30 de junio de 2013

BOLIVIA.

30.06.2013 
En una exposición de más de dos horas, explicó entretelones del conflicto con las comunidades indígenas por una carretera amazónica y las más recientes demandas de los mineros.
"No supimos explicar familia por familia", dijo. 
Para García Linera, la integración es el proceso revolucionario de hoy 
En una exposición de más de dos horas, explicó entretelones del conflicto con las comunidades indígenas por una carretera amazónica y las más recientes demandas de los mineros. "No supimos explicar familia por familia", dijo.







Por: Javier Borelli

En Bolivia se ven exacerbados los contrastes que hay en toda América Latina", señala Álvaro García Linera, ya sin saco y con la camisa arremangada frente a un auditorio desbordante en el Centro Cultural de la Cooperación. El gesto campechano no le hace perder la elegancia ni la precisión de sus definiciones al reconocido académico y ex integrante de la organización guerrillera Tupac Katari que hoy ocupa la vicepresidencia de Bolivia acompañando a Evo Morales.


"Nos equivocamos", reconoce García Linera cuando explica la génesis del conflicto por la construcción de una carretera que atraviesa el Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro Secure (TIPNIS). Empieza por la autocrítica quizás para enfatizar esa cualidad que hace a su gobierno tan distinto del resto. "No supimos explicar familia por familia" que la intención era unir "un país que no ha logrado cohesionar su territorio" y, en ello, "dar un golpe a la coalición conservadora" que hoy se aprovecha de esa situación. 

La construcción de una carretera que pretendía unir la Amazonía con el Altiplano fue una "decisión geopolítica para erosionar el poder de los hacendados", menciona García Linera en clave política. Inmediatamente asume un rol pedagógico y traza el mapa de Bolivia en una hoja en blanco. Explica lo equivocado de aludir a Bolivia como un país andino cuando casi la mitad del territorio corresponde a la Amazonía. El tema es que allí reside menos de un 5% de la población indígena, están virtualmente incomunicados por la falta de una ruta segura y las tierras son históricamente explotadas por hacendados latifundistas, precisa. 

Desde la llegada de Evo Morales se ha logrado romper con el latifundio ("hasta el 2002 los hacendados tenían 39 millones de hectáreas y en 2012 tenían 4 millones"), pero no con el proceso de intermediación, explica. Los pueblos originarios han recuperado sus tierras para cultivar o pescar, pero siguen dependiendo de los hacendados para elaborar aquellas materias primas o transportarlas.

El segundo error que cometieron en el caso TIPNIS fue no haber hecho una consulta pública a la población del lugar antes de anunciar la construcción de la carretera, admite. Pero el proceso realizado posteriormente demostró que sí querían la ruta y que había algunos sectores con intereses ocultos que pujaban en sentido contrario. "Hoy la carretera no va más, pero nos estamos acercando a las comunidades", razona el vicepresidente y asegura que tarde o temprano se logrará unificar a su Estado Plurinacional

Sin acelerarse y procurando no dejar cabos sueltos en su explicación, García Linera profundiza en la génesis de ese peculiar movimiento indigenista que se manifestó contra la construcción de la carretera, y que en la prensa internacional fue presentado como un enfrentamiento de Morales con sus bases. 

Su metodología lo lleva a inventar de modo pedagógico la compañía europea "Camiones Borón" y la ONG ecologista "Junio", inspirado en sus dos compañeros de panel, el politólogo Atilio Borón y el diputado nacional por Nuevo Encuentro Juan Carlos Junio. El vicepresidente boliviano demuestra en pocos segundos cuán barato es para los dueños de "Borón" financiar el trabajo de "Junio" en otro país "en vías de desarrollo" a cambio de un "certificado de preservación medioambiental". Ese "bono verde" le permite a la empresa de camiones seguir contaminando en otra región del globo o obtener un beneficio fiscal en su zona de trabajo. 

La claridad del ejemplo ilustra un complejo proceso que García Linera define como "Plusvalía medioambiental desterritorializada". En la charla del vicepresidente boliviano se mezcla la teoría ("estoy en mi etapa leninista", bromea) y la práctica de siete años de gestión. 

El conversatorio lleva ya una hora y media y apenas ha respondido a la primera pregunta del auditorio que agradece el tiempo dedicado sin pestañear. García Linera sabe que tiene una agenda apretadísima en su visita al país y que los innumerables compromisos que le esperan deben acontecer en lo que queda de la tarde, ya que al otro día debe estar de vuelta en Bolivia para remplazar a Morales, que parte en gira al exterior. Pese a ello, nada parece apurarlo al desmenuzar el conflicto de hace dos meses con la Central Obrera Boliviana (COB). 


El vicepresidente recuerda que las manifestaciones mineras reclamaban una modificación en la ley de jubilaciones, justamente una pieza legislativa que había sido confeccionada en consulta con la COB y presentada junto con ellos por Evo Morales en 2011. 

Tras desarrollar las ventajas redistributivas de esa iniciativa, García Linera enfatiza que los mineros reaccionaron al darse cuenta que las nuevas regulaciones de su trabajo les habían permitido a cobrar sueldos superiores a la media (incluso al cargo de presidente de la República). De tal forma, sus aportes debían servir también para compensar al 70% de los trabajadores que no están registrados y a aquellas personas que no consiguen empleo. 

La reacción fue una protesta por el 100% móvil. Tras semanas de marchas hacia La Paz, el repudio del resto de los trabajadores los hizo desistir del reclamo. "Ningún gobierno está vacunado contra el egoísmo corporativista pero lo importante es saber cómo se superan las contradicciones", concluyó el vicepresidente.
García Linera se disculpa por el extenso desarrollo de sus respuestas, pero aclara que para él es importante dar a conocer el marco de los últimos grandes conflictos que desde afuera fueron leídos como una merma en la legitimidad de Morales. Por el contrario, para el vicepresidente, las manifestaciones deben entenderse como una muestra "de la vitalidad del proceso revolucionario". 

"Toda movilización es una forma de democratización, de participación y de develamiento de un problema. Algo está fallando y los canales de mediación institucional no son suficientes…", traduce. "El gobierno de Evo emerge precisamente de la movilización social" y su gran logro, destaca, es haber reconvertido esa "capacidad de movilización, de organización, en capacidad electoral". Así que pide no escandalizarse, sino celebrar las marchas en su país, o las que suceden en Brasil .

Bolivia es un país de 36 naciones indígenas y su gobierno no está encabezado por un partido, "sino por una elástica confederación negociada de movimientos y organizaciones sociales". El Movimiento al Socialismo (MAS), define, es eso: "estructuras que se ponen a discutir que deben tener en común". Y en ese marco cobran relevancia las estatizaciones que cada 1º de Mayo anuncia el presidente Evo Morales. Las empresas en propiedad de todos unen al "aymara del Altiplano, el petrolero del Chaco y el joven estudiante que viven en mundos aislados y ahora se sienten partícipes de una comunidad política", clarifica.

Como adelantó al principio de la charla, la perspectiva de García Linera para Bolivia puede aplicarse a toda Latinoamérica. Por eso el vicepresidente destaca la importancia de la integración regional y señala que "es necesaria una nueva ofensiva para potenciar el vínculo continental". 

"Desde las guerrillas de los años '70 no ha habido internacionalización política como ahora." "Celac, Alba y Unasur son el proceso revolucionario de nuestra época. Y esa autonomía tiene que generar una contrarrevolución, que es la Alianza del Pacífico", explica. "Allí se han atrincherado los países más conservadores del continente comandados por Estados Unidos."

Sin embargo, esta situación le deja una reflexión alentadora que ya había sido escrita por Lenin tiempo atrás. García Linera toma un libro y cita: "la revolución avanza por el hecho de que crea una contrarrevolución fuerte y unida, es decir, obliga al enemigo a recurrir a medios de defensa cada vez más extremos y elabora, por lo mismo, medios de ataque cada vez más potentes". 
Señas de un despertar brasileño
La modalidad de conversatorio que solicitó el vicepresidente boliviano para su charla en el marco del ciclo "Patria Grande" del CCC, permitió que el auditorio consultara a Álvaro García Linera por su visión de las manifestaciones en Brasil. "Tengo más dudas que certezas", advirtió como buen cientista social, aunque arriesgó que en su opinión no se trata de una lucha por  cambiar el orden dominante, sino que se trata de "explosiones propias de clases medias emergentes en tiempos de expansión económica, que dan lugar a luchas por la redistribución".

Como en Bolivia, destacó, "las movilizaciones vienen a democratizar". Aunque para que haya cambios, agregó, es necesario que sus reclamos se plasmen en una plataforma que les dé organicidad. Si eso no ocurre "sólo habrá sido un poco de aire fresco". No obstante, nunca dejará de ser una "llamada de atención" de la que "todos tenemos que aprender".  Por último, remarcó que estas recién son "las primeras señas de un posible despertar social en la República de Brasil".
Fuente:TiempoArgentino


“Sin tensión no hay revolución”
Año 6. Edición número 267. Domingo 30 de junio de 2013
Por Miradas al Sur
internacional@miradasalsur.com
Durante la charla. Atilio borón y juan carlos junio escuchan atentamente la disertación del vice presidente de Bolivia, Álvaro García Linera.
Bolivia. El vicepresidente boliviano, Álvaro García Linera, visitó el país para recibir una distinción académica en la Universidad de La Plata. Antes, explicó en el Centro Cultural de la Cooperación que las críticas a su gobierno por parte de algunos sectores indígenas, ambientales y de la COB son bienvenidas por el presidente Evo Morales.
Un largo vallado ubicado a media mañana del último jueves sobre la vereda de la avenida Corrientes en el tramo donde están las salas de teatro más exitosas confundía a los transeúntes que a esa hora del día sólo suelen buscar la boca de un subte o una oferta de saldo en alguna librería. En realidad, las barreras buscaban ordenar la entrada del público al Centro de Cultural de la Cooperación (CCC), donde se estaba clausurando el ciclo de charlas titulado “La Patria Grande” con la visita del vicepresidente boliviano Álvaro García Linera. Líder de una organización guerrillera indigenista en los ’70, reconocido sociólogo y ensayista, y principal autor intelectual de la revolución plurinacional en Latinoamérica, García Linera llegó al país para recibir una nueva distinción como Doctor Honoris Causa en la Universidad Nacional de La Plata pero, antes, ofreció en la Sala Solidaridad de la CCC una charla con más código militante que académico.

El horario del encuentro con García Linera no era el habitual para este tipo de disertaciones. Pero, la “apretada” agenda del número dos del Palacio Quemado no daba margen para otra cosa, según contaron los organizadores. Por ese motivo, la comitiva boliviana no habilitó contactos con la prensa. Igualmente, el ex cuadro rebelde de la formación maoísta Túpac Katari diagramó su encuentro con la muchísima gente que asistió con un criterio, podría decirse, finamente político. A sabiendas de que, en los últimos meses, algunas organizaciones indigenistas, ambientales y la poderosa central sindical COB se movilizaron en su país con reclamos contra el presidente Evo Morales, García Linera entendió que tenía una oportunidad en Buenos Aires para explicar a la dirigencia y al “activo” militante que se reunió en el CCC por qué “la tensión creativa” es “parte de la revolución”. Es decir, lejos de denostar o minimizar el grito de los sectores del campo popular boliviano que están algo molestos con algunas decisiones del gobierno, Linera explicó que estas “contradicciones” son parte necesaria de la etapa. Fiel a su formación política, García Linera no se escudó en frases políticamente correctas o en consignas desabridas cocinadas en agencias de publicidad postmoderna. El vice boliviano citó a Marx, Lenin, Mao Tsé Tung y, con un ojo en la platea, cuando leyó que la atención disminuía, bromeó, utilizó al politólogo Atilio Borón –uno de los presentadores de la charla junto al diputado nacional Juan Carlos Junio– como sparring para improvisar una especie de stand up sobre qué “significan en realidad los bonos verdes con los que buscan privatizar los bosques bolivianos”. En definitiva, Álvaro García Linera no decepcionó y dio cátedra en Buenos Aires.

Paradójicamente, comenzó hablando el público. El vice boliviano decidió que el encuentro se iniciará con una “ronda de preguntas”. En total, fueron seis o siete los primeros interrogantes planteados por los asistentes. Pero, uno sólo fue el denominador común. En líneas generales, la duda acercada a García Linera fue la siguiente: ¿Cómo entender que los pueblos originarios del Oriente boliviano se hayan alzado contra la revolución indígena que dice liderar el presidente Evo Morales en rechazo a la construcción de una ruta sobre un parque amazónico? Algo parecido, en cuanto a preguntarse si se había acabado la luna de miel entre Evo y el pueblo boliviano, planteó recientemente el reconocido escritor boliviano Fernando Molina –ganador del Premio Rey de España al Periodismo Iberoamericano en 2012– en un artículo publicado en la revista Nueva Sociedad y titulado “¿Por qué Evo Morales sigue siendo popular?”: “Luego de seis años de gobierno, el oficialismo carece de la excitante aura de novedad que lo rodeaba al principio del llamado ‘proceso de cambio’. En líneas gruesas, el cambio ya ha sucedido y cambiar ha dejado de ser la pulsión dominante del país, como lo fuera entre 2002 y 2009. El aporte principal del MAS a la innovación boliviana ya está hecho; el futuro de este partido depende ahora de su posibilidad de representar la continuidad de las leyes, las instituciones y las políticas que diseñó y aplicó durante estos años”.

Recapitulando, García Linera recogió el guante y argumentó por qué es necesario pavimentar un tramo asfáltico sobre una reserva natural que es territorio venerado por los pueblos originarios locales. Primero, como buen sociólogo, García Linera presentó el problema a tratar e hizo un poco de historia: “Ya sea por medio de la dominación fuerte del despotismo hacendal que controla los procesos de intermediación y semiindustrialización de los productos amazónicos o por la dominación suave de las ONG, las naciones indígenas amazónicas están económicamente desposeídas del territorio y políticamente subordinadas a discursos y poderes externos. En síntesis, el poder tanto económico como político en la Amazonía, no está ni en manos de los pueblos indígenas ni en manos del Estado. El poder en la Amazonía está en manos, por una parte, de una elite hacendal–empresarial; y por otra, de empresas y gobiernos extranjeros que negocian el cuidado de los bosques amazónicos a cambio de la reducción de impuestos y el control de la biodiversidad para su biotecnología”.

Luego, el vice boliviano explicó que la construcción de la ruta tenía una necesidad muy concreta porque “la carretera sutura una geografía nacional escindida en dos grandes bloques geográficos: Altiplano/ Amazonía. Además, permite el encuentro cara a cara de dos regiones de la patria que hasta hoy viven una de espaldas a la otra. La carretera nacionaliza un espacio territorial fundamental de Bolivia, en el cual, gobiernos y empresas extranjeras, ciudadanos extranjeros y terratenientes tenían más autoridad, conocimiento y poder que el propio Estado boliviano. Con la carretera, la geografía real y la geografía ideal del Estado tienden a coincidir”.
Recientemente, un compañero de ruta de García Linera –en términos políticos, claro está– como Raúl Prada, un ex ministro del evismo que hoy defiende la posición de las comunidades del Parque Tipnis enfrentadas a la carretera gubernamental publicó un ensayo titulado Miseria de la Geopolítica, en contraposición al libro de Linera titulado Geopolítica de la Amazonía, y advirtió que “ellos (por el gobierno nacional) dicen que la descolonización está en marcha porque se usan símbolos plurinacionales, porque se cambian nombres, porque se forma un viceministerio de descolonización, con poco presupuesto y limitados atributos en su labor. Cuando los alcances efectivos del ejercicio gubernamental es la mantención del Estado-nación, de su mapa institucional, de las normas y de la administración de normas liberal. Es decir, no se ha salido de las estructuras de dominación de la colonialidad. La descolonización no es la folclorización de lo indígena, al contrario, se trata que la institucionalidad indígena, sus matrices culturales, las formas de gobierno propias formen parte de las transformaciones estructurales del Estado”. Entonces, García Linera dedicó la última parte de su parlamento sobre este tópico para rebatir de forma contundente al sector medioambiental boliviano que, permanentemente, retruca los planes desarrollistas del gobierno: “¿Cómo esperar que un país pequeño se defienda de la contrarrevolución, organice la unificación de una sociedad fragmentada, lleve adelante la revolución política más importante de su historia, cambie la estructura de propiedad y distribución económica, y encima en sólo seis años cambie de forma aislada un modo de producción que tardó más de 500 años en instaurarse y que hoy todavía sigue expandiéndose?”. A esa altura, el titular del Afsca Martín Sabbatella y el diputado Carlos Heller, que seguían atentamente la exposición de García Linera, fueron los más entusiastas en aplaudir un concepto estratégico que, evidentemente, es defendido por la plana mayor de Nuevo Encuentro.

Ya sobre el cierre de la charla-encuentro-disertación, García Linera explicó por qué al gobierno boliviano no lo inquietan las demandas de las organizaciones sociales locales sino que “procesamos los reclamos como parte de las tensiones creativas que presentan cualquier movimiento revolucionario”. En ese sentido, el dos del Poder Ejecutivo del vecino país argumentó que “acabado el derrumbe del Estado neoliberal, ingresamos a la construcción de lo nuevo, del nuevo orden, del nuevo Estado. Las exigencias de las organizaciones populares –indígenas, obreras, campesinas– ya no son corporativas o gremiales. Transitamos lo que Antonio Gramsci denominó como la etapa política de la revolución. Ahora, hay que ponerse de acuerdo sobre qué tipo de sociedad queremos construir y eso, por supuesto, genera tensiones”.

En ese sentido, la contradicción del momento entre gobierno y campo popular en Bolivia tiene nombre y apellido y se denomina Central Obrera Boliviana, hegemonizada por el combativo sindicato de los mineros locales. Semanas atrás, la COB lideró masivas movilizaciones en La Paz donde la consigna principal fue contra los “exiguos” aumentos salariales de este año. “La COB debería entender también todo el cuadro general para moderar sus planes de lucha. Hemos modificado radicalmente el sistema de pensiones. Ahora, los mineros pueden jubilarse a los 55 años de edad. Yo entiendo sus exigencias como entiendo a las comunidades aymaras que reclaman más escuelas y hospitales rurales, al igual que comprendo a los sindicatos petroleros que no temen peticionar más inversión extranjera para profundizar la extracción de crudo. Ahora bien, ¿qué debe hacer el Estado boliviano: velar por el interés particular de cada sector o buscar la síntesis política superadora donde converjan todos los caminos y todos los reclamos?”, preguntó García Linera y el silencio de los presentes bien pudo traducirse como una respuesta.

Pasaba el tiempo y la charla continuaba. Afuera del CCC, un grupo de choferes, a cargo de una hilera de autos perfectamente acomodada para salir en fila india, aguardaba al vicepresidente boliviano para trasladarlo a la ciudad de La Plata donde iba a recibir el doctorado Honoris Causa por parte de las autoridades de la UNLP. Evidentemente, García Linera aceleró el fin del encuentro cuando parte de su comitiva le hacía señas de que ya era la hora de partir. Pero, antes de ponerle punto final a su charla, García Linera buscó remarcar lo dicho en el inicio de la actividad organizada por el CCC: “Será verdad que la carretera del Tipnis forma parte del tenebroso plan de los corredores interoceánicos que quieren depredar los bosques para someternos a la vorágine imperial brasileña, como lo afirma el recetario de algunas ONG. 

El Plan Iirsa fue diseñado para crear corredores bioceánicos que vinculen el este brasileño con el Océano Pacífico y los mercados de Asia. La carretera Villa Tunari-San Ignacio de Moxos no vincula el eje trocal del país con ninguna carretera o eje vial brasileño. Trinidad está a 338,6 kilómetros de la frontera. ¡Sí, a 338,6 kilómetros de la carretera más cercana de Brasil! Ningún cargamento de soja o de madera brasileña llegará a ningún puerto con esta carretera, lo único que llegará a Trinidad o Cochabamba son personas y productos bolivianos que actualmente tardan dos o tres días para arribar de un lugar al otro, pero que con el nuevo camino lo harán en cuatro horas”. En ese momento, afuera de la sala, una señora se acercó al chofer del vicepresidente boliviano y le preguntó por qué tanto alboroto a esa hora de la mañana en la avenida Corrientes. “¿García Linera?”, repreguntó la mujer y, acto seguido, acotó: “¿Es el que acompaña a Darín en la obra”? Evidentemente, harán faltas más charlas y más visitas del número dos del Estado Plurinacional de Bolivia para que haya otro tipo de luminarias que llamen la atención en el centro porteño.
Fuente:MiradasalSur

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