26 de marzo de 2013

La inteligencia en el plan sistemático de represión.

24.03.2013 
La inteligencia en el plan sistemático de represión 
Dentro de las grandes líneas de investigación que se van abriendo a partir de los procesos judiciales en marcha, debemos destacar una vinculada a la Inteligencia Militar. 
Por: Elizabeth Gómez Alcorta (*) 
Diferentes reglamentos militares expresan con claridad que la actividad de la Inteligencia resultó fundamental en las operaciones que se llevaron adelante en la lucha contra la subversión. Aquella información era la herramienta central con la que se programaban las diferentes operaciones denominadas antisubversivas a lo largo y ancho del país. A esta altura del proceso de juzgamiento de los hechos vinculados al terrorismo de Estado, no cabe duda alguna sobre el circuito en el que fluía la información. 

Una vez detenida una persona, era conducida a un centro clandestino de detención, tortura y exterminio y, una vez allí, era sometida a tormentos para –entre otras cosas– obtener información, la que era utilizada para determinar nuevos objetivos de detención, y así sucesivamente.

En este sentido es que comúnmente se dice que la Inteligencia era la materia prima del aparato de represión ilegal, dado que sin ella hubiera resultado fácticamente imposible llevar adelante el ataque a la población civil, por lo menos con la dimensión que alcanzó. 

Asimismo, en diferentes procesos se han señalado algunos represores que se desempeñaban en los centros clandestinos que cumplían funciones específicas de Inteligencia; algunos de ellos, inclusive, tenían la función de oficial de Inteligencia con dependencia directa del Batallón de Inteligencia 601. 

Lo cierto es que en distintos procesos judiciales se ha avanzando en la actuación o el rol de las máximas autoridades de aquel batallón, en el que funcionaba la Central de Reunión de Inteligencia, CRI. En palabras de Carlos Alberto Martínez: "La Central de Reunión de Información fue creada en 1975 con la finalidad de oponerse a las fuerzas terroristas, aquella se constituía en el batallón y concurrían delegados de las Fuerzas Armadas, para contribuir con la información sobre actividades terroristas. Aquella información se retransmitía a todos los cuerpos del Ejército." 

Asimismo, expresó que existía una relación funcional entre el batallón y el I Cuerpo del Ejército, que consistía en brindarle toda información de interés para aquel cuerpo. Aclaró luego, algo vital, que los cuerpos del Ejército no podían darle órdenes al Batallón, pero sí se le podía hacer peticiones. 

El batallón dependía de la Jefatura II de Inteligencia. Por último, refirió que los reglamentos militares preveían el interrogatorio como método de Inteligencia. Si uno analiza el organigrama militar, se pueden entender los dichos de Martínez. Este batallón no guarda dependencia operativa con ninguno de los Cuerpos del Ejército.

¿De quién dependía entonces el Batallón de Inteligencia 601? 
La respuesta se vuelve fundamental, ya que implica conocer en manos de quién se encontraba la comunidad de información que posibilitó la represión ilegal en todo el país. Esa respuesta se puede desdoblar. Por un lado, del Estado Mayor General del Ejército; lo que resulta cierto, pero no del todo preciso, ya que este máximo eslabón en la cadena de mandos estaba conformado por cinco jefaturas que lo asistían y lo asesoraban. 

La Jefatura I de Personal, la Jefatura II de Inteligencia, la Jefatura III de Operaciones, la Jefatura IV de Logística y la Jefatura V, denominada División Asuntos Civiles. Estos cinco jefes del Estado Mayor eran los principales auxiliares del comandante y tenían a su cargo la planificación de la actividad y la operación de todos los elementos de la fuerza, respecto de la competencia que le cabía a cada uno. 

Hasta hace poco tiempo, ninguna actuación judicial había desarrollado una línea de investigación vinculada a las responsabilidades de aquellos que ocuparon este relevante espacio de poder dentro de la estructura de la represión ilegal. 

Triste fue la sorpresa para muchos, cuando en el marco del juicio oral que se llevó adelante por los hechos ocurridos en el circuito ABO, fueron convocados como testigos de las defensas Carlos Alberto Martínez, quien fuera hasta enero de 1978 jefe de la Jefatura II de Inteligencia, y Alfredo Sotera, quien se desempeñó, en el mismo período, como subjefe de aquella jefatura. Ambos declararon como testigos y explicaron la efectiva intervención del Batallón de Inteligencia 601 en la represión ilegal, detallando la labor de la Central de Reunión de Información, sin la cual no se podía trabajar, según sus dichos. 

Sotera fue aún más allá y aclaró que el batallón tenía grupos operativos, y que su función era detener a algunos subversivos; también refirió que tenía lugares de detención bajo su dependencia. Ambos expresaron que los interrogatorios formaban parte de las tareas de Inteligencia. 

Lo increíble de aquellas declaraciones es que los dos testigos eran, ni más ni menos, que los superiores directos del jefe de aquel batallón, a quienes se los estaba juzgando en aquel juicio. En este sentido, dentro de la investigación judicial que está llevando adelante Daniel Rafecas, en la causa conocida como I Cuerpo del Ejército, se ha abierto un cauce de indagación y pesquisa vinculado a la línea Inteligencia.

La importancia de esta investigación es que de acuerdo al rol que desempeñó la Inteligencia militar, sus máximos responsables no habían sido, hasta ahora, imputados en ninguna actuación en el país. Resulta en este sentido paradójico, ya que, tal como todos sabemos, se han investigado por un lado, a los miembros de las Juntas Militares, por otro lado, se está juzgando a las personas que ocuparon distintos segmentos en las cadenas de mando –comandantes de los cuerpos del Ejército, jefes de zonas, jefes de subzonas y de áreas–, asimismo, numerosos procesos tienen como imputados a aquellos que intervenían en los distintos operativos y a quienes actuaban dentro de los centros clandestinos de detención y tortura. 

Sin embargo, toda la maquinaria estatal que implicó el terrorismo de Estado no hubiera sido posible sin la actuación y coordinación de la Inteligencia militar y, hasta hoy, sus máximos responsables seguían los juicios como espectadores o testigos. Nos resulta auspicioso que –a pesar del tiempo transcurrido en el proceso de juzgamiento– se esté llevando adelante esta pesquisa, y que en el marco de ella, ya se hayan llevado adelante numerosos allanamientos, entre otros, en los domicilios de Martínez y de Sotera; como así también la detención del primero de los mencionados, a quien se le imputa una importante cantidad de hechos y a la fecha ya se haya dictado su procesamiento. 
(*) Miembro de la Unidad de Coordinación de Áreas. Instituto Espacio para la Memoria. 
Fuente:TiempoArgentino,domingo
Emvío:Agnddhh

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