Mirta Pérez, detenida en la redada que tenía como blanco al Nono Lisazo
Sobreviviente de la peor época de la ESMA: "Me ataron a una cama y se turnaban para violarme"
Sobreviviente de la peor época de la ESMA: "Me ataron a una cama y se turnaban para violarme"
Mirta Perez fue secuestrada el 24 de abril de 1976 en el Policlínico Docente de OSPLAD donde trabajaba como enfermera y era delegada. En aquella época, la ESMA funcionaba a pleno como máquina de secuestrar, interrogar y desechar personas (a través, sobre todo, de los llamados "vuelos de la muerte") y por lo tanto son escasos los testimonios de sobrevivientes. Mirta es un de ellos. Estuvo dos meses en la ESMA. En ese lapso fue torturada varias veces y violada en innumerables oportunidades."Hacian turno para violarme", describió.
"Yo estaba en el quirófano cuando a las 21 llegaron dos hombres que me llevaron a mi gabinete, donde me pidieron la cartera, la abrieron y se pusieron a revisar mi agenda. Ahí me empezaron a pregunta por el Nono (Jorge Héctor) Lisazo y La China (María del Carmen Núñez de Lizaso). "Bajamos. Había un tipo alto y rubio con una escopeta Ithaca. Me encapucharon, me ataron las manos con soga y me metieron en un auto que creo que era un Falcon. Me bajaron en un patio de cemento rústico. Me sentaron en una silla, me ataron a ella y me dejaron ahí hasta el amanecer. Al lado mío escuché a Jorge Lerner".
Mirta contó que después “me subieron por unas escaleras y después de estar un tiempo sentada en una silla esperado, creo que ya era otra vez de noche, me desnudaron, me tiraron sobre un elástico metálico de cama, me ataron de mans y de pies y empezaron a tyorturarme con una picana eléctrica, que qué hacia, si era enfermera del quirófano de los Montoneros, cuál era mi nombre de guerra. Les dije que que solo era delegada y afiliada a la Juventud Trabajadora Peronista. Me preguntaban si conocia a los hermanos Felgueira y a Roberto (Arfa) mi compañero y amigo, a quien yo había llevado a vivir a la casa de mis padres, en Ezeiza (dónde había sido detenido un día antes que ella). Una vez que me liberaron mis padres me contaron ,la casa de mis padres. Después, cuando me liberan a los dos meses, me entero, porque me cuentan mis padres, que rodearon la manzana y entraron cuatro hombres que golpearon brutalmente a Roberto y al Nono antes de llevárselos".
Después de torturarla, narró Mirta, "me pusieron esposada a una cama en otro cuarto con baño y me violaban cuando tenían ganas y se les ocurría. Era humillante: se turnaban para violarme. Me sentía peor que una cucaracha porque no podía moverme ni escapar: cada minuto era como un siglo. Me quería morir, pero ellos hacían lo que querían. Eran los dueños del poder". Describió a los tres hombres que se turnaban regularmente para violarla y dijo que apenas si le daban algo de comer y que la amenazaban con que no vería más a sus hijos.
Por fin, la liberaron en Santa Fe y Malabia, vestida de enfermera, con la misma ropa con que la habían secuestrado. Dijo que se miró en una vidriera y no se reconoció. En Constitución tomó el expresi Cañuelas para ir a casa de sus padres. Vio "pinzas" de las fuerzas conjuntas. La represión apenas comenzaba.
Pedro "Chiche" Druetta cantaba la marcha
Pablo, hijo de Pedro Héctor "Chiche" Druetta, declaró hoy en el juicio por la megacausa ESMA. Tenía tres años y medio cuando se realizó el operativo en su casa. En la audiencia contó que por los relatos de sobrevivientes pudo saber que su padre “cantaba la marcha peronista mientras lo torturaban”. Y agregó que nunca pudo celebrar el día del padre ni un cumpleaños con él.
Druetta era militante de la JTP y delegado en el antiguo Sanatorio Metropolitano, actualmente de la OSPLAD, y fue secuestrado en la madrugada del 21 de abril de 1976 en su domicilio de la avenida Mitre 586, Villa Martelli. En su secuestro participaron mas de cuarenta hombres fuertemente armados, algunos vestidos de civil y otros con uniforme de combate verde oliva, que se movilizaban en unos siete autos y una camioneta.
Fuente:Telam
11 04 2013
TESTIMONIOS
Día 39. "El guerrillero no tiene un plan de
familia", le dijeron a García en el Ministerio del Interior
Esa fue una de las respuestas que recibió Luisa Beatriz García ante la
búsqueda de su compañero Carlos Eusebio Montoya (caso nro. 724), quien continúa
desaparecido.
Los hechos presentados en la causa
Según consta en el pedido de elevación a juicio hecho por el fiscal de instrucción Eduardo Taiano, “Carlos Eusebio Montoya, apodado ´Cacho´, militante de la Juventud Peronista que trabajaba en el Departamento de Mantenimiento de la Facultad de ilegalmente de la libertad con violencia, abuso de funciones y sin las formalidades prescriptas por la ley, el 14 de mayo de 1976 en el domicilio ubicado en el Barrio Ejército de los Andes, 6, Acceso 56, piso 2°, departamento ´L´, Ciudadela, Provincia de Buenos Aires, por cuatro individuos armados, vestidos de civil con camperas de color verde. Luego fue introducido en una camioneta en la que había más gente encapuchada, que estaba escoltada por otros autos, y fue trasladado a la ESMA, donde fue mantenido clandestinamente en cautiverio y sometido a condiciones inhumanas de vida (sometido a las paupérrimas condiciones generales de alimentación, higiene y alojamiento que existían en el lugar). Aún permanece desaparecido”.
Los recuerdos de Luisa
Luisa Betraiz Garacía de Montoya declaró hoy y relató que el 14 de mayo de 1976 a las dos y media de la madrugada tocaron la puerta de su casa. “Me empujan y entran de golpe. Eran 3 ó 4 personas. Me preguntaron por el nombre y apellido de mi esposo y nos dicen dónde teníamos las armas. Les dijimos que no teníamos ningún arma. Al no tener respuesta, se pusieron más nerviosos. Uno me apunta con un arma al pecho y me pide que le diga dónde están las armas. Cuando irrumpieron vi la cara de mi marido, asombrado. Uno de ellos me dijo: ´éste es un guerrillero, lleva doble vida´. Después, traen a Carlos encapuchado y lo llevan a los empujones”.
Saqueos
Luisa recordó que en el operativo de secuestro de su marido, “se llevaron mis cosas, un equipo de música, los recibos que pagábamos al Banco Hipotecario, porque aún no teníamos la escritura de la casa, se llevaron hasta las cucharas, revolvieron todo”.
La testigo sostuvo que “de todos los que irrumpieron en mi casa, había sólo uno con un rol muy activo, era pelado, muy alto, tenía uniforme color azul oscuro, hasta ahora lo recuerdo. Llevaba unas ´alitas´. Los vecinos ven que tenía una campera verde oscura, pero con uniformes azules. Ellos me dijeron que había gente en la escalera y abajo”.
“Nos reuníamos para solucionar nuestros problemas habitacionales”
“Quedamos mi hermana menor, quien vivía conmigo, porque estaba a mi cargo, y yo”, recordó Luisa, y agregó que “vivíamos en Barrio Ejército de los Andes, en un segundo piso, en Ciudadela. Ahora se llama Fuerte Apache. El barrio era muy pobre, no teníamos luz ni agua. Después empezamos a hacer los trámites con ´Licha´ y Fernando, quienes eran abogados, un sacerdote llamado Matías y dos monjas, una de ellas Carmelita, no recuerdo el otro nombre, eran del grupo del Sagrado Corazón. Nos reuníamos para solucionar nuestros problemas habitacionales y para la catequesis. Eso era lo que hacíamos. Los militares nos preguntaron por los abogados”.
Las denuncias por la desaparición forzada de Carlos Montoya
Luisa contó que lo primero que hizo fue “una denuncia en el barrio, diciendo que entraron a mi casa personas ´disfrazadas´, estaba desconcertada, usé ese término. Fui a la Facultad para hablar con el Decano, pero no me atendió. El Secretario me dijo que lo habían puesto sólo que no fue a trabajar, pero no recibí ninguna ayuda de ellos”. También contó que luego fue al CELS (Centro de Estudios Legales y Sociales): “ahí me ayudaron, me tomaron la denuncia e hicieron un hábeas corpus. Ahí fue la primera vez que escuché la palabra ´desaparecido´. Éramos varias personas con el mismo problema. Nos pusimos de acuerdo todas las mujeres para ir a Campo de Mayo, porque nos habíamos enterado de que los tenían ahí. Dijimos: ´somos varias, no nos va a pasar nada´. Fuimos y nos echaron”.
Efectivamente, en ese lugar funcionaba un centro clandestino de detención, tortura y exterminio, cuya cantidad de víctimas se estima que fue similar a la de la ESMA.
Luisa continuó su testimonio relatando que “luego un abogado me propuso ir al Ministerio del interior para que nos atendiera el señor Harguindeguy. Daban sólo diez números por mes. Nos trataron muy mal, me dijeron: ´el guerrillero no tiene un plan de familia, se fue con otra mujer”. Al final, ante mi insistencia, me dijeron: ´dejate de joder, porque te va a pasar lo mismo”.
“Esperé tantos años...”
La testigo contó que “en el ´77 me perseguían constantemente, me echaron de dos trabajos por estos comentarios: ´¿por qué la siguen?´, ´¿en qué andará?´. Subía a un micro y ellos subían. En el ´78 me mudé a Rosario para poder vivir tranquila, porque me perseguían mucho. Teníamos vecinos que dejaron de saludarnos. Nos hacían operativos de repente, rodeaban el barrio y se llevaban gente. Mi esposo tenía 33 años cuando fue detenido-desaparecido”.
Luego, Luisa contó que una vez llegada la democracia, “estando en Rosario me enteré por los medios que se estaban tomando las denuncias en la CONADEP (Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas). Cuando pregunté: ´¿pero tendrá resultado esto?´, me dijeron ´vamos a ver´. Esperé tantos años y hoy me llamaron para dar mi testimonio, me sorprendió, porque pasó tanto tiempo...”.
Próxima audiencia
El juicio continuará el lunes 15 de abril desde las 10:00 horas con más declaraciones testimoniales.
Fuente:MegacausaEsma
Según consta en el pedido de elevación a juicio hecho por el fiscal de instrucción Eduardo Taiano, “Carlos Eusebio Montoya, apodado ´Cacho´, militante de la Juventud Peronista que trabajaba en el Departamento de Mantenimiento de la Facultad de ilegalmente de la libertad con violencia, abuso de funciones y sin las formalidades prescriptas por la ley, el 14 de mayo de 1976 en el domicilio ubicado en el Barrio Ejército de los Andes, 6, Acceso 56, piso 2°, departamento ´L´, Ciudadela, Provincia de Buenos Aires, por cuatro individuos armados, vestidos de civil con camperas de color verde. Luego fue introducido en una camioneta en la que había más gente encapuchada, que estaba escoltada por otros autos, y fue trasladado a la ESMA, donde fue mantenido clandestinamente en cautiverio y sometido a condiciones inhumanas de vida (sometido a las paupérrimas condiciones generales de alimentación, higiene y alojamiento que existían en el lugar). Aún permanece desaparecido”.
Los recuerdos de Luisa
Luisa Betraiz Garacía de Montoya declaró hoy y relató que el 14 de mayo de 1976 a las dos y media de la madrugada tocaron la puerta de su casa. “Me empujan y entran de golpe. Eran 3 ó 4 personas. Me preguntaron por el nombre y apellido de mi esposo y nos dicen dónde teníamos las armas. Les dijimos que no teníamos ningún arma. Al no tener respuesta, se pusieron más nerviosos. Uno me apunta con un arma al pecho y me pide que le diga dónde están las armas. Cuando irrumpieron vi la cara de mi marido, asombrado. Uno de ellos me dijo: ´éste es un guerrillero, lleva doble vida´. Después, traen a Carlos encapuchado y lo llevan a los empujones”.
Saqueos
Luisa recordó que en el operativo de secuestro de su marido, “se llevaron mis cosas, un equipo de música, los recibos que pagábamos al Banco Hipotecario, porque aún no teníamos la escritura de la casa, se llevaron hasta las cucharas, revolvieron todo”.
La testigo sostuvo que “de todos los que irrumpieron en mi casa, había sólo uno con un rol muy activo, era pelado, muy alto, tenía uniforme color azul oscuro, hasta ahora lo recuerdo. Llevaba unas ´alitas´. Los vecinos ven que tenía una campera verde oscura, pero con uniformes azules. Ellos me dijeron que había gente en la escalera y abajo”.
“Nos reuníamos para solucionar nuestros problemas habitacionales”
“Quedamos mi hermana menor, quien vivía conmigo, porque estaba a mi cargo, y yo”, recordó Luisa, y agregó que “vivíamos en Barrio Ejército de los Andes, en un segundo piso, en Ciudadela. Ahora se llama Fuerte Apache. El barrio era muy pobre, no teníamos luz ni agua. Después empezamos a hacer los trámites con ´Licha´ y Fernando, quienes eran abogados, un sacerdote llamado Matías y dos monjas, una de ellas Carmelita, no recuerdo el otro nombre, eran del grupo del Sagrado Corazón. Nos reuníamos para solucionar nuestros problemas habitacionales y para la catequesis. Eso era lo que hacíamos. Los militares nos preguntaron por los abogados”.
Las denuncias por la desaparición forzada de Carlos Montoya
Luisa contó que lo primero que hizo fue “una denuncia en el barrio, diciendo que entraron a mi casa personas ´disfrazadas´, estaba desconcertada, usé ese término. Fui a la Facultad para hablar con el Decano, pero no me atendió. El Secretario me dijo que lo habían puesto sólo que no fue a trabajar, pero no recibí ninguna ayuda de ellos”. También contó que luego fue al CELS (Centro de Estudios Legales y Sociales): “ahí me ayudaron, me tomaron la denuncia e hicieron un hábeas corpus. Ahí fue la primera vez que escuché la palabra ´desaparecido´. Éramos varias personas con el mismo problema. Nos pusimos de acuerdo todas las mujeres para ir a Campo de Mayo, porque nos habíamos enterado de que los tenían ahí. Dijimos: ´somos varias, no nos va a pasar nada´. Fuimos y nos echaron”.
Efectivamente, en ese lugar funcionaba un centro clandestino de detención, tortura y exterminio, cuya cantidad de víctimas se estima que fue similar a la de la ESMA.
Luisa continuó su testimonio relatando que “luego un abogado me propuso ir al Ministerio del interior para que nos atendiera el señor Harguindeguy. Daban sólo diez números por mes. Nos trataron muy mal, me dijeron: ´el guerrillero no tiene un plan de familia, se fue con otra mujer”. Al final, ante mi insistencia, me dijeron: ´dejate de joder, porque te va a pasar lo mismo”.
“Esperé tantos años...”
La testigo contó que “en el ´77 me perseguían constantemente, me echaron de dos trabajos por estos comentarios: ´¿por qué la siguen?´, ´¿en qué andará?´. Subía a un micro y ellos subían. En el ´78 me mudé a Rosario para poder vivir tranquila, porque me perseguían mucho. Teníamos vecinos que dejaron de saludarnos. Nos hacían operativos de repente, rodeaban el barrio y se llevaban gente. Mi esposo tenía 33 años cuando fue detenido-desaparecido”.
Luego, Luisa contó que una vez llegada la democracia, “estando en Rosario me enteré por los medios que se estaban tomando las denuncias en la CONADEP (Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas). Cuando pregunté: ´¿pero tendrá resultado esto?´, me dijeron ´vamos a ver´. Esperé tantos años y hoy me llamaron para dar mi testimonio, me sorprendió, porque pasó tanto tiempo...”.
Próxima audiencia
El juicio continuará el lunes 15 de abril desde las 10:00 horas con más declaraciones testimoniales.
Fuente:MegacausaEsma
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