A propósito de un reciente documento del MPP (Movimiento de Participación Popular): La amputación del brazo izquierdo
Por Samuel Blixen (BRECHA)
En el costado patológico de nuestra política cotidiana parece adquirir carácter de ley el revés del pepino: aquello verdaderamente significativo, sustancial, en principio ineludible, queda ahí, medio perdido, asomando debajo de la alfombra; mientras que lo anecdótico, lo que en verdad no promete avanzar ni cinco centímetros, lo que consume fuegos de artificio, lo que intercambia insultos y amenazas y asegura un cuarto de hora mediático, eso sí merece el esfuerzo agotador, el festival de neuronas.
Se seguirá discutiendo si Fernando Calloia esto, si el Partido Nacional lo otro, quién debe pedir perdón a quién; en cambio, la confesión del triunfo de la derecha sobre la izquierda en el MPP, la supremacía de "lo institucional" sobre "lo social", la paradoja tan bien sintetizada ("Hemos fortalecido lo que queremos cambiar"), esa consternante autocrítica, no provocó sofocos, menos taquicardias, siquiera un suspiro, y pasó sin pena ni gloria. Los dirigentes del MPP no han sido interpelados, nadie pidió cuentas, y el Frente Amplio (FA) digirió el exabrupto con una elegante digestión.
Sin embargo, los aspectos principales y más urticantes del documento titulado "Aportes para la discusión", que la dirección del MPP ofrece a sus militantes como insumo para el congreso del sector, en mayo próximo, revelan una brutal contradicción entre el diagnóstico y el remedio.
¿Qué significa que el brazo derecho haya torcido al brazo izquierdo en la principal fuerza política de esa coalición llamada progresista que es el Frente Amplio? ¿Quién es responsable del resultado de esa pulseada? ¿Qué consecuencias tuvo la confrontación en el ejercicio de gobernar? ¿Cuánto de lo que el gobierno ha hecho -o ha dejado de hacer- corresponde al "brazo derecho" triunfante del MPP?
Ya de por sí es inquietante que en una fuerza de izquierda gane la derecha; ¿acaso no deja de ser de izquierda? Se dirá que es un movimiento. en fin, lo que importa es que admite que "nuestra debilidad hegemónica, nuestra dilución ideológica, nuestra dificultad en crear un campo de masas para una visión hacia el socialismo" es consecuencia de "la ocupación de posiciones de institucionalidad". La "dilución ideológica" proviene de una visión "reformista o socialdemócrata" que concibió "la máquina del Estado burgués como si fuese neutra, en querer hacer de una estructura construida para oprimir y alienar el poder a los trabajadores, un instrumento-llave para la transformación social". ¡Menudo error!
Al dar a conocer el conjunto de documentos de trabajo para el congreso de mayo, el senador Ernesto Agazzi opinó: "No hay ningún fundamento que explique por qué tiene que haber la desigualdad que hay en Uruguay". El senador, uno de los hombres más lúcidos y cultos de la dirección emepepista expresó, en esa formulación elíptica y engañosa, la confusión que aqueja a su grupo: no hay ningún fundamento porque la desigualdad no es una fatalidad; pero hay argumentos para explicar que el sistema capitalista engendra la desigualdad y si sigue así -si aumenta con un gobierno progresista- es porque la desigualdad no se combatió con determinación y empeño.
La suma de los errores, o renuncias, es devastadora: todo queda hipotecado por los cargos de poder, la "ocupación de posiciones de institucionalidad". ¿Qué quedó por el camino cuando el "brazo derecho" se alucinó con la institucionalidad? Habría que hacer la lista de las propuestas del MPP en la campaña de 2009, muchas de las cuales sólo podían viabilizarse mediante una reforma profunda de la Constitución. La propuesta de una asamblea constituyente con una amplia participación -de las organizaciones sociales, sindicales, de género, de minorías- fue postergada, por el MPP y por el FA en su conjunto, al priorizar la "institucionalidad", y así quedaron por el camino las posibilidades de transformar el contrato social para los cambios profundos. Se decía que no podía instalarse una asamblea constituyente si no se acordaba todo aquello que se quería reformar. Y el acuerdo no llegaba porque, para el MPP, en el Frente "las organizaciones más moderadas" sienten que el fa "ya cumplió con su papel y desconfían fuertemente de la profundización del proceso".
Esa contradicción, propone la dirección del MPP, se resuelve asumiendo "la responsabilidad de la conducción de la fuerza política y, por lo tanto, en última instancia, del propio gobierno". Pero, ¿qué asegura que ese futuro control del gobierno no naufrague, otra vez, en la tentación de la "ocupación de posiciones de institucionalidad"? Porque los que proponen esa salida son precisamente quienes impulsaron la "institucionalidad" del MPP. Resulta por lo menos sorprendente que los mismos dirigentes que respaldan esta autocrítica impulsen, a la vez, la candidatura de Tabaré Vázquez a la Presidencia, cuando esa candidatura nace de las entrañas de aquellos sectores que desconfían "fuertemente de la profundización del proceso".
Todo este merengue de contradicciones puede expresar un estado agudo de confusión que, como lo califica Julio Marenales en un documento interno del MPP, exhibe una "peligrosa incertidumbre ideológica". O puede también explicarse por el temor de la actual dirección del MPP a seguir perdiendo apoyo al punto de que sea, como dice la "autocrítica", el sector más castigado por quienes no van a votar al fa.
De cualquier manera, los "aportes para la discusión" pondrán al congreso del MPP en la perspectiva de discutir las claves del agotamiento del progresismo frenteamplista con un doble desafío: que no se produzca una crucifixión de sus dirigentes y que no se genere una ruptura con el resto del FA.
Fuente:Argenpress
01.04.2013
Uruguay
La pareja de uruguayos casados en la Argentina confía en que el Senado vote la ley de matrimonio igualitario
Uruguay
La pareja de uruguayos casados en la Argentina confía en que el Senado vote la ley de matrimonio igualitario
La pareja, que a fines de noviembre se casó en Buenos Aires porque su país aún no legisló sobre matrimonio igualitario, aseguró que “legisladores de todos los partidos expresaron su voluntad de votar” la norma, que será “una de las más amplias del mundo”.
“Confiamos en que mañana habrá sanción del Senado porque los votos están. Legisladores de todos los partidos políticos han expresado su voluntad de votarla”, aseguró uno de los miembros de la pareja, Omar Salsamendi.

Según contó Salsamendi, un periodista de 39 años, se espera que la iniciativa reúna “entre 22 y 24 votos a favor” de 31 miembros que tiene la Cámara Alta, pues “el partido de gobierno dispone de 16 votos”, a los que se sumarían 4 del Partido Colorado y otros 4 del Partido Nacional.
“La ley uruguaya, cuando esté aprobada, será una de las más amplias del mundo porque no sólo instituye el matrimonio igualitario sino que legisla también en materia de adopción, filiación, régimen sucesorio y orden de los apellidos en el nombre de los hijos. Esto implica un cambio total”, afirmó.
La iniciativa, que equipara los derechos y obligaciones de los enlaces de las parejas homosexuales con los de las heterosexuales, fue aprobada el 11 de diciembre por los diputados y su aprobación por el Senado se vio postergada por la polémica política, social y religiosa abierta a su alrededor.
Y si bien la coalición de izquierda Frente Amplio tiene la mayoría para aprobar el proyecto, todavía pasará un tiempo antes de que se convierta en ley porque tendrá que volver a la Cámara de Diputados debido a una modificación del texto.
El arzobispo de Montevideo, monseñor Nicolás Cotugno, criticó ayer durante la misa pascual el proyecto y dijo que en caso de aprobarse el matrimonio igualitario quedará "oscurecido un bien fundamental de la persona humana, como es la familia".
"Dios ha hecho al hombre a su imagen y semejanza y dice el Génesis que macho y hembra él los creó. Todo lo que se aparta de este proyecto de Dios, la Iglesia, no puede aceptarlo, no puede asumirlo y no puede promoverlo", afirmó Cotugno, que pidió a los legisladores católicos votar "a conciencia".
“El obispo de Canelones fue aún más allá, acusando a los legisladores de desubicados e intolerantes. Yo creo que se extralimita en el derecho a la libertad de expresión porque con sus dichos ofenden y menosprecian a otras personas”, aseguró Salsamendi.
El primer artículo del proyecto señala que la institución del matrimonio "implicará la unión de dos contrayentes, cualquiera sea la identidad de género u orientación sexual de estos, en los mismos términos, con iguales efectos y formas de disolución que establece hasta el presente el Código Civil".
Uno de los aspectos más llamativos de la norma es la reglamentación sobre el orden de los apellidos que deberán llevar los hijos de las parejas homosexuales, que será acordado por los dos cónyuges o mediante sorteo en caso de falta de acuerdo y que alcanzará también a los matrimonios heterosexuales.
También genera controversia el derecho de los hijos a reconocer a su padre biológico en el caso de que la madre, casada con otra mujer, lo tenga en un embarazo por la relación con otro hombre, no así en el caso de que se use el método de fecundación "in vitro", por la reserva de la identidad que se concede a los donantes de esperma.
Actualmente, la legislación uruguaya no permite el matrimonio entre personas del mismo sexo, pero la Justicia reconoció hace algunos meses el matrimonio celebrado en 2010 en España entre un uruguayo y un español aunque posteriormente la fiscalía apeló el fallo.
“A nuestra llegada a Montevideo nos asesoramos y previendo que los tiempos políticos pueden ser más rápidos que los judiciales, decidimos no buscar la validación judicial en Uruguay de nuestro matrimonio en Buenos Aires sino esperar la sanción de la ley. Apenas se apruebe, vamos a pedir día y hora en el registro civil para casarnos en Montevideo”, aseguró Omar.
Hasta el momento sólo dos parejas gays han contraído matrimonio fuera del país: el matrimonio de Omar Salsamendi y Federico Macerattini, celebrado el pasado 27 de noviembre en Buenos Aires, fue el segundo y hasta ahora último.
“Nosotros trabajamos, pagamos nuestros impuestos y tenemos las mismas obligaciones, por lo tanto, también pretendemos tener los mismos derechos que otros uruguayos”, dijo Omar a los senadores en reunión informativa a principios de marzo.
En América Latina, Argentina fue el primer país en legalizar el matrimonio entre personas del mismo sexo, en julio de 2010.

Según contó Salsamendi, un periodista de 39 años, se espera que la iniciativa reúna “entre 22 y 24 votos a favor” de 31 miembros que tiene la Cámara Alta, pues “el partido de gobierno dispone de 16 votos”, a los que se sumarían 4 del Partido Colorado y otros 4 del Partido Nacional.
“La ley uruguaya, cuando esté aprobada, será una de las más amplias del mundo porque no sólo instituye el matrimonio igualitario sino que legisla también en materia de adopción, filiación, régimen sucesorio y orden de los apellidos en el nombre de los hijos. Esto implica un cambio total”, afirmó.
La iniciativa, que equipara los derechos y obligaciones de los enlaces de las parejas homosexuales con los de las heterosexuales, fue aprobada el 11 de diciembre por los diputados y su aprobación por el Senado se vio postergada por la polémica política, social y religiosa abierta a su alrededor.
“La ley uruguaya, cuando esté aprobada, será una de las más amplias del mundo"Los senadores fueron convocados para las 9.30 y se espera "un debate de varias horas" debido a la "importancia de tema", señalaron a EFE fuentes de la secretaría de la Cámara.
Omar Salsamendi
Y si bien la coalición de izquierda Frente Amplio tiene la mayoría para aprobar el proyecto, todavía pasará un tiempo antes de que se convierta en ley porque tendrá que volver a la Cámara de Diputados debido a una modificación del texto.
El arzobispo de Montevideo, monseñor Nicolás Cotugno, criticó ayer durante la misa pascual el proyecto y dijo que en caso de aprobarse el matrimonio igualitario quedará "oscurecido un bien fundamental de la persona humana, como es la familia".
"Dios ha hecho al hombre a su imagen y semejanza y dice el Génesis que macho y hembra él los creó. Todo lo que se aparta de este proyecto de Dios, la Iglesia, no puede aceptarlo, no puede asumirlo y no puede promoverlo", afirmó Cotugno, que pidió a los legisladores católicos votar "a conciencia".
“El obispo de Canelones fue aún más allá, acusando a los legisladores de desubicados e intolerantes. Yo creo que se extralimita en el derecho a la libertad de expresión porque con sus dichos ofenden y menosprecian a otras personas”, aseguró Salsamendi.
El primer artículo del proyecto señala que la institución del matrimonio "implicará la unión de dos contrayentes, cualquiera sea la identidad de género u orientación sexual de estos, en los mismos términos, con iguales efectos y formas de disolución que establece hasta el presente el Código Civil".
Uno de los aspectos más llamativos de la norma es la reglamentación sobre el orden de los apellidos que deberán llevar los hijos de las parejas homosexuales, que será acordado por los dos cónyuges o mediante sorteo en caso de falta de acuerdo y que alcanzará también a los matrimonios heterosexuales.
También genera controversia el derecho de los hijos a reconocer a su padre biológico en el caso de que la madre, casada con otra mujer, lo tenga en un embarazo por la relación con otro hombre, no así en el caso de que se use el método de fecundación "in vitro", por la reserva de la identidad que se concede a los donantes de esperma.
Actualmente, la legislación uruguaya no permite el matrimonio entre personas del mismo sexo, pero la Justicia reconoció hace algunos meses el matrimonio celebrado en 2010 en España entre un uruguayo y un español aunque posteriormente la fiscalía apeló el fallo.
“A nuestra llegada a Montevideo nos asesoramos y previendo que los tiempos políticos pueden ser más rápidos que los judiciales, decidimos no buscar la validación judicial en Uruguay de nuestro matrimonio en Buenos Aires sino esperar la sanción de la ley. Apenas se apruebe, vamos a pedir día y hora en el registro civil para casarnos en Montevideo”, aseguró Omar.
Hasta el momento sólo dos parejas gays han contraído matrimonio fuera del país: el matrimonio de Omar Salsamendi y Federico Macerattini, celebrado el pasado 27 de noviembre en Buenos Aires, fue el segundo y hasta ahora último.
“Nosotros trabajamos, pagamos nuestros impuestos y tenemos las mismas obligaciones, por lo tanto, también pretendemos tener los mismos derechos que otros uruguayos”, dijo Omar a los senadores en reunión informativa a principios de marzo.
En América Latina, Argentina fue el primer país en legalizar el matrimonio entre personas del mismo sexo, en julio de 2010.
Fuente:Telam
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