22 de junio de 2013

BRASIL.

ALREDEDOR DE UN MILLON DE PERSONAS COPARON LAS CALLES DE LAS PRINCIPALES CIUDADES DEL PAIS
Las manifestaciones marcan el ritmo en Brasil
Las marchas fueron masivas en Río de Janeiro, San Pablo y Brasilia. Empezaron pacíficamente, pero derivaron en enfrentamientos, en especial en Río, donde la policía militar reprimió con gases y balas de goma. La clase política permanece atónita.
Por Eric Nepomuceno

Desde Río de Janeiro
Tres manifestantes sostienen una bandera brasileña mientras un policía vacía una lata de gas en Niteroi, cerca de Río.
La noche de ayer terminó en duros conflictos lo que podría haber sido una festiva y pacífica manifestación que se arrastró por todo el país. Ha sido la mayor manifestación colectiva de los últimos 30 años en Brasil. Se calcula que alrededor de un millón de personas coparon las calles de las principales ciudades, especialmente en Río, donde se calcula que hubo 300 mil manifestantes. En San Pablo han sido más de 100 mil. Hubo otros 50 mil en Porto Alegre, 30 mil en Brasilia, 100 mil en Recife, 20 mil en Salvador. Por la noche, lo que había en Porto Alegre y Brasilia, Belém y Río de Janeiro eran escenas de batalla callejera. Hasta las nueve de la noche no había un cálculo preciso del número de heridos y detenidos.
Los violentos incidentes ocurrieron un día después de que los alcaldes de San Pablo y de Río anunciaran que daban marcha atrás en el aumento de los pasajes del transporte público. Ese aumento fue lo que originó, hace dos semanas, las primeras manifestaciones en San Pablo. Al principio fueron marchas limitadas, sin mayor consecuencia, realizadas por jóvenes. El jueves 13 la policía militar de San Pablo actuó con una truculencia que no se veía desde los tiempos de la dictadura. Ha sido el estopín para que la ola de protesta avanzara por todo el mapa brasileño.

La actuación salvaje de la policía militar carioca volvió a alcanzar su auge alrededor de las nueve de la noche de ayer, cuando una brigada de motociclistas de la policía militar disparó balas de goma contra manifestantes que estaban en la puerta del hospital Souza Aguiar buscando noticias sobre los más de veinte heridos que habían sido llevados de emergencia. Ya desde el lunes pasado la acción de la policía militar carioca era blanco de críticas durísimas. La foto de un soldado disparando un spray pimienta en el rostro de una manifestante recorrió las primeras páginas de diarios de todo el mundo.

Lo que se puede concluir de todo eso es la falta absoluta de control tanto de los que convocan las movilizaciones como principalmente de parte de las fuerzas de seguridad. Hubo una tensa repetición de acontecimientos: las marchas empiezan de manera pacífica y razonablemente organizada, hasta que los manifestantes se acercan a edificios públicos. Ha sido así en la asamblea legislativa estadual de Río el lunes, o del Palacio de Gobierno en San Pablo, o el Congreso nacional en Brasilia. Ayer todo eso se repitió, pero con una diferencia. En lugar de empezar a concentrarse en el horario previsto –cinco de la tarde– los manifestantes llegaron al menos media hora antes. El trayecto a ser recorrido fue previamente combinado con la policía. En San Pablo hubo algunos incidentes, cuando grupos que enarbolaban banderas del PT o de la CUT (Central Unica de Trabajadores) fueron expulsados de la protesta. Los que convocaron a la marcha habían advertido claramente que no serían admitidas banderas o camisetas partidarias o de organizaciones sindicales o estudiantiles. Fueron incidentes menores, sin consecuencia.

Hasta las siete de la noche sólo habían sido registrados enfrentamientos al principio de la tarde, cuando los manifestantes intentaron acercarse al estadio donde se disputan partidos de la Copa Confederaciones. Y entonces todo cambió. Frente a la alcaldía de Río hubo una refriega entre los propios manifestantes. Explotaron morteros, y la tropa de choque de la policía empezó a disparar bombas de gas lacrimógeno. En poco menos de media hora la situación escapó totalmente de control. En Brasilia ocurrió algo similar: manifestantes intentaron romper la barrera policial que impedía que entraran al Congreso, y empezaron los enfrentamientos. Alejados del Congreso, los manifestantes intentaron invadir el palacio del Itamaraty, sede del Ministerio de Relaciones Exteriores, una de las más bellas obras de Oscar Niemeyer. Fueron rotos vidrios, encendieron hogueras... Escenas de vandalismo de un lado, la dura acción policial del otro.

En San Pablo, curiosamente, no hubo ningún brote de enfrentamiento entre manifestantes y fuerzas de seguridad hasta bien avanzada la noche. La ciudad que vio nacer las manifestaciones asistió a una tranquila conmemoración de poco más de cien mil personas.

Queda por ver cuáles serán los desdoblamientos de esas jornadas. La exigencia inicial fue alcanzada. Pero el rol de peticiones engordó mucho, a lo largo de esos días. Ahora se exige educación pública de calidad, una atención pública de salud que no sea tan ofensiva, transporte público a precios razonables, y mucho más.
Llama la atención la inercia de los partidos políticos. Es verdad que la presidenta Dilma Rousseff hizo un contundente pronunciamiento, advirtiendo de la necesidad de que los gobernantes oigan la voz de las calles.

Pero ningún dirigente político, ningún parlamentario de relieve, nadie logró salir del estupor provocado por la velocidad con que esas manifestaciones se extendieron. Hasta el PT, partido nacido de manifestaciones populares no supo todavía qué hacer. Ayer, intentó sumarse a los manifestantes en San Pablo. Sus militantes fueron rechazados. Queda la pregunta: ¿es que los partidos ya no representan a nadie? Y otra: ¿hasta qué punto los políticos están desmoralizados junto a la opinión pública? Y otra más: ¿no hay cómo controlar la acción truculenta de la policía?

Es imposible prever cuáles serán los pasos siguientes. O prever hasta cuándo los políticos mantendrán su silencio. Pensándolo bien, ¿tendrán algo que decir?

Dilma Rousseff acompañó todos los incidentes desde el Palacio del Planalto, sede de la presidencia, acompañada por asesores. La primera conclusión es que los alcaldes, y especialmente el de San Pablo, Fernando Haddad, se romaron demasiado tiempo hasta tomar una decisión política, es decir, cancelar el aumento del pasaje de bus. Prefirió una visión contable, tecnócrata, en una muestra evidente de insensibilidad e inhabilidad. Hay gran preocupación relacionada sobre los efectos que todo eso podrá tener sobre la imagen del gobierno y de la misma presidenta.

Las escenas de vandalismo fueron provocadas claramente por pequeños grupos. No se debe descartar la presencia de infiltrados, cuya misión es precisamente provocar la reacción descontrolada de una policía formada en tiempos de la “doctrina de seguridad nacional” de la dictadura militar. Es decir: cuando no hay control alguno tanto de quien organiza como de quien tiene la responsabilidad de asegurar el derecho constitucional de manifestar opinión, lo que se ve es lo que se vio ayer. Y que seguramente se verá en la próxima.

Mientras, la clase política permanece atónita. Es como si nadie supiese la extensión de la distancia que separa a los políticos profesionales de la realidad del país.


GOLPE A LA IMAGEN DE LA PRESIDENTA
Un desafío para Dilma
La presidenta Dilma Rousseff (foto) perdió ocho puntos en su popularidad, que había alcanzado niveles record en marzo, ante el aumento de la inflación, confirmó anteayer la encuesta de CNI/Ibope. La popularidad de la presidenta, que prácticamente no había dejado de crecer desde que llegó al poder en 2011, cayó de 79 por ciento a 71 por ciento entre marzo y junio, y la evaluación del gobierno se contrajo en la misma proporción, de 63 por ciento a 55 por ciento los que lo consideraron bueno o muy bueno, según el sondeo realizado justo antes de las manifestaciones callejeras de los últimos días. “Las personas comienzan a sentir el efecto del aumento de la inflación y eso genera descontento”, dijo Renato da Fonseca, responsable del tradicional sondeo encomendado por la Confederación Nacional de la Industria (CNI). Para el analista, la población brasileña no percibe aún la desaceleración del crecimiento porque el empleo todavía está alto y la renta también se ha mantenido.

“La caída más fuerte en la popularidad se produjo en el sureste del país, y entre los electores con rentas más altas”, explicó el responsable. Las áreas en las que Rousseff no consiguió 50 por ciento de evaluación positiva fueron: seguridad pública, salud, impuestos, combate a la inflación, tasa de interés y educación. La proporción de los entrevistados que desaprueban las políticas contra la inflación aumentó en diez puntos y alcanza 57 por ciento.

La caída en la popularidad presidencial coincide con dos años de bajo crecimiento económico en Brasil y una inflación elevada, que alcanzó el máximo de tolerancia de 6,5 por ciento en doce meses en mayo. La encuesta fue realizada entre el 8 y el 11 de junio, justo antes de las masivas protestas callejeras que hicieron que 250.000 personas se volcaran a las calles de las principales ciudades del país contra el aumento de los precios del transporte y los millonarios gastos públicos en el Mundial 2014, inversiones que exigen para mejorar servicios de educación y salud. El sondeo es en base a 2002 entrevistas y tiene un margen de error de dos puntos. Una encuesta similar divulgada hace casi dos semanas por Datafolha daba cuenta también de una caída de la popularidad de Rousseff en ocho puntos, debido al aumento de la inflación.

Por otra parte, la presidenta brasileña aplazó el viaje a Japón, que tenía previsto realizar la próxima semana, para estar al frente de la situación generada por las protestas que sacuden a Brasil desde la semana pasada, informaron ayer fuentes oficiales. La mandataria, que tenía previsto embarcar el próximo lunes y regresar el viernes, aplazó su visita para una fecha que aún no se determinó, dijeron voceros de la Presidencia citados por la agencia estatal ABR.

Rousseff tenía un encuentro programado en Tokio con el primer ministro, Shinzo Abe, e iba a ser recibida en una audiencia por el emperador Akihito. Por la misma causa, la jefa de Estado canceló un viaje que realizaría a la ciudad de Salvador de Bahía para anunciar un plan de apoyo a los agricultores en regiones áridas. Rousseff iba a participar en una ceremonia en esa ciudad con varios gobernadores de estados del nordeste de Brasil pero algunos cancelaron su presencia ante la necesidad de atender los problemas provocados por las protestas.

Las manifestaciones también obligaron al vicepresidente de Brasil, Michel Temer, a cancelar una visita oficial que había iniciado esta semana a Israel y regresar de inmediato al país. El martes, en su primer pronunciamiento sobre las protestas, Rousseff afirmó que “la voz de la calle tiene que ser escuchada” y elogió el espíritu democrático de los manifestantes, de quienes dijo que han enviado un mensaje directo a los gobernantes. “Las manifestaciones comprueban la grandeza de nuestra democracia y el civismo de nuestra población” y suponen “un mensaje directo a los gobernantes en todas las instancias”, aseguró.


CLIMA DE RESACA AYER EN BRASIL DESPUES DE LAS MASIVAS MANIFESTACIONES QUE SACUDIERON AL PAIS
Un monstruo llamado opinión pública
Por la mañana, los integrantes del movimiento que empezó todo eso anunciaron que ya no volverían a convocar marchas. Por la noche, finalmente la presidenta Dilma Rousseff hizo un pronunciamiento a la nación.
Por Eric Nepomuceno

Desde Río de Janeiro
Pequeños grupos de manifestantes continuaban la protesta ayer en Río de Janeiro pese a que Pase Libre suspendió las protestas.Imagen: EFE
Brasil vivió ayer el clima de resaca, luego de la formidable secuencia de multitudinarias movilizaciones populares que sacudieron al país a lo largo de las últimas dos semanas. Hubo nuevas manifestaciones y marchas, pero con bastante menos participación que las anteriores.

Por la mañana, los integrantes del movimiento que empezó todo eso anunciaron que ya no volverían a convocar marchas. Por la noche, finalmente la presidenta Dilma Rousseff hizo un pronunciamiento a la nación. Desde las nueve de la mañana la presidenta estuvo reunida con ministros y asesores. Por teléfono, habló con el ex presidente Lula da Silva en al menos dos ocasiones. Dilma se resistía en hablar al país, para no atraer hacia su figura el peso de la circunstancia que viven los brasileños. Lula da Silva la convenció de que pasar esa misión a un ministro sería negativo. Por la tarde, Joao Santana, el publicista encargado de la imagen de la presidenta, se reunió con Franklin Martins, un veterano y talentoso periodista que asesora a Lula, y que fue su ministro de Comunicación Social. A cuatro manos, Santana y Martins redactaron el texto, que luego fue sometido a la rigurosa lupa de Dilma.

A su vez, ya en la mañana el difuso Movimiento Pase Libre, el MPL, creado en 2005 e integrado por estudiantes universitarios, anunció que ya no volverá, al menos por ahora, a convocar marchas y manifestaciones en San Pablo. Dijeron que el objetivo principal, la anulación de los aumentos en los pasajes de transporte público urbano, había sido ampliamente alcanzado. Además, argumentaron no querer que “la extrema derecha se apropie” del movimiento que desataron a principios de junio, cuando convocaron las primeras movilizaciones callejeras en San Pablo para protestar contra el aumento en los transportes públicos de la ciudad. El MPL actúa en prácticamente todo el país, pese a no tener ningún dirigente destacado.

La verdad es que son unos pocos, pero con un poder de convocatoria sorprendente. Ni siquiera hay líderes conocidos. Sus integrantes dicen tener una “actuación horizontal, con 40 o 50 miembros”, como si fuese una explicación fácilmente comprensible. Como quedó en evidencia, su capacidad de convocar es amplia. Ya a la hora de coordinar, organizar y dialogar, nada.

De todas formas, la actitud del MPL es un reflejo nítido de lo que ocurre en Brasil desde la noche del pasado jueves, cuando hubo brutales escenas de vandalismo por grupúsculos que participaron de las marchas en Río de Janeiro, Porto Alegre, Salvador y Belem, y de absoluto descontrol de parte de las fuerzas de seguridad.

Al no existir una consigna común, que de inicio fue protestar contra el aumento del transporte, las manifestaciones se desbordaron y la situación escapó de control. Porque por más que el MPL carezca de estructura y capacidad de organización, había al menos una reivindicación clara compartida por los manifestantes.

Las exigencias siguientes –mejor salud pública, mejor educación, mejor transporte– son justas y urgentes, pero también un tanto vagas. En términos de análisis político, sirve de estruendoso alerta a las autoridades en todas las esferas (municipal, provincial, nacional). En términos de acción inmediata y de cobrar resultados de la noche al día, imposible.

Lo que pasará de aquí en adelante, en relación con marchas y movilizaciones, nadie puede preverlo. Las manifestaciones de ayer fueron aisladas en términos geográficos. En San Pablo, por ejemplo, las columnas bloquearon rutas y carreteras del entorno urbano, aislando inclusive al aeropuerto internacional de Guarulhos, el de mayor movimiento en Sudamérica. Mientras, en la céntrica plaza Roosevelt, alrededor de tres mil personas se manifestaban en defensa de los derechos de las minorías sexuales. En Río, en la dorada orla de Ipanema y Leblon, la marcha exigía respeto a los ciudadanos, mejores servicios de salud, educación y transporte y el fin de la corrupción, mientras en la Barra da Tijuca, barrio de la lejana zona oeste, bandos surgidos de las barriadas pobres de esa región de nuevos ricos invadían agencias de coches de lujo y destrozaban Mercedes Benz y Audis cuyos precios significarían sus sueldos de toda una vida. A todo eso se sumaban, tanto en esa región de Río como en la otra punta de la ciudad, grupos de saqueadores que aprovechaban los embotellamientos para asaltar a motoristas y el pánico generalizado para saquear supermercados. No sin razón, uno de los integrantes del MPL reconoció, en una entrevista, que “hemos creado un monstruo y ahora no sabemos cómo controlarlo ni detenerlo”.

Dilma Rousseff pasó el día preparándose para intentar entender qué ocurre. El país pasará muchos días más en el mismo intento.

Una cosa, al menos, todos ya saben: había y hay una fuerte ola de insatisfacción que estaba hibernando y ahora salió de su letargo. Los brasileños, que no tienen la costumbre de las calles excepto en ocasiones puntuales y frente a temas muy concretos, han descubierto esa herramienta de presión. La clase política está mucho, pero mucho más alejada del clamor de la gente de lo que creía en su prepotente egoísmo.
Un monstruo salió a las calles y ese monstruo se llama opinión pública.


LA PRESIDENTA DE BRASIL REPUDIO LA VIOLENCIA DE LAS PROTESTAS
“Debemos oxigenar nuestro sistema político”
Clientes escuchan el mensaje de Dilma en un bar de Salvador.
La presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, reconoció la legitimidad de los reclamos pero condenó los actos de violencia de los manifestantes anoche, durante un breve discurso al país sobre las manifestaciones masivas que tuvieron lugar en las últimas semanas. “Estamos acompañando con mucha atención las manifestaciones”, afirmó. Las palabras de la mandataria, emitidas por cadena nacional, reivindicaron las manifestaciones pacíficas pero condenaron los actos de violencia. Rousseff rescató la energía de los jóvenes que se volcaron a las calles y consideró que ésta es necesaria para lograr cambios profundos en Brasil. “Debemos defender con pasión las ideas y propósitos, pero de forma pacífica”, resaltó.

“Las manifestaciones deben realizarse dentro de los principios de la ley y el orden”, sostuvo la presidenta, quien dijo también que Brasil viene trabajando mucho para ser un país más justo. Sin embargo, condenó enérgicamente la violencia de las últimas horas. “El país no puede permitir que una minoría violenta y autoritaria destruya el patrimonio público y privado”, sentenció. Recordó que las tarifas bajaron y que dicho reclamo fue atendido por las autoridades. “Debemos aprovechar la fuerza de las manifestaciones para producir más cambios que beneficien a la mayoría de la población”, enfatizó Rousseff. “Debemos oxigenar nuestro sistema político”, reconoció, y se comprometió a colaborar para realizar una reforma política amplia que garantice una mayor participación popular. Asimismo, destacó que la mejor forma para combatir la corrupción eran la transparencia y el control ciudadano. Manifestó su voluntad para que la ley de acceso a la información, aprobada por su gobierno, sea ampliada a todos los poderes públicos. Comprometió a los brasileños a monitorear el desempeño de sus funcionarios.

En medio del discurso, Rousseff aseguró que se destinará el 6 por ciento de los recursos petroleros a la educación. Instó al Congreso a trabajar y aprobar una ley para asegurar ese objetivo. Además, llamó al diálogo a todos los sectores políticos y los manifestantes que reclaman de forma pacífica. “Debemos sumar esfuerzos para mejorar los servicios públicos”, afirmó.

Por último, declaró que Brasil merece cosas mejores y que debía prestarse atención al trato propinado a los visitantes que llegaron al país por la Copa Confederaciones. “Debemos tratar con cariño y alegría a los vecinos”, sostuvo Rousseff. Por último, destacó la predisposición de su gobierno para atender las demandas de los manifestantes. “Mi gobierno oye a las voces democráticas que piden cambios”, sostuvo.


CONFIRMA QUE IRA A BRASIL
El Papa no arruga
La presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, garantizó la seguridad para la realización de la Jornada Mundial de la Juventud católica que, con la presencia del papa Francisco, se realizará el mes próximo en Río de Janeiro, afirmó ayer el presidente de la Conferencia Nacional de Obispos, Raymundo Damasceno. “No estoy preocupado, todo está ocurriendo normalmente; no vamos a hacer ninguna modificación ni en la programación ni en la fecha”, dijo Damasceno, según reportó la agencia noticiosa estatal ABR.

Ayer trascendió la preocupación del gobierno sobre la posibilidad de que las protestas callejeras masivas de los últimos días –que causaron al menos dos muertos y más de cien heridos, y el jueves congregaron a un millón de personas en más de 80 ciudades– pudieran alterar la agenda de la visita del Papa. “Tenemos una serie de complicaciones y preocupaciones; lo que está ocurriendo puede tener reflejo en la jornada”, afirmó el secretario general de la Presidencia, Gilberto Carvalho, en una reunión sin acceso de la prensa, pero cuyas palabras fueron captadas por cámaras de televisión autorizadas a tomar imágenes.

“No puedo decir que la jornada ocurrirá en un clima igual al de los días de hoy porque la coyuntura evoluciona tan rápido que no podemos profetizar, pero tenemos que estar preparados en caso de que ocurra con un clima como el generado por las manifestaciones en el país”, agregó Carvalho.

El funcionario también reveló que Rousseff está preocupada y añadió que iban a convocar a la sociedad brasileña para adoptar medidas de contención. “Tenemos que impedir ese tipo de manifestaciones que no le traen nada bueno al país”, agregó. Sin embargo, el temor de Carvalho fue despejado horas más tarde por una vocera no identificada del Comité Organizador de la Jornada Mundial de la Juventud.

“Todo va a continuar de acuerdo a lo que estaba previsto, no tenemos ningún cambio que anunciar en estos momentos”, aseguró la dirigente luego de reunirse con el arzobispo de Río de Janeiro, Orani Joao Tempesta. “Don Orani está al tanto de los hechos que están ocurriendo y se reúne cotidianamente con el Comité Organizador, y él se mantiene en contacto con el Vaticano”, agregó.

El pontífice tiene previsto estar presente en la jornada, que se efectuará entre el 23 y el 28 de julio próximos en Río de Janeiro, y celebrar allí una misa a cielo abierto.

Las protestas comenzaron la semana pasada en San Pablo, exclusivamente contra la subida de las tarifas de transporte público, pero ganaron otras reivindicaciones, como mayores inversiones en la salud y la educación pública, y críticas a los elevados gastos del gobierno para organizar eventos como el Mundial de Fútbol de 2014. Se especuló con que el Sumo Pontífice suspendiera o pospusiera su visita debido a la inestabilidad de la situación y el incremento de la violencia.


OPINION
El precio del progreso
Por Boaventura de Sousa Santos *

Con la elección de Dilma Rousseff como presidenta, Brasil quiso acelerar el paso para convertirse en una potencia global. Muchas de las iniciativas en ese sentido venían de antes, pero tuvieron un nuevo impulso: la conferencia de la ONU sobre medioambiente, Río+20 (2012), el campeonato mundial de fútbol en 2014, los Juegos Olímpicos en 2016, la lucha por un puesto permanente en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, el papel activo en el creciente protagonismo de las “economías emergentes” (Brics: Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), la nominación de José Graziano da Silva para director general de la ONU para la Alimentación y la Agricultura (FAO), en 2012, y la de Roberto Azevedo para director general de la Organización Mundial de Comercio, en 2013, una política agresiva de explotación de los recursos naturales, tanto en Brasil como en Africa, especialmente en Mozambique, el impulso de la gran agroindustria, sobre todo para la producción de soja, agrocombustibles y ganado.

Beneficiado por una buena imagen pública internacional, ganada por el presidente Lula da Silva y sus políticas de inclusión social, este Brasil desarrollista se impuso al mundo como una potencia de nuevo tipo, benévola e inclusiva. Por eso, no podía ser mayor la sorpresa internacional ante las manifestaciones que en los últimos días llevaron a las calles a cientos de miles de personas en las principales ciudades del país. Mientras que frente a las recientes manifestaciones en Turquía fue inmediata la lectura sobre las “dos Turquías”, en el caso de Brasil fue más difícil reconocer la existencia de esas dos caras. Pero está a la vista de todos. La dificultad para reconocerla reside en la propia naturaleza del “otro Brasil”, un Brasil escurridizo a los análisis simplistas. Ese Brasil está compuesto por tres narrativas y temporalidades.

La primera es la narrativa de la exclusión social (es uno de los países más desiguales del mundo), las oligarquías terratenientes, el caciquismo violento, las elites políticas restringidas y racistas, una narrativa que se remonta a la época colonial y que se ha reproducido en formas siempre cambiantes hasta hoy. La segunda narrativa es la reivindicación de la democracia participativa, que se remonta a los últimos 25 años y tuvo sus puntos más altos en el proceso constituyente que condujo a la Constitución de 1988, los presupuestos participativos en las políticas urbanas de cientos de municipios, la destitución del presidente Collor de Mello en 1992, la creación de los consejos de ciudadanos en las principales áreas de las políticas públicas, especialmente en salud y educación, en los diferentes niveles de acción estatal (municipal, estadual y federal). La tercera narrativa tiene apenas diez años de edad y se relaciona con las vastas políticas de inclusión social adoptadas por el presidente Lula desde 2003 y que llevaron a una significativa reducción de la pobreza, la creación de una clase media con profunda inclinación consumista, el reconocimiento de la discriminación racial contra la población afrodescendiente e indígena, y las políticas de acción afirmativa y de ampliación del reconocimiento de los territorios de los quilombos (asentamientos afrobrasileños) y de los indígenas.

Desde que asumió Rousseff se ha producido una desaceleración o incluso un estancamiento de las dos últimas narrativas. Y como en política no hay vacío, el espacio que ellas fueron dejando comenzó a ser aprovechado por la primera y más antigua narrativa, que ganó vigor bajo el nuevo ropaje del desarrollo capitalista a toda costa y las nuevas (y viejas) formas de corrupción. Las formas de democracia participativa fueron cooptadas, neutralizadas en el dominio de las grandes obras de infraestructura y megaproyectos, y dejaron de motivar a las generaciones más jóvenes, huérfanas de una vida familiar y comunitaria integradora, deslumbradas por el nuevo consumismo u obsesionadas por su deseo. Las políticas de inclusión social se agotaron y dejaron de corresponderse con las expectativas de quienes se sentían merecedores de más y mejores condiciones. La calidad de la vida urbana empeoró en nombre de los eventos de prestigio internacional que absorbieron las inversiones que debían mejorar el transporte, la educación y los servicios públicos en general. El racismo mostró su persistencia en el tejido social y en las fuerzas policiales.

Aumentaron los asesinatos de líderes indígenas y campesinos, demonizados por el poder político como “obstáculos al desarrollo”, sólo porque luchan por sus tierras y sus modos de vivir contra los agronegocios y los megaproyectos mineros e hidroeléctricos (como la represa de Belo Monte, destinada a proporcionar energía barata a la industria extractiva).

La presidenta Dilma fue el termómetro de este cambio insidioso. Asumió una actitud de abierta hostilidad hacia los movimientos sociales y los pueblos indígenas, un cambio drástico en comparación con su antecesor. Luchó contra la corrupción, pero dejó para los socios políticos más conservadores la agenda que consideró menos importante. Así fue como la Comisión de Derechos Humanos de la Cámara de Diputados, históricamente comprometida con los derechos de las minorías, fue entregada a un pastor evangélico homofóbico que promueve un proyecto legislativo conocido como “la cura gay”.

Las manifestaciones revelan que, lejos de haber sido el país el que ha despertado del adormecimiento, fue la presidenta quien despertó. Con los ojos puestos en la experiencia internacional y también en las elecciones presidenciales de 2014, la presidenta Dilma advirtió que las respuestas represivas sólo agudizan los conflictos y aíslan a los gobiernos. En el mismo sentido, los gobernantes de nueve ciudades capitales ya decidieron bajar el precio del transporte. Es sólo un comienzo. Para ser consistente, es necesario que las dos narrativas (la democracia participativa y la inclusión social intercultural) retomen el dinamismo que alguna vez tuvieron. Si así fuera, Brasil le estará demostrando al mundo que sólo vale la pena pagar el precio del progreso profundizando la democracia, redistribuyendo la riqueza generada y reconociendo las diferencias culturales y políticas de aquellos para los que el progreso sin dignidad es retroceso.
* Director del Centro de Estudios Sociales de la Universidad de Coimbra.
Traducción: Javier Lorca.
Fuente:Pagina12


21.06.2013
Dilma Rousseff aplazó un viaje a Japón que tenía programado para la semana próxima 
Un millón de brasileños salen a las calles con múltiples reclamos
Alrededor de 90 ciudades en todo el país fueron escenario de marchas de protesta. El aumento del transporte pasó a segundo plano tras la retractación de varias administraciones y ahora prima una postura contra los partidos tradicionales.
Más de un millón de personas volvieron a salir a las calles en alrededor de 90 ciudades de Brasil en una nueva jornada de protesta en la que el aumento de la tarifa de transporte público pasó a segundo plano. La revocación de esa medida anunciada en los últimos días en 14 localidades no logró disuadir a un movimiento que cada vez convoca a más gente disconforme que no se siente representada por los partidos tradicionales. En San Pablo incluso se registraron agresiones a manifestantes que marchaban con insignias partidarias. En medio de las protestas, la presidenta Dilma Rousseff decidió aplazar un viaje a Japón que tenía programado para la semana próxima.

Unas 300 mil personas en Río de Janeiro, otras 110 mil en San Pablo, 50 mil en Brasilia y en Recife. Los números apenas ayudan a dimensionar la magnitud de la protesta que inundo las calles brasileñas. Las imágenes aéreas de cabezas colmando espacios públicos se repetían en todos los canales de televisión y portales de Internet que cubrían en vivo las manifestaciones que inquietan a la clase política del país más grande de América Latina.

Lo que comenzó como un reclamo convocado por las redes sociales a raíz de un aumento en la tarifa del transporte público en varios Estados a principios de mes, se diseminó rápidamente por todo el país incorporando consignas variopintas y adoptando un discurso antipolítico.

"El pueblo, unido, jamás será vencido", se escuchó cantar al público presente en el estadio Maracaná durante el partido entre España y Tahití por la Copa de las Confederaciones. La consigna provenía, curiosamente, de personas que habían podido pagar los elevados precios de las entradas a la cancha.

La procedencia de los manifestantes es uno de los temas en los que más énfasis han puesto los analistas locales. Según una encuesta difundida el miércoles, la mayoría de los participantes de las marchas son jóvenes de clase media que no se sienten identificados por ningún partido político. Ese sector, el más activo en las convocatorias, no tiene muchas referencias sobre la dictadura militar que vivió el país entre 1964 y 1985, un tema que recién comienza a discutirse en el país, y vivió su adolescencia bajo los gobiernos de Lula da Silva y Dilma Rousseff, ambos del PT.

La jornada de protestas había comenzado temprano cuando unas 10 mil personas se enfrentaron con la policía en las inmediaciones del estadio Fonte Nova, en Salvador de Bahía, antes del partido entre Uruguay y Nigeria, también por la Copa de las Confederaciones. La policía volvió a reprimir con gases lacrimógenos y lanzando balas de goma a los manifestantes.

Las enormes inversiones en infraestructura para esta copa, que es apenas el primer megaevento deportivo que tiene por delante Brasil –además del mundial del mismo deporte en 2014 y las olimpíadas de Río de 2016–, causaron conmoción entre los ciudadanos que observan paralelamente la decadencia de sus servicios públicos. El PT afronta ahora las mayores manifestaciones desde la caída de Fernando Collor de Mello en 1992. Un desafío que ya ocupa el primer lugar en la agenda de Rousseff.

22.06.2013
Tras la marcha se registraron choques con la policía en las principales capitales del país
Dos muertos y un centenar de heridos 
La mayor manifestación popular en los últimos 20 años culminó el jueves con dos personas muertas y más de 100 heridos en todo el país. Sobre el final de las marchas, cuando ya se había retirado la mayoría de las personas, se registraron enfrentamientos con la policía en Río de Janeiro, San Pablo, Brasilia, Campinas, Porto Alegre, Vitoria y Salvador.
Desde el Poder Ejecutivo volvieron a destacar el valor de la protesta pacífica y criticaron los actos de "vandalismo", que incluyeron el intento de ingresar por la fuerza al edificio de la Cancillería y la destrucción de alrededor de 100 semáforos, siete vehículos particulares y casi 400 recipientes de basura en Río. Ayer la policía militar decidió evacuar los ministerios de Cultura y Ambiente ante una amenaza anónima de bomba.

Conforme avanzaba la jornada los medios agregaban detalles sobre las causas del fallecimiento de las personas que se encontraban en las marchas de ayer. Marcos Delefrate, de 18 años, murió atropellado por el conductor de un vehículo que se lanzó contra un grupo de manifestantes que bloqueaban una calle en Ribeirao Preto, Estado de San Pablo. Cleonice Vieira de Moraes, de 54 años y empleada de la compañía de limpieza pública de Belén, murió de un paro cardíaco tras ser hospitalizada anoche producto de la inhalación de gases lacrimógenos lanzados por la policía para dispersar a los manifestantes concentrados en la capital del estado de Pará. Vieira de Moraes estaba junto con otros barrenderos en un local del centro de Belén que se disponía a limpiar cuando estalló cerca suyo la lata de gas lanzada por la policía.


22.06.2013
La presidenta brasileña prometió reunir a gobernadores y alcaldes para diseñar un gran pacto para mejorar los servicios públicos
Dilma llamó a una reforma política y convocó a los líderes de la protesta
La titular del Ejecutivo aseguró haber escuchado los reclamos de los manifestantes y recordó el pasado de su generación en las luchas en favor de la democracia para decir que no está dispuesta a tolerar actos de violencia.
Mi gobierno escucha las voces democráticas que exigen cambios", aseguró anoche la presidenta Dilma Rousseff, en su primer mensaje al pueblo brasileño tras la serie de marchas que conmovieron al país en las últimas dos semanas. Como prueba de sus palabras, la mandataria se comprometió a promover una reforma política y a convocar a gobernadores y alcaldes de todo el país para diseñar un gran pacto para mejorar los servicios públicos. Mientras su discurso se transmitía por cadena nacional, miles de personas seguían marchando en algunas ciudades de Brasil.

"Las manifestaciones trajeron lecciones importantes. Las tarifas ya bajaron y las consignas de las marchas subieron en las prioridades del gobierno", aseguró Rousseff durante su mensaje. "Es la ciudadanía (la que estaba en la calle) y no el poder económico el que debe ser escuchado en primer lugar", ratificó la mandataria.

El discurso de la primera mujer en la historia de Brasil en llegar a la presidencia era muy esperado, tras la multitudinaria marcha del jueves en la que alrededor de un millón de personas salieron a las calles en más de 80 ciudades del país. Poco se había escuchado de Rousseff en estos días, y la reunión de gabinete convocada de emergencia para ayer por la mañana también había culminado sin declaraciones a la prensa. Finalmente, decidió hacer uso de la cadena nacional a las nueve de la noche, prime time televisivo, y allí aseguró haber escuchado el reclamo.

"Mi generación luchó mucho para que la voz de las calles sea escuchada. Pero eso no puede confundirse con el caos promovido por algunos", diferenció Rousseff. "No podemos aceptar que una minoría destruya el patrimonio público", agregó, haciendo alusión a los hechos de violencia registrados hacia el final de las movilizaciones. El más grave fue el intento de ingreso por la fuerza en la Cancillería brasileña que fue respondido con violencia por la policía. Ayer, empleados de la sede diplomática, realizaron un abrazo simbólico al edificio en el que también participo el ministro de Relaciones Exteriores, Antonio Patriota.
"Soy la presidenta de todos los brasileños, de los que se manifestaron y de los que no se manifestaron; el mensaje directo de las calles es pacífico y democrático, reivindica un combate sistemático a la corrupción y el desvío de dinero público; todos me conocen: de eso no me aparto", subrayó Rousseff. Sin embargo, agregó, los pedidos demostraron que es necesario "oxigenar nuestro sistema político".

Para eso pidió ayuda de los dirigentes de las organizaciones sociales y políticas que participaron de las manifestaciones, a quienes afirmó que invitará al Palacio de Planalto porque "precisa su energía y creatividad" para crear mecanismos de control sobre los representantes. No obstante, volvió a fijar el límite de la discusión sobre la reforma política, al señalar que "no se puede prescindir de partidos ni del voto popular que es la base del proceso democrático".

Sin olvidar que la chispa que inició la revuelta surgió por un reclamo sobre el sistema de transporte, Rousseff afirmó que convocará a las autoridades de los diferentes distritos para implementar un plan de nacional de movilidad urbana. Pero la presidenta brasileña fue más allá y prometió un "gran pacto por los servicios públicos" que incluirá mejoras en los sistemas de salud y educación.

Por último, la presidenta brasileña aprovechó su intervención para garantizar que su país está en condiciones de realizar la Copa del Mundo de fútbol en 2014. A propósito de ello destacó "que el dinero del gobierno federal gastado en las arenas deportivas es un financiamiento que será debidamente pagado por las empresas y los gobiernos que están explotando los estadios". "Jamás permitiré que esos recursos provengan del presupuesto público federal, perjudicando a sectores prioritarios como la salud y la educación", finalizó.

un día más calmo
 Río de Janeiro: Cerca de 1000 personas marcharon ayer por el barrio Barra da Tijuca, donde, paralelamente, fueron saqueadas varias tiendas.

 Cientos de personas se congregaron luego en las puertas del edificio donde vive el gobernador carioca, Sergio Cabral, en Ipanema. Cabral pertenece al Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), aliado del oficialismo.

 Un día antes, la protesta había congregado a cerca de 300 mil personas y se produjo un choque entre grupos de manifestantes y policías que dejó 62 heridos, diez detenidos y rastros de destrucción en el centro de la ciudad.

 San Pablo: Unas 1000 personas bloquearon varias calles y avenidas, entre ellas la vía Dutra, una de las principales arterias de la metrópolis, generando atascos, lentitud y caos en el tránsito.

 Fortaleza En la ciudad donde hoy el seleccionado uruguayo de fútbol se medirá ante Tahití por la Copa de las Confederaciones, más de 3000 manifestantes participaron de la cuarta protesta de la semana en la capital de Ceará. Pedían ser recibidos por el alcalde Roberto Claudio Partido Socialista Brasileño (PSB).

 Los principales lemas de los manifestantes coreados ayer fueron: "Estatización del transporte público", "Fuera Globo" (en oposición a la poderosa red televisiva) y "Educación pública de calidad".


22.06.2013
El movimiento pase libre, promotor de las primeras protestas, decidió no participar más de las manifestaciones 
Una ONG convocante denunció infiltración 
Referentes del MPL acusaron a grupos fascistas y conservadores de aprovechar las marchas para imponer su agenda.
El Movimiento Pase Libre (MPL), principal referente de las protestas que comenzaron hace días en San Pablo contra el aumento del transporte público y que ayer culminaron con una multitudinaria manifestación en todo el país, anunció que no convocará a nuevas marchas porque identificaron sectores conservadores y "fascistas" que aprovechan los reclamos para tratar de imponer su agenda. "Apoyamos movimientos sociales que luchen por una sociedad más justa e igualitaria", aclaró Douglas Belome, uno de los líderes del espacio, quien además criticó las agresiones a militantes de partidos políticos. "El MPL es un movimiento social apartidario pero no antipartidario."

"El objetivo principal está cumplido (la suspensión en el aumento del transporte). No convocaremos ni participaremos más de manifestaciones", confirmó a la TV O Globo Lucas Monteiro, uno de los voceros del MPL. Sucede que su organización reconoció que las protestas convocadas por el grupo se convirtieron en una "revuelta popular mucho más amplia" en la que se expresan demandas que ellos no comparten.
Belome fue más concreto al referirse a la decisión. En declaraciones a la Agencia Brasil puso como ejemplo la defensa de algunos grupos a la reducción de la edad de imputabilidad penal y sostuvo que ese tipo de interferencia, entre otras, llevaron al grupo a desistir de convocar a nuevas protestas.

Rafael Siqueira, otro de los dirigentes del Movimiento, puntualizó que los infiltrados de las últimas movilizaciones pertenecían a "grupos conservadores" que defienden otras ideas, como la penalización del aborto. "Consideramos que esas propuestas no nos representan", aseveró.
Ambos referentes del MPL cuestionaron explícitamente el hostigamiento dirigido contra integrantes del gobernante Partido de los Trabajadores (PT) y otros partidos de izquierda. Esa posición había sido explicitada por el Movimiento en un comunicado difundido ayer. "Desde las primeras protestas, esas organizaciones formaron parte de la movilización." Por eso, plantear que su presencia el jueves fue parte de un acto oportunista es contradictorio. "Oportunismo es intentar excluirlos de una lucha que construimos juntos", señaló el comunicado.
Los integrantes del MPL señalaron ayer que la intención del grupo es, a partir de ahora, continuar luchando por la gratuidad de las tarifas de transporte público a través de la recolección de firmas para presentar un proyecto de ley a ese respecto.
"Ahora debemos hacer una evaluación, pero seguramente buscaremos la tarifa cero en el transporte público", detalló el dirigente Pedro Bernardo. El MPL surgió al calor de los movimientos antiglobalización que se reunieron en el Foro Social Mundial de Porto Alegre en el año 2005. 
Fuente:TiempoArgentino


21.06.2013
cadena nacional
Rousseff propone un pacto para mejorar los servicios tras las protestas
La presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, llamó a “un gran pacto en torno de la mejora de los servicios públicos” para poner fin a la serie de protestas callejeras de las últimas dos semanas, que dejaron dos muertos y más de 100 heridos, y que sólo anoche reunieron un millón de personas en unas 80 ciudades.
“Las manifestaciones de esta semana dejaron importantes lecciones; las tarifas bajaron y los reclamos de los manifestantes ganaron prioridad nacional”, dijo la mandataria en un mensaje transmitido por la cadena nacional de radio y televisión.

“Tenemos que aprovechar el vigor de las manifestaciones para producir más cambios que beneficien al conjunto de la población brasileña”, agregó, según reportó la agencia noticiosa estatal ABR.

El “gran pacto” al que convocó a gobernadores estaduales y líderes de las protestas tendrá tres ejes: la elaboración de un plan nacional de movilidad urbana que privilegie el transporte colectivo, la asignación de la totalidad de las regalías petroleras a la educación y la contratación de médicos extranjeros para ampliar la atención del Sistema Unico de Salud, explicó Rousseff.

Asimismo, la jefa del Estado volvió a respaldar a los manifestantes y remarcó que continuará combatiendo la corrupción.

“Soy la presidenta de todos los brasileños, de los que se manifestaron y de los que no se manifestaron; el mensaje directo de las calles es pacífico y democrático, reivindica un combate sistemático a la corrupción y el desvío de dinero público; todos me conocen: de eso no me aparto”, subrayó.

El discurso de la mandataria puso fin a una jornada tensa, con nuevas demostraciones callejeras -aunque bastante menos numerosas que las de los días previos-, algunos disturbios aislados y un clima de inquietud incluso dentro del propio gobierno, donde llegaron a expresarse dudas, luego despejadas, sobre la visita del papa Francisco a Río de Janeiro, programada para el mes próximo.

El día había transcurrido con reuniones continuas de Rousseff con ministros, legisladores, gobernadores y hasta el presidente de la Conferencia Nacional de Obispos, Raymundo Damasceno.

Mientras tanto, la lista de víctimas fatales, abierta anoche por un joven de 18 años atropellado intencionalmente por un automovilista particular en Ribeirao Preto, en el estado San Pablo, se amplió hoy con el fallecimiento de una barrendera de Belén, en el estado norteño Pará, que estaba internada desde ayer por haber inhalado grandes cantidades de gas lacrimógeno.

En San Pablo, más de 5.000 personas volvieron a salir a las calles, ocuparon plazas y bloquearon al menos ocho autopistas, entre ellas la Presidente Dutra, la más importante del país, que une las ciudades de Río de Janeiro y San Pablo.

En la zona oeste de Río de Janeiro protestaron unas 2.000 personas e imágenes tomadas desde el aire y emitidas por el canal TV Globo mostraron a una decena de jóvenes saqueando comercios cercanos a la favela (villa de emergencia) Ciudad de Dios.

Asimismo, personas que bloqueaban una ruta en Ribeirao Das Neves, en la periferia de Belo Horizonte -capital del estado Minas Gerais, vecino a Río de Janeiro-, quemaron un colectivo.

Más temprano, amenazas anónimas de bombas obligaron a evacuar las sedes de los ministerios de Cultura y de Medio Ambiente, en Brasilia, pero pasado el mediodía, tras la revisión de los edificios por parte de la brigada de explosivos, esos organismos recuperaron la normalidad.

En ese tenso contexto, esta mañana trascendió la preocupación sobre la visita del Papa, expresada por el secretario general de la Presidencia, Gilberto Carvalho, en una reunión a la que estaba vedado el acceso de la prensa pero cuyas palabras fueron captadas por cámaras de televisión autorizadas a tomar imágenes.

Sin embargo, una vocera del comité Organizador de la Jornada Mundial de la Juventud -que se efectuará del 23 al 28 de julio en Río con la presencia prevista de Francisco-, primero, y luego el propio Damasceno, aseguraron que no hay cambios en relación con la visita del pontífice.

Las manifestaciones se originaron a comienzos de la semana pasada en San Pablo, convocadas por el Movimiento Passe Livre (MPL) y limitadas a protestar contra el aumento de las tarifas del transporte público de pasajeros.

Pero con el correr de los días se extendieron a todo el país y a otras reivindicaciones, tales como la demanda de mayor presupuesto para la salud y la educación públicas, así como de mejor calidad de los servicios públicos, y la crítica al gasto gubernamental en la organización del mundial de fútbol del año próximo.

“El movimiento no convocará más a manifestaciones”, anunció hoy el dirigente del MPL Douglas Beloni, quien criticó que se hayan mezclado en las protestas “algunas cosas de la agenda conservadora, como el rechazo a los partidos políticos o el reclamo para reducir a menos de 18 años la edad de imputabilidad penal”.

21.06.2013
incidentes
Brasil registró otra jornada tensa, con disturbios aislados
Con algunos disturbios aislados Brasil vivió otra tensa jornada, luego de las protestas callejeras multitudinarias de los últimos días que causaron dos muertos, más de cien heridos y anoche reunieron un millón de personas en unas 80 ciudades.
El clima de inquietud se vivió incluso dentro del gobierno, con reuniones de Rousseff con sus ministros y con gobernadores; el revelado temor -luego despejado por fuentes de la Iglesia- a que las protestas afectaran la visita del papa Francisco, prevista para el mes próximo, y la evacuación de dos ministerios por falsas amenazas de bombas.

Mientras tanto, la lista de víctimas fatales, abierta anoche por un joven de 18 años atropellado intencionalmente por un automovilista particular en Ribeirao Preto, en el estado San Pablo, se amplió hoy con el fallecimiento de una barrendera de Belén, en el estado norteño Pará, que estaba internada desde ayer por haber inhalado grandes cantidades de gas lacrimógeno.

Cientos de personas impidieron esta tarde el tránsito en la autopista Presidente Dutra, la más importante del país, que une las ciudades de Río de Janeiro y San Pablo, a la altura del municipio paulista Guarulhos.

Paralelamente, imágenes tomadas desde el aire y emitidas por el canal TV Globo mostraron esta tarde a una decena de jóvenes saqueando varios comercios en la zona oeste de Río de Janeiro, a la altura de la favela (villa de emergencia) Ciudad de Dios.

Asimismo, personas que bloqueaban una ruta en Ribeirao Das Neves, en la periferia de Belo Horizonte -capital del estado Minas Gerais, vecino a Río de Janeiro-, quemaron un colectivo.

Más temprano, amenazas anónimas de bombas obligaron a evacuar las sedes de los ministerios de Cultura y de Medio Ambiente, en Brasilia, pero pasado el mediodía, tras la revisión de los edificios por parte de la brigada de explosivos, esos organismos recuperaron la normalidad.

En ese tenso contexto, esta mañana trascendió la preocupación sobre la visita del Papa, expresada por el secretario general de la Presidencia, Gilberto Carvalho, en una reunión a la que estaba vedado el acceso de la prensa pero cuyas palabras fueron captadas por cámaras de televisión autorizadas a tomar imágenes.

“Tenemos una serie de complicaciones y preocupaciones; lo que está ocurriendo puede tener reflejo en la Jornada” Mundial de la Juventud católica que se efectuará en Río de Janeiro entre el 23 y el 28 de julio, con la presencia prevista de Francisco.

“Todo va a continuar de acuerdo a lo que estaba previsto, no tenemos ningún cambio que anunciar en estos momentos”, aclaró por la tarde una vocera no identificada del Comité Organizador de la Jornada Mundial de la Juventud, citada por la agencia italiana de noticias ANSA.

Por otra parte, se reportó el fallecimiento de Cleonice Vieira de Moraes, de 54 años, quien había sido internada anoche por haber inhalado grandes cantidades de gas lacrimógeno lanzado por la policía militar para dispersar una manifestación en Belén.

En tanto, autoridades de San Pablo identificaron al empresario Alexandro Ishisato de Azevedo -que estaba prófugo- como el conductor del automóvil Land Rover negro -que fue hallado e incautado- que anoche avanzó contra un grupo de manifestantes en Ribeirao Preto y mató a Marcos Delafrante, de 18 años, e hirió a otras cuatro personas.

Las manifestaciones se originaron a comienzos de la semana pasada en San Pablo, convocadas por el Movimiento Passe Livre (MPL) y limitadas a protestar contra el aumento de las tarifas del transporte público de pasajeros.

Pero con el correr de los días se extendieron a todo el país y a otras reivindicaciones, tales como la demanda de mayor presupuesto para la salud y la educación públicas, así como de mejor calidad de los servicios públicos, y la crítica al gasto gubernamental en la organización del mundial de fútbol del año próximo.

“El movimiento no convocará más a manifestaciones”, anunció hoy el dirigente del MPL Douglas Beloni, quien criticó que se hayan mezclado en las protestas “algunas cosas de la agenda conservadora, como el rechazo a los partidos políticos o el reclamo para reducir a menos de 18 años la edad de imputabilidad penal”. 

21.06.2013
Brasil
El gobierno carioca anunció que investigará los excesos cometidos por la Policía durante la protesta
El gobierno del estado brasileño Río de Janeiro anunció que investigará los posibles excesos cometidos por sus fuerzas de seguridad en la represión de las manifestaciones multitudinarias de los últimos días.
La organización Amnistía Internacional sostuvo que la policía de Brasil “no está preparada” para actuar en protestas tan masivas.

“No vamos a proteger a la policía ni a los vándalos; hay que revisar los procedimientos y verificar los excesos, y quienes cometieron excesos tienen que ser castigados”, afirmó el gobernador de Río de Janeiro, Sérgio Cabral, en conferencia de prensa reseñada por la agencia de noticias EFE.

La protesta que congregó anoche a unas 300.000 personas en la ciudad de Río de Janeiro derivó en choques entre pequeños grupos de manifestantes y policías que dejaron 62 heridos, 10 detenidos y daños en el centro de la ciudad.

“La policía actuó como consideró que era la mejor forma de actuar; el Estado fue obligado a actuar en momentos en que se produjo un radicalismo y ocurrieron muchas cosas injustas”, dijo Cabral.

En tanto, el secretario de Seguridad Pública estadual, José Beltrame, indicó que todas las imágenes de las protestas serán analizadas para determinar si hubo excesos policiales.

“Una vez identificada la acción, será abierta una investigación para determinar si efectivamente hubo exceso; si se caracteriza el exceso, sin ninguna duda que habrá puniciones”, advirtió Beltrame.

Por otra parte, la asesora de Derechos Humanos de Amnistía Internacional en Brasil, Renata Neder, sostuvo hoy que la policía brasileña “no está preparada” para actuar en las manifestaciones multitudinarias que vienen teniendo lugar desde principios de la semana pasada en la mayoría de las ciudades del país.

El problema “claramente es una falta de preparación, de saber cuál sería el papel que debería adoptar la policía” en protestas de tal masividad como se veían en Brasil desde 1992, cuando miles de personas salieron a las calles a pedir la renuncia del presidente Fernando Collor de Mello, acusado de corrupción, dijo Neder.

“El papel de la policía no es reprimir, sino facilitar las manifestaciones pacíficas y no intentar dispersarlas”, agregó la especialista, quien consideró que “las autoridades tienen un papel importante para entrenar y formar” a los efectivos, y denunció el posible uso de armas de fuego por parte de los policías en las protestas.

21.06.2013

protestas en Brasil
Dilma Rousseff encabezaba una reunión de Gabinete de urgencia
Rousseff se reunió con sus principales ministros para discutir los efectos de las manifestaciones que se desarrollan en todo el país, y que anoche reunieron un millón de personas en unas 80 ciudades, en varias de las cuales hubo represión policial.

Según asesores presidenciales citados por el diario Folha de Sao Paulo, la presidenta quedó impresionada por los acontecimientos en Río de Janeiro y en Brasilia, donde grupos radicalizados atacaron edificios públicos.

La mandataria, se anticipó, pediría informes al ministro de Justicia, José Eduardo Cardozo, y al director de la Policía Federal, Leandro Daiello.

También durante la mañana, Dilma Rousseff analizó la situación  con el vicepresidente, Michel Temer, quien el martes canceló  e urgencia una gira que estaba realizando por Israel.

Rousseff también canceló ayer una visita oficial a Japón, que estaba agendada para la semana próxima.

Anoche la mandataria siguió los acontecimientos desde la sede el gobierno, el Palacio del Planalto, a unos 500 metros de la sede de la Cacillería, el Palacio de Itamaraty, que fue atacado por manifestantes.
Fuente:Telam

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