CRIMINALES MERCENARIOS
(en los ferrocarriles y también con los
transgénicos en la degradación de la pampa húmeda y con la minería a cielo
abierto y el envilecimiento de las aguas)
Es una historia mal parida, como otras de
nuestro país.
Los primeros ramales constituyeron tremendos
negociados de los oligarcas que gobernaban, quienes luego de hacerse del toco
no dispusieron de tiempo, ni conocimientos, para administrarlos.
Así comienza la trayectoria de los ferrocarriles
extranjeros, mayoritariamente ingleses, que distorsionaron la red ferroviaria de acuerdo a sus intereses
como agentes del imperio.
A más de recibir una ancha faja de tierra
a los costados de las vías, los
concesionarios privilegiaron el tráfico hacia los puertos, Buenos Aires y luego
Rosario, desde donde las materias primas eran embarcadas a la metrópoli,
multiplicando su valor con la industrialización, por ejemplo exportábamos
cueros e importábamos zapatos, o artículos de talabartería.
Tal como lo denunció reiteradamente
Scalabrini Ortiz, manejaban en tal sentido las tarifas, un flete hacia los
puertos recorriendo grandes distancias era más barato que otro interior
desvinculado de los puertos de exportación, con lo que limitaban el comercio y el
desarrollo de manufacturas nacionales. Estructura determinante en el
crecimiento de las megaciudades, en desmedro de las poblaciones del interior,
que sufrieron retrasos productivos y demográficos.
Tras la segunda guerra mundial, los
concesionarios ingleses poseían la mayoría de la red argentina, y se
encontraron con que las vías y señales, descuidadas durante esos años, necesitaban
una urgente reposición, la mayor parte
del material rodante debía ser reemplazado. Las locomotoras a leña o carbón
resultaban antieconómicas frente a las diesel, además entre ellos y otra
compañía inglesa, La Forestal, habían acabado con el quebracho colorado, que
alimentaba las calderas, desertización mediante. Además adeudaban a la
Argentina por los alimentos que los abastecieron durante la guerra más de dos
mil millones de libras esterlinas, las que entonces valían mucho más que los
dólares.
Con métodos diferentes a los de los nazis, los
ingleses procuraban mantener y ampliar sus posesiones coloniales y la sujeción
de los países semidependientes.
Atribuyeron a Perón admiración por el
fascismo y congelaron el pago de esa enorme deuda. Tal como aún hoy siguen
aduciendo razones políticas para arrebatar el petróleo, cada vez más escaso,
del Medio Oriente o de Las Malvinas.
Calcularon que la imprescindible inversión
ferroviaria resultaba inoportuna, y se sacaron el fardo de encima, proponiéndola
nacionalización de los ferrocarriles a cambio de la deuda congelada.
Al gobierno peronista la posibilidad, a
Scalabrini y los sectores partidarios de
la independencia económica les atraía, y resultaba políticamente
favorable, les permitía reforzar el sentido
nacional de las mayorías populares.
Además, a la fuerza ahorcan, otro camino para
cobrar no se avizoraba.
Los ingleses, con amplia experiencia
administrativa, habían logrado que el personal ferroviario se sintiera
orgulloso y atendiera con dedicación sus tareas. A ese fin habían construido
barrios de viviendas para sus trabajadores y las condiciones de trabajo eran superiores
a la de otros gremios.
La administración de Mosconi en YPF,
continuada hasta 1952 por el Ing. Silveyra, y la del Ing. Esteban Pérez en Gas
del Estado, permitían augurar éxito a la gestión nacional.
Pero no se realizó con la prontitud necesaria
la inversión en material, lo que originó un déficit crónico y tal como en otros
sectores se produjeron desvíos de fondos. (Basta recordar el suicidio de
Juancito Duarte administrador del IAPI)
Los burócratas sindicales consiguieron un
dominio que usaron en su beneficio personal, bastaría repasar la cantidad de dirigentes
que se enriquecieron, lo que condujo a que la ética y voluntad de servicio de los ferroviarios
sufriera desmedros.
Llegado el gobierno entreguista del
patilludo, sus cavalos y alsogarays, seguidores del FMI, levantaron gran parte
de la red ferroviaria, manteniendo la
red troncal imprescindible a la exportación de materias primas que no se
transportaba por automotor, y especialmente el servicio multitudinario del Gran
Buenos Aires.
El servicio se concesionó, favores mediante,
en interesados por aprovecharse de los
grandes subsidios invirtiendo lo menos posible.
Un servicio deteriorado para pobres e
indigentes cayó en calidad y se multiplicaron accidentes que constituyen previsibles crímenes masivos.
Bernardo Schifrin
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