EL TESTIMONIO DE MARIANELA GALLI, HIJA DE ENRIQUE GALLI, EN EL JUICIO SOBRE LA ESMA
Las caídas de la agencia clandestina
Enrique Galli era marino y participó de un alzamiento en el que se denunciaban los planes represivos. Fue echado de la Marina. Integró Montoneros y pasaba información a la agencia Ancla, que conducía Rodolfo Walsh.
Por Alejandra Dandan
Marianela Galli se fue del país luego de encontrarse en un café con Astiz. Volvió, en gran parte, por los juicios.Imagen: Guadalupe Lombardo
El 12 de julio de 1977, la Marina secuestró a Enrique Galli, su mujer Patricia Flynn, su hija Marianela, de un año y medio, y a la abuela Felisa Violeta Wagner. De todo el grupo sólo sobrevivió Marianela: luego de tres días en la ESMA, la dejaron en el edificio de una tía, con una bolsa y una carta de sus padres. Sus secuestros son investigados en el juicio oral de la ESMA como parte de la avanzada de los marinos sobre Ancla, la agencia de noticias clandestina liderada por Rodolfo Walsh. Enrique Galli había estudiado en la Escuela Naval; en 1972 participó del levantamiento de un grupo de guardiamarinas peronistas que denunciaba el uso de técnicas represivas en la formación militar, y en 1974 lo expulsaron de la Armada. Integró la JP, Montoneros y pasaba información para Ancla sobre lo que ocurría dentro de la Armada.
Su hija, Marianela, ahora es socióloga. En 1998 decidió irse del país después de encontrarse con Alfredo Astiz a las tres de la mañana en la cafetería en la que trabajaba de mesera. Astiz era varias cosas: represor, todavía estaba impune y era un antiguo compañero de promoción de su padre. “Entra a tomar un café y eso lo sentí como un hecho de impunidad que me afectó bastante, y fue una de las razones por las que decidí migrar a otro país: por ese episodio y por la crisis económica”, dijo Marianela el lunes, cuando declaró en el juicio. “Una de las razones principales de mi regreso –agregó– son estos juicios.” El presidente del TOF Nº 5 le preguntó más tarde si necesitaba decir algo más. “Que espero que se condene a los represores con todo el peso de la ley”, dijo ella. “Que el Nunca más haga bien firme las condenas, que esto no perjudicó sólo a mi familia, sino a todo el pueblo argentino. Y estoy muy orgullosa de mi padre, de su lucha dentro de las Fuerzas Armadas. Que mi padre no tiene manchas de sangre en el uniforme como todos estos imputados. Y que espero justicia.”
Enrique
Enrique hizo la Escuela Naval a partir de 1968. Se graduó como parte de la “promoción 100”, que estaba integrada por personajes en el futuro mal recordados: Alfredo Astiz, Ricardo Cavallo, Carlos Guillermo Suárez Mason (hijo) y Rodolfo Oscar Cionchi. Pero también tuvo de compañeros al grupo que organizó el alzamiento de guardiamarinas, entre los que estaba Julio César Urién. Para 1971, las Fuerzas Armadas recibían en la instrucción militar las bases teóricas de la Doctrina de Seguridad Nacional y de la escuela francesa. Aprendían métodos de tortura, hacían simulacros de tomas de fábricas y, como lección, veían La Batalla de Argel, recordó Marianela en mayo de 2010, cuando se presentó a declarar en el primer tramo del juicio. “El y un grupo de compañeros estaban en desa-cuerdo con la educación que recibían, se negaban a reprimir a su propio pueblo, a la gente que reclamaba por sus derechos”, hasta “que llegó un momento en el que se agruparon, tomaron contacto con organizaciones civiles y el 17 de noviembre de 1972 se sublevan contra esas prácticas represivas”.
Durante ese “levantamiento de la ESMA”, Galli estaba en la Base Naval Puerto Belgrano en Bahía Blanca y Urién en la ESMA, que fue el epicentro. “Este grupo no tuvo el éxito esperado, pero la idea era demostrar la disconformidad con el plan sistemático y represivo que se estaba desarrollando en la Armada.”
Tras el episodio los detuvieron a todos. En 1973 los liberaron. En 1974 los expulsaron de la Armada.
En ese contexto siguieron en contacto con organizaciones populares, incluso para pensar el rol que debía darse la Armada. Ingresaron a la Juventud Peronista y Montoneros. Galli, que era una “persona algo religiosa”, tuvo contacto con los Curas del Tercer Mundo.
En mayo de 2010, y también ahora, le preguntaron a Marianela especialmente por Ancla, la serie de secuestros que están en este juicio e incluyen a Walsh. “Participó como informante en la agencia clandestina que montó Rodolfo Walsh para dar a conocer todas las atrocidades que estaba cometiendo la dictadura cívico-militar”, dijo ella. “Y él fue informante en temas relacionados con las Fuerzas Armadas. Como tenía conocimiento, él sabía cómo era adentro. Mi padre luchó tanto dentro de las Fuerzas Armadas como afuera, no paró ni un minuto; en ese sentido siempre dio lo máximo.”
En ese espacio enumeró a otros integrantes secuestrados en la ESMA, cuyos nombres empezarán a verse caso por caso en las audiencias: “A raíz de testimonios de terceros o lecturas de libros sobre este tema, supe que Sergio Tarnopolsky colaboraba en la agencia y fue secuestrado junto a toda su familia. También Lila Pastoriza. (Carlos) Bayón, colaborador de Ancla. Luis Villella, Adolfo Infante Allende y su esposa Gloria (Kehoe), que eran amigos personales de mis padres”. También, dijo, Eduardo Suárez y su esposa (Patricia Villa), y el mismo Rodolfo Walsh. La lista de víctimas de este secuestro que se trabaja en el juicio incluye a Norma Batsche Valdez y a Diana García.
Los secuestros
Patricia Flynn era profesora, trabajaba en una fábrica dando clases a personas sin escuela y militaba en la JP. Felisa era secretaria ejecutiva de una empresa que era proveedora de la Armada. El 12 de junio de 1977 estaban en la casa de ella. “Vienen dos autos con personas civiles y detienen a mi papá en la puerta. Suben al departamento y nos llevan a mi abuela Felisa Violeta Wagner, a mi papá, a mi mamá y a mí.”
A su padre lo llevaron primero a una casa operativa del Servicio de Inteligencia Naval (SIN). Luego estuvo en Capuchita. A Marianela la mandaron tres días después a la casa de su tía Mónica: como no encontraron a nadie, dejaron con el portero a la niña, con una bolsa y una carta. El portero la entregó a la comisaría. Y la comisaría, a la Casa Cuna. Finalmente, el 16 de junio, su tía la reencontró. “En esa comisaría se abrió una causa por abandono contra mi mamá, cosa que después no tuvo curso porque, obviamente, no fue abandono.”
La carta era de sus padres: ponían a la niña al cuidado de esa tía y daban las indicaciones para un tratamiento traumatológico que ella hacía por un problema en la cadera. Días más tarde, sus padres lograron llamar. Querían saber si Marianela había llegado y si había recibido la libreta de vacunas. “Ella (su tía Mónica) le contó que yo estaba bien, siguiendo con el tratamiento, que estaba en definitiva con ellos, y mi mamá le contó a mi tía que estaba embarazada. Mi tía le dijo: ‘Espero que esto pueda resolverse pronto, que puedas salir de donde estás y que puedas disfrutar de tu embarazo’. Mi mamá se echó a llorar, se cortó la comunicación y nunca más volvieron a comunicarse.”
Fuente:Pagina12
02 09 2013
TESTIMONIOS
Día 86. Fue llevado a la ESMA cuando iba a comprar figuritas
Julio tenía 10 años de edad cuando fue secuestrado con su hermano Alejandro, de 14, y su mamá Ada. Además, Elvio, el papá de los niños, también fue llevado a la ESMA. Julio y Alejandro declararon hoy. Además, dio testimonio Alfredo Infante Rodríguez, hermano de Adolfo Infante Allende y cuñado de Gloria Kehoe, desaparecidos.
Los casos de Elvio Héctor, Julio César y Alejandro Héctor Vasallo (292, 293 y 294) y de Ada Nelly de Valentín (295)
Elvio tenía 45 años y militaba en la organización Montoneros. Lo apodaban “El Tío” y “Lorenzo”. El 29 de mayo de 1977, alrededor de las 19:00 horas, fue privado ilegalmente de la libertad en la vía pública, con violencia, abuso de funciones y sin las formalidades prescriptas por la ley. Estaba a unas cuadras de su casa, en la localidad de Haedo, Provincia de Buenos Aires. El operativo estuvo a cargo de personas armadas, integrantes del Grupo de Tareas 3.3.2 de la ESMA, en forma conjunta con Fuerzas militares. Elvio fue llevado a la ESMA, donde permaneció secuestrado bajo condiciones inhumanas de vida. En el centro clandestino fue torturado y obligado a realizar trabajo esclavo. Además, fue despojado de diversos bienes de su propiedad, hechos que están siendo investigados en la causa Nº 1376/04, por el Juzgado Nacional en lo Criminal y Correccional Federal Nº 12, Secretaría 23 (juez Sergio Torres).
Ada tenía 52 años de edad y fue secuestrada con sus hijos, Julio César y Alejandro Héctor, en el domicilio familiar el mismo día que Elvio. En el operativo fue asesinado Juan Julio Roqué (caso 291) y Ada fue herida de bala. Los hermanos y su madre fueron llevados a la ESMA. Los tres fueron liberados dos semanas después. Por su parte, Elvio fue liberado en noviembre de 1979.
La declaración de Julio César Vasallo
“Hacía menos de un mes que había cumplido 10 años”, dijo el testigo al comenzar su relato. “Después del Golpe de Estado del `76 tuvimos que irnos de la Provincia de Córdoba, que es donde vivíamos, porque lo estaban persiguiendo a mi padre. Nos vinimos para Buenos Aires y luego de estar en hoteles, muchos lugares, conseguimos una casa en Haedo, ahí nos establecimos.
El secuestro de los niños
“El 29 de mayo de 1977, más o menos a las 20:30 ó 21:00 horas, estábamos en casa. Yo salí a comprar figuritas de Los autos locos a un kiosco que quedaba a 30 metros de casa, cuando dos personas entrar, uno me agarra de los brazos. No me puedo defender, me tapan la boca, me llevan a la esquina de Luis Viale, me dicen que me tranquilice, que son amigos de mi papá. Luego me pasan a una ambulancia, había una chica joven, como engrillada en la ambulancia. Me consolaba a cada rato la chica. Después empezamos a escuchar tiros, muchos disparos. Al rato, traen a mi madre, con heridas de balas en los pies. Se escuchaban explosiones muy fuertes, tremendas explosiones. Después lo traen a mi hermano. También había tanquetas, un helicóptero iluminaba la zona. La gente estaba de civil. Recuerdo un sobrenombre: `Pantera´”, relató Julio.
Los niños en la ESMA
Luego, continuó, “Ya había terminado la balacera y la explosión. Nos ponen en la parte de atrás de la ambulancia a mi hermano, a mí y a mi madre. Nos llevan a la ESMA. Le hacen unas curaciones a mi vieja. Primero nos ponen en un cuarto y después nos llevan arriba de todo el lugar, donde había una colchoneta en el piso. Yo después, con el tiempo, entiendo que a ese lugar le decían Capuchita, que es arriba de todo”.
Julio mencionó que uno de los hombres que le llevaba comida y lo trasladaba al baño se llamaba Pastor, o al menos así le decían. También contó que solamente en Capuchita podían estar sin las vendas en los ojos, y que “cuando nos llevaban al baño esta gente nos llevaba vendados, teníamos que bajar un piso por escalera y en el baño no nos sacaban la venda. Yo ni sabía dónde hacía mis cosas. Más o menos duró 30 días. Después, un día nos dicen que nos van a sacar, que nos van a llevar. Nos bajan también vendados, nos introducen en un coche. Salimos de la ESMA, el coche hace unas cuantas cuadras y se baja uno. A punta de arma para a un taxista y le ordena que lo lleva a donde nosotros pidamos. Vamos a la casa de mi tía en Morón. Eso fue. Después, hasta que lo largan a mi viejo, es largo”.
El reencuentro con el padre
“El primer contacto personal que tengo con mi viejo es en la Estación de Once, no sé cómo llegó a comunicarse con mi vieja. Fuimos a Once, lo vemos, estaba con un hombre que lo custodiaba, era militar, de sobrenombre `Oca´. Íbamos a ir a una isla e el Tigre. Subimos al coche, Ford Falcon. A las pocas cuadras tenemos un accidente. Fuimos a parar a un bar. El último que quedó mal fui yo, tuve un golpe. Ese hombre, `Oca´, llama a un superior y al rato tenemos un coche nuevo. Seguimos viaje, pero me llevan a la guardia del Hospital por el golpe que tenía. Luego fuimos al Tigre, puedo contar poco de este tema, mi hermano tiene más para contar, porque yo estuve en cama todo el tiempo, no podía ni caminar por los dolores. La segunda vez que lo veo a mi viejo es en un casa en Munro, en la calle Estado de Israel, donde había una carpintería”.
“Clarín miente”
A Julio le preguntaron si el operativo en el que fueron secuestrados fue publicado en algún medio de comunicación: “Sí, salió en Clarín”, respondió. Luego agregó: “El 30 de mayo, decía que murieron 16 extremistas en la casa, cuando solamente estábamos Roqué y nosotros. En el titular más grande miente”.
El testimonio de Alejandro Vasallo
Tenía 14 años de edad cuando fue llevado a la ESMA, cuatro más que su hermano Julio. “El 29 de mayo de 1977 sucede el operativo que nos secuestra. Mi papá hace un llamado diciendo que se iba a demorar, porque había tenido un choque con el vehículo. En eso de esperar a mi papá, mi hermano más chico sale a comprar figuritas a un kiosco que quedaba sobre la misma cuadra y no volvía. Salimos mi mamá, Lino (Roqué) y yo a ver qué pasaba. Cuando salga veo que se avalancha gente de civil. había vehículos, era una cosa terrible. A mi hermano no lo pude ver en ese momento. Ahí perdí a mi mamá y a Lino y entro a una casa medio abandonada. Me quedo en un baño, volaban pedazos de mampostería, se escuchaban helicópteros. Yo sabía que era en mi casa”, contó al comenzar su testimonio.
La ESMA
Alejandro relató los mismos hechos que su hermano y además señaló que le pusieron una capucha cuando lo subieron a la ambulancia. “Mi mamá gritando que nos iban a matar. Esa fue la parte más dolorosa para mí. Supuestamente, yo pensaba que iba a pasar esto, pasó el tiempo, no podría precisarlo, pero no fue muy largo. Bajamos en un lugar donde corría aire. Nos introducen en un lugar sin subir a ningún lado, al mismo nivel donde nos bajamos. Había gritos, era todo una locura. Lo que tenía era el oído, no veía absolutamente nada. Había muchísima gente”.
Al continuar su declaración, Alejandro dijo que “Estamos ahí un tiempito muy cortito, luego nos trasladan a un lugar que es una piecita con dos camas. Hemos subido escaleras. Estamos en un lugar con cortinas. Ahí me animé a levantar un poquito eso y mirar: se ve como un terraplén con tierra de un lado. En esa habitación había como dos camitas. Después de un par de horas nos llevan a un lugar arriba, donde había una colchoneta en el piso. Era un lugar grande. Había como manchas de sangre”.
Los ruidos del infierno
“Se escuchaba una risa en el infierno. Las risas sí me quedaron muy gravadas”, dijo Alejandro. “Mientras estuve ahí, nunca supe que era la ESMA. Más adelante, después de salir, el primero que me lo dice es mi papá.
La Isla
El relato de Alejandro sobre la Isla del Tigre coincide con el de su hermano y, tal como lo indicó Julio, Alejandro pudo contar algunas cosas que él no: “Ahí es donde hablo con mi papá, me dice que estaba medianamente bien”.
Alejandro también contó que su madre se pudo recuperar de las heridas en los pies, pero tuvo lesiones psicológicas. Además, relató que ella y su padre fueron obligados a firmar papeles mediante los que fueron despojados de sus propiedades.
“Lo que me movió y dio fuerzas para venir y estar acá son los hermanos de militancia de Córdoba, toda esa gente que tiene mucho que ver con lo que soy”, concluyó Alejandro.
Los casos de Gloria Kehoe de Infante Allende y Adolfo Vicente Infante Allende (313 y 314)
Adolfo participaba en ANCLA, Agencia de Noticias Clandestinas, y lo apodaban “Fito”. Él y Gloria fueron privados ilegalmente de la libertad, con violencia, abuso de funciones y sin las formalidades prescriptas por la ley, el 13 de junio de 1977 a la noche, en el domicilio de ambos, en la Ciudad de Buenos Aires. El operativo fue realizado por al menos siete personas vestidas de civil y armadas, quienes se movilizaban en un automóvil Chevrolet 400 y alegaron pertenecer a las Fuerzas de Seguridad.
Los dos fueron víctimas del robo de objetos de valor, que fueron trasladados en un vehículo marca Pick-Up o camioneta tipo furgón de color blanco marca Dodge o Fargo, y en un Ford Falcon verde.
Adolfo y Gloria fueron llevados a una casa perteneciente al servicio de Informaciones Navales (SIN) y luego a la ESMA, donde permanecieron bajo condiciones inhumanas de vida. Gloria fue trasladada en un vuelo de la muerte alrededor del 17 de junio de 1977 y aún permanece desaparecida. Adolfo fue trasladado en un vuelo de la muerte con Luis Villelia (315) alrededor del 6 de julio de 1977. Ambos siguen desaparecidos.
El testimonio de Alfredo Roberto Infante Rodríguez, hermano de Adolfo
“De lo que más puedo aportar es de la búsqueda de mi padre. Nosotros empezamos a vivir de manera distinta, con mucho nerviosismo y preocupación. Al poco tiempo, secuestran a mi hermano, era mi medio hermano. Allanan las oficinas donde trabajaba mi padre, nosotros vivíamos en el mismo edificio”, comenzó relatando el testigo.
“Mi padre empezó a luchar para saber algo de su hijo”, agregó Alfredo. “Yo era muy chico, recuerdo que a mi padre alguien lo llama a la madrugada, yo me enteré al día siguiente”. Alfredo tenía ocho años de edad cuando se cometieron los hechos investigados en la causa.
El padre de Alfredo murió seis años después. “Con el advenimiento de la democracia, empezaron a salir muchas cosas. A veces, hablábamos de lo que pasaba con gente que había estado desaparecida, sobre los vuelos de la muerte, ese tipo de cosas. Mi padre no pudo desligarse de ese vínculo. Se buscaba a las personas, mi padre buscaba a su hijo eternamente, al mismo tiempo privado de los recursos para hacerlo”, contó Alfredo.
Sobre Adolfo, contó que “era peronista, tengo entendido que él conocía a Rodolfo Walsh”.
Próxima audiencia
El juicio continuará el miércoles 4 de septiembre desde las 9:30 horas con más declaraciones testimoniales.
Elvio tenía 45 años y militaba en la organización Montoneros. Lo apodaban “El Tío” y “Lorenzo”. El 29 de mayo de 1977, alrededor de las 19:00 horas, fue privado ilegalmente de la libertad en la vía pública, con violencia, abuso de funciones y sin las formalidades prescriptas por la ley. Estaba a unas cuadras de su casa, en la localidad de Haedo, Provincia de Buenos Aires. El operativo estuvo a cargo de personas armadas, integrantes del Grupo de Tareas 3.3.2 de la ESMA, en forma conjunta con Fuerzas militares. Elvio fue llevado a la ESMA, donde permaneció secuestrado bajo condiciones inhumanas de vida. En el centro clandestino fue torturado y obligado a realizar trabajo esclavo. Además, fue despojado de diversos bienes de su propiedad, hechos que están siendo investigados en la causa Nº 1376/04, por el Juzgado Nacional en lo Criminal y Correccional Federal Nº 12, Secretaría 23 (juez Sergio Torres).
Ada tenía 52 años de edad y fue secuestrada con sus hijos, Julio César y Alejandro Héctor, en el domicilio familiar el mismo día que Elvio. En el operativo fue asesinado Juan Julio Roqué (caso 291) y Ada fue herida de bala. Los hermanos y su madre fueron llevados a la ESMA. Los tres fueron liberados dos semanas después. Por su parte, Elvio fue liberado en noviembre de 1979.
La declaración de Julio César Vasallo
“Hacía menos de un mes que había cumplido 10 años”, dijo el testigo al comenzar su relato. “Después del Golpe de Estado del `76 tuvimos que irnos de la Provincia de Córdoba, que es donde vivíamos, porque lo estaban persiguiendo a mi padre. Nos vinimos para Buenos Aires y luego de estar en hoteles, muchos lugares, conseguimos una casa en Haedo, ahí nos establecimos.
El secuestro de los niños
“El 29 de mayo de 1977, más o menos a las 20:30 ó 21:00 horas, estábamos en casa. Yo salí a comprar figuritas de Los autos locos a un kiosco que quedaba a 30 metros de casa, cuando dos personas entrar, uno me agarra de los brazos. No me puedo defender, me tapan la boca, me llevan a la esquina de Luis Viale, me dicen que me tranquilice, que son amigos de mi papá. Luego me pasan a una ambulancia, había una chica joven, como engrillada en la ambulancia. Me consolaba a cada rato la chica. Después empezamos a escuchar tiros, muchos disparos. Al rato, traen a mi madre, con heridas de balas en los pies. Se escuchaban explosiones muy fuertes, tremendas explosiones. Después lo traen a mi hermano. También había tanquetas, un helicóptero iluminaba la zona. La gente estaba de civil. Recuerdo un sobrenombre: `Pantera´”, relató Julio.
Los niños en la ESMA
Luego, continuó, “Ya había terminado la balacera y la explosión. Nos ponen en la parte de atrás de la ambulancia a mi hermano, a mí y a mi madre. Nos llevan a la ESMA. Le hacen unas curaciones a mi vieja. Primero nos ponen en un cuarto y después nos llevan arriba de todo el lugar, donde había una colchoneta en el piso. Yo después, con el tiempo, entiendo que a ese lugar le decían Capuchita, que es arriba de todo”.
Julio mencionó que uno de los hombres que le llevaba comida y lo trasladaba al baño se llamaba Pastor, o al menos así le decían. También contó que solamente en Capuchita podían estar sin las vendas en los ojos, y que “cuando nos llevaban al baño esta gente nos llevaba vendados, teníamos que bajar un piso por escalera y en el baño no nos sacaban la venda. Yo ni sabía dónde hacía mis cosas. Más o menos duró 30 días. Después, un día nos dicen que nos van a sacar, que nos van a llevar. Nos bajan también vendados, nos introducen en un coche. Salimos de la ESMA, el coche hace unas cuantas cuadras y se baja uno. A punta de arma para a un taxista y le ordena que lo lleva a donde nosotros pidamos. Vamos a la casa de mi tía en Morón. Eso fue. Después, hasta que lo largan a mi viejo, es largo”.
El reencuentro con el padre
“El primer contacto personal que tengo con mi viejo es en la Estación de Once, no sé cómo llegó a comunicarse con mi vieja. Fuimos a Once, lo vemos, estaba con un hombre que lo custodiaba, era militar, de sobrenombre `Oca´. Íbamos a ir a una isla e el Tigre. Subimos al coche, Ford Falcon. A las pocas cuadras tenemos un accidente. Fuimos a parar a un bar. El último que quedó mal fui yo, tuve un golpe. Ese hombre, `Oca´, llama a un superior y al rato tenemos un coche nuevo. Seguimos viaje, pero me llevan a la guardia del Hospital por el golpe que tenía. Luego fuimos al Tigre, puedo contar poco de este tema, mi hermano tiene más para contar, porque yo estuve en cama todo el tiempo, no podía ni caminar por los dolores. La segunda vez que lo veo a mi viejo es en un casa en Munro, en la calle Estado de Israel, donde había una carpintería”.
“Clarín miente”
A Julio le preguntaron si el operativo en el que fueron secuestrados fue publicado en algún medio de comunicación: “Sí, salió en Clarín”, respondió. Luego agregó: “El 30 de mayo, decía que murieron 16 extremistas en la casa, cuando solamente estábamos Roqué y nosotros. En el titular más grande miente”.
El testimonio de Alejandro Vasallo
Tenía 14 años de edad cuando fue llevado a la ESMA, cuatro más que su hermano Julio. “El 29 de mayo de 1977 sucede el operativo que nos secuestra. Mi papá hace un llamado diciendo que se iba a demorar, porque había tenido un choque con el vehículo. En eso de esperar a mi papá, mi hermano más chico sale a comprar figuritas a un kiosco que quedaba sobre la misma cuadra y no volvía. Salimos mi mamá, Lino (Roqué) y yo a ver qué pasaba. Cuando salga veo que se avalancha gente de civil. había vehículos, era una cosa terrible. A mi hermano no lo pude ver en ese momento. Ahí perdí a mi mamá y a Lino y entro a una casa medio abandonada. Me quedo en un baño, volaban pedazos de mampostería, se escuchaban helicópteros. Yo sabía que era en mi casa”, contó al comenzar su testimonio.
La ESMA
Alejandro relató los mismos hechos que su hermano y además señaló que le pusieron una capucha cuando lo subieron a la ambulancia. “Mi mamá gritando que nos iban a matar. Esa fue la parte más dolorosa para mí. Supuestamente, yo pensaba que iba a pasar esto, pasó el tiempo, no podría precisarlo, pero no fue muy largo. Bajamos en un lugar donde corría aire. Nos introducen en un lugar sin subir a ningún lado, al mismo nivel donde nos bajamos. Había gritos, era todo una locura. Lo que tenía era el oído, no veía absolutamente nada. Había muchísima gente”.
Al continuar su declaración, Alejandro dijo que “Estamos ahí un tiempito muy cortito, luego nos trasladan a un lugar que es una piecita con dos camas. Hemos subido escaleras. Estamos en un lugar con cortinas. Ahí me animé a levantar un poquito eso y mirar: se ve como un terraplén con tierra de un lado. En esa habitación había como dos camitas. Después de un par de horas nos llevan a un lugar arriba, donde había una colchoneta en el piso. Era un lugar grande. Había como manchas de sangre”.
Los ruidos del infierno
“Se escuchaba una risa en el infierno. Las risas sí me quedaron muy gravadas”, dijo Alejandro. “Mientras estuve ahí, nunca supe que era la ESMA. Más adelante, después de salir, el primero que me lo dice es mi papá.
La Isla
El relato de Alejandro sobre la Isla del Tigre coincide con el de su hermano y, tal como lo indicó Julio, Alejandro pudo contar algunas cosas que él no: “Ahí es donde hablo con mi papá, me dice que estaba medianamente bien”.
Alejandro también contó que su madre se pudo recuperar de las heridas en los pies, pero tuvo lesiones psicológicas. Además, relató que ella y su padre fueron obligados a firmar papeles mediante los que fueron despojados de sus propiedades.
“Lo que me movió y dio fuerzas para venir y estar acá son los hermanos de militancia de Córdoba, toda esa gente que tiene mucho que ver con lo que soy”, concluyó Alejandro.
Los casos de Gloria Kehoe de Infante Allende y Adolfo Vicente Infante Allende (313 y 314)
Adolfo participaba en ANCLA, Agencia de Noticias Clandestinas, y lo apodaban “Fito”. Él y Gloria fueron privados ilegalmente de la libertad, con violencia, abuso de funciones y sin las formalidades prescriptas por la ley, el 13 de junio de 1977 a la noche, en el domicilio de ambos, en la Ciudad de Buenos Aires. El operativo fue realizado por al menos siete personas vestidas de civil y armadas, quienes se movilizaban en un automóvil Chevrolet 400 y alegaron pertenecer a las Fuerzas de Seguridad.
Los dos fueron víctimas del robo de objetos de valor, que fueron trasladados en un vehículo marca Pick-Up o camioneta tipo furgón de color blanco marca Dodge o Fargo, y en un Ford Falcon verde.
Adolfo y Gloria fueron llevados a una casa perteneciente al servicio de Informaciones Navales (SIN) y luego a la ESMA, donde permanecieron bajo condiciones inhumanas de vida. Gloria fue trasladada en un vuelo de la muerte alrededor del 17 de junio de 1977 y aún permanece desaparecida. Adolfo fue trasladado en un vuelo de la muerte con Luis Villelia (315) alrededor del 6 de julio de 1977. Ambos siguen desaparecidos.
El testimonio de Alfredo Roberto Infante Rodríguez, hermano de Adolfo
“De lo que más puedo aportar es de la búsqueda de mi padre. Nosotros empezamos a vivir de manera distinta, con mucho nerviosismo y preocupación. Al poco tiempo, secuestran a mi hermano, era mi medio hermano. Allanan las oficinas donde trabajaba mi padre, nosotros vivíamos en el mismo edificio”, comenzó relatando el testigo.
“Mi padre empezó a luchar para saber algo de su hijo”, agregó Alfredo. “Yo era muy chico, recuerdo que a mi padre alguien lo llama a la madrugada, yo me enteré al día siguiente”. Alfredo tenía ocho años de edad cuando se cometieron los hechos investigados en la causa.
El padre de Alfredo murió seis años después. “Con el advenimiento de la democracia, empezaron a salir muchas cosas. A veces, hablábamos de lo que pasaba con gente que había estado desaparecida, sobre los vuelos de la muerte, ese tipo de cosas. Mi padre no pudo desligarse de ese vínculo. Se buscaba a las personas, mi padre buscaba a su hijo eternamente, al mismo tiempo privado de los recursos para hacerlo”, contó Alfredo.
Sobre Adolfo, contó que “era peronista, tengo entendido que él conocía a Rodolfo Walsh”.
Próxima audiencia
El juicio continuará el miércoles 4 de septiembre desde las 9:30 horas con más declaraciones testimoniales.
04 09 2013
TESTIMONIOS
Día 87. Nacer en la ESMA: "Soy hijo de desaparecidos", declaró Emiliano Hueravilo
Su mamá, Mirta Alonso Blanco, y su papá, Oscar, fueron trasladados en los vuelos de la muerte y sus cuerpos siguen desaparecidos. Emiliano nació en la ESMA y luego fue recuperado por sus abuelos, tras haber sido abandonado por los represores. En la audiencia de hoy también declaró Walter, sobrino de Mirta Grosso, quien sigue desaparecida.
Los casos de Mirta Mónica Alonso Blanco de Hueravilo, Oscar Lautaro Hueravilo y Emilio Lautaro Hueravilo (285, 286 y 348)
Los dos militaban en el Partido Comunista. Fueron privados ilegalmente de la libertad, con violencia, abuso de funciones y sin las formalidades prescriptas por la ley el 19 de mayo de 1977. A ella la secuestraron en el sepelio del abuelo de Oscar, en la Ciudad de Buenos Aires. Ella tenía 23 años de edad y estaba embarazada de seis meses. A Oscar lo secuestraron de madrugada en su domicilio. Ambos fueron llevados a la ESMA, donde permanecieron en cautiverio bajo condiciones inhumanas de vida, y donde nació el hijo de ambos, el 11 de agosto de 1977. Mirta lo marcó en una oreja con una aguja caliente para facilitar que pudiera ser reconocido y le colocó una tirita en la muñeca, que decía “Lautaro”. El parto fue presenciado por Nilda Orazi (266). El niño fue hallado por su abuela en un orfanato de la Ciudad de Buenos Aires, a los cuatro meses de vida.
A Oscar lo apodaban “Carlos”. Fue trasladado en un vuelo de la muerte antes del nacimiento de su hijo y Mirta unos días después. A ella la llamaban “Mónica”. Ambos siguen desaparecidos.
El testimonio de Oscar Eusebio Hueravilo, padre de Oscar
“Mi hijo tenía 22 años. Estudiaba en la Facultad de Derecho, tenía tres años cursados y trabajaba como empleado en una empresa grande. El delito fue que era militante político y sindical, a pesar de su juventud. Lo secuestraron el 19 de mayo de 1977 en Palermo”, relató el testigo, quien contó que se enteró de los hechos, “porque frente al departamento había una obra grande en construcción, entonces estaba el sereno, quien sintió mucho movimiento de coches, gente y por eso miró. Miró todo bien, vio gente con armas largas, eran todos Ford Falcon sin chapa”. Luego agregó que “desde el primer momento, inclusive nosotros sospechamos que era un Grupo de Tareas de Alfredo Astiz”.
El embarazo de Mirta
“El 13 de diciembre de 1977, en el noticiero de las 10:00, Radio Mitre comentó sobre un niño que habían dejado abandonado con ropa de calidad, chiches de calidad y que lo veían bien, tenía cuatro meses de vida. Pedían que se presenten los familiares interesados”, contó Oscar. “La noticia fue tremenda para nosotros. Fuimos directamente a hablar con el Director del Hospital. Nos presentamos ahí. Estaba de turno una Directora. Éramos como 15 personas y mi señora estaba enloquecida por querer ver a su nieto. La Directora fue muy firme y dijo que no podía mostrar al bebé, pero que la noticia era cierta. Le pedimos que nos lo mostrara aunque sea de lejos. Ella dijo que recién al otro día a las 8:00. Esa noche volvimos a la casa, permanecimos comiendo algo, con amigos, gente que se solidarizaba con nosotros. En vez de a las 8:00, a las 6:00 de la mañana estábamos ahí. Me fui al kiosco, compré todos los diarios que sacaban la noticia. Recién ahí atendió el Director de turno. Otra vez tuvimos que esperar. Nos mandaron al Tribunal a hablar con la Dra. Servini de Cubría. Tenía un papel que decía todo el nombre y apellido, el nacimiento completo, pero legalmente era un don nadie”, agregó.
El papel decía que “había nacido el 11 de agosto, que tenía cuatro meses de vida y que la madre le puso el nombre de Emiliano Lautaro Hueravilo Alonso”, narró el testigo, y contó que cuando recibieron al niño vieron que tenía una marca en la oreja: “tuvo la valentía, ella le puso el nombre completo, además tuvo la fuerza, le hizo una seña en la oreja al hijo”, dijo sobre Mirta. Finalmente, el bebé fue entregado a sus abuelos en el Hospital Elizalde, ex Casa Cuna.
“Mi señora, mi nieto y yo somos todos afectados. A pesar de que ha demorado la justicia, tenemos fe y ojalá un día sepamos que hay verdad”, dijo Oscar al concluir su declaración testimonial.
El testimonio de Emiliano Lautaro Hueravilo Alonso (348)
“Yo soy hijo de desaparecidos”, así empezó su testimonio. “Mi mamá, Mirta Mónica de Hueravilo, mi papá, Oscar Lautaro Hueravilo. Ellos fueron secuestrados el 19 de mayo de 1977. Los relatos del secuestro de mis padres fueron cuestiones que me contaron mis abuelas, después hubo investigaciones personales y hechos con otros compañeros. A mi mamá la secuestran estando en el velatorio de su abuelo. Mi mamá estaba embarazada de seis meses de mí”, agregó.
“Yo nazco en la ESMA. Soy parte de la querella por mi secuestro”, sostuvo Emiliano, quien se refirió a las condiciones inhumanas del cautiverio, impropias para un parto: no hay cuestiones higiénicas, no hay personal de salud, estaba engrillada. Mi mamá daba a luz ahí. En ese momento daba a luz ahí. Mi mamá me hace una marca en la oreja izquierda con un alfiler, una aguja, me marca la oreja diciendo recuperarme. Había un plan sistemático planteado desde la dictadura militar, que se estaba apropiando de los hijos de los desaparecidos. En ese momento mi mamá me hace esa marca, ya se sabía que el hijo de Mirta y Oscar tenía una marca. Eso de la sensación de que en mi caso particular tenía una marca particular para poder recuperar a mis familiares. Yo estoy en la ESMA con mi mamá más o menos 22 días”, relató Emiliano.
Contó que a su mamá la torturaron cuando estaba embarazada en la ESMA y que “no tengo certeza de cuándo pude haber nacido. Las certezas las tienen los genocidas que están acusados hoy acá”.
El derecho a la identidad
Emiliano declaró que fue entregado a sus abuelos el 14 de diciembre de 1977. “Entre mi nacimiento y eso, no sé a dónde estuve. Mis abuelos no saben, yo menos. Como persona quiero saber. Y quiero saber también por mi hija”.
En esta línea, sostuvo que el Estado terrorista lo tuvo como “NN”, dado que recién en 1980 pudo tener su documento de identidad, tras un juicio. “Mis padres eran trabajadores, primero militantes. Mi mamá tenía 23 años, mi papá 22. Los dos eran militantes del PC argentino. Pensaban y militaban para pensar un país distinto, por la solidaridad, pensaban que podíamos generar otra cosa, y también tener a estos genocidas en un Tribunal para poder hacerles un juicio y generar juicio y castigo”, dijo Emiliano.
“De mi parte y mi familia, pedimos juicio y castigo, y que estos reos sean condenados a prisión perpetua en cárcel común”, concluyó.
El caso de Mirta Grosso (nro. 65)
Fue privada ilegalmente de su libertad, con violencia, abuso de funciones y sin las formalidades prescriptas por la ley el 16 de agosto de 1976 en su domicilio en la Ciudad de Buenos Aires. El operativo fue realizado por integrantes del Grupo de Tareas 3.3.2. Mirta fue llevada a la ESMA, donde permaneció en cautiverio bajo condiciones inhumanas de vida, y sigue desaparecida.
El testimonio de Walter Marcelo Grosso, sobrino de Mirta
“Lo que sé no lo presencié, lo sé por comentarios y por una cuestión familiar, nos fuimos enterando”, así comenzó el relato del testigo. “Mirta vivía en un edificio en la calle Oro, casi Santa Fe. Era un domicilio al que yo solía concurrir de chico, porque Mirta era una mujer soltera y tenía una debilidad, que eran los sobrinos. Éramos varios, entre los cuales me incluyo, nos llevaba al cine, teatro, muchos lugares de baile. Lo que yo puedo contar es que aproximadamente en el mes de agosto de 1976, Mirta aparece en la casa de una de sus hermanas, Thelma, asustadísima, porque había ocurrido un hecho muy violento en el mismo piso en el que vivía ella. Vivían unas amigas de ella, que siempre recuerdo como Norma (Díaz, caso 66) y Beti (Díaz, hermana de Norma). Creo que una de ellas ya no vivía en el departamento. Lo que contó Mirta es esa oportunidad es que una amiga le había dicho que ella se iba a ir unos días y se iba a quedar un matrimonio con un nene. Una noche, mientras Mirta estaba en su casa, irrumpió una Fuerza de Seguridad y hubo un aparente tiroteo en el departamento. Lo que yo me enteré es que murieron los dos integrantes del matrimonio y que había una criatura, que se la llevaron”.
De este modo, el testigo se refirió a los casos de Esperanza Cacabelos (50), Edgardo (51) y Gerardo Salcedo, hijo de ambos.
Según el relato de Walter, a mediados de agosto, Mirta volvió a su departamento y fue secuestrada. “A partir de ahí no sabemos nada. Hay una mención sobre Coordinación Federal, creo que porque había una faja en el departamento que decía eso, pero no lo puedo asegurar. Mi padre, su hermano, y mi cuñado hicieron gestiones. Yo no puedo saber dónde, porque a partir de la detención de Mirta mi familia entró en una situación de terror.
Masacre de Fátima
Este hecho fue cometido el 20 de agosto de 1976, por eso, la familia de Mirta pensó que una posibilidad era que ella hubiera sido una de las víctimas. “Como en la Masacre de Fátima había muertos de Coordinación Federal, aparece la posibilidad de que Mirta pudiera haber muerto ahí. Parecía como que en la familia esto permitió cerrar algo. Nunca creí que estuviera muerta ahí. Creo que quedan dos cadáveres por reconocer”, contó el testigo.
Mirta
Era fotógrafa, “muy buena fotógrafa”, según su sobrino Walter. Trabajaba en una Clínica Psiquiátrica en Belgrano. Militaba en la Juventud Peronista. “Cuando íbamos a visitarla hablaba mucho de política, del peronismo”.
Próxima audiencia
El juicio continuará el jueves 5 de septiembre desde las 9:30 horas con más declaraciones testimoniales.
Los dos militaban en el Partido Comunista. Fueron privados ilegalmente de la libertad, con violencia, abuso de funciones y sin las formalidades prescriptas por la ley el 19 de mayo de 1977. A ella la secuestraron en el sepelio del abuelo de Oscar, en la Ciudad de Buenos Aires. Ella tenía 23 años de edad y estaba embarazada de seis meses. A Oscar lo secuestraron de madrugada en su domicilio. Ambos fueron llevados a la ESMA, donde permanecieron en cautiverio bajo condiciones inhumanas de vida, y donde nació el hijo de ambos, el 11 de agosto de 1977. Mirta lo marcó en una oreja con una aguja caliente para facilitar que pudiera ser reconocido y le colocó una tirita en la muñeca, que decía “Lautaro”. El parto fue presenciado por Nilda Orazi (266). El niño fue hallado por su abuela en un orfanato de la Ciudad de Buenos Aires, a los cuatro meses de vida.
A Oscar lo apodaban “Carlos”. Fue trasladado en un vuelo de la muerte antes del nacimiento de su hijo y Mirta unos días después. A ella la llamaban “Mónica”. Ambos siguen desaparecidos.
El testimonio de Oscar Eusebio Hueravilo, padre de Oscar
“Mi hijo tenía 22 años. Estudiaba en la Facultad de Derecho, tenía tres años cursados y trabajaba como empleado en una empresa grande. El delito fue que era militante político y sindical, a pesar de su juventud. Lo secuestraron el 19 de mayo de 1977 en Palermo”, relató el testigo, quien contó que se enteró de los hechos, “porque frente al departamento había una obra grande en construcción, entonces estaba el sereno, quien sintió mucho movimiento de coches, gente y por eso miró. Miró todo bien, vio gente con armas largas, eran todos Ford Falcon sin chapa”. Luego agregó que “desde el primer momento, inclusive nosotros sospechamos que era un Grupo de Tareas de Alfredo Astiz”.
El embarazo de Mirta
“El 13 de diciembre de 1977, en el noticiero de las 10:00, Radio Mitre comentó sobre un niño que habían dejado abandonado con ropa de calidad, chiches de calidad y que lo veían bien, tenía cuatro meses de vida. Pedían que se presenten los familiares interesados”, contó Oscar. “La noticia fue tremenda para nosotros. Fuimos directamente a hablar con el Director del Hospital. Nos presentamos ahí. Estaba de turno una Directora. Éramos como 15 personas y mi señora estaba enloquecida por querer ver a su nieto. La Directora fue muy firme y dijo que no podía mostrar al bebé, pero que la noticia era cierta. Le pedimos que nos lo mostrara aunque sea de lejos. Ella dijo que recién al otro día a las 8:00. Esa noche volvimos a la casa, permanecimos comiendo algo, con amigos, gente que se solidarizaba con nosotros. En vez de a las 8:00, a las 6:00 de la mañana estábamos ahí. Me fui al kiosco, compré todos los diarios que sacaban la noticia. Recién ahí atendió el Director de turno. Otra vez tuvimos que esperar. Nos mandaron al Tribunal a hablar con la Dra. Servini de Cubría. Tenía un papel que decía todo el nombre y apellido, el nacimiento completo, pero legalmente era un don nadie”, agregó.
El papel decía que “había nacido el 11 de agosto, que tenía cuatro meses de vida y que la madre le puso el nombre de Emiliano Lautaro Hueravilo Alonso”, narró el testigo, y contó que cuando recibieron al niño vieron que tenía una marca en la oreja: “tuvo la valentía, ella le puso el nombre completo, además tuvo la fuerza, le hizo una seña en la oreja al hijo”, dijo sobre Mirta. Finalmente, el bebé fue entregado a sus abuelos en el Hospital Elizalde, ex Casa Cuna.
“Mi señora, mi nieto y yo somos todos afectados. A pesar de que ha demorado la justicia, tenemos fe y ojalá un día sepamos que hay verdad”, dijo Oscar al concluir su declaración testimonial.
El testimonio de Emiliano Lautaro Hueravilo Alonso (348)
“Yo soy hijo de desaparecidos”, así empezó su testimonio. “Mi mamá, Mirta Mónica de Hueravilo, mi papá, Oscar Lautaro Hueravilo. Ellos fueron secuestrados el 19 de mayo de 1977. Los relatos del secuestro de mis padres fueron cuestiones que me contaron mis abuelas, después hubo investigaciones personales y hechos con otros compañeros. A mi mamá la secuestran estando en el velatorio de su abuelo. Mi mamá estaba embarazada de seis meses de mí”, agregó.
“Yo nazco en la ESMA. Soy parte de la querella por mi secuestro”, sostuvo Emiliano, quien se refirió a las condiciones inhumanas del cautiverio, impropias para un parto: no hay cuestiones higiénicas, no hay personal de salud, estaba engrillada. Mi mamá daba a luz ahí. En ese momento daba a luz ahí. Mi mamá me hace una marca en la oreja izquierda con un alfiler, una aguja, me marca la oreja diciendo recuperarme. Había un plan sistemático planteado desde la dictadura militar, que se estaba apropiando de los hijos de los desaparecidos. En ese momento mi mamá me hace esa marca, ya se sabía que el hijo de Mirta y Oscar tenía una marca. Eso de la sensación de que en mi caso particular tenía una marca particular para poder recuperar a mis familiares. Yo estoy en la ESMA con mi mamá más o menos 22 días”, relató Emiliano.
Contó que a su mamá la torturaron cuando estaba embarazada en la ESMA y que “no tengo certeza de cuándo pude haber nacido. Las certezas las tienen los genocidas que están acusados hoy acá”.
El derecho a la identidad
Emiliano declaró que fue entregado a sus abuelos el 14 de diciembre de 1977. “Entre mi nacimiento y eso, no sé a dónde estuve. Mis abuelos no saben, yo menos. Como persona quiero saber. Y quiero saber también por mi hija”.
En esta línea, sostuvo que el Estado terrorista lo tuvo como “NN”, dado que recién en 1980 pudo tener su documento de identidad, tras un juicio. “Mis padres eran trabajadores, primero militantes. Mi mamá tenía 23 años, mi papá 22. Los dos eran militantes del PC argentino. Pensaban y militaban para pensar un país distinto, por la solidaridad, pensaban que podíamos generar otra cosa, y también tener a estos genocidas en un Tribunal para poder hacerles un juicio y generar juicio y castigo”, dijo Emiliano.
“De mi parte y mi familia, pedimos juicio y castigo, y que estos reos sean condenados a prisión perpetua en cárcel común”, concluyó.
El caso de Mirta Grosso (nro. 65)
Fue privada ilegalmente de su libertad, con violencia, abuso de funciones y sin las formalidades prescriptas por la ley el 16 de agosto de 1976 en su domicilio en la Ciudad de Buenos Aires. El operativo fue realizado por integrantes del Grupo de Tareas 3.3.2. Mirta fue llevada a la ESMA, donde permaneció en cautiverio bajo condiciones inhumanas de vida, y sigue desaparecida.
El testimonio de Walter Marcelo Grosso, sobrino de Mirta
“Lo que sé no lo presencié, lo sé por comentarios y por una cuestión familiar, nos fuimos enterando”, así comenzó el relato del testigo. “Mirta vivía en un edificio en la calle Oro, casi Santa Fe. Era un domicilio al que yo solía concurrir de chico, porque Mirta era una mujer soltera y tenía una debilidad, que eran los sobrinos. Éramos varios, entre los cuales me incluyo, nos llevaba al cine, teatro, muchos lugares de baile. Lo que yo puedo contar es que aproximadamente en el mes de agosto de 1976, Mirta aparece en la casa de una de sus hermanas, Thelma, asustadísima, porque había ocurrido un hecho muy violento en el mismo piso en el que vivía ella. Vivían unas amigas de ella, que siempre recuerdo como Norma (Díaz, caso 66) y Beti (Díaz, hermana de Norma). Creo que una de ellas ya no vivía en el departamento. Lo que contó Mirta es esa oportunidad es que una amiga le había dicho que ella se iba a ir unos días y se iba a quedar un matrimonio con un nene. Una noche, mientras Mirta estaba en su casa, irrumpió una Fuerza de Seguridad y hubo un aparente tiroteo en el departamento. Lo que yo me enteré es que murieron los dos integrantes del matrimonio y que había una criatura, que se la llevaron”.
De este modo, el testigo se refirió a los casos de Esperanza Cacabelos (50), Edgardo (51) y Gerardo Salcedo, hijo de ambos.
Según el relato de Walter, a mediados de agosto, Mirta volvió a su departamento y fue secuestrada. “A partir de ahí no sabemos nada. Hay una mención sobre Coordinación Federal, creo que porque había una faja en el departamento que decía eso, pero no lo puedo asegurar. Mi padre, su hermano, y mi cuñado hicieron gestiones. Yo no puedo saber dónde, porque a partir de la detención de Mirta mi familia entró en una situación de terror.
Masacre de Fátima
Este hecho fue cometido el 20 de agosto de 1976, por eso, la familia de Mirta pensó que una posibilidad era que ella hubiera sido una de las víctimas. “Como en la Masacre de Fátima había muertos de Coordinación Federal, aparece la posibilidad de que Mirta pudiera haber muerto ahí. Parecía como que en la familia esto permitió cerrar algo. Nunca creí que estuviera muerta ahí. Creo que quedan dos cadáveres por reconocer”, contó el testigo.
Mirta
Era fotógrafa, “muy buena fotógrafa”, según su sobrino Walter. Trabajaba en una Clínica Psiquiátrica en Belgrano. Militaba en la Juventud Peronista. “Cuando íbamos a visitarla hablaba mucho de política, del peronismo”.
Próxima audiencia
El juicio continuará el jueves 5 de septiembre desde las 9:30 horas con más declaraciones testimoniales.
06 09 2013 | TESTIMONIOS
Día 88. “Esto es muy reparador: están haciendo justicia”, dijo la hermana de dos desaparecidas
Fueron las palabras de Gabriela Yankilevich al concluir su declaración testimonial por los casos de sus hermanas Patricia y Claudia, y sus cuñados Daniel Schapira y Eduardo Said, también desaparecidos. Además, declaró Raúl Horacio Pourtale por el caso de Conrado Gómez, desaparecido.
El testimonio de Gabriela Yankilevich, hermana de Claudia Inés y cuñada de Jaime Eduardo Said (caso 139)
Jaime Eduardo Said era abogado, funcionario de la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires y docente del Colegio Carlos Pellegrini. Estaba casado con Claudia Inés Yankilevich, quien también está desaparecida. El 24 de noviembre de 1976, él fue privado ilegalmente de la libertad, con violencia, abuso de funciones y sin las formalidades prescriptas por la ley, aproximadamente a las 19:30 horas. Fue llevado a la ESMA, donde permaneció en cautiverio bajo condiciones inhumanas de vida, identificado con el número 102. Desde entonces, sigue desaparecido.
“Soy la menor de tres hermanas, la mayor era Claudia Inés Yankilevich, quien desaparece el 4 de octubre del ´78. Estaba casad con Eduardo Said, quien desaparece el 24 de noviembre de 1976. Mi otra hermana desaparece… y mi cuñado también…”, relató Gabriela.
“Patricia estaba embarazada de tres meses cuando desaparecen a su marido. Se van a vivir juntas cuando desaparecen sus maridos. El 4 de octubre del `78. Mi hermana mayor, Claudia, se va a la verdulería y desaparece. A mi hermana la secuestran en la puerta de su casa. Esos datos fueron recaudados por mi madre cuando empezó la búsqueda de ella”, contó Gabriela, quien agregó que “una vecina fue testigo y mi hermana le quiso dar a su hijo en los brazos, pero un militar le pegó en la cabeza con su arma”.
Maggio
“En la casa de ellas también conocí a Horacio Maggio, que luego me enteré era un escapado de la ESMA. Cuando me encontré con él, me dijo que tuvo conocimiento de que mis dos cuñados estuvieron en la ESMA, que lo vio a Daniel (Schapira, caso nro. 265), quien sufría un problema de salud debido a la tortura a la que fue sometido”, contó Gabriela.
Encontrar al bebé
“Mi madre hizo la presentación del hábeas corpus y demás, buscándolas a mis hermanas y mis sobrinos. A mi sobrino lo recuperamos a la semana, se lo entregaron a mi mamá y a Linda Cohen de Said en el Patronato de Menores de San Martín. Daniel (Schapira hijo) la reconoce inmediatamente a mi mamá. Luego le dicen que no se lo pueden entregar, porque no había llevado la partida de nacimiento para probar que era la abuela. Linda va a buscar la libreta matrimonial a mi casa. Mi mamá dijo que firmaba lo que fuera, pero que se lo entregaran. La jueza lo entregó y desde ese día está con nosotros. Ahora tiene 35 años y vive con migo”, relató la testigo.
La militancia
Patricia tenía 25 años de edad, estudiaba Psicología y militaba en la Juventud Peronista, con Claudia, quien tenía 26 años y estudiaba Sociología. Daniel militaba en la Juventud Universitaria Peronista y estudiaba abogacía. Eduardo era abogado gremial.
“Esto es muy reparador: están haciendo justicia”, dijo la testigo al concluir su declaración.
El caso de Conrado Gómez (181)
El 10 de enero de 1977, alrededor de las 7:00 de la mañana, fue privado ilegalmente de la libertad, con violencia, abuso de funciones y sin las formalidades prescriptas por la ley. El operativo fue hecho por integrantes del Grupo de Tareas 3.3.2, vestidos de civil y armados. El secuestro se produjo en el lugar de trabajo de Conrado.
Entre los objetivos del operativo estaba el de capturar al sector de finanzas de la organización Montoneros y apropiarse de los bienes de Gómez, entre otros. Alrededor de las 16:00, Gómez fue llevado a la ESMA, donde permaneció en cautiverio bajo condiciones inhumanas de vida, al menos hasta el 25 de marzo de 1977. Sigue desaparecido.
El testimonio de Raúl Horacio Pourtale, cuñado de Rubén Tomás Beunza (vinculado a Gómez)
El testigo narró que fue a la oficina de Gómez y que al tocar el timbre “me abren la puerta, me toman los brazos y voy a parar al suelo. Me tienen las manos, recuerdo sólo la caída. Me dio la impresión de que había un montón de gente. En ese momento, alcancé a ver dos siluetas de personas bien grandes con armas de fuego. Lo que recuerdo es que la persona que me agarraba del brazo estaba vestida de sport. No alcancé a verlo. Enseguida me apabullaron a preguntas, me vaciaron los bolsillos. Todo lo que tenía en el bolsillo me lo sacaron, el sobre que llevaba, preguntaban para qué había ido, si conocía a Conrado Gómez. Dije que no. Luego de eso, me dijeron que no abriera los ojos. Les dije que ni se me ocurriría. Yo soy de la Ciudad de La Plata, habíamos tenido represión. Me dijeron que eran de la División de Narcotráfico. Expliqué por qué había ido… no sabía quién era Conrado Gómez. Ahí me sientan y me vendan. Tenía los ojos cerrados. Iban y venían. No sé cuánto tiempo pasó. Se decían: `No lo conoce´. Me guardan las cosas en el bolsillo y la persona que me acompaña hasta la puerta me dice: `Pibe, vos no sabés la suerte que tenés´. Yo tenía 22 años”, relató el testigo.
Este testimonio está vinculado a la causa en la que se investiga el robo de bienes a detenidos-desaparecidos en la ESMA. Son declaraciones que se toman por anticipado, aprovechando la concurrencia de los testigos al juicio.
Próxima audiencia
El juicio continuará el lunes 9 de septiembre desde las 9:30 horas con más declaraciones testimoniales.
Jaime Eduardo Said era abogado, funcionario de la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires y docente del Colegio Carlos Pellegrini. Estaba casado con Claudia Inés Yankilevich, quien también está desaparecida. El 24 de noviembre de 1976, él fue privado ilegalmente de la libertad, con violencia, abuso de funciones y sin las formalidades prescriptas por la ley, aproximadamente a las 19:30 horas. Fue llevado a la ESMA, donde permaneció en cautiverio bajo condiciones inhumanas de vida, identificado con el número 102. Desde entonces, sigue desaparecido.
“Soy la menor de tres hermanas, la mayor era Claudia Inés Yankilevich, quien desaparece el 4 de octubre del ´78. Estaba casad con Eduardo Said, quien desaparece el 24 de noviembre de 1976. Mi otra hermana desaparece… y mi cuñado también…”, relató Gabriela.
“Patricia estaba embarazada de tres meses cuando desaparecen a su marido. Se van a vivir juntas cuando desaparecen sus maridos. El 4 de octubre del `78. Mi hermana mayor, Claudia, se va a la verdulería y desaparece. A mi hermana la secuestran en la puerta de su casa. Esos datos fueron recaudados por mi madre cuando empezó la búsqueda de ella”, contó Gabriela, quien agregó que “una vecina fue testigo y mi hermana le quiso dar a su hijo en los brazos, pero un militar le pegó en la cabeza con su arma”.
Maggio
“En la casa de ellas también conocí a Horacio Maggio, que luego me enteré era un escapado de la ESMA. Cuando me encontré con él, me dijo que tuvo conocimiento de que mis dos cuñados estuvieron en la ESMA, que lo vio a Daniel (Schapira, caso nro. 265), quien sufría un problema de salud debido a la tortura a la que fue sometido”, contó Gabriela.
Encontrar al bebé
“Mi madre hizo la presentación del hábeas corpus y demás, buscándolas a mis hermanas y mis sobrinos. A mi sobrino lo recuperamos a la semana, se lo entregaron a mi mamá y a Linda Cohen de Said en el Patronato de Menores de San Martín. Daniel (Schapira hijo) la reconoce inmediatamente a mi mamá. Luego le dicen que no se lo pueden entregar, porque no había llevado la partida de nacimiento para probar que era la abuela. Linda va a buscar la libreta matrimonial a mi casa. Mi mamá dijo que firmaba lo que fuera, pero que se lo entregaran. La jueza lo entregó y desde ese día está con nosotros. Ahora tiene 35 años y vive con migo”, relató la testigo.
La militancia
Patricia tenía 25 años de edad, estudiaba Psicología y militaba en la Juventud Peronista, con Claudia, quien tenía 26 años y estudiaba Sociología. Daniel militaba en la Juventud Universitaria Peronista y estudiaba abogacía. Eduardo era abogado gremial.
“Esto es muy reparador: están haciendo justicia”, dijo la testigo al concluir su declaración.
El caso de Conrado Gómez (181)
El 10 de enero de 1977, alrededor de las 7:00 de la mañana, fue privado ilegalmente de la libertad, con violencia, abuso de funciones y sin las formalidades prescriptas por la ley. El operativo fue hecho por integrantes del Grupo de Tareas 3.3.2, vestidos de civil y armados. El secuestro se produjo en el lugar de trabajo de Conrado.
Entre los objetivos del operativo estaba el de capturar al sector de finanzas de la organización Montoneros y apropiarse de los bienes de Gómez, entre otros. Alrededor de las 16:00, Gómez fue llevado a la ESMA, donde permaneció en cautiverio bajo condiciones inhumanas de vida, al menos hasta el 25 de marzo de 1977. Sigue desaparecido.
El testimonio de Raúl Horacio Pourtale, cuñado de Rubén Tomás Beunza (vinculado a Gómez)
El testigo narró que fue a la oficina de Gómez y que al tocar el timbre “me abren la puerta, me toman los brazos y voy a parar al suelo. Me tienen las manos, recuerdo sólo la caída. Me dio la impresión de que había un montón de gente. En ese momento, alcancé a ver dos siluetas de personas bien grandes con armas de fuego. Lo que recuerdo es que la persona que me agarraba del brazo estaba vestida de sport. No alcancé a verlo. Enseguida me apabullaron a preguntas, me vaciaron los bolsillos. Todo lo que tenía en el bolsillo me lo sacaron, el sobre que llevaba, preguntaban para qué había ido, si conocía a Conrado Gómez. Dije que no. Luego de eso, me dijeron que no abriera los ojos. Les dije que ni se me ocurriría. Yo soy de la Ciudad de La Plata, habíamos tenido represión. Me dijeron que eran de la División de Narcotráfico. Expliqué por qué había ido… no sabía quién era Conrado Gómez. Ahí me sientan y me vendan. Tenía los ojos cerrados. Iban y venían. No sé cuánto tiempo pasó. Se decían: `No lo conoce´. Me guardan las cosas en el bolsillo y la persona que me acompaña hasta la puerta me dice: `Pibe, vos no sabés la suerte que tenés´. Yo tenía 22 años”, relató el testigo.
Este testimonio está vinculado a la causa en la que se investiga el robo de bienes a detenidos-desaparecidos en la ESMA. Son declaraciones que se toman por anticipado, aprovechando la concurrencia de los testigos al juicio.
Próxima audiencia
El juicio continuará el lunes 9 de septiembre desde las 9:30 horas con más declaraciones testimoniales.
09 09 2013
TESTIMONIOS
Día 89. Declaró una hija de desaparecidos que se fue del país por la impunidad y volvió por los juicios
Marianela Galli tenía un año y cuatro meses de edad cuando llevada a la ESMA con su mamá embarazada, su papá y su abuela, quienes siguen desaparecidos. Además, dieron testimonio Silvia del Cerro, por la desaparición forzada de Jorge Badillo, su marido, y los sobrevivientes Fernando Kron y Silvia Wikinsky.
La familia Galli
Mario Guillermo Enrique Galli (312) fue guardiamarina y participó en el levantamiento del 17 de noviembre de 1972, organizado por estudiantes de las Fuerzas Armadas que disentían con el rumbo represivo que éstas estaban tomando. En este sentido, un hecho clave fue la Masacre de Trelew, el 22 de agosto de ese año. Mario fue detenido por el levantamiento y expulsado de la Fuerza por María Estela Martínez de Perón. Luego fue liberado por una amnistía firmada por Héctor Cámpora y pasó a disponibilidad. Tras su liberación, se fortalece su participación en Montoneros, donde era apodado "José". Patricia también fue parte de la Organización.
El domingo 12 de junio de 1977, Mario, Felisa Violeta María Wagner (309), Patricia Teresa Flynn de Galli (310) y Marianela Galli (311) fueron privados ilegalmente de la libertad, con violencia, abuso de funciones y sin las formalidades prescriptas por la ley, en la casa familiar, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. El operativo estuvo a cargo de Luis D´Imperio. Toda la familia fue llevada a la ESMA. Allí, los cuatro permanecieron en cautiverio, bajo condiciones inhumanas de vida. Patricia estaba embarazada y nunca se supo qué pasó con su bebé.
Además, Mario fue llevado al Edificio Libertad, donde fue torturado desnudo y con los ojos vendados frente a algunos de los hombres con los que compartió la promoción. Los represores lo expusieron en esas condiciones a perros hambrientos, que ladraban agresivamente y se acercaban peligrosamente con sus dientes.
Mario tenía 25 años de edad, Felisa 50 y Patricia 26. Los tres siguen desaparecidos. Marianela fue liberada unos días después del secuestro y entregada por un desconocido en el domicilio de su tía, con quien fue criada. La niña fue dejada con una carta escrita a máquina, con indicaciones sobre el tratamiento que necesitaba por su problema de caderas. "Viví con mis tíos. Tuve una vida muy sana, llena de afecto y cariño", sostuvo Marianela en su declaración de hoy.
Los casos de las cuatro víctimas fueron incluidos en el segundo juicio por los delitos de lesa humanidad cometidos en la ESMA y Manuel Jacinto García Tallada fue condenado por su responsabilidad en los hechos.
En la audiencia de hoy Marianela amplió su declaración testimonial, en el marco de las reglas de Casación destinadas a acelerar los juicios por delitos de lesa humanidad y evitar la revictimización.
Robo de bienes
"El operativo duró alrededor de veinte minutos. Sé que abrieron la caja de seguridad, que estaba todo revuelto, toda la casa estaba revuelta", relató la testigo.
"La Promoción 100"
"Mi padre cursó en la Escuela Naval con Astiz, Cavallo, Cionchi, Alomar, Suárez Mason (hijo). Se recibió y después, a raíz de la sublevación de 1972, cuando con otros compañeros se sublevan contra las prácticas represivas que les imponían, ellos creían en otras Fuerzas Armadas y dieron la discusión. Se sublevaron en un contexto de dictadura. Cuando lo secuestran lo llevan a la ESMA", sostuvo Marianela, quien agregó que la sobreviviente Lila Pastoriza le dijo que Mario le contó que "había sido llevado al Edificio Libertad y que había sido torturado frente a integrantes de la Promoción 100 en el anfiteatro, con la intención de meter miedo y de mostrar qué pasaba con alguien que se había volcado a un movimiento nacional y popular".
Rodolfo Walsh
Mario era colaborador de ANCLA, la Agencia de Noticias Clandestinas. Sacaba información de las Fuerzas para aportarla a ANCLA y participar en la generación de los cables de contrainformación. Fueron varios los miembros de la Agencia que fueron víctimas de delitos de lesa humanidad.
El embarazo de Patricia
La mamá de Marianela estaba embarazada de entre dos y tres meses, "era muy reciente, no se lo había dicho a la familia, pero sí a una prima". Algunas sobrevivientes de la ESMA confirmaron el embarazo, como Lila Pastoriza. El bebé debió haber nacido entre fines de 1977 y principios de 1978.
Un encuentro con Astiz impune
"En la adolescencia hubo un hecho que me afectó. Yo trabajaba en un restaurant y entra Astiz a las dos o tres de la mañana a tomar un café. Ese hecho de impunidad me afectó bastante, y fue una de las razones por las que me decidí a irme del país. Otra fue el contexto de la crisis económica, era el año ´98. Una de las razones principales de mi regreso fueron estos juicios", contó Marianela.
La testigo aportó documentos de la Armada, entre los que hay una foja de evaluación de concepto de su padre al momento de la sublevación de 1972. Los jueces decidieron la incorporación de la documentación por Secretaría.
Para concluir, Marianela dijo: "Espero que se condene a los represores con todo el peso de la ley, que sea bien firme la condena y que no salgan nunca más. Esto perjudicó no sólo a mi familia, sino a todo el pueblo argentino, estoy muy orgullosa de mi padre, de su lucha dentro de las Fuerzas Armadas: mi padre no tiene manchado el uniforme con sangre como todos estos imputados. Espero justicia".
El caso de Jorge Luis Badillo (854)
Tenía 26 años de edad, era estudiante de la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA y estaba vinculado laboralmente a la Comisión Nacional de Energía Atómica. En la Facultad tuvo militancia en la JUP, Juventud Universitaria Peronista. El 8 de julio de 1977 por la noche fue privado ilegalmente de la libertad, con violencia, abuso de funciones y sin las formalidades prescriptas por la ley, en su casa familiar, en la zona norte de la Ciudad de Buenos Aires. El operativo fue realizado por cuatro o cinco hombres armados y vestidos de civil. Inicialmente se identificaron como policías, pero luego dijeron pertenecer a las "Fuerzas Conjuntas". Luego de un interrogatorio a toda la familia, fue esposado, vendado y llevado a la ESMA, donde permaneció en cautiverio bajo condiciones inhumanas de vida. Además, hay información que indica que la víctima podría haber sido llevada también al centro clandestino "El Atlético". Jorge Luis Badillo sigue desaparecido.
El testimonio de Silvia Susana Amalia del Cerro, esposa de Jorge
"Estábamos en mi casa durmiendo con nuestro hijo de dos meses y medio. Escuchamos golpes muy fuertes en la puerta. Nos levantamos, mi marido fue a abrir. Lo único que alcancé a ver fueron varias siluetas de personas de civil armadas, que ingresaron por la fuerza a mi casa. Decían que era Fuerzas conjuntas. Nos cubrieron las cabezas con mantas. A partir de ahí empezó un interrogatorio y la búsqueda no sé de qué en toda la casa. A mi marido lo llevaron al dormitorio. Empezó un interrogatorio individual, me preguntaron por nombres… Como teníamos un hijo pequeño, habíamos hecho una lista de posibles nombres y ellos preguntaron quiénes eran esas personas…", contó la testigo.
Un tiro
"Se les escapó un tiro, se incrustó en la pared, pero nunca encontramos el proyectil. Mi hijo estaba durmiendo en la habitación donde quedó incrustada la bala", relató Silvia.
"Se lo llevaron a mi marido y quedó uno solo en el departamento. Me sacó la manta y me mostró la cara como garantía de la vida de mi marido. Me hicieron firmar una lista de cosas que no se habían llevado. Se fueron. Dijeron que se lo llevaban para que reconociera a dos guerrilleros que habían caído, que habían sido compañeros de la Facultad", agregó la testigo. "Ni bien se fueron, agarré a mi hijo y nos fuimos a la casa de mi mamá. Hablé con mis suegros y esa misma noche hicieron la denuncia en la comisaría 37, nunca más supimos nada".
La ESMA
La persona que le dijo a la familia de Badillo que lo vio en la ESMA fue Miguel Ángel Lauletta, sobreviviente de la ESMA. "Lo vio en la ESMA la noche en la que fue ingresado, es la única noticia que tuvimos".
Silvia mostró la foto de Jorge y se pudo ver el parecido que tiene con el hijo de ambos, quien estaba en la audiencia escuchando y acompañando a su madre.
"Espero que se haga justicia", concluyó la testigo.
Los casos de Fernando Kron (317) y Silvia Wikinsky (316)
Los dos fueron privados ilegalmente de su libertad con violencia, abuso de funciones y sin las formalidades prescriptas por la ley el 14 de junio de 1977, después de las 19:00 horas, en Villa Adelina, Provincia de Buenos Aires. El operativo estuvo a cargo de al menos cuatro integrantes del SIN (Servicio de Inteligencia Naval). Fueron agarrados de los brazos, encapuchados e introducidos en una camioneta, en la que fueron llevados a un lugar donde los desnudaron y torturaron con golpes, descargas de corriente eléctrica y gritos, mientras eran interrogados. Además, los captores amenazaron a Fernando con un perro, el que lo mordería si no hablaba. Durante la noche, la casa de Fernando y Silvia fue saqueada.
Al día siguiente fueron llevados a la ESMA, donde permanecieron en cautiverio bajo condiciones inhumanas de vida. A él le pusieron el número 346 y a ella el 347. El 11 de febrero de 1978, D´Imperio y Siffredi les dijeron que recuperarían la libertad. Les sacaron los grilletes y las esposas, y los introdujeron en un automóvil. Los llevaron hasta la esquina de la casa de los padres de Fernando. Antes de dejarlos descender del vehículo les dijeron que tenían que salir inmediatamente del país y que llamarían diariamente a la casa de los padres de Kron para confirmar que estuvieran allí y saber la fecha de salida. Finalmente, el 17 de febrero Siffredi llamó y los obligó a salir del país. Fernando y Silvia tomaron el primer vuelo que consiguieron rumbo a Perú, el 20 de febrero de 1978.
El testimonio de Fernando Kron
El testigo amplió su declaración testimonial, en el marco de las reglas de Casación destinadas a acelerar los juicios por delitos de lesa humanidad y evitar la revictimización.
Por empezar, Fernando contó sobre los interrogatorios en la ESMA: "lo que me preguntaron tenía que ver con la actividad política que desarrollada. Yo había dejado de militar en enero o febrero de ese año (1977). Todo lo demás fueron preguntas generales".
Mario Galli
"Con Mario nos conocimos de la etapa de la militancia, éramos relativamente amigos, yo lo quería mucho. Tuvimos momentos en los cuales íbamos a la casa, conocía a la nena y la esposa", relató Fernando.
Los vuelos de la muerte
"Es muy difícil de precisar, yo sí puedo haber tomado noción. En Capuchita, la reducción de secuestrados era considerable. Si uno pensaba que ahí había veinte cuchetas, se llevaban a 10 ó 15 personas", respondió el testigo sobre la cantidad de personas trasladadas en los vuelos. "Se llevaban a mucha gente", puntualizó.
La ESMA
Fernando cumplió sus 28 años en la ESMA. "Pasadas las semanas, mientras estaba secuestrado en la ESMA, un guardia me lleva a los cuartitos de atrás, me lleva a un cuarto de interrogatorio y mientras estoy encapuchado, alguien me interroga acerca de si sabía dónde estaba secuestrado. Yo hago una descripción y planteo una inferencia que tenía con respecto al lugar, que no era la verdad. Después me hace sacar la capucha. Me dijo que no lo mirara. Me dijo que estaba equivocado", relató Fernando Kron.
El testimonio de Silvia Wikinsky
Lal testigo amplió su declaración testimonial, en el marco de las reglas de Casación destinadas a acelerar los juicios por delitos de lesa humanidad y evitar la revictimización.
"Los horarios son difíciles de precisar, porque el paso del tiempo fue muy modificado por lo traumático de la experiencia. Nos llevaron primero a una casa, nunca supe cuál era. Habrán pasado dos o tres horas, y esa misma noche nos llevaron a la ESMA, donde estuve secuestrada el resto del tiempo", relató la sobreviviente, quien tenía 22 años de edad cuando fue llevada la ESMA.
Los interrogatorios
Silvia contó que le preguntaron por la descripción física de Mario Galli, a quien conocía porque "teníamos una relación de amistad".
Los vuelos de la muerte
"Había cierta regularidad para que se hicieran los miércoles. No sé si siempre sucedió así, pero había una cierta regularidad. Cuando pasaban más de dos semanas sin un traslado, la tensión entre nosotros iba aumentando", contó Silvia.
Las detenidas-desaparecidas embarazadas
"Sabíamos por relatos de otras personas que había un cuarto, un lugar donde estaban en cautiverio las mujeres embarazadas. Era una incógnita lo que sucedía después con el bebé", relató la sobreviviente.
La salida de la ESMA
"Vinieron Abdala y ´Pancho´, el 11 de febrero. Dijeron que nos iban a liberar. Nos llevaron con los ojos vendados, nos sacaron los grilletes. Nos llevan escaleras abajo hasta un estacionamiento. El auto empieza a andar. En algún momento nos permiten sacarnos la venda. No teníamos documentos, porque nos habían sacado eso en el secuestro. Nos hacen ir al Edificio Libertad, estacionan ahí y nos quedamos menos de 15 minutos. Vuelven con nuestros documentos", contó Silvia, quien resaltó la velocidad con la que devolvieron la documentación: "debían tener un archivo muy eficiente para encontrar las cosas con tanta velocidad".
La militancia
"Al momento del secuestro no militaba, pero había militado antes. Cuando ingresé a la Universidad, en 1973, había una iniciativa de trabajo voluntario. Ají me contacto con grupos políticos y empecé a militar. Milité en barrios de zona norte, en la Agrupación Evita. Ayudaba a las mujeres", declaró Silvia, quien agregó que "cuando me secuestran, una de las primeras preguntas que me hace un guardia es: ´¿a cuántas personas mataste?, ¿cuántas bombas pusiste?´. Ninguna dije. Él estaba sorprendido".
Próxima audiencia
El juicio continuará el miércoles 11 de septiembre desde las 9:30 horas con más declaraciones testimoniales.
Fuente:EspacioMemoriayDDHHexEsma
Mario Guillermo Enrique Galli (312) fue guardiamarina y participó en el levantamiento del 17 de noviembre de 1972, organizado por estudiantes de las Fuerzas Armadas que disentían con el rumbo represivo que éstas estaban tomando. En este sentido, un hecho clave fue la Masacre de Trelew, el 22 de agosto de ese año. Mario fue detenido por el levantamiento y expulsado de la Fuerza por María Estela Martínez de Perón. Luego fue liberado por una amnistía firmada por Héctor Cámpora y pasó a disponibilidad. Tras su liberación, se fortalece su participación en Montoneros, donde era apodado "José". Patricia también fue parte de la Organización.
El domingo 12 de junio de 1977, Mario, Felisa Violeta María Wagner (309), Patricia Teresa Flynn de Galli (310) y Marianela Galli (311) fueron privados ilegalmente de la libertad, con violencia, abuso de funciones y sin las formalidades prescriptas por la ley, en la casa familiar, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. El operativo estuvo a cargo de Luis D´Imperio. Toda la familia fue llevada a la ESMA. Allí, los cuatro permanecieron en cautiverio, bajo condiciones inhumanas de vida. Patricia estaba embarazada y nunca se supo qué pasó con su bebé.
Además, Mario fue llevado al Edificio Libertad, donde fue torturado desnudo y con los ojos vendados frente a algunos de los hombres con los que compartió la promoción. Los represores lo expusieron en esas condiciones a perros hambrientos, que ladraban agresivamente y se acercaban peligrosamente con sus dientes.
Mario tenía 25 años de edad, Felisa 50 y Patricia 26. Los tres siguen desaparecidos. Marianela fue liberada unos días después del secuestro y entregada por un desconocido en el domicilio de su tía, con quien fue criada. La niña fue dejada con una carta escrita a máquina, con indicaciones sobre el tratamiento que necesitaba por su problema de caderas. "Viví con mis tíos. Tuve una vida muy sana, llena de afecto y cariño", sostuvo Marianela en su declaración de hoy.
Los casos de las cuatro víctimas fueron incluidos en el segundo juicio por los delitos de lesa humanidad cometidos en la ESMA y Manuel Jacinto García Tallada fue condenado por su responsabilidad en los hechos.
En la audiencia de hoy Marianela amplió su declaración testimonial, en el marco de las reglas de Casación destinadas a acelerar los juicios por delitos de lesa humanidad y evitar la revictimización.
Robo de bienes
"El operativo duró alrededor de veinte minutos. Sé que abrieron la caja de seguridad, que estaba todo revuelto, toda la casa estaba revuelta", relató la testigo.
"La Promoción 100"
"Mi padre cursó en la Escuela Naval con Astiz, Cavallo, Cionchi, Alomar, Suárez Mason (hijo). Se recibió y después, a raíz de la sublevación de 1972, cuando con otros compañeros se sublevan contra las prácticas represivas que les imponían, ellos creían en otras Fuerzas Armadas y dieron la discusión. Se sublevaron en un contexto de dictadura. Cuando lo secuestran lo llevan a la ESMA", sostuvo Marianela, quien agregó que la sobreviviente Lila Pastoriza le dijo que Mario le contó que "había sido llevado al Edificio Libertad y que había sido torturado frente a integrantes de la Promoción 100 en el anfiteatro, con la intención de meter miedo y de mostrar qué pasaba con alguien que se había volcado a un movimiento nacional y popular".
Rodolfo Walsh
Mario era colaborador de ANCLA, la Agencia de Noticias Clandestinas. Sacaba información de las Fuerzas para aportarla a ANCLA y participar en la generación de los cables de contrainformación. Fueron varios los miembros de la Agencia que fueron víctimas de delitos de lesa humanidad.
El embarazo de Patricia
La mamá de Marianela estaba embarazada de entre dos y tres meses, "era muy reciente, no se lo había dicho a la familia, pero sí a una prima". Algunas sobrevivientes de la ESMA confirmaron el embarazo, como Lila Pastoriza. El bebé debió haber nacido entre fines de 1977 y principios de 1978.
Un encuentro con Astiz impune
"En la adolescencia hubo un hecho que me afectó. Yo trabajaba en un restaurant y entra Astiz a las dos o tres de la mañana a tomar un café. Ese hecho de impunidad me afectó bastante, y fue una de las razones por las que me decidí a irme del país. Otra fue el contexto de la crisis económica, era el año ´98. Una de las razones principales de mi regreso fueron estos juicios", contó Marianela.
La testigo aportó documentos de la Armada, entre los que hay una foja de evaluación de concepto de su padre al momento de la sublevación de 1972. Los jueces decidieron la incorporación de la documentación por Secretaría.
Para concluir, Marianela dijo: "Espero que se condene a los represores con todo el peso de la ley, que sea bien firme la condena y que no salgan nunca más. Esto perjudicó no sólo a mi familia, sino a todo el pueblo argentino, estoy muy orgullosa de mi padre, de su lucha dentro de las Fuerzas Armadas: mi padre no tiene manchado el uniforme con sangre como todos estos imputados. Espero justicia".
El caso de Jorge Luis Badillo (854)
Tenía 26 años de edad, era estudiante de la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA y estaba vinculado laboralmente a la Comisión Nacional de Energía Atómica. En la Facultad tuvo militancia en la JUP, Juventud Universitaria Peronista. El 8 de julio de 1977 por la noche fue privado ilegalmente de la libertad, con violencia, abuso de funciones y sin las formalidades prescriptas por la ley, en su casa familiar, en la zona norte de la Ciudad de Buenos Aires. El operativo fue realizado por cuatro o cinco hombres armados y vestidos de civil. Inicialmente se identificaron como policías, pero luego dijeron pertenecer a las "Fuerzas Conjuntas". Luego de un interrogatorio a toda la familia, fue esposado, vendado y llevado a la ESMA, donde permaneció en cautiverio bajo condiciones inhumanas de vida. Además, hay información que indica que la víctima podría haber sido llevada también al centro clandestino "El Atlético". Jorge Luis Badillo sigue desaparecido.
El testimonio de Silvia Susana Amalia del Cerro, esposa de Jorge
"Estábamos en mi casa durmiendo con nuestro hijo de dos meses y medio. Escuchamos golpes muy fuertes en la puerta. Nos levantamos, mi marido fue a abrir. Lo único que alcancé a ver fueron varias siluetas de personas de civil armadas, que ingresaron por la fuerza a mi casa. Decían que era Fuerzas conjuntas. Nos cubrieron las cabezas con mantas. A partir de ahí empezó un interrogatorio y la búsqueda no sé de qué en toda la casa. A mi marido lo llevaron al dormitorio. Empezó un interrogatorio individual, me preguntaron por nombres… Como teníamos un hijo pequeño, habíamos hecho una lista de posibles nombres y ellos preguntaron quiénes eran esas personas…", contó la testigo.
Un tiro
"Se les escapó un tiro, se incrustó en la pared, pero nunca encontramos el proyectil. Mi hijo estaba durmiendo en la habitación donde quedó incrustada la bala", relató Silvia.
"Se lo llevaron a mi marido y quedó uno solo en el departamento. Me sacó la manta y me mostró la cara como garantía de la vida de mi marido. Me hicieron firmar una lista de cosas que no se habían llevado. Se fueron. Dijeron que se lo llevaban para que reconociera a dos guerrilleros que habían caído, que habían sido compañeros de la Facultad", agregó la testigo. "Ni bien se fueron, agarré a mi hijo y nos fuimos a la casa de mi mamá. Hablé con mis suegros y esa misma noche hicieron la denuncia en la comisaría 37, nunca más supimos nada".
La ESMA
La persona que le dijo a la familia de Badillo que lo vio en la ESMA fue Miguel Ángel Lauletta, sobreviviente de la ESMA. "Lo vio en la ESMA la noche en la que fue ingresado, es la única noticia que tuvimos".
Silvia mostró la foto de Jorge y se pudo ver el parecido que tiene con el hijo de ambos, quien estaba en la audiencia escuchando y acompañando a su madre.
"Espero que se haga justicia", concluyó la testigo.
Los casos de Fernando Kron (317) y Silvia Wikinsky (316)
Los dos fueron privados ilegalmente de su libertad con violencia, abuso de funciones y sin las formalidades prescriptas por la ley el 14 de junio de 1977, después de las 19:00 horas, en Villa Adelina, Provincia de Buenos Aires. El operativo estuvo a cargo de al menos cuatro integrantes del SIN (Servicio de Inteligencia Naval). Fueron agarrados de los brazos, encapuchados e introducidos en una camioneta, en la que fueron llevados a un lugar donde los desnudaron y torturaron con golpes, descargas de corriente eléctrica y gritos, mientras eran interrogados. Además, los captores amenazaron a Fernando con un perro, el que lo mordería si no hablaba. Durante la noche, la casa de Fernando y Silvia fue saqueada.
Al día siguiente fueron llevados a la ESMA, donde permanecieron en cautiverio bajo condiciones inhumanas de vida. A él le pusieron el número 346 y a ella el 347. El 11 de febrero de 1978, D´Imperio y Siffredi les dijeron que recuperarían la libertad. Les sacaron los grilletes y las esposas, y los introdujeron en un automóvil. Los llevaron hasta la esquina de la casa de los padres de Fernando. Antes de dejarlos descender del vehículo les dijeron que tenían que salir inmediatamente del país y que llamarían diariamente a la casa de los padres de Kron para confirmar que estuvieran allí y saber la fecha de salida. Finalmente, el 17 de febrero Siffredi llamó y los obligó a salir del país. Fernando y Silvia tomaron el primer vuelo que consiguieron rumbo a Perú, el 20 de febrero de 1978.
El testimonio de Fernando Kron
El testigo amplió su declaración testimonial, en el marco de las reglas de Casación destinadas a acelerar los juicios por delitos de lesa humanidad y evitar la revictimización.
Por empezar, Fernando contó sobre los interrogatorios en la ESMA: "lo que me preguntaron tenía que ver con la actividad política que desarrollada. Yo había dejado de militar en enero o febrero de ese año (1977). Todo lo demás fueron preguntas generales".
Mario Galli
"Con Mario nos conocimos de la etapa de la militancia, éramos relativamente amigos, yo lo quería mucho. Tuvimos momentos en los cuales íbamos a la casa, conocía a la nena y la esposa", relató Fernando.
Los vuelos de la muerte
"Es muy difícil de precisar, yo sí puedo haber tomado noción. En Capuchita, la reducción de secuestrados era considerable. Si uno pensaba que ahí había veinte cuchetas, se llevaban a 10 ó 15 personas", respondió el testigo sobre la cantidad de personas trasladadas en los vuelos. "Se llevaban a mucha gente", puntualizó.
La ESMA
Fernando cumplió sus 28 años en la ESMA. "Pasadas las semanas, mientras estaba secuestrado en la ESMA, un guardia me lleva a los cuartitos de atrás, me lleva a un cuarto de interrogatorio y mientras estoy encapuchado, alguien me interroga acerca de si sabía dónde estaba secuestrado. Yo hago una descripción y planteo una inferencia que tenía con respecto al lugar, que no era la verdad. Después me hace sacar la capucha. Me dijo que no lo mirara. Me dijo que estaba equivocado", relató Fernando Kron.
El testimonio de Silvia Wikinsky
Lal testigo amplió su declaración testimonial, en el marco de las reglas de Casación destinadas a acelerar los juicios por delitos de lesa humanidad y evitar la revictimización.
"Los horarios son difíciles de precisar, porque el paso del tiempo fue muy modificado por lo traumático de la experiencia. Nos llevaron primero a una casa, nunca supe cuál era. Habrán pasado dos o tres horas, y esa misma noche nos llevaron a la ESMA, donde estuve secuestrada el resto del tiempo", relató la sobreviviente, quien tenía 22 años de edad cuando fue llevada la ESMA.
Los interrogatorios
Silvia contó que le preguntaron por la descripción física de Mario Galli, a quien conocía porque "teníamos una relación de amistad".
Los vuelos de la muerte
"Había cierta regularidad para que se hicieran los miércoles. No sé si siempre sucedió así, pero había una cierta regularidad. Cuando pasaban más de dos semanas sin un traslado, la tensión entre nosotros iba aumentando", contó Silvia.
Las detenidas-desaparecidas embarazadas
"Sabíamos por relatos de otras personas que había un cuarto, un lugar donde estaban en cautiverio las mujeres embarazadas. Era una incógnita lo que sucedía después con el bebé", relató la sobreviviente.
La salida de la ESMA
"Vinieron Abdala y ´Pancho´, el 11 de febrero. Dijeron que nos iban a liberar. Nos llevaron con los ojos vendados, nos sacaron los grilletes. Nos llevan escaleras abajo hasta un estacionamiento. El auto empieza a andar. En algún momento nos permiten sacarnos la venda. No teníamos documentos, porque nos habían sacado eso en el secuestro. Nos hacen ir al Edificio Libertad, estacionan ahí y nos quedamos menos de 15 minutos. Vuelven con nuestros documentos", contó Silvia, quien resaltó la velocidad con la que devolvieron la documentación: "debían tener un archivo muy eficiente para encontrar las cosas con tanta velocidad".
La militancia
"Al momento del secuestro no militaba, pero había militado antes. Cuando ingresé a la Universidad, en 1973, había una iniciativa de trabajo voluntario. Ají me contacto con grupos políticos y empecé a militar. Milité en barrios de zona norte, en la Agrupación Evita. Ayudaba a las mujeres", declaró Silvia, quien agregó que "cuando me secuestran, una de las primeras preguntas que me hace un guardia es: ´¿a cuántas personas mataste?, ¿cuántas bombas pusiste?´. Ninguna dije. Él estaba sorprendido".
Próxima audiencia
El juicio continuará el miércoles 11 de septiembre desde las 9:30 horas con más declaraciones testimoniales.
Fuente:EspacioMemoriayDDHHexEsma

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