra comenzó a enviar ciudadanos británicos en su reemplazo, llegando a constituir en 1901 una población de 2.043 habitantes, cifra que un año más tarde alcanzaba los 2.295 habitantes y que, paradójicamente, en 1962 descendió a 2.172 habitantes británicos, siendo en la actualidad de 3.140, según datos recientes.
Si tomamos, por ejemplo, la evolución demográfica de la Argentina, encontramos que en 1901 la población era de cinco millones de habitantes, que en 1962 ascendió a
22 millones y que en la actualidad es de más de 40 millones, encontramos entonces que los datos provenientes de Las Islas Malvinas en cuanto a su crecimiento demográfico, nos plantean una situación controvertida sobre arraigo y ciudadanía.
¿Qué es entonces lo que sucede, para que a lo largo de 112 años la población de las Islas Malvinas se haya mantenido prácticamente inmóvil, con una cifra que ronda entre los 2 mil y 3 mil habitantes?
Las razones por las cuales las Islas Malvinas constituyen uno de los únicos territorios del mundo donde no existe posibilidad alguna, en las condiciones actuales, de crecimiento demográfico, son simples: entre el 25% y el 40% de la población plantada en las Islas por el Reino Unido es sustituida anualmente. Como ejemplo, podemos tomar una franja: en 1960, año en el cual salieron de Malvinas 292 habitantes ingleses y entraron 224; en 1961 salieron 326 y llegaron 244, y en 1962 salieron 411 y entraron 368, según cifras del propio Reino Unido. Esto explica claramente por qué no hay crecimiento demográfico.
En este sentido, la Colonial Office, en Londres, transcribió un informe sobre la preocupación que genera el éxodo continuo de los habitantes “plantados” en las islas, y lo “oneroso” que significa esta maniobra, urdida por el Reino Unido.
Este sistema colonial implantado en se manifiesta en el plano socieconómico, con características del más anacrónico monopolismo: todos los habitantes dependen de la Fackalnd Islands Company Limited, cuyo directorio está compuesto por miembros del parlamento inglés. Este sistema, del más puro corte feudal impuesto, inhibe a los habitantes del derecho inalienable del libre determinarse, por cuanto resulta paradójico que el Reino Unido enarbole banderas de libertad y autodeterminación cuando somete a un sector de su propia población a instalarse y permanecer hasta su reemplazo, en función de mantener una ocupación ilegal en territorio argentino.
La Argentina respeta el derecho de expresión individual y colectivo, el número de habitantes no gravita en este concepto, al aplicarlo al ejercicio de la autodeterminación, pero en el caso de las Malvinas, el Reino Unido utiliza ese derecho como pretexto para legalizar una ocupación por la fuerza y así evitar la descolonización.
La Argentina va por una mesa de negociación bilateral en la que se nos restituyan los legítimos derechos sobre las Islas, el mundo va por el fin del colonialismo en todas sus formas.

Cuando una colonia no es negocio
Año 5. Edición número 202. Domingo 1 de abril de 2012
El imperio dejó sus enclaves en la medida en que los costos superaron los beneficios.

Malvinas es un elefante blanco.” El vicecanciller británico Jeremy Browne, encargado de las relaciones del Reino Unido con América Central y América del Sur, hizo estas declaraciones a mediados de esta semana, durante un almuerzo en Londres con embajadores latinoamericanos. La metáfora es de origen asiático y remite a los costos de conservar algo. Darle a estas seis palabras implicancias políticas de fondo puede ser tan equivocado como minimizarlas. Fueron una muestra de la crisis económica que sacude al Reino Unido (el desempleo se ubica en el 8,4%, el nivel más alto de los últimos 16 años). Esta situación obliga al Estado inglés a replantearse sus gastos, incluido el militar. La frase de Browne, por otra parte, implica, de modo muy leve, cierto éxito de la estrategia argentina para lograr una mesa de negociación por la soberanía de las islas.
Un alto funcionario del Gobierno Nacional, que habló con Miradas al Sur y pidió un estrictísimo off the record, definía la estrategia argentina: “La Historia demuestra que los ingleses abandonaron sus colonias cuando ya no era negocio, en términos políticos y económicos, sostenerlas. Nosotros apuntamos justamente a que cada vez les sea más caro mantener este enclave en el Atlántico Sur”. El mismo funcionario hizo una comparación histórica y puso como ejemplo las descolonizaciones de la India, Canadá y Australia.
La India fue controlada por los británicos desde el siglo XVIII y mereció el título de “Joya de la corona”. Se sabe que como la mayoría de las colonias del imperio inglés era una gran fuente de recursos naturales y un mercado para colocar los excedentes de manufacturas. Repasar el proceso de descolonización que comenzó a mediados del siglo XIX y culminó casi 100 años después, el 14 de agosto de 1947, merecería un espacio muchísimo mayor que el de esta nota. Los factores que señaló el miembro del Gobierno fueron dos: el final de la Segunda Guerra, que había dejado devastada a Inglaterra y con la necesidad de reconstruirse, y el accionar del Movimiento de independencia indio, liderado por Mahatma Gandhi. El Movimiento tenía un modo de lucha pacífico, manifestaciones masivas, huelgas intermitentes. “La suma de acontecimientos provocó en un momento determinado que la ecuación económica y política fuera muy desfavorable. Sostener un gobierno colonial, garantizar la seguridad de las fronteras, enfrentar el movimiento independentista, era demasiado”.
La historia de Australia y Canadá es bien distinta a la de la India. En ambos países el proceso de descolonización fue consensuado con el Reino Unido y muy paulatino. De todos modos, el funcionario puso el acento en el punto que tuvieron en común con lo ocurrido en el país asiático. “Al igual que con la descolonización de la India, la ecuación económica fue clave. Inglaterra empujó los autogobiernos porque le costaba muy caro mantener las colonias”. Un momento central del proceso canadiense y australiano fue en diciembre de 1931, cuando el parlamento británico aprobó el Estatuto de Westminster y creó la Commonwealth (Mancomunidad Británica de Naciones). El Estatuto, en síntesis, le daba la posibilidad de autolegislarse a los países de la Mancomunidad. Estaban incluidos Canadá y Australia. La fecha de surgimiento de la Commonwealth está muy lejos de ser un detalle. “Así como detrás del proceso indio estaban los efectos de la Segunda Guerra, en este caso estaba muy presente la crisis mundial de 1929. Gran Bretaña necesitaba consolidar la independencia de estas colonias para reducir gastos del presupuesto público y al mismo tiempo generar una especie de zona de libre comercio blindándose contra la crisis mundial”.
Los puntos de contacto de estos procesos con la cuestión Malvinas, según el funcionario, son la situación económica mundial actual, la necesidad inglesa de acomodar los gastos del Estado, las dificultades para explotar los recursos naturales de las Islas y la imposibilidad de que los barcos con bandera de las Falklands atraquen en los puertos suramericanos. “Todo esto hace que cada vez sea más caro sostener el enclave”.
En honor al rigor, también hay que señalar algunas de las diferencias que hay entre los procesos que se mencionaron y Malvinas. El dirigente señaló una evidente, el tamaño. La India, por ejemplo, tiene 3,7 millones de kilómetros cuadrados de superficie, frontera con Pakistán, Nepal y Bangladesh. Malvinas tiene sólo 11.738 kilómetros cuadrados. “Por supuesto que es más barato controlar un archipiélago que países de dimensión continental”, remarcó el funcionario. Otro dato que se conoce sobre los costos de sostener el enclave en el Atlántico Sur es que el Reino Unido gasta alrededor 150 millones de dólares anuales en mantener la base militar de Mount Plesant, ubicada en la Isla Soledad. Esta cifra parece poco significativa para el presupuesto militar inglés que ronda los 55 mil millones de dólares por año, según el Instituto de Estudios para la Paz de Estocolmo. De todos modos, hay que recordar aquí la frase del vicecanciller Browne citada al principio de esta nota: “Malvinas es como un elefante blanco”.
Hay un proceso más reciente de descolonización que también sirve de ejemplo y en el que factores políticos jugaron un rol más fuerte que los económicos. Es el caso de Hong Kong. La península, ubicada en el sur de China cayó bajo dominio británico a mediados del siglo XIX, luego de la Guerra del Opio, librada entre China e Inglaterra por el control de la ruta del opio. Hong Kong estuvo bajo control inglés hasta 1997. Las conversaciones para la descolonización pacífica habían comenzado 1984 con el lema “un país, dos sistemas”, que implicaba la aceptación por parte de Beijing del modelo capitalista en Hong Kong.
Sobre este proceso, el funcionario remarcó: “El factor determinante fue el ascenso de China como potencia mundial. El punto de contacto con nuestra situación es que a medida que Malvinas se vuelve un tema sudamericano, por cuestiones económicas, políticas y hasta militares, la demanda Argentina se fortalece. No es posible comparar a la Argentina con las dimensiones de China, pero Sudamérica como bloque emergente se acerca un poco más a esa dimensión”.
Un dato sobre el proceso Chino: una vez que comenzaron las negociaciones pasaron 13 años hasta le restitución de la península. Argentina todavía no logró sentar a Londres en la mesa de negociaciones.

Torturas tras un manto de neblinas
Año 5. Edición número 202. Domingo 1 de abril de 2012
Denuncias. En 2007, algunos ex combatientes presentaron una denuncia judicial en Tierra del Fuego(TELAM)
Un pedido ante la Corte Suprema reclama que los tormentos a los colimbas sean declarados delitos de lesa humanidad.

Pablo Bertín volvió de la Guerra de Malvinas con 30 kilos menos. Era colimba y en 1982 tenía 19 años. “Un día pasé delante de un espejo y no me reconocí”, recordó en diálogo con Miradas al Sur. Bertín cuenta que lo primero que hacían los militares era destruir cualquier potencial lazo de solidaridad. “Muchos recibíamos castigos, y nos decían que era por algo que había hecho uno. Si era cierto o no, no importaba. El objetivo era otro. Llegaba un punto en que todo estaba tan naturalizado que nadie decía nada. En ese contexto, y con la poca experiencia de vida que uno tenía hasta llegabas a pensar que ese daño que te hacían, tal vez fuera por tu bien.” Esta semana de la Comisión Provincial por la Memoria (CPM) presentó un amicus curiae a la Corte Suprema sugiriendo que se consideren delitos de lesa humanidad los vejámenes a los que fueron sometidos los soldados en la Guerra de Malvinas. Así, los estaqueamientos, torturas, simulacros de fusilamiento, hambrunas podrían ser considerados imprescriptibles.
La estrategia de la CPM es pedir el revocamiento de una decisión de la Cámara de Casación Penal, que había dictaminado que esos crímenes deberían haber sido juzgadas bajo el Código de Justicia Militar. Incluso, reclaman que se revise a quiénes se ha considerado héroes en el conflicto de 1982. Aseguran que entre ellos, hay oficiales que actuaron directamente en la represión y violación a los derechos humanos. Así, por ejemplo, se consideró héroe de Malvinas al Capitán Giachino cuando en realidad fue un torturador de la Esma que llegó a ofrecerse voluntariamente para integrar los grupos de tareas en el centro clandestino de detención que se había establecido allí. Desde CPM afirmaron que los oficiales de las Fuerzas Armadas que actuaron en Malvinas utilizaron la misma metodología.
Alejandro Mosquera, secretario de la CPM, señaló en la presentación judicial: “Hubo un intento de invisibilizar la tortura y muerte que padecieron miles de ex combatientes. Hoy, ellos tienen la posibilidad histórica de que la sociedad escuche sus testimonios silenciados y el pueblo argentino profundice su camino de verdad, memoria y justicia. No hay héroes entre los genocidas de nuestro pueblo.”
Respecto de las torturas recibidas, Bertín recordó: “Una vez, nos hicieron formar una fila cerca de una carpa adonde nos llamaban de a uno. Luego, salíamos por otra puerta. A mi turno, entré, me hicieron descalzar, me pusieron unos cables en el pie. Del otro lado, había un teléfono viejo, de esos a manivela. Y me empezaron a preguntar cosas de las que sabían las respuestas y después de responderles, me apoyaban otro cable en el cuello que me daba una descarga eléctrica. Se escudaban en estar preparándonos, pero lo hacían porque les resultaba placentero”. Bertín analiza: “Creo que primero hay que ubicar el contexto en el que entrábamos a la colimba: nuestros propios padres nos decían: ‘Ahora te vas a hacer hombre’. Y nos entregaban confiados en que nos harían un bien. La sociedad aceptaba eso sin medir el nivel de sadismo que tenían los militares, tanto en conjunto como individualmente. Así, tenían un cheque en blanco para hacer lo que quisieran”.
Todavía está pendiente revisar a quiénes la sociedad ha considerado héroes. Bertín rememoró: “Nosotros tuvimos a un superior, Ramón Alberto Varela, que un día con tiros de revólver al piso hizo bailar a un compañero. El mismo que en cuanto empezaron los ataques, nos abandonó a los 50 que tenía a cargo y se fue a refugiar a una de las casas. Sin mando debimos sumarnos a otra columna. Y ese tipo recibió una medalla al valor.”
Los vejámenes y las tareas humillantes eran para todos, pero para los judíos se reservaban siempre lo peor: desde la limpieza de letrinas hasta ser atados y orinados . “A veces nos tenían zumbando a todos argumentando que teníamos en el grupo a uno de los que había matado a Jesus”, recordó Bertín. En ese contexto, a muchos conscriptos no les asombraba ver a un compañero estaqueado. Habían naturalizado la tortura.

Nuevo paradigma. “Durante muchos años se vendió la guerra de Malvinas como una gesta parecida a la del Ejército Sanmartiniano, y nos cansamos de decir que el Ejército que fue a Malvinas no tenía nada que ver con aquél. Se apropiaron de una causa nacional y popular, como la recuperación de las Islas, y la bastardearon”, afirma a Miradas al Sur Ernesto Alonso, secretario de relaciones institucionales del Centro de Ex Combatientes Islas Malvinas (Cecim) de La Plata, minutos después de un acto en el Ministerio de Defensa, donde se exhibió un video documental (que se emitirá mañana a las 22 por Encuentro y una hora más tarde por Canal 7) sobre los tramos del Informe Rattenbach desclasificados hace poco por el Gobierno. “Hay un nuevo paradigma sobre la cuestión Malvinas”, explica Alonso. “Así como la dictadura nos alejó de Malvinas con esa decisión que se tomó en 1982, hoy la acción política –que además pone en crisis a organizaciones como la OEA y las mismas Naciones Unidas– nos empieza a acercar nuevamente.”
–¿Qué cambió en el contexto regional?
–Los países de la región comprendieron que Malvinas no es un problema exclusivamente argentino, porque en el fondo está la militarización del Atlántico Sur y el posicionamiento del imperialismo frente a los recursos estratégicos. Ese control militar en la región con los recursos naturales: es la marca de todos los enfrentamientos bélicos que se han dado en el mundo.
En el año 2007, algunos ex combatientes presentaron una denuncia judicial en el juzgado de Río Grande, Tierra del Fuego, denunciando las torturas sobre los colimbas. Más de cien soldados contaron la barbarie a la que los sometieron sus superiores. “La sociedad debe saber qué pasó con sus soldados durante la Guerra”, afirma Alonso. El juzgado patagónico los consideró delitos de lesa humanidad, también la Cámara Federal de Comodoro Rivadavia. Pero el expediente se frenó en la Cámara de Casación Penal. “Vamos a acercarles a los jueces de la Corte Suprema el informe Rattenbach para que lo vean: ya en el ’82, oficiales y soldados denunciaron el abuso sobre los colimbas. Lo sabían y lo escondieron”, concluye Alonso.
Tal vez permita comprender por qué, en medio del fuego cruzado, algunos soldados les temían más a sus jefes que a la metralla inglesa.

Antisemitismo
Humillaciones a los soldados judíos
El ex colimba Pablo Bertín recuerda que a un compañero, Sergio Vainroj, le negaron una medalla de guerra por ser judío. “Sergio tuvo una actitud heroica: cuando nos regresaban como prisioneros en el Gamberra, tuvo la valentía de ponerse a tocar el Himno en un piano. Levantó la moral de todos y nos pusimos de pie a pesar de las amenazas inglesas”, contó a MIradas al Sur. Vainroj mismo recordaría tiempo después que la respuesta de la tropa lo invadió con una suerte de esperanza: “Estamos acá, no nos vencieron ni nos vencerán”, sintió.
El periodista Hernán Dobry acaba de publicar, precisamente, el libro Los rabinos de Malvinas. Allí, relata cómo padeció particularmente la comunidad judía la guerra del Atlántico Sur y el antisemitismo de los militares. Dobry saca a la luz por primera vez la historia de los cinco religiosos que fueron enviados como capellanes para prestar asistencia espiritual a los soldados judíos desplegados en la Patagonia y en las Islas, defendiendo las bases continentales de posibles incursiones británicas.
Dobry también relata por primera vez las situaciones de antisemitismo sufridas por los soldados judíos durante la guerra de Malvinas. Sobre todo, cómo era el trato que recibían en esa época en los cuarteles antes del conflicto bélico. También revela la compleja trama de intereses entre el Estado, los militares y las instituciones judías.
Fuente:MiradasalSur


Declaraciones
"Malvinas fue una aventura militar”
El ministro de Defensa, Arturo Puricelli, afirmó que “la guerra de Malvinas fue estuvo basada en una decisión equivocada de la dictadura militar, tomada en función de intereses que no eran los que se decían defender”.
Viernes 30 de marzo de 2012
"Malvinas fue una aventura militar”

El ministro de Defensa, Arturo Puricelli, afirmó que “la guerra de Malvinas fue una aventura militar basada en una decisión política y estratégica equivocada de la dictadura militar, tomada en función de intereses que no eran los que se decían defender”.

Luego de la proyección del documental, que integra la serie “Malvinas, la historia de la usurpación”, el ministro Puricelli destacó a “nuestros soldados, nuestros oficiales y suboficiales, que combatieron con honor y fueron los únicos héroes de la gesta de Malvinas”.

“Ha sido muy oportuna la decisión de la Presidenta de la Nación de desclasificar al Informe Rattenbach para que quede claro que ha sido una decisión de una dictadura militar, que no puede ser endosada al pueblo argentino”, señaló Puricelli instantes después de la proyección del documental, que se realizó frente a un auditorio colmado de personal civil y militar de las Fuerzas Armadas en el Salón San Martín del Edificio Libertador.

El titular de Defensa enfatizó que “nuestro pueblo no tenía en sus manos el poder de decisión político y estratégico”. Y añadió: “Fue la dictadura militar la que se equivocó y la que brindó un argumento para la consolidación de la usurpación ilegítima de Gran Bretaña de parte de nuestro territorio nacional”.

Además, Puricelli destacó “la solidaridad de todos los países de América del Sur y el Caribe, a pesar de la presión que sufren por parte del Reino Unido”. “Malvinas es la única espina que tiene el área de paz que enunciaron nuestros líderes de la Unión de Naciones Suramericanas”, agregó.

La serie de documentales producida por Encuentro –el canal del Ministerio de Educación de la Nación- consta de cuatro capítulos donde se narran además la historia de 180 años usurpación, la cuestión Malvinas en diplomacia y la situación actual, a treinta años del conflicto bélico.

En el capítulo dedicado al Informe Rattenbach se pueden observar imágenes exclusivas de sus desclasificación –instruida por la presidenta Cristina Fernández de Kirchner- y, a través de una serie de entrevistas, se detalla la irresponsabilidad militar en el planeamiento del conflicto y las violaciones a los derechos humanos cometidas durante la guerra.

Por su parte, el presidente de Radio y Televisión Argentina Sociedad del Estado, Tristán Bauer, subrayó el rol de los medios de comunicación, “que brindan el conocimiento a través de la información, la belleza del cine y la profundidad del documental”. Y calificó al capítulo “Informe Rattenbach” como “un camino de reflexión y de clara defensa de nuestra soberanía”.

La serie “Malvinas, la historia de la usurpación”, realizada por Occidente Producciones, se emitirá los lunes de abril desde las 22 por Canal Encuentro.

Participaron del acto la gobernadora de la provincia de Tierra del Fuego, Fabiana Ríos; diputados y senadores nacionales, los embajadores de Brasil, Enio Cordeiro; y de Venezuela, Carlos Martínez Mendoza; entre otros.

Por parte del Ministerio de Defensa, acompañaron al ministro los secretarios de Estrategia y Asuntos Militares, Oscar Cuattromo; de Asuntos Internacionales de la Defensa, Alfredo Forti; y el jefe de gabinete, Carlos Esquivel.

En representación de las fuerzas, estuvieron el jefe del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas, brigadier general Jorge Chevalier; el jefe del Ejército, teniente general Luís Pozzi; y los subjefes de la Armada y la Fuerza Aérea.

Luego de la proyección del documental, que integra la serie “Malvinas, la historia de la usurpación”, el ministro Puricelli destacó a “nuestros soldados, nuestros oficiales y suboficiales, que combatieron con honor y fueron los únicos héroes de la gesta de Malvinas”.

“Ha sido muy oportuna la decisión de la Presidenta de la Nación de desclasificar al Informe Rattenbach para que quede claro que ha sido una decisión de una dictadura militar, que no puede ser endosada al pueblo argentino”, señaló Puricelli instantes después de la proyección del documental, que se realizó frente a un auditorio colmado de personal civil y militar de las Fuerzas Armadas en el Salón San Martín del Edificio Libertador.

El titular de Defensa enfatizó que “nuestro pueblo no tenía en sus manos el poder de decisión político y estratégico”. Y añadió: “Fue la dictadura militar la que se equivocó y la que brindó un argumento para la consolidación de la usurpación ilegítima de Gran Bretaña de parte de nuestro territorio nacional”.

Además, Puricelli destacó “la solidaridad de todos los países de América del Sur y el Caribe, a pesar de la presión que sufren por parte del Reino Unido”. “Malvinas es la única espina que tiene el área de paz que enunciaron nuestros líderes de la Unión de Naciones Suramericanas”, agregó.

La serie de documentales producida por Encuentro –el canal del Ministerio de Educación de la Nación- consta de cuatro capítulos donde se narran además la historia de 180 años usurpación, la cuestión Malvinas en diplomacia y la situación actual, a treinta años del conflicto bélico.

En el capítulo dedicado al Informe Rattenbach se pueden observar imágenes exclusivas de sus desclasificación –instruida por la presidenta Cristina Fernández de Kirchner- y, a través de una serie de entrevistas, se detalla la irresponsabilidad militar en el planeamiento del conflicto y las violaciones a los derechos humanos cometidas durante la guerra.


Por su parte, el presidente de Radio y Televisión Argentina Sociedad del Estado, Tristán Bauer, subrayó el rol de los medios de comunicación, “que brindan el conocimiento a través de la información, la belleza del cine y la profundidad del documental”. Y calificó al capítulo “Informe Rattenbach” como “un camino de reflexión y de clara defensa de nuestra soberanía”.
La serie “Malvinas, la historia de la usurpación”, realizada por Occidente Producciones, se emitirá los lunes de abril desde las 22 por Canal Encuentro.


Participaron del acto la gobernadora de la provincia de Tierra del Fuego, Fabiana Ríos; diputados y senadores nacionales, los embajadores de Brasil, Enio Cordeiro; y de Venezuela, Carlos Martínez Mendoza; entre otros.


Por parte del Ministerio de Defensa, acompañaron al ministro los secretarios de Estrategia y Asuntos Militares, Oscar Cuattromo; de Asuntos Internacionales de la Defensa, Alfredo Forti; y el jefe de gabinete, Carlos Esquivel.


En representación de las fuerzas, estuvieron el jefe del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas, brigadier general Jorge Chevalier; el jefe del Ejército, teniente general Luís Pozzi; y los subjefes de la Armada y la Fuerza Aérea.
Fuente:DiarioRegistrado             

01.04.2012
en todos los rincones de la argentina
Comienzan las vigilias y los actos para homenajear a los caídos y ex combatientes
La conmemoración central se realizará mañana en Ushuaia, encabezada por Cristina Fernández. Qué pasará en el resto del país.
En la víspera del 30º aniversario de la Guerra de Malvinas, los homenajes a los soldados caídos y ex combatientes van tomando cuerpo en diferentes puntos del país. En medio de la tensión entre la Argentina y Gran Bretaña por el reclamo de la soberanía de las islas, la ceremonia central se llevará adelante mañana en Ushuaia, donde la presidenta Cristina Fernández será la oradora principal.
El acto se realizará a partir del mediodía en la Plaza Islas Malvinas. Acompañada por varios ministros del Gabinete nacional y por la gobernadora de Tierra del Fuego, Fabiana Ríos, la jefa de Estado emitirá su mensaje frente al Monumento a los Caídos. La mandataria también inaugurará un cenotafio, una llama eterna y un paredón con los nombres de los 649 soldados que murieron en la guerra impulsada por la última dictadura militar.
En la noche de hoy, por su parte, también en Ushuaia los ex combatientes harán una vigilia en la Plaza Islas Malvinas y a la medianoche se producirá el recambio de la bandera del mástil central, que permanecerá allí hasta el próximo aniversario. En Río Grande, la velada nocturna contará con las presencia de autoridades nacionales.
La vigilia se replicará en diferentes ciudades. En la Ciudad de Buenos Aires, esta noche también se realizará la tradicional “Marcha de las antorchas”, y luego otra vigilia en Plaza San Martín, en Retiro, donde se encuentra el monumento a los caídos. Allí se realizará el acto central, al día siguiente, desde las 11:30.
En Río Gallegos, el acto se realizará el lunes –con la presencia del gobernador Daniel Peralta–, frente al monumento a los Héroes de Malvinas, donde el viernes un grupo de ex combatientes inició una vigilia.
Por su parte, la agrupación Jóvenes Latinoamericanos por la Soberanía de Malvinas también pasará la noche en la Plaza Moreno, La Plata, conmemorando el aniversario. Encenderán 2500 velas, configurando el contorno de las islas, y denunciarán la presencia de material nuclear de la OTAN en el Atlántico Sur. El CECIM - La Plata se sumará a la conmemoración de mañana con un acto homenaje a las 11 en el Monumento de la Plaza Islas Malvinas, de la capital bonaerense.
En Córdoba capital, la ciudad de Santa Fe y en La Pampa también se recordará el desembarco en el archipiélago. Mientras que los partidos de izquierda se manifestarán frente a la Embajada británica. Estos son algunos de los tantos actos que se multiplicarán desde hoy a lo largo del país.
Un párrafo aparte merece la Orquesta Sinfónica Nacional que hará una presentación el lunes en la Plaza San Martín de Mar del Plata y el ex combatiente Eduardo Grau quien realizará hoy un cruce de 19 kilómetros a nado desde la Isla Paulino hasta el balneario la Balandra, en homenaje a sus compañeros.
Así, con muchas ceremonias y actos, la Argentina recordará el inicio de la fatídica guerra de 1982. <

Opiniones
Miguel Ángel Pichetto - Senador FPV
“El reclamo por la soberanía de Malvinas es una causa latinoamericana con significado nacional. Hay que seguir en el camino del diálogo que la presidenta Cristina Fernández sostiene con firmeza.”

Federico Pinedo - Diputado PRO
“Existe el principio de autodeterminación del propio pueblo argentino a gobernar su territorio. Me parece ridículo e increíble plantear la autodeterminación de los invasores.”
Fuente:TiempoArgentino                                    


01.04.2012
Opinión
Rosas y las Malvinas
El empréstito contraído venalmente por Rivadavia y sus socios con la Casa Baring para le ejecución de obras públicas que nunca se realizaron provocaba que los tenedores de sus bonos, los “bone holders”, a quienes el Restaurador mortificaba llamándolos “bonoleros”, lo acosaran con
Por: Pacho O’Donnell
Reclamos por la suma acumulada desde que Manuel Dorrego, sucesor de Rivadavia como gobernador de Buenos Aires, había dejado de pagar por considerarla espuria y atentatoria de los intereses populares.

Es entonces cuando Rosas hace una propuesta que aún hoy provoca encendidas y antagónicas interpretaciones, como sigue sucediendo con todo lo atingente al Restaurador, entre quienes lo acusan de entreguista y quienes le adjudican astutas intenciones subyacentes: habría ofrecido a la Corona británica la entrega de las Islas Malvinas a cambio de la cancelación de la deuda.
Las islas habían sido usurpadas durante el gobierno de Balcarce en el interludio entre los dos de Rosas, en 1833. Y una de las razones para hacerlo es la sugerencia de Woodbine Parish, supuesto comerciante inglés en el Río de la Plata y en la realidad un muy avezado espía (¡estuvo en el campanario del Convento de San Lorenzo observando el triunfo de San Martín!) de ocuparlas para de esa manera cobrar algo de la deuda Baring que iba acumulándose sin saldar.
Todo indica que Woodbine Parish actuó en connivencia con los unitarios deseosos de crear dificultades internacionales al gobierno de la Confederación, el mismo motivo para que Sarmiento instase a Chile a ocupar la Patagonia.
Don Juan Manuel toma la iniciativa y es él quien, a través de su embajador en Londres, Manuel Moreno, hermano de Mariano, eleva una proposición a considerar por la Corona.
Sin embargo, nuevos documentos demuestran que lo que Rosas ofreció no fue la entrega de las Malvinas sino su arrendamiento, también algún territorio de la Patagonia, por un tiempo limitado, para la explotación del guano, entonces de tanto valor que años más tarde provocaría la Guerra del Pacífico que enfrentó a Chile en contra de Bolivia y Perú. Era claro que el Restaurador ofrecía a Gran Bretaña alquilarle algo que ya estaba en su poder.
Un perspicaz Mr Robertson, directivo en la casa central Baring, escribe acerca del “arrendamiento” y sus fundadas sospechas a Ferdinand White, representante en Buenos Aires:
“Ud. no desconocerá que Rosas ofreció arrendar una porción de la Patagonia a la Casa Baring a manera de una seguridad colateral por esta deuda. Los señores Baring declinaron considerar la cuestión a causa, según yo creo, de que tenía dudas sobre si la Patagonia pertenecía a Buenos Aires y se supone que una de las razones por la cuales Rosas hizo el ofrecimiento fue conseguir de Inglaterra la sanción de los derechos de Buenos Aires a la Patagonia.”
Ese fue el objetivo de fondo de la propuesta argentina: lograr que Gran Bretaña reconociera la soberanía argentina sobre las islas y la Patagonia como condición esencial para el comienzo de las negociaciones. Una vez logrado el reconocimiento éstas luego podrían limitarse, modificarse o anularse en una Legislatura que respondía a don Juan Manuel.
Su ministro de Hacienda, Manuel Insiarte, con nota del 17 de febrero de 1843, comunica a Palicieu Falconet, emisario de la Baring Bros., que el Restaurador, “a cargo de las Relaciones Exteriores de las Provincias Unidas” ha asumido oficialmente las negociaciones por medio de su embajador en Londres.
Lo del arrendamiento reaparece en 1848 cuando Rosas instruye a su canciller Felipe Arana a reiterar la propuesta del alquiler por quince años de las islas y de un sector de la costa patagónica (N. Galasso).
La acusación de “entreguismo” forma parte de la campaña de denostación de la historia oficial en contra de un jefe popular que puso un jaque a los gobiernos oligárquicos, librecambistas y extranjerizantes de Buenos Aires durante veinte años. Si no pudieron matarlo en vida, la intención fue expulsarlo de la memoria de argentinas y argentinos.
Pedro Agote comenta esa primera nota de Insiarte a Falconet: “Abunda en consideraciones acerca de los derechos de la República a aquellas islas, y la confianza que tiene de que ellas sean reconocidas por el gobierno británico.” La respuesta inglesa es dada indirectamente por el almirante Purvis. El 13 de abril “arresta” a la escuadra argentina y la extorsión prosigue escandalosamente a lo largo del año 43.
El primer ministro Lord Aberdeen comprendió que Rosas le proponía reconocer la usurpación inglesa y la afirmación rotunda de los derechos argentinos. Inglaterra no aceptó, desde luego, la proposición hecha por medio de Manuel Moreno, y en 1845, en alianza con los franceses, invadieron nuestro país y fueron rechazados por el heroísmo gaucho en la Guerra del Paraná, cuyo combate emblemático fue el de la Vuelta de Obligado.
Una de las tantas pruebas en contra del supuesto “entreguismo” de la Confederación rosista la dio el francés Alfred Brossad, quien acompañó al conde Walewsky en la misión diplomática de 1847.
En sus memorias, como crítica, escribió que una de las cuestiones más largamente tratadas en el programa de geografía escolar era la “Demostración de los derechos perfectos de la Confederación Argentina sobre Paraguay, sobre la costa patagónica y las islas Malvinas; derechos injustamente rebatidos y desconocidos por las potencias europeas”.
Otra estuvo a cargo del representante inglés ante al Confederación Argentina, John Henry Mandeville, al informar a su gobierno el 3 de enero de 1838 sobre la inauguración de una nueva sesión de la Sala de Representantes de Buenos Aires , comentando el mensaje de Rosas ante los legisladores:
“Luego atiende a la ya gastada cuestión de la injusticia de su ocupación (de Malvinas) por Gran Bretaña, sin recibir, me atrevo a decir, mucha simpatía del público con excepción de las pocas personas que han especulado con la instalación de una propiedad en ese lugar. Seguramente eso ocupará un párrafo anual en cada mensaje hasta que el tema muriera de cansado, al menos que una causa sin méritos induzca al gobierno a avivar el tema para escudarse tras él.”
Como puede verse la acusación de que la cuestión Malvinas, cuando se agita, sólo responde a “motivaciones políticas” y no al patriotismo esencial de nuestros sectores populares, no es una creación de políticos e intelectuales contemporáneos.
Fuente:TiempoArgentino     

Martínez de Hoz y el otro 2 de abril
Año 5. Edición número 202. Domingo 1 de abril de 2012
Por Eduardo Anguita
eanguita@miradasalsur.com
Cuando se produjo el golpe, Martínez de Hoz llevaba meses ocupado en el armado de su gabinete.
Hay veces que la historia juega malas pasadas para tratar de hacer memoria. Sin duda, la voladura de las torres gemelas dejó atrás al otro 11 de septiembre, el de 1973, cuando otra voladura –la del Palacio de La Moneda– se hizo por orden y gracia del Pentágono y la CIA y terminaba esa hermosa experiencia del socialismo por las urnas en Chile.
Yendo un poco más atrás, las plazas, calles y distritos llamados Tres de febrero, lo son por ese sueño unitario y revanchista que fue la batalla de Caseros. Hubo otro 3 de febrero, esperanzador y glorioso, que fue San Lorenzo, cuando José de San Martín hacía debutar a los granaderos contra los invasores españoles.
Cuatro años antes del desembarco del primer contingente enviado por Leopoldo Galtieri y la Junta Militar a Malvinas, hubo un 2 de abril que puso a la luz del público el plan de exterminio económico. Tuvo un mentor y un arquitecto, que gozó de tanta impunidad que hasta entró a la Casa Rosada a desayunar con Fernando De la Rúa, como parte de una delegación del Consejo Empresario Argentino. Durante años se daba el lujo de salir solo y sin necesidad de custodia del edificio Kavanagh del barrio de Retiro, donde vivió toda su vida y donde guarda cabezas de jabalíes pampeanos y antílopes sudafricanos como trofeos embalsamados, así como grandes secretos de cómo se ejerció el poder civil durante la última dictadura.
El viernes 2 de abril de 1976, José Alfredo Martínez de Hoz Cárcano tenía 50 años, varios campos, cuatro hijos, un título de abogado con medalla de honor, muchos fusiles de caza y alguna experiencia como funcionario. Se había estrenado como ministro de Economía tras el golpe de 1963, cuando los militares desalojaron a Arturo Frondizi y pusieron a José María Guido. Hasta el 29 de marzo de 1976 –cuando la Junta lo puso al frente del Palacio de Hacienda– Martínez de Hoz era presidente de Acindar, la siderúrgica más grande del país. Además era asesor del Chase Manhattan Bank. Pero llevaba meses trabajando para armar un gabinete y un plan económico: en agosto de 1975, los jefes de las tres armas –Jorge Rafael Videla, Emilio Massera y Ramón Agosti– se habían reunido con él y habían acordado que complotarían juntos. Los militares irían cerrando el cerco con los sucesivos decretos de “aniquilamiento de la subversión” y el control operacional del todo el territorio argentino. Mientras tanto, Martínez de Hoz movería las piezas para armar la Asamblea Permanente de Entidades Gremiales Empresarias, que nuclearía a dos entidades de las que era el jefe indiscutido –el Consejo Empresario Argentino y la Sociedad Rural Argentina– y a otras tantas que lo tenían como el nexo con los jefes de la asonada militar.
Aunque lo tenía todo previsto, ese viernes 2 de abril, cuando tuvo que hacer público su plan, Martínez de Hoz se retrasó: la cadena nacional debía ir de 21.00 a 22.00 de la noche, pero el ministro empezó a las 22.07, diciendo que no quería extenderse con cuestiones técnicas. El discurso terminó 00.40, dos horas y media después.
Su voz resultaba cansina, y los datos que brindaba eran horrorosos: “En los últimos 12 meses el crecimiento de los precios minoristas alcanzó al 566 por ciento y si en los próximos nueve meses la tasa marcha al ritmo del primer trimestre (de 1976) la espiral llegará al 788 por ciento”. El ministro sostuvo que eso produciría, entre otros males, “la proletarización de la clase media”. Y el déficit público crecía: “Mientras en 1970 los ingresos tributarios alcanzaban para cubrir el 80 por ciento de los gastos totales, en el primer trimestre de 1976 sólo absorbieron el 20 por ciento. Así, los gastos del Estado han crecido en tal magnitud que no pueden ser cubiertos con recursos genuinos y se recurre a la simple emisión monetaria”.
Para pasar “de una economía de especulación a una de producción”, el ministro anunció la liberación de precios y el aumento general de combustibles y tarifas –del orden del 30 por ciento–. Con respecto a los ingresos, “teniendo en cuenta la etapa inflacionaria y el contexto de un programa de contención de la inflación, se suspenderá toda actividad de negociación salarial entre sindicalistas y empresarios, así como todo proceso de reajuste automático periódico de los salarios”. Aclaró que más adelante los aumentos provendrían de “la mayor productividad global de la economía”, pero que mientras tanto los aumentos “los fijará periódicamente el Estado”. Con ojeras, traje gris topo y la camisa un talle más grande, Martínez de Hoz anunció las derogaciones de la nacionalización de los depósitos bancarios, la ley de inversiones extranjeras y el monopolio estatal de las juntas nacionales de Carnes y Granos, reemplazadas por el juego del mercado.
El dólar, sin embargo, seguiría bajo control estatal. Habría tres cotizaciones: una oficial a precio fijo, otra fluctuante accesible al público en casas de cambio y una tercera para operaciones de comercio exterior: el ministro anunció “una paridad mixta” consistente en una mezcla de distintas proporciones de dólares baratos y caros para cada producto. Martínez de Hoz aclaró cuáles eran los dos rubros a los que se limitaba el dólar más barato, de 140 pesos: la importación de combustibles y de papel prensa. Era una buena manera de llevarse bien con los dueños de diarios y los petroleros: ambos serían subsidiados por el Estado. Por supuesto, varios petroleros privados se preparaban para ir quitando poder a YPF al tiempo que los dueños de los medios gráficos habían recibido esa ventaja unos días antes para tener tranquilidad hasta que Videla y Martínez de Hoz “encontraran alguna solución” al crónico tema del insumo básico de la prensa.
En esos días, el ministerio de Economía decidió que las cuentas nacionales –que hasta entonces eran públicas y podían ser consultadas por cualquier ciudadano– se convertirían en información reservada. Marzo de 1976 fue la última vez en que se difundió, por ejemplo, la participación de los asalariados en el Producto Bruto Interno nacional.
“Aplicar esta política no conduce a perder la capacidad de decisión nacional, la que debe ubicarse en el suelo argentino, indeclinablemente, respondiendo a la voluntad y aptitud del Estado –decía, al otro día, el editorial de Clarín–. Podría más bien inferirse que retardar el ritmo del desarrollo es lo que coloca a los pueblos en el riesgo de perder, entonces sí, su soberanía efectiva. Para robustecerla y afirmarla es necesario tener en claro cuáles son las prioridades a las que se debe atender y a qué ritmo hay que desenvolverlas. Para cumplir ese cometido la Argentina se ha puesto de nuevo en marcha, según lo muestran los acontecimientos”. La palabra desarrollo, en las páginas del diario que había pregonado la defensa de la industria, estaba literalmente pervertida. Ese 2 de abril fue, para los desarrollistas, el día en que enterraban las pocas ideas serias que había pregonado Rogelio Frigerio en las entidades empresariales.
El lunes 5 de abril, la Bolsa de Comercio de Buenos Aires era un hervidero. Cuando se abrió la rueda de negocios, los operadores vieron el alza de las acciones líderes y respiraron tranquilos. La tendencia se confirmó con creces: las acciones de Celulosa, de Alpargatas y, por supuesto, de Acindar subieron un 200 por ciento con respecto al viernes 2. Y el salario real cayó, en el trimestre marzo-mayo, en un 35 por ciento: ese piso se mantendría durante los tres años siguientes.
Pasados muchos años, cuando ya buena parte de la sociedad no tenía vergüenza de hablar de dictadura en cambio de “proceso”, la Justicia metió preso a Martínez de Hoz. No por el robo del país, sino por el secuestro extorsivo de los empresarios Miguel y Federico Gutheim en plena dictadura. Fue a parar a la cárcel de Ezeiza pero, de inmediato, sus abogados recurrieron a la fragilidad de la salud del reo. Entonces tuvo el privilegio de ir a la exclusivísima y privadísima clínica Los Arcos donde sigue “internado”. En esa misma causa, que tramita ante el juez Norberto Oyarbide, están imputados el dictador Jorge Videla y el ministro del Interior de entonces, Albano Harguindeguy, quien era el compinche de Martínez de Hoz en la cacería de elefantes en Sudáfrica. En ese juzgado, Martínez de Hoz está imputado por otras dos causas. Una es por la cacería de trabajadores que hicieron los dueños de Acindar y las fuerzas policiales y militares desde mayo de 1975 en Villa Constitución. La otra es por el secuestro y desaparición de Juan Carlos Casariego de Bel, un español que era funcionario de carrera del Ministerio de Economía y se negó a firmar los informes del negociado de la estatización de la Ítalo. En esta historia de corrupción, sus compañeros de causa son Guillermo Walter Klein y Juan Alemann.
Todavía las entidades empresariales y muchos ejecutivos que festejaban en el Salón Blanco de la Casa Rosada en la madrugada del sábado 3 de abril le deben una explicación a la sociedad de por qué fueron partícipes de ese plan que, incluso, se cobró la vida de varios empresarios. Todavía, la sociedad tiene que hacer un esfuerzo para no olvidar que hubo este otro 2 de abril, donde se le dio sentido y proyección al golpe de Estado del 24 de marzo.
Fuente:MiradasalSur

Lunes 31 de marzo de 2012
DEBATE POR MALVINAS
Proponen cambiar el nombre a la plaza Capitán Giachino
Durante el debate “Memoria, Verdad, Justicia y Soberanía”, en la sede del PJ de Corrientes el ex combatiente en Malvinas y referente de movimientos sociales del sector Orlando Pascua instó a los vecinos a impulsar un cambio de nombre a la plaza Giachino en el barrio Santa Teresita de Corrientes.
"Giachino está sindicado como un torturador durante la dictadura militar. El y otros, también torturadores, aunque combatieran en Malvinas, no pueden ser honrados como héroes" señaló Pascua, quien compartió el panel con el viceintendente Ernesto Meixner, el presidente del PJ, Fabián Ríos, los hijos de desaparecidos Diego Ayala y Joaquín Arqueros, el ex detenido político Cesar María Espíndola, y el referente de la Corriente de Integración y Liberación Nacional (Kolina), Eugenio Reati.
Pascua juzgó que deberían ser los propios vecinos del barrio Santa Teresita los que impulsaran un cambio de nombre a la plaza bautizada con el nombre del ex marino.

Pedro Edgardo Giachino un capitán de Corbeta de la Infantería de Marina, que integró comandos anfibios en Malvinas murió en los combates que se produjeron con tropas inglesas 2 de abril de 1982.

Fue denunciado por organismos de Derechos Humanos por haber integrado grupos de tareas durante la última dictadura militar en la Argentina.

Un antecedente se encuentra en Mar del Plata en donde tras pedidos de organismos de derechos humanos, el Concejo Deliberante de la ciudad retiró del recinto de sesiones un cuadro con su imagen

Como Pascua amplios sectores de ex soldados combatientes sostienen que los militares buscaron reivindicarse con Malvinas y "construyeron durante todos estos años falsos íconos como son los casos de Giachino y Carlos Busser", este último comandante del operativo Rosario, hoy con prisión preventiva.

En la misma mesa el viceintendente de la ciudad Ernesto Meixner desarmó citando jurisdicción los argumentos que han echado a rodar intelectuales argentinos sobre el derecho de los kelpers a la autodeterminación.

“El famoso derecho de autodeterminación solamente se aplica cuando se trata de pueblos colonizados; los habitantes de Malvinas, no son naturales de las islas”, refutó Meixner.
Fuente:Momarandu                                   

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